Conacyt promete que ningún centro de investigación va a colapsar; reorganizará gastos
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Cuartoscuro

Conacyt promete que ningún centro de investigación va a colapsar; reorganizará gastos

El director adjunto de los Centros Públicos de Investigación, Alejandro Díaz, asegura que trabajan con Hacienda para reorganizar sus gastos antes de agosto, plazo en el que algunos han señalado que ya no podrán pagar sus cuentas.
Cuartoscuro
11 de junio, 2019
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El Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) promete que ningún Centro Público de Investigación (CPI) va a colapsar y que resolverá con Hacienda la reorganización de sus gastos antes de agosto, plazo en el que algunos han señalado que ya no podrán pagar sus cuentas.

El director adjunto de los CPI, Alejandro Díaz, asegura en entrevista con Animal Político que se ha distorsionado la situación de los Centros, porque cuando el presidente ordenó reservar recursos, se refería a lo destinado a actividades administrativas, mientras que Conacyt ha indicado que no se afecte la operación sustantiva de investigación. Sin embargo, los Centros han tenido la libertad de tomar dinero de unas partidas para usarlo en otras, y eso ha generado el desajuste.

“El problema es que durante muchos años, nunca se corrigió que los Centros usaban ese rubro de gasto administrativo para trabajo de campo. Entonces lo que estamos haciendo ahora, trabajando con ellos, es resolver estas inconsistencias en el manejo de sus recursos para que tengan el recurso en las partidas que tienen que ser”, afirma.

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En enero, detalla, empezaron los trabajos para ordenar y reducir gastos, y durante todos estos meses ha estado reuniéndose periódicamente con cada uno de los directores de los 27 Centros que conforman la red para analizar caso por caso.

Lo primero, fue que ordenaron a los CPI buscar un ahorro del 5 %. El Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) 2019 les otorgó 5 mil 815 millones de pesos; pero con las reservas ordenadas, están disponibles solo 5 mil 650 millones, según Díaz, lo que implica 138 millones menos de lo que habían recibido en 2018.

También en enero pidieron a los Centros un análisis de su gasto para aclarar en qué hacía falta, pero solo lo presentaron el Centro de Investigación en Materiales Avanzados (CIMAV), el Centro de Investigación y Asistencia en Tecnología y Diseño del Estado de Jalisco (Ciatej), Corporación Mexicana de Investigación en Materiales (Comimsa) y el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Con este último, incluso, se elaboró una propuesta para negociarla con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y que sirviera de vía replicable para los otros en cuanto a reordenar el gasto.

Pero el 3 de mayo, el presidente Andrés Manuel López Obrador publicó un memorándum en el que ordenó a toda la administración pública nuevas medidas de austeridad, como reducir 30 % los gastos en materiales de oficina y combustibles, y hasta en 50 % la subcontratación de servicios con terceros.

Lee: Por qué AMLO dice que hay una mafia de la ciencia y cómo impacta en las contrataciones en Conacyt

Entonces, los CPI anunciaron que tendrían que despedir a personal técnico que apoyaba en proyectos de investigación, algunos como el Instituto Mora advirtieron que podrían despedir a 40% de trabajadores eventuales, y más de tres mil científicos firmaron una carta para pedir al gobierno reconsiderar las medidas.

Díaz, que coordina los centros ante el Conacyt, afirma que siempre se ha tenido el problema de que, como los investigadores son considerados servidores públicos, cualquier medida destinada a los funcionarios les afecta, además de que, si bien el comunicado estaba dirigido a mandos medios y de enlace, la libertad con la que cada Centro utiliza sus recursos ha provocado dudas sobre de dónde recortar.

Pero asegura que desde el principio han buscado solventar la situación.

“Ha sido muy complejo porque son 27 centros distintos, de diferente naturaleza jurídica –los casos de asociaciones civiles, sociedades civiles–, diferentes tamaños, diferentes estructuras administrativas, entonces no son homogéneos. Ordenarlo no es fácil, es complejo, porque hay que revisar caso por caso, sentarnos en esta mesa, ellos tienen que decirnos cómo están gastando, cómo justifican cierto gasto, y en qué necesitan que el Conacyt como coordinadora los apoye para solventar eso. Pero en ningún momento ningún centro va a colapsar. Estamos muy cerca trabajando con Hacienda para que esto no suceda, y Hacienda está muy sensibilizada respecto a lo que está pasando. Pero necesitamos que los directores, como cada quién tiene libertad para ejercer el gasto, que cada quién nos diga qué están haciendo”, detalla.

Lee: Viajes de investigadores del Conacyt se restringieron para evitar “turismo político”: AMLO

 Ruta establecida

El 31 de mayo, cada Centro entregó al Conacyt sus justificaciones de gastos del dinero que les reservaron, después de que se realizaran juntas de gobierno para aprobar la ruta legal a seguir en cada caso.

El CIDE, uno de los que en los últimos meses varios académicos han alertado porque podría ser inviable a fin de año, confirmó en los primeros días de junio mediante su cuenta de Twitter que se había definido una ruta para atender sus problemas presupuestales.

La presión en ese Centro, explica Díaz, es porque es uno de los que más recursos usa del capítulo 3000 del Presupuesto de Egresos, referido a servicios externos, que fue uno de los que se ordenó reducir.

En el PEF consta, efectivamente, que el 21 % de los 355 millones de pesos que recibió este año están etiquetados de esa manera. Nueve de los 27 CPI destinan más del 20 % de su gasto a ese capítulo, que incluye la contratación de servicios profesionales externos.

No todos los CPI manifestaron su confianza en la ruta emprendida tras sus juntas de gobierno. El pasado viernes, el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) envió a su comunidad académica una carta en la que informó que tuvo que recortar una dirección de área, una subidrección, dos coordinaciones y dos jefaturas de departamento, en atención a la orden de reducir 20% lo destinado a mandos medios y superiores, razón por la cual también se les quitaron los seguros de gastos médicos mayores y de separación individualizada.

Además, despidió a 10 personas contratadas mediante el capítulo 3000, “servicios generales”, por la orden de reducir 30 % las remuneraciones que salían de ahí. El CIESAS tiene etiquetados para ese rubro 19 % de sus 282 millones de pesos.

Sin embargo, en la carta también reconoció que “hasta el ejercicio 2018 la SHCP permitía hacer adecuaciones internas y externas que provenían de las economías realizadas en distintas partidas para subsanar otras en las que faltaban recursos. Esta posibilidad hoy está cancelada”, con lo cual advirtió que sin esa libertad, tal vez no pueda afrontar pagos de aguinaldos, primas vacacionales, de antigüedad y liquidaciones de las plazas que se recorten.

Déficit no es nuevo

En mayo pasado, los investigadores del Ciatej recibieron un oficio donde se les prohibía cargar hasta el celular, para ahorrar energía eléctrica, además de otra serie de restricciones ordenadas para poder afrontar las medidas de austeridad y no enfrentarse a no poder pagar la cuenta de luz.

Sin embargo, Díaz asegura que esto no es nuevo. Cada año, explica, en diciembre eran necesarias adecuaciones presupuestales para ayudar a los Centros porque ya no les alcanzaba para pagar el agua, la luz o prestaciones laborales. Tan solo en 2018, asegura, 15 CPI presentaron un déficit que sumó 176 millones de pesos.

En la Cuenta Pública de 2018 se pudo constatar que cinco Centros ejercieron al final del año más dinero del que tenían presupuestado para pago de luz. El de la mayor deuda fue justamente el Ciatej, a quien se le dieron 2 millones 850 mil pesos con este fin, seguido del Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica, que necesitó 2 millones 841 mil pesos; el Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste, un millón y medio; el Centro de Investigación Científica de Yucatán, 737 mil; y el Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo, 289 mil pesos extras.

Lee: Austeridad impuesta a Centros de Investigación limita hasta cargar el celular y provocará despidos

“Lo que queremos este año es que se pongan en orden, justifiquen sus gastos. Si este año ordenan y podemos sanear, entonces ya no tendríamos ampliaciones presupuestarias al final de los siguientes años”, señala Díaz. “Si se logra ordenar el gasto, podemos hacer mucho por la ciencia y el desarrollo tecnológico de este país. Y este año tendrá que ser así con los Centros, tienen que ordenar su gasto, evitar los gastos superfluos, ajustarlos al memorándum de austeridad sin afectar su actividad, y en ese sentido esa es nuestra tarea como coordinadora”.

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Clare Freer

Parosmia: desde que tuve COVID-19, la comida me da ganas de vomitar

Muchas personas descubren que las cosas no huelen bien después de padecer COVID y que la mayoría de los alimentos huelen y saben repugnantes.
Clare Freer
26 de febrero, 2021
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Muchas personas con COVID-19 pierden temporalmente el sentido del olfato.

A medida que se recuperan, este por lo general regresa, pero algunos descubren que las cosas huelen diferente y algunas que deberían oler bien, como la comida, el jabón y sus seres queridos, huelen repulsivamente.

El número de personas con esta afección, conocida como parosmia, aumenta constantemente, pero los científicos no están seguros de por qué ocurre o cómo curarla.

Short presentational grey line

BBC

Clare Freer termina llorando cada vez que intenta cocinar para su familia.

“Me mareo con los olores. Un olor podrido invade la casa en cuanto se enciende el horno y es insoportable”, describe.

La mujer de 47 años de Sutton Coldfield, Reino Unido, ha estado padeciendo parosmia durante siete meses y dice que muchos olores cotidianos le resultan repugnantes.

Las cebollas, el café, la carne, las frutas, el alcohol, la pasta de dientes, los productos de limpieza y los perfumes le dan ganas de vomitar.

El agua del grifo tiene el mismo efecto (aunque no el agua filtrada), lo que dificulta el lavado.

“Ya ni siquiera puedo besar a mi pareja”, dice.

Clare contrajo COVID-19 en marzo del año pasado y, como muchas personas, perdió el olfato como resultado.

El sentido regresó brevemente en mayo, pero en junio Clare empezó a rechazar sus comidas para llevar favoritas porque tenían un aroma rancio y cada vez que algo entraba en el horno había un olor abrumador a productos químicos o algo quemado.

Desde el verano lleva una dieta de pan y queso porque es todo lo que puede tolerar.

“No tengo energía y me duele todo”, cuenta. También la ha afectado emocionalmente. Dice que llora la mayoría de los días.

“Aunque la anosmia no fue agradable, pude seguir con mi vida normal y seguir comiendo y bebiendo”, dice Clare. “Viviría con eso para siempre, si eso significara deshacerme de la parosmia”.

Clare disfruta de un día de mimos con su hija mayor: el perfume ahora huele repugnante para ella.

Clare Freer
En esta foto se la puede ver a Clare Freer disfrutando de un día de mimos con su hija mayor. Ahora el perfume de sus seres queridos huele repugnante para ella.

El médico de cabecera de Clare dijo que nunca antes se había encontrado con un caso así.

Asustada y desconcertada, buscó respuestas en Internet y encontró un grupo de Facebook con 6.000 miembros creado por la organización benéfica de pérdida de olores AbScent.

Casi todos habían comenzado con anosmia derivada de la COVID-19 y terminaron con parosmia.

“Los descripciones comunes de los diferentes olores de parosmia incluyen: muerte, descomposición, carne podrida, heces“, dice la fundadora de AbScent, Chrissi Kelly, quien creó el grupo de Facebook en junio después de lo que describe como un “maremoto” de casos de parosmia por COVID-19 .

La gente usó frases como “aguas residuales con sabor a fruta”, “basura empapada y caliente” y “perro mojado rancio”.

A menudo, luchan por describir el olor porque no se parece a nada que hayan encontrado antes y eligen palabras que transmiten su disgusto.

Alrededor del 65% de las personas con COVID pierden el sentido del olfato y el gusto y se estima que alrededor del 10% de ellos desarrollan una “disfunción olfativa cualitativa”, es decir, parosmia u otra afección, fantosmia, cuando huele algo que no se encuentra en el lugar.

Si esto es correcto, 6.5 millones de personas de los 100 millones que han tenido COVID-19 en todo el mundo pueden estar experimentando parosmia prolongada por COVID.

Short presentational grey line

BBC

La doctora Jane Parker, científica especialista en sabor de la Universidad de Reading, Reino Unido, estaba estudiando la parosmia antes de la pandemia, cuando era una condición aún más rara.

Una teoría sobre el origen de los olores horribles que experimentan las personas que viven con parosmia es que solo perciben algunos de los compuestos volátiles que contiene una sustancia y que huelen peor de forma aislada. Incluso podría aumentar su intensidad.

Por ejemplo, el café contiene compuestos de azufre que huelen bien en combinación con todas las demás moléculas que le dan al café su aroma agradable, pero no cuando se huele solo.

Consultando con varias personas del grupo de Facebook AbScent parosmia, Parker y su equipo han descubierto que la carne, las cebollas, el ajo y el chocolate provocan habitualmente una mala reacción, junto con el café, las verduras, la fruta, el agua del grifo y el vino.

Jarra de café.

Getty Images
Para la mayoría de las personas que padecen de parosmia, el café sabe muy mal.

Muchas otras cosas huelen mal para algunos de los voluntarios y nada huele bien para todos ellos “excepto quizás almendras y cerezas”.

Ellos, y otros con parosmia, describen repetidamente algunos malos olores, incluido uno que es químico y ahumado, uno que es dulce y enfermizo, y otro descrito como “vómito”.

La investigación de Parker también ha encontrado que los malos olores pueden permanecer con los parósmicos, como se les llama, durante un tiempo inusualmente largo.

Para la mayoría de las personas, el olor a café permanecerá en sus fosas nasales durante unos segundos. Para los parósmicos, podría quedarse durante horas, incluso días.


Consejos para afrontar la parosmia

  • Consume alimentos a temperatura ambiente o fríos
  • Evita los alimentos fritos, carnes asadas, cebollas, ajo, huevos, café y chocolate, que son algunos de los peores alimentos para los parósmicos.
  • Prueba alimentos suaves como arroz, fideos, pan sin tostar, verduras al vapor y yogur natural.
  • Si no puedes tolerar la comida, considera batidos de proteínas sin sabor

Fuente: AbScent


Barry Smith, líder británico del Consorcio Global para la Investigación Quimiosensorial, dice que otro descubrimiento sorprendente: “lo bueno es malo y lo malo es bueno”.

“Para algunas personas, los olores de los pañales y del baño se han vuelto tolerables, e incluso agradables”, describe.

“Es como si los desechos humanos ahora huelen a comida y la comida ahora huele a desechos humanos”.

Baño.

Getty Images
“Para algunas personas, los olores de los pañales y del baño se han vuelto tolerables, e incluso agradables”.

Entonces, ¿qué causa la parosmia?

La hipótesis predominante es que resulta del daño a las fibras nerviosas que transportan señales desde los receptores en la nariz hasta las terminales (glomérulos) del bulbo olfatorio en el cerebro.

Cuando estos vuelven a crecer, ya sea que el daño haya sido causado por un accidente automovilístico o por una infección viral o bacteriana, se cree que las fibras pueden volver a adherirse a la terminal incorrecta, dice Parker.

“¡Están en la sala de reuniones equivocada! Esto se conoce como cableado cruzado y significa que el cerebro no reconoce el olor y quizás está programado para pensar en él como un peligro”, detalla.

La teoría es que, en la mayoría de los casos, el cerebro, con el tiempo, corregirá el problema, pero Parker se muestra reacio a decir cuánto tiempo llevará.

“Debido a que muy pocas personas tenían parosmia antes de la COVID-19, no se estudió mucho y la mayoría de la gente no sabía qué era, por lo que no tenemos datos históricos. Y tampoco tenemos datos para COVID-19 porque eso podría llevar años”, asegura.

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BBC

Aparte de esperar a que el cerebro se adapte, no hay cura, aunque AbScent cree que el “entrenamiento del olfato” puede ayudar.

Consiste en oler regularmente una selección de aceites esenciales uno sobre otro, pensando en la planta de la que se obtuvieron.

Clare Freer ha estado haciendo esto y dice que el limón, el eucalipto y el clavo de olor han comenzado a oler levemente como deberían, pero que no registra nada en el caso de la rosa.

Algunos parósmicos han adaptado su dieta para hacer más llevadero vivir con la enfermedad.

Dos hermanas, Kirstie, de 20 años, y Laura, de 18, de Keighley, Reino Unido, están haciendo lo mismo, aunque tomó un tiempo descubrir cómo llevarlo a cabo y al mismo tiempo vivir en armonía con sus padres.

Una vez, las hermanas tuvieron que correr por la casa y abrir las ventanas, cuando sus padres llegaron con pescado y papas fritas, “porque el olor es horrible”, describe Laura.

Sus padres, en cambio, se han cansado de las especias picantes con las que cocinan las hermanas, para enmascarar los sabores desagradables y darles lo que para ellas es un toque de sabor.

Kirstie (derecha) y Laura en el cumpleaños número 18 de la última que no pudo comer su pastel.

BBC
Kirstie (derecha) y Laura en el cumpleaños número 18 de la última que no pudo comer su pastel.

“Algunas personas nos dicen que simplemente debemos alimentarnos y comer de todos modos. Lo intentamos, pero es muy difícil comer alimentos que saben podridos“, dice Kirstie.

“Y luego, durante los próximos tres días, tendré que vivir con ese olor que se filtra en mi sudor. Es uno de los olores más angustiantes y me siento sucia constantemente”, detalla.

Ahora se han dado cuenta de que los alimentos de origen vegetal saben mejor y disfrutan de platos como la boloñesa de lentejas y el risotto de calabaza.

“La carne es un alimento que ahora evitamos. Encontrar buenas recetas que nos gusten ha hecho que sea mucho más fácil de afrontar”, afirma Kirstie.

“Hemos tenido que adaptarnos y cambiar nuestra forma de pensar porque sabemos que podríamos estar viviendo con esto durante años y años”, se resigna.

La pérdida del olfato a menudo afecta la salud mental

Jane Parker señala que la pérdida del olfato ocupa un lugar muy bajo en la lista de prioridades para quienes enfrentan la pandemia, pero ella y Barry Smith dicen que a menudo afecta la salud mental y la calidad de vida.

“Es sólo cuando pierdes el sentido del olfato que te das cuenta de cuánto fue parte de la esencia de tu experiencia”, explica Smith.

La conexión humana, el placer y los recuerdos están ligados al olfato, señala.

“Te dicen que se sienten aislados de su propio entorno, ajenos. Ya no encuentran ningún placer en comer y pierden esa cercanía tranquilizadora de poder oler a las personas que aman”, describe.

Mientras que Clare Freer extraña los días en que le gustaba el olor de su esposo cuando salía de la ducha, Justin Hyde, de 41 años, de Cheltenham, en el suroeste de Reino Unido, nunca ha olido el aroma de su hija nacida en marzo de 2020.

Justin no asistió al festival de carreras de caballo de su ciudad en el mismo mes, pero conoce a personas que sí lo hicieron, y no mucho después contrajo el virus, perdiendo el sentido del gusto y el olfato.

Justin Hyde

Justin Hyde
Justin Hyde ya no disfruta de una visita a una cervecería al aire libre porque no puede tolerar el sabor de la cerveza.

Tuvo una recuperación de los sentidos en julio, pero luego el café comenzó a oler extraño, y rápidamente las cosas empeoraron.

“Casi todos los olores se volvieron extraños”, puntualiza. “Los huevos me repelen físicamente y no puedo disfrutar de la cerveza o el vino, ya que tienen un sabor que simplemente llamo COVID”.

Al igual que Kirstie y Laura, él descubrió que algunos platos sin carne son comestibles, incluido el curry de verduras, pero no habrá más visitas a las cervecerías mientras dure su parosmia y ni desayunos con alimentos fritos.

“Todos esos placeres que damos por sentado han desaparecido desde que tuve COVID. Siento que estoy roto y ya no soy yo“.


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