Estafa Maestra: Auditoría denuncia ante FGR a otras dos universidades por presuntos desvíos millonarios
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Estafa Maestra: Auditoría denuncia ante FGR a otras dos universidades por presuntos desvíos millonarios

Las dos nuevas universidades denunciadas son el Instituto Tecnológico Superior de Comalcalco y la Politécnica de Tlaxcala.
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29 de junio, 2019
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La Auditoría Superior de la Federación (ASF) interpuso este viernes otras dos denuncias penales ante la Fiscalía General de la República (FGR) en contra de dos universidades por el presunto desvío millonario de recursos públicos a través del esquema conocido como La Estafa Maestra.

Las dos universidades denunciadas penalmente son el Instituto Tecnológico Superior de Comalcalco, en el estado de Tabasco, y la Universidad Politécnica de Tlaxcala.

La Auditoría las denunció luego de que señalara numerosas irregularidades en los convenios que estas dos universidades públicas firmaron con la Secretaría de Desarrollo Urbano y Territorial (Sedatu) en las cuentas públicas 2016 y 2017, cuando Rosario Robles era la titular de esa dependencia del gobierno federal.

De acuerdo con la investigación de la Auditoría, las dos universidades recibieron 356 millones de pesos para que le brindaran a la Sedatu una serie de servicios.

Sin embargo, las universidades entregaron la mayor parte de ese dinero a empresas fantasma o irregulares provocando un presunto daño al erario, que ahora tendrá que investigar la Fiscalía para llevarlo ante justicia.

Estas dos denuncias penales se suman a las 30 presentadas entre 2014 y octubre de 2018 relacionadas con La Estafa Maestra por un monto aproximado de 5 mil millones de pesos.

Entre esas 32 denuncias en total, la Auditoría ha llevado ante la Fiscalía a dependencias como Sedesol y Sedatu, y a las universidades autónomas del Estado de México, Morelos, Zacatecas, Tabasco y Campeche; y las politécnicas de Chiapas, Quintana Roo y Francisco I. Madero, en Hidalgo, entre otras.

También denunció al Sistema Quintanarroense de Comunicación Social, a Radio y Televisión de Hidalgo, y Televisora de Hermosillo (Telemax).

En todos los casos, el sistema de desvío es siempre el mismo: una dependencia de gobierno hace convenios con universidades o sistemas de radio para hacer supuestos servicios. Éstos, a su vez, subcontratan a empresas que resultan ser fantasma, y, por tanto, el dinero desaparece. Y esto ocurre por el uso de la excepción del artículo 1 de la Ley de Adquisiciones que permite hacer convenios entre entes públicos sin necesidad de pasar por una licitación pública.

Universidad en Comalcalco participó en presuntos desvíos en Sedatu y Pemex

En octubre de 2015 y mayo de 2016, el Instituto Superior Tecnológico de Comalcalco (ITSC) firmó tres convenios con la Sedatu, por los que recibió 168 millones 388 mil pesos de dinero público para la prestación de servicios como “diagnóstico de la situación actual de la Vivienda en México y sus Alternativas”, e “incrementar el crecimiento ordenado de los asentamientos humanos, los centros de población y las zonas metropolitanas”.

Sin embargo, en su investigación la Auditoría encontró que, a pesar de recibir el dinero público, el Instituto no presentó la documentación de los convenios firmados con Sedatu, ni los comprobantes de pago, ni los entregables de los servicios que supuestamente hizo.

Lo que sí hallaron los auditores fue que con ese dinero se subcontrató a varias empresas, que tampoco dieron los servicios.

Entre éstas se encuentra Contabilidad y Soluciones INNER SA de CV, una empresa que, según constató la ASF en una visita domiciliaria, no tiene instalaciones reales, ni estructura, ni personal alguno laborando. Es decir, solo existe en el papel y simula operaciones comerciales.

Esta compañía ‘”papel” también fue utilizada en el presunto desvío millonario al estilo Estafa Maestra que tuvo lugar en otro convenio firmado entre Sedatu y la Universidad Politécnica Francisco I. Madero, en el que esta empresa “fachada” se llevó casi 43 millones de pesos. 

Falsificación de firmas de funcionarios de Sedatu

El informe de la Auditoría también señala que el entonces director general de Ordenamiento Territorial y Atención a Zonas de Riesgo de la Sedatu, Armando Saldaña, aseguró que no celebró ningún contrato ni convenio con el Instituto Tecnológico Superior de Comalcalco, ni con ninguna otra, ya que no estaba facultado para hacerlo por ley.

Por lo que denunció que su firma fue falsificada en el primer convenio específico SEDATU-ITSC/DGOTAZR/33901-02/016, del 3 de mayo de 2016, con esa universidad.

Lo anterior coincide, además, con la denuncia que el pasado 13 de junio interpuso ante la Fiscalía el exsubsecretario de la Sedatu, Enrique González Tiburcio, quien señaló que su firma fue falsificada en otros dos convenios generales firmados entre la Sedatu y  el Instituto Tecnológico Superior de Comalcalco para la realización de una serie de servicios. En este caso, se trata de los convenios SEDATU-ITSC/SOT/02/2015, del 17 de septiembre de 2015; y SEDATU-ITSC-SOT/01/2016, del 11 de enero de 2016.

Tanto Enrique González Tiburcio, como Armando Saldaña, denunciaron, además, que sus firmas fueron falsificadas en otros convenios firmados entre la Sedatu y la Universidad Politécnica Francisco I. Madero, en los que la Auditoría también señaló desvíos millonarios al estilo Estafa Maestra.

Sin embargo, en el caso de González Tiburcio, a pesar de que acudió ante la Fiscalía en calidad de denunciante, los peritos de la entonces PGR determinaron que la firma en el convenio fraudulento sí es verdadera, por lo que el exfuncionario pasó a ser imputado por el delito de “falsedad de declaración”, y posteriormente vinculado a proceso el pasado 30 de enero.

Lee aquí el informe íntegro de la Auditoría sobre el Instituto de Comalcalco.

Además del convenio con Sedatu denunciado por la ASF ante la Fiscalía, el Instituto Superior de Comalcalco firmó otros convenios con Pemex Exploración y Producción (PEMEX-PEP) que derivaron en otros presuntos desvíos de recursos públicos.

En 2013, esta universidad tabasqueña firmó hasta seis convenios con Pemex-PEP por 385 millones de pesos. De ese dinero, Animal Político documentó en la investigación La Estafa Maestra que 358 millones fueron a parar a las cuentas bancarias de empresas fantasma, a través de la ya mencionada violación a la ley federal de adquisiciones. Mientras que los 27 millones restantes se los quedó la universidad solo por hacer de intermediaria con las compañías fraudulentas.

Distracción de recursos 

En cuanto a la otra universidad denunciada, la Politécnica de Tlaxcala, ésta firmó entre 2016 y 2017 nueve convenios de colaboración con la Sedatu, que le pagó 188 millones 634 mil pesos a cambio de una serie de servicios, como “llevar a cabo el Programa de educación cívica para el desarrollo y aprovechamiento de espacios públicos en los estados de Puebla y Tlaxcala”, o el “servicio integral para el diagnóstico y construcción del Programa Vivienda para Prosperar y sus alternativas”.

Sin embargo, en una auditoría forense -la número 1611-DS-, la ASF detectó que la Universidad “no prestó ningún servicio y su función fue únicamente transferir recursos a los proveedores que instruyó la Sedatu sin que éstos le prestaran los servicios objeto del convenio”.

Una de las empresas subcontratadas por la Universidad entregó supuestos comprobantes de servicios que “no guardan ninguna relación con el objeto del primer convenio”, por lo tanto, dice la Auditoría, “se presume que la Universidad distrajo recursos de manera indebida”.

Además, en el análisis de las cuentas bancarias, se detectó que la institución educativa “pagó indebidamente” a una persona moral de las subcontratadas que no guardan ninguna relación con los convenios específicos firmados con Sedatu, aunado a que dos personas morales más a quienes se les realizó pagos por supuestos servicios, no fueron localizadas en sus domicilios fiscales.

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El gas usado para "desinfectar" a mexicanos en EU que sirvió como ejemplo a la Alemania nazi

Durante décadas, trabajadores mexicanos que cruzaban a Estados Unidos fueron inspeccionados y fumigados con pesticidas para prevenir enfermedades infecciosas. Décadas después, cientos describieron la experiencia como humillante y vergonzosa.
4 de septiembre, 2021
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En 1956, los braceros eran fumigados con DDT como parte del proceso de entrada a Estados Unidos.

CORTESÍA, MUSEO NACIONAL DE HISTORIA DE EE.UU

Muchos no sabían qué les estaban rociando, pero era tan extendido su uso que le apodaron “el polvo”.

La fotografía que abre esta nota es especialmente destacada por historiadores en Estados Unidos y algunos describen la escena capturada como “un momento atroz”.

En ella un funcionario enmascarado fumiga la cara de un joven mexicano desnudo con el pesticida DDT en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas, mientras que otros esperan en fila detrás mientras sujetan sus pertenencias.

La tomó el neoyorquino Leonard Nadel en 1956 mientras documentaba el programa Bracero, bajo el que al menos 4 millones de mexicanos migraron temporalmente a Estados Unidos para trabajar entre 1942 y 1964.

El esquema fue inicialmente establecido para compensar la ausencia de trabajadores estadounidenses debido al reclutamiento militar durante la Segunda Guerra Mundial.

Un trabajador se registra en el programa Bracero.

Getty Images
Millones de mexicanos campesinos y obreros participaron en el programa Bracero en Estados Unidos.

El DDT se empleó hasta mediados de los 60 en los inmigrantes para prevenir la propagación de malaria y tifus y su uso fue posteriormente prohibido en EE.UU. en 1972.

Hoy en día está clasificado por el gobierno de ese país y autoridades internacionales como un “probable carcinógeno humano”.

Pero este no fue el único pesticida empleado para “desinfectar” a inmigrantes mexicanos en la frontera entre México y EE.UU. por décadas.

Años antes de la implementación del programa Bracero, otro insecticida fue utilizado en centros de recepción de visitantes y pasaría a servir como ejemplo a funcionarios del nazismo en Alemania.

Zyklon B

David Dorado Romo, historiador y cronista de El Paso y Ciudad Juárez, dio con un artículo en una revista científica alemana de 1937 que lo dejó atónito.

El escrito incluía dos fotografías de “cámaras de despiojado” en El Paso, Texas.

Su autor, el químico alemán Gerhard Peters, destacaba las imágenes para ilustrar “la efectividad del Zyklon B (un pesticida a base de cianuro) como un agente para matar plagas indeseables”, escribe Romo en su libro Ringside Seat to a Revolution (“Asiento en primera fila a una revolución”).

“Peters se convirtió en el director de operaciones de Degesch, una de las dos firmas que adquirió la patente del Zyklon B en 1940 para producirlo masivamente”, describe.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis utilizaron el gas en dosis concentradas para matar a millones de judíos.

Un funcionario fronterizo estadounidense les habla a un grupo de refugiados mexicanos en el Puente Internacional de El Paso, en Texas. Año 1916.

Getty Images
Las inspecciones y requerimientos en la frontera entre EE.UU. y México en El Paso se endurecieron a partir de 1916.

Aunque en El Paso no se utilizó para el mismo fin, ya se estaba empleando desde 1929 por funcionarios fronterizos para fumigar la ropa y los zapatos de inmigrantes mexicanos en el Puente Internacional Santa Fe, que conecta esa ciudad con Ciudad Juárez.

Las inspecciones habían iniciado formalmente en 1917, amplía el historiador, cuando las autoridades estadounidenses empezaron a imponer restricciones sobre los cruces fronterizos en sectores como El Paso.

El alcalde de la ciudad en esa época, Tom Lea, se refería a los mexicanos como “sucios piojosos indigentes” que “sin duda, van a traer y propagar el tifus”.

Pero entre 1915 y 1917, menos de 10 residentes de El Paso habían muerto del tifus epidémico, recogió Romo en su libro.

Aún así, los mexicanos considerados de “segunda clase” eran sometidos a exhaustivos chequeos que incluían duchas con agua caliente y revisiones de los migrantes desnudos. A los que le encontraban piojos, “les rapaban la cabeza y les afeitaban todo el cuerpo”, señala Romo a BBC Mundo.

Los braceros eran inspeccionados de la cabeza a los pies en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Los braceros eran inspeccionados de la cabeza a los pies en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas.

Tan solo en 1917, al menos 120.000 personas fueron examinadas en el centro de El Paso.

Romo y otros historiadores hablan de un contexto en el que las ideas eugenésicas cobraban fuerza y se manifestaban a través de nociones discriminatorias y racistas.

“No hay que comparar peras con manzanas, pero el Holocausto no fue un hecho aislado y la frontera entre EE.UU. y México sirvió como un centro de experimentación importante de esas ideas”, advierte Romo.

“¿Sabe qué es la vergüenza?”

Cuando inicia el programa Bracero en 1942 ya estaba extendido el uso de diferentes químicos como el kerosén en centros de inspección fronterizos.

Aunque el gobierno de EE.UU. alabó a los mexicanos que se enlistaban como “soldados de la producción” y de la tierra en ese tiempo, con los años surgieron cientos de testimonios de trabajadores que señalaron sus experiencias como vergonzosas y humillantes.

La historiadora Mireya Loza recuerda en conversación con BBC Mundo que la imagen del trabajador rociado con DDT en la cara era la que más afectaba a los antiguos participantes del programa con los que habló.

“Muchos decían que sentían los efectos del DDT en los ojos, que tenían reacciones alérgicas en la piel y entendieron que no era un tratamiento humano”, dice la profesora de la Universidad de Georgetown.

Un grupo de trabajadores del programa Bracero alzan los brazos y están alineados contra la pared mientras son inspeccionados en una habitación del Centro de Procesamiento en Monterrey, México.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Los trabajadores eran inspeccionados a ambos lados de la frontera entre México y Estados Unidos. Aquí, en un centro de procesamiento en Monterrey, México, en 1956.

La académica inició su investigación entrevistando a decenas de braceros para un proyecto llamado Bracero History Archive (Archivo Histórico de los Braceros), impulsado por el Museo Nacional de Historia estadounidense Smithsonian.

“Muchos de estos trabajadores dijeron haber sentido algo feo porque era la primera vez que eran desnudados públicamente y frente a varias personas. Para ellos era un shock tremendo estar ahí y que los doctores les hicieran abrir las pompis, la boca; todo revisaban”, describe.

Los trabajadores eran generalmente inspeccionados en sedes administradas por Estados Unidos dentro de México y en ciudades fronterizas como Hidalgo, en Texas.

Además de las fumigaciones, los vacunaban contra la viruela, les hacían exámenes de sangre y de rayos X y les revisaban las manos en busca de callos que demostraran que tenían experiencia en el campo.

Un bracero es vacunado mientras otros esperan en la fila en el Centro de Procesamiento en Monterrey, México, en 1956.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Los trabajadores también eran vacunados contra la viruela.
Un funcionario de gobierno revisa las manos de un aspirante al programa Bracero.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Era común que las manos de los trabajadores fueran revisadas en busca de callos como prueba de que ya trabajaban la tierra.

José Silva, un campesino oriundo de Michoacán que empezó a trabajar desde los 6 años, describió en 2005 con cierto enfado la experiencia que vivió mientras fue bracero durante una entrevista disponible en el Archivo Bracero:

“Por una parte sí fue un buen programa (…) No tuve problema, me ayudé económicamente. Lo que no me gustaba era que nos fumigaron. Sentí vergüenza. ¿Sabe qué es la vergüenza? Todos formados así, sin ropa, y salíamos así caminando y allá en la puerta estaba el hombre con el fumigador. Muy mal. No éramos animales, éramos cristianos, ¿por qué nos fumigaban?“.

Víctor Martínez Alemán, originario de Tlaquiltenango, en Morelos, se enlistó en el programa en 1956 y trabajó en California:

“Nos pasaron, encuerados, delante de todas las muchachas, ya no más nos tapábamos acá pero encuerados para pasar donde nos iban a fumigar, bien fumigados así y todo… A nosotros nos daba vergüenza porque teníamos que pasar como con 20 mujeres (…) Eran todas secretarias. Y con manos atrás, nada de taparse, nada… Nos quería hasta pegar (…) Nunca había yo pasado esas penas pero como yo lo que quería era llegar a Estados Unidos para hacer algo…”.

“Injusticias y abusos”

A través del Archivo Bracero, el gobierno de EE.UU., mediante el Museo Nacional de Historia y diferentes instituciones académicas, reconocen que los trabajadores fueron sometidos a una serie de “injusticias y abusos”.

“Muchos se enfrentaron a alojamiento deficiente, discriminación e incumplimiento de contratos, incluso fueron estafados al recibir sus salarios”, indica el sitio web.

Un grupo de braceros en un cultivo en Salinas, California, en 1956.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Un grupo de braceros en un cultivo en Salinas, California, en 1956.

Pese a estas investigaciones, ningún presidente o autoridad de alto cargo a nivel nacional en EE.UU. ha ofrecido disculpas públicas ni reparaciones por los efectos negativos que desencadenó el programa, indica la historiadora Mireya Loza.

Tampoco existe una investigación exhaustiva sobre el impacto de pesticidas, incluido el DDT, en la salud de millones de braceros que fueron fumigados.

Aunque el programa culminó hace casi seis décadas, aún queda una generación que vive para contarlo.

Carlos Marentes, activista por los derechos de los campesinos en El Paso, recogió también cientos de testimonios y denuncias de abusos laborales, y las fumigaciones sobresalían entre los recuerdos más amargos de los trabajadores.

“Naturalmente existía un miedo de que trajeran enfermedades contagiosas, pero eso conllevó a una estigmatización“, dice a BBC Mundo.

Para Marentes, el programa Bracero fue un ejemplo claro de “la contradicción en la política de inmigración” de Estados Unidos.

“Por una parte sabemos que los necesitamos (a los inmigrantes), para que hagan todo lo que no podemos o no queremos hacer, pero por otra parte nos han metido en la cabeza que hay que tenerles miedo”, sentencia.



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