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Cuartoscuro

Segob no emitió alerta de género en CDMX para proteger a autoridades, acusan investigadoras

Peticionarias e investigadoras aseguran que hubo una resolución fuera de la ley, más apegada a intereses políticos, y que ponen en riesgo la integridad de las mujeres.
Cuartoscuro
11 de junio, 2019
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El 7 de septiembre de 2017, el Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria OP A.C. y Justicia Pro Persona A.C. solicitaron ante la Secretaría de Gobernación (Segob) la declaratoria de Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres (AVGM) para la Ciudad de México. 

La petición se basó, señalan las organizaciones en el documento de solicitud oficial de AVGM, en un incremento de la violencia feminicida en la ciudad. Entre los datos señalados en el documento para sustentar la petición, está el del informe presentado por el coordinador general de Servicios Periciales de la PGJCDMX, ante el Comité Técnico de Evaluación del Protocolo de Feminicidio.

Crece tasa de feminicidios y violaciones en CDMX; Tlalpan e Iztapalapa, las alcaldías con más casos

El documento establece que del 1 de noviembre de 2016 al 30 de junio de 2017, en solo 7 meses, se registraron 101 casos atendidos por el laboratorio de genética forense. 

Además, se lee en la solicitud de las peticionarias, “se detecta con preocupación un tratamiento inadecuado de los casos, así como violaciones graves a la debida diligencia en las investigaciones por parte de las autoridades de procuración de justicia, y un contexto de impunidad y permisividad por parte del gobierno de la ciudad”. 

La Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres (CONAVIM) de la Segob, en la que recae la responsabilidad última de decretar o no la alerta, admitió la solicitud el 6 de octubre de 2017 y el 7 de junio de 2019, después de un largo proceso, emitió su resolución. La instancia rechazó la AVGM al considerar que no existen elementos objetivos suficientes para declararla procedente. 

Las peticionarias y algunas integrantes del Grupo de Trabajo, encargado de hacer el análisis de la situación de violencia e impunidad contra las mujeres en la ciudad, aseguran que esto es una resolución fuera de la ley, más apegada a intereses de tipo político, y que ponen en riesgo la integridad y la vida de las mujeres.

Leer: #VivasNosQueremos: Mujeres marchan contra feminicidios e intento de secuestros en el Metro

“Es muy desafortunado que no se decrete la Alerta de Violencia de Género. Hay una especie de miedo político ante la posibilidad de que la opinión pública considere que estamos en una situación de gravedad en el tema de violencia feminicida en la Ciudad de México, pero sí lo estamos y no se quiere reconocer”, afirma Aleida Hernández, profesora de posgrado en la Facultad de Derecho de la UNAM e integrante del Grupo de Trabajo para evaluar la procedencia de la AVG en la CDMX.

Además, señala, “hay una falta de acceso a la justicia para las mujeres, hay muchas deficiencias, no solo en la atención por parte de las instituciones del poder ejecutivo, sino también en lo que corresponde a administración de justicia por parte del poder judicial y en la resolución de la SEGOB se está dejando fuera a ese poder”.

Solo le están pidiendo a la jefa de gobierno, explica, que le dé seguimiento a una serie de acciones y políticas, “pero al poder judicial no se le está llamando al banquillo, no va a haber dientes, no va a haber instrumentos más eficaces para llamar a cuentas ni al poder judicial ni al  poder legislativo, esto es lo más grave de la resolución”. 

¿Cómo fue el proceso? 

Fue el 6 de octubre de 2017 cuando inició el procedimiento. Ese día, la CONAVIM admitió la solicitud de las peticionarias e informó al entonces jefe de gobierno, Miguel Ángel Mancera. 

De acuerdo al Reglamento de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, en el que se establecen los requisitos y fases para emitir o desechar una alerta, se debe conformar un grupo de trabajo que analice la situación en el territorio señalado en la petición. 

Éste se constituyó con representantes de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), la propia CONAVIM, el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) y con investigadoras de la UNAM y la UAM, como Aleida Hernández y Gabriela Rodríguez. La primera sesión de trabajo fue el 10 de octubre de 2017. 

Después de realizar una investigación sobre la situación en la capital, las expertas prepararon su informe final. El grupo lo tuvo listo en enero de 2018, aunque la ley marca solo un mes para realizarlo, pero lo pudieron entregar al gobierno de la ciudad hasta el 27 de marzo, por un cambio de titular en la CONAVIM.

En éste se presentaron 20 conclusiones y recomendaciones, entre estas destacan revisar los procedimientos de investigación en criminalística y forense en los casos de feminicidio, y la operatividad del Comité Técnico de Análisis y Evaluación del Protocolo de Investigación, además de revisar los expedientes de muertes violentas de mujeres para verificar si se aplicó el instrumento.

El Grupo de Trabajo también consideró que las agencias de Delitos Sexuales de la PGJDF debían generar un protocolo de actuación y asegurar que los prestadores de los servicios de salud encargados del primer contacto con mujeres y niñas víctimas de violencia sexual, apliquen la Norma Oficial Mexicana 046 que permite el aborto en casos de violación.

Madres de desaparecidas exigen aprobar alerta de género por este delito en Edomex

Se estableció, también, que se debía evaluar la instauración del Protocolo Alba, un mecanismo especializado para la búsqueda de mujeres; así como entregar informes públicos sobre el número de mujeres, niñas y adolescentes localizadas (con o sin vida) y no localizadas, así como desarrollar programas de capacitación en perspectiva de género para el poder judicial.

A cada una de esas recomendaciones se le asignaron indicadores para determinar qué tanto el gobierno las cumplió. La administración local tenía seis meses, hasta septiembre de 2018, para implementar las medidas propuestas por el Grupo de Trabajo y mostrar los avances. 

Pero la administración capitalina pidió prórroga de un mes y medio para hacerlo, lo entregó en noviembre de 2018. Frente al cambio de gobierno, el fallo se fue hasta el 28 de mayo de 2019, cuando previó análisis de la información entregada por la administración local respecto a los resultados de lo que se implementó, el Grupo de Trabajo emitió su dictamen.

“Lo que determinamos después de hacer la evaluación de si cumplió el gobierno de la ciudad o no con las recomendaciones que le hizo el Grupo de Trabajo, fue que, y esto está en el informe que se le entregó a la SEGOB, alrededor de 30% estaban incumplidas totalmente, otro 30% se habían cumplido de forma parcial o estaban en proceso y solo 40% se cumplieron”, asegura la investigadora de la UNAM.

Pese a eso, la Segob consideró que el gobierno capitalino implementó medidas suficientes y rechazó que sea necesario emitir la alerta. Aleida Hernández puntualiza que la resolución de la Secretaría de Gobernación está considerando los seis meses de acciones y políticas del nuevo gobierno, cuando eso no es lo que marca la ley.

“Lo que se estaba evaluando eran varios años de la administración pasada, en aspectos como la capacitación a profundidad de los juzgadores, porque una de las deficiencias que encontramos es que los jueces no juzgan con perspectiva de género, incluso no saben aplicar el tipo penal de feminicidio en casos claros como que el esposo asesina a la esposa. Esos jueces no están capacitados todavía”, señala la investigadora de la UNAM.

La integrante del Grupo de Trabajo da otro ejemplo: “Dijeron que iban a hacer una guía para la reparación del daño a las víctimas directas e indirectas de feminicidio, y entregaron una guía simulada, que no les sirve a los jueces, y así otros ejemplos que fueron solo una simulación, solo para entregar algo. No se hizo tampoco una base de datos amplia y que tenga un seguimiento a las órdenes de protección para las mujeres que viven violencia de género o feminicida”.

Las organizaciones peticionarias coinciden con los señalamientos anteriores en un comunicado afirman que “resulta prematuro decir que las medidas iniciadas en tan solo cinco meses, hayan atacado de raíz la problemática generalizada de violencia contra las mujeres y los obstáculos estructurales en el acceso a la justicia para las víctimas y sus familias, que motivaron la solicitud de AVGM en septiembre de 2017”.

La  CONAVIM debe explicar, subrayan las peticionarias, el por qué y bajo qué criterios o metodología de evaluación dio peso a 13 acciones del nuevo gobierno, para no emitir el decreto correspondiente sin considerar el dictamen del Grupo de trabajo.

Sobre la 17 medidas que la CONAVIM pidió implementar a la Ciudad de México en su dictamen sobre la AVGM –entre las que están: una estrategia de prevención y atención de la violencia en el transporte público; fortalecer la emisión, seguimiento y evaluación de riesgo y registro de medidas de prevención y ordenes de protección, y crear modelos de atención inmediata para mujeres en situación de violencia, así como mecanismos de supervisión y sanción a servidores públicos–, Selene González, coordinadora de Incidencia del Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria, dice que esto es emitir medidas sin un respaldo legal. 

“Cómo es posible que no se emita la alerta y solo se pida implementar medidas, que además solo va a evaluar, en seis meses, la CONAVIM y no el Grupo de Trabajo. Eso es una alerta sin decreto, sin sustento legal, y si ya cuando lo tiene no se respeta, esto es peor, es más endeble”. 

Lo que se emitió, puntualiza Aleida Hernández, “es una Alerta de Violencia de Género suave y sin nombrarla como tal, porque sí se plantearon recomendaciones de la CONAVIM al gobierno de la CDMX, pero sin la posibilidad de que se conforme un grupo interinstitucional para evaluarlas, que es lo que hubiera procedido si se decreta la AVG”.

Respuesta de la CONAVIM

Al consultar a la comisión el por qué se consideraron las acciones del nuevo gobierno y no solo las del anterior, Nadia Sierra, coordinadora general de Alertas de Género de la CONAVIM, asegura que fue porque las acciones (en este tipo de procedimientos) se deben evaluar en forma progresiva y no solo con lo que se hizo en el pasado.

AP: Pero en la ley está estipulado un plazo de seis meses que es el que se debe considerar, después de que el Grupo de Trabajo emite sus recomendaciones, para dictaminar si se emite la alerta o no.

NS: Exactamente, pero el propio Grupo de Trabajo le dio oportunidad al gobierno de la CDMX de demostrar las acciones que había hecho después de entregado el informe, por eso es que tanto el Grupo como la Secretaría de Gobernación hace el balance de las dobles acciones.

AP: ¿Hubo entonces un segundo informe después del informe final del Grupo de Trabajo que también se evaluó para el dictamen de la alerta?

NS: El Grupo de Trabajo se reunió tres veces adicionales antes del dictamen final (para evaluar las acciones del nuevo gobierno).

Entrevistada por separado, Aleida Hernández asegura que lo dicho por Nadia Sierra es falso. “Es una mentira. El Grupo de Trabajo no le dio tal oportunidad al nuevo gobierno. Se nos convocó, a través de un oficio de invitación, a una reunión para que nos informaran sobre las acciones de la nueva administración, pero al menos las tres académicas del grupo decidimos no asistir, porque eso está fuera de toda norma, el Grupo termina su trabajo cuando entrega el dictamen y eso ya estaba hecho”.

Es por eso, agrega, que “nosotras nos negamos a ir, eso ya no estaba en tiempo. No sé si haya asistido el representante del Inmujeres y claro el de la propia CONAVIM, pero las académicas no. El Grupo como tal ya no se volvió a reunir ni analizó las acciones del nuevo gobierno de la CDMX. Y en todo caso que demuestren lo contrario con un acta de reunión. Decir lo contrario es una mentira flagrante”.

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#YoSoyAnimal

¿Llegaron los humanos a su máximo de inteligencia (o puede seguir creciendo indefinidamente)?

Existen pruebas de que la inteligencia de los humanos aumentó durante el siglo XX. ¿A qué se debió? Y, ¿hasta qué punto este incremento se puede mantener en el tiempo? ¿Seremos más o menos inteligentes en el futuro?
28 de julio, 2019
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niños

Getty
¿Hemos llegado al tope de nuestra inteligencia?

Quizás no te hayas dado cuenta, pero estamos viviendo en una edad de oro intelectual.

Desde que se inventó el examen de inteligencia hace más de 100 años, nuestros puntajes de cociente intelectual (CI) han aumentado constantemente. Incluso la persona promedio de hoy en día habría sido considerada un genio en comparación con una persona nacida en 1919.

A este fenómeno se le llama el efecto Flynn, y quizás es hora de que lo disfrutemos mientras dure.

La evidencia más reciente sugiere que esta tendencia puede estar disminuyendo. De hecho, puede estar incluso invirtiéndose, lo que significa que ya hemos alcanzado la cima del potencial intelectual humano.

¿Podemos realmente haber alcanzado la inteligencia máxima? Y si ese es el caso, ¿qué puede significar este declive para el futuro de la humanidad?

Son pocos los expertos que dirían que los cambios más recientes del CI son producto de la evolución genética, ya que los lapsos son simplemente demasiado cortos.

Coeficiente intelectual

Tan solo hace 100 años los científicos inventaron el llamado cociente o coeficiente intelectual (CI) para medir el potencial intelectual de alguien.

El éxito de esta medición se basa en el hecho de que muchas habilidades cognitivas están correlacionadas. Por ejemplo, la capacidad de una persona para realizar un razonamiento espacial o un reconocimiento de patrones está vinculada a su capacidad matemática y su destreza verbal.

Por esta razón, se piensa que el coeficiente intelectual refleja una “inteligencia general”.

cerebro

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Las pruebas de CI pueden ser buenos indicadores de desempeño en muchas áreas.

Si bien las pruebas de CI son a menudo criticadas, una gran cantidad de investigaciones muestran que sus puntajes pueden ser indicadores de desempeño útiles en muchas tareas.

Son especialmente buenos para predecir el éxito académico (lo que no es sorprendente, dado que inicialmente fueron diseñados para ser utilizados en las escuelas), pero también predicen la rapidez con la que alguien adquiere nuevas habilidades en el trabajo.

No son una medida perfecta, y muchos otros factores también determinarán el éxito, pero en general muestran una diferencia significativa en la capacidad de las personas para aprender y procesar información compleja.

El aumento de los coeficientes intelectuales parece haber comenzado a principios del siglo XX, pero es relativamente reciente que los psicólogos han empezado a prestarle mucha atención al fenómeno.

Esto se debe a que los puntajes de CI están “estandarizados”, lo que significa que después de que las personas toman la prueba, sus puntajes brutos se transforman para garantizar que la mediana de la población siempre se mantenga en 100.

Esto permite comparar a las personas que tomaron diferentes formas de la prueba de CI, pero a menos que se mire la fuente de los datos, no se notarán diferencias entre generaciones.

Y cuando el investigador James Flynn observó los puntajes en el último siglo, descubrió un aumento constante, el equivalente a alrededor de tres puntos por década.

Hoy, eso ha sumado un aumento de hasta 30 puntos en algunos países.

¿A qué se debe el efecto Flynn?

Aunque la causa del efecto Flynn sigue siendo un tema de debate, se debe a múltiples factores del entorno y no a un cambio genético.

Quizás la mejor comparación sea nuestro cambio de altura: por ejemplo, somos 11 cm más altos que en el siglo XIX, pero eso no significa que nuestros genes hayan cambiado; solo significa que nuestra salud general ha cambiado.

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Aún no está clara la causa del efecto Flynn.

De hecho, algunos de los mismos factores pueden subyacer a ambos cambios. Los avances de la medicina, la reducción de las infecciones infantiles y dietas más nutritivas, ayudaron a nuestros cuerpos a crecer más y a nuestros cerebros a ser más inteligentes, por ejemplo.

Algunos sostienen que el aumento en el coeficiente intelectual también podría deberse a una reducción del plomo en la gasolina, que pudo haber atrofiado el desarrollo cognitivo en el pasado. Cuanto más limpios son nuestros combustibles, más inteligentes nos volvemos.

Sin embargo, es poco probable que este sea el panorama completo, ya que nuestras sociedades también han visto enormes cambios en nuestro entorno intelectual, que ahora puede formar pensamiento abstracto y razonamiento desde una edad temprana.

En educación, por ejemplo, a la mayoría de los niños se les enseña a pensar en términos de categorías abstractas (si los animales son mamíferos o reptiles, por ejemplo).

También nos apoyamos en un pensamiento cada vez más abstracto para hacer frente a la tecnología moderna.

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Nuestra cultura puede moldear nuestras mentes de maneras misteriosas.

Solo piensa en una computadora y en todos los símbolos que debes reconocer y manipular para realizar incluso la tarea más simple. Crecer inmerso en este tipo de pensamiento debería permitir a todos cultivar las habilidades necesarias para desempeñarse bien en una prueba de CI.

Cualquiera que sea la causa del efecto Flynn, existe evidencia de que es posible que ya hayamos llegado al final de esta era, con el aumento del CI estancado e incluso revertido.

Si nos fijamos en Finlandia, Noruega y Dinamarca, por ejemplo, el punto de inflexión parece haber ocurrido a mediados de los años 90, después de lo cual el coeficiente intelectual promedio se redujo en alrededor de 0.2 puntos por año. Eso equivaldría a una diferencia de siete puntos entre generaciones.

Estas tendencias son aún más difíciles de explicar que el efecto Flynn, en parte porque han surgido recientemente. Una posibilidad es que la educación se haya vuelto un poco menos estimulante de lo que alguna vez fue, o al menos, no se ha enfocado en las mismas habilidades.

Algunas de las pruebas de coeficiente intelectual utilizadas han evaluado la aritmética mental de las personas, por ejemplo, pero como me indica Ole Rogeberg de la Universidad de Oslo, es probable que ahora los estudiantes estén más acostumbrados al uso de calculadoras.

Por ahora, parece claro que nuestra cultura puede moldear nuestras mentes de maneras misteriosas.

¿De qué sirve ser más inteligentes?

Si bien los científicos continúan descifrando las causas de esas tendencias, vale la pena preguntarse qué significan estos cambios en el coeficiente intelectual para la sociedad en general.

¿El aumento del coeficiente intelectual producto del efecto Flynn nos ha traído los beneficios que podríamos haber esperado? Y si no, ¿por qué no?

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¿Qué beneficios nos ha traído el aumento del CI?

Un número especial del Journal of Intelligence recientemente se hizo esa pregunta, y en el editorial, Robert Sternberg, psicólogo de la Universidad de Cornell, escribió:

Las personas probablemente son mejores para descifrar complejos teléfonos celulares y otras innovaciones tecnológicas de lo que hubieran sido a comienzos del siglo XX. Pero en términos de nuestro comportamiento como sociedad, ¿están impresionados con [los beneficios ] que nos han traído 30 puntos ? Las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2016 fueron probablemente tan pueriles como ninguna en nuestra historia… Además, un mayor coeficiente intelectual no ha traído consigo soluciones para ninguno de los principales problemas del mundo o del país: aumento de las disparidades de ingresos, pobreza generalizada, cambio climático, contaminación, violencia, muertes por opioides, entre otros.

Quizás Sternberg es demasiado pesimista. La medicina ha logrado grandes avances en la reducción de problemas como la mortalidad infantil, por ejemplo, y si bien la pobreza extrema no se ha resuelto, ha disminuido a nivel mundial.

Esto sin mencionar los enormes beneficios de los avances tecnológicos y científicos que, por supuesto, se han basado en una fuerza laboral inteligente.

Sin embargo, Sternberg no está solo al preguntarse si el efecto Flynn realmente representó una mejora profunda en nuestra capacidad intelectual. El mismo James Flynn ha argumentado que probablemente se limita a algunas habilidades específicas de razonamiento.

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Ser más inteligente no significa necesariamente ser más creativos.

De la misma manera en que algunos ejercicios físicos pueden desarrollar diferentes músculos sin aumentar el estado físico general, hemos estado ejercitando ciertos tipos de pensamiento abstracto, pero eso no necesariamente ha mejorado todas las habilidades cognitivas por igual.

Y algunas de esas otras habilidades, menos cultivadas, podrían ser esenciales para mejorar el mundo en el futuro.

Miremos la creatividad, por ejemplo. Cuando investigadores como Sternberg discuten sobre creatividad, no solo hablan de expresión artística, sino de habilidades más fundamentadas. ¿Con qué facilidad puede generar soluciones novedosas a un problema? Y ¿qué tan bueno es su “pensamiento contrafactual”?, es decir, la capacidad de considerar escenarios hipotéticos que aún no han ocurrido.

La inteligencia sin duda debería ayudarnos a ser más creativos, pero no vemos un aumento del pensamiento creativo individual a medida que aumentó el CI.

Lo que sea que haya causado el efecto Flynn, no nos ha llevado a pensar en formas nuevas y originales.

Luego está la cuestión de la racionalidad: qué tan bien puedes tomar decisiones óptimas, sopesando la evidencia y descartando la información irrelevante.

¿Entre más inteligente, más creativo?

Podría suponerse que cuanto más inteligente sea una persona, más racional será, pero no es tan sencillo.

Si bien un coeficiente intelectual más alto se correlaciona con habilidades como la habilidad numérica, que es esencial para comprender las probabilidades y sopesar los riesgos, todavía hay muchos elementos de toma de decisiones racionales que no pueden explicarse por la falta de inteligencia.

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La falta de racionalidad y pensamiento crítico puede explicar varios de nuestros fallos como sociedad.

Miremos los sesgos cognitivos, por ejemplo. Algo que se presenta como “95% sin grasa” suena más saludable que “5% de grasa”, por ejemplo, un fenómeno conocido como el “efecto marco”.

Ahora está claro que un alto coeficiente intelectual sirve de poco para ayudar a evitar este tipo de fallos, lo que significa que incluso las personas más inteligentes pueden dejarse engañar por los mensajes engañosos.

Las personas con un alto coeficiente intelectual también son susceptibles al sesgo de confirmación: nuestra tendencia a considerar solo la información que respalda nuestras opiniones preexistentes, mientras que ignoramos los hechos que podrían contradecir nuestras opiniones.

Ese es un problema serio cuando empezamos a hablar de cosas como la política.

Un alto coeficiente intelectual tampoco puede protegerte del “sesgo de los costos irrecuperables”, que es la tendencia a seguir invirtiendo recursos en un proyecto fallido, incluso si sería mejor reducir las pérdidas.

Este fue el sesgo que llevó a los gobiernos británico y francés a continuar financiando los aviones Concorde, a pesar de la creciente evidencia de que sería un desastre comercial.

Las personas altamente inteligentes tampoco son mucho mejores en las pruebas de “descuento temporal”, que implican renunciar a las ganancias a corto plazo para obtener mayores beneficios a largo plazo. Eso es esencial si quieres asegurar tu comodidad para el futuro.

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La vida moderna no parece haber corregido nuestras tendencias irracionales.

Además de la resistencia a este tipo de sesgos, también existen habilidades de pensamiento crítico más generales, como la capacidad para desafiar suposiciones, identificar información faltante y buscar explicaciones alternativas para los sucesos antes de sacar conclusiones.

Estas habilidades son cruciales, pero no se correlacionan muy fuertemente con el coeficiente intelectual, y no necesariamente se adquieren con la educación superior.

Dadas estas correlaciones menos claras, tendría sentido que el aumento en el coeficiente intelectual no haya sido acompañado por una mejora igualmente milagrosa en todo tipo de toma de decisiones.

Como lo explico en mi libro sobre el tema, la falta de racionalidad y pensamiento crítico puede explicar por qué el fraude financiero sigue siendo un lugar común, y la razón por la que millones de personas gastan dinero en medicinas sin base científica o toman riesgos innecesarios para la salud.

En nuestra sociedad, esto puede llevar a errores médicos o fallos de justicia errados. Incluso puede haber contribuido a desastres como derrames de petróleo y crisis financieras mundiales.

También está contribuyendo a la difusión de noticias falsas y la enorme polarización política en temas como el cambio climático, que nos impide encontrar una solución concertada antes de que sea demasiado tarde.

Reevaluar nuestra forma de pensar

Si consideramos el alcance de la historia humana hasta la fecha, podemos ver cómo nuestros cerebros crecieron para vivir en sociedades cada vez más complejas. Y la vida moderna, si bien nos permite pensar de manera más abstracta, no parece haber corregido nuestras tendencias irracionales.

Hemos asumido que las personas inteligentes naturalmente absorben la buena toma de decisiones a lo largo de la vida, pero está claro que no es así.

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El fin de la era dorada del intelecto en realidad podría ser solo su comienzo.

Mirando hacia el futuro, el “efecto Flynn inverso” y la posible caída de los coeficientes intelectuales deberían hacernos evaluar las formas en que usamos nuestros cerebros.

Prevenir un mayor descenso sin duda debería ser una prioridad para el futuro, pero también podríamos hacer un esfuerzo más concertado y deliberado para mejorar esas otras habilidades esenciales que no necesariamente vienen con un mayor coeficiente intelectual.

Ahora sabemos que este tipo de pensamiento puede enseñarse, pero necesita una instrucción deliberada y cuidadosa.

Estudios prometedores sobre la toma de decisiones por ejemplo, sugieren que los errores cognitivos comunes pueden evitarse si se enseña a ser más reflexivos sobre el pensamiento. Eso podría salvar innumerables vidas.

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Quizás es hora de evaluar la forma en que usamos nuestro cerebro.

¿Por qué no enseñar estas habilidades en la educación temprana?

Wandi Bruine de Bruin, de la Escuela de Negocios de la Universidad de Leeds y sus colegas han demostrado que las discusiones sobre los errores en la toma de decisiones pueden incorporarse en el currículo de historia de los estudiantes de secundaria, por ejemplo.

Sus investigaciones mostraron que hacerlo no solo mejora el desempeño en posteriores pruebas de racionalidad; también aumenta el aprendizaje de los hechos históricos.

Otros han intentado revitalizar la enseñanza del pensamiento crítico en escuelas y universidades; por ejemplo, una discusión sobre teorías de conspiración enseña a los estudiantes los principios del buen razonamiento, como identificar las falacias lógicas comunes y cómo evaluar las evidencias.

Habiendo tomado esas lecciones, los estudiantes parecen ser más escépticos sobre la información errónea en general, incluidas las noticias falsas.

Estos éxitos son solo una pequeña muestra de lo que se puede hacer, si a la racionalidad y al pensamiento crítico se les da el mismo tipo de respeto que tradicionalmente hemos brindado a nuestras otras capacidades cognitivas.

Idealmente, podríamos comenzar a ver un fuerte aumento de la racionalidad, e incluso de la sabiduría, en conjunto con el efecto Flynn. Si es así, el fallo temporal en nuestras puntuaciones de CI no debe significar el final de una edad de oro intelectual, sino su comienzo.

Puedes leer la versión original de este artículo en inglés en BBC Future.


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https://www.youtube.com/watch?v=0erzbX0Kg3k&t=15s

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