Entregarse al INM, la estrategia de migrantes africanos en Chiapas para avanzar hacia EU
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Alberto Pradilla

Entregarse al INM, la estrategia de migrantes africanos en Chiapas para avanzar hacia EU

Decenas de migrantes procedentes de la República Democrática del Congo o Camerún se entregan ante el INM porque no pueden ser deportados y reciben un oficio de salida que les obliga a dejar México en 20 días.
Alberto Pradilla
Por Alberto Pradilla
16 de junio, 2019
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Julius Mbah tiene 32 años y fue padre por primera vez el mes pasado. No conoce a su hija. El nacimiento ocurrió cuando huía en algún lugar de Panamá. Es originario de Camerún del Sur, un territorio anglófono en conflicto con el Gobierno de su país, dominado por la mayoría francófona. Dice que estaba perseguido por las autoridades y que decidió escapar a un mes de que su primera hija llegase al mundo.

Mbah llegó a Tapachula, Chiapas, hace dos días. Permanece en el exterior de la estación migratoria Siglo XXI sin saber exactamente cuál es el trámite que tiene que iniciar. Todavía carga su mochila con los escasos enseres que carga en su larga ruta. No es el único. El lugar parece un campo de refugiados transportado desde un lugar muy lejano, una torre de Babel a ras de suelo.

La gran mayoría de las personas que hay aquí son de raza negra. Algunos llegan de países del África subsahariana como Angola o Camerún. Es el caso de Mbah. Otros son originarios de Haití, bastante más cerca. También hay cubanos y algún centroamericano que aguarda soñando con el imposible: sacar a un familiar que cayó en las manos del Instituto Nacional de Migración (INM).

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Todos aquí quieren llegar a Estados Unidos. Aunque los haitianos todavía se plantean hacer escala en Tijuana, donde su comunidad ha construido “Little Haití” desde que la primera avanzadilla llegó a Baja California en 2016.

Julius Mbah, el camerunés, forma parte de una migración que no ocupa portadas como el éxodo centroamericano, que carece de tanta tradición como la que llega de Guatemala, Honduras y El Salvador, pero que se abre paso porque el ser humano siempre encuentra una ruta alternativa.

Este flujo llega al menos desde 2016. Han sido miles los migrantes procedentes de lugares lejanos como Camerún, a más de 11,000 kilómetros en línea recta. Animal Político preguntó al INM sobre sus planes hacia este colectivo, pero no recibió respuesta. Ese mismo día, el comisionado, Tonatiuh Guillén, presentaba su renuncia.

La paradoja de querer ser encerrado para salir libre

Todos los días frente a la Estación Siglo XXI se vive una paradoja. Mientras que el terror para los migrantes centroamericanos es ser arrestado en un retén del INM, encerrado en la estación migratoria y deportado a su país, aquí hay mucha gente que pide por favor que lo metan dentro del centro de detención para extranjeros.

Saben que no pueden ser devueltos porque no hay consulados que les vayan a identificar ni acuerdos de expulsión con sus países de origen, así que el papel en el que se les exige que dejen México en 20 días sirve como salvoconducto para avanzar hacia el norte.

Mbah acaba de llegar, apenas dos días, y todavía no conoce bien el procedimiento. Así que guarda fila, como el resto de sus compatriotas.

“Vivir en Camerún es terrible. Hay muertos, puede ocurrir cualquier cosa, si la policía te ve puede dispararte solo por el hecho de ser hombre”, dice.

El conflicto en Camerún es complejo y tiene su origen en la colonia europea. La parte anglófona, a la que pertenece Mbah, se siente marginada por la mayoría francófona. Hay incluso quien defiende que deben formar un estado independiente, conocido como Ambazonia. En el país africano se hablan más de 200 lenguas, pero las dos que dividen comunidades hasta el punto de causar enfrentamiento civil son el francés y el inglés, las originarias de la metrópoli.

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“El Estado me empezó a perseguir. Me pusieron en la cárcel. Fui al hospital, logré huir y llevo huyendo entonces”, dice Mbah. Con estos antecedentes no le sería difícil acceder al asilo en México. Podría acudir a la oficina de la Comisión Mexicana de Ayuda al Refugiado (Comar), tan colapsada como el exterior de la Siglo XXI, pero no quiere eso. Quiere llegar a Estados Unidos. “Ni siquiera hablo español. Aquí no podría encontrar trabajo”, afirma.

El recorrido al que se enfrentó el camerunés sería un reto para Phileas Fogg, el protagonista de “La vuelta al mundo en 80 días” que imaginó Julio Verne.

De Camerún a Ecuador. De Ecuador a Colombia. De Colombia a Panamá. De Panamá a Costa Rica. De Costa Rica a Honduras. De Honduras a Guatemala. De Guatemala a México.

Todavía queda el paso más difícil: alcanzar Estados Unidos.

El destino final es una anomalía si pensamos en la ruta tradicional de la migración subsahariana, que mira más a Europa, aunque sea porque está más cerca.

Son los jóvenes que tratan de saltar la valla que rodea a Ceuta y Melilla, dos enclaves españoles en el norte del continente africano convertidos en fortalezas que separan la Europa opulenta del norte de África. O las familias que se juegan la vida a bordo de precarias barcas y que han convertido el Mediterráneo en una inmensa fosa común acuática, con gobiernos europeos que hasta ponen trabas a los voluntarios que organizan expediciones de rescate.

Julius Mbah decidió jugársela en otra ruta.

Lo costoso fue el billete desde Camerún a Ecuador. A partir de ahí, caminatas, largas marchas, algún aventón, ponerse en manos de gente que pueda alojarles, camaradería en la ruta y peligros en las fronteras. Toda migración, da igual la ruta, tiene comunes denominadores: la vulnerabilidad, la escasez, ponerse en manos de otros.

Ni Mbah ni ninguno de los compañeros con los que guarda fila en el exterior de Siglo XXI dicen haber pagado un solo peso a alguna red de tráfico de personas. Pero eso es lo que dicen ellos y si fuese lo contrario tampoco lo dirían. Toda ruta tiene su explicación profunda. Siempre, absolutamente en todos los casos, hay alguien que saca tajada de la desesperación de quienes dejan todo atrás.

“En la selva está lleno de cadáveres”

“Aquí está todo mal organizado. No sabes cuándo te van a registrar. Esperamos, pero no sabemos cuándo nos van a tomar los datos y conducir a detención”, dice Angele, de 35 años. Se trata de una mujer fuerte que habla francés a una velocidad “endiablada”. Viene de la República Democrática del Congo y no es de las primeras de la fila, pero se ha adelantado para protegerse del inclemente sol. Está encerrada en un pasillo con vallas a ambos lados. Aquí es donde espera para solicitar cita con Migración. Solo hay mujeres en la hilera.

“Aquí pasamos el tiempo, esperando. Nos dijeron que viniésemos hoy, pero acaban de decir que hoy no trabajan y que vengamos la semana que viene”, dice Angele.

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Sabe que pedir cita implica que, en algún momento, la detendrán. Pero no le importa. Entrar en el centro en el que se encierran migrantes por no tener los papeles es el principio de la siguiente fase del viaje para gente como ella. No hay una embajada que vaya a reconocerla y, en caso de que la hubiera, tampoco existen acuerdos con Congo para devolver a los migrantes. La Ley de Migración dicta que, en estos casos, una persona puede estar encerrada un tiempo máximo de 60 días hábiles. Así que desde que uno es detenido en el centro, se inicia una cuenta atrás que termina con el oficio de salida en la mano, lo que en el caso de Angele equivale a un salvoconducto.

“Somos migrantes, no tenemos dinero, tenemos que pagar alquiler, comida”, protesta la mujer. La estación Siglo XXI está colapsada, muy por encima de su capacidad. Por eso el INM ha habilitado la Feria Mesoamericana, un complejo que alberga un palenque y que tiene capacidad para más de un millar de migrantes. Esta infraestructura ya se puso en marcha en octubre, con motivo de la llegada de la primera caravana desde Centroamérica.

“En mi país hay siempre problemas”, dice la mujer, que tiene que elevar el tono de voz por encima de la multitud de niños que corretea a su alrededor.

De repente, un revuelo.

Llegan agentes de la Policía Federal e informan que la próxima cita con el INM será el jueves. Es decir, tienen que esperar una semana. Demasiados días para gente que tiene el billete de salida en la mano, que cumple con el trámite pero que está deseosa de salir de Tapachula.

Algunas mujeres protestan, otras se resignan y a la mayoría de hombres se les escucha en otro lado.

Consciente de que hoy no será el día en el que pueda tramitar su caso, la angoleña relata su historia. Dice que trabajaba en una pequeña tienda en Kinshasha, capital de la República Democrática del Congo. Las cosas no le iban bien y tomó la decisión de marcharse. Su periplo es todavía más tortuoso que el de Julius Mbah, el camerunés. De la República Democrática de Congo a Angola. De Angola a Cuba. De Cuba a Ecuador. Y, a partir de ahí, nuevamente la ruta hacia el norte.

“El camino es muy duro”, dice la mujer. Se le humedecen los ojos. Habla de la selva, del tránsito desde Panamá. “Es muy duro, te encuentras cadáveres, hay gente que no aguanta”, dice.

Angele asegura que su prima Liliane, de 24 años, fue una de las que se quedó en el camino. Afirma que salió con ella pero que en la ruta, en la selva, se empezó a sentir mal y quedó allí. “Tienes que ir caminando y ves cadáveres”, insiste.

La gran preocupación de esta torre de Babel ante la estación migratoria Siglo XXI es ser detenidos cuanto antes. Sin embargo, este proceso, que antes era rápido, se rompió en los últimos meses, según explica Salva Lacruz, responsable de incidencia del centro de Derechos Humanos Fray Matías. El defensor dice que ahora ya no es tan automático ese camino de arresto-encierro-salvoconducto.

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La alternativa que han encontrado las autoridades migratorias es ofrecer a este grupo la tarjeta de visitantes por motivos humanitarios. Se trata del mismo documento que más de 12,000 centroamericanos recibieron en enero, cuando llegó la primera caravana del año al puente Rodolfo Robles, el que divide Guatemala y México.

Para obtener esta tarjeta hay que pedir asilo a la Comar. Esto hace que decenas de migrantes africanos que no quieren pedir refugio se sumen a quienes buscan la protección del estado mexicano y ayuden a que la institución esté todavía más colapsada.

Aunque los acuerdos entre México y Estados Unidos hablan explícitamente de la migración centroamericana, es más que probable que este flujo también haya aparecido en las conversaciones. El Gobierno mexicano defiende que todos los implicados se sienten en un foro multipolar. Ahí, creen, debería estar Ecuador, ya que no exige visas a migrantes procedentes de países como Camerún y esto permite la llegada de los migrantes.

Los seres humanos siempre encuentran rutas que se abren paso. La de Mbah y Angele pasa por entregarse a Migración para poder continuar su camino.

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Quién es Doug Emhoff, esposo de Kamala Harris y primer 'segundo caballero' de Estados Unidos

El marido de la flamante vicepresidenta de EE.UU., Kamala Harris, será el primer hombre que ocupa un rol que hasta ahora solo han ocupado mujeres.
24 de enero, 2021
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Kamala Harris y Douglas Emhoff

Reuters
Kamala Harris y Doug Emhoff, ambos abogados, se conocieron en una cita a ciegas en 2013 y contrajeron matrimonio un año después.

Kamala Harris se convirtió este miércoles en la primera mujer y primera persona negra en alcanzar la vicepresidencia de Estados Unidos, pero ella no es la única que rompe siglos de tradición.

Su marido, Douglas Emhoff, más conocido como “Doug”, también rompió barreras culturales al convertirse en el primer hombre en ocupar un lugar que hasta ahora solo había sido ocupado por mujeres.

El rol de “segunda dama”, como se le dijo hasta ahora a las parejas de los vicepresidentes, está tan atado con el sexo femenino que hasta la llegada de Emhoff ni siquiera existía una versión masculina del término.

Tras un período de especulaciones se decidió adoptar el título de “segundo caballero”.

Emhoff ya tiene su propia cuenta de Twitter con ese nombre: @SecondGentleman sumó más de 800.000 de seguidores incluso antes de que el marido de la vicepresidenta publicara su primer tuit.

Pero este abogado de 56 años -la misma edad que su esposa- no solo se diferencia de las anteriores segundas damas por ser hombre.

Mientras que la mayoría de las esposas de vicepresidentes en el pasado llevaban toda una vida acompañando a sus maridos políticos, Emhoff tiene apenas siete años de experiencia en este campo.

Y es que fue hace poco más de siete años, en 2013, cuando Emhoff conoció a Harris en una cita a ciegas coordinada por la mejor amiga de ella.

Kamala Harris y Doug Emhoff

Getty Images
La vida de Emhoff había estado completamente alejada de la política hasta que conoció a Kamala Harris hace poco más de siete años.

En ese momento Harris era la fiscal general de California y él tenía un estudio de abogados que se especializaba en derecho corporativo.

Un año después de conocerse, en agosto de 2014, contrajeron matrimonio.

“Momala”

A diferencia de ella, que nunca había estado casada y no tenía hijos, Emhoff se había divorciado seis años antes de su primera mujer, la productora de cine Kerstin Emhoff, con quien tiene dos hijos en aquel momento adolescentes.

En un ensayo que escribió para la revista Elle en 2019, Harris describió la relación especial que mantuvo desde el principio con sus hijastros.

“Cole y Ella no podrían haber sido más acogedores”, escribió. “Son chicos brillantes, talentosos y divertidos que se han convertido en adultos extraordinarios”.

Harris incluso contó que fue su excelente relación con ellos lo que la llevó a decidir casarse con Emhoff.

“Yo ya estaba enganchada con Doug, pero creo que fueron Cole y Ella los que me terminaron de enganchar del todo”, relató.

También reveló que los hijos de su marido la apodaron “Momala”, ya que no les gustaba la expresión “madrastra”.

Harris suele hacer referencia a su familia durante sus discursos.

Kamala Harris y Douglas Emhoff,

Getty Images
Harris mantiene una relación cercana con la familia de su marido.

La familia lo es todo para mí y no puedo esperar a que EE.UU. conozca a mi esposo Doug y a nuestros increíbles hijos Cole y Ella”, dijo a sus partidarios durante un acto de campaña en agosto pasado, luego de que Joe Biden la confirmara como su compañera de fórmula.

“He tenido muchos títulos a lo largo de mi carrera y ciertamente ser vicepresidente será genial, pero ser ‘Momala’ siempre será el que más valor tendrá para mí“, confesó.

También ha revelado que mantiene una excelente relación con Kerstin Emhoff, la exesposa de su marido, quien incluso colaboró con su campaña electoral.

Impulsado a la arena pública

A pesar de que hasta hace no mucho la vida de Emhoff estaba completamente alejada del mundo de la política, algunos de sus conocidos afirman que le ha tomado el gusto a su nuevo rol.

Durante los primeros años de la relación con Harris, él mantuvo su vida profesional separada.

En 2017, un año después de que ella fuera elegida senadora por California -lo que lanzó de lleno su carrera política- él dejó la firma que había abierto en 2000 (y que en 2006 había sido adquirida por el estudio Venable) para convertirse en socio del bufete de abogados internacional DLA Piper, especializado en litigios relacionados con el mundo del espectáculo y la propiedad intelectual.

Por unos años, Emhoff alternó entre las oficinas de DLA Piper en Los Ángeles y Washington DC.

Pero su perfil público aumentó en enero de 2019 cuando su esposa lanzó su campaña para convertirse en la candidata presidencial del Partido Demócrata en las elecciones de 2020.

Emhoff participó de forma activa en la campaña, que duró un año, hasta que Harris se dio de baja en diciembre.

No obstante, fue la elección de Harris como segunda de Biden, oficializada en agosto de 2020, lo que realmente impulsó a Emhoff a la arena pública.

No solo siguió apoyando a su esposa en muchos de sus actos y vocalmente a través de sus redes sociales, incluso empezó a representarla en algunos eventos, realizando discursos en nombre de la campaña Biden-Harris.

Emhoff hablando durante un acto de campaña en Colorado

Getty Images
Emhoff elevó su perfil público durante la campaña electoral de su esposa, llegando incluso a dar discursos en representación del binomio Biden-Harris.

A pesar de su falta de experiencia, Emhoff ha declarado su entusiasmo por sus nuevas funciones, que le han ganado su propio grupo de admiradores, autodenominados el #DougHive o “Colmena Doug” (los fans de su esposa son el #KHive).

“Pareciera que realmente le gusta”, le comentó a la BBC Aaron Jacoby, un viejo amigo y ex socio legal de Emhoff.

“Uno podría esperar que se sentiría como un pez fuera del agua, pero no es así. Simplemente está nadando y disfrutando”, aseguró.

Sus hijos, Cole y Ella, también han remarcado que su padre parece hecho para esta nueva función.

“Creo que Doug es un poco camaleónico y por eso todos lo aman. Como que puede caber en cualquier habitación”, remarcó al “New York Times” Cole, el mayor, que hoy tiene 26 años.

“Creo que, de todas las personas, Doug casualmente nació para esto“.

Siguiendo la tradición

Más allá de su género, Emhoff ha respetado algunas tradiciones de las parejas de vicepresidentes.

Por empezar, dejó su trabajo: en agosto pasado se tomó una licencia laboral no solo para apoyar a su esposa en su campaña sino también para evitar cualquier conflicto de intereses.

Y tras el triunfo electoral de Biden y Harris, Emhoff siguió los pasos de la mayoría de sus predecesoras y anunció que abandonaba su carrera para dedicarse a sus nuevas funciones como “segundo caballero”.

Emhoff y Harris junto con Joe Biden y Jill Biden.

Getty Images
Como es costumbre, el “segundo caballero” dejó de lado su trabajo para dedicarse al puesto, aunque también enseñará.

Si bien la tarea es principalmente ceremonial, es costumbre que las parejas de los líderes también se enfoquen en asuntos de interés público que se complementan con los principales objetivos de sus parejas.

La actual primera dama, Jill Biden, se centró en las familias de los militares y la educación cuando su marido fue vicepresidente de Barack Obama (2009-2017).

Curiosamente, Biden, docente de profesión, rompió con el protocolo y siguió enseñando inglés en un colegio comunitario mientras ofició como segunda dama, tarea que planea mantener como esposa del presidente.

Emhoff le seguirá los pasos: anunció que combinará sus tareas oficiales con la docencia, en su caso enseñando un curso sobre derechos del espectáculo en la Universidad de Georgetown.

Consultado sobre cuál podría ser su foco de interés como segundo caballero, Jacoby señaló que una opción podría ser la reforma de la justicia criminal, algo que preocupa tanto a Emhoff como a Harris.

Sin embargo, Jacoby resalta que el foco principal de su amigo será la vicepresidenta.

“Doug está en esto para apoyar a Kamala”, aseguró.


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