Niños en crianza temporal: lejos de su familia, idioma e identidad
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Propublica

Niños en crianza temporal: lejos de su familia, idioma e identidad

Por generaciones, la agencia de Illinois para el bienestar infantil ha fracasado a la hora de atender adecuadamente a las familias de habla hispana cuyos niños tiene bajo su cuidado.
Propublica
Por Melissa Sánchez y Duaa Eldeib / ProPublica
29 de junio, 2019
Comparte

Cuando nació su hijo en 2014, Jorge Matías tomó al bebé en sus brazos y lo arrulló con las canciones de cuna que aprendió en Guatemala cuando era niño. Bromeaba con la madre del bebé, diciéndole que crecería hablando español y que algún día ellos charlarían ese idioma en secreto para que ella no los entendiera.

Pero el niño nació con heroína en su organismo, y, cuando su cuerpo la eliminó por completo, los funcionarios de bienestar infantil de Illinois lo colocaron en un hogar de crianza temporal. Para recuperarlo, Matías tuvo que satisfacer una lista larga de requisitos, los cuales incluyeron terminar su relación con la madre del menor que era adicta a la heroína.

Matías visitó al bebé en la oficina de la administradora de su caso, le cambió los pañales, y, aprendió a prepararle el biberón mientras que documentaba su crecimiento con fotografías y videos en su teléfono celular.

Poco antes de cumplir un año, durante una visita con su padre en la biblioteca y con la madre de crianza temporal sentada cerca, el niño dijo lo que Matías consideró su primera palabra. No en español. Ni en inglés. Sino que en eslovaco. Mamka. Mami.

En ese momento Matías se dio cuenta de que su hijo se criaba con un idioma que él no entendía y temió lo que sucedería si transcurría más tiempo antes de recuperarlo.

Matías buscó amistad con compañeros de ascendencia europea oriental con quienes trabajaba en carpintería, y aprendió a usar aplicaciones de idiomas en su teléfono para buscar palabras y frases útiles. Poco a poco recopiló varias en eslovaco: Cobija. Leche. Arriba. Abajo. Tomates. Pollo.

Pero no pudo mantenerse al ritmo. Hacia el verano de 2016, cuando el niño cumpliría dos años, Matías le comentó a su terapeuta durante una sesión requerida, que se preocupaba por su incapacidad creciente de poderse comunicar con su hijo.

Seis meses después, el menor comenzó a gritar cuando Matías pasaba por él para sus visitas. Lloraba por su padre de crianza temporal. Lo llamaba “ocko”, palabra eslovaca para papá.

Una Historia de Fracasos

Durante más de cuarenta años, el Departamento de Servicios para Niños y Familias (Department of Children and Family Services, DCFS) de Illinois, ha tenido la obligación, según una orden judicial federal, de colocar a hijos de padres latinos y de habla hispana en hogares de crianza temporal en los cuales se hable su idioma.

La orden, también conocida como el Decreto de consentimiento Burgos, tiene la potencia de beneficiar a miles de familias en un estado que cuenta con una de las poblaciones de hispanohablantes más grandes del país. De hecho, ese decreto de consentimiento se cita a menudo como modelo para la nación, habiendo sido nombrado en un estudio reciente acerca de la forma en que las agencias de bienestar infantil estadounidenses atienden a las familias de inmigrantes. Este es un tema que se ha vuelto aún más crítico en la actualidad por el ambiente político relativo a la inmigración.

Sin embargo, una investigación de ProPublica Illinois encontró que el DCFS ha fallado repetidas veces con su obligación de ayudar a las familias de habla hispana. La agencia sigue colocando a menores en hogares donde no se habla el idioma de sus padres, además de asignar a administradores de caso que no hablan español, con padres que no manejan bien el inglés. Cientos de familias se han visto afectadas a través de las generaciones; desde la primera cuyo apellido nombró el decreto de consentimiento, y, hasta la actualidad, con la historia de los hijos de Matías que fueron colocados en un hogar de crianza provisional en el cual no se hablaba ni inglés ni español.

Los expedientes muestran que, en algunos casos, la brecha del idioma hizo que los trabajadores sociales no captaran información relacionada con investigaciones de abuso y negligencia, lo cual se aunó a las lesiones y muertes de niños y niñas al cuidado del estado. Las deficiencias se extienden a las agencias privadas que trabajan con estas familias y a los abogados encargados de supervisar el cumplimiento de la orden judicial.

“Están destruyendo familias”, dijo Layla Suleiman González, ex funcionaria del juzgado federal encargada del decreto de consentimiento, dedicada actualmente a la docencia en Loyola University Chicago. “Cuando se le quita el idioma a un niño, o a una niña, también se le quita su identidad y su conexión con la familia, la comunidad y la cultura”.

Los expedientes de la agencia muestran casi trescientas posibles infracciones del Decreto Burgos desde 2005. Es casi seguro que esa cantidad esté por debajo de la verdadera cuenta, ya que, a menudo, los datos básicos de un caso, tales como raza, etnia e idioma de preferencia, han sido poco confiables o hasta falsificados por personal.

El DCFS no puede proporcionar un conteo coherente de los menores de padres hispanohablantes que están actualmente en hogares de crianza temporal donde no se habla español. Inicialmente, la agencia proporcionó datos que indicaron que más de cincuenta niños colocados recientemente podrían infringir el decreto de consentimiento. Jassen Strokosch, vocero del DCFS, dijo posteriormente que solo había dos infracciones. En mayo, mencionó que la agencia había revisado cada caso y que la cifra correcta era de menos de veinticinco.

Finalmente, Strokosch admitió esta semana que les era “difícil proporcionar cifras precisas”, y añadió que en estos momentos “buscaban mejores formas de crear estos informes, desde arriba y hasta el fondo”.

El funcionario agregó que podría parecer que ciertas asignaciones infringían el decreto Burgos, pero que ese no era el caso en realidad debido a que la agencia pudo haber priorizado otros factores tales como las necesidades médicas del menor por arriba del idioma. Otras podrían infringir en las políticas de la agencia, pero no en el decreto Burgos, ya que ese decreto de consentimiento les corresponde a las familias en la zona de Chicago y las normas del DCFS se aplican en todo el estado.

No obstante, mencionó Strokosch, cumplir con el decreto Burgos, y asegurar que las familias de habla hispana en todo Illinois reciban servicios en su propio idioma, son prioridades del director suplente del DCFS, Mark Smith, asignado al puesto el pasado abril por el Gobernador J. B. Pritzker. Smith es el treceavo líder de la agencia en la última década.

“El DCFS tiene el compromiso de responder plenamente ante las necesidades de los menores y las familias que atendemos, proporcionando cuidados y servicios que toman en cuenta las diferencias culturales y lingüísticas y de origen”, indicó Strokosch.

Es fácil ver cómo el decreto Burgos ha sido ignorado en una agencia que lleva un largo tiempo lidiando con casos notorios de niños fallecidos y cantidades enormes de expedientes, dijo Rubén Castillo, juez principal del Juzgado de Distrito de EE.UU. para el Norte de Illinois, y primer monitor judicial federal para el decreto de consentimiento. Agregó, también, que el DCFS se ha visto tan abrumado al reaccionar a las crisis, que no ha hecho prioridad de los asuntos específicos de los latinos,  quienes representan solo un 8 % de más de 16,000 menores al cuidado del estado.

“Yo sigo sin ver un gran empuje de parte de los directores del DCFS para contratar empleados hispanos, o buscar más familias de crianza temporal hispanas,” agregó Castillo. “Creo que ha habido demasiadas transiciones, demasiadas prioridades nuevas, demasiados casos de emergencia, demasiados niños que murieron en malas situaciones”.

Durante años, ninguna organización ajena al DCFS ha podido examinar si este cumple con el decreto judicial.

El Fondo México Americano de Defensa y Educación Legal (Mexican American Legal Defense and Educational Fund, MALDEF), grupo nacional de derechos civiles que representa a familias en litigios del decreto Burgos, dijo que el estado se ha rehusado repetidamente a proporcionar información que podría ayudarlos a monitorear el mismo. A través de entrevistas y una declaración escrita, los líderes de MALDEF indicaron que consideran opciones de tipo jurídico en la actualidad, pero que se inquietan que las protecciones otorgadas a las familias en el decreto de consentimiento, pudieran ser eliminadas si vuelven a enjuiciar al DCFS.

Preservar la familia es el principio básico que guía el bienestar infantil. Sin embargo, violar los derechos de los padres asignados en el decreto Burgos, puede retrasar la reunificación, proceso que de todos modos puede tardar años. Los niños que quedan apartados de sus progenitores podrían acabar con nombres anglicanizados o prácticas religiosas diferentes, o quedar inmersos en una cultura extranjera.

En algunos casos, las separaciones prolongadas hacen casi imposible que se pueda determinar lo mejor para estos menores: devolverlos a sus padres biológicos a quienes casi no conocen, o dejarlos con padres de crianza temporal que quizás no deberían de haberlos tenido tanto tiempo, aunque los hayan visto crecer y los quieran como si fueran propios.

Una promesa de efectuar reformas

Leopoldo e Iris Burgos se mudaron de Puerto Rico a Chicago en 1970, hablando solo español. En marzo de 1972, investigadores del DCFS tomaron la custodia de dos de sus hijos, Olga y Henry. El alegato específico en contra de estos padres sigue sin aclararse casi medio siglo después. Los informes noticiosos de fines de los ochentas dicen que los niños fueron encontrados asquerosos y picoteados por pollos que la familia criaba en su departamento.

Los administradores del caso de la agencia privada contratada por el DCFS colocaron a Olga, de unos tres años de edad en ese entonces, y a Henry, de 6, en dos hogares de crianza temporal distintos en los cuales solo se hablaba inglés.

Cuatro trabajadores sociales gestionaron el caso durante los tres años posteriores. Ninguno de ellos hablaba español.

Las barreras del idioma retrasaban hasta las interacciones más simples. En una declaración jurada, Iris Burgos dijo que no había visto a su hija durante siete meses, “porque no pude comunicarme con nadie” de la agencia.

Todos los comunicados enviados a la familia iban en inglés y a menudo servía de intérprete la hija mayor de los Burgos, de once años en ese entonces. No está claro por qué ni ella ni los demás hermanos fueron llevados para custodia.

Al caso no se le asignó un trabajador social bilingüe sino hasta tres años después de que la familia entrara al sistema de bienestar infantil. “Por primera vez”, agregó Iris Burgos en la declaración jurada, “sabemos lo que se espera de nosotros y cómo podemos planificar un programa que esperamos pueda devolvernos eventualmente a nuestros hijos”.

Lo que le sucedió a la familia Burgos era normal en esa época. En un estudio del DCFS de 1974, se determinó que el 80 % de los hijos y las hijas de padres latinos puestos al cuidado del estado, fueron colocados en hogares de crianza temporal no latinos; y, que, aproximadamente un 67 % de los casos de padres de habla hispana fue administrado por encargados que no hablaban ese idioma.

En noviembre de 1975, la Fundación de Asistencia Legal de Chicago (o Legal Assistance Foundation of Chicago), organización sin fines de lucro, presentó una demanda colectiva por violación de derechos civiles en contra del DCFS y de dos de sus proveedores, alegando discriminación sistemática en contra de familias latinas de habla hispana.

En menos de dos años después, el DCFS aceptó establecer reformas con la demanda aún pendiente. Entre estas, uno de los mandatos principales fue colocar a hijos de familias de habla hispana en hogares de crianza temporal en los cuales se les preservara su idioma. Si en dos meses no se pudiera encontrar un hogar adecuado, el estado necesitaría llevar un registro de todos los esfuerzos hechos por encontrarlo.

El decreto de consentimiento abarcaba a familias de habla hispana en Chicago, y sus suburbios, cuyos hijos fueran puestos bajo custodia del DCFS. Posteriormente, la agencia amplió sus políticas a todo el estado y a familias que habían sido investigadas por abuso o negligencia, pero cuyos menores no habían sido sacados del hogar.

El DCFS también aceptó aumentar la cantidad de hogares de crianza provisional de habla hispana, contratar más personal bilingüe y traducir los documentos del caso; además de prometer que llevaría un conteo preciso de las familias latinas cuyo idioma principal fuera el español, lo cual sería información esencial para dar seguimiento al cumplimiento.

Fue una meta ambiciosa que el DCFS luchó por lograr desde el principio.

Renuncia a sus derechos

Jorge Matías salió de Guatemala en 2003 cuando algunos familiares que vivían en Chicago fueron a visitar el pequeño pueblo donde había crecido con nueve hermanos y hermanas. En ese entonces era adolescente y trabajaba en las acequias de cultivos de plátanos después de haber terminado la preparatoria. El viaje de sus familiares de regreso a los Estados Unidos le brindó una oportunidad de buscar una vida mejor.

Matías y un pariente fueron detenidos por agentes migratorios cuando cruzaban la frontera a pie cerca de El Paso, pero fueron puestos en libertad rápidamente bajo la advertencia de que esperaran un citatorio por correo a través del cual se le indicaría cuándo presentarse ante el juzgado de inmigración.

Matías, de 34 años ahora, no pensó mucho acerca del encuentro y siguió su traslado a Chicago. En esa ciudad obtuvo un departamento cerca del barrio de Humboldt Park, mudándose con su padre quien había inmigrado años antes. Tan solo en unos años llegó a ganar hasta US$40,000 dólares anuales. “Comencé desde abajo,” dijo, “pero cuando aprendí carpintería pude ganar ese tipo de dinero”. Mandaba remesas a su madre cada varias semanas.

Cuando su padre regresó a Guatemala, Matías permaneció en Chicago. Le gustaba su vida en Humboldt Park, donde salía a pasear y escuchaba a los vecinos hablando español. Su rutina incluía irse en autobús a tomar clases de inglés por las tardes en el lado norte de la ciudad. Estudió ese idioma durante años y alcanzó entenderlo, aunque le seguía siendo difícil que otras personas lo entendieran al hablar.

En 2012, Matías viajaba una tarde en autobús a su clase cuando notó a Heather Penar. Le gustó su sonrisa y comenzó a charlar con ella. A su vez, ella le respondió en forma amigable y abierta. “Era alguien con quien podía practicar mi inglés”, recuerda Matías. “Me entendía”. Además, Penar también se sintió atraída por él. En una entrevista reciente ella dijo que nunca se había sentido “tan segura, cálida y protegida” con nadie antes de Matías.

Al principio salían juntos de manera informal. Compraban comida tailandesa o mexicana para llevar e iban al parque a platicar.

Matías le pidió que viviera con él cuando se enteró que estaba embarazada. Mencionaron casarse y vivir en el suburbio de Oak Park. Pero, dijo ella, su adicción a la heroína y a las pastillas Xanax descarriló sus planes.

Penar, que había sido condenada por robo y posesión de drogas, dijo que había escondido su adicción de Matías hasta el día que él la encontró desvanecida en el piso del baño. Él dijo que había pensado en dejarla pero que quería ayudarla a dejar las drogas. La llevó a una clínica en la que le administraron metadona.

En el verano de 2013, Penar dio a luz a un bebé varón que había sido expuesto a las drogas. Matías dijo que lo visitó en el hospital durante semanas, hasta que una prueba de paternidad mostró que él no era su padre y el bebé fue colocado en un hogar de crianza temporal.

Penar tuvo otro hijo expuesto a drogas el verano siguiente. La prueba de ADN que confirmaría que Matías era el padre no sería administrada sino hasta que el niño fuera colocado con los padres de crianza temporal, Jana y Peter Palenik, de origen eslovaco.

Children’s Home & Aid, la organización sin fines de lucro dedicada al bienestar infantil y contratada por el DCFS para administrar el caso, declinó exponer comentarios para este reportaje. Los Palenik rechazaron varias peticiones para entrevistarlos.

El DCFS indicó que las leyes estatales le prohíben hablar acerca de casos particulares. En abril, una jueza del Juzgado Juvenil del Condado de Cook dictó una orden para prohibir que ProPublica Illinois publique los nombres o las imágenes de los niños, citando la confidencialidad.

De acuerdo con los apuntes del expediente, un supervisor de Children’s Home & Aid informó posteriormente al DCFS que uno de los motivos por los que el niño no fue asignado a un hogar donde se hablara español, fue porque se retrasó la determinación de la paternidad. Ese retraso, agregó el supervisor, también fue un factor de la razón por la cual a los Palenik no se les informó acerca del idioma que deberían utilizar con el niño.

Transcurridas unas seis semanas desde que el bebé llegara al hogar de los Palenik, el DCFS le informó a Matías que podría solicitar un hogar en el que se hablara español. El expediente también indica que Matías mencionó tener familiares que podrían acoger a su hijo, aunque estaba contento con el cuidado que los Palenik ofrecían y no veía la necesidad de moverlo.

Matías, quien pensó que recuperaría a su hijo en unos cuantos meses, dijo que ese momento no habría podido imaginar que su decisión tendría efectos a largo plazo. En ese entonces él pensaba que los Palenik hablaban inglés en su casa. No supo que eran eslovacos sino hasta meses después de que su hijo fue enviado a vivir con ellos. Los Palenik le mencionaron al DCFS posteriormente que únicamente hablaban eslovaco en el hogar.

El expediente indica que el día después de la reunión con el DCFS, Matías le mencionó a una de las asistentes que él no “consideraba dominar el inglés completamente”. Entonces, la administradora de su caso, y una colega bilingüe de la agencia, le preguntaron si deseaba servicios en inglés o en español. Si optaba por el español, le indicó su administradora de caso, ella ya no seguiría a cargo de su expediente. Si optaba por el español, le indicó su administradora de caso, “ella encontraría servicios en español para las obligaciones que tendría que cumplir” para obtener la custodia.

Matías seleccionó el inglés. Al hacerlo, le informó posteriormente al DCFS un supervisor de Children’s Home & Aid, Matías había aceptado renunciar a sus derechos relacionados con el decreto Burgos.

El expediente del caso menciona que Matías indicó más tarde a los empleados del DCFS, que le habían dicho que podría llevarse a su hijo a casa más rápido si escogía el inglés.

Este trabajo  fue publicado en conjunto con el Chicago Sun-Times

Lee el reportaje completo, publicado por ProPublica y el Chicago Sun-Times, dando click aquí.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

'Me mandaban coronas de muerto': ser trans en México, el segundo país del mundo con más agresiones al colectivo

Kenya Cuevas dice que es una sobreviviente. Ha presenciado la violencia machista en la familia, la calle y la justicia en México, así como un transfeminicidio que cambió su vida.
31 de marzo, 2022
Comparte

Ser una persona trans es difícil en cualquier parte del mundo, pero en México puede implicar la muerte.

En 2021 se colocó como el segundo país con más asesinatos de personas trans en el mundo (46 casos), solo superado por Brasil (92), según el monitoreo de la organización Transgender Europe.

Y la violencia cotidiana contra la comunidad no es menor alarmante.

Kenya Cuevas Fuentes lo ha vivido.

Desde los 9 años huyó de la violencia machista en su casa y a esa edad entró al mundo del trabajo sexual, con la explotación, violencia y consumo de drogas que conlleva.

En 2016 vivió un momento transformador de su vida al ser testigo del asesinato de una amiga, el primer transfeminicidio reconocido como tal por las autoridades en México.

Con motivo del Día Internacional de la Visibilidad Transgénero, Cuevas cuenta su historia, que refleja cómo vivir como una persona trans en una sociedad transfóbica puede convertirse en un riesgo de muerte.


Soy una mujer sobreviviente.

Una mujer luchadora que ha tenido que pasar por procesos de vida difíciles, que inició su vida en una familia disfuncional, prácticamente desde que yo recuerdo.

Soy la menor de siete hermanos y ellos siempre eran violentos. Eran mucho mayores que yo y uno de ellos era alcohólico. Mi madre vivía en Estados Unidos y mi padre tenía otra familia.

Estábamos al resguardo de mi abuela materna, que nos educó con valores. Sin embargo, también había mucho machismo, poca información sobre la diversidad LGBT, no había un reconocimiento claro de la identidad de género, la expresión de género en esos años .

Y esto generaba una violencia en la que fui creciendo.

Pero las escenas importantes que yo recuerdo y que transformaron mi vida ocurrieron a los 9 años.

A esa edad mi abuela fallece de un paro cardíaco y yo siendo la menor me quedo al resguardo de mis hermanos, que eran los primeros actores de la violencia familiar. Una de mis hermanas murió y quedamos seis.

Kenya Cuevas

Mahia Mishelle

Y la violencia crecía. No me daban de comer, no me llevaban a la escuela, no me atendían. Cuando salí a buscar comida encontré un empleo y a ganar un dinero. Y al darse cuenta mis hermanos me dijeron “aquí quien trabaja da un gasto” y me quitaban mi sueldo.

Y llegó el momento en que me cansé de que mis hermanos me golpearan, me discriminaran.

“Haz lo que te pidan”

Un día me salí a caminar al centro de la ciudad, a la Alameda Central, y yo no sabía qué hacer con mi vida, pero lo único que sabía era que ya no quería regresar a mi casa, a esta violencia.

Llegó la noche, y en la oscuridad, una mujer caminó hacia mí. Yo no sabía que era una mujer trans, pero mi corazón en ese momento se identificó con esa mujer, quería ser como ella.

Me dijo “ponte a trabajar, habla con los señores de los carros y te van a llevar aquí a la vuelta, te van a pagar tanto dinero y haz lo que te pidan”. Así fueron sus palabras textuales.

Yo obedecí, hablé con uno de un carro y me llevó al hotel mientras yo le platicaba mi historia de vida, de mi mamá y mis hermanos. Lloré y lloré y le decía “yo quiero quedarme contigo”.

Trabajadores sexuales en Ciudad de México

Getty Images

Él se sorprendió pero me dijo: “No puedo llevarte conmigo. Pero te voy a dejar la habitación pagada por una semana y dinero para que comas”.

Tenía 9 años y fue mi primer cliente en el trabajo sexual. Obviamente tuve mucho dolor, fue mi primera práctica sexual y yo no sabía cómo reaccionar.

“Te vamos a arreglar”

Me di cuenta que era un hotel que hospedaba a mujeres trans que ejercían el trabajo sexual.

Todo el tiempo las mujeres vivimos violentadas también en un tema de vivienda, porque la gente que renta departamentos no nos acepta y eso hace que los hoteles sean como nuestra residencia.

Les decían “vestidas”, porque en ese momento “trans” no existían.

Me acerqué a una y le dije “yo quiero ser como tú”, y con el dinero que había ganado me llevaron a un local de pelucas y accesorios de todos colores y sabores.

Compramos una peluca, pestañas, maquillaje, de todo. Yo estaba muy emocionada y me empezaron a arreglar. Y recuerdo una frase que fue muy tajante: “Esta es la primera y la única vez que te vamos a arreglar. Si tú no aprendes es por pendeja”.

Puse muchísima atención y fue el primer momento en que pude arreglarme, con esta figura arreglada, afeminada.

Me quedé contemplando el espejo, pues fue uno de los momentos más felices de mi vida porque logré identificarme y verme realmente como esa mujer que vivió engañada y encerrada en un cuerpo varonil.

Kenya Cuevas

Mahia Mishelle

Y me dijeron “vámonos a trabajar, porque ya te acabaste tu dinero y qué vas a comer mañana”.

“Me quedé en la calle”

Me presentaron con una madrota, a quien le dijeron que yo era menor de edad: “Es nuestra hija”.

Y recuerdo muy bien que Angélica, como se llamaba, respondió: “Pues a mí me vale madre si es menor de edad o no, a mí que me den mi renta de 1,500 pesos y que se ponga a trabajar”.

Era uno de los puntos “permitidos” para el trabajo sexual en Ciudad de México.

Todo el mundo quería irse conmigo y me iba muy bien. Muchos años después entendí por qué: era una niña de 9 años. Por obvias razones llegué a tener una clientela alta.

Ya cuando pasó la “novedad”, bajó el trabajo, pero entonces encuentro otra parte del trabajo sexual. Y es que hay otros clientes que buscan una compañía para consumir sustancias, tener fiestas.

Y si no le entras a ese tipo de dinámicas, no trabajas.

Yo seguía siendo una niña con mucho resentimiento, con mucho dolor, mucho sufrimiento real. Y fui presa fácil de las drogas, de esa puerta falsa.

Trabajadores sexuales en Ciudad de México

Getty Images

Eso fue deteriorándome. Ya no pagaba la renta, ya no comía, todo me lo chingaba en la droga. Perdí todo y me quedé en la calle.

Eso me llevó a vivir 20 años de mi vida en esas condiciones. Limpiando parabrisas, viviendo en los parques. Cuando alguien me llevaba al hotel, era mi oportunidad de bañarme y lavar mi ropa.

En todo ese proceso viví mucho en las drogas. Y a pesar de entrar a rehabilitación, la abstinencia me hacía caer de nuevo al consumo, además de que no había una comprensión por mi identidad de género y no me permitían ser yo.

Al llegar a la mayoría de edad, como eran programas para menores, ya no me permitían el acceso. Tenía que pedir monedas en la calle o a mis conocidas.

“Los custodios me vendían”

Después de 20 años de esta vida, un día en 1999 llegué a comprar droga a un picadero. Y ahí de pronto tiran la puerta y gritan “¡policía judicial!”

Nos tiran al suelo y la vieja que vendía la droga la avienta a un lado mío.

“¿Desde cuándo vendes?”, me preguntó un policía. “No, pues yo no vendo, jefe, vine solo por mis piedritas”, le dije.

Me mandaron a la cárcel por “posesión, distribución y venta de cocaína” que entonces era mucho más penado.

En el Reclusorio Norte violentaban a las mujeres trans. A mí me llegaron a violar. Los custodios me vendían con internos para sus fiestas y orgías nocturnas de las personas que realmente vendían droga y secuestraban y tenían mucho dinero.

Reclusorio Norte de Ciudad de México

Getty Images

Ahí las personas trans teníamos que satisfacer a muchas personas.

Y un día me peleé con un interno que me quería violentar. Tenía una navaja, pero logré quitársela y se la enterré en el estómago. Y eso motivó a que me trasladaran al penal de Santa Marta Acatitla .

Salí después de 10 años y tres rebajas de sentencia.

Un juez determinó mi absolución del delito porque consideraba que yo no había sido la responsable de las sustancias que habían encontrado. Me dicen “gracias por participar, uste no fue, discúlpenos”.

“Ese día cambió mi vida rotundamente”

Ya había dejado las drogas y al salir me empiezo a capacitar en un proceso de aprendizaje, en la promoción contra el VIH y empiezo a dar consejería, aplicación de pruebas. Y empiezo a aplicar esto con las trabajadoras sexuales, que eran mis compañeras.

Empecé a encontrar que muchas trabajadoras sabían desde hace mucho tiempo que tenían VIH pero no se habían atendido. Otras que ni se imaginaban que vivían con VIH. Las que decían que sí les daba miedo pero no usaban protección.

De 2010 a 2016 me profesionalicé en estos acompañamientos de activismo que realizaba aunque no fuera visible porque lo hacía entre el trabajo sexual. Me decía “que lo que haga mi mano derecha no lo sepa la izquierda”.

Al llegar el 30 de septiembre de 2016, ese día cambió mi vida rotundamente.

Fui testigo del transfeminicidio de Paola Buenrostro, mi amiga, una mujer trans de 24 años que fue asesinada. Era mi compañera desde hacía muchos años en el trabajo sexual.

Varias rechazamos a un sujeto que solicitó servicio sexual, pero Paola aceptó subirse al vehículo y cuando avanza unos pocos metros, escuchamos gritos de auxilio: “¡Kenya, Kenya!”

Vi cómo forcejeaban y escuché tres detonaciones de armas de fuego.

Me quedé impactada, no me podía mover. Y él al darse cuenta de que vi todo, me miró fijamente a los ojos, me apuntó con el arma y accionó el gatillo.

Una ofrenda para Paola Buenrostro

Getty Images

Todavía claramente tengo la imagen de su dedo jalando el gatillo, pero no sale la bala porque el arma se encasquilló. Así que pude detenerlo.

Llega una patrulla y lo detienen en flagrancia, con mi amiga agonizando, con el arma en la mano. Y yo grabé un video que publiqué poco después.

Pero entonces nos encontramos con un sistema discriminatorio, violatorio de derechos humanos, de no acceso a la justicia y criminalizante de las mujeres trans y el trabajo sexual, por sus propios prejuicios y creencias y posturas políticas.

Me negaron el acceso al caso porque dijeron que no era testigo sino una “curiosa” en el lugar.

Me las arreglé para tener un documento de acceso a una audiencia y cuando el juez preguntó si había un testigo, el Ministerio Público me dijo “te invito a que te vayas para que no contamines la audiencia”.

Una ofrenda para Paola Buenrostro

Getty Images

Yo sin saber de leyes, sin saber leer ni escribir, pero confiando en las autoridades y pensando que el hombre fue detenido en el lugar de los hechos, pensé que lo iban a tener en la cárcel.

Pero el juez lo dejó en libertad porque el Ministerio Público no llevó pruebas.

Amenazamos al fiscal y nos entregaron el cuerpo. Lo llevamos a la avenida Insurgentes y su ataúd lo pusimos ahí.

Fue nuestra manera de gritarle a la sociedad que a las mujeres trans nos mataban y a nadie le importaba, que a las mujeres trans no nos reconocían, nos violentaban, no nos daban oportunidades laborales, ni de salud, ni de vivienda, ni de derechos humanos.

Una protesta por el caso Paola Buenrostro

Getty Images

Pareciera que todo el mundo tiene la autorización de golpearnos y violentarnos. Y eso fue un impacto ante los medios de comunicación.

Entonces fue que empezó toda una lucha de visibilidad.

La Casa de las Muñecas Tiresias

Empezamos a exponer este problema sistemático e institucional en todos los procesos de nuestra vida. Cómo ya hemos normalizado la violencia en nuestras vidas, interiorizándola y llevándola hasta con nuestras propias pares.

Y al mismo tiempo de alzar la voz, empecé a recibir amenazas de muerte por el activismo. Me mandaban coronas florales de muerto, me llamaban para decirme que me iban a matar.

Tuve un atentado en 2017, ingresaron a mi domicilio y ahí mataron a una compañera. Tras esto me negaron la protección como activista y defensora de derechos humanos.

Pero con la insistencia en las denuncias es como hemos logrado que el de Paola Buenrostro fuera reconocido como el primer transfeminicidio de la historia de México.

Un acto de disculpas de la Fiscalía por el caso Paola Buenrostro

FGJCDMX
La Fiscalía de Ciudad de México pidió perdón en 2021 por las omisiones en el caso de Paola Buenrostro.

Es la expresión más violenta que pueda experimentar un ser humano, el transfeminicidio, por la modalidad en cómo nos asesinan.

A partir de entonces fundamos la Casa de las Muñecas Tiresias.

Es una organización sin fines de lucro que da acompañamiento integral para los procesos de identidad, salud, trabajo, vivienda, derechos humanos. De todas las personas diversas y todas las personas que se encuentren en situación de vulnerabilidad: personas de la calle, consumidores de sustancias, trabajadores sexuales, personas con VIH y todo el colectivo LGBT.

Brindamos un albergue para que las mujeres vivan un proceso de deconstrucción y construcción y así mismo de reconocimiento de los derechos propios y que se construyan académicamente y profesionalmente para colocarse en la sociedad.

También nos ocupamos de recuperar los cuerpos de las mujeres que mueren en situación de violencia extrema, para darles cristiana sepultura.

Una actividad en la Casa de las Muñecas Tiresias

CAMTAC

El activismo que hacemos se ha convertido en uno de los más reconocidos del México, pero no solo defendemos a las personas trans, sino que en cualquier causa contra la discriminación ahí va a estar la Casa de las Muñecas Tiresias.

Es parte de un trabajo de responsabilidad y de reconocimiento y de gestión que inició la noche del 30 de septiembre de 2016, cuando mataron a Paola Buenrostro.

“Es algo que te impacta para toda la vida”

Encontrar tu identidad sexual en un entorno incomprensivo es algo que te impacta para toda la vida.

Cuando no se tiene un acompañamiento ni un reconocimiento de esa identidad, lo que hacemos es salir a buscar el lugar donde nos sintamos seguras, donde sí nos identifiquemos.

Es a lo que nos orillan a hacer a las mujeres trans. Salimos de nuestras casas a temprana edad, a vivir la violencia que acabo de relatar.

Lanzan a estas mujeres a la discriminación, a que su expectativa de vida sea de 35 años por la violencia extrema a la que se enfrentan en espacios donde sí son aceptadas como el trabajo sexual, las drogas y los lugares en donde no hay ninguna formación.

Una actividad en la Casa de las Muñecas Tiresias

CAMTAC

¿Qué le diría a un niña que está en este reconocimiento? Que siempre luche por lo que quiera ser. Que no haga lo que los demás quieran que haga. Todo lo que se imagine puede ser real.

Si tú lo imaginas y lo quieres en tu vida, va a ser real. No va a haber ningún impedimento para que tú lo logres.

Sí creo que en México hemos avanzado mucho.

Antes la causa no era visible, no era acompañado de las autoridades, y la comunidad trans estaba más segregada dentro de la comunidad LGBT.

Tras el asesinato de Paola Buerostro fue visible ante la sociedad, los medios, las autoridades y la academia y se ha logrado ante todos los contextos que se requiere inclusión de todas las comunidades poco favorecidas.

A quienes aún sienten transfobia les digo: dense la oportunidad de conocer a personas trans, a personas diversas.

Mujeres trans de Ciudad de México

CAMTAC

Dense cuenta que somos personas que reímos, que cagamos, que sentimos y que lloramos, igual que ellos.

No sean generadores de violencia a través de la ignorancia. Y prepárense para enfrentarse a sí mismos, deconstruyan sus prejuicios, para que no generen ni discursos ni violencia ni odio.

Yo soy una mujer libre y como otras trans, nos podemos desenvolver en cualquier ámbito social, económico, laboral, comunitario, sin problemas.

Y como siempre digo: nuestra mayor venganza es que seamos felices.


Recuerda que puedes recibir notificaciones de BBC News Mundo. Descarga la última versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=vajcqaC6yc0

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.