close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Facebook Valeria Gallo

Nosotras/ Nosotros, un relato feminista dirigido al público infantil

Con ilustraciones e historias cortas de lo que significa ser hombre o mujer, este libro le habla al público infantil y juvenil con perspectiva de género.
Facebook Valeria Gallo
Comparte

Ana Romero y Valeria Gallo, escritora e ilustradora de literatura infantil, respectivamente, presentan el libro “Nosotras/Nosotros” que pertenece a la colección “A las orillas del viento” del Fondo de Cultura Económica (FCE), obra que con ilustraciones e historias cortas aborda la  perspectiva de género con la idea de que tanto hombres como mujeres puedan “adquirir una conciencia feminista”, de acuerdo con las autoras.

El libro surge de un encuentro entre las autoras durante una de las memorables marchas para conmemora el Día Internacional de la Mujer en la que, al coincidir no solo en el quehacer de la literatura infantil y juvenil según su campo de trabajo, coincidieron en temas de perspectiva de género con la necesidad de hacer un libro juntas, y así sucedió.

Ambas coinciden que hablar de la perspectiva de género no es una cuestión exclusiva de las mujeres sino de la sociedad entera, además del interés mutuo por incluir en su  trabajo a los varones porque no son el enemigo, señalan.

“Creo que ambas partes de la humanidad estamos fregadas, porque a todos nos obligan y a todos nos imponen y a todos nos tratan de encajonar en el mismo nivel, en distinta medida pero a todos nos va igual de mal”, dijo la escritora Ana Romero.

Lee: Menores pierden la percepción de igualdad de género conforme van creciendo

Por su parte, la ilustradora de literatura infantil y juvenil, Valeria Gallo también habló del proceso creativo de este libro en el que plasmó a mujeres como Virginia Wolf, Malala Yousafzai y las sufragistas, sin embargo, en el caso de los hombres el trabajo fue un poco más difícil.

“La parte del hombre me costó más trabajo al tratar de encontrar los personajes que han roto con esas cosas. Me costó trabajo encontrar más variedad de personajes hombres que hicieran cosas diferentes”, dijo.

¿Qué nos falta para combatir los estereotipos?

En el libro Nosotras / Nosotros además de abordar temas de género desde una perspectiva feminista, las autoras también apostaron por romper con los estereotipos que día a día continúan reproduciéndose en la sociedad.

Gallo señaló que para combatir la reproducción de estos estereótipos hace falta empatía y una revisión de la historia donde el feminismo permita rescatar a hombres y mujeres de esos estereotipos para empezar a pensar distinto.

“Tanto hombres como mujeres podemos adquirir una conciencia feminista y el feminismo apela a eso, donde no existan esos cajones, donde el género es una construcción social y no algo natural ni biológico”.

Te puede interesar: Violencia de género provoca menor productividad y limita el desarrollo

Romero también coincidió con el discurso de su compañera y amiga, y agregó que hace falta oírnos, vernos y vernos a nosotros mismos y a los demás. En algún momento, considera que debemos dejar de ver el feminismo como un enemigo a vencer porque el feminismo es el bien de todos no solo de las mujeres.

Hombres, un capítulo que fue difícil plasmar

Las autoras también señalaron que al escribir e ilustrar historias de hombres resultó ser una tarea difícil donde resultó mucho más natural hablar de las mujeres porque eso es lo que son.

“No sé en qué momento nos creímos todos esos estereotipos, lo hicimos natural y es tan antinatural que lo normalizamos”, agregó.

Este libro está dirigido a todo público a pesar de pertenecer a una colección de literatura infantil y juvenil pero consideran que lo puede leer todo mundo y es necesario que se lea desde una mirada más infantil que otra cosa, coinciden.

Lee también: Por qué tantas mujeres jóvenes no se identifican con el término feminista

“Los niños están acostumbrados a leer narrativa visual, los adultos no, entonces es común que un adulto llegue y se apene por leer libros con monitos”, agregó Ana Romero.

Nosotras / Nosotros es un libro que se lee gráfica y textualmente porque las ilustraciones no son un complemento, tienen el mismo peso en contexto y los niños son el mejor espectáculo para esto, señalan las autoras.

Valeria Gallo, ilustradora en el libro también habló de las difícil que es ser hombre en un contexto machista, ella relata que para construir sus personajes se encontró -en una mañana después de una breve caminata- a un viejito que vestía una playera con la leyenda “tiger” que la llevó a reflexionar en la idea de que el hombre debe ser fuerte aunque en el fondo te estás quebrando pero no puedes demostrarlo.

“Es lógico que ellos también estén enojados porque todo eso que no pueden sacar explota de una forma horrible”, dijo.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Cómo sobrevivió una mujer transgénero a las terapias de conversión

Durante años, el sistema de sanidad británico llevó a cabo terapias agresivas con el fin de "curar" a homosexuales y transexuales. Carolyn Mercer, sobreviviente de estos tratamientos, cuenta su historia.
24 de agosto, 2019
Comparte

Otoño de 1964. Dos doctores atan a un joven de 17 años a una silla de madera en una habitación oscura, sin ventanas, y le cubren el cuerpo con electrodos.

Le electrocutan durante horas mientras le enseñan fotos de ropa de mujer.

Es parte de una terapia.

En un café en el Soho de Londres, Carolyn Mercer, ahora de 72 años, sonríe al ver las fotografías de ese niño. “Esa persona ha crecido y se ha desarrollado”, dice.

“Pero sigue siendo yo”.

Carolyn – quien prefiere no mencionar su nombre de niño – recuerda la primera vez que se dio cuenta de que era diferente.

Con 3 años, jugando en las calles de Preston, al noroeste de Inglaterra, persuadió a su hermana menor para intercambiar sus ropas.

Carolyn, vistiendo el uniforme de preescolar de su hermana, se situó frente a la tienda de su madre esperando que las personas vieran una niña pequeña ahí parada.

“Jamás se trató de la ropa… era algo dentro de mí”, cuenta.

Era un niño, y yo no quería serlo”.

Carolyn Mercer, a la izquierda, junto a su hermana pequeña en 1950.

Carolyn Mercer
Carolyn Mercer, a la izquierda, junto a su hermana pequeña en 1950.

La ropa de su hermana

Cuando Carolyn nació en 1947, la actitud de la sociedad hacia el colectivo homosexual y transgénero era muy poco tolerante.

Inglaterra y Gales se hallaban lejos de legalizar las relaciones homosexuales o de incluso usar la palabra “transgénero”.

Vestida con la falda de su hermana, Carolyn no tuvo palabras para describir sus sentimientos. Pero sabía que era una niña transexual con disforia de género.

Su sexo asignado al nacer no se correspondía con su identidad de género.

“Me fui a dormir con el deseo de que alguien inventara un trasplante para poner mi cerebro en un cuerpo más apropiado”, recuerda Carolyn.

Durante la infancia, su deseo secreto de vivir como mujer se transformó en un autodesprecio que le consumía.

Fotos de Carolyn como niño

Carolyn Mercer
“Sabía lo que quería ser, y ese pensamiento se consolidó desde los 3 años en adelante”

“Ese desprecio a mí misma se trataba de que yo quería algo muy absurdo”.

Carolyn se sentía “sucia” porque la sociedad veía a las personas transgénero como algo “incorrecto” y “malévolo”. “Si era incorrecto y malévolo, debía ser porque yo era mala y estaba equivocada”, dice que pensó entonces.

Creció en el cuerpo de un fuerte adolescente y se dedicó a ser “un buen tipo”, jugando deportes “masculinos” como rugby o boxeo. Aún así, no podía desplazar el profundo e incómodo sentimiento de pretender ser alguien que no era.

Descargas eléctricas

Carolyn comenzó a sentirse deprimida y suicida. Pensaba que “sería más fácil” para su familia y amigos si muriese antes que contarle a alguien cómo se sentía.

Pero los 17 años, compartió su secreto con un vicario. La llevó a ver a un médico en un hospital psiquiátrico y se organizaron “cinco o seis” sesiones de terapia de aversión en un hospital de Blackburn.

“Pedí eso porque quería curarme”, afirma.

Terapias de descargas eléctricas

Getty Images
Terapias de descargas eléctricas de diversos tipos se han utilizado en medicina desde la década de 1930.

Carolyn estaba atada a una silla de madera en una habitación oscura mientras los doctores le adherían electrodos previamente sumergidos en salmuera. A la vez, le proyectaban imágenes con ropa de mujer en la pared de enfrente.

A cada cambio de fotografía, un corrientazo a través de los electrodos le propinaba un doloroso shock eléctrico. Carolyn recuerda vívidamente el naciente shock desgarrando con dolor desde su mano hacia arriba mientras su brazo permanecía adherido a la silla.

A pesar de su agonía, los doctores siguieron presionando. Estaban convencidos de que si ella “aprendía” a asociar sus pensamientos con los recuerdos de dolor, dejaría de pensar que era una mujer.

Meses de tratamiento después, Carolyn decidió no recibir más. Para entonces el trauma era tan grande que la experiencia de los temblores y los recuerdos le atormentó por los siguientes 40 años.


¿Qué es una terapia de conversión?

La llamada terapia de conversión o “cura de gays” asegura ayudar al cambio de la sexualidad o identidad de género de una persona. Los métodos incluyen hipnotismo, exorcismo y tratamientos de aversión como choques eléctricos y fármacos para vomitar.

Este tipo de terapias estuvieron disponibles en el sistema nacional de sanidad británico (NHS, por sus siglas en inglés) hasta los años 70. El sistema y el gobierno sostienen que no hay archivos sobre el número de pacientes que fueron tratados o que murieron como consecuencia del tratamiento.

A pesar de que la evidencia científica indica que son dañinas e inefectivas, varias terapias continúan llevándose a cabo alrededor del mundo.

Organizaciones trabajan para poner fin a estos tratamientos, pero las complejas y arraigadas creencias que fomentaron su propagación dificultan su erradicación.


Durante un tiempo, Carolyn pensó que la terapia había funcionado.

Llevó la vida tan “masculinamente” como era posible. A los 19 años tenía esposa e hija, se había convertido en profesora de matemáticas y había sido promovida rápidamente, convirtiéndose pronto en una de las más jóvenes directoras en su provincia.

Pero su disforia no había sido sofocada.

Carolyn Mercer con 19 años

Carolyn Mercer
Carolyn, con 19 años, en su primer día como profesora, dos años después de la terapia.

Su depresión empeoró y le sacudían temblores incontrolables cada vez que pensaba en el tratamiento recibido.

“¿Funcionó la terapia con respecto a mi cuerpo? Sí”, dice Carolyn. “¿Funcionó con respecto a mi mente? Solo para odiarme más”.

Después de años lidiando con la disforia, Carolyn comenzó a tomar hormonas para que se le desarrollaron los senos a comienzos de los 90.

Fue el inicio de un proceso descrito por muchos en la comunidad transgénero como “transición” o, como Carolyn prefiere, “alinear mi expresión de género con mi identidad de género”. Es “un poco pretencioso, pero se ajusta a mi realidad”.

Su familia no apoyó su decisión de forma activa. “Les gustaba la persona que veían, una diferente a la que yo me reflejaba“, reconoce.

Mastectomía doble

En el trabajo, Carolyn se vendaba sus senos en desarrollo para ocultar los efectos de su tratamiento.

Pero, en 1994, un periodista se enteró de que estaba tomando hormonas y la vida personal de Carolyn se reprodujo en los tabloides alegando que era de “interés público” informar del secreto de una maestra de alto perfil.

El episodio hizo que Carolyn se replanteara su consumo de hormonas y, al verano siguiente, le extirparon sus senos en una cirugía normalmente reservada a pacientes con cáncer.

Una vez más, un vacío infranqueable se había alojado entre quién era Carolyn y quién quería ser.

Pero varios años difíciles después, y a pesar del apoyo de amigos, alumnos, familiares y colegas, Carolyn se jubiló para someterse a la operación que soñó durante décadas.

Tenía entonces 55 años.

Carolyn Mercer

Carolyn Mercer
Carolyn, a los 67 años, disfrutó en Estados Unidos de unas vacaciones donde finalmente era quien siempre soñó ser.

Ahora la vida es mucho mejor. Ya no tengo ese secreto oculto todo el tiempo”.

Algunos miembros del colectivo transexual afirman que la persona antes de la cirugía ya está muerta. Pero para Carolyn, el niño pequeño vistiendo la ropa de su hermana menor sigue vivo.

“Sigo siendo la misma persona con las mismas experiencias”.

Sin embargo, sigue con dificultades para ser feliz. Siguiendo su terapia de conversión, se acostumbró tanto a enterrar sus más profundos deseos que ahora le cuesta abrirse a la felicidad.

“Cuando me enseñan el menú de un restaurante y preguntan qué prefiero, no sé qué responder”.

“Muchos lo encuentran triste, pero es algo que he asimilado… ya no tengo esa luz o ese tipo de emociones por haberme reprimido durante tanto tiempo”, concluye.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=0erzbX0Kg3k

https://www.youtube.com/watch?v=oFbgfkh4cj8

https://www.youtube.com/watch?v=tuYURBKMZzc

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.