Atún, mero y huachinango, entre las especies en peligro por la sobreexplotación
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Atún, mero y huachinango, entre las especies en peligro por la sobreexplotación

La falta de información y monitoreo de la pesca en aguas nacionales ha provocado que cinco especies se encuentren en el "limbo" por su sobreexplotación.
Cuartoscuro
11 de junio, 2019
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En México se pesca a ciegas. Quienes viven de esta actividad lo hacen sin tener datos actualizados sobre cuáles especies están en peligro por la sobreexplotación. Esto además de provocar daños en el medio ambiente propiciará la desaparición de al menos cinco especies, y pérdidas económicas para el sector.

A través de su trabajo “Auditoría Pesquera, pescando a ciegas”, la organización Oceana encontró que la falta de actualización de la Carta Nacional Pesquera (CNP), documento oficial que concentra la información sobre las especies de peces y determina el manejo pesquero, ha ocasionado que al menos cinco especies, actualmente, se encuentren en el “limbo”.

Por su parte, la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader), informó que, al inicio de la actual administración se realizó un diagnóstico en materia de ordenamiento pesquero y acuícola en el que se detectó la expedición irresponsable de permisos y autorizaciones de pesca, así como documentos clonados y clonados, entre otras irregularidades.

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Dichas especies son: el pulpo, que desde el año 2000 no cuenta con un registro sobre el número de población que hay; el huachinango, cuya pesca rebasa el nivel biológico aceptable; el mero, que está calificado con una pesca sobreexplotada y sin datos actualizados; el atún de aleta azul, también sobreexplotado por empresas mexicanas, y el tiburón, especie “amenazada” internacionalmente y que en México se comercializa sin restricción.

La Carta Nacional Pesquera indica que en México se pescan 735 especies, las cuales se agrupan en 83 fichas informativas que, en teoría, deberían actualizarse año con año por el gobierno federal, a través del Instituto Nacional de la Pesca (Inapesca).

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De las 83 fichas informativas o pesquerías, 52 son aprovechadas a su máxima capacidad, lo que representa 63% del total. De éstas, 14 (17%) están en deterioro por sobreexplotación; solo 11 (13%) podrían incrementar su aprovechamiento, y 6 (7%) presentan un estatus desconocido.

Sin embargo, un 80% no deberían estar sujetas a una mayor pesca, y sin embargo la actividad continúa.

A pesar de que estas cifras son preocupantes, la explotación pesquera podría ser aún mayor ya que, según la organización Oceana, desde el año 2000 la Carta Nacional Pesquera solo se ha actualizado 6 veces, en 2002, 2006, 2010, 2012 y 2018, es decir, no se cuentan con los datos de 13 años.

El Instituto Mexicano para la Competitividad revela en su estudio Pesca ilegal, una barrera para la competitividad que se estima el 50% de la pesca sea ilegal, y que por ello se presenta en gran medida la sobreexplotación de las especies.

Aunado a esto, Esteban García-Peña, director de Oceana, explicó que existen irregularidades en la veda de especies como el mero, atún aleta azul y el huachinango, para las cuales Conapesca sigue otorgando permisos de pesca.

Oceana explica que la Inapesca debería notificar a Conapesca sobre las especies sobreexplotadas y las características de las especies, pero no existe una colaboración y la falta de información solo se puede sancionar de manera administrativa.

Aumentan las embarcaciones pesqueras

A diferencia del rezago en los datos sobre las especies, lo que sí se tiene actualizado es el número de permisos y embarcaciones de pesca, que han aumentado significativamente. De 2011 a 2018, en promedio, cada año se otorgaron 5 mil 515 permisos para pescar. En ese periodo 2 mil 670 embarcaciones de pesca iniciaron operaciones.

Esta situación causa incertidumbre, opacidad y desconocimiento sobre la realidad del sector pesquero y pone en riesgo la sostenibilidad de la pesca para los próximos años, al no conocer las especies que deben cuidarse.

En su estudio, Oceana plantea que conocer el estado general actual del sector pesquero en México “es una labor compleja, debido a que hay un acceso limitado a la información sobre la disponibilidad y abundancia de los recursos pesqueros”.

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Señalan que al analizar la CNP, además de los datos desactualizados, encontraron información con poco rigor científico y poco apego a las recomendaciones establecidas. “También es evidente la ineficacia y opacidad en cuanto al uso de recursos públicos y la inexistencia de procesos formales para la recuperación o restauración de pesquerías deterioradas”, agregan.

En la presentación de la investigación, Pedro Zapata, subdirector de Oceana explicó que “a veces no importa la clasificación de las especies en la carta, porque los permisos que otorga Conapesca a los pescadores son permisos por escamas, entonces pueden pescar cualquier pez y no hay una regulación”.

Oceana dice que es “urgente” evaluar el estado de la información, el manejo y la sostenibilidad de la pesca en México ya que el daño por la falta de datos no es solo para las especies sino también para los pescadores, la economía y el medio ambiente.

Las familias detrás de la pesca

De continuar con este descuido de información, Oceana argumenta que cientos de miles de personas que viven directamente de la pesca, así como sus familias, “verán mermadas sus condiciones de vida y alternativas alimentarias por la poca disponibilidad de especies para pescar”.

En todo el país alrededor de 295 mil personas trabajan directamente en la pesca, de las cuales, 238 mil se agrupan las pesquerías artesanales o ribereñas, zonas donde se captura a la mayoría de las especies descritas de las que se carecen de información completa y están sin planes de manejo.

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Su economía también se vería mermada pues pescar con información descontextualizada pondría en riesgo al 68.4% de la pesca, lo cual implicaría una reducción significativa en ingresos directos, que hoy ascienden a 38 mil millones de pesos anuales.

Desde el punto de vista ambiental, la reducción o pérdida de especies tendría efectos negativos en el funcionamiento de los ecosistemas.

“Se perdería el mantenimiento de la biodiversidad y así se reduciría el número de especies pesqueras (…) su reducción ocasionaría la inestabilidad de las demás, al igual que de su volumen y disponibilidad”, acotan.

Ante esta situación, Oceana recomienda al gobierno de México crear políticas públicas que aseguren la participación efectiva y equitativa de los actores en el sector pesquero, con especial énfasis en quienes realizan la pesca.

“Es crucial que se trabaje, desde el gobierno federal, en la identificación y análisis de las pesquerías sobreexplotadas, así como la planeación y ejecución de las estrategias o acciones para su protección y restauración”, proponen.

Los resultados de la auditoría hecha por Oceana fueron entregados a Inapesca y a la Cámara de Diputados para promover un plan de búsqueda de restauración.

Irregularidades en autorizaciones pesqueras

Este lunes la Sader dio a conocer a través de un comunicado que al inicio de la actual administración un diagnóstico detectó irregularidades en la emisión de permisos y autorizaciones de pesca.

De acuerdo con la Secretaría, “las autorizaciones en materia de ordenamiento pesquero se realizaron sin el dictamen de viabilidad técnica del Instituto Nacional de Pesca y Acuacultura (Inapesca) y sin apego a la Ley General de Pesca y Acuacultura Sustentables”.

“La Dirección General de Ordenamiento Pesquero y Acuícola de Conapesca recibió la actual administración con una serie de rezagos y presuntos actos de corrupción, que están siendo documentados ante las instancias competentes, a fin de que se proceda conforme a la ley”, aseguró.

Por ello, explicó que se puso en marcha un programa de Ordenación Pesquera, y se está trabajando en el rediseño de la Carta Nacional Pesquera con apartados sobre los efectos ambientales y el cambio climático, así como con normatividad e instrumentos de manejo pesquero.

Con información de Siboney Flores.

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'El núcleo del demonio': cómo era la tercera bomba atómica que EU alistaba para lanzar sobre Japón

Si Little Boy y Fat Man no lograban la rendición de Japón, EU ya tenía prácticamente listo a Rufus, un núcleo de plutonio que nunca explotó, pero sí causó muertes.
6 de agosto, 2021
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El 6 y 9 de agosto de 1945 Estados Unidos lanzó sobre Hiroshima y Nagasaki las dos únicas bombas nucleares que se hayan utilizado en una guerra.

Juntas fueron los ataques más letales que jamás hayan ocurrido, en los que se estima que murieron alrededor de 200.000 personas.

Desde la perspectiva de EE.UU., tenían el objetivo de presionar la rendición de Japón y poner fin a la Segunda Guerra Mundial.

Y en caso de que no fueran suficientes, Washington tenía prácticamente lista una tercera bomba atómica.

Su apodo era Rufus, y consistía en un núcleo de plutonio, similar al que se utilizó en la bomba Fat Man, que detonó sobre Nagasaki.

Rufus nunca llegó a convertirse en una bomba funcional, pero sí causó dos accidentes letales, por lo que quedó grabado en la historia como “el núcleo del demonio”.

Hiroshima

Getty
La bomba Little Boy causó devastación en Hiroshima.

“Era esencialmente igual al núcleo de Fat Man”, le dice a BBC Mundo Alex Wellerstein, historiador especialista en armas nucleares y autor del blog Nuclear Secrecy.

Eso quiere decir que podría haberse convertido en una bomba con capacidad de generar una explosión de unos 20 kilotones, como ocurrió en Nagasaki.

Según comunicaciones oficiales de EE.UU. citadas en un artículo de Wellerstein, una bomba fabricada a partir de Rufus tendría que haber estado lista para ser lanzada a partir del 17 o 18 de agosto de 1945.

En los primeros días de agosto de 1945, no estaba claro si dos bombas atómicas bastarían para doblegar a Japón, explica Wellerstein.

Solo después de su rendición el 15 de agosto “quedó claro que dos bombas habían sido ‘suficientes’, sino demasiado“, dice el experto.

Así que finalmente no fue necesario utilizar a Rufus.

“¿Qué ocurrió entre el 15 y el 21 de agosto? No lo sé”, escribe Wellerstein, pero lo que sí está documentado es que a partir del 21 de agosto, los investigadores del Laboratorio Los Álamos en Nuevo México, donde se diseñaron las bombas atómicas, comenzaron a utilizar este núcleo de plutonio para experimentos extremadamente peligrosos.

víctima de radiación.

Getty
Los efectos de la radiación pueden resultar letales para los humanos.

Cosquillas a un dragón

En 1945, los únicos núcleos de plutonio que se habían fabricado eran Rufus, Fat Man y el que se colocó en la bomba Gadget, que se utilizó en la prueba Trinity, el primer ensayo de una explosión nuclear que realizó EE.UU.

En Los Álamos, los investigadores querían averiguar cuál era el límite en que el plutonio se volvía supercrítico, es decir, querían saber cuál era el punto en que una reacción en cadena del plutonio desataría una explosión de radiación mortal.

Los Álamos

Getty
Los experimentos con Rufus se realizaron en el Laboratorio Los Álamos.

La idea era encontrar maneras más eficaces de lograr que un núcleo llegara al estado supercrítico y optimizar la carga de la bomba.

Manipular un núcleo de plutonio es una maniobra extremadamente delicada. Por eso los investigadores se referían a esos ejercicios como “hacerle cosquillas a la cola de un dragón”.

“Sabían que si tenían la desgracia de despertar a la bestia furiosa, terminarían quemados”, escribió el periodista Peter Dockrill en un artículo del portal Science Alert.

Según explica Wellerstein, quienes participaban en estos experimentos eran conscientes del riesgo, pero lo hacían porque era una forma de obtener datos valiosos.

Instantes letales

La primera víctima de Rufus fue el físico estadounidense Harry Daghlian, que para entonces tenía 24 años.

Fat Boy

Getty
Rufus serviría para usarse en una bomba de implosión como Fat Man.

Daghlian había trabajado en el Proyecto Manhattan, con el que EE.UU. fabricó sus primeras bombas nucleares.

El 21 de agosto de 1945 Daghlian se dio a la tarea de construir una pila de bloques de carburo de tungsteno alrededor de Rufus.

Su idea era ver si lograba crear un “reflector de neutrones” en los que rebotaran los neutrones lanzados por el núcleo y de esa manera llevarlo de manera más eficiente al punto crítico.

Era de noche y Daghlian estaba trabajando solo, violando los protocolos de seguridad, según lo documenta el portal Atomic Heritage Foundation.

El joven científico ya había apilado varios bloques, pero cuando estaba terminando de colocar el último, su dispositivo de monitoreo le indicó que si lo hacía, el núcleo podría volverse supercrítico.

Era como jugarse la vida en un jenga extremo.

Maniobró para retirar el bloque, pero infortunadamente lo dejó caer sobre el núcleo, que entró en estado supercrítico y generó una ráfaga de neutrones.

Núcleo de plutonio

Los Álamos National Laboratory
Esta es una reproducción del experimento en el que Daghlian apilaba bloques alrededor del núcleo de plutonio.

Además, su reacción fue desbaratar la torre de bloques, así que quedó expuesto a una dosis adicional de radiación gamma.

Esos instantes resultaron letales.

Durante 25 días Daghlian soportó la dolorosa intoxicación radioactiva hasta que finalmente murió en el hospital. Se calcula que recibió una dosis de 510 rem de radiación iónica.

El rem es la unidad de medida de la radiación absorbida por una persona. En promedio, 500 rem resultan mortales para un humano.

“Eso es todo”

Tan solo nueve meses después el dragón volvió a atacar.

El 21 de mayo de 1946 el físico estadounidense Louis Stolin estaba practicando un experimento que había hecho varias veces.

Los Álamos

Los Álamos National Laboratory
Esta es una reproducción de la sala en la que Stolin realizaba su experimento.

Para entonces, Stolin era el mayor experto del mundo en el manejo de cantidades peligrosas de plutonio, según indica Wellerstein.

Junto a un grupo de colegas, estaba mostrando cómo llevar un núcleo de plutonio -Rufus en este caso- al punto supercrítico.

El ejercicio consistía en unir dos mitades de una esfera de berilio, formando un domo en el que los neutrones rebotaran hacia el núcleo.

La clave para no causar un desastre era evitar que las dos medias esferas cubrieran totalmente el núcleo.

Para ello, Stolin utilizaba como separador un destornillador que servía de válvula de escape para los neutrones. De esa manera podía registrar cómo aumentaba la fisión, sin que la reacción en cadena llegara al punto crítico.

Los Álamos

Los Álamos National Laboratory
En medio del domo de berilio estaba el “núcleo del demonio”.

Todo iba bien, pero ocurrió lo único que no debía ocurrir.

A Stolin se le resbaló el destornillador y el domo se cerró por completo.

Fue solo un instante, pero bastó para que el núcleo llegara al punto crítico y liberara una corriente de neutrones que produjeron un intenso brillo azul.

“El flash azul fue claramente visible en toda la sala, a pesar de que estaba bien iluminada”, escribió en un reporte Raemer Schreiber, uno de los físicos que estaba viendo el experimento.

“El flash no duró más de unas décimas de segundo”.

Los Álamos

Los Álamos National Laboratory
Esta es una recreación del experimento en el que Stolin usaba un destornillador para impedir que el núcleo quedara totalmente cubierto.

Stolin reaccionó rápido y destapó el domo, pero ya era tarde: había recibido una dosis letal de radiación.

Nueve meses antes, él mismo había acompañado a su colega Daghlian durante sus últimos días de vida, y tenía claro que un destino similar le esperaba.

“Bueno, eso es todo”, fueron las primeras palabras que dijo, en todo resignado, después de que se le resbalara el destornillador, según lo recuerda Schreiber en su reporte, citado por Dockrill en Science Alert.

Las estimaciones indican que Stolin recibió en su cuerpo 2.100 rem de neutrones, rayos gamma y rayos x.

Su agonía duró nueve días.

En ese periodo sufrió náuseas, dolor abdominal, pérdida de peso y “confusión mental”, según lo describe Wellerstein en un reportaje de la revista The New Yorker.

Finalmente murió a los 35 años en el mismo cuarto del hospital en el que había muerto su colega Daghlian.

Irónicamente, apunta Wellerstein, Stolin estaba haciendo el procedimiento para que sus colegas aprendieran la técnica en caso de que él no estuviera presente.

bomba nuclear

Los Álamos National Laboratory
Las bombas nucleares son las armas más destructivas y mortales que se hayan creado.

El fin de la maldición

Los accidentes de Daghlian y Stolin sirvieron para que se fortalecieran las medidas de seguridad en los procedimientos con material radioactivo.

A partir de entonces, este tipo de ejercicios comenzaron a maniobrarse de manera remota, a una distancia de unos 200 metros entre el personal y el material radioactivo.

“Sus muertes ayudaron a incitar una nueva era de medidas de salud y seguridad”, dice el portal de Atomic Heritage Foundation.

Según los archivos de Los Álamos, el “núcleo del demonio” fue derretido en el verano de 1946 y se utilizó para fabricar una nueva arma.

“En realidad el núcleo del demonio no era demoníaco“, dice Dockrill.

“Si hay una presencia maligna aquí, no es el núcleo, sino el hecho de que los humanos se apresuraron a fabricar estas terribles armas”, sentencia el periodista.


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