Restricción a foráneos y transporte de carga, plantea gobierno de CDMX contra la contaminación
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Cuartoscuro

Restricción a foráneos y transporte de carga, plantea gobierno de CDMX contra la contaminación

El plan espera reducir los viajes más contaminantes y mejorar la tecnología existente para minimizar 30% los contaminantes de fuentes móviles de la CDMX para 2024.
Cuartoscuro
Por Notimex
3 de junio, 2019
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El gobierno de la Ciudad de México presentó el Plan de Reducción de Emisiones del Sector Movilidad, cuyo objetivo es disminuir hasta en 30 por ciento las emisiones de contaminantes de fuentes móviles hacia 2024.

En la presentación del plan, el secretario de Movilidad de la Ciudad de México, Andrés Lajous, señaló que el planteamiento incluye restricciones de horario al transporte de carga, así como ampliación de la red de transporte público, autos con nuevas tecnologías y el aumento de espacios para el uso de bicicletas.

Los ejes del plan se basan en reducir los viajes más contaminantes, hacerlos más sustentables y mejorar la tecnología existente para bajar emisiones, con lo que se prevé minimizarlas un 30% para 2024.

Se contempla detener el aumento del uso del automóvil e incentivar el uso del transporte público, y para ello se plantea la restricción de circulación de 6 a 10 de la mañana de autos con placas foráneas de martes a jueves (es decir, de vehículos que no tengan placas de la CDMX), excepto las de autos del Estado de México o con verificación en la Ciudad de México.

Hacer obligatorio el uso de coches compartidos en ciertos carriles de algunas vías rápidas de siete a 10 de la mañana, a partir del 2020, es otra de las propuestas. También plantean planes escolares, institucionales y empresariales para compartir el auto.

Asimismo, la creación de zonas de bajas emisiones en la parte central de la capital y que tiene que ver principalmente con compartir más el auto y no se hagan viajes solo de una persona.

También habrá una política de movilidad de transporte de carga, de tal forma que se plantea una restricción de ingreso de circulación entre 6 y 10 de la mañana y entre 6 y 8 de la noche a aquellos vehículos grandes.

En el caso de las unidades de doble semirremolque y los de sustancias peligrosas sólo circularán en la noche.

Habrá ciertas vialidades en donde no podrán circular con carga pesada en ningún momento, para lo cual ya se tiene el mapa trazado, incluso en acuerdo con las cámaras empresariales.

Otro eje de acción es cambiar el transporte existente, al incrementar la cobertura del Sistema Integrado de Transporte con 100 kilómetros de corredores exclusivos para transporte público, adicionales a los que ya existen de Metrobús.

Hay planes para construir cuatro líneas del Sistema Cablebus al 2024, lo que incluso ya está en licitación en la primera y se hará una expansión del sistema de transporte masivo de Constitución de 1917 a Santa Martha con servicio exprés.

La expansión de la red del Metrobús en seis líneas al 2024, de lo cual ya se hacen los estudios y sigue la extensión de la línea 12 del Metro que se conecta a Observatorio y se plantea la compra de 20 trenes nuevos.

Se prevé también un programa de “movilidad de barrio” con un sistema de bajas emisiones, es decir, todos los servicios de transporte locales como taxis, bici taxis, habrá un programa especial.

En el caso de la movilidad en bicicleta, se ampliará la infraestructura segura, cómoda y funcional en donde el objetivo es que 3.0 por ciento del total de viajes que se hacen en la ciudad se realicen en bicicleta para llegar a 600 kilómetros de infraestructura ciclista al año 2024 y sumar 16 bici estacionamientos masivos y semimasivos para bicicletas.

De igual forma, se busca también que el 100 por ciento de la flota de transporte público en la Ciudad tenga 12 años o menos en 2024, así como que 80 por ciento de la flota de organismos públicos, para lo cual se incrementará la red de trolebuses hasta llegar a 500 unidades de 145 que existen actualmente.

En el caso de RTP, plantean 800 unidades nuevas con trampa de partículas superior y mantenimiento de 70 por ciento del transporte concesionado mediante un nuevo mecanismo de financiamiento.

Asimismo, para el transporte que ya existe se comprarán mil trampas de partículas para actualizarlos y se plantea una línea de Metrobús que sea de cero o bajas emisiones para 2024.

En el caso de transporte de carga también se plantea colocar trampas de partículas en las unidades superiores a 3.5 toneladas que tengan placas de la Ciudad de México.

Para taxis, mototaxis y servicios de plataforma se plantea que el 100 por ciento de la flota de mototaxis vaya a vehículos eléctricos y 20 por ciento de híbridos o eléctricos de la flota convencional.

También se establece un programa de sustitución de taxis a bajas emisiones, híbridos o superior, una aplicación digital para el servicio de taxi de la ciudad e incentivos para la sustitución de unidades en los servicios basados en plataforma.

En cuanto a los autos privados, para 2024 se buscará que 10 por ciento de los automóviles que se compren en ese año sea híbridos o eléctricos a través de incentivos como reglas de circulación, reglas de estacionamiento diferenciadas y establecimiento de estaciones de recarga.

Finalmente, Lajous se refirió a la renovación de la flota vehicular gubernamental por vehículos de alto rendimiento, es decir, que 100 por ciento de las unidades ligeras del gobierno de la Ciudad de México, equivalentes a siete mil 500 unidades, serán renovadas.

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7 formas de gastar menos en alimentos en tiempos de inflación y comer bien

Latinoamérica es la región del planeta donde es más caro alimentarse de manera saludable y cuesta tres veces más que lo que la gente puede pagar.
13 de mayo, 2022
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Comer se volvió cada vez más caro.

Una familia promedio latinoamericana gasta en comida entre el 25% y el 40% de su presupuesto mensual, de acuerdo a cifras oficiales de cada país. Los sectores más pobres destinan todavía un porcentaje mayor.

América Latina es la región donde es más caro comer de forma saludable en el planeta junto con África, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés).

Para poder hacerlo, cada persona necesitaba US$4,25 diarios en 2019, último dato disponible. Eso es tres veces más de lo que la población podía pagar.

El monto actualizado será mayor, estima el subdirector general de la FAO y representante para América Latina y el Caribe, Julio Berdegué, en diálogo con BBC Mundo.

Panadería.

AFP

La FAO calcula un índice del precio de los alimentos y ahora es el momento en el que es más caro comer, al menos desde que se tienen registros.

Eso lleva a una peor alimentación, y por consiguiente a mayores tasas de malnutrición e incluso hambre.

Entonces, en tiempos de alta inflación y con la subsiguiente subida del precio de los alimentos lo más sencillo puede ser cambiar por productos que son más baratos pero que no necesariamente son tan saludables ni tienen el equilibrio nutricional que requiere nuestro cuerpo.

“Dado que en América Latina es más caro comer saludable, nos movemos a más carbohidratos, más azúcar, más grasa. Todo eso es barato”, señala Berdegué.

Comer bien y al mismo tiempo gastar menos es todo un desafío. Aquí te presentamos 7 acciones que puedes llevar a cabo para lograrlo.

1. Cocinar

Tal vez sea la más obvia, pero es esencial. Comprar comida afuera, en la calle o en un comercio, es muchas veces lo más rápido, pero no lo más conveniente para el bolsillo.

Una mujer prepara una bandeja con plátano maduro que sirve en una feria de comida callejera en Medellín, Colombia.

Getty Images

Además, cuando compramos comida hecha no sabemos cuál es la calidad de los ingredientes utilizados, o incluso qué ingredientes se utilizaron para su elaboración.

Lo mismo ocurre con la comida prefabricada que venden en el supermercado, productos conocidos como ultraprocesados. Estos contienen excesos de grasas malas, sodio y azúcares, entre otros componentes, que se añaden para darle mejor sabor pero que no contribuyen a la salud.

Cocinar en casa hace que sepamos exactamente qué estamos comiendo y que paguemos menos por ello.

2. Comer lo justo

Un alto porcentaje de las personas come más cantidad de alimentos que la que exige el organismo.

Reducir las porciones que nos servimos a las cantidades recomendadas para el funcionamiento humano ayuda al bolsillo y, al mismo tiempo, a sentirnos mejor físicamente.

“Las cantidades que se sirven en muchos de nuestros países son demasiado grandes. La compra en el mercado sube muchísimo y, además, este exceso de comida lleva al sobrepeso”, dice a BBC Mundo la nutricionista venezolana Ariana Araujo.

Una dieta de entre 2.000 y 2.500 kilocalorías es un número adecuado de ingesta diaria.

3. Cambiar de recetas

Venta de carne en un mercado de México.

Getty Images

Sustituir ingredientes o platos completos es una de las formas de abaratar el gasto en comida.

Determinados productos básicos como el aceite, el café, algunas frutas y verduras, la carne de vaca, el pan (y la harina de trigo en general), los huevos y algunas legumbres aumentaron de precio más que la suba promedio de alimentos y bebidas no alcohólicas en la mayoría de los países latinoamericanos, de acuerdo a la información publicada por instituciones oficiales que se encargan de medir la inflación.

Las tortillas de maíz, parte fundamental de la dieta mexicana, le cuestan a los consumidores de ese país 17,7% más ahora que hace un año. La harina de maíz, imprescindible para las arepas, ha subido de precio en toda la región.

Se pueden buscar sustitutos que sean nutricionalmente equivalentes o similares, pero que no se hayan encarecido tanto o incluso hayan bajado de precio.

Mercado de legumbres.

Getty Images
Los frijoles aumentaron menos de precio que otros alimentos en la mayoría de los países latinoamericanos y son una buena fuente de proteína.

Para ello es necesario conocer qué productos son intercambiables.

Una comida balanceada debería estar compuesta por una mitad de frutas y verduras, un cuarto de proteínas y el otro cuarto de carbohidratos, afirma Araujo.

En el grupo de las proteínas se encuentran la carne de res y de cerdo, pollo, pescado, leche, quesos, huevos, frijoles, lentejas y guisantes.

La carne de cerdo es la que, en general, subió menos de precio en los últimos 12 meses en América Latina, mientras que el pollo y el pescado acompañaron la suba general, que fue menor al encarecimiento de la carne bovina.

Los frijoles, en cambio, no tuvieron tal incremento de precios e, incluso, están más baratos que un año atrás en algunos países.

“Hemos disminuido fuertemente el consumo de legumbres, de frijoles, garbanzos, lentejas, cuando son productos accesibles que aportan buenas cantidades de proteínas”, dice Berdegué.

Entre los carbohidratos están el arroz, el pan, el maíz, la pasta, el plátano y los tubérculos -papa, yuca, batata, entre otros-.

El arroz y los tubérculos se encarecieron menos que el trigo y el maíz, por lo que optar por los primeros contribuirá a abaratar el menú.

Huevos y tortillas de harina de trigo.

Getty Images

“Algo que se puede hacer es mezclar en un mismo plato cereales -arroz, pasta- con legumbres. Los dos se complementan y ayudan a formar una proteína muy similar a la de la carne”, explica José Balbanian, docente de la Escuela de Nutrición de la Universidad de la República en Uruguay.

Con esa combinación el organismo obtiene los aminoácidos esenciales.

“El sustituto a nivel nutricional es fácil de conseguir. El problema es cómo cambiar la cultura de las personas. ¿Cómo le quitas a un mexicano la tortilla o a un venezolano la arepa?”, se pregunta Araujo.

Respecto a los aceites, Araujo sostiene que puede ser cualquiera, salvo el de palma porque es una grasa saturada que no es saludable. Balbanian agrega que es necesario su consumo, aunque no en frituras.

4. Planificar las compras

Cartel de ofertas en la puerta de un supermercado en Buenos Aires.

Getty Images

Hacer un plan de lo que debemos comprar antes de ir al mercado es clave para el ahorro.

Lo primero es saber qué queremos comprar para luego decidir dónde. Ir por frutas y verduras, quesos o carnes a la feria suele ser más económico que en grandes comercios.

Cuando se va a un supermercado, lo ideal según Araujo es recorrer las tres paredes del local -los costados y la trasera- formando una “U” invertida.

En estos pasillos se encuentran comúnmente los productos frescos y de allí debemos seleccionar el 80% de la compra para que sea saludable, afirma la nutricionista.

No se puede ir con hambre al supermercado, porque si estoy corto de dinero y encima voy con hambre veo una promoción de un ultraprocesado que me gusta mucho y caigo en comprarlo”, asegura Balbanian.

Tener claro qué se va a cocinar en los días siguientes ayuda a calcular mejor las cantidades y no comprar de más, algo importante en los alimentos perecederos para no tener que tirarlos luego porque se echaron a perder.

Un consejo de Balbanian es comprar en grandes cantidades, para una misma familia o entre varias personas, para ahorrar.

Una recomendación de Araujo es mirar en los estantes inferiores, donde suelen ubicarse los productos con menor procesado que son más baratos.

5. Buscar de temporada

Mercado de frutas y verduras.

Getty Images

Las frutas y verduras son intercambiables entre sí; lo importante es variar entre ellas.

“Aportan fibra, vitaminas y minerales que son muy difíciles de encontrar en otros alimentos”, dice Balbanian.

Para achicar el costo de la alimentación, lo que aconsejan los expertos es comprar los productos de temporada o estación, dependiendo del país y su clima.

Intentar comer tomate fuera de temporada hace que sean más caros porque quienes los venden han recurrido a cadenas de frío para conservarlos durante meses o que los produzca en invernaderos, ambos sistemas que encarecen los alimentos.

Por el contrario, en temporada se encuentran los productos en abundancia, a precios bajos, y es cuando están más gustosos y nutritivos.

A veces, hay productos que en el pasillo de congelados se encuentran más baratos que frescos y se puede sacar provecho de esas oportunidades, siempre y cuando los ingredientes que están escritos en la bolsa sean exclusivamente el producto que buscamos, sin agregados, sostiene Araujo.

6. Aplicar técnicas de conservación

Pollería

Getty Images
Si bien el pollo se ha encarecido en la mayoría de los países de América Latina, es todavía más económico que otras carnes y se puede utilizar como sustituto para obtener proteínas.

Una alternativa es comprar cuando está barato y aplicar alguna técnica de conservación.

La más sencilla es poner los alimentos en el congelador. Pueden ser tanto carnes como la mayoría de los vegetales -siempre que no quieras comerlos crudos luego- y frutas.

Con los vegetales, la recomendación es que cuando se vayan a consumir se provoque un choque térmico, del frío al calor intenso, para que no pierda textura y sepa peor.

También se pueden cocinar mayores cantidades que las que vayas a comer de inmediato y guardar porciones en el congelador para más adelante, o cocinar ingredientes sueltos y congelarlos para utilizarlos más adelante en preparaciones.

“Eso mantiene más del 90% de sus nutrientes”, afirma Araujo y agrega que ella hace eso en su casa.

Para no recurrir al frío siempre y dejar atiborrado el congelador, otra opción es la conserva.

Hay diferentes técnicas, pero la más sencilla es envasar al vacío. “Se hacía mucho en la Segunda Guerra Mundial con los vegetales”, cuenta Araujo.

7. Optar por segundas marcas o marcas blancas, pero antes leer

Persona comprando pasta en el supermercado.

Getty Images
Las marcas blancas no son necesariamente de peor calidad que las primeras marcas.

Por efecto del marketing, muchas veces creemos que un producto de la marca más destacada -también llamada primera marca- es mejor que las otras. Esto no necesariamente es así.

“Es importante leer la lista de ingredientes, más que el cuadro nutricional, e identificar azúcares y grasas de mala calidad”, afirma Balbanian.

Araujo dice que en ocasiones las segundas marcas o incluso las marcas blancas -aquellas genéricas de la cadena de supermercados- son más saludables porque, para abaratar, no utilizan determinadas grasas o azúcares que las primeras marcas sí usan para darle otro sabor al producto.

En otras, no son mejores pero tampoco peores. “Mi recomendación es leer las etiquetas y comparar. Casi siempre son bastante parecidas y hay un ahorro importante”, dice Araujo.


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