¿Por qué detuvieron a Irineo y Cristóbal, defensores de derechos de migrantes?
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¿Por qué detuvieron a Irineo y Cristóbal, defensores de derechos de migrantes?

Durante el último año, altos funcionarios del gobierno de Andrés Manuel López Obrador han señalado a Pueblo Sin Fronteras como promotor de las caravanas.
Por Manu Ureste y Alberto Pradilla
6 de junio, 2019
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Irineo Mujica, presidente de Pueblo Sin Fronteras (PSF) y Cristóbal Sánchez, activista en defensa de los derechos de los migrantes, fueron detenidos el miércoles por orden de la Fiscalía General de la República (FGR). Según fuentes cercanas a la investigación, los dos están acusados de tráfico de personas según el artículo 159 de la Ley de Migración, es decir, de haber introducido a extranjeros sin documentación en México y lucrarse con ello.

Se trata de un delito especial que está contemplado en los casos de “polleros” que cobran altas sumas a los migrantes por trasladarlos desde Guatemala, Honduras o El Salvador hasta Estados Unidos. Animal Político preguntó a Fiscalía por los detalles del operativo, pero al cierre de la nota no había dado una respuesta.

Lee: Organización denuncia la detención de los defensores de migrantes Irineo Mujica y Cristóbal Sánchez

La organización Pueblo Sin Fronteras, formada por abogados y activistas centroamericanos, mexicanos y estadounidenses, apoya desde hace años a los migrantes que tratan de llegar a Estados Unidos. En febrero fue señalada por la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, de ser la que “recluta” a los migrantes centroamericanos para participar en las caravanas que, desde octubre de 2018, tratan de atravesar México con destino a la frontera norte. Ya entonces, PSF denunció el intento de “criminalización” por parte del gobierno de México.

Mujica y Sánchez están acusados de tráfico de personas y han sido vinculados a las caravanas; un fenómeno que, en la práctica, permite a los migrantes atravesar México sin recurrir a un coyote, ya que avanzan en grupo como forma de protección.

Organizaciones de Derechos Humanos y de apoyo a los migrantes como el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, Cafemin (Casa de Acogida y Formación para Mujeres y Familias Migrantes), Movimiento Migrante Mesoamericano o el Colectivo de Observación y Monitoreo de Derechos Humanos en el Sureste Mexicano denunciaron el arresto como “detención arbitraria” y cuestionaron lo que consideran “una forma de criminalización contra las personas defensoras de los derechos humanos de los migrantes”.

Irineo Mujica fue arrestado en Sonoyta, Sonora, alrededor de las 14:00 horas. Según informó Pueblo Sin Fronteras, la organización que dirige, el activista se encontraba en la oficina de una empresa de transporte propiedad de su familia. Este despacho está muy cerca de la garita fronteriza con Estados Unidos. Según este relato, que cita al hermano del detenido como testigo de la aprehensión, tres hombres vestidos de civil le esposaron sobre las 14:00 horas, cuando salió del despacho. Uno de ellos mostró una identificación y aseguró que existía una orden de captura. Dos horas después, Mujica era trasladado a Hermosillo, capital del estado.

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Una hora después, aproximadamente, fue detenido Cristóbal Sánchez. Según fuentes cercanas al activista, seis personas vestidas de civil lo detuvieron al salir de su casa, en Xochimilco, Ciudad de México. Según este relato, los hombres afirmaron ser agentes “ministeriales”, sin mostrar identificación alguna ni la orden de aprehensión. Al parecer, Sánchez llegó a ser encañonado por uno de los agentes hasta que lo introdujeron un vehículo y lo trasladaron a la sede del Ministerio Público ubicada en Camarones.

Está previsto que ambos sean trasladados a Tapachula, donde se instruye la causa.

No es la primera vez que ambos son arrestados por su activismo a favor de los derechos de los migrantes. Mujica fue detenido en Ciudad Hidalgo el 17 octubre de 2018, un día antes de que la caravana procedente de Centroamérica fuese interceptada por decenas de antimotines en el puente internacional Rodolfo Robles, que une Guatemala y México. En aquel momento fue acusado de resistencia a la autoridad cuando acompañaba a un grupo de migrantes que se dirigía al puesto fronterizo para apoyar a los que querían entrar en territorio mexicano.

Por su parte, Sánchez fue arrestado el 15 de febrero en el exterior del estadio Jesús Martínez Palillo, en Ciudad de México. En aquel momento, una caravana de alrededor de dos mil hondureños, guatemaltecos y salvadoreños atravesaba México en dirección a la frontera norte. Sánchez, junto a otros activistas, acompañaba el tránsito. Fue detenido al interponerse cuando agentes de la Policía Federal trataban de arrestar a otro activista, en este caso hondureño, a quien identificaron como líder de la marcha. En febrero al menos dos activistas fueron arrestados y deportados a Honduras por ser considerados como promotores de la caravana.

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Durante el último año, altos funcionarios del gobierno de Andrés Manuel López Obrador han señalado a Pueblo Sin Fronteras como promotor de las caravanas. El 28 de febrero, la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, señaló a la organización como principal “reclutadora” para las caravanas migrantes. Lo hizo desde Washington, donde participaba en un foro organizado por el Instituto de Políticas Migratorias. Un mes después, también desde Estados Unidos, la misma funcionaria vaticinó la llegada de la “caravana madre” procedente de Honduras. Según sostuvo, 20 mil personas se preparaban para alcanzar México. Finalmente, apenas un 10% de estas estimaciones, unas 2 mil 500 personas transitaron por el sur de México hasta desperdigarse en su camino hacia el norte.

En realidad, el fenómeno de marchar en grupo hacia Estados Unido no es nuevo, aunque toma especial relevancia en 2018, cuando se convierte en un fenómeno masivo en el que llegan a participar más de diez mil personas.

En realidad, las caravanas llevan marchando desde 2011, aunque siempre partiendo desde territorio mexicano.

En 2018, por primera vez, una marcha fue convocada desde Centroamérica. Partió el 12 de octubre desde San Pedro Sula, en Honduras. Los integrantes de PSF no estaban en el inicio. Solo hicieron acto de presencia a partir de Tecún Umán, último municipio en la frontera de Guatemala, el 17 de octubre, justo cuando Irineo Mujica fue arrestado en Ciudad Hidalgo. Sus portavoces siempre han negado estar detrás de las caravanas y se han presentado como “acompañantes”.

Alex Mensing, director de programas de PSF, denunció las detenciones y aseguró que ambos son defensores “muy conocidos desde hace muchos años”. “Nos vemos señalados, como chivos expiatorios”, señaló. En su opinión, el operativo supone un ataque “contra cualquiera que critique la política migratoria” del gobierno de López Obrador, especialmente en lo relativo a las caravanas. Mensing recordó que, en los últimos meses, entre 20 y 25 mil personas atravesaron México en caravana. “Se trata de un porcentaje mínimo”, dijo, tras reivindicar a los dos detenidos como “defensores de los derechos de los migrantes”.

El discurso sobre las caravanas se ha endurecido en los últimos meses. Pasó de la aparente comprensión, por ser un modo de protección de los centroamericanos, a ser visto como un fenómeno “instrumentalizado”. En enero, cuando la primera caravana del año llegó a la frontera, el Gobierno mexicano dio más de 12 mil tarjetas de visitante por motivos humanitarios, que permitían libre tránsito por el país durante un año. Cinco meses después la política hacia las caravanas vuelve a ser de detención y arresto.

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De hecho, el operativo contra los dos defensores llega en un contexto en el que se ha incrementado la presión contra los migrantes que tratan de cruzar México para llegar hacia Estados Unidos. Al mismo tiempo que se practicaban los dos arrestos, agentes de la Instituto Nacional de Migración (INM), acompañados por Policía Federal y Guardia Nacional, se desplegaban en la carretera entre Ciudad Hidalgo y Tapachula, en Chiapas, para arrestar a cerca de 400 indocumentados que atravesaron la frontera en caravana.

Además del aumento en el número de detenciones y deportaciones, el aumento de la presión en el control migratorio de las autoridades mexicanas puede documentarse a través de otras medidas que están llevando a cabo, como los operativos en hoteles y moteles de la frontera sur para capturar a personas sin documentos, y la orden que el Instituto Nacional de Migración dio a los propietarios, concesionarios y operadores de autotransportes de pasaje y turismo.

En un oficio fechado el 16 de abril de este año, el INM pidió a los transportistas que no trasladen a migrantes indocumentados en territorio nacional, bajo advertencia de ser sancionados si así lo hacen.

En el escrito firmado por el director jurídico del Instituto, Luis Alberto Cortés Ortiz, la autoridad migratoria cita los artículos 153 y 159 de la Ley de Migración vigente para recordar a los transportistas que quienes trasladen a migrantes sin documentos “serán sancionados con multa de mil a diez mil días de salario mínimo”, pudiendo, incluso, ser sancionados con penas de ocho a 16 años de prisión y multa de 5 mil a 15 mil días de salario mínimo, si la autoridad detecta que el traslado se hace “con propósito de tráfico” de personas y obtener un lucro de ello.

Esta medida, sin embargo, entra en contradicción con la propia Ley de Migración, que desde 2006 establece que la migración indocumentada no es un delito, sino una falta administrativa. Y, aunque si bien el INM asegura que con ella busca combatir a las redes de tráfico de personas que hacen uso del transporte público para llevar a los migrantes hasta la frontera norte, organizaciones civiles criticaron que también puede provocar el efecto de orillar, aún más, al migrante a la clandestinidad, puesto que tendrán que recurrir al tren conocido como La Bestia, o caminar a pie por caminos de terracería y monte, donde son presa fácil de la delincuencia y el crimen organizado.

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“Mi prioridad era seguir respirando”: El relato de dos mexicanas heridas durante estampida en Seúl en festejo de Halloween

Las jóvenes Juliana Velandia y Carolina Cano recuerdan los estremecedores minutos durante los que permanecieron atrapadas entre cientos de personas sin poder moverse y esperan apoyo de las autoridades mexicanas para recibir tratamiento psicológico.
2 de noviembre, 2022
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Nunca pensaron que una noche de Halloween a casi 10,000 km de su hogar se convertiría en una tragedia en la que estuvieron a punto de perder la vida.

Juliana Velandia y Carolina Cano, de 23 y 21 años respectivamente, son las dos únicas mexicanas que resultaron heridas en la estampida que el pasado sábado se cobró la vida de más de 150 personas en un popular barrio nocturno de Seúl.

Las dos jóvenes estudiantes originarias de Mexicali, en el norte del país, llegaron a la capital surcoreana el pasado agosto para estudiar un semestre mediante un programa de intercambio universitario.

Como otros testigos, hablan de una calle totalmente colapsada ante la ausencia de personal policial o de seguridad en plena celebración de fin de semana.

Y como otros sobrevivientes, recuerdan los estremecedores minutos durante los que permanecieron atrapadas entre cientos de personas sin poder moverse, así como la eterna hora y media que transcurrió hasta que pudieron reencontrarse y celebrar entre llantos que ambas seguían vivas.

Con heridas físicas pero, especialmente, impactadas psicológicamente -para cuya recuperación piden el apoyo de las autoridades mexicanas-, ambas compartieron con gran entereza su relato con BBC Mundo desde el dormitorio que comparten en el país asiático.


CAROLINA CANO (CC): Itaewon es un barrio de Seúl muy popular donde muchos jóvenes van y, especialmente este fin de semana que fue Halloween, fue como el lugar de celebración. Entonces Juliana y yo dijimos: “bueno, estamos en Corea, hay que ir a pasearnos”.

JULIANA VELANDIA (JV): Yo sí dudé en acudir, porque pensé que habría un chorro de gente, que todos los restaurantes y los bares iban a estar llenísimos… pero bueno, queríamos ver cómo lo celebran aquí. Nunca nos íbamos a imaginar que iba a pasar eso.

CC: Cuando llegamos ya había mucha gente, pero después de unas horas estaba mucho más lleno. Después de caminar un rato y tomar unas fotos, decidimos irnos porque había demasiadas personas. Íbamos a tomar el metro, nuestra salida era ese callejón y por eso terminamos ahí.

JV: Es una de las calles más concurridas de Itaewon donde hay muchos restaurantes, antros muy famosos que llevan hacia la colina. Estábamos caminando y el tráfico era cada vez más y más y más.

Estamos acostumbradas a que a veces en el metro haya mucha gente y estamos como sardinas, pero pues sí podemos respirar y sabemos que se va a calmar cuando la gente se va yendo. Y pensamos que iba a ser también así.

Pero no fue el caso. Cada vez era peor, cada vez nos aplastaban más. Y entonces perdí de vista a Carolina.

Coches de emergencias, agentes de seguridad y gente.

Getty Images
Itaewon es un barrio muy popular por su vida nocturna.

Llegó un punto en el que ya no podíamos mover ni una sola parte de nuestro cuerpo, ya éramos una masa de cuerpos. O sea, había gente abajo de mí, encima de mí, por todos lados.

Ambas tuvimos la suerte de que nuestra cabeza estaba en la superficie y podíamos alcanzar a respirar, porque la gente que estaba abajo de nosotras, pues no había manera.

Nuestro pecho, nuestra espalda, nuestro tórax… estaban totalmente aplastados. Ya no podía expandir mis pulmones para respirar. Mis pies ya no tocaban el suelo porque había cuerpos abajo de mí, otros me empezaban a aplastar cada vez más mis piernas, hasta que dejé de sentirlas.

En ese momento juré que me iban a romper las piernas, que me iba a quedar sin ellas para siempre porque las dejé de sentir. No podía ni siquiera mover los dedos de mis pies.

Pero en ese momento mi prioridad no eran mis piernas, era seguir respirando. Y me di cuenta de que no podía hacerlo por mi nariz, porque eso hacía que se expandieran mis pulmones, y no los podía expandir. Entonces me di cuenta de que para poder seguir respirando era por la boca.

Juliana Velandia y Carolina Cano

Cortesía
Ambas jóvenes llegaron a Corea del Sur en agosto como parte de un intercambio universitario.

CC: Como íbamos en pendiente, nos empezamos a ir hacia abajo todos juntos. Eso hacía que la persona que estaba enfrente de mí de repente ya estaba encima, y yo estaba sobre otra persona… Fue como un dominó.

Recuerdo tener un muchacho al lado. Su cuello estaba sobre mi cuello, él trataba de salir, de sacar su cabeza, hasta que yo ya no podía respirar. Me estaba ahogando, sentía como las ganas de vomitar, me estaba aplastando mi cuello.

Llegó un momento en el que dije: “Bueno, pues aquí se acabó todo”. Básicamente yo cerré mis ojos, me despedí de mi familia muy fuerte, y dije: “Bueno, si me voy, me quiero ir en paz”.

Entonces simplemente cerré mis ojos y una vez que los abro, vi que están llegando personas a rescatarnos. Y dije: “guau, entonces sí vamos a vivir, todavía no nos toca irnos”.

JV: Una vez que levantaron a un muchacho que estaba inconsciente sobre mí, ya pude respirar. Pero el problema es que mis piernas seguían atoradas entre todos los cuerpos y estaban paralizadas.

Entonces fue un muchacho coreano quien me extendió su mano, la agarré y él con todas sus fuerzas empujó todo mi cuerpo.

Yo le debo mi vida a ese muchacho, ese extraño que nunca podré saber su nombre, pero estoy agradecida infinitamente. Para siempre.

Pasamos mucho tiempo atrapadas. Revisé la última foto que tomé justo unos minutos antes de que entráramos a la colina, a unos metros. Dice que eran las 10:08 de la noche y en cuanto me rescataron revisé mi celular y decía 10:57. Así que estuvimos 30 o 40 minutos siendo aplastadas.

Última foto tomada por Velandia antes de la estampida

Cortesía
Esta foto a un grupo de personas disfrazadas fue la última imagen que Velandia captó minutos antes de la estampida.

JV: En cuanto me rescataron, mi prioridad fue saber dónde estaba Carolina. No la encontraba y yo estaba pensando en lo peor. Me quedé una hora en la escena buscándola. No sabía qué hacer y sabía que ella había perdido su celular, así que no había manera de contactarme.

Hasta que una hora después ella se pudo contactar conmigo a través del teléfono de una desconocida que se quedó con ella. Me marcó, me dijo: “aquí estoy”. Y caminé hacia ella y por fin la encontré.

Nos abrazamos y empezamos a llorar, a llantos porque las dos habíamos pensado lo peor.

CC: Yo cuando salí no podía moverme, creo que del shock que todavía sentía. Y en eso se me acerca una muchacha con su grupo de amigas, me toma de la mano y me dice: ¿cómo te llamas? ¿Tienes cómo comunicarte? No te voy a dejar sola, no te voy a dejar sola”.

Y creo que ese grupo de personas fueron mis ángeles verdaderamente, porque estuvieron conmigo después del incidente y me ayudaron a encontrar a Juliana, que igual era mi prioridad.

Yo estaba histérica porque también creí que… que la había perdido . Y sí, fue muy, muy difícil. Pasó como una hora y media para que nos pudiéramos reencontrar.

Las autoridades analizan el lugar de la tragedia

Getty Images
Este estrecho callejón en pendiente con multitud de personas subiendo y bajando a la vez fue el escenario de la tragedia.

JV: Pensamos que son varios factores los que causaron el accidente: la cantidad de personas, la colina en donde ocurrió… Como lleva directamente a la salida del metro, era gente saliendo queriendo subir la colina, y gente bajando queriendo entrar al metro. Era gente en ambas direcciones, yendo hacia arriba y hacia abajo. Muchas personas en un lugar muy pequeño.

Sí vimos que hubo mucha falta de control. Había personas controlando el tráfico peatonal entre las calles. Pero fuera de eso, creo que yo nunca vi ningún policía.

CC: El control estaba en las calles principales donde pasan los carros, pero entre las callecitas de los bares, de los antros… no.

JV: Físicamente ya nos sentimos mucho mejor. Ya nos atendieron en el hospital, estamos medicadas. A mí me diagnosticaron una condición llamada rabdomiólisis debido a la falta de circulación a mis piernas al ser aplastadas. Carolina también fue lastimada, pero afortunadamente no a ese nivel.

Pero mentalmente, emocionalmente… sí estamos buscando apoyo psicológico.

Sabemos que la cultura aquí es mucho más cerrada. No hablan de su salud mental, no hablan de sus emociones. Pero sí hemos visto que hay varios grupos de apoyo para los sobrevivientes y para las familias de las víctimas.

Ya mañana vamos a ir a un grupo de apoyo que nos va a ayudar con el trauma. Apenas ahorita andamos viendo y revisando nuestras redes sociales, porque en realidad no hemos visto nada, apenas estamos pasando por nuestro propio duelo.

Gente cerca de la estación de metro de Itaewon llena de flores

Reuters
El lugar del siniestro se llenó de flores como señal de homenaje a las víctimas.

CC: Yo la verdad no estoy viendo mucho los medios y las noticias, porque estoy en mi proceso de asimilarlo. Pero lo que sí he visto es que en algunos lugares de la ciudad hay como puntos de luto.

JV: La escena está llena de flores, de velas, de cartas. Y nosotras quisiéramos ir, pero en el hospital nos pidieron que descansáramos, llevamos tres días encerradas en nuestro cuarto.

Sobre al apoyo de autoridades, de parte del gobierno de Corea no sabemos nada. La Embajada en México contactó con nosotras al día siguiente y hablamos con el embajador para ver si nos podían ofrecer apoyo económico y psicológico, dado que ahorita estamos pagando todos los gastos del hospital con nuestras becas.

Pero tras buscar un psicólogo por nuestra cuenta, en la Embajada nos dicen que su tarifa es muy cara y que quizá un psicólogo en México sea más accesible… pero una sesión por videollamada no es lo mismo que en persona.

Teniendo en cuenta que solo fuimos dos mexicanas quienes fuimos afectadas en esto, la verdad es que estamos algo decepcionadas.

Por lo demás, mi familia ha sido muy optimista. Mi mamá está simplemente muy agradecida de que sigo con vida. Obviamente nos extrañan mucho y quieren venir para acá a vernos.

Juliana Velandia y Carolina Cano

Cortesía
Pese a lo sucedido, las dos jóvenes mexicanas planean quedarse en Corea del Sur hasta terminar su estadía prevista.

CC: ¿Qué voy a hacer ahora? Lo más probable es que me quede y continúe con mi intercambio, pero igual tengo la opción de regresar con mi familia y a veces sí siento que es lo que necesito… pero todavía estoy en proceso de debatir si me quedo o me voy.

Las dos estábamos estudiando el idioma antes de venir. Entonces ya conocíamos un poco de la cultura, ya estábamos interesadas en Corea. En mi caso, yo soy estudiante de Negocios Internacionales, y por el auge económico que tiene el país es que decidí venir a estudiar aquí.

JV: Yo también empecé a estudiar coreano en México y me interesó mucho la cultura. Como soy estudiante de Medicina y quiero dedicarme a la dermatología, sé que Corea tiene las mejores tecnologías en cuanto a los productos de la piel, así que tener el idioma me va a ayudar para trabajar con otros dermatólogos de aquí y hacer investigaciones de productos y poder traérmelos a México.

Yo sí planeo quedarme. Carolina y yo trabajamos mucho y sufrimos mucho para llegar hasta acá. Es algo que tengo que hacer, es algo que tengo que terminar. Tengo que pasar mis materias, tengo viajes planeados. Obvio que lo único que quiero hacer es estar con mi familia en este momento, pero… en diciembre será.


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