close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Especial

Quién es Andrea Fernández, la víctima del Chapo que testificó en su contra pero le pidió perdón frente al juez

En 2013 el Chapo ofreció un millón de dólares para matarla al sospechar que mantenía comunicación con el FBI, a pesar de esto ella lo admiraba.
Especial
Por AFP
19 de julio, 2019
Comparte

Minutos antes de que Joaquín el Chapo Guzmán recibiera la condena de cadena perpetua en Estados Unidos, el juez escuchó un último testimonio en su contra, se trata de Andrea Fernández Vélez, quien antes de hablar pidió perdón al líder del cártel de Sinaloa por lo que declararía.

Entre lágrimas, Andrea relató como de trabajar para el cártel y ser una de las personas más cercanas a Guzmán Loera, éste ofreció un millón de dólares a una pandilla de motociclistas para que la mataran.

Lee: El Chapo Guzmán es condenado a cadena perpetua y a 50 años de prisión

“Señor Guzmán, como pido perdón, yo le perdono, y espero que usted pueda perdonarme”, dijo la mujer luego de aceptar cooperar con el FBI.

Tras escuchar las disculpas, el Chapo la miró serio unos segundos, para después concentrarse en su esposa, Emma Coronel.

Alta, delgada, con el cabello castaño largo hasta la cintura y recogido en una cola de caballo, Andrea Fernández se paró a unos cuatro metros del Chapo y contó que “surgió una empatía” entre ambos cuando trabajaron juntos en un proyecto para una película sobre la vida del famoso capo.

“Yo admiraba profundamente al señor Guzmán (…) Lo llegué a ver como una persona buena, educada, que se preocupaba por mí, amable y con carisma. En un momento sentí que era de mi familia”, contó.

Fernández se autodenomina como “soy un milagro de Dios”, ya que el Chapo ofreció un millón de dolares a la pandilla de motociclistas Hells Angeles para que la mataran, pero ella se salvó gracias al acuerdo que logró con el FBI.

Rescate “del infierno”

Vestida con un traje de falda y chaqueta negra, Andrea contó que la policía federal y la fiscalía de Brooklyn la “rescataron literalmente del infierno”.

Lee: ‘El Chapo 701’, la ropa fabricada por presos que vende una hija del narcotraficante

En mayo de 2012 Fernández fue inculpada de delitos de narcotráfico en una corte de Nueva York, pero nunca estuvo en la cárcel.

En septiembre de aquel año, el FBI se encontró en Colombia con Andrea para ofrecerle que trabajara como informante en las investigaciones contra el Chapo y Alex Cifuentes.

Según el agente del FBI, Steven Marston, Andrea aceptó colaborar para no ir a la cárcel. A cambio, el FBI le pagó 290.000 dólares y en 2013, cuando su vida estuvo en riesgo, fue trasladada a Estados Unidos donde vive con una visa especial para testigos cooperantes.

Andrea confirmó que hoy es parte del programa de protección de testigos del gobierno estadounidense y tiene una nueva identidad, pero afirmó que deseaba contar su historia para “dejar de ser un nombre sin rostro”.

“Lo perdí todo”

Andrea tenía una amistad con el narcotraficante colombiano Alex Cifuentes, socio del Chapo. Cifuentes, quien también cooperó como testigo de la fiscalía de EU, detalló que en algún momento Férnandez fue la persona de mayor confianza del Chapo.

Guzmán Loera la conoció a través de una actriz colombiana, y como no tenía dónde vivir, le ofreció su apartamento en Cancún.

En poco tiempo, Andrea se convirtió en su secretaria, vocera y mano derecha. Manejaba “su caja chica”, le compraba su ropa, sus relojes y todas sus cosas personales. Hasta “sábanas de 500 dólares”, según el abogado del Chapo, Jeffrey Lichtman.

Lee: Una avalancha de evidencia demuestra que el Chapo Guzmán es culpable

Coordinaba su agenda y sus contactos, y como su vocera, se reunía con integrantes de la guerrilla colombiana de las FARC, con narcos de Canadá o Ecuador o con militares corruptos.

Tenía también una agencia de modelos en Ciudad de México, una empresa de fachada para suministrar prostitutas a militares mexicanos, todo pagado por el Chapo.

“Confieso que pequé, pero por eso pagué un alto precio”, dijo Andrea minutos antes de la sentencia. Por “mi sueño de grandeza perdí mi familia, mis amigos, me convertí en una sombra sin nombre. Tuve todo y perdí todo, hasta mi identidad”.

En 2013 y sin confesárselo, el Chapo la usó como carnada para secuestrar al capitán del ejército ecuatoriano Telmo Castro en un restaurante “con un escuadrón de hombres armados con AK47”, un incidente que a Frenández aún le produce “pesadillas”.

Por esa época, a pedido del capo mexicano, Fernández ofreció a un general mexicano no identificado 10 millones de dólares para que dejara de perseguir al Chapo, pero éste rechazó la oferta. El Chapo, furioso, dijo que Andrea mentía y decidió matarla, contó Cifuentes.

Aunado a esto, Guzmán Loera se enteró que Andrea colaboró como informante para el FBI durante más de un año.

Alex Cifuentes contó que con el Chapo decidieron contratar a los Hells Angels para matar a Vélez cuando ésta estuviera en Canadá.

Pero en noviembre de 2013, el día en que debía reunirse con un jefe de la pandilla para ajustar los detalles, Cifuentes fue detenido por la policía mexicana y encarcelado.

En la audiencia, Andrea dijo que padecía de cierta manera del síndrome de Estocolmo, y que sus amigos se transformaron en “sus captores”.

“Me recordaron que si me iba solo podía hacerlo en una bolsa de plástico y con los pies para delante”, finalizó.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

El Mago de Oz: los mensajes subversivos ocultos en el famoso clásico del cine

Una película que nos muestra un mundo de "líderes inútiles" y "crédulos seguidores". A 80 años de su estreno, algunos ven en El mago de Oz muchas similitudes con el estado de cosas en el mundo actual.
18 de agosto, 2019
Comparte

En diciembre de 1937, Walt Disney lanzó su primer largometraje: “Blancanieves y los siete enanitos”.

El filme pasó a ser el mayor éxito del cine en 1938, uno que no solo alentó a Disney a hacer otros dibujos animados de cuentos de hadas en las próximas décadas, sino también a otro estudio, Metro-Goldwyn-Mayer (MGM), a probar su propio musical de fantasía sobre un niña huérfana y una bruja malvada: “El mago de Oz”.

Pero a pesar de todas sus similitudes con Blancanieves…, la versión de MGM es más bien un anti cuento de hadas. Basta con mirar al trío de inadaptados que, asustados y endebles, acompañan a su heroína a lo largo del camino de ladrillos amarillos. Ninguno de ellos es lo que se diría un príncipe guapo.

En el ruido que hacen las extremidades oxidadas del hombre de hojalata se pueden escuchar ecos de la armadura casera de Don Quijote. Mientras que los ruidos nerviosos del trío cuando se preparan para colarse en el castillo de la bruja nos remontan a la escena en que Westley, Iñigo y Fezzik están a punto de invadir el castillo de Humperdinc, en La princesa prometida.

Dorothy Gale (Judy Garland) luce tan inocente con sus dos motonetas trenzadas, las canciones de Harburg y Arlen son tan deliciosas y las aventuras de Technicolor son tan emocionantes que todavía hoy es fácil pensar que “El mago de Oz” no fue realizada hace tanto tiempo, aunque han pasado 80 años desde su estreno.

A pesar de ello, la película revierte las convenciones de la narración del bien contra el mal de una manera que habría provocado la furia de Walt Disney.

Burlas a políticos y veteranos de guerra

Al inicio del filme, en recuadros de tono sepia, se advierte al espectador que la magia que está a punto de ver podría no ser totalmente mágica.

Tras huir de su casa en Kansas para evitar que su perro Toto sea sacrificado, Dorothy conoce a un clarividente viajero llamado Profesor Marvel (Frank Morgan), un personaje que no figura en la novela original de L. Frank Baum, sino que fue creado por los guionistas Noel Langley, Florence Ryerson y Edgar Allan Woolf.

Aunque luce amable, el profesor es en realidad un estafador que finge tener poderes psíquicos, mientras mira una foto que Dorothy lleva consigo.

Otra película podría haber contrastado a este vendedor ambulante terrenal con las maravillas genuinas realizadas por el increíble mago de Oz, pero en ésta el mago es interpretado por el mismo actor que el Profesor Marvel, y resulta ser el mismo personaje: un patán que se expresa como showman de feria mientras se esconde detrás de una cortina, desde donde mueve palancas y usa trucos mecánicos para mantener a sus súbditos leales y asustados.

El mago admite que terminó en la tierra de Oz cuando el globo de aire caliente en que viajaba llegó hasta allí y reconoce que incluso es incapaz de controlar el artefacto. No hay muchas otras películas que muestren cómo algunos políticos son tan descaradamente incompetentes.

Mago de Oz.

Getty Images
El filme es visto como un producto “contracultural”.

Antes de que el mago desaparezca, les entrega al espantapájaros (Ray Bolger), al león cobarde (Bert Lahr) y al hombre de hojalata (Jack Haley) un regalo a cada uno (un pergamino, una medalla y un reloj), mientras les asegura que con eso ya están a la par de aquellos hombres “de donde yo vengo”.

De esta manera, académicos y filántropos son ridiculizados. Asimismo, la película se burla de los veteranos de guerra al presentarlos como personas que “sacan su fortaleza de bolas de naftalina y la exhiben en desfiles por la calle principal de la ciudad” una vez al año, pero “no tienen más coraje que ustedes”.

Es cierto que no podemos tomarnos demasiado en serio lo que dice el embaucador mago, pero estos no son sentimientos radicales que se escuchen en cualquier película de Hollywood y mucho menos en una dirigida a niños.

Una parodia estridente del mundo actual

El guion de la película se burla de la idea de que el poder y la prosperidad llegan a quienes los merecen, incluso cuando se trata de la propia Dorothy.

La niña mata a una bruja malvada al aterrizar accidentalmente con una casa sobre ella, y mata a otra (Margaret Hamilton) al salpicarla con agua. En ambos casos, los asesinatos son accidentes, el resultado de pura casualidad en lugar de la valentía o la virtud de Dorothy.

Sin embargo, en ambos casos Dorothy es aclamada instantáneamente como una heroína conquistadora, tal y como lo fue el mago cuando aterrizó en Oz.

Aquí el mensaje es que la gente marchará detrás de cualquier figura de autoridad que tenga carisma, por muy poco merecedores de sus alabanzas que sean. Se trata de un mensaje subversivo en 2019, y fue aún más puntiagudo en 1939, cuando los dictadores fascistas pisotearon Europa.

Si bien la novela de Baum fue publicada a principios de siglo, la película dirigida por Victor Fleming (junto con dos compañeros no reconocidos) es en gran medida un producto de la década de 1930.

El audiovisual salió tres años después de que se inaugurara una importante exposición de Surrealismo en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, y la forma en que muchas de sus escenas se convierten en un sueño febril de monos voladores y guardias de cara verde no es otra cosa que surrealista.

Mago de Oz.

Getty Images
“El mago de Oz” ganó más de 5 premios Oscar, entre ellos Mejor Banda Sonora, Mejor Fotografía, y Mejores Efectos Visuales.

También comparte un esquema con otras obras clave de la cultura de la era de la depresión.

El mismo año en que Dorothy abandonó su hogar en Kansas en medio del azote de un tornado y viajó a una metrópolis centelleante, Tom Joad y su familia salieron del Oklahoma Dust Bowl hacia California en “Las uvas de la ira”, de John Steinbeck.

Y solo un año antes, Clark Kent (quien, como Dorothy, era un huérfano criado por ancianos agricultores de Kansas) se reinventó en la gran ciudad como Superman. Tom Joad descubre que las condiciones no son mejores en California y se convierte en un líder laboral.

Superman, en sus primeras apariciones en los cómics, es una bola de demolición anarquista que no lucha contra los supervillanos, sino contra los “peces gordos” responsables de los barrios pobres y las riesgosas e inseguras minas.

Líderes inútiles y crédulos seguidores

Dorothy no llega tan lejos, pero viaja desde la árida campiña en el centro de Estados Unidos hasta un reluciente centro urbano, solo para descubrir que está gobernada por falsificadores y poblada por tontos.

También es significativo que la Ciudad Esmeralda no sea la torreta de la Ruritania falsa-medieval donde vive Blancanieves, ni es la colección de cúpulas y agujas estilo Estambul dibujadas por WW Denslow en las ilustraciones del libro original.

En cambio, es una masa modernista de rascacielos pintados con rayas de neón y, como casi todo lo demás en la tierra de Oz, es descaradamente artificial.

La película no lleva al público “sobre el arcoíris” hacia un pasado mítico, sino a una parodia estridente del presente ruidoso e industrializado.

Si “El mago de Oz” hubiera salido en la patriótica década de 1940 ó 1950, es difícil imaginar que este clásico contracultural se hubiera salido con la suya creando un mono volador en base a la sociedad contemporánea.

Pero Fleming y su equipo conjuraron la más poderosa de las películas para niños: un tornado que nos lleva a un mundo de dificultades y caos, de líderes inútiles y sus crédulos seguidores, y luego nos recuerda que es el mismo mundo en el que vivimos.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=SZY7ugs_DvI&t=19s

https://www.youtube.com/watch?v=oFbgfkh4cj8&t=85s

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

¡Muchas gracias!


Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.