Cárceles mexicanas reducen su población, son 57 mil 254 presos menos que hace cuatro años
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Cárceles mexicanas reducen su población, son 57 mil 254 presos menos que hace cuatro años

La caída es de tal magnitud que se pasó de tener una sobrepoblación penitenciaria nacional de más de 20%, a una subocupación actual de un 10%.
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15 de julio, 2019
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En solo cuatro años la población en las cárceles en México cayó casi 25%. Mientras que al cierre de 2014 había 255 mil 638 internos en prisiones locales y federales del país, en 2019 el registro es de 198 mil 384 personas presas.

La caída es de tal magnitud que se pasó de tener una sobrepoblación penitenciaria nacional de más de 20%, a una subocupación actual de un 10%. En suma, son 57 mil 254 menos.

Este descenso en la población penitenciaria, que contrasta totalmente con el crecimiento sostenido de 2006 a 2014, coincide con la entrada en vigor del nuevo sistema penal acusatorio que, entre otras cosas, eliminó el ingreso automático de personas a prisión preventiva dejando, esa medida solo para seis delitos. Esto hasta antes de una nueva reforma, aprobada hace dos meses, que volvió a expandir el catálogo.

La reducción de una cuarta parte de los internos en México también coincide con el crecimiento de la incidencia delictiva, y particularmente de los homicidios. Algunas personas, como el exjefe de Gobierno y exprocurador Miguel Ángel Mancera sostienen que ambas cosas se relacionan, que al estar menos en la cárcel hay más crimen. “No tengo duda de ello”, dijo a este medio. 

Leer: Mancera reconoce que aumentó inseguridad en la CDMX; lo atribuye a que presos dejan la cárcel

Pero diversos especialistas consultados por Animal Político aseguran que no hay correlación probada entre ambos fenómenos, sino que al contrario, la disminución de la sobrepoblación penitenciaria es un avance en derechos humanos.

No obstante, todos se muestran a favor de que se revise el funcionamiento de los operadores del sistema penal –policías, fiscales y jueces-  principalmente ante la reducción en el número de internos con sentencias, que también evidencian los datos que ahora se muestran.

A nivel estatal, en 27 de las 32 entidades federativas se redujo el número de internos en los últimos cuatro años. Colima, Chiapas, Sinaloa, Baja California Sur y Nayarit son las entidades con el mayor porcentaje de decremento en su población penitenciaria, mientras que Ciudad de México es la entidad con la mayor cantidad de internos menos: casi 15 mil.

El punto de quiebre

La información oficial proporcionada por el Órgano Administrativo Desconcentrado de Prevención y Readaptación Social (OADPRS), a través de solicitudes de transparencia, muestra claramente una curva de ascenso en la población penitenciaria que se extendió al menos ocho años, para luego dar paso a un punto de quiebre, a partir de cual inició un descenso acelerado en los últimos años.

De 2006 a 2014, periodo correspondiente al sexenio de Felipe Calderón y la mitad del de Enrique Peña Nieto, el crecimiento de la población penitenciaria fue sostenido casi todos los años. El país paso de contar con 210 mil 140 personas privadas de su libertad en cárceles federales y locales en 2006, a 255 mil 638 reos en 2014. 

Lo anterior equivale a un crecimiento, en ocho años, del 21.6% de la población penitenciaria, 45 mil internos más en ese periodo. El único año en el que hubo un ligero decremento fue de 2009 a 2010. 

Fue a partir de 2015 cuando la población penitenciaria comenzó a decrecer, y a un ritmo mucho más rápido que el de su crecimiento.

Ese año cerró con 247 mil 488 internos. En 2016 el registro fue de 217 mil 868; el año 2017 cerró con 204 mil 761 internos; en 2018 el registro fue de 197 mil 988, mientras que hasta abril de 2019 el balance se mantenía casi igual, con 198 mil 384 personas recluidas.

Lo anterior equivale a un descenso cercano a un 25% en la población penitenciaria. En números exactos: 57 mil 254 internos menos. Ello significa que la caída en el número de personas en las prisiones se revirtió en menos de la mitad del tiempo en el que creció. 

Como resultado el número de personas presas en 2019 es aún menor al registrado hace trece años, en 2016.

La caída de la población penitenciaria ha tenido un impacto significativo en el nivel de sobrepoblación en las cárceles, al menos en el promedio nacional.

En 2009 la cantidad de personas en prisión superaba en casi un 30% el total de lugares disponibles. Con el paso de los años se construyeron o ampliaron lo centros penitenciarios, pero aun así el nivel de sobrepoblación se mantuvo muy por arriba del 2o%

Pero a partir del ya descrito punto de quiebre en 2015, el promedio nacional de sobrepoblación penitenciaria comenzó a descender ubicándose en 18% en ese año, y desplomándose a 3% al año siguiente.

 Y desde 2017 hasta la fecha el total de espacios disponibles ha estado por encima del número de personas recluidas, llegando a un nivel de subocupación del 10% en 2019. Ello significa que de cada 10 espacios disponibles en las cárceles uno está libre, situación inédita hasta la fecha.

¿Qué pasó? Menos presuntos culpables

A partir de los datos oficiales proporcionados por el OADPRS, Animal Político comparó el perfil de la población penitenciaria en 2014, el año con el mayor número de personas presas, respecto al que se registra actualmente, en 2019.

El resultado muestra que la disminución obedece en mayor medida a la caída en el universo de personas encarceladas de forma preventiva, es decir, internos bajo proceso penal pero aun sin sentencia que confirme si son culpables o no.

La información muestra que en 2014, de las 247 mil 488 personas en reclusión, 144 mil 748 eran internos con sentencia condenatoria que equivalen a un 58.5% del total, mientras que 102 mil 740 eran internos en prisión preventiva, que representan un 41.5%.

Para este 2019, donde la población penitenciaria cayó a 198 mil 384 internos, la cifra de internos sentenciados es de 122 mil 913, mientras que el de internos de forma preventiva es de 75 mil 47.

Ello significa que el universo de sentenciados creció (respecto a 2015) a 62%, mientras que el de prisión preventiva disminuyó a 38%. 

Este cambio coincide plenamente con la entrada en vigor del nuevo sistema penal acusatorio, que en 2015 había sido adoptado ya por la mayoría de los estados, y que a partir de junio de 2016 se volvió de aplicación obligatoria para todo el país.

Con el sistema acusatorio se eliminó el encarcelamiento preventivo automático de personas detenidas, por varios delitos. Ello bajo el principio de que privar de la libertad a una persona que sigue siendo inocente (hasta que en un juicio se pruebe lo contrario) es una medida cautelar que debía limitarse solo a delitos muy graves, como homicidios o crimen organizado, o en aquellos donde las fiscalías justifiquen, con pruebas, que el perfil del presunto culpable (por su peligrosidad o por que puede escapar) hace inviable mantenerlo en libertad durante el juicio.

Recientemente, en abril de este año, se publicó una nueva reforma constitucional en donde se amplió el catálogo de delitos de prisión preventiva oficiosa (automática). Entre los nuevos ilícitos incluidos está el de posesión de armas de fuego de alto calibre, así como diversos tipos de robo.

El incremento delictivo paralelo

El periodo en el que se ha reducido la población penitenciaria en el país, ya sea por una mayor salida de personas de prisión o un por menor ingreso a las mismas, ha coincidido con el incremento de los índices delictivos en delitos graves en México. Uno de los ejemplos más claros es el de los homicidios. 

Los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) muestran que de 2011 a 2014 se registró un descenso sostenido en la tasa de homicidios dolosos en el país. Pero a partir de 2015 esta situación comenzó a revertirse, con incrementos año con año, hasta llegar a una tasa récord en 2018 de 23.21 homicidios por cada cien mil personas. Fue un ascenso del 74% en los asesinatos, en solo cuatro años. 

Leer: Con 17,500 asesinatos, el primer semestre de AMLO es el más violento de los últimos sexenios

Otros delitos, como el robo de vehículo o a transeúnte, también han experimentado un ascenso en sus tasas en el orden del 10 a 20%.

Para el senador Miguel Ángel Mancera, quien en los últimos 12 años fue tanto procurador de la Ciudad así como Jefe de Gobierno, no existe duda sobre que la salida de internos de las prisiones ha repercutido de forma negativa en las condiciones de seguridad.

“La salida (de los centros penitenciarios) fue descontrolada, acelerada y sin los controles necesarios, y esto generó la escalada de violencia como lo he venido diciendo desde hace años, solo en la CDMX se pasó de 40 mil a 25 reos. Una situación sin precedente”, dijo en entrevista.

Expertos difieren: hay un avance en derechos humanos

Expertos en materia de seguridad, justicia y derechos humanos difirieron del análisis hecho por Mancera y, por el contrario, señalan que la disminución de la población penitenciaria es un avance en materia de derechos humanos. Ello aun cuando consideran positivo que haya una constante evaluación y revisiones al sistema.

En el aspecto específico de si la reducción de las personas en prisión provocó un alza delictiva, Layda Negrete, Investigadora de la organización World Justice Project y coproductora del documental Presunto Culpable, dijo que se requeriría un análisis mucho más complejo, con diversas variables, y aun con ello es casi seguro que no exista dicho vínculo.

“Es una pregunta muy compleja para analizar las variables, y aun así no podríamos argumentar causalidad. Eso te lo diría como un científico social serio. Hay que recordar que antes, cuando subió la población penitenciaria entre 2012 y 2011 también subieron los homicidios. Por lo tanto no podemos hacer afirmaciones causales simplistas. Tenemos que tener mucho cuidado al respecto”, señaló.

Alejandro Madrazo Lajous, Doctor en Derecho por la Universidad de Yale e investigador del CIDE, sostuvo que no es posible probar un vínculo entre ambos temas porque muy probablemente no lo hay. Y subrayó que, por el contrario, la reducción de la sobrepoblación en las cárceles es un tema positivo y un avance obvio en materia de derechos humanos.

Sobre eso abunda Layda Negrete: “Las cárceles sobrepobladas tienen mayores riesgos a maltratar a las personas y a generar sistemas de autogobierno, donde la autoridad no es la que manda sino la población penitenciaria. Y además se está protegiendo de mejor forma la presunción de inocencia, no en el grado que quisiéramos ver, pero sí hay mayor protección de las condiciones de vida en prisión”.

Estefanía Medina Ruvalcaba, abogada fundadora de la organización TOJIL: Estrategia contra la impunidad, coincidió en que no hay información cualitativa que permita establecer una coincidencia entre violencia y población penitenciaria. No obstante, dijo que los datos deben dar pie a una evaluación del sistema de justicia en dos vertientes.

La primera es en cuanto al tema de las sentencias. La reducción de casi 20 mil internos presos con sentencia efectiva, explica Medina, debería ser estudiada con mayor profundidad para determinar si se debe a problemas que están enfrentando los fiscales, para obtener sentencias en el nuevo sistema penal, y de ser necesario corregir el rumbo en ese apartado.

Y la segunda es en el tema de la efectividad de medidas cautelares alternas a la prisión preventiva. Medina dijo que aun cuando la personas bajo proceso no estén en prisión se requiere que las unidades de medidas cautelar realicen un seguimiento adecuado de las medidas que se implementan. 

“Sería interesante saber si hay un mayor número de personas que se sustraen de la justicia teniendo alguna de las medidas alternativas, que no son la prisión, y cuál es el impacto de ello. Es un dato importante”, dijo.

En lo que también coincidieron los expertos consultados es que las reformas al artículo 19 de la Constitución aprobadas en abril pasado, y que vuelven a incrementar el catálogo de delitos de prisión preventiva automática, son una medida regresiva, que puede traer de vuelta altos índices de sobrepoblación, y que además es poco efectiva para resolver el fondo de la inseguridad.

“El número de personas encarceladas no debe ser una medida de efectividad del sistema de seguridad del país, ni el objetivo del sistema de justicia. No es el fin meter a la cárcel a más gente sino reducir la violencia. Enfocarnos en personas en prisión es un mal lugar desde donde evaluar la política de seguridad”, dijo Layda Negrete.

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Variante de COVID que llegó a Brasil por la Copa América, más transmisible y con una mutación inédita

Esta nueva versión del coronavirus fue detectada por primera vez en Colombia, donde ya es bastante común en algunas regiones del país, pero aún hay poca información sobre su impacto real en la pandemia.
14 de julio, 2021
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Detectada por primera vez en Colombia, la variante B.1.621 de coronavirus también llegó a Brasil, donde fue registrada en dos hombres que formaban parte de las delegaciones de Ecuador y Colombia que disputaron la Copa América en el país sudamericano.

Ambos casos fueron diagnosticados en Cuiabá, capital del estado de Mato Grosso.

La B.1.621 fue descrita por primera vez en enero de 2021 en Colombia. Desde entonces, se ha extendido a otros 19 países de América y Europa, según el sitio web Pango Lineages, que reúne a expertos en vigilancia genómica de diversas universidades y centros de investigación.

Por ahora, los lugares con más casos de covid-19 relacionados con esta variante son Estados Unidos, Colombia, España, México y Holanda.

¿Qué tiene de diferente esta variante y qué ya sabe la ciencia al respecto?

Actualmente, la B.1.621 forma parte de una “lista de alerta” de la Organización Mundial de la Salud junto con otras versiones virales que necesitan ser monitoreadas y estudiadas.

Como es relativamente nueva, aún no fue nombrada con una letra griega, como sucedió con la variante Alfa (Reino Unido), la Beta (Sudáfrica), la Gama (Brasil) y la Delta (India).

Gráfico de las 11 variantes del coronavirus

BBC

Una sopa de letras y números

El Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Europa señala que la B.1.621 trae al menos cinco mutaciones importantes en la proteína de espiga, la estructura que se encuentra en el exterior del coronavirus y es responsable de pegarse en los receptores de nuestras células y dar inicio a la infección.

Cuatro de estas alteraciones genéticas (E484K, N501Y, D614G y P681H) ya se habían observado en otras variantes más preocupantes, como Alfa, Beta, Gamma y Delta. Perola mutación R346K parece ser nueva y no se ha descrito en otras versiones del virus.

Estas modificaciones en el código genético pueden hacer que el agente infeccioso sea aún más transmisible, lo que representa un peligro para el control de la pandemia.

El CDC europeo también informó que esta variante podría tener algún impacto en la inmunidad obtenida después de haber pasado la covid-19 o por vacunación, pero esto aún debe estudiarse más a fondo.

Presencia en Colombia

En la práctica, esta versión del coronavirus parece haberse propagado con relativa facilidad a ciertos lugares.

Según información de Gisaid, una iniciativa de vigilancia genómica global, la variante representa el 24% de todas las muestras recolectadas y analizadas en Colombia.

En algunas localidades, como Córdoba, Bolívar, Atlántico y Chocó, ya está presente en más del 60% de todas las investigaciones genéticas realizadas desde principios de año.

La situación de la pandemia en Colombia, de hecho, es muy preocupante: el país latinoamericano tiene actualmente el tercer peor promedio móvil de muertes del mundo (solo por detrás de Namibia y Túnez).

Ataúdes en una sala en una ciudad próxima a Bogotá, en Colombia,

Getty Images
Colombia registra 4,5 millones de casos y 113.000 muertes por covid-19.

Pero, ¿esta variante tiene algo que ver? Se desconoce. Colombia no cuenta con un sistema bien estructurado de vigilancia genómica del coronavirus, que realice una gran cantidad de pruebas diarias. Por eso, no se puede conocer con exactitud la presencia y el impacto de las variantes en el país.

Aun así, la B.1.621 ha llamado la atención del Ministerio de Salud y del Instituto Nacional de Salud.

En un artículo publicado en mayo, muestran su preocupación por “el rápido aumento de la frecuencia” de esta variante “en poco tiempo”, especialmente en ciudades que “parecían estar cerca de una eventual inmunidad colectiva”.

La situación en Brasil

El virólogo Fernando Spilki, profesor de la Universidad Feevale de Rio Grande do Sul, señala que, por ahora, no hay razón para entrar en pánico con la variante B.1.621.

“Hay pocos casos reportados en Brasil. Está claro que hay que monitorearla, pero los datos de Colombia y otros países no indican mayor agresividad, a pesar del aumento de casos en algunas regiones”, evalúa.

“Tampoco tenemos datos sobre una posible resistencia de esta nueva variante a las vacunas ya disponibles”, agrega el especialista.

Según una nota difundida por el gobierno de Mato Grosso, los casos de covid-19 provocados por esta versión del coronavirus fueron detectados en dos hombres de 37 y 47 años, que formaban parte de las delegaciones de fútbol de Ecuador y Colombia, respectivamente.

El 13 de junio, los dos países se enfrentaron en la primera ronda de la fase de grupos de la Copa América. El partido se desarrolló en Cuiabá.

Arena Pantanal

Getty Images
El Arena Pantanal, en Cuiabá, Mato Grosso, uno de los estadios donde se jugó la Copa América.

La buena noticia, según información de las autoridades de Mato Grosso, es que los dos pacientes fueron aislados en un hotel luego de su diagnóstico y permanecieron en cuarentena hasta que recibieron un certificado que les permitía regresar a sus países de origen.

Pero aunque el protocolo posterior al diagnóstico se siguió estrictamente, no se sabe si los dos hombres tuvieron contacto con otras personas antes de someterse a los exámenes.

Por lo tanto, existe el riesgo de que hayan extendido la variante por todo el país, de ahí la necesidad de monitorear de cerca la situación y ver si la B.1.621 gana terreno en territorio brasileño o no.

Aún en el terreno de la incertidumbre, no es posible determinar si esta variante causará mayor daño en Brasil, donde están en circulación otras versiones del coronavirus que son bastante dominantes, como el caso de la Gama, detectada originalmente en Manaus).

Independientemente de las mutaciones en la espiga del virus o del mayor potencial de virulencia, una cosa es cierta: las medidas preventivas contra la covid-19 siguen siendo eficaces y necesarias.

Por ello, es importante reforzar la distancia física, el uso de mascarillas (preferiblemente la PFF2 o N95), la higiene de manos y la circulación del aire en las habitaciones. Otra medida esencial es tomar ambas dosis de la vacuna.

Las vacunas disponibles siguen siendo eficaces contra las variantes ya descubiertas y, con un buen número de personas vacunadas, consiguen evitar que otras versiones aún más peligrosas del coronavirus aparezcan en algún rincón del planeta.


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