Vecinos en CDMX temen desalojos porque inmobiliaria quiere hacer despachos y un hotel boutique
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Vecinos en CDMX temen desalojos porque inmobiliaria quiere hacer despachos y un hotel boutique

Vecinos del edificio donde está el café Trevi acusan que se les trata de desalojar con acusaciones "absurdas" como que no han pagado su alquiler.

Carlos Acuña, periodista de 31 años, se acostó el jueves 11 de julio pensando que esa podía ser su última noche en su departamento en la calle Cristóbal Colón 1, junto a la Alameda, en el centro de la Ciudad de México. 

“Sientes una angustia tremenda. Es un impacto emocional brutal”, explica. Guarda media vida en el departamento que logró salvar y la otra media en casa de un vecino, por si acaso. Las próximas tres semanas el juzgado tiene vacaciones, lo que le supone un respiro, pero teme que la orden para expulsarle se reactive en cualquier momento. 

Leer: ‘No tenemos dónde ir, dónde quedarnos’: testimonios del desalojo en la colonia Juárez

Acuña lleva nueve años residiendo en un edificio de seis plantas y cinco bodegas. Se trata de un inmueble del mediados del siglo pasado que se construyó como vivienda social. En la parte baja se ubica el histórico Café Trevi, con más de 60 años de historia y que ha pasado por las manos de tres generaciones.

No es el único que teme ser expulsado. 

Todos sus vecinos pueden serlo. 

Hasta el mismísimo Café Trevi puede pasar a la historia. 

El destino del edificio es convertirse en despachos de coworking y un hotel boutique. 

Leer: Cafetería Trevi y Tortas Robles, dos negocios clásicos en riesgo de desaparecer

Así lo tienen planeado la inmobiliaria que compró el inmueble en 2018. Según Acuña, el destinatario último de los bienes es Banca Mifel S.A., pero la gestión la lleva la inmobiliaria Iteractiva S.A.P.I. que tiene como nombre comercial Público Coworking. 

“Esta era una zona indeseable en la que vivíamos indeseables”, ironiza Daniel Gutiérrez, inquilino con más de dos décadas en el edificio. Después del sismo de 1985 la zona quedó dañada. No era atractiva.

Hasta que empresas como Público Coworking fijaron sus ojos en ella. Así funciona la gentrificación: los vecinos de siempre son sustituidos por inquilinos con mayor poder adquisitivo. Las grandes empresas inmobiliarias incrementan los precios o ponen sobre la mesa montos que gente normal, como Acuña o Gutiérrez, no pueden abonar. Desaparecen los comercios de siempre, como el Trevi, y aparecen nuevas franquicias y negocios.

La compra y venta de un inmueble puede ser injusta, pero no tiene por qué ser ilegal. 

Sin embargo, en este caso, los inquilinos tenían preferencia para adquirirlo. 

De acuerdo al Código Civil de la Ciudad de México, existe un concepto que se llama “derecho al tanto”. Significa que los arrendatarios tienen prioridad respecto a terceros en caso de que el dueño quiera vender.

No fue así. Los cuatro propietarios, Ángel Lascurain Cabrera-Villoro, Cristina Cabrera Villoro, María Isabel Cabrera Villoro y Jaime Lascurain Cabrera vendieron a la inmobiliaria, de acuerdo con los testimonios de los entrevistados. 

De hecho, documentos a los que accedieron los arrendatarios prueban que el fidecomiso que se hizo con la propiedad ya existía en 2017. Sospechan que la operación ya estaba cerrada. 

Únicamente dieron una opción a los vecinos que querían mantener sus viviendas: comprar todo el edificio, para lo que debían desembolsar 80 millones de pesos. 

A partir de ese momento, la expulsión ha sido una espada de Damocles. 

Animal Político contactó con Público Coworking para conocer su versión, pero uno de sus ejecutivos dijo no disponer de voceros para ofrecer explicaciones. 

Los desalojos de viviendas son un fenómeno que va en aumento. Según datos obtenidos por 06000 Plataforma Vecinal y Observatorio del Centro Histórico, a través de una solicitud de acceso a la información, el número de desahucios no ha hecho más que incrementarse.

“En 2014 la fuerza pública participó en 3 mil 140 desalojos en la Ciudad de México. En 2015 fueron 3 mil. Durante 2016, el número fue de 3 mil 200. En 2017, 3 mil 141. En 2018 el número creció a 3 mil 729 desalojos con uso de la fuerza pública. Y tan sólo hasta febrero de este año, la fuerza policiaca de la ciudad había participado ya en 403 desalojos según la Dirección General de Asuntos Jurídicos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana”. 

Y estos son únicamente los que contaron con permiso para la acción de la fuerza pública, sin contar los lanzamientos sin la intervención de ninguna autoridad.

Denuncias contra los vecinos que no se marchan

Para que Acuña pasase la noche del jueves pensando que podría ser la última en su departamento tuvo que ocurrir una sucesión de hechos. De forma resumida: al tener conocimiento de la venta, 13 de los vecinos recurrieron a los jueces. Dos de ellos interpusieron amparos personales y otros 11 un amparo colectivo. El procedimiento principal se encuentra en el juzgado 20 civil de la Ciudad de México, con número de expediente 318/2018, y señala a los cuatro propietarios originales. 

“Lo que ha sucedido desde entonces es un juego de ruleta rusa. Derivado de nuestra demanda para acceder a nuestro derecho a comprar el espacio que hemos habitado por años, Banca Mifel contraatacó mediante una lluvia de demandas en nuestra contra, demandas que no tenían fundamento. Ante esta embestida, algunos vecinos han aceptado desistir de sus exigencias, negociar, irse”, dice Acuña. 

Existen nueve procesos en contra de los arrendatarios. Uno de ellos les llega a acusar de falsificar sus propias firmas. 

“Se nos acusa principalmente de no pagar nuestro alquiler, aunque todos nuestros pagos están debidamente consignados”, dice Acuña, que califica de “absurdas” las acciones en su contra.

El problema para el periodista es que una de estas demandas sí que llegó a buen puerto. La querella le acusa de no pagar su renta. Desde que el edificio está en litigio, pero él depositaba su mensualidad en el juzgado. Sin embargo, otro juez consideró que esto había modificado sus pagos. Y ordenó que le echasen de casa. 

“Hubo muchas irregularidades. Admiten el desalojo sin llevar el procedimiento al final, sin darme opción a que otro revise o a un amparo”, denuncia. 

Insiste en la angustia provocada por la amenaza de desalojo. 

 “Sientes un resquebrajamiento en tu vida cotidiana, en tu vida íntima. Es una degradación de la vida y una humillación”, explica. 

En un primer momento, puso a salvo las cosas de valor: computadora, televisor, electrodomésticos. Pero luego cayó en la cuenta de que ahí estaban, más desnudas que nunca, las fotografías, los cuadernos. 

El viernes despertó pensando que un grupo de hombres contratados  llegarían y echarían abajo su puerta.

Mientras esperaba, comenzó a recibir visitas. Uno, dos, tres vecinos. Hasta una veintena. Todos dispuestos a poner el desalojo un poco más difícil a los “cargadores”, ese cuerpo que se contrata para los lanzamientos como si fuese un equipo de mudanza, pero termina actuando como un batallón de antidisturbios.

De repente, los comercios comenzaron a enviar regalos. Algo de chocolate contra el frío. Unas tortas. Una botellita de mezcal. 

“Por un lado sentía angustia. Pero, por otro, el sentimiento de organización ciudadana y de cuidado me parece que nos rescata de la simple y aplastante categoría de víctima, la cual, además, me cuesta aceptar porque tengo alternativas”, dice Acuña. Es consciente de que su condición de periodista y su acceso a medios le ubica en una posición de privilegio. Es decir, la amenaza de perder su departamento es real, pero ha conseguido difundir su caso. 

¿Qué ocurre en tantos otros casos de hombres y mujeres anónimos y sin acceso a una red con la que protegerse?

Al final, el desahucio no tuvo lugar, explica Acuña. 

Dice que a las 14.00 recibió la llamada de uno de los socios propietarios de lo que sigue siendo su casa, y que le anunció que él mismo había parado el desalojo. 

Dice que su objetivo sigue siendo negociar, que no están cerrados a nada, que tiene que haber una opción para salvar el Trevi, un negocio histórico del que dependen 15 trabajadores. 

Esta puede parecer una historia individual, de unos inquilinos enfrentados con sus antiguos caseros. Pero va mucho más allá. Va de los barrios de la Ciudad de México, de cómo se configuran y en qué pueden convertirse. Va de barrios en los que no te quiten la casa para montar una oficina y que cafés como el Trevi puedan sobrevivir sin que el mercado inmobiliario termine por engullirles.

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#YoSoyAnimal

Por qué está aumentando tanto el precio de los alimentos en todo el mundo (y qué se puede hacer contra su impacto)

Este sábado es el Día Mundial de la Alimentación y coincide con un momento de inseguridad alimentaria "catastrófica y sin precedentes", tal como ha advertido Naciones Unidas.
16 de octubre, 2021
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El Día Mundial de la Alimentación se celebra este sábado en medio de una advertencia de Naciones Unidas sobre el nivel “catastrófico y sin precedentes” de inseguridad alimentaria y el temor a un mayor aumento del precio de la comida a nivel mundial.

“Cerca de medio millón de personas están experimentando condiciones de hambruna en Etiopía, Madagascar, Sudán del Sur y Yemen. En los últimos meses, las poblaciones vulnerables en Burkina Faso y Nigeria también han sido sometidas a estas mismas condiciones”, dijo la ONU en un comunicado.

El organismo llamó a destinar inmediatamente fondos para ayudar a 41 millones de personas en varios países en peligro de una hambruna.

Según la organización benéfica con sede en el Reino Unido The Hunger Project, 690 millones de personas en todo el mundo viven con hambre crónica, 850 millones están en riesgo de pobreza debido a covid-19.

De esos 690 millones, el 60% son mujeres.

Aquí analizamos lo que el alza en el precio de los alimentos significa para todos y qué alternativas se están considerando para ayudar a reducir la pobreza alimentaria.

Pero antes que nada, te explicamos el porqué de ese incremento.

¿Por qué suben los precios?

alimentos

Getty Images
La pandemia ha incrementado el precio de los alimentos.

El gigante internacional de alimentos Kraft Heinz advirtió esta semana que la gente tendrá que “acostumbrarse a precios más altos de los alimentos” como resultado de la inflación “generalizada” posterior a la pandemia.

La doctora Sarika Kulkarni, fundadora y fideicomisaria de Raah Foundation, con sede en Bombay, India, está de acuerdo con la opinión de Miguel Patricio, el jefe de Kraft Heinz, de que los precios de los alimentos se mantendrán altos.

Kulkarni y la Fundación Raah han estado trabajando para lograr una vida mejor, más saludable y más feliz para las comunidades indígenas de la India.

Durante la pandemia, muchos países vieron caer la producción de materias primas, desde cultivos hasta aceites vegetales.

Las medidas para controlar el virus y la enfermedad limitaron la producción y distribución.

A medida que se ha ido recuperando la oferta, muchas economías no han podido ajustarla a la demanda, lo que ha llevado a un alza de los precios.

El aumento de los costos salariales y energéticos se han sumado a la carga a la que se enfrentan los fabricantes.

“Los precios son una correlación directa de la demanda y la oferta”, explica Kulkarni, experta en alivio de la pobreza.

“Mientras que la población aumenta y la demanda de alimentos se incrementa continuamente, la cantidad de hectáreas bajo cultivo está disminuyendo debido a múltiples desafíos y problemas que incluyen la disponibilidad de agua, el deterioro del suelo y su calidad, el cambio climático y el aumento de casos de variaciones climáticas extremas, el desinterés de las nuevas generaciones en la agricultura como ocupación, etc.”.

“Los agricultores enfrentan diversos retos que se reflejan en el precio de los alimentos, que continúa aumentando”, agrega.

“Sexo a cambio de comida”

manos con alimentos

Getty Images

Según el subsecretario general de Asuntos Humanitarios de la ONU, Martin Griffiths, “cuando finalmente se abre la puerta la hambruna, se vuelve viral de una manera en la que otras amenazas quizás no lo hacen”.

Las mujeres y las niñas son particularmente vulnerables como resultado del aumento de la pobreza y el aumento de los precios de los alimentos.

“Las mujeres nos hablan de las medidas desesperadas que deben tomar para encontrar con qué alimentar a sus familias, incluido el intercambio de sexo por comida, el recurrir a matrimonios precoces e infantiles, como escuché hace poco cuando estuve en Siria”, recordó.

Algunos de los que más inseguridad alimentaria sufren a nivel mundial son los pequeños agricultores, dice Karen Hampson, gerente de Desarrollo de Programas en Farm Radio International.

“El aumento actual del precio de los alimentos es un arma de doble filo para ellos”, le apuntó a la BBC.

“Por un lado, las familias campesinas necesitan comprar los alimentos que no pueden cultivar, por lo que sus costos aumentan o su acceso a los alimentos disminuye, lo que genera hambre y desnutrición”, explicó.

Y “por otro, al menos en teoría, el alza del precio de los alimentos debería significar más ingresos por los productos que venden”.

“Sin embargo, en la mayoría de los casos, el aumento de los precios de los alimentos no parece traducirse en más ingresos para los agricultores, especialmente para los de pequeña escala en África”.

Como señala la doctora Kulkarni, la pobreza es directamente proporcional a los precios; a medida que la pobreza aumenta, desafortunadamente los precios también aumentan, destruyendo los pequeños presupuestos que tenían.

“El alza del precio de los alimentos está causando desnutrición, hambre y muchos otros desafíos relacionados con la salud para las comunidades más pobres. Las está atrapando en un círculo vicioso de hambre, mala salud y pobreza”.

Development Initiatives es una organización global que aprovecha el poder de los datos y la evidencia para tratar de acabar con la pobreza, reducir la desigualdad y aumentar la resiliencia, y su director ejecutivo, Harpinder Collacott, está de acuerdo con Kulkarni.

“La pobreza extrema en particular se calcula sobre la base de los ingresos necesarios para satisfacer las necesidades básicas, y la comida es una proporción significativa de eso”, explica.

“Si el costo de esos alimentos aumenta, cada vez más gente no puede satisfacer sus necesidades básicas, lo que significa que es empujada a la pobreza extrema o por debajo de la línea de pobreza extrema”, agrega.

¿Qué se puede hacer?

Para hacer frente al impacto del alza del precio de los alimentos, los habitantes de los países desarrollados pueden optar por evitar los artículos de lujo, pasar menos vacaciones en el extranjero o incluso administrar cuidadosamente su presupuesto.

En los países subdesarrollados, como se mencionó anteriormente, no todos tienen esas alternativas y hay quienes están desesperadas que a menudo se ven obligados a comerciar sexo por comida, tal como ya mencionamos.

La ONU, los organismos regionales y los gobiernos respectivos pueden adoptar enfoques convencionales para sacar a las personas de la pobreza, para enfrentar el desafío del aumento de los precios de los alimentos. Y muchas organizaciones benéficas de todo el mundo se están centrando en métodos innovadores.

“La asistencia alimentaria y de medios de subsistencia debe prestarse en conjunto”, dice el director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, Qu Dongyu.

“Apoyar los sistemas agroalimentarios y brindar asistencia a largo plazo allana el camino hacia la recuperación más allá de la supervivencia y aumenta la resiliencia. No hay tiempo que perder”, dijo.

Maria Mchele y agricultores en Tanzania

Susuma Susuma
Los programas de radio ayudan a educar para sacar mejor provecho de la tierra y los recuersos naturales.

Pero Collacott le dijo a la BBC que la pobreza alimentaria no se resolverá solo con más dinero.

“Necesitamos una reforma radical de los sistemas y estructuras que mantienen a la gente en la pobreza”, señala.

“Necesitamos un esfuerzo global, de todos los gobiernos, instituciones, empresas y ONG, que coloque a las personas más pobres en el centro de su enfoque para cambiar el status quo y cree un sistema global que no deje a las personas atrás”.

Según Kulkarni, lo que se necesita es impulsar la agricultura climáticamente inteligente, aumentar la adaptabilidad al cambio climático como la mejora de la capacidad de recolección y almacenamiento de agua de lluvia, bajar el precio de las semillas y otras materias primas relacionadas con la agricultura, alentar a los agricultores a que reserven lo que necesitan para el autoconsumo y obtengan ingresos vendiendo el resto.

En los últimos siete años, la Fundación Raah les ha garantizado agua a 105 aldeas, por lo que más de 30.000 habitantes han tenido acceso a ella durante todo el año.

“Hemos estado alentando a los jóvenes a que se dediquen a la agricultura como una ocupación de tiempo completo, proporcionándoles los incentivos necesarios y creando corredores agrícolas para garantizar que la agricultura enfocada genere mejores rendimientos y, por lo tanto, ingresos”, dice Kulkarni.

Según Hampson, una de las causas de la pobreza alimentaria es que los hogares rurales de los países en desarrollo no tienen un acceso adecuado a información sobre precios en diferentes mercados, por lo que no pueden negociar muy bien con distribuidores y mayoristas; o sobre prácticas mejoradas o clima localizado.

Farm Radio International, una ONG canadiense, utiliza la radio interactiva para responder a las necesidades de comunicación e información de los pequeños agricultores del África subsahariana.

“Los programas de radio agrícolas pueden cambiar eso ofreciendo consejos sobre cómo obtener mejores precios por sus productos u otra información precisa y oportuna”, le dijo Hampson a la BBC.

“Por ejemplo, en un proyecto reciente sobre servicios climáticos en Tanzania, el 58% de los oyentes calificaron su conocimiento de cómo usar información meteorológica para mejorar su agricultura como ‘mejor’ después de escuchar los programas de radio, y el 73% informó que habían mejorado sus prácticas de deshierbar después de escuchar los programas de radio “, agregó.

¿Ahora que?

mujeres tomando notas

Susuma Susuma

Si bien es posible que personas de todo el mundo, tanto en los países desarrollados como en desarrollo, se pregunten cómo enfrentar el aumento del precio de los alimentos, los activistas expresan su esperanza de que se pueda evitar una crisis, siempre que los líderes del mundo adopten medidas rápidas y mesuradas.

“Personalmente, diría que siempre hay esperanza”, dice Hampson.

Pero solo si “escuchamos a mujeres, hombres y jóvenes agricultores, les dejamos liderar y escuchar sus preocupaciones, los incluimos en los diálogos de políticas y apoyamos sus esfuerzos, ya sea a través de cooperativas, grupos de agricultores y de mujeres o la innovación”.

Agrega que hay que “centrarse en la respuesta al cambio climático y apoyar especialmente a los grupos marginados y responder a sus necesidades: igualdad de acceso a los mercados, acceso al crédito, acceso a la información “.

La doctora Kulkarni expresa una opinión similar: “Tenemos esperanza, ya que todavía hay tiempo para abordar las brechas tal como se conocen e identifican”.

Pero advierte: “Si seguimos ignorándolas, podríamos tener un problema y la esperanza podría desvanecerse”.


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