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Cuartoscuro Archivo

Retrasos y falta de información afectan al programa de pensión para personas con discapacidad

Personas con discapacidad y sus familiares reclaman que aún no reciben el apoyo anunciado por el gobierno de López Obrador, y se preguntan dónde pueden recibir información.
Cuartoscuro Archivo
24 de julio, 2019
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El hijo de Nely Pérez tiene parálisis cerebral, no se vale por sí mismo e incluso ella dejó de trabajar en cuanto él empezó a crecer, para poder atenderlo de tiempo completo. Nunca han recibido apoyos de gobierno por su condición. En noviembre pasado, por primera vez, se acercaron a ofrecerles algo: los “servidores de la nación” los censaron para un nuevo programa social, que sería creado en cuanto asumiera la presidencia Andrés Manuel López Obrador.

El inicio de reparto de dinero se anunció en enero, pero Nely y su hijo José Arturo siguen sin recibir nada.

Los encargados del censo les tomaron sus datos y una fotografía, y aseguraron que con eso ya estaba inscrito al padrón de beneficiarios de la Pensión para Personas con Discapacidad Permanente. Nely ya buscó ese padrón por internet en la página de la Secretaría de Bienestar, responsable del programa, pero no existe, y llamó al teléfono que aparece para pedir informes, donde nadie contestó.

Incluso acudió al módulo de programas federales que se instaló junto al palacio municipal de Matamoros, Tamaulipas, donde ellos viven, para ver si ahí podía recoger la tarjeta, ya que ni eso le ha llegado, y la única respuesta fue que tenía que seguir esperando a que vuelvan a contactarla los servidores de la nación.

Lee más: “Con la pensión le surtí su botiquín”: madres de personas con discapacidad reciben primeros apoyos

La asociación Familias y Retos Extraordinarios AC cuenta con numerosos casos de personas que todavía no están recibiendo pensión. En un grupo de Facebook en el que participan padres y madres, por una que comenta que ya pudo cobrar en julio, llueven los comentarios de quienes todavía no reciben pagos ni tarjetas y se preguntan dónde pueden recibir información.

Aunque el presidente Andrés Manuel López Obrador aseguró el 1 de julio pasado que ya había 610 mil beneficiarios de este nuevo programa, del millón al que se pretende llegar este año, Bienestar no ha informado sobre los avances de esta política social. Animal Político solicitó varias veces a la Secretaría las cifras oficiales, pero no hubo respuesta.

La entrega de pensiones arrancó, según lo anunciado por el presidente, a mediados de enero, pero en el Padrón Único de Beneficiarios de Bienestar, actualizado hasta el primer trimestre del año, ni siquiera viene este programa, y en ese periodo el subejercicio de recursos fue de 72%, de acuerdo con los reportes financieros de la Secretaría de Hacienda.

El dinero asignado para estos subsidios en el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) 2019 fue de 8 mil 500 millones de pesos, pero eso solo alcanza para repartirse seis meses entre el millón de beneficiarios al que supuestamente va a alcanzar el programa este año.

Por estas razones, el presidente de la comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados, Hugo Ruiz Lustre, comentó a Animal Político que ha faltado transparencia.

“Está la percepción de que se están entregando los recursos bajo una encuesta demasiado débil, a través de encuestadores o brigadistas, y a través de los delegados locales. No sabemos exactamente a quién se le está dando, y si lo necesita o no. Y ponte a pensar: es un millón de becas, de mil 275 pesos por mes para un millón de personas, ¿cuánto te da? Mil 275 millones al mes…”, señaló el diputado morenista.

“No puedo estar en casa todo el día”

A Berenice Mendoza y su hijo Leo ni siquiera los habían pasado a censar a medio año. El niño, de 14 años, ya tenía un apoyo del DIF de la Ciudad de México, gracias a un programa social local creado en 2005 por el mismo López Obrador en su último año como jefe de Gobierno, del entonces Distrito Federal, por lo que les dijeron que eran los primeros en incorporarse al nuevo programa.

Pero Berenice fue cada mes desde enero a las oficinas de Bienestar de la ciudad y a la sede central a pedir la tarjeta, y cada vez le contestaron que como el programa era nuevo, todavía no había infraestructura y que iban lentos. Hasta que gracias al representante de la Unidad Habitacional en la que vive, en la alcaldía Álvaro Obregón, pudo contactar a un servidor de la nación, que le dijo que ya habían pasado y el edificio estaba cerrado.

“Yo no puedo estar aquí todo el día porque el niño va a terapias, tenemos que salir, o cualquier cosa, pero me comentaron que si vienen dos veces y no estamos, nos borran de la lista de beneficiarios”, contó Berenice a finales de junio. Hasta julio pudo concretar una visita para que le entregaran la tarjeta.

Leo tiene síndrome de Lennox-Gastaut, una epilepsia que no tiene control y le ha causado multidiscapacidad: intelectual, motriz, sensorial, parálisis cerebral infantil, retraso neuropsicomotor y rasgos autistas. Su madre gasta más de 10 mil pesos al mes en comprarle medicamentos y la alimentación especial que necesita, que junta con lo que le da el papá del niño y lo que gana de hacer ventas por catálogo.

Del DIF recibía 800 pesos mensuales, que ahora se convertirán en 2 mil 550 pesos al bimestre, para al menos aliviarle algunos gastos.

“Nosotras como mamás lo hemos platicado muchas veces, que es muy poco.  Muchas hemos tenido que dejar de trabajar para cuidar a nuestros hijos. Y la cantidad apenas es para pañales. Pero podría ser peor: muchos años ni siquiera voltearon a ver a las personas con discapacidad”, reflexiona.

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Natasha Pizzey-Siegert

Chamulas musulmanes: la historia de cómo el islam llegó a Chiapas (y se quedó)

Unos 300 indígenas chamulas profesan el islam en San Cristóbal Chiapas. A pesar de que esta ciudad en el sureste de México se caracteriza por su diversidad religiosa, los musulmanes son la minoría más inesperada.
Natasha Pizzey-Siegert
12 de julio, 2019
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‘Allahu Akbar’ significa en árabe “Dios es grande” y es una expresión de fe muy común en el mundo musulmán. Pero es demasiado extraño escucharla en San Cristóbal de las Casas, en Chiapas, en el sureste de México, un país con una amplia mayoría católica.

Y todavía aún más extraño si quienes lo pronuncian son indígenas chamulas, algunos ataviados con sus peludos trajes de lana.

Aunque en esa ciudad hay un gran mosaico de iglesias, son sobre todo católicas y evangélicas. El islam suena casi improbable.

Pero ahí está.

Lo practican unos 300 indígenas chamulas que concentran en cuatro comunidades distintas .

Y viven con las tradiciones musulmanas.

Musulmanes chamulas en San Cristóbal de las Casas, Chiapas.
Ana Gabriela Rojas

Unos 300 indígenas chamulas practican el islam en San Cristóbal de las Casas, Chiapas.

En Ramadán, el mes del ayuno para el islam, los adultos no comen ni beben agua desde que sale el sol hasta que se pone.

Algunos, rompen su ayuno con dátiles, como se hace tradicionalmente en los países árabes.

Otros, se adaptan y lo hacen con fresas, plátanos o melón, mucho más fáciles de encontrar en San Cristóbal.

Celebran el Eid al-Fitr, o el final del ayuno, con un festín de cordero a la marroquí o barbacoa al estilo mexicano.

Y dan gracias a Alá en árabe.

En su vida diaria hablan en su lengua, el tzotzil, y a veces en español, pero en cualquier caso salpicado con un Inshallah, la expresión árabe equivalente a “si dios quiere”.

Los chamulas se caracterizan por su apertura religiosa: algunos practican sincretismos con tradiciones prehispánicas, pero también hay católicos y evangelistas de todas las iglesias.

Pero, ¿cómo llegaron a convertirse en musulmanes?

La respuesta data de hace 25 años y tiene que ver con el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), en 1994.

El primer musulmán que llegó a Chiapas.

Cortesía: Gaspar Morquecho

Todos los ojos en San Cristóbal

Los ojos del mundo voltearon a Chiapas, y específicamente a San Cristóbal, para ver cómo miles indígenas se revelaban frente sistema político y económico.

Un arcoíris de representantes de movimientos políticos y sociales querían estar cerca para ver lo que pasaba.

Así sucedió también con el español Aureliano Pérez Yruela, que tiene el nombre musulmán de Nafia, y que estaba en México cuando estalló el movimiento.

Nafia pertenece al Movimiento Mundial Murabitún (MMM), un grupo islámico fundado en Granada, España, por Ian Dallas, Abdalqadir as-Sufi, un escritor escocés y cercano a la banda de los Beatles.

“Fuimos atraídos por ese momento histórico para los indígenas en Chiapas”, dice Esteban López Moreno, Hajj Idriss, que fue el segundo en llegar, después de que Nafia.

Así que se asentaron para hacer el trabajo y hablar de Alá a gente que no había jamás oído hablar del islam”, explica.

Mujer chamula musulmana

Natasha Pizzey-Siegert
Mujer chamula musulmana

Cuenta que al principio tenían que utilizar un intérprete porque muchos indígenas no hablaban castellano.

“Pero comprobamos que la comunicación es a nivel de los corazones, que tienen un lenguaje que no se ve pero que funciona. Entonces supieron que nosotros teníamos algo importante para ellos y eso creo un lazo de confianza. Y empezaron a convertirse en musulmanes“, dice Hajj Idriss, que también es imán.

Cuenta que su mensaje se fue pasando por familias: se hacía musulmán el padre, luego la madre y luego los hijos.

Pero los zapatistas no se convirtieron al islam.

“Nuestra relación desde un principio fue con el mundo chamula porque el primero que se convirtió era uno de sus líderes y fue quien conectó con nosotros”, explica

Carta al subcomandante Marcos

El investigador de islam en Chiapas, Gaspar Morquecho, enseña a BBC Mundo una carta que el MMM envió a los zapatistas.

Carta de los musulmanes a los zapatistas.

Natasha Pizzey-Siegert
La carta está dirigida al subcomandante insurgente Marcos.

Está dirigida al subcomandante insurgente Marcos y asegura que el cambio de sociedad no se puede dar con el cristianismo, ni con el marxismo.

“La lucha por la liberación de los pueblos debe hacerse bajo la bandera del islam transformador, siguiendo el mensaje revelado que nos trajo Mohamed, el último de los profetas, el libertador de la humanidad”, dice.

Los zapatistas no respondieron. Así que seguramente los MMM percibieron una posibilidad de crecer en la comunidad indígena a través de los chamulas, que llevaban una historia de expulsión de su pueblo San Juan Chamula y que se habían ido asentado en San Cristóbal de las Casas desde 1974″, explica Morquecho.

Cuenta que en los 70 en San Juan Chamula había un grupo de caciques que ostentaban todo el poder. Y que se vieron amenazados cuando el obispo Samuel Ruiz promovió programas sociales, que disminuían su hegemonía, por ejemplo una caja de ahorro, una cooperativa de consumo popular o campañas contra el alcohol.

El Imam Ibrahim Chechev habla a otros musulmanes.

Natasha Pizzey-Siegert
El imán Ibrahim Chechev fundó la comunidad Ahmadía en San Cristobal.

Los caciques terminaron por expulsar al programa católico conocido como Misión Chamula y despúes, de manera todavía más violenta y masiva, a otras iglesias cristianas y sus fieles.

“A diferencia de lo que se cree, los chamulas son un grupo muy abierto, son gente emprendedora. Y en este mundo de incertidumbres, buscan certezas. Es un andar de ese pueblo y yo los he visto cambiar de partido político a otro, de una organización social a otra o de una religión a otra”.

Dice que muchos también cambiaron a otras iglesias que prohibían el alcohol porque eso ayuda a aliviar muchos problemas en la familia, como de peleas o económicos.

“Otra razón por la que se unen al islam es porque les dijeron que el último mensaje de dios no es el de la Biblia, sino el del Corán y pensaron que solo con ese último mensaje iban a llegar al paraíso”, explica el investigador que ha seguido a la comunidad chamula desde su expulsión.

Mujeres chamulas musulmanas se abrazan en la celebracion del fin del Ramadan.

Natasha Pizzey-Siegert
Después del mes de ayuno viene un gran festejo.

Pueblo expulsado

La comunidad musulmana fue creciendo entre los indígenas expulsados de San Juan Chamula, asentados en la periferia del noreste de San Cristóbal.

Hasta alrededor del año 2000, que empezaron las rupturas con el MMM, explica Morquecho.

“Porque los chamulas tienen esa tradición de movilidad social y también se separan por problemas internos entre las distintas familias”.

Morquecho coincide con otros entrevistados que los malos tratos de los españoles del MMM a los chamulas también propició que muchos conversos se fueran a otras comunidades musulmanas de nueva formación.

Dicen que no les dejaban hablar con personas que no fueran musulmanas, aunque fueran sus familiares. También los obligaban a hablar solo español para poder entenderlos. Y les decían que no debían comer tortillas porque eran una porquería.

Hajj Idriss, el imán español del MMM en San Cristobal, asegura que estas son “leyendas” y que en los distintos grupos no hay problemas.

Todo parte de nuestra semilla. Fuimos los primeros musulmanes y a partir de ahí empezaron a hacerse más. Con el paso del tiempo ha habido gente que ha querido hacer por su cuenta un pequeño sitio de oración, pero todos parten de aquí”.

Ahora los MMM tienen la mezquita más grande de México, de unos 400 metros cuadrados, que se levanta imponente en la periferia de San Cristobal.

Pero, además de ellos ahora hay tres comunidades musulmanas más. Cada uno con su lugar de oración. Aunque son más bien casas adaptadas, cada grupo llama a su lugar “mezquita”. Y todas están muy cerca la una de la otra.

Dos de ellas son de tradición suní. Una liderada por un sirio, conocido como Mudar, otra la comunidad Al Kauzar.

Ahmadia

La tercera es la comunidad Ahmadía, que para el mundo islámico más tradicional no son considerados musulmanes.

Comunidad Ahmadia en San Cristóbal de las Casas, Chiapas.

Ana Gabriela Rojas
Comunidad Ahmadia en San Cristóbal de las Casas, Chiapas.

Ellos tienen dos creencias que los separan de los demás: que su fundador, el indio Hazrat Mirza Ghulam Ahmad de Qadian, era el mesías prometido y que Jesús murió en Cachemira -y no regresará- a diferencia de lo que creen los musulmanes más tradicionales

El lema de su comunidad es “amor para todos, odio para nadie”, explica a BBC MundoIbrahim Chechev, el imán de la comunidad Ahmadia en Chiapas.

Explica que las tradiciones del islam no chocan con las de los indígenas porque “el islam se adapta a cualquier cultura, a cualquier lengua, a cualquier raza. Lo que importa es el fitra, el estado natural del ser humano, que es siempre generoso. El islam viene a pulir ese ese lado natural y a elevarlo”.

Cuenta que el ayuno es para alabar a dios. Que es un entrenamiento de abstinencia de todos los sentidos.

“Por ejemplo, la boca no come, pero tampoco miente, maldice, dice chismes. Así, cada uno los otros sentidos debe hacerlo y entrenarse para seguir el resto del año. También, ayunar nos ayuda a entender a aquellos que tienen menos y tienen la panza vacía”.

Celebración del fin del Ramadán.

Natasha Pizzey-Siegert
Celebración del fin del Ramadán.

La historia personal de Chechev está muy relacionada con el islam en San Cristóbal de las Casas.

El fue el primero de su familia en convertirse al islam, con apenas 15 años.

A los 19 se casó con Yanna, la hija de Hajj Idriss, el segundo español musulmán que llegó a la ciudad.

Después también pasó por la organización musulmana Al Kauzar y después fundó Ahmadía en San Cristobal por invitación de la organización en Guatemala.

Su abuelo, Miguel Gómez Hernández (Miguel Caxlán), fue uno de los primeros indígenas en convertirse a otra religión: se hizo protestante. Formó parte de los expulsados de San Juan Chamula y fue asesinado en San Cristóbal en 1981.

Su hija, Juana Gómez Hernández, madre de Ibrahim, no olvida ese día: “Ya era la hora en que mi papá llegaba, pero no aparecía. Yo tenía un mal presentimiento que lo sentía en el cuerpo. Me dijeron que ya lo habían agarrado. Y yo supe a que se referían: lo habían matado. Lo perseguían desde que vivíamos en Chamula”.

Mujer chamula musulmana

Ana Gabriela Rojas
Juana, que prefiere el nombre árabe Nura, cuenta que la nahua, o falda de lana peluda, es característica de los chamulas.

Ahora, Juana dice que se siente más a gusto como Nura, su nombre musulmán.

Cuenta después del asesinato de su padre, ella y su esposo se pasaron a la Iglesia Adventista del Séptimo Día.

Después, su hijo Ibrahim, cuando era un adolescente, acercó a toda la familia al islam.

“Le doy gracias a Alá que ahora todos mis hijos son musulmanes”, dice. Asegura que su esposo dejó de tomar alcohol gracias al islam.

“Ahora hasta que me muera voy a ser musulmana”, asevera.


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