Edomex, el más beneficiado del Ramo 23: el fondo señalado por discrecionalidad y abuso
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Edomex, el más beneficiado del Ramo 23: el fondo señalado por discrecionalidad y abuso

Un estudio señala que entre 2013 y 2018, la entidad, entonces gobernada por Eruviel Ávila, recibió el 12% del total dispersado a los estados.
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4 de julio, 2019
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El Estado de México recibió 68 mil 952 millones de pesos del Ramo 23, una partida presupuestal para las entidades que incluye fondos para pavimentación, fortalecimiento financiero, desarrollo municipal, entre otros, pero en estos han ocurrido presuntos actos de soborno conocidos como “moches”.

De acuerdo con el estudio “Ramo General 23, de la discrecionalidad al abuso”, realizado por Ricardo Alvarado de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, esta partida presupuestal cada año gasta más de lo que originalmente le etiqueta el Congreso.

El gobierno federal usa los recursos del ramo 23 para premiar y castigar a estados: México Evalúa

Este es el primer año en que el Congreso aprobó el presupuesto para este ramo propuesto por el Ejecutivo que ascendió a 112 mil 997 millones, lo que significa el mayor monto aprobado en los últimos 5 años, pero es 28 % menor con respecto al gasto ejercido durante 2018.

Sin embargo, en el avance presupuestal del primer trimestre de la Secretaría de Hacienda, el monto fue modificado y aumentó a 114 mil 173 millones de pesos. Las principales modificaciones son: el aumento de casi 15 mil millones de pesos a los fideicomisos de los fondos de estabilización.

Los subsidios entregados a través de esta partida presupuestal han sido señalados como medios para ejercer recursos públicos para fines privados. De hecho en 2013, el diario Reforma publicó que el entonces coordinador del PAN en la Cámara de Diputados, Luis Alberto Villarreal, condicionaba la entrega de recursos federales adicionales para gobiernos municipales al pago de un porcentaje del monto autorizado en el presupuesto o la contratación de empresas recomendadas por él para ejecutar la obra.

Aunque se inició una investigación en la entonces Procuraduría General de la República (PGR), no concluyó en alguna responsabilidad contra alguien por no encontrar elementos constitutivos de delito.

Pese a estos antecedentes, el Ramo general 23 sigue sin medidas de rendición de cuentas y transparentes en su asignación y ejecución. Hasta el momento, ni siquiera existen criterios claros para la distribución a los estados.

En el análisis del ejercicio del Ramo 23 entre 2013 y 2018, el investigador Ricardo Alvarado detectó que el Estado de México, entonces gobernado por Eruviel Ávila, fue la entidad que más recursos recibió mediante este Ramo, pues los 68 mil 952 millones de pesos significan 12 % del total dispersado a los estados.

La Ciudad de México, cuyo jefe de gobierno era Miguel Ángel Mancera, fue la segunda entidad más beneficiada, con 32 mil 37 millones de pesos. Le sigue Puebla, con 30 millones 375 mil pesos, entonces gobernado por Rafael Moreno Valle y Chiapas, cuyo gobernador era Manuel Velasco, fue la cuarta con más recursos. En 19 entidades alcanzaron menos del 3 % de la bolsa repartida y Tlaxcala fue la entidad con menos recursos con apenas un punto porcentual.

Estados gastan sin control: casi 2 mil 500 mdp de fondos federales son mal manejados

La investigación concluyó que el número de habitantes no influyó en la asignación de los recursos por entidad. Al considerar la población de cada estado, Colima es la entidad que más recursos del Ramo 23 obtuvo per cápita: 34,449 pesos y el Estado de México, con 4,260 pesos per cápita se colocó por debajo del promedio nacional de 6,282. Por ello es que “pareciera ser que el número de habitantes por cada entidad federativa no fue un criterio relevante para asignar recursos del Ramo 23”.

Tampoco lo fue el nivel de marginación, toda vez que prácticamente todos los municipios que obtuvieron más de 200 millones de pesos “reportan un índice de marginación menor a 40 de 100 puntos”.

Además, en los últimos 10 años, mientras la Cámara de Diputados ha incrementado en promedio 1.14 % el proyecto de presupuesto de egresos de la federación, las modificaciones hechas al ramo general 23 ha tenido incremento promedio de 37.1 %.

Y el gobierno federal termina entregando todavía más de lo presupuestado a los estados. De 2013 a 2018 el monto gastado en realidad es 74.4 % mayor al aprobado por la Cámara de Diputados.

Peor aún, uno de cada dos pesos en los subsidios entregados a las entidades federativas desde el ramo 23 “fue a través de fondos que no establecen objetivos de gasto, criterios de asignación, reglas de operación, lineamientos, ni mecanismos de rendición de cuentas”.

En la investigación se destaca que debido a que ni el Legislativo ni el Ejecutivo han hecho transparentes los criterios con los cuales asignan recursos a las entidades “existe la posibilidad de que, como lo advierte el Fondo Monetario Internacional, el objetivo sea desviar recursos hacia programas que busquen generar beneficios políticos para los actores involucrados”.

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Por qué el año no termina realmente a la medianoche del 31 diciembre (y no siempre dura lo mismo)

La fecha en la que comienza y termina un año no tiene su base en la ciencia, sino que es un sistema, a la larga, "inventado".
31 de diciembre, 2020
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El momento en que comienza y termina el año es una convención.

Brindis y uvas, bailes, resoluciones y rituales… la medianoche del 31 de diciembre es un momento de festejo, esperanza y recuento para millones de personas en todo el planeta.

Un año “termina” y otro “comienza” y, con él, las aspiraciones de un mejor tiempo y de innumerables propósitos y nuevas metas.

Es el último día del calendario gregoriano, el patrón de 365 días (más uno en bisiesto, como 2020) que ha regido en Occidente desde que se dejó de usar el calendario juliano en 1582.

Su paso celebra el fin de un ciclo que ha marcado las cuentas del tiempo para diversas culturas desde hace milenios: una vuelta completa de la Tierra alrededor de su estrella.

“Lo que entendemos tradicionalmente por año, tanto en astronomía como en muchas culturas, es ese lapso que tarda nuestro planeta en darle la vuelta al Sol”, indica el astrónomo y académico Eduard Larrañaga, del Observatorio Astronómico Nacional de la Universidad Nacional de Colombia.

Sin embargo, según explica el también físico teórico a BBC Mundo, la fecha en la que comienza y termina un año no tiene su base en la ciencia, sino que es una convención, o sea un sistema, a la larga, “inventado”.

“Asumir que el año termina a la medianoche del 31 de diciembre y empieza el 1 de enero es una construcción social, una definición que se hizo en un momento de la historia”, dice.

De acuerdo con Larrañaga, dado que la base para la medición de un año es el tiempo que tarda la Tierra en darle la vuelta al Sol, el conteo de cuándo empieza y termina ese ciclo puede ocurrir, en la práctica, en cualquier momento.

“Desde el punto de vista astronómico, no ocurre nada especial el 31 de diciembre para decir que es ahí donde termina el año ni ocurre nada especial el 1 de enero para decir que ahí es cuando comienza“, señala.

“En realidad, a lo largo de la órbita de la Tierra no hay nada especial ni fuera de lo común que ocurra para marcar el cambio de un año”, agrega.

Pero no termina ahí.

La duración exacta que le damos al año de 365 días (o 366 en los bisiestos) es otra convención social.

“En realidad, hay muchas formas de medir la duración de un año” y si se hace de una u otra forma, la duración no es la misma, indica Larrañaga.

Pero ¿cómo es posible?

La duración del año

Desde que fue introducido por el emperador Julio César en el año 46 a. C., el calendario juliano sirvió para contar el paso de los años y la historia en Europa hasta finales del siglo XVI.

Sin embargo, desde entrada la Edad Media, varios astrónomos se dieron cuenta de que con esa manera de medir el tiempo se producía un error acumulado de aproximadamente 11 minutos y 14 segundos cada año.

Fue entonces cuando en 1582 el papa Gregorio XIII promovió la reforma del calendario que usamos hasta el día de hoy e introdujo los bisiestos para corregir los errores de cálculo del calendario juliano.

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Millones de personas celebran el cambio de año este 31 de diciembre.

Larrañaga explica que, desde el punto de vista de la astronomía, base para la definición de lo que es un año, no existe una única unidad de medida, sino al menos cuatro para contar el tiempo que tarda la Tierra en darle una vuelta al Sol.

  • Año juliano o calendario: “Es una convención y se usa en astronomía como una unidad de medida en la que se considera que la Tierra le da la vuelta al Sol en 365,25 días”.
  • Año sideral: “Es el que tarda la Tierra en dar una vuelta al Sol respecto a un sistema de referencia fijo. En este caso, se toma como referencia el grupo de las estrellas fijas y ese año tiene una duración de 365,25636”.
  • Año trópico medio: “En este se toma en cuenta longitud de la eclíptica del Sol, es decir, la trayectoria del Sol en el cielo con respecto a la Tierra a lo largo del año, principalmente en los equinoccios. Y este dura un poco menos que el año sideral, 365,242189 días”.
  • Año anomalístico: “La Tierra, al igual que los otros planetas, se mueve en elipsis. Esa elipsis hace que el Sol en algunas ocasiones esté más cerca y más lejos de la Tierra. Pero hay un punto donde ambos están lo más cerca posible, el llamado perihelio”. Y el año anomalístico es el tiempo transcurrido entre dos pasos consecutivos de la Tierra por su perihelio. Dura 365,2596 días”.

Si bien Larrañaga señala que todos están sobre el orden de los 365 días, asumir que este es el periodo exacto de la duración de un año se vuelve una simplificación.

Pero además, no tiene en cuenta otro factor.

“Hay otra cuestión, y es que, aunque tenemos esos cálculos, no todos los años duran lo mismo, no tienen la misma duración cada vez“, dice.

El largo de los años

De acuerdo con el experto, si bien los astrónomos han tratado de calcular con precisión a través de los siglos el tiempo que tarda la Tierra en darle una vuelta al Sol, existe un problema básico que les impide obtener un número definitivo.

“Hay que tener en cuenta que la duración de los años nunca es igual debido a que en el Sistema Solar todo cambia. Tomemos el año anomalístico: mientras la Tierra se mueve alrededor del Sol, el perihelio cambia como resultado de la acción gravitatoria de otros planetas, como Júpiter”, dice.

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La influencia gravitatoria de los planetas y el movimiento de la Tierra hacen que la duración del año no sea igual siempre.

El físico teórico señala que algo similar ocurre con el llamado año trópico medio, que mide el intervalo de tiempo entre dos pasos consecutivos del Sol por el punto Aries o equinoccio de primavera, o con el sideral.

“El año trópico medio también cambia, dado que depende del eje de la Tierra, que está torcido. Es como un trompo que va balanceándose. Entonces, la fecha y el momento del equinoccio también es diferente”, dice.

“Y si comparamos cuánto duraba el año sideral en 2020 con cuánto duró en el 1300 seguramente notaremos una diferencia. Siempre estaría en torno a los 365 días, pero no sería la misma duración exacta, porque el movimiento de la Tierra no es siempre el mismo”, agrega.


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