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Huejutla, el poblado donde cortaron el agua a familias evangélicas por no participar en una fiesta católica

Habitantes de Huejutla, Hidalgo, decidieron cortar el suministro de agua a dos familias que se negaron a participar en las fiestas católicas de la comunidad.
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11 de julio, 2019
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El no participar en una festividad católica de su localidad, en el municipio de Huejutla, Hidalgo, fue el motivo para que habitantes de la comunidad decidieran cortar el servicio de agua a dos familias cristianas evangélicas.

El secretario del despacho del ayuntamiento de Huejutla, Eugenio Segura Marroquín, dijo al medio Criterio Hidalgo que los hechos se dieron este miércoles en la comunidad La Mesa Limantitla, que se rige por usos y costumbres, por lo que fueron las autoridades comunales las que determinaron esta medida contra las familias a las que se les suspendió el servicio de agua.

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“El director de asuntos religiosos en la Huasteca, José Antonio Vital, explicó que el problema ocurrió porque a los evangelistas se les pidió que tocaran la campana (de la iglesia del sector), pero no accedieron”, detalló Segura.

Por su parte, el coordinador general de Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobierno de Hidalgo, Iván Huesca, rechazó que la suspensión del agua se trate de un conflicto religioso, pues dijo en entrevista con Criterio Hidalgo que los hechos se dieron “porque no cumplieron con las faenas de los habitantes de La Mesa”, y por “no participar en sus usos y costumbres”.

El funcionario dijo que los dos afectados habían sido comisionados para tocar la campana de la iglesia –de una religión que no profesan-, pero en su opinión “tomaron como pretexto que porque son evangélicos causaron esta situación”.

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De acuerdo con Huesca “los sancionaron por no cumplir con los acuerdos de la comunidad”.

Animal Político se comunicó con las autoridades de Huejutla, municipio al que pertenece la comunidad La Mesa Limantitla, quienes aseguraron que, por acuerdo con las autoridades del poblado, el servicio de agua sería restituido este jueves a las familias afectadas, aunque inicialmente habían establecido que solo se reanudaría el suministro en caso de que los afectados pidieran disculpas.

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Sin embargo, explicaron, esta comunidad se rige por usos y costumbres y cuentan con un servicio de suministro de agua potable independiente al municipio, por lo que no existe certeza de que este haya sido restablecido.

Los conflictos por motivos religiosos han ocurrido en más de una ocasión en La Mesa Limantitla: los afectados denunciaron que desde 2007 han recibido amenazas y han sido excluidos de programas sociales federales por su religión, además de que son obligados a contribuir con dinero para las festividades de la iglesia católica de la comunidad.

Con información de Criterio Hidalgo.

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Llegada del Apolo 11 a la Luna: los 13 minutos en los que toda la misión estuvo a punto de fracasar

Los 13 minutos previos a que el Apolo 11 se posara sobre la Luna hace 50 años, las comunicaciones fallaron, la computadora disparó una alerta con un código extraño y la nave estuvo a 18 segundos de quedarse sin combustible.
20 de julio, 2019
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Se dice que Neil Armstrong es una de las pocas personas del siglo XX que todavía será recordada en el siglo XXX.

Pero antes de que el astronauta estadounidense pisara la Luna y diera “un gran paso para la humanidad” el 20 de julio de 1969, la misión Apolo 11 estuvo a punto de fracasar.

“Un mes antes del despegue del Apolo 11 decidimos que teníamos la confianza suficiente para intentar descender en la superficie”, contó Armstrong en mayo de 2012, tres meses antes de morir.

“Creía que teníamos 90% de posibilidades de volver sanos a la Tierra, pero solo 50% de aterrizar en un primer intento. Había muchas cosas desconocidas en ese descenso de la órbita a la superficie lunar que no se habían demostrado todavía”, recordó entonces.

Pero a medida que Armstrong y Edwin “Buzz” Aldrin comenzaron a recorrer los 15 kilómetros para el descenso a la Luna, las posibilidades de no lograrlo empezaron a crecer.

Los audios del centro de control de la misión de la NASA son una prueba de cómo la tensión atravesaba cada palabra y, sobre todo, cada silencio.

Como dijo Armstrong en otra entrevista, los 13 minutos previos a tocar la superficie lunar fueron un “desenfreno de incógnitas.

Sin miedo

Si bien unas 400.000 personas estuvieron involucradas en el Proyecto Apolo de la NASA, solo un reducido equipo de entre 20 y 30 personas estaban en el centro de control en el momento histórico.

Uno de los datos más sorprendentes de ese selecto equipo es que la edad promedio de los controladores de vuelo era 27 años.

“Si bien puede parecer extraño que una responsabilidad tan grande fuese volcada sobre un grupo de empleados nuevos que aún no habían salido de la universidad, su juventud fue mayormente considerada como un activo importante”, explica Kevin Fong, presentador del podcast “13 minutos a la Luna” de la BBC.

“No es que no entendieran los riesgos”, explicó el director de vuelo de Apolo, Gerry Griffin, a Fong. “Simplemente no tenían miedo“.

Esa audacia y compromiso con la misión terminarían siendo cruciales para el éxito del Apolo 11.

Como dijo ese día Gene Kranz, director de vuelo de la misión, a su equipo en el centro de control en Houston, Texas: “Estaremos aquí hasta que hayamos o bien alunizado, o bien abortado la misión, o la nave se haya estrellado“.

Incomunicados

Mientras la adrenalina crecía en la Tierra, a unos 400.000 kilómetros de distancia, el clima era relajado.

El módulo lunar o “Águila” con Armstrong y Aldrin a bordo ya se había desacoplado del módulo de comando o “Columbia”, piloteado por Michael Collins y que se mantuvo girando alrededor de la Luna.

Durante la preparación para el descenso final, Armstrong incluso bromeó con que había un cierto ruido en sus auriculares que parecía “viento soplando entre los árboles”.

Centro de control del Apolo 11.

NASA
Los audios del centro de control son una prueba de cómo la tensión atravesó cada palabra y cada silencio.

Pero en cuanto Aldrin dio la orden de activar P-63, el programa que controlaría los momentos exactos en los cuales los motores se encenderían y por cuánto tiempo, los problemas empezaron.

Kranz contó sobre ese momento: “Las comunicaciones con la nave espacial son absolutamente horribles: nosotros no nos podemos comunicar con ellos, ellos no se pueden comunicar con nosotros”.

El problema estaba en la llamada antena de alta ganancia, el enlace de radio que permitía al centro de control hablar con Armstrong y Aldrin, así como recibir datos de los sistemas del módulo lunar.

Y sin esa telemetría no podían aterrizar en la Luna.

El equipo de telecomunicaciones entonces decidió cambiar la orientación de Águila para así mejorar la señal de la antena con la Tierra.

Mientras tanto, los controladores debían transmitirle toda la información a Collins, quien a su vez se lo comunicaba a Armstrong y Aldrin.

A pesar del caos y la información fragmentada, los astronautas recibieron la orden de encender el motor y comenzar el estrepitoso descenso hacia la superficie lunar.

Steve Bales en el centro de control de la misión Apolo.

NASA
El guía de vuelo Steve Bales era uno de los jóvenes sentados en el centro de control de la misión Apolo 11 durante el momento histórico.

Demasiado rápido

Los problemas de comunicación se resolvieron, pero para el guía de vuelo, Steve Bales, los contratiempos recién empezaban.

“Estoy viendo mi monitor y estoy en grandes problemas, porque el vehículo está viajando hacia la Luna 20 pies por segundo (6 metros por segundo) más rápido de lo que debería”, contó Bales recordando ese momento.

“Oh, por dios”, pensó, “si crece otros 15 pies por segundo (4,5 m/s) tengo que abortar” la misión.

Es que llegar a los 35 pies por segundo (10,5 m/s) era indicador de que algo muy grave estaba pasando, probablemente con la computadora del módulo lunar.

Además, corrían riesgo de pasarse del área de aterrizaje establecida.

Armstrong también se dio cuenta de que estaban yendo demasiado rápido.

Como explica Fong en el podcast, desde que la superficie lunar apareció en su ventana, el comandante había estado cronometrando “la aparición de puntos de referencia, cráteres y montañas”, y comparando “con una lista de verificación que había preparado antes del lanzamiento”.

Foto de la Tierra y la Luna tomada por los astronautas del Apolo 11.

SSPL/Getty Images
Un retrato de la superficie lunar y, de fondo, la Tierra, tomada hace medio siglo.

Bales finalmente dijo: “Lo vamos a lograr creo“.

La frase no suena muy reconfortante, pero no hubo tiempo para pensar más al respecto porque, en cuanto la velocidad se mantuvo dentro del límite de seguridad, otro problema apareció.

Código 1202

Para aterrizar en la Luna, la tripulación dependía casi por completo de la computadora a bordo.

Lo que entonces era el dispositivo más complejo y sofisticado a bordo de la nave espacial, tenía la capacidad de procesamiento y memoria de una calculadora de bolsillo.

De hecho, la pantalla y teclado de la computadora se asemejaban a una calculadora gigante.

No obstante, “si se consideran las interconexiones, confiabilidad, resistencia y documentación, la computadora de guía Apolo es al menos tan impresionante como la PC en tu escritorio“, escribió el profesor en aeronáutica y astronáutica del MIT David A. Mindell en el libro “Apolo digital”.

“El software Apolo -agregó- es también un intrincado ballet producto del trabajo e ideas de muchas personas”.

El módulo lunar Águila.

Getty Images
Tras el dramático descenso, Armstrong y Aldrin pasaron 21 horas y 36 minutes en la superficie lunar.

En los hechos, esa rudimentaria pantalla solo podía mostrar una serie de números para arrojar información y ayudar a identificar problemas.

Cuando faltaban apenas 5 minutos para el alunizaje, un código apareció en la pantalla: “1202”, o como lo leyó entonces Armstrong, “doce-cero-dos”.

Fong, quien entrevistó a decenas de personas para el podcast, dice que todos coincidieron en que fue la primera y única vez en que el astronauta mostró estar urgido.

“En el control de la misión, nadie entendió lo que estaba sucediendo. ¿Estaba la computadora a punto de fallar? ¿Tendrían que abortar el aterrizaje? ¿Estaban en peligro las vidas de Armstrong y Aldrin?”, narra Fong.

Bales consulta al equipo de apoyo sobre la extraña alarma que no sonó una sino cinco veces durante el descenso del Águila.

Tras unos eternos 15 segundos, finalmente la respuesta llegó: el código 1202 quería decir que la computadora estaba sobrecargada de tareas.

Pero, como no era una computadora cualquiera, tampoco se colgó como lo haría una PC cualquiera.

La máquina había sido programada de tal forma que, en caso de estar sobrecargada, pasaba a priorizar las tareas críticas para la misión, como mantener al módulo volando a la velocidad y en la dirección correctas.

“Esta fue una característica de seguridad brillante diseñada por programadores del MIT”, dice Fong, quien explica que parte del equipo en la Tierra pasó a ocuparse de las tareas que la computadora ya no podía procesar.

“Esta capacidad de compartir una tarea compleja entre personas y máquinas”, afirma, “es emblemática de cómo la NASA operó durante el Proyecto Apolo y una razón clave de su éxito“.

Rocas y combustible

Pero antes de aterrizar, todavía faltarían otros dos grandes problemas. El primero fue el lugar.

La computadora estaba guiando automáticamente al Águila a la zona de alunizaje, cuando Armstrong logró verla por la ventana: “Área bastante rocosa”, dijo.

La nave se estaba dirigiendo al Mar de la Tranquilidad, el punto elegido, pero sobre el cráter oeste, un agujero gigante de unos 30 metros de diámetro con rocas del tamaño de autos.

“No era para nada un buen lugar”, recordó Armstrong en 2012. “Tomé el control manual y lo volé como un helicóptero en dirección oeste”.

Su decisión tuvo una consecuencia inesperada: la nave comenzó a quemar combustible mucho más rápido de lo esperado.

“Saber cuánto combustible quedaba en los tanques del Águila estaba lejos de ser sencillo”, cuenta Fong. “La cantidad de combustible consumido cambiaba segundo a segundo a medida que Armstrong aumentaba y disminuía el empuje del motor”.

Entonces desde control de misión, el controlador de vuelo Bob Carlton informó que restaban “120 segundos” de combustible. Luego, “60 segundos”.

“Y aún no estamos ni cerca de la superficie”, recordó Kranz.

Apolo 11 en la Luna

NASA
El módulo lunar aterrizó en el Mar de Tranquilidad el 20 de julio de 1969 a las 20:17:39 UT.

“Durante todo el tiempo, Aldrin está haciendo su trabajo, que es estar calmado, ser claro, leer los números, ayudar a su comandante a saber que están en buena forma”, dijo Paul Fjeld, historiador del Programa Apolo, a Fong.

“Sé, por haber hablado con él después, que lo que está pensando es: ‘¡Vamos, aterriza! ¡Aterriza! ¡Aterriza!'”, agregó.

Entonces, entre medio de los números que va leyendo, Aldrin afirmó: “Estamos levantando un poco de polvo“.

Armstrong se había quedado ya sin visibilidad por el polvo, cuando desde el control se escuchó un nuevo ultimátum por el combustible: “30 segundos”.

Pasaron otros 12 segundos. “Luz de contacto”, dijo Aldrin, refiriéndose a la luz azul en el tablero que indicaba que estaban a un metro de la superficie lunar y debían apagar el motor.

“Fueron 10 eternidades”, contó luego Carlton. “Estuvimos a 18 segundos de abortar. Tuvimos suerte de lograrlo”.

El módulo lunar aterrizó en el Mar de la Tranquilidad el 20 de julio de 1969 a las 20:17:39 UT.

Armstrong entonces dijo: “Houston, aquí base Tranquilidad: el Águila ha aterrizado“.

El resto es historia.


Esta nota está basada en el programa “13 minutos a la Luna”, conducido por Kevin Fong y producido por Andrew Luck-Baker. Puedes escucharlo (en inglés) en la página del Servicio Mundial de la BBC, en la BBC Sounds o en las principales plataformas de podcasts.


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