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Cuartoscuro

Indígenas presos en Chiapas cumplen 130 días en huelga de hambre; ya están en fase crítica

De acuerdo a Médicos del Mundo, por el tiempo que han pasado sin ingerir alimentos, los cuerpos de los huelguistas están ya en fase crítica.
Cuartoscuro
25 de julio, 2019
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Juan dice que los días se han hecho más largos para él y sus tres compañeros. Ya no pueden ocupar las horas en leer o en dibujar. Si quieren platicar, tienen que hacerlo acostados, porque cada vez que se levantan, aunque solo sea para sentarse, les viene un mareo.
Después de 130 días entre ayuno y huelga de hambre, los cuatro, presos en el CERSS nº5 de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, tienen también dolores de cabeza, calambres en las piernas, vista borrosa, palpitaciones y mucho sueño. “La mayor parte del tiempo nos la pasamos dormitando, estamos muy cansados. Solo nos levantamos para ir al baño y para tomar lo único que ingerimos: agua y miel”, dice Juan.
Montserrat Méndez Álvarez, responsable del Proyecto de Salud Comunitaria de Médicos del Mundo, una asociación independiente que trabaja para hacer efectivo el derecho a la salud para todas las personas, afirma que la vida de los presos está ya en riesgo.
“Están en un momento crítico. Es complicado predecir cómo va a reaccionar el cuerpo de una persona sometido a esta situación extrema, pero en cualquier momento alguno de sus órganos podría colapsar”.
El desequilibrio en los minerales de la sangre, por la falta de alimento, genera alteraciones, por ejemplo, en el corazón, explica Méndez Álvarez. “Los presos ya nos han dicho que tienen palpitaciones y falta de aire, eso son indicios de que en cualquier momento su corazón puede fallar”.
Los cinco presos –Abraham López Montejo, Germán López Montejo, Adrián Gómez Jiménez, Juan de la Cruz Ruiz y Marcelino Ruiz Gómez (preso en el penal número 10 de Comitán)– iniciaron la protesta el 15 de marzo.
Todos denuncian que los detuvieron sin una orden de aprensión y que los hicieron confesar bajo tortura delitos que no cometieron, en una práctica que se conoce como fabricación de culpables y que varios activistas y colectivos han dicho que se hace para llegar a la cuota de detenidos o encubrir a los verdaderos culpables.
Los presos han denunciado que los golpearon, les aplicaron toques eléctricos en las partes íntimas y Tehuacán con chile en la nariz, mientras los sofocaban con una bolsa en la cabeza. Así los hicieron firmar los papeles en los que se auto inculparon y por los que llevan años en prisión. Adrián Gómez, por ejemplo, lleva 14 años encarcelado y aún no le dictan sentencia. Por eso iniciaron la huelga de hambre para pedir la revisión de sus procesos.
Lo que más le preocupa a los Médicos del Mundo, organización que le ha dado seguimiento al estado físico de los huelguistas, es que en caso de una complicación grave, el sistema de salud de Chiapas no esté preparado para responder.
“Estamos en una entidad – alerta Méndez Álvarez– donde el sistema de salud está en quiebra desde hace años. No hay médicos, no hay el equipo y los insumos para atender emergencias. Si por ir con una simple gripa uno se la juega, imagina lo que puede pasar en estos casos”.
La activista y médica denuncia que la atención que han recibido los presos durante la huelga ha sido deficiente. Dice que en el primer ingreso de Adrián al hospital, por una infección en las vías urinarias, lo enviaron de regreso al penal con un sello venoso (una manguera en la vena) para que le aplicaran un antibiótico por vía intravenosa.
“Le pudieron haber recetado un antibiótico por vía oral, una pastilla. No había necesidad de mandarle un intravenoso cada 12 horas cuando por las noches en el penal no hay médico ni enfermera. El antibiótico se lo aplicaba una custodia sin ninguna preparación para hacerlo”.
Después, agrega, cuando Juan ingresó también al hospital por una infección en el estómago, “le pusieron enfrente un sándwich y un yogurt para que comiera. Eso no se debe hacer. Cualquiera con un mínimo de formación médica sabe que quien está en huelga de hambre no puede comer cualquier cosa, eso pone más en riesgo su salud. Hay criterios médicos sobre la re alimentación en estos casos”.
De hecho, Juan de la Cruz cuenta que han intentado tomar la miel sola, y aumentar el número de cucharadas por día para tener un poco más de energía y nutrientes. Pero sus cuerpos no la recibieron bien. “Ya hasta eso nos cuesta ingerir. Yo me la traté de comer así, y me daba dolor de estómago, agruras, y náusea. Así que la tomo disuelta en agua, y con un poco de sal, para evitar vomitar”.
“No hay manera de saber qué va a pasar con sus organismos, cada día es un volado”, dice Méndez Álvarez
Tiempos paralelos
Rubén Moreno, coordinador del área de Incidencia del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas (Frayba), organización que lleva la defensa legal de los casos, dice que por ahora solo se ha logrado que se abran los expedientes por tortura.
“Ellos ya habían denunciado que los habían torturado, incluso consta en los expedientes al menos de Adrián y de Juan, pero no les hicieron caso. Fue hasta ahora con la huelga de hambre que permitieron que ingresara la denuncia en la fiscalía especializada del estado, pero está en trámite”.
Moreno explica que esto debe seguir todo un proceso. “Los presos ya declararon. Pero ahora van a llamar a declarar a sus familiares y a los coacusados. Y hay varias diligencias que se deben desahogar”.
En el caso de Juan y Marcelino, quienes ya tienen sentencia, el abogado explica que están buscando una figura jurídica para ver si el gobernador puede y quiere solicitar su libertad.
“Hay una figura jurídica que se llama sentencia suspendida, y es el gobernador quien acuerda la libertad de los presos, en estos dos casos eso se podría aplicar”, explica  Moreno.
Para los otros tres presos hay otras opciones, como el desistimiento de la acción penal por parte del Ministerio Público. También se podrían aplicar figuras como la libertad anticipada o la remisión parcial de la pena por buena conducta.
“Con voluntad para liberarlos, se podría. Pero mientras la salud de ellos se complica de un día para otro. Las autoridades lo que nos dicen es que no van a aceptar presiones, que se va a cumplir la ley, que los procesos llevan un tiempo y que si hubo tortura, presentemos las pruebas. Hablan de ley y de tiempo cuando una persona no debería pasar más de un año en prisión sin recibir sentencia y los compañeros han pasado años así”.
En su conferencia de este miércoles, el presidente Andrés Manuel López Obrador reconoció que en México hay muchos presos por cuestiones políticas o encarcelados injustamente, y aseguró que el sistema judicial es un elefante blanco que impide su pronta liberación.
Frente a esto aseguró que ya le ha pedido a la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, que prepare una iniciativa de ley que le dé la facultad al presidente de indultar a presos.
Animal Político solicitó una entrevista con el secretario de Gobierno de Chiapas, Ismael Brito Mazariegos, para saber cómo van las gestiones que el gobierno prometió realizar para coadyuvar en la revisión de los procesos penales de los presos, pero hasta el cierre de esta edición no hubo respuesta.
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Reuters

Paro nacional en Colombia: 3 factores inéditos que hicieron del 21 de noviembre un día histórico

La huelga del jueves puede ser recordada como el día demostró que Colombia, para bien o para mal, ya no es el país de antes. Pese a los disturbios y destrozos usuales, el paro nacional mostró facetas inéditas en un país sin tradición de protesta.
Reuters
23 de noviembre, 2019
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En un país sin tradición de protesta como Colombia, el paro nacional del 21 de noviembre de 2019 fue histórico.

La huelga estuvo originalmente convocada por las centrales obreras, pero se convirtió en una protesta en contra de las reformas pensional, laboral y educativa y a favor del acuerdo de paz firmado con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

En suma, la población se movilizó en contra del poder establecido, hoy materializado en el presidente, Iván Duque, un aliado del expresidente Álvaro Uribe que en un intento de ser moderado ha generado rechazo entre la izquierda y la derecha.

A medida que las manifestaciones en Ecuador, Chile y Bolivia aumentaron, dejaron decenas de muertos y generaron cambios políticos importantes, la expectativa ante el paro en Colombia se tomó la agenda nacional durante días.

El gobierno militarizó partes del país, acuarteló el ejército, cerró las fronteras y otorgó facultades extraordinarias a gobiernos locales para “mantener el orden”; se produjeron allanamientos; el partido de gobierno, el derechista Centro Democrático, alertó de la supuesta injerencia de gobiernos chavistas.

Y, como suele pasar en jornadas de protesta en América Latina y el mundo, en el paro hubo —según reportaron medios locales— disturbios, saqueos, daños a la infraestructura pública y abusos de fuerza por parte de las autoridades.

Dicho eso, es probable que la historia recuerde al paro nacional del 21 de noviembre en Colombia como el día en que los colombianos, una población traumatizada por un conflicto armado de 60 años, mostraron su disposición a salir a la calle. Pese a la lluvia. Pese a la represión.

Este paro tuvo una magnitud que ninguna protesta tuvo en 60 años“, le dice a BBC Mundo el reconocido historiador y columnista Jorge Orlando Melo.

“La protesta en Colombia siempre fue localizada, y siempre recibió una respuesta negativa del Estado, que la convertía en peligro”.

“Pero esta salida (al paro) de tanta gente no organizada en todo el país, que buscan una política social más clara y un cumplimento genuino del proceso de paz, puede ser la oportunidad de una alternativa no tradicional sin antecedentes en el país”, concluye Melo.

Tres cosas inéditas demuestran el carácter histórico de la jornada.

Protesta en Colombia

AFP
Cuando parecía que las protestas habían terminado tras la represión policial, miles de colombianos volvieron a salir para reiterar su grito de protestas contra, entre otras cosas, el neoliberalismo.

1. El paro en sí mismo

Colombia no ha tenido la tradición de protesta de países como Chile, Argentina o México por varias razones, pero se destacan la baja tasa de representatividad sindical, de menos del 5%, y la vigencia de un conflicto armado que distorsionó el escenario político clásico de izquierdas y derechas y laceró la viabilidad política de la izquierda democrática, que nunca ha llegado al poder en el país.

El último gran paro nacional se produjo en 1977. Convocado por los sindicatos, el paro fue asumido por profesores, trabajadores y estudiantes y puso contras las cuerdas al gobierno del liberal Alfonso López Michelsen, que enfrenaba una dura crisis económica y una disputa con los militares.

Durante los últimos años, por supuesto, han habido huelgas importantes, como el paro de corteros e indígenas contra el gobierno de Uribe en 2008 y el paro agrario contra Juan Manuel Santos en 2013.

También hubo grandes manifestaciones, como la marcha contras las FARC en 2008 y la que pedía la implementación del acuerdo de paz un día después de que fuera rechazado en un plebiscito en 2016.

Pero al menos desde 1977, y guardando las diferencias de carácter histórico, Colombia no había vivido una jornada de huelga cívica como la del 21 de noviembre.

Prácticamente todos los gremios acataron el paro; en cada rincón del país hubo protestas; la mayoría de quienes no protestaron vivieron una suerte de día feriado; el país estuvo paralizado por un día.

Solo el comercio, por ejemplo, se vio paralizado en un 50%, según la Federación Nacional de Comerciantes (Fenalco), lo que equivale a pérdidas de US$60 millones.

En un país históricamente institucionalista, el shock político, económico y cultural que significó el paro del 21 es inédito.

Protesta en Colombia

EPA
Marchas masivas ha habido antes en Colombia, pero esta es la primera vez que un paro es acatado por prácticamente todos los sectores de la economía.

2. El cacerolazo

Al final de la tarde del jueves, cuando las marchas parecían ya haberse apaciguado tras la dispersión policial, miles de colombianos volvieron a las calles.

De noche, muchos en piyama, con el ambiente festivo y musical que marcó el inicio de la jornada, muchos salieron a la calle a reanudar su grito de protesta.

Y con un detalle que es usual en Venezuela, Argentina o Chile, pero que en Colombia no se había visto —o escuchado— en historia reciente: la cacerola.

Desde la calle o desde sus casas, en Bogotá y en otras ciudades del país, un inédito cacerolazo se tomó al país al cabo del día, justo cuando Duque daba un mensaje televisado de 4 minutos en el que criticó los actos “vandálicos”, apoyó a las fuerzas de seguridad y llamó al “diálogo social”.

El cacerolazo se escuchó en barrios de diferentes sectores socioeconómicos y se espera que se reactive en los próximos días.

Protesta en Colombia

AFP
Aunque en Bogotá se vieron las protestas más grandes, en ciudades como Medellín (foto) protestas se vieron en casi todo el país.

3. Protesta en ciudades uribistas

Si los colombianos, en general, históricamente han preferido gobiernos de centro-derecha o derecha, hay ciudades donde esa afiliación política parecía inamovible.

Y una de esas es Medellín, la segunda ciudad más importante del país, tierra del hoy senador y líder del partido de gobierno, Álvaro Uribe, el político más popular de la historia reciente del país gracias a su política de mano duro contra las guerrillas.

Las imágenes de la masiva marcha del jueves en Medellín terminaron de demostrar que la capital de Antioquia se ha diversificado políticamente.

Hace un mes, en unas elecciones regionales en las que el uribismo fue el gran derrotado a nivel nacional, los paisas eligieron como alcalde a un ingeniero de 39 años que apoya el proceso de paz, no hace parte de las maquinarias políticas y marchó el jueves: Daniel Quintero.

La marcha del jueves dejó claro que Medellín ya no es tierra sagrada del uribismo.

Y no fue la única: ciudades tradicionalmente uribistas como Montería, Neiva y Pereira también vieron sus calles tomaras por el paro nacional.

Otra razón para pensar que Colombia, para bien o para mal, ya no es el mismo país del pasado.


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