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Cuartoscuro

Lime no pagará el permiso anual de Semovi para renta de monopatines, acusa proceso irregular

La empresa pagaría más de 12 millones de pesos, pero asegura que no hubo certeza jurídica para determinar el monto.
Cuartoscuro
19 de julio, 2019
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La empresa de monopatines Lime anunció que no pagará la contraprestación fijada por la Secretaría de Movilidad (Semovi) para brindar servicio en la capital hasta por un año más. 

Las razones: falta de certeza jurídica en el proceso para definir el costo del permiso anual y nula claridad sobre el futuro de la micromovilidad en la CDMX.

Lee: ¿Usas bicis y monopatines de aplicaciones? Autoridades de CDMX dicen que solo recibirán permiso temporal

Con esto los monopatines de Lime estarían solo unos meses más en las calles de la Ciudad de México. 

A través de un comunicado, la empresa líder de monopatines eléctricos en el mundo argumenta que mostró su inconformidad a través de cartas enviadas a las autoridades desde que la Semovi emitió los primeros lineamientos de operación los Sistemas de Transporte individual sustentable (SiTIS) y hasta que dio a conocer el pasado 11 de junio los resultados para obtener un permiso anual.

“La subasta fijada como mecanismo de asignación no está sustentada en legislación alguna, y la distribución de unidades a través de un algoritmo no ha sido probada ni validada por alguna instancia independiente a la administración que llevó el proceso”, plantea la empresa. 

Lee: Gobierno de CDMX le quita permiso a una empresa de scooters por no entregar información

Julia Ortiz, directora de Relaciones de Lime México, también señala que la Semovi ha privilegiado los beneficios económicos por encima de los beneficios de sustentabilidad y movilidad, permitiendo que gane “quien pueda pagar más, y no quien ofrezca el mejor servicio o los mejores patines eléctricos”. 

La empresa dice que algunos de los funcionarios de la Semovi están violando los lineamientos y asumiendo facultades de supervisión y sanción que no les corresponden. Resaltan que en ningún otro país de los más de 20 en los que operan se utilizan mecanismos de esta índole para asignar patines. 

“Por último, no hay certeza de qué sucederá en los siguientes pasos o si la autoridad podrá garantizar el cumplimiento de sus propios lineamientos”, agregan.

El pasado 11 de junio la Semovi fijó el costo de las contraprestaciones para cada una de las empresas bicicletas sin anclaje y monopatines eléctricos que presten servicio en la capital. 

El costo del permiso anual para Lime es de 12 millones 600 mil pesos para las mil 750 unidades que prestan servicio. 

En un comunicado, Semovi definió el proceso para determinar las contraprestaciones como “un ejercicio sin precedente en favor de la transparencia y de gran beneficio para la ciudad”. 

Según Semovi, de seis empresas de monopatines eléctricos (Jump, Movo, Lime, Bird, Grin, Motum) y cinco de bicicletas sin anclaje (Jump, Dezba, Mobike, Movo, Motum), Movo no entregó información alguna, y Motum no presentó la documentación completa requerida dentro del plazo establecido en el aviso.

La Semovi detalló que los representantes legales de Jump, Dezba, Mobike, Lime, Bird y Grin sí entregaron su documentación completa para tener el derecho a pagar la contraprestación. 

La dependencia explicó que los datos de las empresas fueron ingresadas al sistema desarrollado para determinar de manera objetiva y automática el costo de la contraprestación total.

De acuerdo con la Semovi, los recursos obtenidos de las contraprestaciones se utilizarán para financiar infraestructura necesaria para ordenar estos nuevos modos de transporte. 

Según datos de Lime, a principios de 2019 había cerca de 11 mil unidades de distintas empresas desplegados en la ciudad, que atendían más de 20 mil viajes al día, mejorando la movilidad de los capitalinos. 

Lee: Solo tres ciudades en México tienen servicios adecuados de transporte y movilidad

Después de las medidas tomadas por Semovi para la regulación de estas unidades se perdió cerca del 63% de operatividad de todas las empresas que brindan servicio. 

Ana Daniela Portillo, directora general de Lime México, señaló que, tanto en la Ciudad de México ha quedado demostrado “que los patines eléctricos agilizan la movilidad urbana de manera sustentable, eficiente y respetuosa con el medio ambiente y son una solución”.

Una encuesta hecha por la consultora Parametría revela que en mayo pasado, 67% de los residentes en distintas zonas de la CDMX están de acuerdo con la operación de los patines eléctricos; 39% porque son prácticos, rápidos y fáciles de utilizar y 28% porque son una buena opción de movilidad.  

“Es de nuestro pleno interés continuar operando en el país, conminamos a las autoridades a desbloquear la Ciudad de México bajo esta premisa por lo que esperaremos la resolución del proceso judicial en curso”, añadió Portillo.

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#YoSoyAnimal
Foto: Cortesía José Reyes

Las razones por las que muchos latinos no hablan español en EU

Muchos estadounidenses de origen mexicano que crecieron en EU durante la década de 1960 fueron discriminados e incluso castigados por hablar español en las aulas de clase, lo que hizo que muchos abandonaran el idioma para siempre. José Reyes vivió uno de estos traumas pero decidió luchar por ser bilingüe.
Foto: Cortesía José Reyes
4 de noviembre, 2019
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El español ha tenido una fuerte presencia en Estados Unidos desde hace siglos, pero no siempre ha sido bienvenido.

Pese a que el país norteamericano no tiene designado el inglés como idioma oficial, este ha dominado en las escuelas públicas, instituciones y demás ámbitos de la sociedad.

Y aunque el español es el segundo idioma más hablado en el país, en diferentes épocas su uso ha sido marginado y sus hablantes discriminados por su acento y apariencia.

En el caso de José Reyes, incluso llegó a ser castigado en el aula de clases.

Reyes vivió una serie de traumas en torno a su idioma nativo en la década de 1960 y decidió transformarlas en experiencias constructivas que lo llevaron a convertirse en profesor bilingüe.

Esta es su historia.


La foto escolar

Cortesia Jose Reyes
Reyes, el primer niño en la segunda fila de izquierda a derecha, no sabía inglés cuando entró a la escuela primaria.

Nací en Estados Unidos en julio de 1959, en un pequeño pueblo llamado Ysleta, en la frontera con México.

Mi madre es de Jalisco y mi padre de Parral, Chihuahua. Por alguna fortuna se conocieron en Ciudad Juárez en 1956 y mi padre, siendo persistente, la conquistó.

Inmediatamente después de nacer nos mudamos a Juárez de nuevo y viví allí hasta los 3 años. Cuando mi padre perdió a su madre, decidieron volver a Estados Unidos y como en 1962 llegamos de nuevo aquí.

Alquilamos y nos movimos entre casas de parientes hasta finalmente tener nuestra propia casa en El Paso.

El Paso era un lugar amigable, donde la frontera no nos separaba ni nos marcaba.

Creo que el ambiente era más tolerante porque el que hablaba español o venía de México venía a trabajar, a servir. Mi abuela cuidaba una casa y mi padre hacía trabajos en una cocina.

Mi madre se quedaba en casa cuidando de mí y mis otros cinco hermanos.

Mapa de Ysleta, El Paso, Texas

BBC
Reyes se crió en Ysleta, en la ciudad tejana de El Paso.

A los 5 años, alguien le puso a mi mamá en la cabeza que yo ya necesitaba ir a la escuela así que me inscribieron en un programa especial de verano.

Fue una experiencia muy positiva. Mi abuela materna iba por mí, me compraba mi soda y mi helado, íbamos a su casa y luego ya me regresaban a mi casa.

En el otoño del 65, entré en primer grado en la escuela Houston. Me tocó una maestra muy bonita llamada Ms. Love.

Mis padres me decían que tenía que ser obediente y respetarla mucho.

Pero pronto aprendí que el lenguaje no era el mío y no me sentía muy a gusto. Batallaba mucho porque el inglés era un idioma que no conocía.

En esa época, no había tolerancia con el español.

En el aula teníamos grupos de lectura y a los que sabían leer les llamaban los yellowbirds y bluebirds (azulejos).

Los que no sabíamos leer íbamos al grupo de los blackbirds, es decir, los buitres.

Nos dijeron en la escuela que no podíamos hablar español. No Spanish, repetían.

La boleta escolar de José Reyes

Cortesia Jose Reyes
Reyes obtuvo la calificación de “insatisfactorio” en su boleta de notas del primer grado.

Y nos advirtieron que si nos pillaban hablando español, habría consecuencias.

A muchos de los estudiantes incluso les ponían a escribir planas con la frase I will not speak Spanish (“No hablaré español”).

A otros compañeros los castigaban poniéndolos aparte.

Una vez el castigo me tocó a mí después de que hablé español.

Ms. Love me llevó al lavabo, abrió la llave, tomó una toalla de papel y la embarró con un jabón muy áspero que se llamaba Borax.

Empezó a lavarme la boca.

Creo que pensó que, simbólicamente, así borraría el español de mí.

De ahí en adelante me convertí en un estudiante muy silencioso y avergonzado. Tenía unos 6 o 7 años.

La familia Reyes

Cortesia Jose Reyes
Reyes (abajo a la izq) junto a sus hermanos.

Les platicaron a mis padres del incidente y ellos me dijeron que debía acatar.

Me sentí defraudado, fuera de lugar. Lo bueno es que mi abuela y mi tía me invitaban a leer con ellas en español y vivía momentos muy tiernos a su lado.

Durante el segundo año de la escuela, nos tocó una maestra nueva llamada Ms. Justice que nos tenía bien disciplinados.

Nos tenía sentenciados en cuanto al uso del español y exigía que fuésemos eficaces con el inglés.

Mi relación positiva con el inglés vino a través de lo que veía en la televisión. Caricaturas, el programa de Johnny Carson… lo que pudiese consumir.

También aterrizamos en la biblioteca de la escuela con un compañero y entre él y yo empezamos a descubrir la literatura infantil en inglés.

Ya en el cuarto grado, cuando tenía unos 11 años, me tocó una maestra hispana por primera vez, la señora De la Torre.

Ella era inclusiva y nos ayudaba, nos enseñaba en inglés y en español.

El profesor José Reyes

Cortesia Jose Reyes
José Reyes ha sido maestro bilingüe en Texas y Nuevo México durante décadas.

Teníamos un libro de texto llamado “Paco en el Perú” y leyéndolo me fui dando cuenta de cómo mis amigos americanos empezaban a jugar con el idioma.

“Hola, Paco, qué tal are you?”, decían.

Me fascinaba que si ellos podían manipular el español, entonces yo podía hacer lo mismo con el inglés.

El gran dilema de nuestro tiempo es que había un gran anhelo por parte de los padres de que los niños dominaran el inglés.

Mi padre me tenía como su intérprete; muchas veces me ponía a traducirle el correo y eso me daba gran frustración.

Ni de aquí ni de allá

Luego vino el trauma de recibir el apodo de “pocho” que usan para llamar a los que no somos ni de aquí ni de allá, los semilingües, los que mezclan idiomas.

Nuestros familiares en Juárez se burlaban de mi forma de hablar y eso hizo que quisiera dejar de ir.

La experiencia me hizo pensar en mi identidad como algo que siempre estaba en proceso.

Pasaron los años y llegué al high school, donde me tocó un gran maestro de español, un cura que nos pidió que rezáramos el Padre Nuestro.

Ponía a la derecha a los que no sabían español y pensé que me pondría en el lado opuesto.

Graduación de la universidad de José Reyes

Cortesia Jose Reyes
Reyes se graduó como profesor bilingüe en 1981.

Pues no. Al ver que recitaba un Padre Nuestro obsoleto que me enseñó mi abuela, se dio cuenta de que era pocho.

Nos dijo que hablábamos español pero no leíamos ni escribíamos, entonces quería desarrollar nuestro conocimiento de gramática y sintaxis.

De ahí empecé a forjar la idea de convertirme en maestro.

Me enteré que se habían firmado las leyes de derechos civiles y aprendí que como estudiante tenía algunos derechos. Y que en la universidad existía una certificación de maestro bilingüe.

Me gradué de la universidad en 1981 y de ahí empecé a trabajar como maestro de inglés como segundo idioma y luego como maestro bilingüe en Nuevo México.

Después di clases de noche durante 29 años en El Paso. Decidí enseñar de noche por justicia a mi padre, que asistió a escuelas de inglés para adultos y luchó por aprender.

Mi historia no es para causar pena. De hecho, todavía aprecio mucho a Ms. Love y Ms. Justice.

El que se sintió oprimido por un sistema puede reconciliarse con la idea de que mucho de eso se hizo por ignorancia.

En la actualidad, seguimos peleando un idioma sobre otro y no nos preguntamos por qué no podemos tener dos o más o por qué nos limitamos solo a uno.

Como maestro, lucho con algunos padres que vienen a inscribir a sus hijos y ya vienen con una idea preconcebida de que el inglés es mejor que el español.

Pero el español tiene su lugar en Estados Unidos, ¿por qué no celebrarlo?


https://www.facebook.com/BBCnewsMundo/posts/10158129017419665


*Esta nota es parte de la serie “¿Hablas español?”, un viaje de BBC Mundo por Estados Unidos para mostrar el poder de nuestro idioma en la era de Trump.


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