Baja la cifra de penales estatales sobrepoblados y los federales están a la mitad de su capacidad
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Baja la cifra de penales estatales sobrepoblados y los federales están a la mitad de su capacidad

Despresurización de sistema es un avance en términos económicos y de derechos humanos, según expertos. Pero ven riesgo por contrareforma sobre prisión oficiosa.
Cuartoscuro
16 de julio, 2019
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En los últimos cuatro años la sobrepoblación de las cárceles dejó de ser un común denominador en el país. Mientras que en 2014 había 24 estados con más internos que espacios disponibles en sus reclusorios locales, para 2019 la cifra se redujo a 11 estados con este problema. 

Y en los centros penitenciarios federales, el porcentaje de ocupación disminuyó al punto en que hoy más de la mitad de sus espacios disponibles están libres.

Esta reducción coincide con la entrada en vigor del nuevo sistema penal acusatorio que, como se publicó este lunes, eliminó la prisión preventiva automática en la mayoría de los delitos, lo que junto con otros factores contribuyó a que actualmente haya casi 60 mil personas en reclusión menos que hace cuatro años. Es una reducción de la cuarta parte de toda la población penitenciaria.

Lee: Manda AMLO al coordinador de penales a dirigir el Instituto de Migración

Los datos oficiales del Órgano Administrativo Desconcentrado de Prevención y Readaptación Social (OADPRS) obtenidos por Animal Político vía transparencia muestran que, en 2014, en 3 de cada 4 estados existía un problema de sobrepoblación. En algunas entidades como el estado de México, Nayarit e Hidalgo, la población casi triplicaba los espacios disponibles, mientras que en otros como Ciudad de México se acercaba a casi el doble.

Para 2019, sin embargo, solo 11 los estados siguen reportando una población penitenciaria superior a la capacidad de sus reclusorios locales. Se trata de Nayarit, Quintana Roo, Jalisco, Puebla, Guerrero, Tabasco, Morelos, Hidalgo, Chihuahua, Durango y Estado de México.

Entre los estados que registraron un mayor descenso en su población penitenciaria en este periodo se encuentra Colima, Chiapas y Sinaloa, con caídas de 40 a 60% en su número total de internos. En números absolutos la Ciudad de México es la entidad con la mayor reducción en cuanto a cantidad de internos: casi 15 mil menos.

Menos presuntos culpables… excepto en CDMX

En 2014, el 42%de los internos en el país eran personas que continuaban bajo proceso sin que se hubiera probado aun su culpabilidad, mientras que el 58% restante eran internos sentenciados. Para 2019 el porcentaje de internos de forma preventiva se redujo a un 38% respecto al total, mientras que el de reos sentenciados se elevó a 62%.

Leer: Recobrar su vida sin estigmas, la meta de exreclusos después de cumplir sentencia en las cárceles

Esto confirma lo advertido por varios expertos respecto a que la disminución en el total de población penitenciaria obedece, en buena medida, a que se ha dificultado el someter a prisión preventiva a un mayor número de personas bajo el nuevo sistema, lo que ha disminuido el ingreso de presuntos culpables a las cárceles. Si a ello se suma la salida de personas que cumplen su sentencia, la consecuencia es una rápida disminución de la población carcelaria.

Al analizar esto a nivel estatal se confirma el fenómeno, aunque no en todos los casos.

Por ejemplo Colima, la entidad con la mayor caída de su población penitenciaria en este periodo: casi al 61% de todos sus internos. Ahí el número de reos sentenciados disminuyó 30.4%, mientras que la cantidad de presuntos culpables sin sentencia cayó 75.5%. Es decir, se trata de una reducción mucho mayor en el universo de personas en prisión preventiva.

En Chiapas, la segunda entidad con la mayor reducción de su población penitenciaria, la situación es más pareja: tanto el universo de internos sentenciados como el de procesados se reduco casi a la mitad. Pero en Sinaloa, el tercer estado con la mayor disminución, la proporción vuelve a ser como en Colima: los internos en prisión preventiva se redujeron 55%, mientras que los sentenciados 32.1%.

La excepción es la Ciudad de México. Aquí la cifra de reos sentenciados pasó de 33 mil 976 en 2014 a 21 mil 394 en 2019, lo que equivale a una caída de 43.2%. En tanto, la población de internos bajo proceso disminuyó de 5 mil 303 a 4 mil 276, apenas un 18%. 

Si bien hay 11 estados que este 2019 aún continúan con sobrepoblación, en ocho de ellos disminuyó el problema. Uno de los casos más claros es Nayarit donde el porcentaje de hacinamiento pasó de 240% en 2014 a 170% en 2019. 

Solo hay cinco estados del país donde el número de internos se incrementó en los últimos cinco años: Chihuahua, Durando, Estado de México (todos ellos con problemas de sobrepoblación) así como Guanajuato y Zacatecas.

Penales federales, ni a la mitad

A igual que ocurre en los penales estatales, la población en los centros penitenciarios federales ha disminuido de forma considerable. Mientras que en 2014 se reportaban 24 mil 776 internos en dichas cárceles de alta y máxima seguridad, para 2019 la cifra cayó 17 mil 668, lo que equivale a una reducción de casi el 30%.

Y de forma similar a lo que ocurre en los estados, la reducción de población en estos reclusorios federales se ha visto fuertemente impulsada por la salida de internos que son presuntos culpables sin sentencia. Dicho universo se redujo en un 43.2%. En tanto la cifra de internos sentenciados bajó 11.5%. 

Lee: Topo chico, una de las cárceles con más conflictos y motines será ahora un parque

En los últimos años el gobierno invirtió en la ampliación de los espacios en las cárceles federales, incrementándose de 31 mil a más de 38 mil los lugares disponibles en los mismos.

Sin embargo con la disminución de la población en los reclusorios federales, hoy se advierte que están ocupados apenas en un 46%. Es decir, más de la mitad de los espacios en los penales federales están desocupados.

Despresurización, avance en derechos humanos

La doctora en Derecho por la Universidad de Stanford e investigadora de la División de Estudios Jurídicos del CIDE, Catalina Pérez Correa, dijo que la despresurización del sistema penitenciario es un avance en varios rubros. Uno de ellos es el de la presunción de inocencia y el respeto a los derechos humanos, sobretodo en el caso de las personas que sin sentencia eran enviadas a prisión.

“En términos de respeto a los derechos humanos, tener a las personas en las cárceles mexicanas constituye un riesgo, por la falta de servicio de salud, la violencia que ahí se vive, el desgobierno, la falta de trabajo, etc” dijo.

Pero Pérez Correa también advierte ventajas en términos económicos, ya que en buena medida había muchas personas que antes eran enviadas a prisión con una fianza que no podían cubrir, lo que significaba que estaban presas no por un tema de peligrosidad sino de falta de dinero. Ello, a su vez, originaba un costo de manutención para el Estado que era evitable.

“Además del costo económico que implica para el estado tener a estas personas en prisión, que seguramente supera el costo del daño económico que hayan ocasionado, hay que tomar en cuenta el costo social. Ese implica el costo para sus familias que muchas veces es devastador e implica la creación de nuevos factores de riesgo para la delincuencia. Para el sistema en cambio es mejor dirigir los recursos hacia los casos más relevantes y liberar recursos para mejorar las condiciones” señaló Pérez Correa.

Riesgo de retroceso y falta de regulación

En febrero pasado el Congreso de la Unión aprobó, con una mayoría calificada pero no unánime, una reforma al artículo 19 de la Constitución con el cual se incrementó de 6 a 18 el catálogo de delitos que ameritan prisión preventiva automática, incluyendo ilícitos como el robo en diversas modalidades o la portación de armas de grueso calibre.

Para la diputada de Movimiento Ciudadano, Martha Tagle, esta reforma podría provocar que la población penitenciaria comenzará a experimentar, otra vez, un crecimiento como resultado de un mayor ingreso de presuntos culpables a prisión. Situación que se agrava por la falta de regulación secundaria tras la aprobación de esta modificación.

“El pasado 12 de julio se venció en término que la propia reforma constitucional del artículo 19 fijaba para armonizar diversas leyes y particularmente el artículo 117 del Código Penal y regular el tema de la prisión automática. Y no se ha hecho. Si esto se queda así se puede desincentivar la obligación del Ministerio Público de hacer la investigación correspondiente para verificar si las personas en prisión preventiva cometieron o no un delito, lo que violenta la presunción de inocencia” dijo. 

La legisladora criticó que el hecho de que algunos funcionarios, incluyendo al presidente Andrés Manuel López Obrador, presuman el ingreso de mayor personas a prisión preventiva como un avance en seguridad. En este mismo sentido se expresaron diversos especialistas consultados en esta nota, los cuales advirtieron que es peligroso utilizar como indicador deficiencia el mayor encarcelamiento de personas.

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Cómo está siendo el regreso al trabajo en China después del confinamiento y qué cosas han cambiado

Después de meses de restricciones sociales en China para evitar la propagación de covid-19, los ciudadanos están volviendo a sus trabajos, aunque las cosas no son igual que antes.
6 de mayo, 2020
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Personas con máscaras en el metro de Pekín.

Getty Images
Poco a poco la vida está volviendo a la normalidad en Pekín tras la pandemia de coronavirus.

Gran parte de la población mundial permanece socialmente aislada para evitar la propagación de covid-19. Pero después de meses de encierro en China, la gente está volviendo al trabajo.

Este miércoles, además, han reabierto las escuelas en el epicentro de la pandemia, Wuhan, y los alumnos han asistido a clase después de pasar por el control de temperatura y con las mascarillas puestas y guardando el distanciamiento social.

Ante eso, nos preguntamos ¿cómo es la vida ahora en el gigante asiático?

Estudiantes en clase en Wuhan, China, el 6 de mayo de 2020.

Getty Images
Los alumnos han vuelto a clases este miércoles en Wuhan.

Cuando Gao Ting salió de Wuhan, en la provincia china de Hubei, para regresar a su ciudad natal para el Año Nuevo Lunar, estaba entusiasmada por ver a viejos amigos y salir a cenar.

En aquel entonces, recuerda que las mascarillas eran raras entre sus colegas y la gente en general. Ella tampoco la usaba.

Salió de la capital provincial, donde trabaja, tres días antes del 23 de enero, cuando sería sometida a un estricto cierre para frenar la expansión de la enfermedad que luego se llamaría covid-19.

Como consecuencia, Gao, de 34 años, pasaría 68 días atrapada en el apartamento de sus padres en Yichang, una ciudad de cuatro millones de habitantes a unos 300 kilómetros al oeste de Wuhan.

“Quedarnos en casa era la única opción. Todos los días venían personas a tomarnos la temperatura”, cuenta Gao.

“Fue bueno pasar más tiempo con la familia, comer juntos, conversar juntos. Éramos ocho, incluida la familia de mi cuñada y mi cuñado”.

Más de dos meses después, el 29 de marzo, Gao volvió a trabajar. “Había mucha gente en el metro”, dice sobre el primer viaje de regreso. “Todos llevaban mascarillas”.

Aparte de eso, el resto era lo de siempre, ya que la mayoría de las personas estaban absortas en sus teléfonos. Era casi como si nada hubiera cambiado.

Pero el panorama laboral contaba una historia diferente.

Un duro desafío

Gao trabaja en gestión de operaciones para el conglomerado chino Wanda Group en una de las zonas comerciales más populares de Wuhan.

Chǔhé Hànjiē es una calle larga y pavimentada llena de marcas internacionales y locales, pero el negocio es lento.

Hombre en bicicleta en Wuhan

Getty Images
En Wuhan el gobierno logró controlar el brote de virus y los empleados están regresando a trabajar bajo estrictos controles.

Parte del trabajo de Gao consiste en medir la cantidad de clientes que llegan a ese lugar para su empleador, quien invirtió y desarrolló el área.

“Llegaban 60,000 personas, en promedio, diariamente en 2019. Ahora son alrededor de 10,000 personas por día”.

A pesar de eso, Gao está cada vez más ocupada y su trabajo se ha vuelto más arduo, y suele quedarse en la oficina hasta las nueve de la noche.

Los fines de semana trabaja desde casa, para avanzar en lo que le quedó pendiente.

Su papel también implica llamar a las empresas locales para tratar de atraerlas y que así arrienden las unidades vacantes.

“Las marcas no están haciendo buenos negocios. Tratamos de ayudarlas. Muchas empresas no tienen dinero y no pueden pagar el alquiler. Algunas están cerrando”, dice Gao.

Y las que no lo han hecho deben tener cuidado de no contribuir al aumento de las tasas de infección.

Los restaurantes de Wuhan ahora cierran a las siete de la tarde y los clientes no pueden sentarse adentro. Se ve muy poca gente deambulando por las calles después de esa hora.

En el caso de Gao, la empresa se encarga de la entrega de almuerzos y cenas.

Fin de semana más largo

Durante gran parte de febrero, millones de ciudadanos chinos trabajaron desde casa, lo que para muchos fue una experiencia nueva.

Ahora algunos, pero no todos, han regresado a la oficina, aunque una menor actividad económica significa que algunas empresas en dificultades están reduciendo las horas de trabajo y los salarios.

Oficina en Pekín.

Getty Images
Antes de ingresar al trabajo los empleados deben someterse a un control de temperatura.

Otros, como Gao Ting, están trabajando más tiempo que antes mientras intentan poner en marcha otra vez el negocio.

Las autoridades locales de China han propuesto fines de semana de dos días y medio para alentar el gasto del consumidor.

La provincia de Jiangxi, en el este de China, implementó ese plan recientemente. Sin embargo, las nuevas medidas son voluntarias y las empresas pueden elegir cómo implementarlas.

Otras provincias, como Hebei, Gansu y Zhejiang, también han recomendado el fin de semana de 2.5 días para estimular la economía.

El miedo a una segunda ola de infecciones

La presencia de covid-19 todavía está en la mente de todos, mientras los funcionarios de salud se preocupan por una posible segunda ola de infecciones.

Muchos edificios de oficinas y departamentos cuentan con personal de seguridad para que midan la temperatura de quienes van a ingresar.

Amal Liu, de 26 años, trabaja para una importante compañía de seguros estatal china en el sur de Shenzhen.

En su oficina, y en muchas otras, todos deben usar mascarillas y practicar el distanciamiento social.

“En la cantina debemos sentarnos separados”, dice Liu.

Trabajador agrícola.

Getty Images
Después de meses de cuarentena los trabajadores y las familias han comenzado a utilizar los espacios públicos.

Cuenta que algunos trabajadores extranjeros, con quienes se comunica para trabajar, ahora sienten los efectos de sus propios confinamientos prolongados.

“No me gustaba trabajar desde casa, no era tan eficiente como en la oficina”, dice Liu, quien prefiere la regularidad del horario de la oficina.

Para otros, las relaciones con clientes internacionales también se han reducido.

Ariel Zhong, de 25 años, trabaja para una plataforma china líder de transmisión de videojuegos en Hu Ya, Guangzhou, y es responsable del desarrollo de los mercados emergentes.

Zhong estuvo viviendo en México y haciendo viajes regulares entre Asia y América Latina, pero para finales de marzo estaba de regreso en China.

Al llegar a su país, fue puesta en cuarentena en un hotel y luego trabajó desde su casa durante una semana. Desde el 15 de abril, regresó a la oficina, con algunos cambios notables.

Trabajadora en China

Getty Images
Algunas empresas han implementado horarios flexibles de trabajo para que los empleados no vayan a la oficina a la misma hora.

Antes del Año Nuevo Lunar, su horario de trabajo era fijo. “Pero ahora tenemos horarios flexibles de entrada y salida, siempre que trabajemos durante un período de nueve horas, incluido el almuerzo”, dice.

Estas horas escalonadas se deben en parte a que el distanciamiento social en el transporte público causa demoras y también impide que muchas personas entren y salgan del edificio al mismo tiempo.

A pesar de no poder viajar al extranjero, Zhong se siente feliz de estar de vuelta en la oficina, porque dice tener una rutina de trabajo más eficiente, especialmente porque necesita una velocidad de internet estable y rápida.

El problema es que su sueldo ha disminuido significativamente, dado que el 60% de su salario está compuesto por incentivos para viajar al extranjero, algo que no puede hacer en las circunstancias actuales.

Trabajo menos eficiente

Zhang Xiaomeng, profesor de comportamiento organizacional en la Escuela de Negocios para Graduados de Cheung Kong, en Pekín, descubrió que muchos empleados reportaron una reducción de la eficiencia cuando trabajaban desde casa.

En un sondeo llevado a cabo por su equipo, más de la mitad de los 5,835 encuestados informaron de una reducción de la eficiencia al trabajar desde casa.

Trabajador en China

Getty Images
Algunos trabajadores han visto reducidos sus salarios por las limitaciones comerciales que ha impuesto la pandemia.

Casi el 37% no informó un cambio en su eficiencia, mientras que menos del 10% dijo que trabajaba de manera más eficiente desde su hogar.

Krista Pederson, quien trabaja en Pekín para Hogan Assessment Systems, una compañía que realiza evaluaciones de personalidad, dice que China está en una posición ideal para incluir un estilo de trabajo más flexible, con la tecnología y la infraestructura para respaldar esta alternativa.

Pero esta flexibilidad adicional podría tener un costo.

Una mayor presión sobre los empleados

“También hemos visto un aumento en las expectativas sobre la capacidad de respuesta en todo momento, con una mayor presión para que los empleados respondan más rápidamente o estén dispuestos a tener reuniones en horario no laboral”, cuenta Pederson.

Sin embargo, esta tendencia no se ve en todos los sectores.

“Hemos escuchado que algunos de nuestros clientes de empresas estatales están investigando y tratando de volver al entorno laboral tradicional”, dice.

Pederson cree que esto se debe a que “son organizaciones altamente estructuradas que confían en la estructura para hacer las cosas”.

Ella dice que en las evaluaciones de personalidad, los líderes en estas compañías a menudo obtienen puntajes más altos en aspectos como “tradición” y “seguridad”.

“No podemos decir que estamos seguros”

No toda China se vio gravemente afectada por la covid-19, pero hubo efectos colaterales en el país en general.

He Kunfang, de 75 años, es una doctora jubilada que practicaba la medicina tradicional china.

Illustrations drawn by employees on coffee cups at Starbucks on during the Five-day May Day holiday on May 03, 2020 in Wuhan

Getty Images
Las tiendas han comenzado a abrir sus puertas y las autoridades buscan alternativas para incentivar el consumo.

Vive con su esposo en Kunming, en la provincia suroccidental de Yunnan.

“No hemos sido muy afectados por el virus”, dice. “El suministro de alimentos se mantiene estable, pero solíamos nadar tres veces por semana, y ahora no podemos ir a la piscina”.

Su hija de 30 años, quien residía en Pekín, ahora vive con ellos.

“Mi hija es intérprete en conferencias. Trabaja como autónoma y su empleo se ha visto afectado”, cuenta He.

Los viajes al país todavía están muy restringidos, por lo que el negocio de las conferencias internacionales, sin mencionar el turismo, se ha visto muy afectado, un efecto secundario que se está replicando en todo el mundo.

“Tiene que pagar el alquiler en Pekín, así como préstamos, tarifas y seguros”.

Muchos países están mirando a China para tener una idea de cómo sería la vida cuando se levanten las restricciones para quedarse en casa.

Pero todavía hay mucha incertidumbre en China y muchos están ansiosos mientras ven que otros países luchan por contener el virus.

“Todavía estamos en el período de coronavirus”, dice Ariel Zhong, y subraya que el final de esta pandemia global depende en gran medida de un esfuerzo colectivo mundial.

“Mirando a otros países, no podemos decir que estamos a salvo… Si otros países no lo controlan, todos nos veremos afectados”.

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