Denuncian subregistro en CDMX de 18 mil robos a transeúnte, 245 secuestros y 142 homicidios en 2018
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Denuncian subregistro en CDMX de 18 mil robos a transeúnte, 245 secuestros y 142 homicidios en 2018

En proporción se habrían ocultado casi el 90% de los secuestros, el 65% de los robos a transeúnte, más del 50% de las violaciones, y cerca del 11% de los asesinatos
21 de julio, 2019
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El gobierno de la Ciudad de México confirmó oficialmente, tras una revisión de varios meses, un subregistro de miles de denuncias de delitos de alto impacto en 2018 en la capital.

Entre los delitos que no se reportaron se encuentran casi 18 mil robos a transeúnte en vía pública (el 65% de los casos denunciados), 245 secuestros (casi 90% de los casos), más de 670 casos de violaciones (el 53% de los casos), así como 142 homicidios dolosos (el 11% de los casos). Todo ello en un solo año.

De acuerdo con autoridades del gobierno capitalino, la revisión minuciosa de las carpetas de investigación de la Procuraduría de la ciudad, bajo supervisión de la Organización de las Naciones Unidas, arroja que el subregistro es resultado de haber catalogado erróneamente miles de carpetas de investigación como hechos no delictivos o sin tipificación alguna.

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La actual procuradora, Ernestina Godoy, ya había revelado con anterioridad lo que consideró un ocultamiento premeditado de delitos en la gestión del exjefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera, con la supuesta intención de disminuir el registro de incidencia delictiva, algo que este último ha negado.

La actualización de datos de incidencia delictiva del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) permite conocer ahora con precisión los resultados de la revisión y reclasificación de la base de incidencia delictiva de Ciudad de México correspondiente a 2018.

Una de las diferencias más significativas es la de robo a transeúnte en vía pública. El gobierno anterior había reportado un balance total de 9 mil 809 carpetas de investigación por este delito en 2018, pero tras la revisión y reclasificación, el total asciende a 27 mil 783 carpetas por este ilícito, es decir, casi el triple de casos.

Lo anterior equivale a 17 mil 974 casos de robo a transeúnte que no se reportaron o se ocultaron el año pasado, es decir un subregistro del 65 por ciento de los casos. En la modalidad específica de robo a transeúnte con violencia el registro creció de 8 mil 604 a 23 mil 784 casos.

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Otras modalidades de robo en donde se ha confirmado un subregistro son el robo de vehículos con y sin violencia en el cual se habían reportado 11 mil 207 carpetas, pero tras la reclasificación la cifra asciende a 14 mil 45. Los robos a negocio pasaron de 16 mil 703 carpetas reportadas por el gobierno anterior, a 20 mil 162 casos denunciados realmente.

El secuestro es otro de los delitos con el mayor subregistro descubierto. Al cierre del año pasado se habían reportado solo 35 carpetas de investigación por este delito pero tras la revisión hecha por la actual administración la cifra en realidad asciende a 280 casos de secuestro. Es decir, el subregistro en este delito grave sería del 87.5 por ciento. 

En otras palabras, se habrían ocultado prácticamente 9 de cada 10 denuncias por secuestro, según la nueva estadística oficial.

También se confirmó un grave subregistro en las carpetas de investigación  abiertas por el delito de violación. Antes de la revisión se habían reportado 580 casos en 2018, pero tras la reclasificación la cifra asciende a 1 mil 252 casos Lo anterior significa que no se reportaron el 53.6 por ciento de los caos o, dicho de otra forma, no se revelaron más de la mitad.

Incluso en el caso de los homicidios dolosos se ha confirmado que se reportaron oficialmente menos casos. La cifra pasó de 1 mil 225 casos reportados originalmente a 1 mil 367, lo que significa 142 homicidios no revelados. Esto representa un subregistro del 11 por ciento de los casos, o lo que es lo mismo 1 de cada 10 crímenes no reportado.

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Los datos también muestran que tras la reclasificación se detectaron cerca de 6 mil delitos que ni siquiera se habían registrado en 2018. Con ello la incidencia delictiva total el año pasado en la capital creció de 234 mil 677 a 241 mil 30 carpetas de investigación por presuntos hechos delictivos.

Sí hay alza de homicidios en 2019

La revisión al alza de la incidencia delictiva en 2018 atenúa el incremento delictivo que se había venido reportando en Ciudad de México durante la actual administración de Claudia Sheinbaum. No obstante en algunos casos se confirma un crecimiento.

En los homicidios dolosos por ejemplo, la cifra revisada del primer semestre de 2018 fija las carpetas de investigación en 678 casos. No obstante en el mismo lapso de este año la cantidad asciende a 786 carpetas, por lo que el incremento de homicidios en la ciudad en 2019 es de casi 16 por ciento.

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Ocurre lo mismo en las extorsiones donde la cifra revisada para los primeros seis meses del año pasado es de 280 casos, sin embargo en 2019 las denuncias suman 459, lo que significa un incremento del 64 por ciento.

De igual forma la cifra de robos a negocio creció de 9 mil 703 carpetas de investigación en el primer semestre del año pasado a 11 mil 961 en 2019, un alza del 23 por ciento.

Entre los que sí se reportan ahora con disminución tras la reclasificación de delitos en 2018 está los secuestros que bajaron de 135 denuncias en primer semestre de 2018 a 40 en el mismo lapso de este año, o los robos a transeúnte que estarían descendiendo 12 mil 883 carpetas de investigación a 9 mil 961 este año.

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El Halconazo: la masacre que dejó cientos de estudiantes muertos en México y fue investigada como genocidio

Luego de la matanza de estudiantes de 1968, los universitarios de México volvieron a salir a las calles el 10 de junio de 1971. La fecha es recordada como el "halconazo", pues enfrentaron otro tipo de represión encubierta.
10 de junio, 2021
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La masacre del 2 de octubre de 1968 fue un suceso traumático para los estudiantes universitarios en Ciudad de México.

Militares usaron sus armas para terminar con una protesta estudiantil en la plaza de Tlatelolco, la cual dejó cientos de muertos, heridos, desaparecidos y detenidos.

Los universitarios no dejaron morir su movimiento, pero pasaron más de dos años sin organizar una nueva marcha masiva contra el gobierno.

Hasta el 10 de junio de 1971.

En esa fecha, un jueves de Corpus en el calendario católico – que luego daría nombre a lo ocurrido – , vieron la oportunidad de nuevamente salir a las calles y manifestarse a favor de la educación pública y el movimiento estudiantil de la época.

“Testimonios de manifestantes ese día dicen que la emoción era mucha. Era volver a tomar las calles que les habían intentado arrebatar en 1968. Entonces el 10 de junio era volver a tomar las calles y tenía un simbolismo muy importante”, le explica a BBC Mundo el historiador Camilo Vicente Ovalle.

Pero todo terminó en una nueva matanza.

Jóvenes protestan el 10 de junio de 1971 en Ciudad de México

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
Los universitarios se reunieron en Ciudad de México el 10 de junio de 1971.

Un grupo paramilitar, llamado los “halcones” y organizado por el gobierno mexicano, paró la protesta en seco.

A las agresiones con palos les siguió el uso de armas de fuego. Incluso los heridos fueron “rematados” en las salas de emergencias de los hospitales.

Desde entonces se conoció a lo ocurrido como el “halconazo” o la “masacre del “jueves de Corpus”, un hecho que incluso una fiscalía especial calificó décadas después como “genocidio”, pero por el que nadie fue condenado.

El motivo de la protesta

La protesta del “jueves de Corpus” se dio en respaldo a los estudiantes de la Universidad Autónoma de Nuevo León, del norte del país, que se habían ido a huelga por conflictos con el gobierno estatal.

Le sumaron sus propias demandas, como la liberación de presos políticos y la democratización de la educación pública.

Jóvenes protestan el 10 de junio de 1971 en Ciudad de México

INEHRM
La marcha exigía la liberación de presos políticos de 1968, entre otras demandas.

“Hay un golpe brutal a las movilizaciones sociales y populares en 1968, pero los estudiantes se continuaron organizando”, señala Ovalle, autor de Tiempo suspendido, un libro que documenta – incluso con archivos clasificados – lo ocurrido entorno a episodios como el de 1971.

Los universitarios en la ciudad de Monterrey pidieron la solidaridad del resto del país, así que los alumnos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y del Instituto Politécnico Nacional (IPN), las dos instituciones superiores más importantes del país, respondieron al llamado.

En ese contexto, alumnos de la UNAM y del IPN convocaron la marcha del 10 de junio.

Jóvenes protestan el 10 de junio de 1971 en Ciudad de México

INEHRM
La manifestación estudiantil no estaba autorizada por el gobierno. Pero los jóvenes dijeron que había garantías de que sería pacífica.

Pese a que la huelga de la UANL ya se había suspendido antes de esa fecha, y las demandas se habían atendido, los estudiantes de Ciudad de México decidieron mantener la cita para protestar.

El inicio del ataque

A las 4 de la tarde, la protesta dio inicio con unos 10 mil estudiantes concentrados en el Casco de Santo Tomás, uno de los campus del IPN.

Planeaban caminar hacia el Zócalo, la plaza más importante de Ciudad de México.

“Era una marcha no autorizada. Entonces los estudiantes se encuentran calles bloqueadas por granaderos y policías que impiden que avance la marcha o que tomen otras calles”, explica Ovalle.

Jóvenes protestan el 10 de junio de 1971 en Ciudad de México

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
La policía y el ejército no buscaba disuadir activamente la protesta, pero sí bloquearon calles.

Resueltos a avanzar pacíficamente, habían caminado un kilómetro cuando se encontraron con el grupo de los “halcones” – reportes dicen que eran al menos 400 o 500 – en el cruce de dos avenidas.

Esta vez no eran uniformados de la policía del Departamento del Distrito Federal (DDF), ni del ejército, los que intentaban “romper” la protesta, como en 1968. El ataque vino de jóvenes vestidos de civil que cargaron contra el contingente estudiantil.

“Los halcones estaban esperando en el punto definido para el ataque. Sí había algunos infiltrados en la marcha, pero el grueso del grupo paramilitar entra por esa parte de la avenida y se lanza en contra de la manifestación”, explica Ovalle.

Miembros del grupo los "Halcones"

INEHRM
Los miembros de los “halcones” fueron armados con apoyo de la policía y el ejército, según se supo después.

Víctor Guerra, uno de los líderes estudiantiles de la época, relata que él estaba integrándose a la marcha cuando empezó todo.

“Vi que la policía se bajaba para apoyar a los halcones. Vi cómo les proporcionaban varas de bambú. Minutos después de eso empezaron los disparos“, explicó Guerra a la agencia estatal mexicana Notimex.

“Fue una ratonera”

Como luego reconocería el coronel Manuel Díaz Escobar, entonces funcionario del DDF, los “halcones” fueron financiados y capacitados por el gobierno. El militar también había estado al frente del batallón “Olimpia” que atacó a los estudiantes de la masacre de 1968.

Estudiantes protestando en México el 10 de junio de 1971

CUEC-UNAM

El grupo portaba varas de bambú porque fueron entrenados en artes marciales y usaban los palos como arma kendo. La película “Roma”, de Alfonso Cuarón, así lo retrata.

Pero su actuación fue combatida por los estudiantes aquel 10 de junio.

“Son repelidos por los manifestantes. Y al ver la resistencia, se repliegan. Entran en su lugar halcones que ya llevan fusiles M-1 y otras armas de fuego que comienzan a disparar contra la manifestación”, explica Ovalle en base en la documentación que obtuvo.

Miembros del grupo los "Halcones"

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
Los “halcones” utilizaron armas de fuego incluso en hospitales.

Por su parte, Guerra cuenta algo similar: “Vi a un sujeto, en una foto muy famosa, que está disparando afuera de la Escuela Nacional de Maestros, hincado, disparando hacia adentro”, relata.

También asegura que desde lo alto de un edificio contiguo pudo ver disparos “hacia la multitud”.

Fue un ataque indiscriminado, que tuvo toda la intención de dispersar a los manifestantes y, nuevamente, mostrar el poder del Estado, pues la policía y el ejército respaldaron las acciones.

“Fue una ratonera (…) Como la táctica de yunque y martillo: hay una fuerza que empuja al enemigo contra una fuerza superior que los aplasta“, explica el historiador.

El “remate” en hospitales

La manifestación se dispersó al transcurrir los siguientes minutos.

Muchos estudiantes intentaron esconderse en las escuelas, negocios y viviendas de la zona. Pero ni los heridos, que habían llegado a clínicas como el Hospital Rubén Leñero estuvieron a salvo.

Miembros del grupo los "Halcones"

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
Algunos recuentos indican que ese día murieron hasta un centenar de jóvenes, pero la documentación muestra que fue una treintena.

“Hay periodistas, pacientes, médicos y enfermeras que fueron testigos de cómo grupos de halcones entraron al hospital y agredieron a estudiantes con armas de fuego”, explica Ovalle.

La acción se calificó como el “remate” de los heridos, documentado en numerosas notas y crónicas en los medios que, pese al control informativo del gobierno en aquella época, salieron a la luz ya que los periodistas fueron también atacados.

“La prensa estaba muy enojada con el gobierno federal. Estaban tan molestos que Luis Echeverría tuvo que reunirse con ellos a los dos días del ataque para ofrecer disculpas”, señala Ovalle.

Estudiantes protestando en México el 10 de junio de 1971

CUEC-UNAM
Las autoridades de ese entonces culparon de lo ocurrido a los propios universitarios. Luego se sabría que no fue así.

Nunca se ha podido determinar cuántas víctimas hubo. Pero se calculan unos 30 muertos, cientos de heridos de distinta gravedad y decenas de detenidos.

Un “genocidio” descalificado

El líder estudiantil Félix Hernández dice que si bien la “represión” de 1968 “no se justifica y no se entiende”, la del 10 de junio “se entiende menos”.

“El gobierno decidió no utilizar a la tropa uniformada. Entonces utilizó a los halcones, un grupo paramilitar que, sin embargo, estaba formado por exmilitares o militares en activo”, señaló Hernández a Notimex.

Miembros del grupo los "Halcones"

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
Los periodistas también fueron atacados por los “halcones”, lo que dio pie a la publicación de notas y crónicas muy negativas para el gobierno.

En una primera reacción, la Procuraduría General de la República (PGR) indicó que, en base en una investigación, había determinado que un grupo de estudiantes estaba armado.

“Muchos de los integrantes portaban palos, varillas y otras armas”, dijo la PGR al diario El Universal. Otro grupo cargó “contra los manifestantes y fue cuando se provocó una riña colectiva en la que se dispararon armas de diverso calibre”.

Las autoridades constataron la “existencia de francotiradores que hacían sus disparos en contra de los manifestantes y de la policía”.

Pero con el paso de los días, reconocieron que los “halcones” era un grupo que había sido entrenado por el gobierno.

Luis Echeverría

Getty Images
Luis Echeverría gobernó México entre 1970 y 1976.

El alcalde Alfonso Martínez y su jefe de policía, Rogelio Flores, renunciaron a sus cargos. El presidente Luis Echeverría ordenó una investigación.

Cincuenta años después, nadie ha sido juzgado ni encarcelado por lo ocurrido.

En la década de 2000, el gobierno de México creó una fiscalía especial para investigar sucesos como el de 1971. Se intentó que el expresidente Echeverría fuera procesado por “genocidio”.

La Suprema Corte determinó que ese delito no había prescrito para Echeverría y su secretario de Gobernación (Interior), Mario Moya Palencia, por lo que podían ser juzgados.

Pero la magistrada del caso, Herlinda Velasco, consideró que no se acreditaba el delito de “genocidio”, sino de “homicidio simple”, que sí había prescrito luego de transcurridos más de 30 años de lo ocurrido.

Miembros del grupo los "Halcones"

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
Nadie fue encarcelado ni juzgado por la matanza de 1971.

Para Ovalle, la matanza del “Halconazo” se explica dando un paso atrás y mirando qué ocurría en aquellos momentos en México.

“El 71 no fue una repetición del 68”, sostiene. “Fue parte de la estrategia contrainsurgente” para combatir a grupos sociales, en momentos en que el comunismo se consideraba un peligro geopolítico en el occidente liderado por Estados Unidos.

“No fueron eventos excepcionales, medidas exageradas de fuerza. Era parte de la estrategia contrainsurgente que el gobierno tenía desplegadas”, señala el historiador.

“Hoy a simple vista parece un error, volver a cometer una masacre, pero no. En esos años había una estrategia en la que los sucesos de 1968 y 1971 cobran sentido”.


Fotografías del acervo del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) y de la Coordinación de Memoria Histórica y Cultural de México.

El INEHRM y la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Secretaria de Gobernación editaron una antología con documentos de agencias de inteligencia, cables diplomáticos y notas de prensa de México y Estados Unidos sobre el “halconazo. El libro estará en línea para su consulta y descarga gratuita en su web.


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