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Cuartoscuro

Comités de bioética impiden acceso al aborto a niñas que fueron violadas en México

Dos personas que han estado en comités de bioética contaron que fue una experiencia ríspida en la que médicos pasaron por alto la Norma 046, que obliga al Estado a permitir abortar a niñas que fueron violadas.
Cuartoscuro
27 de agosto, 2019
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Un “comité de bioética” sesionó en Xalapa, Veracruz, y decidió el destino de una niña de 13 años que había sido violada y necesitaba abortar de manera segura. Los profesionales que deliberaron tenían la Ley General de Víctimas y la Norma 046 en la mano, donde se establece que esa menor se merecía por ley la atención que les pidió. Pero ellos decidieron que los Servicios de Salud de ese estado no la podían atender, porque el Código Penal de Veracruz les daba la opción de negarse.

Prefirieron adherirse al Código Penal de Veracruz en el cual se especifica que, después de 14 semanas de embarazo, un doctor no puede estar obligado a practicar una interupción segura.

En la Ciudad de México, donde no existe un código penal como el de Veracruz, el doctor gineco-obstetra Alfonso Gerardo Carrera Riva Palacio, que sí atiende ese tipo de casos, dijo que según su experiencia los comités de ética “son una barrera” para niñas y adolescentes que llegan desde los estados en condiciones precarias, para recibir una atención segura.

“Ningún código penal en ningún momento dice que estos casos deben de pasar por un comité de bioética, esa es una dilación para la atención de las niñas”, señaló el doctor en entrevista con Animal Político, y explicó también que casos como el de Veracruz se dan porque tampoco están prohibidos los comités.

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Carrera Riva Palacio contó que uno de cada cuatro casos que recibe se trata de alguna persona proveniente de algún estado. “Nosotros atendemos muchísimas pacientes, son muchas, es un problema de salud pública”, contó el doctor.

Dos personas que han estado en comités de bioética, en donde se decidió el futuro de dos menores que fueron violadas, contaron que fue una experiencia ríspida donde doctoras y doctores pasaron por alto el contenido de la Norma 046, donde se obliga al Estado a dar la atención que niñas violentadas piden, sin necesidad de la intervención del Ministerio Público.

El de Veracruz fue el caso de una niña de 13 años que solicitó la Interrupción Legal del Embarazo (ILE) a través de una denuncia por violación, que interpuso en la Fiscalía General de Justicia de ese estado, a pesar de que según la Norma 046 no estaba obligada.

La organización Equifonía asumió la defensa legal de la niña y la abogada Adriana Fuentes participó en un “comité de bioética” en el Centro de Alta Especialidad de Veracruz (CAEV), en donde se discutió si se debía o no practicar la ILE en ese hospital. La decisión fue no realizar el procedimiento pero sí facilitar que la niña pudiera hacerlo en otro lado.

“En lugar de hacer la canalización por la causal del riesgo de muerte, lo que hicieron fue sesionar. Expresaron que no la podían atender, pero que atendiendo el principio de salud era conveniente que la familia la lleve a revaloración donde sí se permitiera, ósea en la Ciudad de México”.

Lee más: Víctimas de violación tienen derecho al aborto en todo el país: Suprema Corte

Existe un documento que da constancia de esa sesión. Es una contestación a la Fiscalía donde se explica por qué no se practicó la Interrupción Segura del Embarazo a la niña:

“Se informa a esta autoridad que derivado de la sesión médica del día de hoy, en la que constituidos en colegio médico, con la participación de especialistas de este nosocomio, así como de expertos en la Nom-046-SSA2-2005 de la jurisdicción sanitaria, personal de Trabajo Social y Unidad de Género; previo estudio del caso y escuchadas las opiniones técnicas y en apego a la normatividad aplicable al caso, específicamente en lo tocante a que la paciente cursa 15 semanas de embarazo, con fundamento en las fracciones II y III del artículo 154 del Código Penal para el Estado de Veracruz, NO A LUGAR A LA PRÁCTICA DE LA I.L.E. a la paciente de identidad resguardada”.

Después el documento también comunicó que “por respeto al derecho a la salud de la paciente” mantendría consultas abiertas si es que la niña las requiriera, y “adicionalmente se hace refregamiento a quien corresponda para que a través de otra institución de la salud pueda ser re valorada la paciente”. Es decir, la enviaron a otra parte. A cualquier parte donde ella pudiera ir.

El director de Salud Pública de la Secretaría de Salud de Veracruz, Salvador Beristain, dijo a Animal Político que esa institución aún tiene “el reto” de tener la capacidad de “respetar todos los derechos”, aunque a veces ello “crea resistencias que deben desaparecer”. Según el servidor público, hay actualmente “un proceso de tránsito hacia la equidad y cuesta trabajo y hay resistencia”.

Mientras tanto, la Fiscalía de Veracruz y la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México (PGJ-CDMX) se coordinaron para no perder la cadena de custodia, y Equifonía gestionó la atención médica a la niña con médicos gineco-obstetras en una clínica especializada de la Ciudad de México que determinaron el riesgo de muerte, contó la directora de esa organización, Araceli González.

Entérate: Negar aborto a una mujer cuando su salud está en riesgo viola sus derechos: Corte

“El proceso de la atención en la Norma 046 indica que es una emergencia que se debe atender como tal. No se requieren testigos o comités de ética que deberían estar para garantizar que se cumplan los derechos en la atención de las mujeres, que no exista violencia obstétrica, que solo exista la atención a la que ellas tienen derecho, derecho a la vida, a ser lo que ellas quieren ser”, dijo Carrera Riva Palacio .

El caso de Veracruz es un ejemplo de lo que pasa en todo el país. Otra persona que presenció un comité de ética habló con Animal Político bajo condición de anonimato. Fue similar al de Veracruz, pues trataron el caso de una niña de 12 años que fue violada. Ella describió cómo fue la sesión:

“Llegamos, nos sentamos, nos presentaron a todos los doctores, el de anestesia, cirugía, los de diferentes áreas médicas. Te dan galletas y café. Uno explicó la importancia de la Norma 046, después alguien se preguntó que como médicos cómo iban a comprobar que fue violada. Yo les dije que ellos no son Ministerio Público. Alguien preguntó que cómo se podía saber si la relación no fue consensuada, yo le dije que eso no le incumbe. Después esa persona dijo que podría ser objetora de conciencia. Fueron dos horas arduas de estar en estire y afloje”.

Al final de la sesión se determinó no dar la atención a la niña. Dos enfermeras que estuvieron presentes se le acercaron y le dijeron que deberían haberla atendido. La niña fue llevada a una clínica privada y la fuente que habló con Animal Político nunca volvió a ser invitada a la sesión de un comité de bioética.

Desde su experiencia como activista, los comités de bioética tienen una fuerte presencia de objetores de consciencia, y eso ha dado como consecuencia que se tomen decisiones que están por encima de una ley federal, que es la Ley General de Víctimas.

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“No puedo creer que un comité interno de cualquier institución pueda estar por encima de una ley federal”, dijo la fuente.

Animal Político buscó a la Secretaría de Salud Federal para tener su versión sobre la función de los comités de bioética en los casos de niñas y mujeres violadas que necesitan interrumpir su embarazo, pero no obtuvo respuesta.

El doctor Carrera Riva Palacio, que asume la atención de mujeres que no consiguen atención en el Sistema de Salud Pública, cree que “la objeción de conciencia no puede estar por encima del peligro de muerte de una mujer. Los médicos que objetan, que se dediquen a otra cosa, no deberían estar trabajando en el área reproductiva para poder ayudar a la calidad de las mujeres y a salvar su vida”.

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Stonewall, la histórica noche en que los gays se rebelaron y cambiaron millones de vidas

Una calurosa noche de verano en Nueva York hace 50 años, una redada policial en un bar de ambiente transformó la vida de millones de estadounidenses.
29 de junio, 2019
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Medio siglo atrás en Nueva York, cuando seis policías hicieron una redada en un bar de ambiente gay regentado por la mafia durante una calurosa noche de verano, nadie sospechaba que la chispa que sus acciones encenderían iba a transformar la vida de generaciones futuras.

Aquella noche, Mark no lanzó un ladrillo ni se enfrentó a un policía. Pero sí llevaba consigo algo que podía resultar tan potente como cualquier otro proyectil: una tiza.

Se la dio su amigo Marty mientras se desataba el caos fuera del bar Stonewall Inn, donde la policía era bombardeada con monedas y botellas.

El adolescente salió a la calle para garabatear tres palabras sobre el pavimento. Luego lo volvió a hacer en una pared de la misma calle.

Tres palabras: Tomorrow night Stonewall (“Mañana por la noche en Stonewall”).

Ese mensaje simple escrito por Mark era un intento de Marty Robinson de difundir su mensaje, de asegurarse de que un acto espontáneo de resistencia se iba a transformar en algo más grande.

Una hora antes, la policía había hecho una redada en ese bar del barrio neoyorquino de Greenwich Village, era la segunda vez aquella semana, pero ahora se trataba de un viernes por la noche a la 1am, cuando estaba lleno de gente.

Alrededor de 200 clientes -lesbianas, hombres gays, personas transgénero, adolescentes fugados y drag queens- fueron expulsados a la calle. Una multitud se volvió contra los agentes que se refugiaron dentro por seguridad. Los homosexuales estaban acostumbrados a huir de la policía, pero esta vez eran ellos los que estaban a la ofensiva y los policías de retirada.

El movimiento por los derechos de los homosexuales no comenzó aquella noche, pero se revitalizó con lo que sucedió en las horas y días después del lanzamiento de la primera moneda.

Y todos los pasos dados desde entonces, como el matrimonio igualitario y una sociedad más receptiva, le deben algo a los jóvenes que se enfrentaron a la policía y a los activistas que se organizaron después.

Stonewall ha sido comparado con la acción de Rosa Parks. La negativa de Parks a ceder su asiento en un autobús en Alabama a un hombre blanco tuvo el efecto de dar vida al movimiento por los derechos civiles 14 años antes. Del mismo modo, Stonewall impulsó la lucha por la igualdad de la comunidad gay.

En los Estados Unidos de 1960, gays y lesbianas eran prácticamente forajidos, vivían en secreto y con miedo. Eran etiquetados de locos por los médicos, de inmorales por los líderes religiosos, de incontratables por el gobierno, de depredadores por los noticieros y de criminales por la policía.

Así que, ¿qué fue lo que de repente los empujó a la lucha en la noche del 27 al 28 de junio de 1969?

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BBC

Una furia con años de gestación

En el momento de la sublevación, las relaciones sexuales consentidas entre hombres o entre mujeres eran ilegales en todos los estados de EE.UU., excepto Illinois.

Las personas homosexuales no podían trabajar para el gobierno federal o el ejército, y si salían del armario les negaban la licencia para ejercer muchas profesiones, como el derecho o la medicina.

Las leyes en el estado de Nueva York fueron particularmente punitivas pese -o quizás, en parte, en respuesta a- a que un número creciente de hombres y mujeres homosexuales de todo el país se estaba mudando a la ciudad de Nueva York.

Miles de personas eran arrestadas cada año en esa ciudad por “crímenes contra la naturaleza”, prostitución o comportamiento lascivo.

Algunos acababan con sus nombres publicados en los periódicos, lo que les significaba perder el trabajo.

Había mucha ira porque la comunidad gay no tenía poder político para evitar esto, dice William Eskridge, un profesor de la Escuela de Derecho de Yale. “Era como un polvorín esperando a ser prendido”.

Los jóvenes gays no querían escribir cartas a sus regidores para que promulgaran o firmaran peticiones, explica.

En vez de eso, siguieron el ejemplo del movimiento contra la guerra, del black power (poder negro) y de aquellos que luchaban por la liberación de las mujeres. Su estrategia era simple: “Ve a las calles y crea problemas. Ataca, ataca, ataca”.

El Stonewall Inn una semana después del levantamiento y en 2009

Getty Images
El Stonewall Inn una semana después del levantamiento y en 2009.

No había refugio para ellos en bares ni discotecas. Las leyes locales de bebidas alcohólicas en la ciudad de Nueva York se interpretaron de una manera tal que servir alcohol a gays y lesbianas podía acarrear el cierre de cualquier local con licencia, ya que lo convertía en un lugar “de desorden público”. Bailar con alguien del mismo sexo podía interpretarse como una ofensa “lasciva”.

A inicios de los años 60 comenzó una represión en los bares gay de la ciudad.

La mafia empezó a gestionar muchos de ellos, pero a pesar de esto, los clientes de Stonewall Inn lo consideraban un santuario, un lugar raro para expresarse y mostrarse afecto. Excepcionalmente, tenía una pista de baile.

A medida que las redadas se hicieron más frecuentes durante el verano de 1969, con una elección de alcalde próxima, el Stonewall Inn se convirtió en un objetivo obvio.

Era regentado por criminales y vendía alcohol sin licencia. También había rumores de que la mafia estaba chantajeando a sus clientes ricos. Pero la policía no tenía ni idea de en qué se estaba metiendo: la sensación de injusticia podía palparse, no solo por las redadas recientes, sino también por varios ataques llevados a cabo por justicieros.

Aquella noche, la más calurosa del verano, todo lo que necesitaba ese polvorín era una chispa.

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BBC

“Estábamos contraatacando”

Alrededor de seis agentes, incluidos los que dirigían la división de moral pública de la policía de Nueva York, cruzaron Christopher Street y entraron en el bar, donde ya había colegas encubiertos.

Las luces se encendieron, la música se detuvo y la policía ordenó a las personas que mostraran sus documentos de identidad a medida que iban saliendo.

Los clientes expulsados ​​salieron a la calle. Al principio, el ambiente era festivo, dice Robert Bryan, que tenía 23 años entonces. Llegó al lugar poco después de la redada. “Había risas y bromas. La gente salía del bar haciendo poses y reverencias”.

Cuenta que el ambiente cambió cuando una drag queen fue atacada por uno de los agentes después de que esta le pegara con el bolso. La gente le empezó a tirar monedas a la policía. La situación empeoró cuando una lesbiana salió del bar y forcejeó con los agentes, que intentaban meterla en un auto.

Fue ahí cuando “los misiles” dejaron de ser céntimos y se convirtieron en piedras y botellas.

Marsha P Johnson en 1970

Photo by Diana Davies, The New York Public Library
La activista Marsha P. Johnson es vista como una heroína de Stonewall por enfrentarse a la policía esa noche.

Cuando la policía se refugió dentro del bar, comenzó a agarrar y golpear gente, dice Bryan, quien lanzó una patada a un agente antes de huir mientras otro lo perseguía en vano. Cuando regresó, la policía estaba atrapada dentro del inmueble y, como más tarde revelaron ellos mismos, temiendo por sus vidas. Apenas eran un puñado mientras que, afuera, los manifestantes ya sumaban cientos.

Hubo disturbios.

“Era simplemente un momento emotivo, enloquecido por la adrenalina, completamente irracional”, explica Bryan.

Había un espíritu de multitud, cuenta, y se sentía como un estado de ensueño, de actuación sin restricciones. “Dios sabe que nunca hubiera pateado a un policía de haber estado yo solo. Por fin estábamos contraatacando y fue emocionante”.

La policía antidisturbios llegó para rescatar a sus compañeros, pero la violencia continuó. Al menos un agente fue atendido en el hospital por una herida en la cabeza y 13 manifestantes fueron arrestados.

Celebrations outside Stonewall

Getty Images
People gathered to celebrate outside the bar in the days afterwards

Esa batalla había terminado, pero algunos de los presentes sabían que nada volvería a ser lo mismo.

La noche siguiente, la multitud fue más numerosa, tal vez en parte gracias a la tiza de Mark Robinson, pero también al reparto de folletos durante el día. Fue también más violenta y la policía adoptó un enfoque más potente y usó gas lacrimógeno.

Los basureros fueron incendiados y arrojados contra los agentes. Las protestas continuaron otras cuatro noches, la del miércoles fue particularmente violenta.

Pero la pregunta que había en muchas mentes cuando terminó el levantamiento era: a continuación, ¿qué?

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BBC

Primeros pasos hacia la libertad

Cuando Martha Shelley, de 25 años, se subió a una fuente de agua en un parque cerca de Stonewall exactamente un mes después de los disturbios, temió por su vida. Pero tenía un mensaje importante que decirle a los pocos cientos de personas que estaban allí: salgan de las sombras y “caminen bajo el sol”.

“Fue aterrador”, recuerda ahora, a sus 75 años. “Estaba en Harlem cuando dispararon a MLK (Martin Luther King) y eso ardió en llamas. Yo era consciente de que podía recibir un disparo”.

A instancias de ella y después de un agitado discurso de Marty Robinson, todos habían marchado a Stonewall Inn, algunos con bandas de color lavanda, tomados de la mano y cantando “Gay Power!” (“¡Poder Gay!”). Una vez allí, Shelley le dijo a la multitud que se dispersara ya que temía que se diera más violencia.

Esa fue la primera vez que los gays marcharon abiertamente en Nueva York, exigiendo igualdad. En Filadelfia, desde hacía unos años había un piquete anual frente al Independece Hall (Salón de la Independencia) liderado por la Mattachine Society, la primera organización importante de defensa de los derechos de los homosexuales. Pero eso era algo cortés, según Shelley.

“Yo fui a Filadelfia. Las mujeres tenían que usar vestidos. Lo odié con todo mi corazón. Caminamos con nuestros letreros y los turistas nos miraban como si nos hubiéramos escapado de un zoológico mientras comían sus helados. Pensé: ‘Esta no soy yo, es una farsa'”.

Piquete gay en Filadelfia

Photo by Kay Tobin, ©The New York Public Library
En Filadelfia, se celebraba un piquete gay cada 4 de julio. Esta foto es parte de una exhibición sobre Stonewall en la biblioteca pública de Nueva York.

Antes de Stonewall, los activistas querían encajar en la sociedad y no agitar el barco. Pero después del levantamiento, las peticiones educadas de cambio se convirtieron en exigencias indignadas.

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BBC

Organizándose

Este nuevo estado de ánimo se plasmó mejor en lo que se convirtió en la fuerza motriz más importante que emergió de Stonewall: el Frente de Liberación Gay (GLF por sus siglas en inglés). Se formó en cuestión de semanas y fue tanto una alianza flexible de grupos como una sola entidad.

El nombre era un guiño al Frente de Liberación Nacional que luchaba contra Estados Unidos en Vietnam. Cuando lo sugirieron en una reunión, Shelley se entusiasmó tanto que se hizo daño en la mano con su botella de cerveza y acabó sangrando. “Los disturbios no habrían hecho nada si no nos hubiéramos organizado después”, dice.

El GLF solo duró unos cuantos años, pero brilló durante ese tiempo, con una gama de problemas contra los cuales luchar.

“Era primordial tener control sobre tu propio cuerpo”, recuerda Shelley.

El GLF hizo alianzas con algunos de los principales grupos insurgentes de la época, como los Black Panthers. Sus miembros organizaron la primera marcha del Orgullo Gay y crearon un periódico llamado Come Out! que Shelley vendió en la calle.

Las reuniones del GLF fueron caóticas y hubo grandes desacuerdos sobre cuál era la mejor forma de avanzar. Pero su creación marcó el inicio de una nueva era que generó una ola de nuevos grupos como la Alianza de Activistas Gays (GAA, por sus siglas en inglés) y el grupo radical de lesbianas Lavender Menace (Amenaza Lavanda), del que Shelley fue fundadora.

Un año más tarde hubo un GLF en Londres y el movimiento se volvió global.

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BBC

El primer desfile del Orgullo Gay

Hoy en día, existen miles de eventos del Orgullo Gay en todo el mundo. Pero sus inicios fueron humildes: la idea de una marcha más radical para exigir derechos surgió durante una cena de tres amigos poco después de Stonewall, dice Ellen Broidy.

El Día de la Liberación en Christopher Street, exactamente un año después de Stonewall, comenzó en Greenwich Village y recorrió 51 cuadras por la Sexta Avenida hasta Central Park. Según se reportó entonces, participaron entre 3.000 y 15.000 personas.

Lo más emocionante fue la cantidad de gente que se unió a lo largo de la ruta, asegura Broidy. “El mensaje central fue ‘Estamos aquí. Somos raros, acostúmbrense’. Pero sentí que era más que eso, se trataba de llegar y desempeñar nuestro papel en la revolución”.

“No creo que ninguno de nosotros estuviera marchando por el derecho de unirse al ejército o de casarnos”. Según ella, se buscaba más la anulación de los sistemas de opresión que un cambio legal.

Marcha

Photo by Diana Davies, The New York Public Library
El desfile anual no recibió el nombre de Orgullo Gay hasta muchos años después.

Algunas mujeres estaban tan seguras de que habría violencia, que tomaron clases de autodefensa. Pero no la hubo. Otras ciudades de Estados Unidos pronto se unieron y, dos años más tarde, Londres tuvo su primer evento del Orgullo Gay.

“Era natural y necesario”, dice Broidy. “Si no hubiera sucedido primero en Nueva York en 1970, habría ocurrido en Londres o en Madrid o en la Ciudad de México”.

Hoy, el mensaje político todavía está ahí pero el Orgullo Gay se trata más de una celebración de la cultura gay con música y patrocinadores empresariales.

Broidy cree que algo se ha perdido en el camino.

“Creo que sería mucho más poderoso sin los flotadores y sin Citibank ni American Airlines. Sí, es un signo de progreso, pero en un mercado inequívocamente capitalista”.

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BBC

Pasos adelante

Después de esa primera marcha del Orgullo Gay, el progreso se aceleró.

En la década siguiente, se eliminaron las prohibiciones federales que afectaban a gays y lesbianas y la profesión médica revirtió su creencia de que los homosexuales necesitaban tratamiento psiquiátrico.

En 1977, Harvey Milk se convirtió en San Francisco en uno de los primeros cargos públicos electos abiertamente homosexuales en Estados Unidos. Dos años más tarde, unas 100.000 personas participaron en una marcha nacional en Washington. Probablemente, en ese momento, esta fue la congregación más grande de homosexuales en la historia.

Muchas de las leyes contra la sodomía fueron eliminadas en la década de los 80, lo que hizo que la homosexualidad fuera efectivamente legal, aunque pasaron décadas para que, en 2015, el matrimonio gay se convirtiera en un derecho reconocido a nivel federal.

El progreso legal fue acompañado por un cambio en las actitudes: en la actualidad, tres de cada cuatro estadounidenses aceptan las relaciones homosexuales.

Gráfico

BBC

En 2019 y en Estados Unidos, aún quedan batallas por pelear: los gays pueden ser despedidos de sus empleos en muchos estados. Los activistas dicen que el gobierno de Donald Trump está haciendo que el país retroceda al retirar algunas de las libertades por las que tanto se luchó.

Pero la aparición del primer precandidato presidencial abiertamente gay (el demócrata Pete Buttigieg) sugiere que, en general, no se ha perdido el norte. Tal vez el mayor signo de progreso sea que los aspectos de Buttigieg que más curiosidad causan son su inusual apellido y su capacidad de hablar noruego, y no su sexualidad.

Ninguno de quienes pelearon esa noche contra la policía o marcharon en las calles podría haber predicho los avances que se lograron a partir de entonces. Por lo tanto, vale la pena reflexionar sobre todo lo que salió de esa redada policial en un bar de la mafia, dice David Carter, autor de”Stonewall: Los disturbios que desataron la Revolución Gay”, un libro considerado el relato definitivo de lo que sucedió.

“Es muy inesperado y muy inusual en la historia de la humanidad que algo que es un acto totalmente espontáneo haya cambiado para bien el curso de la historia de la humanidad”.

Marcha gay en Washington

Getty Images
La Marcha Nacional gay en Washington fue multitudinaria.

Este no fue el primer enfrentamiento de homosexuales contra la policía. Como recordó recientemente el periódico Los Angeles Times, la policía había sido bombardeada con rosquillas 10 años antes. Pero sí fue el más importante.

“Pasó de ser de tamaño microscópico a ser un movimiento masivo, ese es el significado histórico de Stonewall”, dice Carter. Pero también tiene un significado más profundo, opina. “Momentos como este adquieren un significado inspirador, así que, en términos de historia estadounidense, se compara con cuando MLK pronunció su discurso ‘Tengo un sueño’ en el Lincoln Memorial. O cuando los marinos levantaron la bandera sobre Iwo Jima”.

Pero, a diferencia de las otras historias famosas, la de Stonewall no se enseña en muchos colegios. Sin embargo, se la recuerda de otras maneras: en películas, libros e incluso en el patrimonio. En 2016, el área alrededor de Stonewall fue designada monumento nacional y a primeros de junio, el Departamento de Policía de Nueva York se disculpó por la redada.

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BBC

Lo que hizo Mark después

Entonces, ¿qué pasó con Mark Segal, el adolescente a quien su amigo Marty le entregó la tiza?

Cuando se hizo la redada en Stonewall Inn, solo llevaba seis semanas en Nueva York y se alojaba en el albergue YMCA por US$6 la noche. La resistencia no era nada nuevo para él, su primer acto de rebelión fue cuando siendo un niño judío se negó a cantar Onward Christian Soldiers (“Adelante Soldados Cristianos”) en su escuela en Filadelfia.

Afuera de Stonewall esa noche, pensó: “Estamos luchando por nuestros derechos, al igual que las mujeres, los afroestadounidenses y otros lo hicieron a lo largo de la historia”.

Esa noche, la policía era un símbolo, dice. “Era la sinagoga, la familia a la que no le podía contar la razón por la que tuve que abandonar la ciudad que me encantaba y mudarme a Nueva York. Representaba la religión, los medios de comunicación, el gobierno. Todas las personas que nos empujaron”.

Pero Stonewall no fue solo una pelea, fue un espíritu y le dio un propósito a Segal, según admite: juró dedicar el resto de su vida a una nueva vocación.

Esto lo llevó primero al GLF, donde ayudó a dirigir su avance entre los jóvenes. También asumió otra misión: conseguir que los gays fueran lo más visibles posible para el público estadounidense. Lo hizo a través de una estrategia de desorden público. O, como se les conocía, “zaps”.

Segal con un letrero

Mark Segal
Segal irrumpió en un evento de recaudación de fondos para Nixon en 1972.

En 1973, irrumpió en el noticiero de horario estelar del canal CBSpresentado por la leyenda de la televisión Walter Cronkite, donde fue visto por 60 millones de personas sosteniendo un cartel que decía: “Los gays protestan contra los prejuicios de CBS”.

Luego creó un periódico gay en Filadelfia. Su trabajo en el campo de la igualdad le valió una audiencia con el presidente Barack Obama.

Antes de que le dieran ese pedazo de tiza hace 50 años, cuando era un adolescente sin un céntimo encima, nunca podría haber imaginado el camino que seguiría.

“Nunca hubiera dicho que algún día estaría bailando con mi esposo en la Casa Blanca. Así que lo que le diría a alguien que es joven y esté pensando en salir del armario sería ‘Sueña en grande’“.

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