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Cuartoscuro

Comités de bioética impiden acceso al aborto a niñas que fueron violadas en México

Dos personas que han estado en comités de bioética contaron que fue una experiencia ríspida en la que médicos pasaron por alto la Norma 046, que obliga al Estado a permitir abortar a niñas que fueron violadas.
Cuartoscuro
27 de agosto, 2019
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Un “comité de bioética” sesionó en Xalapa, Veracruz, y decidió el destino de una niña de 13 años que había sido violada y necesitaba abortar de manera segura. Los profesionales que deliberaron tenían la Ley General de Víctimas y la Norma 046 en la mano, donde se establece que esa menor se merecía por ley la atención que les pidió. Pero ellos decidieron que los Servicios de Salud de ese estado no la podían atender, porque el Código Penal de Veracruz les daba la opción de negarse.

Prefirieron adherirse al Código Penal de Veracruz en el cual se especifica que, después de 14 semanas de embarazo, un doctor no puede estar obligado a practicar una interupción segura.

En la Ciudad de México, donde no existe un código penal como el de Veracruz, el doctor gineco-obstetra Alfonso Gerardo Carrera Riva Palacio, que sí atiende ese tipo de casos, dijo que según su experiencia los comités de ética “son una barrera” para niñas y adolescentes que llegan desde los estados en condiciones precarias, para recibir una atención segura.

“Ningún código penal en ningún momento dice que estos casos deben de pasar por un comité de bioética, esa es una dilación para la atención de las niñas”, señaló el doctor en entrevista con Animal Político, y explicó también que casos como el de Veracruz se dan porque tampoco están prohibidos los comités.

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Carrera Riva Palacio contó que uno de cada cuatro casos que recibe se trata de alguna persona proveniente de algún estado. “Nosotros atendemos muchísimas pacientes, son muchas, es un problema de salud pública”, contó el doctor.

Dos personas que han estado en comités de bioética, en donde se decidió el futuro de dos menores que fueron violadas, contaron que fue una experiencia ríspida donde doctoras y doctores pasaron por alto el contenido de la Norma 046, donde se obliga al Estado a dar la atención que niñas violentadas piden, sin necesidad de la intervención del Ministerio Público.

El de Veracruz fue el caso de una niña de 13 años que solicitó la Interrupción Legal del Embarazo (ILE) a través de una denuncia por violación, que interpuso en la Fiscalía General de Justicia de ese estado, a pesar de que según la Norma 046 no estaba obligada.

La organización Equifonía asumió la defensa legal de la niña y la abogada Adriana Fuentes participó en un “comité de bioética” en el Centro de Alta Especialidad de Veracruz (CAEV), en donde se discutió si se debía o no practicar la ILE en ese hospital. La decisión fue no realizar el procedimiento pero sí facilitar que la niña pudiera hacerlo en otro lado.

“En lugar de hacer la canalización por la causal del riesgo de muerte, lo que hicieron fue sesionar. Expresaron que no la podían atender, pero que atendiendo el principio de salud era conveniente que la familia la lleve a revaloración donde sí se permitiera, ósea en la Ciudad de México”.

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Existe un documento que da constancia de esa sesión. Es una contestación a la Fiscalía donde se explica por qué no se practicó la Interrupción Segura del Embarazo a la niña:

“Se informa a esta autoridad que derivado de la sesión médica del día de hoy, en la que constituidos en colegio médico, con la participación de especialistas de este nosocomio, así como de expertos en la Nom-046-SSA2-2005 de la jurisdicción sanitaria, personal de Trabajo Social y Unidad de Género; previo estudio del caso y escuchadas las opiniones técnicas y en apego a la normatividad aplicable al caso, específicamente en lo tocante a que la paciente cursa 15 semanas de embarazo, con fundamento en las fracciones II y III del artículo 154 del Código Penal para el Estado de Veracruz, NO A LUGAR A LA PRÁCTICA DE LA I.L.E. a la paciente de identidad resguardada”.

Después el documento también comunicó que “por respeto al derecho a la salud de la paciente” mantendría consultas abiertas si es que la niña las requiriera, y “adicionalmente se hace refregamiento a quien corresponda para que a través de otra institución de la salud pueda ser re valorada la paciente”. Es decir, la enviaron a otra parte. A cualquier parte donde ella pudiera ir.

El director de Salud Pública de la Secretaría de Salud de Veracruz, Salvador Beristain, dijo a Animal Político que esa institución aún tiene “el reto” de tener la capacidad de “respetar todos los derechos”, aunque a veces ello “crea resistencias que deben desaparecer”. Según el servidor público, hay actualmente “un proceso de tránsito hacia la equidad y cuesta trabajo y hay resistencia”.

Mientras tanto, la Fiscalía de Veracruz y la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México (PGJ-CDMX) se coordinaron para no perder la cadena de custodia, y Equifonía gestionó la atención médica a la niña con médicos gineco-obstetras en una clínica especializada de la Ciudad de México que determinaron el riesgo de muerte, contó la directora de esa organización, Araceli González.

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“El proceso de la atención en la Norma 046 indica que es una emergencia que se debe atender como tal. No se requieren testigos o comités de ética que deberían estar para garantizar que se cumplan los derechos en la atención de las mujeres, que no exista violencia obstétrica, que solo exista la atención a la que ellas tienen derecho, derecho a la vida, a ser lo que ellas quieren ser”, dijo Carrera Riva Palacio .

El caso de Veracruz es un ejemplo de lo que pasa en todo el país. Otra persona que presenció un comité de ética habló con Animal Político bajo condición de anonimato. Fue similar al de Veracruz, pues trataron el caso de una niña de 12 años que fue violada. Ella describió cómo fue la sesión:

“Llegamos, nos sentamos, nos presentaron a todos los doctores, el de anestesia, cirugía, los de diferentes áreas médicas. Te dan galletas y café. Uno explicó la importancia de la Norma 046, después alguien se preguntó que como médicos cómo iban a comprobar que fue violada. Yo les dije que ellos no son Ministerio Público. Alguien preguntó que cómo se podía saber si la relación no fue consensuada, yo le dije que eso no le incumbe. Después esa persona dijo que podría ser objetora de conciencia. Fueron dos horas arduas de estar en estire y afloje”.

Al final de la sesión se determinó no dar la atención a la niña. Dos enfermeras que estuvieron presentes se le acercaron y le dijeron que deberían haberla atendido. La niña fue llevada a una clínica privada y la fuente que habló con Animal Político nunca volvió a ser invitada a la sesión de un comité de bioética.

Desde su experiencia como activista, los comités de bioética tienen una fuerte presencia de objetores de consciencia, y eso ha dado como consecuencia que se tomen decisiones que están por encima de una ley federal, que es la Ley General de Víctimas.

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“No puedo creer que un comité interno de cualquier institución pueda estar por encima de una ley federal”, dijo la fuente.

Animal Político buscó a la Secretaría de Salud Federal para tener su versión sobre la función de los comités de bioética en los casos de niñas y mujeres violadas que necesitan interrumpir su embarazo, pero no obtuvo respuesta.

El doctor Carrera Riva Palacio, que asume la atención de mujeres que no consiguen atención en el Sistema de Salud Pública, cree que “la objeción de conciencia no puede estar por encima del peligro de muerte de una mujer. Los médicos que objetan, que se dediquen a otra cosa, no deberían estar trabajando en el área reproductiva para poder ayudar a la calidad de las mujeres y a salvar su vida”.

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"Me llamaban la mujer del diablo": El caso de la joven que no pudo emitir sonidos durante 12 años

A los 13 años, Marie McCreadie perdió la capacidad de emitir sonidos. Durante más de una década, fue condenada al ostracismo, le dijeron que estaba maldita y la metieron en una unidad psiquiátrica. Pero un día descubrió la sorprendente causa de su condición.
13 de octubre, 2019
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Marie McCreadie

Cortesía de Marie McCreadie
Marie McCreadie estuvo 12 años sin poder hablar… hasta que un día recuperó la voz.

Imagina que un día, de repente, pierdes la capacidad de hablar.

Tratas de emitir sonidos, pero las palabras simplemente no te salen de la boca, ¿qué pasaría por tu cabeza?

Ahora imagina que eso te sucede durante más de una década. Pierdes tu forma más básica de comunicación y ni siquiera puedes tener una charla informal con tus amigos.

Hasta que otro día, inesperadamente, recuperas el habla.

Esta es la historia de Marie McCreadie: de cómo perdió su voz y de cómo 12 años más tarde logró recuperarla y entender la inimaginable razón por la que estuvo tantos años sin poder hablar.

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BBC

Viajamos en el tiempo hasta principios de la década de 1970.

Marie nació en Reino Unido, pero se trasladó con su familia a Australia cuando tenía 12 años. Por aquel entonces todavía tenía voz, pero eso cambiaría más tarde.

“Aterrizamos en febrero. Dejamos atrás un Londres helado y llegamos en mitad del verano australiano […] Eran como unas vacaciones de verano”, recuerda Marie.

Pero todo verano tiene un final, y justo Marie comenzaba a instalarse en su nueva vida e incluso imitaba con éxito el acento australiano algo horrible sucedió.

De repente, sin voz

“Me desperté con un fuerte dolor de garganta y con un gran resfriado”, le cuenta Marie a la BBC. “Uno o dos días más tarde tuve bronquitis”.

“La primera semana la irritación (de la garganta) era muy intensa por la fiebre”.

“Pero cuando me bajó la temperatura, la infección en el pecho desapareció y empecé a sentirme mejor y ‘normal’… pero -después de unas seis semanas- mi voz no regresó“.

Marie no sabía qué le había ocurrido, pero pensaba que podría volver a hablar en cualquier momento.

Poco a poco, se dio cuenta de que eso no iba a pasar… al menos, no por muchos años.

“La primera vez que creo que empecé a inquietarme fue cuando ya se me había ido todo el dolor y me sentía fuerte de nuevo. Me preocupaba. Y no sabía qué hacer al respecto“, dice Marie.

No solo no podía hablar.

Tampoco podía emitir sonidos, aunque fuera una voz ronca o un tosido: “Nada. Cuando me reía, ni siquiera se escuchaba una risa sofocada o un susurro. Y cuando tosía no emitía ningún sonido“.

niña tapándose la boca

Getty Images
De repente, Marie había perdido la voz. (Foto de archivo).

Marie fue al médico, pero los diagnósticos fueron confusos y errados.

“Al principio lo atribuyeron a una laringitis, y después dijeron que se trataba de mutismo histérico“, cuenta Marie.

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BBC

¿Qué es el mutismo histérico?

  • El término se usó por primera vez en el siglo XIX.
  • Su definición formal lo describe como un trastorno de la función vocal sin cambios en la integridad del cuerpo.
  • El resultado es un silencio obstinado y voluntario.
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BBC

En otras palabras: el doctor creía que ella se negaba a hablar.

Pero Marie no pensaba que estuviera siendo obstinada ni que su silencio fuera voluntario.

Y, de todos modos, estaba demasiado ocupada tratando de manejarse en el mundo como una adolescente sin voz, lo cual le trajo algunos retos obvios, pero también inesperados…

“El teléfono, por ejemplo”, dice Marie. “No podía pedir una cita con el peluquero o con el médico. Y si me encontraba en apuros o tenía un accidente tampoco podía gritar”.

Marie recuerda que sintió miedo un día cuando, caminando por la montaña con unos amigos, no pudo pedir ayuda al quedarse atascada en un punto.

“Me di cuenta de que tenía que ser más cuidadosa“, reflexiona.

“La hija del diablo”

Otro episodio traumático fue cuando al profesora le obligó a sumarse al coro del colegio -todos en la clase debían hacerlo- y Marie tuvo que salir al escenario y dice que “fue vergonzoso”.

Sin duda, muchos en la escuela no entendían su mutismo.

“Al principio, todos pensaron que era muy divertido. Pero te cansas de eso muy rápidamente cuando se trata de tu vida diaria”.

Marie McCreadie

M D Curzon
Marie McCreadie cuenta su historia en su libro “Voiceless” (sin voz).

“Yo siempre llevaba pequeños cuadernos de notas y un lapicero, y me dedicaba a escribir. Algunos de mis amigos podían leer los labios -porque estábamos siempre juntos- pero no siempre. A veces no podía meterme en las conversaciones“.

Marie también usaba sus manos y hacía signos para expresarse, “pero la mayoría de las veces tenía que escribir lo que quería decir”.

“Podía llegar a ser muy frustrante. No podía dar mi opinión, especialmente si la persona con la que estaba hablando o discutiendo un tema se daba la vuelta y se marchaba […] No podía decir lo que quería”.

“Yo solo quería gritarles, pero me lo tenía que guardar todo para mí. Tenía toda esa rabia e ira dentro que no podía liberar. Estaba enojada conmigo misma por no poder comunicarme y me culpaba por eso”.

Recuerda que solía llegar a casa llorando.

El colegio no le ayudaban; más bien todo lo contrario.

“Iba a un colegio católico y una monja, al ver que no había una razón física que me impidiera hablar, dijo que Dios me estaba castigando al haberme dejado sin voz”.

monja con rosario y biblia

Getty Images
Ir a una escuela católica no ayudó a Marie: una de las monjas dijo en clase que su mutismo era un castigo de Dios.

Marie explica que la monja le decía que tenían que hacer algo al respecto con el cura local y rezar por ella, pero después “fue demasiado lejos”.

“(Mis compañeros) empezaron a creer en lo que decían, que estaba siendo castigada y que tenía que confesar mis pecados para recuperar mi voz. Yo me negaba a confesarme porque no tenía nada que confesar”.

“Todo se volvió contra mí como un efecto dominó, una pequeña cosa llevó a la otra”.

¿Y cómo se sentía Marie ante esa dura situación?

Ella dice que comenzó a cuestionarse a sí misma. “En el mundo en el que crecimos el cura, las monjas y los médicos siempre tenían razón. No lo ponías en duda”.

“Al principio se reían de mí. Las niñas solían llamarme la mujer del diablo y otras bromas de ese tipo, pero con tiempo dejó de ser una broma. Era grave, extremo”.

“Como me negué a ir a confesar mis pecados, no me dejaban entrar en la iglesia para ir a misa, a donde íbamos con la escuela cada viernes, así que tenía que quedarme fuera. Era una separación de mis amigos y de las otras chicas”.

“En ese punto, empecé a creerles y a pensar que era diabólica, que pertenecía al diablo, que Cristo no quería mirarme, que no era parte de la cristiandad, que era una bruja. Cuando eres una niña, eso se te mete en la cabeza”.

Pero no solo sospechaban de ella en la escuela. Algunos vecinos decían que estaba loca, y un amigo de su madre incluso le sugirió que la abandonara “porque no sabes lo que pueden hacer personas como ella”.

“Me afectó. Y pensé que ya había tenido suficiente“.

En el hospital psiquiátrico

Dos años después de haber perdido la voz, Marie se sentía aislada, frustrada y llena de dudas.

Las cosas se complicaron tanto que a los 14 años intentó quitarse la vida. Terminó en un hospital y cuando se recuperó, en lugar de volver a ser admitida en la escuela, la trasladaron a un hospital psiquiátrico.

Eso fue un infierno, una pesadilla. Había drogadictos, personas con crisis nerviosas, una mujer que creo que había sufrido abusos… Yo era la más joven y era muy influenciable”.

Marie McCreadie

Cortesía de Marie McCreadie
Marie superó todos aquellos traumas, pero recuerda con viveza las duras experiencias por las que pasó.

También recuerda la falta de intimidad y las terapias con descargas eléctricas. Ella escuchaba gritar a aquellos pacientes e incluso tuvo una sesión. “Era como una cámara de torturas. Muy cruel”.

“Mi cabeza explotaba, llega un punto en el que te bloqueas. Me preocupaba quedarme allí toda la vida“.

“Tenía rencor hacia mis padres por haberme metido ahí, aunque antes de morir, mi madre me dijo que ellos no supieron por todo lo que yo había pasado”, cuenta Marie.

Marie se escapó y fue a casa de un amigo. Más adelante pudo volver a casa, pero la relación con sus padres ya estaba dañada. Tenía miedo de todo el mundo a su alrededor, “no quería ver a nadie, la poca confianza que tenía hacia la gente desapareció en el hospital psiquiátrico”, relata.

Se aisló.

Permaneció aislada del mundo durante seis meses, pero en ese punto ya había admitido que no recuperaría la voz, y empezó, poco a poco, a rehacer su vida.

Marie McCreadie de adulta, junto al cantante Cliff Richard.

Cortesía de Marie McCreadie
Marie McCreadie de adulta, junto al cantante Cliff Richard.

Comenzó a ir a la cafetería que regentaba su madre, trabajó allí y después aprendió el lenguaje de signos, volvió a estudiar y aprendió mecanografía.

No es que todo fuera de repente mágico y de color de rosas, pero ahora al menos era una adulta con una vida relativamente normal.

Pero lo que le ocurrió después fue extraordinario.

Por una moneda

Un día, cuando tenía 25 años, estaba en el trabajo y comenzó a sentirse muy mal…

“Comencé a toser y empezó a salirme sangre de la boca. Pensé que me moría. Podía sentir algo moviéndose en el fondo de mi garganta. En un momento dado pensé que estaba tosiendo mis entrañas. Ahora parece una estupidez, pero en ese momento tu cabeza da vueltas”.

“Salí y un compañero llamó a una ambulancia. Me llevaron al hospital”, recuerda.

En el hospital, los médicos vieron que tenía un bulto y lograron extraerlo de su garganta. Estaba cubierto de mocos y sangre, pero cuando lo enjuagaron, descubrieron que se trataba de una moneda de tres peniques.

La moneda llevaba desde los años 60 atascada en su garganta, pero ella dice que no tiene ni idea de cómo pudo acabar ahí.

peniques australianos

Getty Images
Los médicos encontraron una moneda de tres peniques que llevaba años atascada en la garganta de Marie. (Foto de archivo).

¿Tal vez estaba en un pastel de Navidad? ¿O fue durante Pascuas? ¿A lo mejor en el fondo de una bebida? ¿Había jugado con monedas? Marie no era capaz de responder a esa pregunta.

Aquella pequeña moneda se había quedado atascada en el fondo de su garganta durante 12 años, justo al lado de sus cuerdas vocales, impidiendo que éstas pudieran vibrar y, por lo tanto, que ella pudiera emitir ningún sonido.

Pero cuando la moneda salió… Marie recuperó su voz.

“Pude sentir el sonido en mi garganta, gemidos, sollozos. Al principio, no sabía de dónde venía ese ruido. Pensé que alguien se estaba metiendo conmigo”.

“Me quedé en shock, admite.

¿Cómo no descubrieron hasta entonces aquella moneda? La explicación, según los médicos, es que no habrían podido verla en una radiografía por cómo estaba ubicada en su garganta.

Marie tuvo que aprender a respirar y a moderar el volumen de su voz, pero dice que no le tomó mucho tiempo aprender.

Su primera llamada telefónica sería a su madre, quien comenzó a llorar. Después se uniría al coro local, como una manera de reivindicarse con su pasado.

En su libro, Voiceless (“Sin voz”), publicado en julio de 2019, cuenta su historia.

En cuanto a la moneda, todavía la guarda. La tiene en una pulsera que se pone de vez en cuando.

Marie McCreadie

Cortesía de Marie McCreadie
Marie publicó “Voiceless” en julio.

* Esta nota está basada en una entrevista de Marie McCreadie con el programa Outlook de la BBC.


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