El último desplazamiento forzado en Chiapas que alerta al Congreso Nacional Indígena
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El último desplazamiento forzado en Chiapas que alerta al Congreso Nacional Indígena

El los últimos dos años las agresiones a pueblos y comunidades se intensifican como una estrategia contra las resistencias pacíficas en defensa del territorio.
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Por Rodrigo Soberanes @rodsantin
4 de agosto, 2019
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Una turba armada con palos y piedras irrumpió en una pequeña aldea maya chol llamada San José El Bascán. Primero taparon los pozos de agua, después destruyeron las casas y al cabo de dos días la redujeron a cenizas. Siete familias fueron desplazadas aquel día, en el último de los episodios recientes de desplazamiento forzado en el estado de Chiapas.

A pesar de ser una comunidad pequeña, San José El Bascán representa la conquista de tierras a manos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en 1994 dentro del municipio de Salto de Agua, en la zona selvática del norte de Chiapas.

Las familias desplazadas pertenecen a la organización Ikoltyañtyel Lak Lumal y al Congreso Nacional Indígena (CNI), la organización que impulsó la “campaña informativa” de María de Jesús Patricio con el apoyo del EZLN. 

Para el CNI, los incidentes en San José El Bascán fueron tan graves que emitieron un comunicado. “Como Congreso Nacional Indígena en Chiapas decimos que no se puede tolerar el abuso a nuestros pueblos ni mucho menos permitir la violación de nuestros derechos”, dice el documento publicado el 18 de julio, el mismo día del suceso.

En el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas (Frayba) preocupa que el incidente involucre al CNI y a personas cercanas al EZLN, y creen que no se trata de un hecho aislado en la región donde se están documentando otros incidentes similares. 

Incluso el Frayba había advertido desde el pasado 27 de mayo que la comunidad San José Bascán estaba estaba siendo hostigada en un contexto de “contrainsurgencia”. 

A dos años de la Asamblea Constituyente del Concejo Indígena de Gobierno, del Congreso Nacional Indígena (CNI) las agresiones a los pueblos, comunidades y organizaciones se intensifican como parte de una estrategia para contener las resistencias civiles y pacíficas en defensa del territorio.

“En Chiapas, integrantes del Congreso Nacional Indígena del pueblo Chol de San José El Bascán, en el municipio de Salto de Agua, se encuentran en riesgo de ataque armado y desplazamiento forzado”, dice el comunicado de mayo del Frayba.

Menos de dos meses después, el ataque previsto por el Frayba, sucedió. 

Es un hecho que se une a otras “agresiones” que el CNI dice haber recibido en la región, incluyendo a bases de apoyo del AZLN. Uno de los habitantes desplazados habló con Animal Político y describió cómo fueron esos hechos.

“Esas tierras tienen antecedente del 94 del movimiento armado de los compañeros”, recordó Francisco Peñate, habitante de San José Bascán que vivió la tarde de la intrusión a su comunidad, donde ha criado dos hijos y donde tenía sus animales de corral y sus cultivos de autoconsumo. 

Él fue quien narró a Animal Político que el grupo invasor estaba firmado de entre 30 y 40 personas y también contó que lo primero que hicieron fue inutilizar los pozos de agua, lo más importante para la supervivencia de las siete familias. Después dejaron ir a los animales y destruyeron las cosechas, además tiraron las casas, todas de madera y lámina. 

Todas las familias huyeron cerca, con familiares. Francisco Peñate volvió al día siguiente y se acercó a una distancia prudente para constatar que las casas estaban en llamas. Las habían quemado. “Quemaron todo lo que habían tumbado. Todas las tablas las pusieron en montón y ardió. Quedaron cenizas, amigo, son seis casas que quemaron”. 

Peñate tomó algunas fotografías durante el día y también en la noche, cuando seis de las siete casas ya estaban derribadas y en llamas. Solo una quedó en pie y es donde ahora se alojan las personas que destruyeron la comunidad. 

El Frayba hizo llamados al gobierno chiapaneco a “aplicar los Principios Rectores de los Desplazamientos Internos de la Organización de las Naciones Unidas y la Ley para la Prevención y Atención sobre los Desplazamientos Internos”.

Ahora -Agregó Peñate- las familias siguen “dándole vuelta a qué hacer”, y de acuerdo con Vico Gálvez, abogado del Frayba quien ha recorrido la región, no ha sido atendida la situación humanitaria de las siete familias que siguen desplazadas.

Gálvez explicó que el conflicto se originó porque una persona “compró” el predio a un dueño anterior al levantamiento del EZLN aprovechando que no está regularizado bajo el Registro Agrario Nacional y después ofreció favorecer a vecinos de otras comunidades con proyectos gubernamentales. 

Francisco Peñate lamentó que el conflicto ha enfrentado a personas conocidas y con lazos de amistan y parentesco. 

“Son nuestros compañeros, compartimos alguna vez momentos buenos, nos invitábamos agua y coca cola. En ese día no sé qué es lo que les pasó. Llegaron sin compasión a nosotros. Todo lo tumbaron. Las ollas de las señoras de las cocinas, sus cubetas, las coas, hachas, pavos, garitas, unos cerditos por ahí. No mataron a los animales de corral pero sí los soltaron”, se lamentó el campesino chol. 

Durante la última semana se han llevado a cabo mesas de negociación en el municipio de Palenque con participación del gobierno del estado de Chiapas, abogados de ambas partes, representantes de la Fiscalía de Chiapas, de la Comisión Estatal de Derechos Humanos y abogados de ambas partes. 

Años antes del levantamiento armado del EZLN Chiapas ya era el escenario de episodios de desplazamiento forzado. Desde 2017 a la fecha los conclictos se han agudizado en municipios como Chenalhó, Chalchihuitán, Aldama y San Andrés Duraznal con miles de personas desplazadas en diferentes conflictos por la posesión de tierras.

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Perseverance en Marte: por qué sería una buena noticia que no descubriera vida en el planeta rojo

Si la misión no encontrara indicios de vida, muchos lo verían como un fracaso. Sin embargo, disponer de un planeta en el que la vida pudo haberse detenido en sus inicios ayudaría a responder otras preguntas clave, según un experto en astrobiología.
12 de marzo, 2021
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El 18 de febrero de 2021 aterrizó en el cráter Jezero de Marte el rover Perseverance, que estudiará la composición de rocas, el subsuelo y el clima.

Este fue el primer éxito de la misión Mars 2020 y su desarrollo contó con participación española: MEDA es una estación ambiental desarrollada por el Centro de Astrobiología (CSIC-INTA).

La llegada de Perseverance ha avivado el debate sobre si hay o hubo vida en Marte, y su habitabilidad presente o pasada.

Habitabilidadno quiere decir que los humanos podamos construir una casa allí, sino que define las condiciones geoquímicas y ambientales favorables para el origen y evolución de la vida.

Entre los objetivos de la misión está estudiar la habitabilidad y la búsqueda de evidencias de vida microbiana antigua.

Hoy en día, por lo que sabemos, es improbable que en Marte haya vida. Pensemos en la de nuestro planeta: durante la mayor parte de su historia, la Tierra estuvo habitada solo por microorganismos.

La evolución necesitó unos 3.400 millones de años para que surgieran plantas y animales. Tiene sentido asumir que, de haber existido vida en Marte, esta era microbiana.

En la exploración espacial tomamos como referencia la vida terrestre actual, pues no conocemos otra. El inconveniente es que, si no se ven evidencias de vida marciana (algo probable), nos preguntaremos si es porque no sabemos qué buscar exactamente.

¿Qué evidencias de vida buscamos?

La ubicación del Perseverance no es casual. Si queremos buscar evidencias de vida, debemos ir a un sitio favorable.

En el cráter Jezero podría haber estado ese lugar: el delta de la desembocadura de un río.

Pero, que haya evidencias de que el agua formó paisajes familiares, con sus ríos y valles, no implica que haya habido vida. Hay que buscar las evidencias.

Cauce seco de un río en el cráter Jezero

Mars Express/ESA/DLR/FU-Berlin
Zona de operaciones de Perseverance en el cráter Jezero. El cauce seco del río se ve en la parte superior izquierda, con el abanico de sedimentos del delta en su desembocadura. Mars Express/ESA/DLR/FU-Berlin

Para la búsqueda, el Perseverance está equipado con SHERLOC, un instrumento capaz de encontrar moléculas orgánicas.

Sin embargo, debemos diferenciar entre “molécula orgánica” y “biofirma orgánica” o “biomarcador”.

Las moléculas orgánicas podrían ser un indicio de vida, pero, cuidado: en realidad, pocas lo son. A estas las llamamos biomarcadores.

Para entenderlo, pensemos en el petróleo. En los años 1930 el origen biológico del petróleo se debatía, hasta que el químico Alfred Treibs descubrió porfirina en los combustibles fósiles. Esta deriva de la clorofila y no podemos explicar su presencia sin la vida. Así, estudiando los biomarcadores (compuestos cuyo origen solo podemos atribuir a la vida), sabemos que el petróleo es lo que queda de ecosistemas de hace millones de años.

Si SHERLOC encuentra moléculas orgánicas, debe evaluarse si son biomarcadores válidos.

El problema es que ello implica asumir que el metabolismo terrestre es universal. Por ejemplo, si en Marte nunca hubo fotosíntesis con clorofila, nunca encontraremos la porfirina de Treibs como biomarcador.

Los minerales también pueden ser biofirmas:

Cristal de formiato de calcio del Lago Alkali en Oregon, Estados Unidos

Gentileza C. Menor Salvan
Formiato de calcio del Lago Alkali en Oregon, Estados Unidos.

Recogimos estos cristales de formiato, un compuesto orgánico, en un lago salino similar a los que pudo haber en Marte.

El (improbable) hallazgo de estos cristales en Marte tendría gran impacto y en las redes sociales se extendería la idea de que hubo vida.

A diferencia de la porfirina, el formiato puede ser abiótico y no es un biomarcador. Sabemos que lo es, porque la verdadera biofirma es el desequilibrio químico con los otros componentes del lago.

El estudio de biofirmas es difícil y requerirá el transporte de muestras a la Tierra.

¿Y si no se encuentran evidencias de vida?

Desde el punto de vista de la publicidad y la financiación, buscar indicios de vida es una buena estrategia. Es menos mediático, pero, que en Marte no haya vida, ni la haya habido, también sería una buena noticia.

Si Perseverance no encuentra indicios de vida, el público podría verlo como un fracaso. Sin embargo, la exploración de Marte siempre es un éxito, tanto por el conocimiento que nos aporta, como por las tecnologías derivadas.

Disponer de un planeta en el que se reunieron las condiciones que (pensamos) propiciaron la vida, pero que esta se haya detenido en su inicio, sería un escenario único para entender el origen de la vida terrestre.

No es una idea descabellada. El rover Curiosity encontró materiales que pudieron ser claves en el origen de la vida, formando un escenario intacto durante millones de años, libre de los cambios provocados por una potencial biosfera marciana.

Rocas de fosfato, meteoritos de hierro y vetas con sulfatos encontrados en Marte por el rover Curiosity

NASA/JPL-Caltech/LANL/CNES/IRAP/LPGNantes/CNRS/IAS
Rocas de fosfato (A), meteoritos de hierro (B) y vetas con sulfatos (C) encontrados en Marte por el rover Curiosity. Todos juntos son ingredientes para el origen de la vida. NASA/JPL-Caltech/LANL/CNES/IRAP/LPGNantes/CNRS/IAS/MSSS

Es probable que no se encuentren evidencias de vida en Marte, y la pregunta seguiría sin respuesta (la ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia).

Pero, si tomamos la idea de que en Marte nunca proliferó la vida, podríamos centrarnos en las condiciones que, pensamos, debieron darse para su origen.

Si lo que encontremos encaja, ¿por qué no evolucionó la vida? ¿Faltaba algún ingrediente? ¿La dinámica de Marte no lo permitió? ¿Proliferó un tipo de vida distinto? Junto con el trabajo de laboratorio y lo que sabemos sobre nuestro planeta, quizá podríamos entender cómo empieza la vida y su evolución.

Si en Marte hubiera existido vida avanzada (y los ecosistemas bacterianos lo son), las preguntas sobre el origen de la vida seguirían abiertas. Sin embargo, un Marte sin vida podría ser la gran oportunidad para conocer nuestro propio origen.

*Este artículo se publicó originalmente en The Conversation. Puedes ver los vínculos a los estudios científicos y leer la versión original aquí.

César Menor-Salván es doctor en bioquímica y astrobiología, y profesor del Departamento de Biología de Sistemas en la Universidad de Alcalá.


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