Mecanismo de protección no tiene recursos suficientes; las solicitudes aumentaron 172% en 7 años, alerta ONU
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Mecanismo de protección no tiene recursos suficientes; las solicitudes aumentaron 172% en 7 años, alerta ONU

En un informe, la ONU-DH indicó que el mecanismo de protección de periodistas y defensores no tiene recursos suficientes, pese a que las solicitudes han aumentado 172.5% desde 2012.
Cuartoscuro
26 de agosto, 2019
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Los periodistas de varios estados del país que llevan años refugiados en la ciudad de México bajo medidas cautelares de Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas pasan carencias de alimento y de servicios básicos como luz y agua, además de que no pueden seguir ejerciendo su profesión.

Un grupo de informadores se presentó a protestar con pancartas a la presentación del diagnóstico que realizó la Oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ONU-DH). Los reporteros fueron más severos con el Mecanismo de lo que fue la propia ONU.

Desde 2015 a la fecha, siete periodistas que eran beneficiarios del Mecanismo han sido asesinados, recordó Gildo Garza, presidente de la Asociación de Periodistas Desplazados y Agredidos, quien vive en un albergue.

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Él es desplazado de Tamaulipas y beneficiario del Mecanismo. El reveló cómo funciona en realidad el Mecanismo para ellos: “No nos dan alimentación, no tenemos los elementos básicos. Se nos corta la luz, el agua, los servicios, la comida a veces está echada a perder”.

Dijo además que hay casi en que a los periodistas con medidas cautelares que siguen en los estados “les quitan las escoltas porque no tienen gasolina para los vehículos”.

Omar Bello Pineda, periodista desplazado de Guerrero, con más de dos años de desplazamiento forzado, aseguró que el Mecanismo, en su experiencia, no funciona porque los beneficiarios quedan atenidos a los recursos que reciben de la institución y si buscan un trabajo, en automático quedan fuera del programa.

“Yo quiero regresar a mi lugar de origen. Seguir trabajando y no puedo. Perdí todo y los compañeros también. Todo, a mi familia. No podemos trabajar, si trabajamos, salimos del mecanismo”, dijo Bello, con una pancarta en sus manos.

Según el periodista guerrerense, la opción que le queda a los beneficiarios que viven en el albergue de la Ciudad de México es dedicarse a otro oficio para ganarse la vida. “Finalmente se cumple el objetivo: te callan”.

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El la presentación del diagnóstico, Jan Jarab, representante de la ONU-DH en México, informó que el 55 por ciento de los perpetradores de agresiones a defensores de derechos humanos y periodistas son personas que ostentaban cargos públicos.

En general, aseguró que el Mecanismo no tiene los recursos humanos ni económicos para funcionar con eficiencia. Como ejemplo recordó que en 2014 esa institución operaba con 36 personas y ahora hay 41 empleados fijos que atienden a 976 beneficiarios, lo que significa un aumento de 236 por ciento en la demanda de Mecanismo.

El titular del Mecanismo, Aarón Mastache, dijo que de 2012 a la fecha han aumentado en total 172.5 por ciento las solicitudes. Informó además que el 2018 fue el “año récord”, con 235 nuevos casos de personas que recibieron las medidas de protección.

Las proyecciones apuntan a que 2019 terminará con al rededor de 1130 personas dentro del mecanismo, lo que supone una necesidad presupuestal de 325 millones de pesos, sin embargo, hay fondos asignados de solo 207.6 millones.

El resto, unos 150 millones de pesos, fue solicitado a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público cuando Carlos Urzúa era el titular, y con su renuncia, tuvieron que hacer la solicitud nuevamente, ya bajo el mandato de Arturo Herrera.

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El diagnóstico de la ONU detalló que no existen medidas integrales de protección a personas defensoras de Derechos Humanos y periodistas, son más bien medias “reactivas” que ni siquiera son efectivas, como lo demuestran los siete casos de periodistas asesinados que tenían medidas cautelares.

“El Mecanismo es reactivo y no preventivo”, dijo Jan Jarab, quien enfatizó también que fueron encontrados cargos dentro del Mecanismo que fueron impuestos bajo criterios políticos y no por las capacidades que tenían las personas contratadas.

La presentación tuvo una sesión de preguntas y respuestas. Fue un espacio en que se dieron diversas manifestaciones de inconformidad contra el Mecanismo. Una reportera preguntó a Jan Jarab y Aarón Mastache si podían pronunciarse sobre las expresiones que ha hecho el presidente Andrés Manuel López Obrador sobre la prensa, apodando a algunos medios como “prensa fifí” y advirtiendo a otros que “no se portan bien”.

Jan Jarab se negó a pronunciarse y Aarón Mastache dijo que es un tema que ya se ha tratado a nivel interno dentro del Mecanismo y se negó a abundar al respecto.

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El enigma de los cubos de uranio que los nazis utilizaban para crear su programa nuclear

La carrera nuclear entre Alemania y Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial tiene un misterioso capítulo. Para algunos es solo una curiosidad histórica, para otros fue el comienzo de la peligrosa era en la que hoy está sumergida la humanidad.
4 de diciembre, 2021
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En la Segunda Guerra Mundial, Alemania y Estados Unidos competían en una feroz batalla para ver quién lograba desarrollar primero un programa nuclear.

En los primeros años de la década de los 40 varios equipos de científicos alemanes comenzaron a producir miles cubos de uranio que serían el núcleo de los reactores que estaban desarrollando como parte del incipiente programa nuclear nazi.

Los alemanes estaban lejos de lograr una bomba atómica, pero confiaban en que estos experimentos les sirvieran para ponerse en ventaja sobre Estados Unidos.

De hecho, la fisión nuclear fue descubierta en 1938 en Berlín.

Fueron los alemanes Otto Hahn y Fritz Strassmann los primeros en saber cómo se podía dividir un átomo, y que al hacerlo se liberaría una gran cantidad de energía.

Años después, sin embargo, el Proyecto Manhattan y su bomba atómica demostró que en realidad los estadounidenses estaban muchísimo más adelantados que los alemanes en tecnología atómica.

Los cubos de uranio, sin embargo, guardan claves sobre el secretismo y el recelo entre ambos países por la carrera nuclear.

Dispositivo para lograr fisión nuclear.

Getty
La fisión nuclear se descubrió en Alemania en 1938.

Hoy es un misterio el paradero de la inmensa mayoría de los miles de cubos que se fabricaron.

“Es difícil saber lo que ocurrió con estos cubos”, le dice a BBC Mundo Alex Wellerstein, historiador especialista en armas nucleares del Instituto de Tecnología Stevens, en Estados Unidos.

“Los registros que hay no son los mejores”.

En Estados Unidos, solo se han identificado una decena de ellos, lo cual los convierte en un preciado tesoro para los investigadores que intentan reconstruir los comienzos de la era nuclear.

Experimento fallido

Uno de los equipos que experimentaban con los cubos de uranio estaba liderado por el físico Werner Heisenberg, pionero de la mecánica cuántica y ganador del Nobel en 1932.

Werner Heisenberg

Getty
Werner Heisenberg lideraba uno de los laboratorios donde se experimentaba con los cubos de uranio.

El proyecto de Heisenberg y sus colegas consistía en atar 664 de estos cubos de 5 cm a unos cables colgantes y sumergirlos en agua pesada.

El agua pesada está formada por oxígeno y deuterio, un isótopo del hidrógeno que tiene el doble de masa que el hidrógeno ordinario.

La idea es que al sumergir los cubos se desatara una reacción en cadena, pero el experimento no funcionó.

Según Timothy Koeth, investigador de la Universidad de Maryland que le ha seguido el rastro a los cubos, Heisenberg habría necesitado 50% más de uranio y mayor cantidad de agua pesada para que el diseño funcionara.

“A pesar de ser el lugar de nacimiento de la física nuclear y tener casi dos años de ventaja respecto a EE.UU., no había una amenaza inminente de una Alemania nuclear al final de la guerra”, dice Koeth en un artículo del Instituto Estadounidense de Física.

Bomba nuclear

Getty
El desarrollo de la bomba atómica demostró que Estados Unidos tenía un programa nuclear mucho más avanzado que Alemania.

Material confiscado

En 1945, mientras los alemanes intentaban refinar sus esfuerzos, Estados Unidos y los Aliados ganaron la guerra.

En ese momento, Estados Unidos conformó una misión para recolectar información y confiscar material relacionado con los avances de los alemanes en materia nuclear.

Así fue como tropas estadounidenses llegaron hasta el laboratorio de Heisenberg en la pequeña población de Haigerloch.

Más de 600 cubos de uranio fueron confiscados y enviados a Estados Unidos, según un informe del Laboratorio Nacional del Noroeste Pacífico de Estados Unidos (PNNL, por sus siglas en inglés).

La idea era conocer qué tan avanzados estaban los alemanes en tecnología nuclear y también evitar que los cubos cayeran en manos de los soviéticos, según explica Wellerstein.

Al final, a los científicos estadounidenses el hallazgo de los cubos les sirvió para darse cuenta de que los alemanes estaban rezagados en materia nuclear.

Perdidos

Hoy todavía se desconoce el paradero de la gran mayoría de los cubos.

Se cree que varios de ellos se utilizaron en el desarrollo de armas nucleares de Estados Unidos.

Según Wellerstein, algunas personas comenzaron a regalar los cubos como souvenires, otros científicos los utilizaron como material de análisis y otros cayeron en el mercado negro.

Otros más permanecen como material de colección.

En 2019, la revista Physics Today logró rastrear la ubicación de 7 cubos que según quienes los tienen pertenecieron a los experimentos nucleares de los nazis.

Tres de ellos están en Alemania: uno en el Museo Atomkeller, en Haigerloch, donde antes estuvo el laboratorio de Heinsenberg; otro está en el Museo de Mineralogía de la Universidad de Bonn; y el tercero en la Oficina Federal de Protección contra la Radiación, en Berlín.

Otros dos están en el Museo Nacional de Historia Americana en Washington D.C.; y otro en la Universidad de Harvard.

La revista indica que al parecer un sexto cubo estuvo Instituto Tecnológico de Rochester, pero debido a un cambio en las normas de almacenamiento de material radioactivo, el cubo fue desechado.

Un séptimo cubo está en manos del PNNL, y aunque se le conoce como “el cubo de Heisenberg”, los investigadores no están 100% seguros de su procedencia.

Otro de los cubos lo tiene el propio Koeth, quien lo recibió como un curioso regalo de cumpleaños en 2013.

Brittany Robertson

ANDREA STARR/PNNL
Brittany Robertson trabaja en la identificación de los cubos de uranio.

Koeth colabora junto con el PNNL para averiguar el paradero de los cientos o miles de cubos que aún permanecen perdidos y para conocer más detalles acerca de cómo llegaron a Estados Unidos.

En busca del pedigrí

Más allá de su valor histórico y simbólico, “realmente los cubos no son muy valiosos, no puedes hacer nada con ellos“, dice Wellerstein.

Tampoco son peligrosos, ya que generan una radiación muy débil. Después de agarrar uno de ellos, “basta con lavarte las manos”, dice el experto.

En agosto de 2021, Jon Schwantes y Brittany Robertson, investigadores del PNNL, presentaron un proyecto en el que describen cómo trabajan para identificar el “pedigrí” de varios de los cubos que se han encontrado.

Según explica Schwantes, la idea es comparar distintos cubos e intentar clasificarlos.

Hiroshima

Getty
Estados Unidos desarrolló su programa nuclear en parte por miedo a los avances de los nazis en esta tecnología. (Foto de Hiroshima tras la bomba atómica de 1945).

Para ello, combinan métodos forenses y radiocronometría, que es la versión nuclear de la técnica que utilizan los geólogos para determinar la edad de una muestra con base en el contenido de isótopos radioactivos.

Miedo

Los expertos coinciden en que Estados Unidos desarrolló velozmente su programa nuclear en gran parte por miedo a que los alemanes lo lograran antes que ellos.

Y aunque algunos ven estos cubos como una curiosidad histórica, otros lo ven como el desencadenante de la peligrosa era de armas nucleares en la que hoy está atrapada el mundo.

“Las armas nucleares, la energía nuclear, la Guerra Fría, el planeta como un rehén nuclear, todo esto fue motivado por el esfuerzo que se generó a partir de estos 600 y tantos cubos” dice Koeth en un artículo de la cadena NPR.

En todo caso las dos grandes preguntas sobre cientos o miles de estos cubos siguen sin respuesta: cuántos existen todavía y dónde están.


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