México oculta la letalidad de sus policías y militares, señala informe internacional
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México oculta la letalidad de sus policías y militares, señala informe internacional

Algunas fuerzas en el país, como la Marina, presentan niveles de letalidad que multiplican lo aceptado en parámetros internacionales e incluso superan al de países como Venezuela o Brasil. México también reporta el mayor grado de agentes que pierden la vida.
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29 de agosto, 2019
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La opacidad y el abuso son factores frecuentes en el uso de la fuerza por parte de las autoridades México. Mientras que la Secretaría de la Defensa Nacional y policías como la de Ciudad de México ocultan a cuantos civiles matan sus elementos, los registros de letalidad de la Secretaría de Marina y de diversas policías multiplican los límites establecidos en parámetros internacionales, e incluso superan los registrados en países como Brasil o Venezuela.

Así lo revela el informe “Monitor de Uso de la fuerza Letal en América Latina”, elaborado por el CIDE, el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, entre otras instituciones, y que por primera vez compara los índices de uso de la fuerza y posibles abusos en cinco países del continente: México, Venezuela, Brasil, El Salvador y Colombia.

El estudio –que se hace público hoy– concluye que la región padece de focos de alarma en el uso de la fuerza no solo porque la letalidad está por encima de parámetros aceptables sino, además, porque existen indicadores poco confiables y transparentes, siendo México el caso más preocupante pues de los 12 indicadores que se analizan, ocho tuvieron que hacerse con estimaciones de prensa y dos más fueron imposibles de calcular por la falta de información oficial.

La Ley de Uso de la Fuerza: ¿Qué reglas contiene y qué derechos deja fuera?

Al profundizar en el caso de nuestro país el análisis destaca que la Secretaría de la Defensa Nacional (sobre la que ahora recae la operación de la Guardia Nacional y es pilar en el plan de seguridad) se ha negado, desde el 5 de enero de 2014 hasta la fecha, a revelar el número de civiles que mueren por disparos de sus elementos.

Lo anterior pese a que existen varias resoluciones del Instituto Nacional de Transparencia Acceso a la Información y Protección de Datos Peronales (INAI) que ordenan revelar esos datos, y a que sí cuenta con la información como quedó de manifiesto en el debate de aprobación de Guardia Nacional, cuando el titular de la Sedena refirió en enero pasado que en 2018 murieron más de 700 civiles en enfrentamientos con el Ejército.

Pero la Sedena no es el único caso. El informe revela que se solicitaron vía transparencia datos de uso de la fuerza a las 32 entidades del país, pero solo 24 de ellas respondieron en alguna medida y solo la mitad de forma completa. Entre las entidades que no revelaron información se encuentra Ciudad de México, situación especialmente delicada pues cuenta con la policía más numerosa de todo el país.

También se requirieron datos a 10 fuerzas de seguridad municipal y solo una proporcionó la información.

En ese contexto el informe realizó un análisis utilizando datos oficiales de las corporaciones donde sí se obtuvieron, y reportes de prensa en donde la información oficial no fue transparentada.

Entre los resultados destaca el elevado índice de letalidad de la Marina. Según los datos oficiales que esa institución sí proporcionó, en 2013 y 2014 los marinos abatieron a más de 60 personas por cada una que lesionaron; para 2015  bajó a un promedio de nueve muertos por cada herido; en 2016 volvió a subir 30 por cada herido, y en 2017 el dato fue de 21.

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La Policía Federal reportó que en 2013, hasta 17 civiles fueron abatidos en enfrentamientos por cada uno que lesionó, disminuyendo en los siguientes años hasta llegar a tres civiles muertos por cada herido en 2016, para después repuntar a cuatro en 2017.

Todos esos son datos preocupantes según lo que marca el informe, pues la experiencia internacional indica que en los conflictos modernos y donde hay un uso racional de la fuerza, el número es justo a la inversa: la proporción de heridos siempre es mayor a la de muertos hasta en una relación de 4 a 1.

“En suma, el índice de letalidad (civiles muertos frente a heridos) debería ser siempre inferior a 1. Cuando el valor supera este umbral, es decir, cuando registramos más muertos que heridos, estamos ante un escenario de uso excesivo de la fuerza y, posiblemente, en presencia de ejecuciones sumarias”, alerta el informe.

Si el análisis se hace a partir de datos de prensa para extenderlo a otras corporaciones, la proporción en todos los casos también es superior a uno, aun con el sesgo de que no todos los casos se conocen en medios. Por ejemplo, en 2017 el índice de letalidad del Ejército fue de 4.1; el de policías estatales de 2.6 y el de policías municipales de 1.6. Mientras que en operativos conjunto el índice de letalidad crece hasta los 18.6.

Entre otros datos que el informe presenta se encuentra el de la relación entre agentes de la autoridad caídos, frente a los civiles abatidos en enfrentamientos. Los expertos destacan que según la experiencia internacional, los agentes (por su entrenamiento y equipo) matan en mayor medida de lo que son abatidos, pero que dicho parámetro como máximo debería ser de 10 civiles muertos por cada policía o militar.

En el caso de la Marina, que es la corporación que proporcionó datos oficiales, dicho índice se rebasó en todos los años de 2013 a 2017, siendo el caso más grave el de 2016 donde se reportaron hasta 60 civiles muertos por cada marino abatido, es decir, seis veces más de lo que marca como máximo la experiencia internacional.

Si la revisión solo se hace con notas de prensa ante la falta de información oficial, aun así se identifican indicadores elevados como en el Ejército Mexicano donde el indicador fue de 11.6 civiles abatidos por cada soldado, o de la policía estatal con una relación de 10.3, ambos por encima del promedio.

“En conclusión, luego de que en 2011 pareciera haber un descenso, la incidencia de la fuerza letal puede estar repuntando en 2017 y, como consecuencia, se hace aún más urgente la construcción de datos oficiales a nivel de todas las instituciones del país, policiales y militares”, sentencia el informe.

País y región problemática

El informe “Monitor de Uso de la fuerza Letal en América Latina” muestra varios puntos que despiertan preocupaciones respecto a niveles de violencia y uso de la fuerza.

En el caso de México, como ya se dijo, destaca la opacidad en la mayoría de los indicadores, pero también se identifican datos preocupantes. Por ejemplo, la relación de los civiles que los marinos en México abaten respecto a los que resultan lesionados en los enfrentamientos, que ha llegado a ser de 65 a  1, supera a la de las fuerzas del orden en Brasil que es de 58 abatidos por 1 herido, o de Colombia que es de 1.2 a 1.

Otro foco de alarma para México es el número de agentes muertos, pues tan solo en 2017 ascendió a 251 militares y policías abatidos, que supera por mucho a los otros países. Por ejemplo, Colombia registró 143 agentes asesinados, Brasil 81, Venezuela 57 y El Salvador solo cuatro.

Los otros países también presentan datos que despiertan preocupación ante posibles abusos.

“Los indicadores de abuso de la fuerza revelan un escenario preocupante en varios de los países estudiados. El caso extremo es Venezuela, donde más de un cuarto de los homicidios son debidos a la intervención de los agentes del Estado. El Salvador también supera el límite de 10% que está asociado al abuso de la fuerza; Brasil posee un indicador más moderado, pero aún elevado (7.3%)”. indica el informe.

El estudio añade que la relación entre civiles y agentes públicos muertos alcanza valores “alarmantes” en El Salvador, donde mueren más de 100 civiles por cada agente fallecido. En Brasil,  indica el estudio, el valor es inferior pero aún muy alto: 58 civiles por cada agente.

“En suma, las informaciones obtenidas por este estudio permiten llegar a dos conclusiones de gran relevancia. La primera es la limitada transparencia en lo que atañe al uso de la fuerza letal en América Latina y, en función de ello, la necesidad de exigir la divulgación pública (…) y la segunda es que los datos apuntan a un uso excesivo de la fuerza en varios países de la región”, subraya el informe.

¿Qué hacer frente a esto?

Los coordinadores del estudio, Catalina Pérez Correa, Carlos Sirva Forné e Ignacio Cano, establecieron en el informe  algunas recomendaciones para hacer frente a los problemas ya descritos en el uso de la fuerza en la región.

En cuanto al problema de la opacidad consideraron fundamental que exista a nivel nacional y subnacional un registro preciso sobre personas muertas y heridas en incidentes en los que participen miembros de las fuerzas de seguridad del Estado.

“Es indispensable, además, que estos datos sean divulgados regularmente, de forma que sea posible monitorear el fenómeno y tomar, en su caso, medidas preventivas o correctivas. La información registrada y divulgada debe contar con suficientes detalles sobre el contexto del incidente, su localización y horario, si los agentes estaban o no de servicio, el tipo de armas empleada”, señalaron los expertos.

En cuanto a regulación, señalaron que es indispensable que cada país cuente con una norma específica de uso de la fuerza de alcance nacional y que sea compatible con los estándares internacionales, situación que en varios de los países de América Latina no ocurre.

El informe destaca la importancia de que cada incidente donde se haya usado fuerza letal y resulte en la pérdida de vidas humanas se registre y se investigue de forma rigurosa, tanto administrativa como penalmente.

“Por su parte, la investigación de los hechos debe ser realizada por miembros de otras instituciones o, por lo menos, de otras unidades diferentes de aquellas que participaron en la acción, de modo que se garantice la independencia de la investigación, de acuerdo con la jurisprudencia existente por parte de la Corte Interamericana de Derechos Humanos”, concluye.

Aquí puedes consultar el informe Monitor de Uso de la fuerza Letal en América Latina

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Cómo el mundo desaprovechó la oportunidad de tener una vacuna lista para hacer frente a la pandemia

Hace 20 años, cuando surgió en China un primer coronavirus letal que infectó a miles de personas, los científicos comenzaron a desarrollar vacunas, pero la investigación quedó abandonada.
9 de abril, 2020
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La doctora María Elena Bottazzi (der) y el doctor Peter Hotez dirigen el laboratorio de la Escuela Nacional de Medicina Tropical del Colegio Baylor de Medicina de Houston.

ANNA GROVE PHOTOGRAPHY
La doctora María Elena Bottazzi (der) y el doctor Peter Hotez dirigen el laboratorio de la Escuela Nacional de Medicina Tropical del Colegio Baylor de Medicina de Houston.

En 2002, en la provincia china de Cantón, un virus desconocido provocó el brote de una letal enfermedad que los científicos llamaron SARS (las siglas en inglés de síndrome respiratorio agudo severo).

Posteriormente se descubrió que el patógeno que causaba la enfermedad era un coronavirus que se había originado en un animal y había pasado a los humanos.

En pocos meses, el coronavirus se propagó en 29 países, infectando a más de 8,000 personas y matando a unas 800.

Alrededor del mundo hubo un reclamo general para saber cuándo estaría lista una vacuna para acabar con el letal virus y decenas de científicos en Asia, Estados Unidos y Europa comenzaron a trabajar frenéticamente para crear la inoculación.

Surgieron varios candidatos, algunos de los cuales estaban listos para ser usados en ensayos clínicos.

Pero entonces se logró controlar la epidemia de SARS y el estudio de las vacunas contra el coronavirus fue abandonado.

Años después, en 2012, volvió a surgir otro letal coronavirus, el MERS-Cov, que causaba una grave enfermedad respiratoria, el MERS (síndrome respiratorio de Medio Oriente) que se originó en camellos y pasó a humanos.

Y muchos científicos volvieron a insistir en la necesidad de tener una vacuna contra estos patógenos.

Hoy casi 20 años después, cuando un nuevo coronavirus, el SARS-Cov-2, ya ha infectado a casi un millón y medio de personas, el mundo vuelve a preguntarse cuándo estará lista una vacuna.

¿Por qué no aprendimos de esos otros coronavirus si se sabe que pueden causar enfermedades tan letales en humanos como el Covid-19? Y ¿por qué no se siguieron estudiando las vacunas?

“No estamos interesados”

Un equipo de científicos en Houston, Texas, en Estados Unidos, sí siguió investigando, y en 2016 tenía una vacuna lista contra un coronavirus.

“Habíamos terminado los ensayos y habíamos pasado por el aspecto crítico de crear un proceso de producción de la vacuna a escala piloto”, le dice a BBC Mundo la doctora María Elena Bottazzi, codirectora de la Escuela Nacional de Medicina Tropical del Colegio Baylor de Medicina de Houston y codirectora del Centro para Desarrollo de Vacunas del Hospital Infantil de Texas, en Estados Unidos.

“Entonces fuimos a los NIH (Institutos Nacionales de Salud de EE.UU.) y les preguntamos: ‘¿Qué hacemos para mover rápido la vacuna a la clínica?’ Y nos dijeron: ‘Mira, ahorita no estamos ya interesados’”.

La vacuna era contra el coronavirus que provocó la epidemia de SARS de 2002, pero como aquella epidemia que surgió en China ya había sido controlada, los investigadores nunca lograron obtener financiamiento.

No fue la única vacuna que quedó suspendida. Decenas de científicos alrededor del mundo pararon sus estudios debido a la falta de interés y de fondos para seguir investigando.

Después de la epidemia de coronavirus en 2002 decenas de científicos suspendieron sus estudios debido a la falta de interés y de fondos para seguir investigando.

Getty Images
Después de la epidemia de coronavirus en 2002 decenas de científicos suspendieron sus estudios debido a la falta de interés y de fondos para seguir investigando.

Tal como le dijo a la BBC Susan Weiss, profesora de microbiología de la Universidad de Pensilvania, cuando acabó la epidemia, después de 7 y 8 meses, la gente, los gobiernos y las farmacéuticas “perdieron interés de inmediato en el estudio de los coronavirus”.

“Pero además, el SARS afectó principalmente a Asia, con unos casos en Toronto (Canadá) pero no llegó a Europa como este nuevo coronavirus”.

“Después surgió MERS, el segundo coronavirus humano virulento, y ese quedó casi totalmente confinado en Medio Oriente”.

“Después se disiparon los coronavirus y el interés por ellos. Hasta ahora. Y realmente creo que debíamos haber estado mejor preparados”, afirma la investigadora.

Dos advertencias

El SARS y el MERS, dicen los expertos, fueron dos “advertencias increíbles” sobre los peligros de los coronavirus y aún así, no se continuó con los esfuerzos para seguir investigándolos.

Aunque la vacuna de la doctora Bottazzi era para un coronavirus distinto del que circula actualmente, los expertos coinciden en que si hubiera estado lista esa vacuna se hubiera avanzado mucho más rápido en el desarrollo de una nueva inoculación para futuras epidemias.

Jason Schwartz, profesor de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Yale, asegura que la preparación para esta pandemia tuvo que haber empezado desde el brote de SARS en 2002.

“Si no hubiéramos abandonado el programa de investigación de vacunas de SARS, hubiéramos tenido listos muchos más fundamentos para trabajar en este nuevo virus que está cercanamente relacionado”, le dijo a la revista The Atlantic.

En efecto, el nuevo coronavirus, llamado Sars-Cov-2, es “primo cercano” del coronavirus que causó el Sars de 2002.

Investigador trabaja en una réplica del virus para desarrollar una vacuna.

Getty Images
El SARS y el MERS fueron dos “advertencias increíbles”, según los expertos.

Ambos virus son, genéticamente, 80% similares, dice la doctora Bottazzi, y como su vacuna ya había pasado por los procesos necesarios para su aprobación esta hubiera podido adaptarse más rápidamente al nuevo coronavirus.

“Hubiéramos tenido ya un ejemplo de cómo se comportan este tipo de vacunas y aunque los virus no son exactamente iguales vienen de la misma clase”, le explica la investigadora a BBC Mundo.

“Tendríamos ya la experiencia de ver dónde surgen problemas con la vacuna y cómo resolverlos. Porque ya vimos cómo se comportó preclínicamente la vacuna del SARS y esperaríamos que la nueva vacuna se comporte relativamente igual”.

“Ya hubiéramos podido tener un perfil de seguridad en humanos”, agrega, “y más confianza en que estas vacunas se pueden usar en las poblaciones que las necesitan”.

“Terrible propuesta empresarial”

Si se hubiera tenido todo este conocimiento ahora, ¿por qué entonces se suspendió la investigación de vacunas contra los coronavirus?

Todo, dicen los expertos, se resume a los fondos disponibles para la investigación.

“No estábamos pidiendo 100 ni 1,000 millones de dólares”, señala la codirectora de la Escuela Nacional de Medicina Tropical de Houston.

“Estábamos hablando de tres o cuatro millones de dólares. Con un millón y medio hubiéramos podido hacer un estudio clínico para tener un perfil en humanos. Pero nos pararon justo cuando estábamos a punto de tener una evidencia interesante”.

Los miembros del laboratorio de la Escuela Nacional de Medicina Tropical del Colegio Baylor de Medicina de Houston.

ANNA GROVE PHOTOGRAPHY
Los miembros del laboratorio de la Escuela Nacional de Medicina Tropical del Colegio Baylor de Medicina de Houston.

Pero el financiamiento se acabó porque no había un mercado para la vacuna, como explica Peter Kolchinsky, virólogo y director de la compañía de biotecnología RA Capital.

“La realidad es que cuando hay un mercado, hay una solución”, le dice a la BBC.

“Hoy en día contamos con cientos de vacunas para coronavirus, pero todas son para animales: cerdos, pollos, vacas, etc.”.

Estas son vacunas para prevenir enfermedades que pueden costar millones de dólares a la industria avícola y ganadera.

Y se había pensado que los brotes de coronavirus en humanos podían ser controlados.

“El problema es que para cualquier compañía es una terrible propuesta empresarial desarrollar un producto que, según las probabilidades, no será utilizado en décadas o quizás nunca”.

“Este es el tipo de cosas donde los gobiernos deben invertir. Si esto hubiera sido una prioridad no tengo dudas de que las agencias gubernamentales hubieran financiado el continuo desarrollo de una vacuna para Sars”, señala Kolchinsky.

“Y quizás habríamos estado mejor preparados para reaccionar al covid-19”, agrega.

Nueva vacuna

La realidad ahora es que se necesita una vacuna contra el coronavirus que causa covid-19.

Y lo más probable es que esta no esté lista hasta dentro de varios meses, quizás entre 12 y 18.

Investigadores en Brasil.

Getty Images
La vacuna no estará lista hasta dentro de varios meses.

Quizás para entonces la pandemia podría estar ya controlada.

La doctora Bottazzi y su equipo están trabajando tanto en la actualización de la vacuna de Sars de 2016, como en una nueva vacuna para covid-19.

Y continúan tratando de encontrar financiamiento para su investigación.

“Los donantes nos han dado dinero para mover rápido la vacuna de 2016. Y los Institutos Nacionales de Salud nos dieron un pequeño subsidio de US$400,000 para empezar el desarrollo de la (nueva vacuna) covid-19. Pero tenemos que seguir convenciendo a los donantes para tener dinero para acelerarla”.

Todo el proceso, dice la investigadora, es “muy frustrante”.

“Nosotros en los laboratorios queremos desarrollar estas vacunas, pero no hay el apoyo financiero ni el apoyo de entidades gubernamentales que nos den fondos para la investigación”, le dice a BBC Mundo María Elena Bottazzi.

“Porque no tenemos programas sostenibles y las prioridades cambian de acuerdo a lo que está ocurriendo en momento”.

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