El asesinato de Marcos: versiones sobre la muerte del migrante hondureño en Saltillo
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El asesinato de Marcos: versiones sobre la muerte del migrante hondureño en Saltillo

Ocho migrantes que acompañaban a la víctima han presentado denuncia por homicidio. La Fiscalía de Coahuila dice que investiga a sus agentes, señalados de matar al hondureño, y que alegan una supuesta persecución a narcomenudistas
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Un migrante hondureño murió baleado la noche del 31 de julio en Saltillo, Coahuila. Se llamaba Marcos, tenía 29 años y se encontraba con su hija de ocho años, que le vio caer malherido. Ambos querían llegar a Estados Unidos y formaban parte de un grupo de unas 20 personas acababa de abandonar la Casa del Migrante, con la intención de tomar el tren y seguir su camino hacia el norte. La siguiente parada era Piedras Negras.

Sus planes fueron interrumpido a tiros.

Ahora hay que determinar quién apretó el gatillo, y por qué se iniciaron los disparos.

Las versiones de los testigos y de las autoridades son incompatibles. Solo hay una certeza: en el suceso se vieron involucrados agentes de investigación criminal adscritos a la Fiscalía General del Estado (FGE). Los migrantes les señalan a ellos como autores únicos de las detonaciones. La Fiscalía dice que hubo una persecución a presuntos narcomenudistas que no han sido detenidos, y que ahí se dieron los disparos.

El resultado: un migrante muerto y una niña que se ha quedado sin su padre, y un caso con muchas interrogantes.

El homicidio llega después de varias semanas en las que organizaciones de Derechos Humanos denunciaron el hostigamiento al que Ejército y policía estatal sometieron a la Casa de Migrante.

Entérate: Tras la amenaza de Trump, las detenciones de migrantes en México rompen récord

Desde que se conoció el suceso, el Instituto Nacional de Migración (INM) y la Policía Federal reiteraron que no tenían nada qué ver. A mediodía emitieron un comunicado junto a la secretaría de Relaciones Exteriores y la de Seguridad, desligándose por completo del operativo.

Así que la situación queda del lado del Estado de Coahuila, que es donde debe investigarse la muerte.

Los testigos hablan a través de su abogado

“Llegaron unas camionetas, gente con pasamontañas, con rodilleras, coderas, chalecos, todos de negro con casco. Al verlos tratan de correr porque piensan que es una redada de migración, ya que últimamente se registraron muchas. Escucharon balazos y vieron caer a su compañero”.

Esta es la versión que ofrece Javier Martínez, abogado y coordinador del área de protección de la Casa del Migrante de Saltillo. Él asistió en sus declaraciones a ocho sobrevivientes, que presentaron denuncia ante la FGE por un delito de homicidio.

Según estos testimonios, la reconstrucción de los hechos que derivaron en el asesinato del migrante hondureño es la siguiente: el grupo sale de Casa del Migrante en dirección a las vías del tren, en una zona ubicada junto a la colonia 5 de mayo. El trayecto es de aproximadamente kilómetro y medio. En el tránsito, los migrantes, hondureños y salvadoreños, se sienten intranquilos hasta el punto en el que uno de ellos resguarda a su hijo en una abarrotería cercana.

Una vez en el arroyo, en la zona cercana a la vía del tren, llega la tragedia. Policías encapuchados, una persecución y los disparos que acaban con la vida del hombre.

Del grupo de 20, algunos siguieron su camino hacia el norte y otros once regresaron al albergue. De ellos, seis son menores de edad. Una es la hija de la víctima.

Ocho de ellos interpusieron la denuncia y podrían optar a una tarjeta de visitante por motivos humanitarios, por haber sido testigos de un crimen. Solicitarla o no es su decisión. Ahora están intranquilos. Quieren pasar desapercibidos del foco mediático.

La FGE cambia de relato

La versión de la FGE es completamente distinta. Desde el primer momento reconoce que son sus agentes los que están involucrados. Pero su relato se modifica con el paso del tiempo.

En la madrugada del 1 de agosto emite una primera comunicación.

“La noche del 31 de julio, a la altura de las vías del ferrocarril, cuatro personas de sexo masculino agreden verbalmente a los policías, uno de ellos saca de entre sus ropas un arma de fuego y realiza disparos, mientras que las otras personas huyeron en forma pedestre, los oficiales repelen la agresión con sus armas de cargo por lo que el agresor cae abatido”, dice la tarjeta informativa.

Esa primera nota señala al migrante de portar un arma. Pero la explicación cae horas después.

El jueves 1 de agosto, pasadas las 16.30 horas, comparece el fiscal general, Gerardo Márquez Guevara.

Su relato es el siguiente: dos unidades de investigación criminal de la PGE identifican a cuatro sospechosos de vender drogas. Los tenían en la mira desde hace una semana, cuando se produjeron otros dos arrestos, y los vinculan incluso con un homicidio. Se dirigen a ellos, pero se produce una confrontación. Los cuatro delincuentes se separan. Dos corren hacia el arroyo, hacia la zona cercana al ferrocarril, donde se encuentra el grupo de migrantes. Se producen disparos, tanto por parte de los presuntos criminales como de los agentes. Hasta que los policías se encuentran con el hondureño malherido y piden una ambulancia.

Según esta versión, en la zona se asegura un arma escuadra, aunque no se ofrece el calibre para no perjudicar la investigación.

Los seis policías involucrados están concentrados en la dirección general. No están detenidos, pero serán investigados. Lo primero es cotejar de quién era el arma que mató a Marcos. El fiscal general pidió tiempo hasta que se judicialice la causa para determinar si hubo excesos o de quién es la culpa.

En términos optimistas se expresó Hugo Morales, presidente de la Comisión Estatal para los Derechos Humanos. “De acuerdo al camino que se está trazando, veo posible que haya voluntad para poder judicializar en un término breve”, dijo.

Este viernes podría haber datos sobre autopsia y balística

Según Márquez Guevara este viernes podrían conocerse datos relevantes sobre las pruebas de balística y la necropsia. Es decir, los estudios que deberían determinar de quién era la bala que mató al hondureño. Porque las versiones de los testigos y de los vecinos recogidas por la prensa local hablan de que solo los policías dispararon. Únicamente la FGE, a la que están adscritos los agentes señalados, menciona una supuesta persecución y tiroteo.

A pesar de ello, el fiscal general insiste en que “no habrá impunidad”. Rechaza que su institución tenga intención de proteger a los agentes.

Sin embargo, Javier Martínez no se fía. Por eso indica que podrían pedir que sea la Fiscalía General de la República la que se haga cargo de la investigación.

Hugo Morales, presidente de la Comisión Estatal para los Derechos Humanos, pone en valor la presencia de su institución, de la Comisión Nacional para los Derechos Humanos (CNDH), y de la oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU en México como garantía de transparencia.

Por el momento, diversas instancias gubernamentales han entrevistado a los sobrevivientes. Martínez cree que como el caso se ha convertido en algo mediático, las instituciones se ven obligadas a moverse. Pero el foco se marchará y el abogado teme que la muerte de Marcos termine impune.

El homicidio generó un amplio rechazo entre diversos sectores que apoyan a los migrantes.

El obispo Raúl Vera López calificó de “asesinos” a los policías que, presuntamente, apretaron el gatillo. “Esta sociedad se está pudriendo. ¿Cómo es posible que tengamos autoridades para asesinar a gente inocente? Tienen que ir a la cárcel. Que el fiscal, con todos sus esbirros vayan a la cárcel. Deben de ir a la cárcel porque son asesinos”, dijo el religioso, durante una misa oficiada el jueves.

Diversas organizaciones de la sociedad civil, tanto mexicana como centroamericana, emitieron un comunicado en el que exigían una investigación que esclarezca los hechos, un castigo a los culpables y una revisión de la política migratoria.

“Vamos a transparentar todo. No vamos a cubrir nada. Queremos aclarar la situación”, dijo Márquez Guevara. Eso es lo que piden las organizaciones de la sociedad civil, que no separan el homicidio de un contexto de incremento de la presión sobre los migrantes.

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BBC

"Solo me comunico por Internet”: un mexicano cuenta cómo se vive la cuarentena en Wuhan

El mexicano Daniel Stamatis lleva cuatro años viviendo en Wuhan, la ciudad donde comenzó el brote del coronavirus que ha matado a decenas de personas. Tras una visita a México, el 17 de enero volvió a China sin saber que una semana después quedaría atrapado en una ciudad en cuarentena.
BBC
27 de enero, 2020
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El mexicano Daniel Stamatis se subió a un avión rumbo a China el 17 de enero sin saber que, solo una semana después, la ciudad en la que vive quedaría en cuarentena, con el transporte público suspendido, el aeropuerto cerrado y la obligación legal de no salir de ella.

Stamatis lleva siete años viviendo en el gigante asiático. Primero, en localidades más tradicionales y parecidas a la “China del taichí, lagos y lirios” que él se imaginaba antes de conocer el país. Luego, desde 2016, en Wuhan, una ciudad “contaminada” y “en construcción” que “en unos cinco o seis años será bonita”, pero que hoy en día “deja mucho que desear”.

Hasta hace pocas semanas, el nombre de Wuhan no evocaba mucho en el exterior. Tal vez no más que el de un lugar donde se hace escala cuando se viaja a algún país asiático.

Sin embargo, en estos días no deja de mencionarse en medios de comunicación de todo el mundo, donde ya es conocida como la urbe donde surgió un nuevo coronavirus que ya se cobrado más de 80 vidas y estropeado la celebración del Año Nuevo Lunar a cientos de ciudadanos.

La propagación del virus, del que aún se sabe poco, se “está acelerando”, según admitió este sábado el presidente chino, Xi Jinping.

Para frenarla, las autoridades decretaron medidas para aislar a decenas de millones de personas en más de una decena de ciudades. Entre los afectados, está Daniel Stamatis.

“Hace como un mes, algunos compañeros publicaban en nuestros grupos de WeChat, una aplicación que es como el WhatsApp pero en chino: ‘Usen máscaras’, ‘Hay que tener cuidado’. Para mí era una exageración porque ya sabes cómo es uno”, recuerda Stamatis, que está haciendo un doctorado en arquitectura con bambú en la Universidad de Ciencia y Tecnología de Huazhong.

Stamatis enseña en su cuenta de Twitter cuán vacías que están las calles de Wuhan…

... y cuán llenos que están los supermercados.

Así fue como oyó por primera vez de la existencia del virus.

Las advertencias se fueron haciendo más frecuentes. “Y luego yo me fui a México. El 11 de enero, yo estaba en una boda en México, fíjate”.

“Tenía mi vuelo de regreso el día 17, que lo tomo perfectamente, y el día 19: alarma total por el virus”.

Varios días solo

“Si hubiera puesto mi vuelo de regreso unos días más tarde, ya no me hubieran dejado entrar a China, me hubiese tenido que quedar en México y eso hubiese sido perfecto“, comenta en una entrevista por Skype.

Lleva varios días solo: “Solo me comunico por internet, no estoy viendo a nadie”.

Stamatis vive con su novia, pero hasta en eso ha intervenido la cuarentena.

“Mi novia se había ido un día antes a Suzhou, otra ciudad, con su mamá y ya no la dejaron entrar. No la dejaron subirse al tren… Por ley, nadie sale y nadie entra”, afirma este arquitecto de 36 años.

Ubicada en el centro de China, Wuhan es un importante polo comercial en el que viven 11 millones de personas.

Es, según Stamatis, un lugar en el que “todo el mundo hace las mismas cosas al mismo tiempo” en una especie de “ritualismo colectivo” que le lleva a evitar estar en la calle a determinadas horas del día.

“Yo sé perfectamente que, si salgo a las 6:30 de la mañana, tengo la ciudad para mí. Pero si salgo a las 7:30, es un caos. De 7:30 a 8:30 olvídate, no puedes hacer nada… Entonces, yo me muevo a las horas en que no es tan así”.

Daniel Stamatis

BBC
Stamatis dice que las calles están desoladas; pero los supermercados, llenos de gente.

El arquitecto asegura que su universidad es tan grande que, pese a movilizarse en metro, taxi o bus, tiene una motocicleta solo para poder desplazarse dentro del campus.

Pero ahora “no hay nada, no hay transporte público, no hay metro, no hay taxis, no hay tiendas… Salvo el supermercado, eso sí, pero las tienditas o restaurantes chiquitos no (están abiertos)”.

Este domingo entró en vigor la prohibición de la circulación de vehículos por el centro de la ciudad. Solo le está permitida a aquellos con permiso especial, como los camiones que transportan provisiones a los centros de salud.

De todas formas, él ya estaba de vacaciones por las celebraciones del Año Nuevo Lunar.

En principio, no debía regresar al campus hasta el 14 de febrero. “Precisamente hace como una hora nos mandaron un comunicado diciendo que se iban a extender, pero no nos dieron fecha”.

De compras

¿Cómo se vive en una ciudad en cuarentena?

Stamatis cuenta que no sale de casa, pero este domingo hizo una excepción para comprar comida.

Se puso la mascarilla —”Es ilegal no tener máscara”— y caminó por calles desoladas, en las que apenas se veían vehículos, hasta llegar a un lugar que sí estaba abarrotado de gente: el supermercado.

“Había muy poquita gente en la calle. Pero dentro del supermercado había muchas más gente que en un día normal”.

Hombre en motocicleta

Getty Images
Se puede ver poca gente por las calles de Wuhan estos días.

Antes de entrar al establecimiento, sin embargo, tuvo que pasar una prueba: “A todo el mundo nos pusieron un aparato… Era como una pistolita amarilla con un cuadrito que te la ponen en la frente, la checan allí y pasas”.

“Supongo que es para ver si estás infectado”.

Lo más probable es que haya sido un termómetro, con el que se está intentando detectar posibles casos de infectados con el coronavirus.

Junto a la tos, dificultades para respirar, dolor de cabeza, estornudos y fallos renales, la fiebre es uno de los síntomas que produce esta enfermedad.

La medición fue rápida y todo el mundo parecía pasar la prueba.

Stamatis volvió a casa bien provisto de alimentos congelados y enlatados y varios litros de jugo de naranja. Quiso comprar frutas y vegetales, pero estaban tan codiciados que la cola para pesarlos “ocupaba todos los pasillos del supermercado“.

“Nunca antes había visto algo así… No estuve dispuesto a pasar tres horas de cola por tres melones y tres manzanas”.

Si bien sí vio a algún adulto mayor, no se encontró ni en las calles ni en el supermercado con el otro perfil que compone la población más vulnerable al virus: niños.

Una “pequeña ventana”

El mexicano dice estar tranquilo por el momento y cree que hay que esperar a que acaben las festividades en China para ver el verdadero impacto de la cuarentena.

“Hace dos días fue el año nuevo chino y en esa época siempre está más lento. Creo que hay que esperar unos días más, que se empiecen a activar los ciudadanos, que salgan de sus vacaciones, para ver realmente cómo va a estar la situación cuando todos ya estén yendo a su trabajo como en un día normal”.

Daniel Stamatis

BBC
Daniel Stamatis estudia un doctorado en arquitectura con bambú en China.

Por eso, se tomó con calma el cierre de la ciudad: “Dije: ‘Órale, no voy a hacer ola. Voy a quedarme aquí, tranquilo, haciendo mis cosas y listo, no hay problema”.

Pero luego, dos noticias le hicieron cambiar de opinión.

“Una, la de que Xi Jinping decía que el virus se está acelerando. Y, al mismo tiempo, que Estados Unidos va a mandar aviones por los estadounidenses que viven en Wuhan, que son miles, porque tienen aquí a General Motors, (hay) muchos empresarios y diplomáticos”.

Un amigo mexicano en Indonesia acabó de darle forma a la idea: ¿por qué no usar ese avión?

“Me pareció no tan descabellado. Además, tengo visa a Estados Unidos desde los seis años”.

La embajada y el consulado atendieron su pedido “amablemente”, pero sin hacerle mucho caso, según él sospechaba. Y luego se le ocurrió recurrir a una herramienta que, según dice, apenas sabe usar: Twitter.

Varios medios de comunicación de América Latina se hicieron eco de su tuit.

“Me pareció una cosa impresionante, en 10 horas los embajadores contestaron, me llamaron de aquí, de China… Me dijeron que sí puede ser, que lo tendrán en cuenta, que nadie nunca se lo había pedido”.

Stamatis dice estar a la espera de que China apruebe que EE.UU. envíe aviones para retirar a sus ciudadanos.

“Yo no tenía la idea de salir de aquí porque cuando te cierran, te cierran. No hay mucha discusión. Pero si otro país, y sobre todo el vecino del norte, va a mandar aviones, pues yo me voy en el ala, no me importa”.

“No estoy desesperado porque de algún modo estoy bien, tengo comida, me siento bien físicamente, no he visto a nadie morirse en la calle… No quiero ni ser fatalista, pero tampoco pendejo”.

Su familia es la más esperanzada en que pueda subirse a ese avión. “Están más preocupados que yo. No sé si porque uno ya está aquí y se insensibiliza un poco“.

“Yo no más digo que no quiero quedarme con los brazos cruzados… Yo no más vi una pequeñísima oportunidad, una pequeñita ventana… donde igual quepo”.


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