‘Estamos atrapados’: migrantes africanos se rebelan contra el INM para obtener papeles de salida
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Alberto Pradilla

‘Estamos atrapados’: migrantes africanos se rebelan contra el INM para obtener papeles de salida

Decenas de migrantes africanos bloquearon durante horas las entradas a la estación Siglo XXI, en Tapachula, Chiapas. Solo impidieron el paso a los funcionarios del INM. Reclaman que les entreguen un documento que les permita seguir su camino hacia Estados Unidos o Canadá.
Alberto Pradilla
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Un funcionario del Instituto Nacional de Migración (INM) intenta acceder a su puesto en la estación Siglo XXI de Tapachula, Chiapas. Camisa blanca impoluta en pantalones beige, panza que asoma, gafas de sol, pelo peinado a raya, mochila al hombro y paso decidido. Son las 8:58 am del lunes, 26 de agosto. Como cada día, el oficial se dirige a cumplir con su trabajo en el centro de detención de extranjeros más grande de América Latina. 

Hoy, sin embargo, es diferente. 

Hoy no va a poder cruzar la puerta. 

Hoy se han rebelado los africanos que llevan nueve días protestando porque el INM no les proporciona oficios de salida que les permitan continuar su camino hacia Estados Unidos o Canadá. 

Lee: Migrantes africanos bloquean acceso a Estación Migratoria en Chiapas, acusan abandono de autoridades

Desde las seis de la mañana, los descontentos cortan los accesos a Siglo XXI. Permiten que entren policías y agentes de la Guardia Nacional. Con ellos no hay problema. Los que tienen vetado el pase son los funcionarios de migración, como el tipo que ahora mismo intenta cruzar. No hay precedentes de una protesta de estas características: migrantes que estuvieron encerrados impiden entrar a trabajar a aquellos que los mantuvieron cautivos. De alguna manera, los siguen manteniendo encerrados. Es el INM quien les entrega los oficios con una disyuntiva que no aceptan: incierta regularización o abandonar México por la frontera sur. 

Para ellos, Tapachula es su nueva cárcel. 

Antes de acercarse a la garita de acceso, el hombre sabe que no pasará. Puede ver perfectamente al grupo de africanos que va a cortarle el paso. Él, sin embargo, lo intenta. Como un reto. Como si quisiese decirles, a ellos y a los que vendrán detrás, que con él no valen tonterías. 

Al fin y al cabo, detrás de esos muros ahora inalcanzables, él es la autoridad. 

Él es quien ordena guardar fila, quien da las órdenes, quien manda callar. 

Te puede interesar: Los rostros del campamento de migrantes africanos que crece en Tapachula, Chiapas

Él es quien debe impedir insubordinaciones como la que tiene delante de sus narices.

No dice nada, pero trata de pasar. 

Lo intenta primero por el flanco derecho. Es imposible. “¡Mafia!” le gritan en su cara, mientras hombres y mujeres impiden su avance con las manos en alto. “¡Mafia!”, siguen gritando, mientras el funcionario se revuelve. 

Los funcionarios del INM no pudieron entrar a las instalaciones. Foto: Alberto Pradilla

El hombre se mantiene parado, contrariado. Observa la puerta por encima de la barrera de cuerpos que se le atraviesan. Pasan los segundos. “¡Mafia!” escucha, a escasos centímetros de sus oídos.

Nada que hacer por aquí. 

Se da la vuelta y avanza a través de algunas de las tiendas de campaña que se han levantado en el improvisado campamento africano frente a Siglo XXI. 

Prueba por el otro costado, el izquierdo, el del acceso principal para vehículos, donde se ubica un dispositivo de la Policía Federal y la Guardia Nacional. Tampoco puede llegar hasta ellos. Una muralla humana se abre y se cierra como un acordeón. En medio está el oficial, rodeado. Desiste. Retrocede. Comienza a hablar por teléfono, con una sonrisa incómoda. Se le ve pequeño, pequeñito, menguante, ante los hombres y mujeres que le persiguen extendiendo los brazos hacia el cielo. “Mafia, mafia, mafia”, repiten. Son hombres y mujeres que han trepado montañas, que han atravesado selvas, que cruzaron mares para llegar hasta aquí. Algunos vieron morir a sus seres queridos, en sus países de origen o durante el trayecto. Son hombres y mujeres frustrados, que no desisten de su objetivo. 

Del otro lado, elementos federales y militares formaron una valla. Foto: Alberto Pradilla.

El funcionario, consciente de que hoy no trabajará, desanda sus pasos. Camina hacia sus compañeros, que esperan en el parking que separa la estación migratoria y el hospital Cofat. Tras él, un séquito de migrantes que corea el lema “mafia, mafia, mafia” mientras hace sonar silbatos, tambores improvisados con cubos de pintura y una especie de maracas fabricadas con botellas de plástico y piedras. “Mafia, mafia, mafia”.

De repente, el oficial eleva su celular. Lo levanta. Se hace una selfie. Por detrás, decenas de seres humanos agotados, desesperados, exhaustos, suplicantes.

Un momento de catarsis

Un funcionario acaba de hacerse una selfie con los migrantes como atrezzo. Es un gesto frívolo pero impotente. Tras él, decenas de congoleños, cameruneses, angoleños o mozambiqueños protestan, airados. 

El funcionario optó por tomarse una selfie con los manifestantes. Foto: Alberto Pradilla.

Su preocupación principal es que ya no se expide el mal llamado “salvoconducto”, el documento que obligaba a salir de México en 20 días y que era utilizado como visado para alcanzar el norte. Pero no es la única. Hay muchas frustraciones. “¡Nos han dado un papel falso!”, dice uno. “¡Nunca nos hablan, nos tratan como si fuéramos idiotas!”, se queja otro. “¡Dicen que somos apátridas, pero tenemos nacionalidad, exijo que en este papel diga que soy camerunés!”, dice un tercero, sin saber que es precisamente la imposibilidad de ubicarle en su país lo que le garantiza que no va a ser deportado.

Entramos en un momento de catarsis. Es la rebelión contra lo que consideran un engaño, pero también contra el sistema migratorio en sí mismo. 

“¡Mujeres, niños, hombres, teléfono allá! ¡Fila! ¡Fila! ¡Fila!” gritan, al unísono, una decena de migrantes. No saben español, pero saben perfectamente qué significa “hacer fila”. Es lo que llevan haciendo desde que llegaron a México. Y les invitan a hacer lo mismo a los funcionarios del INM, que les observan desde la lejanía. 

“¡Dicen que somos apátridas, pero tenemos nacionalidad, exijo que en este papel diga que soy camerunés!”, gritó uno de los inconformes. Foto: Alberto Pradilla.

Definitivamente, hoy no se trabaja en la estación migratoria Siglo XXI. La protesta se originó porque México les ha cerrado la puerta hacia el norte pero, de repente, emergen otras reivindicaciones. Tienen que ver con sus condiciones de vida, con la forma en la que perciben que se les trata, con la humanidad de personas vulnerables que sienten engañadas, ignoradas, convertidas en mercancía. 

Lee: Guardia Nacional y Policía Federal disuelven con jaloneos protesta de migrantes africanos en Chiapas

Como Ignatius, un camerunés que, en los primeros minutos de la protesta, denuncia haber sufrido un asalto a manos de policías municipales. Según relata, tres agentes lo llevaron a una zona de árboles cuando salía del área donde se ubica la Siglo XXI y le robaron 4 mil pesos. “Me cachearon, me golpearon, me quitaron el dinero y el celular”, dice. En sus manos, un papel con un mapa escrito a mano donde ubicar el lugar en el que fue asaltado y la matrícula del vehículo policial. También, arrugado, su oficio de salida. Dice que fueron los policías los que hicieron una bola con él y lo tiraron al suelo. A pesar de todo, no ha puesto denuncia. “¿Voy a acudir a la policía para denunciar a policías que me robaron?”, se pregunta, frustrado. 

Animal Político quiso conocer la posición oficial del INM, pero, al cierre de la nota, no había recibido respuesta. También preguntó a los funcionarios que no pudieron acudir a su puesto de trabajo, pero ninguno quiso hablar y remitieron a la oficina de comunicación social de la institución. 

Las razones de los descontentos

“Somos de Camerún, Congo, Mauritania, Nigeria, Gambia. Necesitamos que nos den un pase. No nos podemos mover. Nos dicen que pidamos asilo en México. No me quiero quedar en México. Ese no es mi destino. Quiero ir a Estados Unidos o Canadá. No es fácil. Llevamos manifestándonos nueve días. Por favor, somos más de 1,500 africanos en Tapachula que no nos podemos mover. La gente está durmiendo en tiendas de campaña. Por favor”, explica Julius Tamutan, camerunés de 36 años. Faltan dos minutos para que sean las 7 de la mañana y un grupo de africanos ya permanece sentado en la carretera de acceso a siglo XXI. 

El colectivo está muy enfadado. Quienes les precedieron lograron alcanzar la frontera norte. Las reglas cambiaron cuando ellos estaban en tránsito. Y ahora se sienten estafados.

El acuerdo entre México y Estados Unidos para incrementar la persecución de los migrantes se firmó el 7 de junio. La orden que modificó los oficios de salida de Siglo XXI y que obliga a abandonar el país por la frontera sur es del 10 de julio, aunque las trabas para africanos, asiáticos y caribeños comenzaron en abril. En ese tiempo, Julius se encontraba con la mochila al hombro. Creía que llegaba a una ruta segura. Ni se le pasaba por la cabeza que se quedaría atrapado en un municipio llamado Tapachula. 

Los migrantes dicen sentirse defraudados y estafados. Foto: Alberto Pradilla.

“Tenemos muchos problemas. Yo, por ejemplo, dejé mi país por la discriminación, el racismo y la esclavitud. Pasamos por diez países de América Latina. Todos nos dejaron cruzar”, dice el mauritano Diop Abou, de 33 años. Señala a Siglo XXI. “Esto no es un campo para migrantes. Esto es una prisión. Pasé una semana y salí con un documento con el que yo pensaba que podría seguir mi camino a la frontera. Por desgracia, no fue así. Estamos cansados. Dormimos en la calle. No sabemos cuándo vamos a salir. No nos dan comida ni bebida”, se queja. 

La protesta pilló por sorpresa a los funcionarios. Por eso desde la mañana hubo algunos intentos de acceder. Cada incursión tenía algo de papeles invertidos. Por un lado, los funcionarios, las autoridades, sin la ventaja del uniforme dentro de un centro de detención. Por otro, los africanos. Su estrategia es de desobediencia civil no violenta. Cierran el paso, pero siempre con los brazos en alto, para que no haya lugar a equivocaciones. Se tiran al suelo. Gritan. Cantan. Empujan. Bailan. Nadie dio un solo golpe. 

“No violencia, no violencia”

“No violencia, no violencia”, es una de las consignas que utilizan. Saben que presentarse como personas agresivas sería contraproducente. Por eso tratan de confraternizar con la policía. Puede verse cada vez que un vehículo policial se acerca a los dos retenes improvisados con sus propios cuerpos por los migrantes. También, en la tiendita ubicada a unos metros de la estación Siglo XXI, una especie de oasis de paz en la que migrantes y policías debaten sobre las protestas, mientras compran aguas con las que combatir el sofocante calor chiapaneco. 

Los accesos permanecieron cerrados durante casi toda la jornada. Únicamente se registró un intento serio de quebrar la barrera. Ocurrió a las 11:30. En ese momento, agentes de la Policía Militar, ahora con brazaletes de la Guardia Nacional, trataron de establecer un cordón por el que atravesasen los funcionarios del INM. Pero para llegar allí, los agentes de Migración debían pasar por delante del campamento. Imposible. Era poner un pie cerca y ya tenían a mujeres, hombres y niños persiguiéndoles con la súplica: “liberen a África”. Tras media hora de intento, casi un juego del gato y el ratón en el que los funcionarios jamás tuvieron opciones de entrar a su puesto de trabajo, cada grupo recuperó sus posiciones.

El bloqueo duró casi toda la jornada a pesar de los esfuerzos de las autoridades por disuadirlo. Foto: Alberto Pradilla.

“No hay que taponear las vialidades. Están trabajando con esto. Pronto les van a dar una respuesta”, dice el mando a cargo. 

“El martes nos dijeron lo mismo”, responde un migrante, uno de los pocos que habla español.

“Ellos están trabajando para darles una respuesta”.

“¿Cuándo?”

“Yo no me comprometo a nada”, responde el oficial.

Conversación terminada. 

En realidad, no existe interlocución alguna entre migrantes y autoridades. Nadie, absolutamente nadie, se ha dirigido a ellos, más allá de los policías que hablan en términos de orden público. Por eso es previsible que las protestas se repitan. 

Lee más: El gobierno envía a la frontera con Guatemala a solicitantes de asilo devueltos por EU

En conversaciones informales, tanto funcionarios del INM como de la Secretaría de Relaciones Exteriores reconocen que existe un cambio de criterio. Oficialmente, no hay una posición. Los migrantes tampoco han recibido comunicación alguna más allá de las recomendaciones de ir a la oficina de Regularización Migratoria o a la Comisión Mexicana de Ayuda al Refugiado (Comar). Esto, además, no solo afecta a los africanos, que son los que están protestando, sino a cientos de cubanos, haitianos y asiáticos. Los miembros de las dos primeras colectividades tienen el riesgo de ser deportados, así que no se dejan ver por la manifestación. Los de la tercera tienen su propio recorrido y, salvo en algunos puntos del centro de Tapachula, no se dejan ver, a secas. 

En medio de la confusión, el activista Luis Villagrán presentó el lunes un amparo con más de 800 firmas. Asegura que la prohibición de continuar hacia el norte es ilegal. Un juez federal deberá decidir en 72 horas. Mientras tanto, los migrantes mantienen las reivindicaciones. 

Cada vez hay más tiendas de campaña en el exterior de Siglo XXI. Los accesos siguen bloqueados. Los migrantes continúan atrapados, cada vez más cansados, cada vez con menos expectativas. 

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Cuál es el sistema económico ruso y por qué se le acusa de ser un "capitalismo de compinches"

Con el fin de la Unión Soviética, Rusia abandonó el comunismo y sus líderes la embarcaron en un sistema que ha dado origen a una élite de milmillonarios.
17 de marzo, 2022
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El colapso de la poderosa Unión de la Unión Soviética en 1991 marcó el fin de una era comunista. Y fue también la entrada de Rusia, el principal estado de la unión, al que fuera su mayor enemigo: el sistema capitalista.

Rusia tiene un sistema bancario, reconoce la propiedad privada, hay acceso al mercado de capitales… “todo lo que normalmente atribuiríamos a un país capitalista”, le dice a BBC Mundo Carlos Sieglel, profesor en la División de Economía y Asuntos Globales en la Universidad Rutgers.

Es el país más grande del mundo, y obtiene grandes ingresos por la exportación de gas y petróleo.

La Agencia Internacional de Energía (IEA, por su siglas en inglés) sostiene que Rusia “juega papel descomunal en los mercados petroleros mundiales”.

Y en 2021, la revista Forbes lo ubicó en el quinto puesto de países con más milmillonarios.

Gazprom

Getty
Rusia tiene una potente industria gasífera.

Rusia es un país capitalista,pero varios expertos coinciden que tras la caida de la URSS, los líderes de Rusia, primero Boris Yeltsin y luego Vladimir Putin, alimentaron un modelo económico que favorecía a unos pocos cercanos al gobierno.

“Capitalismo de compinches”, lo llaman algunos analistas como Anders Åslund, autor del libro “El capitalismo de compinches de Rusia: el camino de la economía de mercado a la cleptocracia” (por su traducción literal al español).

¿Cómo funciona la economía de Rusia y por que sus críticos la asocian con la creación de oligarcas y corrupción?

Cambio de sistema

Según Sieglel, para entender la economía rusa de hoy hay que remontarse al derrumbe de la Unión Soviética.

Yate de Alexei Mordashov

Getty
El yate confiscado a Alexei Mordashov, acusado de ser un oligarca cercano a Putin.

Las empresas que antes pertenecían al Estado iban a ser privatizadas.

“La cuestión era cómo privatizarlas”, dice el experto.

Lo que ocurrió, dice el analista, fue que muchas de las compañías más grandes que fueron privatizadas quedaron en manos de antiguos funcionarios del gobierno o de personas que estaban bien conectadas.

A este grupo de personas, que por ser cercanas al gobierno lograron privilegios para hacerse con las empresas, hoy se les conoce como los oligarcas.

“Son élites empresariales ultrarricas con un desproporcionado poder político“, según los describe Stanislav Markus, profesor de Negocios Internacionales en la Universidad de Carolina del Sur, en un artículo de The Conversation.

Oleg Deripaska junto a Vladimir Putin en 2017

Kremlin/EPA
Vladimir Putin junto a Oleg Deripaska, uno de los llamados “oligarcas” que le son cercanos (2017).

Según Markus, los oligarcas emergieron en dos oleadas.

La primera fue a partir de 1990, cuando durante el gobierno de Boris Yeltsin se vendieron grandes compañías estatales a un bajo precio a un selecto grupo de magnates a cambio de beneficios.

La segunda oleada fue impulsada por Putin a través de contratos con el Estado, explica Markus.

El modelo era que empresas privadas de infraestructura, defensa y atención de la salud vendían sus servicios al gobierno a un precio mucho mayor que el del mercado, a cambio de sobornos a los funcionarios que hacían posible la transacción.

“Así, Putin enriqueció a una nueva legión de oligarcas que le debían sus enormes fortunas”, dice Markus.

Putin y Yeltsin.

Getty
Putin y Yeltsin.

Esa confabulación es lo que algunos califican de “capitalismo de compinches”.

“Rusia es un país con capitalismo de compinches, es muy similar a lo que tendrías en economías fascistas, donde el Estado y algunas industrias colaboraban entre sí”, dice Siegliel.

“En este caso colaboran mediante mecanismos de corrupción”.

Eszter Wirth, profesora de Economía Internacional de la Universidad Pontificia Comillas, describe a Rusia como “sistema aparentemente capitalista”.

“Donde la mayor parte de la riqueza se genera en sectores caracterizados por el rentismo, nepotismo y la compra de favores”, según le dice Wirth a BBC Mundo.

Wirth explica que Putin implementó un modelo basado en el modelo soviético caracterizado por grandes empresas estatales y lo combinó con el sistema oligarquista de Yeltsin, renacionalizando algunas entidades que habían sido privatizadas en la era Yeltsin.

“Dichas corporaciones estatales controlan un 55% de la economía rusa (las PYMES un 20,6%), que recuerdan a la época socialista”, dice la experta.

“Sistema cleptocrático”

Ese mecanismo, dicen los expertos, está basado en que los oligarcas no se meten en asuntos políticos, y el Kremlin no se mete en los negocios de estos magnates.

“Los oligarcas han ayudado a Putin a mantenerse en el poder a través de su inmovilidad política y su apoyo económico a las iniciativas internas del Kremlin”, dice Markus.

La ONG Transparencia Internacional califica a Rusia de tener un “sistema cleptocrático”.

“La gran riqueza que los cleptócratas rusos han acumulado, y siguen disfrutando, ha ayudado al presidente Putin a reforzar su control sobre el poder…” sostiene la organización en un artículo del 4 de marzo.

El semanario The Economist ubica a Rusia en el primer lugar de su Índice de Capitalismo de Compinches.

Roman Abramovich

Getty
Roman Abramovich es uno de los magnates rusos señalado de ser un oligarca.

El índice mide la cantidad de multimillonarios cuyas fortunas pueden estar asociadas a su cercanía con el gobierno, especialmente a través de negocios como bancos, casinos, defensa, industrias extractivas y construcción.

La publicación sostiene que en Rusia hay 120 milmillonarios, de los cuales el 70% cumple las características de un “capitalista compinche”.

“El 28% del PIB ruso corresponde a la riqueza de multimillonarios (oligarcas) rusos que operan en sectores rentistas (del Estado)”, indica Wirth.

Sin competencia

Sieglel sostiene que ese mecanismo corrupto también afecta el avance de la industria rusa.

“Normalmente estas compañías tendrían que competir entre ellas, esa competencias las llevaría a ser más eficientes, a contratar al personal idóneo”, dice el profesor.

“Pero lo que ocurrió fue que el gobierno, y esto también ocurre en otros países, protegió a muchos de estos individuos de la competencia directa”.

“Como resultado, lo que tienes en Rusia son una serie de compañías que no son tan eficientes en términos de producción, porque han sido aisladas de la competencia”.

El Kremlin.

Getty
El Kremlin.

Montaña rusa

A nivel global, Rusia es el segundo mayor exportador de petróleo, después de Arabia Saudita; y el tercer productor de petróleo, detrás de Estados Unidos y Arabia Saudita, según la IEA.

Tiene la segunda mayor reserva de carbón, después de EE.UU.

El 40% del gas natural que consume Europa proviene de Rusia, producido por el monopolio estatal Gazprom.

Además, el país es rico en tierras raras y productos agrícolas como trigo, maíz y aceite de girasol.

Esa riqueza natural, especialmente el gas y el petróleo, le han ayudado a superar varias crisis y vaivenes económicos en las últimas décadas.

Cuando Putin subió al poder, el país venía cerrando una década de hiperinflación, en la que había caído el PIB y había aumentado la desigualdad.

A nivel económico, los 90 en Rusia fueron “una década perdida”, según la describe Wirth en un artículo de The Conversation.

Pero la llegada de Putin al poder le dio un nuevo rumbo al país.

Rusia.

Getty
Rusia se enfrentó a una crisis económica en la década de los 90.

Durante los primeros 8 años de gobierno de Putin, Rusia tuvo un repunte que según Wirth se atribuye al alza mundial de los precios de los hidrocarburos, el principal producto de exportación ruso.

La crisis de 2008 y 2009 frenó ese crecimiento, pero en 2013 un nuevo alza en los precios del crudo los ayudó a recuperarse.

Luego, en 2014 y 2015, los precios volvieron a caer, el rublo perdió valor y aumentó la inflación.

“La dependencia excesiva de la exportación de petróleo y gas natural durante la era Putin pasó factura a la economía rusa”, escribe Wirth.

“Rusia sigue siendo un país con grandes superávits comerciales cuando los precios de las materias primas son altos, y podría invertirlos en la modernización de la maquinaria e infraestructuras obsoletas”, dice Wirth.

“Pero, al concentrarse las exportaciones en manos de pocos oligarcas, estos prefieren invertir los fondos en el extranjero, por lo que Rusia pasa desde años por un proceso de fuga de capitales hacia paraísos fiscales, Suiza o Londres”.

Sieglel concuerda en que la economía rusa no es muy diversificada, y añade que “no tienen un incentivo para innovar”.

“A pesar de los recursos, no tienen la instituciones adecuadas para innovar en términos de nuevos productos o tecnología”, dice.

El profesor también indica que, a diferencia de otros países capitalistas, en Rusia no hayleyes antimonopolio y no existe un ambiente legal que enfatice la competencia.

Planta de gas ruso

Getty
Rusia depende en gran parte de la industria de gas y petróleo.

Sanciones

Durante los últimos tres años Rusia ha tenido un crecimiento económico moderado.

En Rusia el impacto de la pandemia fue menor que en otros países, según indica el Banco Mundial.

Según el banco, esto pudo deberse a su política de ayudas fiscales por parte del Estado, así como a que tiene un sector de servicios relativamente pequeño y un sector público grande que amortiguó el desempleo.

Aún así, la profesora Wirth califica de “decepcionante” las tasas de crecimiento económico de Rusia para ser uno de los países BRIC (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica).

Además, desde que Putin invadió Crimea en 2014, Rusia enfrentó sanciones que lo tienen cada vez más aislada de los mercados occidentales.

Y el país se enfrenta ahora a un másduro paquete de sanciones internacionales como respuesta a su invasión a Ucrania.

Estas medidas incluyen que los mayores bancos rusos hayan sido expulsados del SWIFT, la red de pagos internacionales, con lo cual se les dificulta procesar transacciones que vengan del extranjero.

Putin ya ofreció ayuda estatal a los bancos sancionados.

También se han congelado cientos de miles de millones de euros de la reserva del banco central de Rusia.

Mc Donalds en Rusia

Getty
Varias marcas anunciaron que dejarán de operar en Rusia.

Cerca de 300 marcas han suspendido sus operaciones en Rusia.

Y también se han aplicado sanciones individuales a decenas de multimillonarios que EE.UU., Reino Unido y Europa considera oligarcas cercanos a Putin.

En el último mes, el rublo ha perdido más del 40% de su valor frente al dólar.

Con base en estas sanciones, el banco de inversiones Goldman Sacks calcula que este año el PIB de Rusia podría caer 7%.

La firma de análisis de mercado Oxford Economics calcula que la presión sobre los mercados financieros rusos podría tener un impacto de 6% en el PIB, respecto a los pronósticos que habían hecho antes de la crisis.

La apuesta de Occidente es que esas sanciones aíslen y ahoguen la economía rusa, como medida de presión para que Putin suspenda los ataques.

Wirth, sin embargo, se muestra escéptica frente a la efectividad de estas sanciones.

“En regímenes autoritarios las sanciones económicas han sido poco efectivas, ni en Irán, ni en Corea del Norte han generado cambios políticos”, dice. “Putin tampoco parece querer escuchar a nadie que no fuese él mismo”.

Mientras tanto, Ucrania sigue bajo el implacable fuego ruso.


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