‘Estamos atrapados’: migrantes africanos se rebelan contra el INM para obtener papeles de salida
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Alberto Pradilla

‘Estamos atrapados’: migrantes africanos se rebelan contra el INM para obtener papeles de salida

Decenas de migrantes africanos bloquearon durante horas las entradas a la estación Siglo XXI, en Tapachula, Chiapas. Solo impidieron el paso a los funcionarios del INM. Reclaman que les entreguen un documento que les permita seguir su camino hacia Estados Unidos o Canadá.
Alberto Pradilla
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Un funcionario del Instituto Nacional de Migración (INM) intenta acceder a su puesto en la estación Siglo XXI de Tapachula, Chiapas. Camisa blanca impoluta en pantalones beige, panza que asoma, gafas de sol, pelo peinado a raya, mochila al hombro y paso decidido. Son las 8:58 am del lunes, 26 de agosto. Como cada día, el oficial se dirige a cumplir con su trabajo en el centro de detención de extranjeros más grande de América Latina. 

Hoy, sin embargo, es diferente. 

Hoy no va a poder cruzar la puerta. 

Hoy se han rebelado los africanos que llevan nueve días protestando porque el INM no les proporciona oficios de salida que les permitan continuar su camino hacia Estados Unidos o Canadá. 

Lee: Migrantes africanos bloquean acceso a Estación Migratoria en Chiapas, acusan abandono de autoridades

Desde las seis de la mañana, los descontentos cortan los accesos a Siglo XXI. Permiten que entren policías y agentes de la Guardia Nacional. Con ellos no hay problema. Los que tienen vetado el pase son los funcionarios de migración, como el tipo que ahora mismo intenta cruzar. No hay precedentes de una protesta de estas características: migrantes que estuvieron encerrados impiden entrar a trabajar a aquellos que los mantuvieron cautivos. De alguna manera, los siguen manteniendo encerrados. Es el INM quien les entrega los oficios con una disyuntiva que no aceptan: incierta regularización o abandonar México por la frontera sur. 

Para ellos, Tapachula es su nueva cárcel. 

Antes de acercarse a la garita de acceso, el hombre sabe que no pasará. Puede ver perfectamente al grupo de africanos que va a cortarle el paso. Él, sin embargo, lo intenta. Como un reto. Como si quisiese decirles, a ellos y a los que vendrán detrás, que con él no valen tonterías. 

Al fin y al cabo, detrás de esos muros ahora inalcanzables, él es la autoridad. 

Él es quien ordena guardar fila, quien da las órdenes, quien manda callar. 

Te puede interesar: Los rostros del campamento de migrantes africanos que crece en Tapachula, Chiapas

Él es quien debe impedir insubordinaciones como la que tiene delante de sus narices.

No dice nada, pero trata de pasar. 

Lo intenta primero por el flanco derecho. Es imposible. “¡Mafia!” le gritan en su cara, mientras hombres y mujeres impiden su avance con las manos en alto. “¡Mafia!”, siguen gritando, mientras el funcionario se revuelve. 

Los funcionarios del INM no pudieron entrar a las instalaciones. Foto: Alberto Pradilla

El hombre se mantiene parado, contrariado. Observa la puerta por encima de la barrera de cuerpos que se le atraviesan. Pasan los segundos. “¡Mafia!” escucha, a escasos centímetros de sus oídos.

Nada que hacer por aquí. 

Se da la vuelta y avanza a través de algunas de las tiendas de campaña que se han levantado en el improvisado campamento africano frente a Siglo XXI. 

Prueba por el otro costado, el izquierdo, el del acceso principal para vehículos, donde se ubica un dispositivo de la Policía Federal y la Guardia Nacional. Tampoco puede llegar hasta ellos. Una muralla humana se abre y se cierra como un acordeón. En medio está el oficial, rodeado. Desiste. Retrocede. Comienza a hablar por teléfono, con una sonrisa incómoda. Se le ve pequeño, pequeñito, menguante, ante los hombres y mujeres que le persiguen extendiendo los brazos hacia el cielo. “Mafia, mafia, mafia”, repiten. Son hombres y mujeres que han trepado montañas, que han atravesado selvas, que cruzaron mares para llegar hasta aquí. Algunos vieron morir a sus seres queridos, en sus países de origen o durante el trayecto. Son hombres y mujeres frustrados, que no desisten de su objetivo. 

Del otro lado, elementos federales y militares formaron una valla. Foto: Alberto Pradilla.

El funcionario, consciente de que hoy no trabajará, desanda sus pasos. Camina hacia sus compañeros, que esperan en el parking que separa la estación migratoria y el hospital Cofat. Tras él, un séquito de migrantes que corea el lema “mafia, mafia, mafia” mientras hace sonar silbatos, tambores improvisados con cubos de pintura y una especie de maracas fabricadas con botellas de plástico y piedras. “Mafia, mafia, mafia”.

De repente, el oficial eleva su celular. Lo levanta. Se hace una selfie. Por detrás, decenas de seres humanos agotados, desesperados, exhaustos, suplicantes.

Un momento de catarsis

Un funcionario acaba de hacerse una selfie con los migrantes como atrezzo. Es un gesto frívolo pero impotente. Tras él, decenas de congoleños, cameruneses, angoleños o mozambiqueños protestan, airados. 

El funcionario optó por tomarse una selfie con los manifestantes. Foto: Alberto Pradilla.

Su preocupación principal es que ya no se expide el mal llamado “salvoconducto”, el documento que obligaba a salir de México en 20 días y que era utilizado como visado para alcanzar el norte. Pero no es la única. Hay muchas frustraciones. “¡Nos han dado un papel falso!”, dice uno. “¡Nunca nos hablan, nos tratan como si fuéramos idiotas!”, se queja otro. “¡Dicen que somos apátridas, pero tenemos nacionalidad, exijo que en este papel diga que soy camerunés!”, dice un tercero, sin saber que es precisamente la imposibilidad de ubicarle en su país lo que le garantiza que no va a ser deportado.

Entramos en un momento de catarsis. Es la rebelión contra lo que consideran un engaño, pero también contra el sistema migratorio en sí mismo. 

“¡Mujeres, niños, hombres, teléfono allá! ¡Fila! ¡Fila! ¡Fila!” gritan, al unísono, una decena de migrantes. No saben español, pero saben perfectamente qué significa “hacer fila”. Es lo que llevan haciendo desde que llegaron a México. Y les invitan a hacer lo mismo a los funcionarios del INM, que les observan desde la lejanía. 

“¡Dicen que somos apátridas, pero tenemos nacionalidad, exijo que en este papel diga que soy camerunés!”, gritó uno de los inconformes. Foto: Alberto Pradilla.

Definitivamente, hoy no se trabaja en la estación migratoria Siglo XXI. La protesta se originó porque México les ha cerrado la puerta hacia el norte pero, de repente, emergen otras reivindicaciones. Tienen que ver con sus condiciones de vida, con la forma en la que perciben que se les trata, con la humanidad de personas vulnerables que sienten engañadas, ignoradas, convertidas en mercancía. 

Lee: Guardia Nacional y Policía Federal disuelven con jaloneos protesta de migrantes africanos en Chiapas

Como Ignatius, un camerunés que, en los primeros minutos de la protesta, denuncia haber sufrido un asalto a manos de policías municipales. Según relata, tres agentes lo llevaron a una zona de árboles cuando salía del área donde se ubica la Siglo XXI y le robaron 4 mil pesos. “Me cachearon, me golpearon, me quitaron el dinero y el celular”, dice. En sus manos, un papel con un mapa escrito a mano donde ubicar el lugar en el que fue asaltado y la matrícula del vehículo policial. También, arrugado, su oficio de salida. Dice que fueron los policías los que hicieron una bola con él y lo tiraron al suelo. A pesar de todo, no ha puesto denuncia. “¿Voy a acudir a la policía para denunciar a policías que me robaron?”, se pregunta, frustrado. 

Animal Político quiso conocer la posición oficial del INM, pero, al cierre de la nota, no había recibido respuesta. También preguntó a los funcionarios que no pudieron acudir a su puesto de trabajo, pero ninguno quiso hablar y remitieron a la oficina de comunicación social de la institución. 

Las razones de los descontentos

“Somos de Camerún, Congo, Mauritania, Nigeria, Gambia. Necesitamos que nos den un pase. No nos podemos mover. Nos dicen que pidamos asilo en México. No me quiero quedar en México. Ese no es mi destino. Quiero ir a Estados Unidos o Canadá. No es fácil. Llevamos manifestándonos nueve días. Por favor, somos más de 1,500 africanos en Tapachula que no nos podemos mover. La gente está durmiendo en tiendas de campaña. Por favor”, explica Julius Tamutan, camerunés de 36 años. Faltan dos minutos para que sean las 7 de la mañana y un grupo de africanos ya permanece sentado en la carretera de acceso a siglo XXI. 

El colectivo está muy enfadado. Quienes les precedieron lograron alcanzar la frontera norte. Las reglas cambiaron cuando ellos estaban en tránsito. Y ahora se sienten estafados.

El acuerdo entre México y Estados Unidos para incrementar la persecución de los migrantes se firmó el 7 de junio. La orden que modificó los oficios de salida de Siglo XXI y que obliga a abandonar el país por la frontera sur es del 10 de julio, aunque las trabas para africanos, asiáticos y caribeños comenzaron en abril. En ese tiempo, Julius se encontraba con la mochila al hombro. Creía que llegaba a una ruta segura. Ni se le pasaba por la cabeza que se quedaría atrapado en un municipio llamado Tapachula. 

Los migrantes dicen sentirse defraudados y estafados. Foto: Alberto Pradilla.

“Tenemos muchos problemas. Yo, por ejemplo, dejé mi país por la discriminación, el racismo y la esclavitud. Pasamos por diez países de América Latina. Todos nos dejaron cruzar”, dice el mauritano Diop Abou, de 33 años. Señala a Siglo XXI. “Esto no es un campo para migrantes. Esto es una prisión. Pasé una semana y salí con un documento con el que yo pensaba que podría seguir mi camino a la frontera. Por desgracia, no fue así. Estamos cansados. Dormimos en la calle. No sabemos cuándo vamos a salir. No nos dan comida ni bebida”, se queja. 

La protesta pilló por sorpresa a los funcionarios. Por eso desde la mañana hubo algunos intentos de acceder. Cada incursión tenía algo de papeles invertidos. Por un lado, los funcionarios, las autoridades, sin la ventaja del uniforme dentro de un centro de detención. Por otro, los africanos. Su estrategia es de desobediencia civil no violenta. Cierran el paso, pero siempre con los brazos en alto, para que no haya lugar a equivocaciones. Se tiran al suelo. Gritan. Cantan. Empujan. Bailan. Nadie dio un solo golpe. 

“No violencia, no violencia”

“No violencia, no violencia”, es una de las consignas que utilizan. Saben que presentarse como personas agresivas sería contraproducente. Por eso tratan de confraternizar con la policía. Puede verse cada vez que un vehículo policial se acerca a los dos retenes improvisados con sus propios cuerpos por los migrantes. También, en la tiendita ubicada a unos metros de la estación Siglo XXI, una especie de oasis de paz en la que migrantes y policías debaten sobre las protestas, mientras compran aguas con las que combatir el sofocante calor chiapaneco. 

Los accesos permanecieron cerrados durante casi toda la jornada. Únicamente se registró un intento serio de quebrar la barrera. Ocurrió a las 11:30. En ese momento, agentes de la Policía Militar, ahora con brazaletes de la Guardia Nacional, trataron de establecer un cordón por el que atravesasen los funcionarios del INM. Pero para llegar allí, los agentes de Migración debían pasar por delante del campamento. Imposible. Era poner un pie cerca y ya tenían a mujeres, hombres y niños persiguiéndoles con la súplica: “liberen a África”. Tras media hora de intento, casi un juego del gato y el ratón en el que los funcionarios jamás tuvieron opciones de entrar a su puesto de trabajo, cada grupo recuperó sus posiciones.

El bloqueo duró casi toda la jornada a pesar de los esfuerzos de las autoridades por disuadirlo. Foto: Alberto Pradilla.

“No hay que taponear las vialidades. Están trabajando con esto. Pronto les van a dar una respuesta”, dice el mando a cargo. 

“El martes nos dijeron lo mismo”, responde un migrante, uno de los pocos que habla español.

“Ellos están trabajando para darles una respuesta”.

“¿Cuándo?”

“Yo no me comprometo a nada”, responde el oficial.

Conversación terminada. 

En realidad, no existe interlocución alguna entre migrantes y autoridades. Nadie, absolutamente nadie, se ha dirigido a ellos, más allá de los policías que hablan en términos de orden público. Por eso es previsible que las protestas se repitan. 

Lee más: El gobierno envía a la frontera con Guatemala a solicitantes de asilo devueltos por EU

En conversaciones informales, tanto funcionarios del INM como de la Secretaría de Relaciones Exteriores reconocen que existe un cambio de criterio. Oficialmente, no hay una posición. Los migrantes tampoco han recibido comunicación alguna más allá de las recomendaciones de ir a la oficina de Regularización Migratoria o a la Comisión Mexicana de Ayuda al Refugiado (Comar). Esto, además, no solo afecta a los africanos, que son los que están protestando, sino a cientos de cubanos, haitianos y asiáticos. Los miembros de las dos primeras colectividades tienen el riesgo de ser deportados, así que no se dejan ver por la manifestación. Los de la tercera tienen su propio recorrido y, salvo en algunos puntos del centro de Tapachula, no se dejan ver, a secas. 

En medio de la confusión, el activista Luis Villagrán presentó el lunes un amparo con más de 800 firmas. Asegura que la prohibición de continuar hacia el norte es ilegal. Un juez federal deberá decidir en 72 horas. Mientras tanto, los migrantes mantienen las reivindicaciones. 

Cada vez hay más tiendas de campaña en el exterior de Siglo XXI. Los accesos siguen bloqueados. Los migrantes continúan atrapados, cada vez más cansados, cada vez con menos expectativas. 

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Cómo Japón ha logrado controlar el covid-19 sin recurrir al aislamiento general obligatorio

Su capacidad de aislar solo a los grupos de contagio y de aplicar el distanciamiento social, además de un robusto sistema de salud, son algunas de las medidas que explican cómo Japón ha logrado ralentizar la transmisión de la pandemia.
25 de marzo, 2020
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Japón

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Japón podría bien ser uno de los países más afectados por el coronavirus del mundo.

Fue de los primeros en confirmar contagios, pocos días después de que China comenzara a alertar del brote.

Además, de acuerdo con el Banco Mundial, su población mayor de 65 años es la más alta del mundo (28%), incluso superando a Italia, lo que la hace ser especialmente vulnerable a la epidemia.

También tienen un elevado nivel de consumo de tabaco, lo que no ayuda a la hora de combatir enfermedades respiratorias.

Y no digamos que los japoneses viven en amplios espacios. Sus ciudades, de hecho, son conocidas por su alta densidad poblacional.

Sin aislamiento obligatorio

Pero quizás lo más curioso en el caso de Japón es que, pese a todo lo anterior, el gobierno no ha decretado el bloqueo de sus regiones o el aislamiento obligatorio de sus ciudadanos con el fin de detener la propagación del virus.

Más allá de la cancelación de algunos eventos deportivos (sin contar los Juegos Olímpicos, cuyo aplazamiento lo decidió el Comité Olímpico Internacional) y el cierre de escuelas, los japoneses siguen haciendo su vida de manera más o menos normal.

Esto quedó en evidencia el fin de semana pasado (22 de marzo) cuando miles de ciudadanos se congregaron en las calles y parques para admirar los famosos cerezos en flor.

Y es que, tal como dijo la gobernadora de Tokio, Yuriko Koike, quitarles esta fiesta primaveral a los japoneses es como “quitarles los abrazos a los italianos.

En contraste con lo que está ocurriendo en otros lugares del mundo por el coronavirus, los japoneses no han dejado de reunirse para admirar a sus cerezos en flor.

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En contraste con lo que está ocurriendo en otros lugares del mundo por el coronavirus, los japoneses no han dejado de reunirse para admirar a sus cerezos en flor.

Fue tanta la congregación de gente que este miércoles la propia gobernadora tuvo que solicitar a los residentes de la capital de Japón que el próximo fin de semana no salgan de sus casas si no hay “razones esenciales” para hacerlo.

Sin embargo, no impuso un confinamiento obligatorio.

De todas maneras, la escena japonesa contrastaba con lo que se vivía en ese mismo instante en algunas fantasmales ciudades europeas donde, debido a la alta tasa de contagios, se ha impuesto confinamiento obligatorio

El caso japonés intriga a los científicos.

¿Por qué este archipiélago, que podría ser otro epicentro del brote de covid-19, ha logrado contener los contagios?

Aislar a los grupos de contagio

De acuerdo con el número de enfermos y de víctimas fatales a causa del coronavirus, Japón es, entre los países desarrollados, uno de los menos afectados.

Hasta el miércoles 25 de marzo, este país asiático sumaba 1,193 casos confirmados y 43 víctimas fatales, según el mapa del hospital Johns Hopkins.

Esto lo ubica muy por debajo de otras naciones como China (donde hay más de 81,000 casos y 3,200 muertes), Italia (69,000 casos y más de 6,800 muertes), o España (con más de 47,000 casos y 3,400 víctimas fatales).

Tampoco está cerca de las desalentadoras cifras de países como Estados Unidos, Irán, Francia o Reino Unido.

Hay varios argumentos que podrían explicar el éxito del caso japonés.

Uno de ellos es que ha sido eficiente encontrando a los grupos de contagio. Así lo explica a BBC Mundo Kenji Shibuya, director del Instituto de Salud de la Población de la Universidad King’s College de Londres.

“Japón ha tenido mucho éxito en contener la propagación del covid-19 al enfocarse en grupos de brotes, es decir, personas que infectan a las otras personas. Se les ha hecho pruebas y se les ha aislado”, dice.

Shibuya explica que esta estrategia de rastrear a las personas contagiadas es la más importante a la hora de contener un virus.

“La única forma de enfrentar a cualquier pandemia es hacer tests y aislar. Y muchos países no han escuchado. En Japón están desesperados por rastrear a los contagiados. Y lo están haciendo bien en términos de enfocarse en los grupos de enfermos y aislarlos”, dice.

Debido a la pandemia, los organizadores de los Juegos Olímpicos 2020 acordaron aplazar el evento deportivo, que se realizará en Japón, por un año.

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Debido a la pandemia, los organizadores de los Juegos Olímpicos 2020 acordaron aplazar el evento deportivo -que debía realizarse en Tokio- por un año.

Sin embargo, el investigador advierte que, más allá de estos grupos, no se están haciendo todas las pruebas que se deberían. Y, en consecuencia, esto podría provocar un aumento drástico de los casos positivos.

“Las pruebas en Japón están muy por detrás de otros países. Y mi preocupación es que hay un grupo de personas infectadas, sin síntomas, que no se han detectado, además de los casos importados…”.

“Si esto fuera así -advierte- me temo que podría haber una explosión del brote.

Distanciamiento social

Otro de los argumentos que pueden explicar el éxito de Japón es el distanciamiento social que incluso antes del brote de coronavirus ya estaba bastante arraigado en su cultura.

Los japoneses son bastante conscientes de la higiene, mucho más que en otros lugares. Además, muchas personas usan mascarillas en las calles por un tema cultural, por lo que hay menos posibilidades de transmisión”, le explica a BBC Mundo Benjamin Cowling, profesor de Epidemiología de la Universidad de Hong Kong.

Una opinión similar tiene Kenji Shibuya, quien señala que “la propensión japonesa a la higiene” y otras cosas culturales como “evitar los abrazos sí puede estar incidiendo en una menor propagación.

No obstante, el investigador duda que esta sea una medida que marque la diferencia respecto a otros países.

“En Reino Unido, la gente también comenzó a tomar distancia, a trabajar desde casa y a usar mascarilla. Y los casos siguen en aumento, explica.

“Por eso, lo cierto es que no sabemos hasta qué punto está ayudando el distanciamiento social en el caso particular de Japón”, agrega.

Japón

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La estrategia en Japón ha sido sólo aislar a los grupos de contagio

De todas maneras, en lo que sí hay cierto consenso es en que la decisión temprana del gobierno de cerrar las escuelas y suspender eventos masivos, además de insistir en la necesidad de respetar las nuevas normas sociales desde un comienzo, ayudó a controlar su propagación.

Sin embargo, esto podría cambiar. El gobierno, liderado por el primer ministro, Shinzo Abe, anunció que reabrirá las escuelas en abril.

Y, a juzgar por lo que se vio el fin de semana pasado con los japoneses reunidos para admirar los cerezos en flor, la gente ya ha empezado a tomarse menos en serio las medidas de distanciamiento social.

Esto preocupa a los expertos.

Creo que no es una buena idea enviar una señal de que lo estamos haciendo bien, y reabrir las escuelas en todo el país o comenzar con los eventos. Ese es un mensaje equivocado. Necesitamos ser muy cuidadosos de lo contrario podríamos tener situaciones similares a las de Estados Unidos o países europeos”, dice Kenji Shibuya.

Ralentizar la transmisión

Si se compara la curva de la trayectoria de los contagios en Japón con la de otros países afectados por el coronavirus -como Italia, España o Estados Unidos-, se puede ver cómo los japoneses han logrado ralentizar la transmisión.

Es decir, a pesar de que sigue habiendo nuevos casos todos los días, no ha experimentado una fuerte subida en ningún momento.

Esto es lo que muchas naciones están buscando y que también se conoce por el concepto de aplanar la curva, una estrategia que, según expertos, es clave para “retrasar y contener” el covid-19.

“Los japoneses lograron ralentizar la transmisión. Hong Kong, Singapur y Taiwán también lo están haciendo bastante bien en mantener la transmisión más lenta. Y eso es lo que muchos países están buscando”, explica Cowling.

En febrero, el crucero Diamond Princess fue puesto en cuarentena frente a las costas de Japón, donde más de 700 personas de los 3.700 pasajeros a bordo dieron positivo. Esto, sumado a otros factores, hizo que muchos pensaran que Japón podría convertirse en un epicentro del brote.

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En febrero, el crucero Diamond Princess fue puesto en cuarentena frente a las costas de Japón, donde más de 700 personas de los 3.700 pasajeros a bordo dieron positivo. Esto, sumado a otros factores, hizo que muchos pensaran que Japón podría convertirse en un epicentro del brote.

El mantener controlada la epidemia también ha ayudado a que los centros de salud no se vean colapsados.

Debido a un robusto sistema sanitario -situado entre los mejores del mundo- este país asiático ha logrado darles la atención adecuada a los pacientes.

Según datos del Banco Mundial, Japón tiene alrededor de 13 camas de hospital por cada 1,000 personas, más del triple que la tasa de Italia y mucho más que lo que tienen países de América Latina.

Solo por dar unos ejemplos, en Chile hay 2.2 camas por cada mil personas, en México y Colombia 1.5, y en Perú 1.6.

De esta manera, para muchos expertos el caso de Japón debe mirarse con atención pues han logrado controlar la propagación sin aplicar medidas demasiado extremas, como bloquear ciudades enteras.

Todos estamos intentando encontrar lugares donde se mantengan los números bajos sin demasiada interrupción en la sociedad. Porque no podemos continuar con el bloqueo, pero al mismo tiempo no podemos volver a la vida normal como hace seis meses porque entonces es demasiado fácil que el coronavirus se propague”, dice Benjamin Cowling.

“Necesitamos encontrar algo en el medio y tal vez la experiencia de Japón sea más sostenible”, agrega el académico.


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