La orden del INM que explica por qué cientos de migrantes africanos protestan en Tapachula, Chiapas
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Alberto Pradilla

La orden del INM que explica por qué cientos de migrantes africanos protestan en Tapachula, Chiapas

Un oficio fechado en julio cambia las condiciones de salida de la estación migratoria Siglo XXI. Ahora los documentos que reciben les ofrecen dos opciones: regularizarse o abandonar México por la frontera sur.
Alberto Pradilla
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“Llegué a Tapachula hace un mes. Salí de Camerún y fui directamente a Ecuador. De ahí a Colombia. Subí montañas, caminé por la selva, para encontrarme esta mierda. ¡Esta mierda! No me dan de comer. No me dan nada. Estoy muy enfadado con el gobierno de México. Esto no es normal. Esto es una mierda. Necesitamos una solución. Solo queremos salir de aquí”.

Esteban Azu tiene 37 años, es camerunés y está desesperado. Su objetivo es llegar a Estados Unidos. Su trayecto le llevó a pasar por Turquía, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala y México. En este tiempo, dice, gastó unos 8,000 dólares. Afirma, en un español aprendido en Guinea Ecuatorial, que es fontanero y que podría hacer un buen trabajo en el norte. Pero está atrapado en Tapachula, Chiapas.

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Si Azu hubiese llegado a México en febrero, por ejemplo, posiblemente estaría ya en Tijuana y hubiera recogido su número para tramitar su solicitud de asilo en Estados Unidos. Pero todo cambia muy rápido en política migratoria, especialmente desde que Donald Trump inició el chantaje de los aranceles. Así que Azu está varado en Tapachula.

El 7 de junio se firmó un acuerdo con Estados Unidos por el que México se comprometió a incrementar la presión sobre los migrantes a cambio de que Washington no impusiese aranceles a las exportaciones. Desde entonces, la Guardia Nacional se despliega en las fronteras sur y norte y se han multiplicado las detenciones y deportaciones. Según datos de la Secretaría de Relaciones Exteriores, el flujo de migrantes se redujo cerca de un 40% en el mes de julio.

Como cientos de compañeros, el camerunés llegó a Chiapas y se entregó al Instituto Nacional de Migración (INM). Pasó una semana encerrado en siglo XXI y recibió un oficio de salida. En este se le califica como “apátrida” a pesar de reconocer que su nacionalidad es camerunesa. Esto ocurre porque el consulado de su país no respondió a los requerimientos de México para ser reconocido. En realidad, es su garantía de que no será deportado. El oficio, además, le dice que debe regularizar su situación. Que, en caso contrario, tendrá que abandonar el país por su frontera sur. Ahí está la clave. “Por su frontera sur”.

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Antes, los migrantes en la misma situación que Azu recibían un oficio en el que no se determinaba por dónde tenían que dejar México. Así que aprovechaban sus 20 días para subir al norte y pedir asilo en Estados Unidos. Si tenían dinero, hasta en avión podían viajar. Esto llevó a que, equivocadamente, el oficio de salida fuese comúnmente conocido como “salvoconducto”. Este mecanismo fue empleado por migrantes procedentes de todas las partes del mundo: cameruneses, haitianos y cubanos.

Desde hace aproximadamente dos meses esto ha cambiado.

Según organizaciones de Derechos Humanos como Fray Matías o el Servicio Jesuita a Migrantes, ciudadanos de diversos países de África, Asia o el Caribe no tienen opciones para abandonar Chiapas desde entonces.

El cambio tiene que ver con un oficio dirigido a las oficinas de representación del Instituto Nacional de Migración (INM), fechado a 10 de julio y firmado por Ana Laura Martínez de Lara, exdirectora general de Control y Verificación Migratoria. Está incluido en un amparo que prepara el activista Luis Villagrán y que será presentado el lunes. Animal Político confirmó su autenticidad a través de la propia Martínez de Lara.

Se trata de un documento con instrucciones sobre el oficio de salida “con fines de regularización”. En ella, se indica que “no otorga una condición de estancia”, sino la posibilidad de legalizar su situación si cumple con la ley. Además, especifica que “con dicho documento las personas extranjeras no pueden transitar libremente por territorio nacional”.

Por último, incluye las reglas para abandonar el país.

“En concordancia con lo establecido en la fracción IX del artículo 240 del Reglamento de la Ley de Migración, la persona extranjera que obtenga este beneficio y no presente el trámite correspondiente en el plazo que le fue señalado, deberá abandonar territorio nacional dentro del mismo plazo a través de un lugar destinado al tránsito internacional de personas en la frontera sur más cercano al lugar donde se expidió el citado documento”, dice. Esta referencia a la frontera sur aparece en los oficios de salida que migrantes como Esteban Azu vienen recibiendo en las últimas semanas.

El problema es que la fracción IX del artículo 240 del citado reglamento no dice eso.

Lo que dice la normativa es que “en caso de que la persona extranjera no presente el trámite correspondiente en el periodo que le fue señalado, deberá abandonar territorio nacional dentro de dicho periodo”. Es decir, no existe referencia alguna al lugar por el que el extranjero debe abandonar el país. Este punto tampoco se incluía en los oficios de salida que se entregaban a los extranjeros en años anteriores. Solo les se les indicaba que, si no se presentaban en la delegación del INM en 20 días, deberían dejar el país. Exactamente lo que ellos querían. Dejar México a través de la frontera norte.

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Animal Político consultó al INM sobre esta modificación, pero fuentes del instituto declinaron hacer comentarios. También fue preguntada Ana Laura Martínez de Lara, quien señaló que estaba en consonancia con órdenes anteriores y que su objetivo era fomentar la regularización de los extranjeros. Según aseguró, no hubo presiones para realizar esta modificación.

Actualmente, decenas de migrantes, en su mayoría africanos, duermen en el exterior de la estación migratoria siglo XXI. Se encuentran atrapados sin trabajo, sin perspectivas de futuro y sin conocer el idioma. Denuncian que el cambio en el oficio de salida les impide seguir su tránsito hacia el norte, como hicieron otros compañeros antes que ellos. Animal Político habló con cinco de estos migrantes, tres de ellos de Camerún, uno de Angola y otro de la República Democrática del Congo.

Todos ellos coincidieron en el mismo relato. Aseguran que, tras abandonar la estación migratoria, recibieron la orden de dirigirse a la oficina de regularización conocida como Las Vegas. Afirman que presentaron su documentación pero que no han recibido respuesta. Los tiempos varían entre el mes y tres semanas y las dos semanas de espera.

Según indican, las opciones que les ofrecen son dos: regularizarse ante el INM o pedir asilo en la Comisión Mexicana de Ayuda al Refugiado (Comar). La primera opción la ven inviable porque, según afirman, nadie ha recibido ningún tipo de documentación que les permita transitar a través de México. La segunda la rechazan. No quieren solicitar refugio en Chiapas porque desean hacerlo en Estados Unidos.

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Entre enero y junio se presentaron ante el INM 3,712 personas procedentes de África. Camerún es el país mayoritario, con 1,602 migrantes, seguido de la República Democrática del Congo.

En este mismo período solo se entregaron 46 tarjetas de visitante por motivos humanitarios. De ellos, únicamente 5 eran cameruneses.

Solo dos ciudadanos africanos fueron deportados en todo este periodo, según los datos del INM: uno a Costa de Marfil y otro a Lesoto.

“Estamos atrapados”, dice Azu. Asegura que no tiene intención de dar marcha atrás.

¿Y qué iba a hacer Esteban Azu en Guatemala? ¿Qué podría hacer en el país en el que seis de cada diez habitantes son pobres, en el que, desde enero, más de 200,000 personas fueron detenidas en la frontera de Estados Unidos tratando de cruzar como él?

“Es ilegal. Cambiaron esa palabra obligar a que tenga que irse por la frontera más cercana. Los demás oficios de salida establecían, establecen, porque así es la ley, que tienen 20 días para salir por cualquiera de las fronteras”, asegura Luis Villagrán, abogado y director del Centro de Dignificación Humana. Asegura haber reunido 800 firmas para un amparo que, dice, presentará el lunes. Será un juez federal el que decida.

Mientras tanto, las condiciones en el exterior de siglo XXI se agravan cada día. Progresivamente se han instalado más tiendas de campaña. Decenas de personas duermen ahí, frente a la estación migratoria, casi a la intemperie. Se sienten abandonados, humillados, olvidados, discriminados. Se manifestaron cortando la vía de acceso al centro de detención y fueron golpeados. Y su situación sigue exactamente igual: sin perspectivas de avanzar.

“Las condiciones humanitarias son muy graves. Cada día están peor”, denuncia Claudia León, del Servicio Jesuita a Migrantes. Recuerda que se han dado casos de personas convulsionando, exhaustas, por falta de alimento y de agua. “¿Están esperando que alguien muera?”, se pregunta.

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Vacuna contra COVID: por qué algunas dosis acaban en la basura y qué se puede hacer para evitarlo

El mundo vive una carrera por hacerse con las escasas vacunas disponibles contra la COVID. ¿Por qué algunas acaban en la basura o se vacuna a personas no prioritarias?
5 de febrero, 2021
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Enfermeras cargan dosis de la vacuna en Nantes, Francia.

Reuters
Muchos países se enfrentan al reto de administrar las vacunas antes de que se estropeen.

Golpeado por la pandemia de covid, el mundo se enfrentó primero al reto de desarrollar en tiempo récord una vacuna. Ahora, al de distribuirla a escala planetaria sin malgastar una sola de las preciadas dosis.

Con la oferta de vacunas disponibles lejos aún de cubrir la ingente demanda mundial, los gobiernos han establecido rigurosos planes de vacunación que establecen los colectivos que deben ser vacunados primero: generalmente, personas mayores, enfermos crónicos y trabajadores de los servicios de salud.

Sin embargo, no han tardado en aparecer las noticias de personas no pertenecientes a estos grupos prioritarios que recibían la vacuna, o, algo más sorprendente aún, de dosis que acababan en el cubo de la basura.

En la ciudad de Trelew, en la Patagonia argentina, la prensa local informó de que hubo que desechar 140 dosis de la vacuna rusa Sputnik-V porque se había roto la cadena de frío en su conservación.

En España, el general al mando de las Fuerzas Armadas tuvo que dimitir después de que se hiciera público que había recibido la vacuna, pese a que algunos de sus colaboradores les dijeron a los medios españoles que lo había hecho precisamente para evitar que se echaran a perder las dosis sobrantes en su departamento tras vacunar a las personas prioritarias.

En México, el presidente, Andrés Manuel López Obrador, condenó por “inmoral” al médico que vacunó a dos familiares después de un error en el sistema de citas del hospital en el que trabaja.

Son solo algunos ejemplos de noticias que han provocado malestar y críticas en muchos países cuando la mayoría de la gente sigue a la espera y en muchos casos aún sujeta a distintos grados de confinamiento.

El desafío de optimizar las vacunas

Lo cierto es que los sanitarios se pueden ver a veces ante un incómodo dilema, ya que las vacunas requieren condiciones especiales de conservación y, en algunos casos, sobre todo en pequeñas localidades o lugares alejados, no pueden cumplirse a rajatabla los estrictos criterios fijados por los gobiernos.

La vacuna fabricada por Pfizer, por ejemplo, debe conservarse a temperaturas muy bajas y, una vez descongelada, ha de usarse antes de 5 días.

La Sputnik-V se comercializa en ampollas de cinco dosis, por lo que si se quiere evitar malgastar ninguna, debe haber un número igual de pacientes listos para recibir el pinchazo.

Una profesional de la salud recibe la vacuna en un hospital de Ciudad Juárez, México.

Reuters
Los trabajadores sanitarios figuran entre los colectivos prioritarios en la mayoría de países.

Como explicó en conversación con BBC Mundo el doctor Pablo Bonvehí, jefe de la sección Infectología y Control de Infecciones del CEMIC, un centro de investigación médica de Buenos Aires, “la prioridad es no desperdiciar la vacuna“.

“Una campaña de vacunación, y más una como esta, es siempre un gran desafío de ingeniería”, indica el experto. Y no siempre es posible acomodar la disponibilidad de vacunas con el número de pacientes dispuestos a ponérsela, su disponibilidad para acercarse a los centros de vacunación a recibirla y las necesidades de espacio para mantener la distancia social en ellos.

A esto se suma el problema de los pacientes que no acuden a las citas programadas, sea porque no pueden desplazarse o porque, como los seguidores del movimiento antivacunas, rechazan la inmunización o desconfían de los gobiernos y los fabricantes de medicamentos.

¿Qué hacer entonces con la dosis sobrante cuando ya se ha cubierto el cupo de pacientes prioritarios agendados para el día?

Contenedores de residuos sanitarios en Manchester, Inglaterra.

Getty Images
En algunos países ya ha habido noticias de vacunas que acaban en la basura.

En Estados Unidos ya ha habido centros sanitarios que han empezado a convocar por la emisora de emergencias a los paramédicos que quieran vacunarse una vez cubierto el cupo diario para evitar que se echen a perder las dosis sobrantes.

Y un equipo médico del estado de Oregón que quedó atrapado en una congestión de tráfico comenzó a vacunar a otros automovilistas retenidos ante la imposibilidad de volver a refrigerar a tiempo las dosis que llevaban consigo.

Mejor en un brazo que en el cubo de la basura

Ante la emergencia sanitaria global, los centros médicos a nivel local se enfrentan al desafío de vacunar a la mayor cantidad de gente en el menor tiempo posible, conservando adecuadamente las vacunas y priorizando a los grupos de población de riesgo establecidos por las autoridades nacionales.

En esa tarea titánica, han encontrado una inesperada colaboración en los grupos de espontáneos que hacen fila junto a las clínicas y los centros de vacunación a la espera de que se les administre alguna de las dosis no utilizadas, una imagen cada vez más frecuente en Estados Unidos y en Israel, el país que lidera la frenética carrera global por la vacunación.

“A todas las dificultades se suma la de la incertidumbre acerca de las dosis que se van recibir y cuándo”, señala el doctor Bonvehí.

Para los dispensarios locales se complica aún más llevar una planificación adecuada de la vacunación ya que en muchos casos los gobiernos tampoco han podido ofrecer un calendario claro de vacunación y son ellos quienes centralizan la adquisición de los medicamentos.

Un hombre carga una bombona de oxígeno en Manaos, Brasil.

Reuters
América Latina es una de las regiones más golpeadas por la pandemia y muchos países aún no han podido comenzar a vacunar.

Para los países de renta media, como la mayoría de los de América Latina, que se encuentran detrás de los más ricos en la lista de espera global por recibir la vacuna en la cantidad y con la regularidad suficientes, hacer un uso óptimo de las que llegan se hace más crítico si cabe.

Bonvehí propone que “en las citas se llame a pacientes suplentes, para que, si alguien no se presenta, no haya que desperdiciar ninguna dosis”.

Y la Organización Mundial de la Salud ha pedido que los países más prósperos, que han comprado muchas más dosis de las necesarias para vacunar a toda su población, envíen las que no usen a los países en desarrollo.

Todo, porque, como le dijo Amesh Adalja, especialista en enfermedades infecciosas de la Johns Hopkins University, a la cadena NPR, “una vacuna en un brazo siempre va a ser mejor que una vacuna en el cubo de la basura”.


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