Policías federales agreden a migrantes y periodistas en estación Siglo XXI en Chiapas
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Alberto Pradilla

Policías federales agreden a migrantes y periodistas en estación Siglo XXI en Chiapas

A empujones y golpes, los elementos federales rompieron el bloqueo que mantenían los migrantes, dejando a varios africanos y los dos periodistas heridos.
Alberto Pradilla
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Elementos de la Policía Federal empujaron y golpearon a migrantes africanos para retirar el bloqueo que éstos mantenían en la estación Siglo XXI en Tapachula, Chiapas.

Al menos dos migrantes resultaron heridos, uno de ellos tuvo que ser trasladado al hospital. También resultó lesionado un agente, que fue trasladado en ambulancia al hospital del ISSSTE en Tuxtla-Gutiérrez. Los periodistas Damián Sánchez y José E. Torres denunciaron haber sido agredidos por parte de los uniformados cuando grababan el operativo.

Los migrantes africanos llevan 11 días de protesta en el exterior de la estación Siglo XXI. Se quejan de que hace dos meses que no reciben oficios de salida del centro de detención que les permita seguir hacia Estados Unidos.

Entérate: Migrantes africanos bloquean acceso a Estación Migratoria en Chiapas, acusan abandono de autoridades

Antes, cuando un migrante irregular no era reconocido por su embajada (lo que ocurre con africanos y asiáticos), recibía un documento al salir de Siglo XXI que le instaba a dejar México en un plazo de 20 días. Esto era aprovechado para atravesar el país en dirección al norte.

Desde el 10 de julio una orden ejecutiva del INM cambió las reglas. Los migrantes tienen dos opciones: una incierta regulación o salir del país “por la frontera sur”. Desde entonces, decenas de ellos permanecen atrapados en Tapachula. No pueden seguir hacia el norte y rechazan retroceder al sur.

Por este motivo, los migrantes africanos iniciaron el lunes un bloqueo a las instalaciones de Siglo XXI. Permiten entrar a Policía Federal y Guardia Nacional pero no así a los funcionarios del Instituto Nacional de Migración (INM). 

Las tensiones comenzaron minutos antes de las 9 de la mañana. En ese momento, agentes de la Guardia Nacional y la Policía Federal trataron de abrir un pasillo para que los funcionarios de migración accediesen a su puesto de trabajo. Ahí se produjeron los primeros empujones con los migrantes que formaban una cadena humana para bloquear la entrada. 

Fue entonces cuando los dos periodistas denunciaron haber sido golpeados. Según explicó Sánchez, los dos fueron zarandeados y recibieron golpes con el escudo y patadas en el suelo. Sobre la agresión, uno de los de los oficiales al mando aseguró no haberla visto y señaló que los periodistas se encontraban “en medio” de policías y los manifestantes.

Los periodistas interpusieron una queja ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH). La Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana emitió una nota en la que dijo que la unidad de Asuntos Internos investigará la denuncia de agresión. “No se tolerará en absoluto conductas alejadas de la legalidad y de los protocolos establecidos por parte de nuestros elementos”, dijo.

Posteriormente, los policías volvieron a entrar en tensión con los periodistas. Un autobús pretendía entrar a la estación migratoria y los africanos formaron un cordón alrededor de su puerta, entre gritos. En ese momento, uno de los agentes comenzó a imitar a un mono, como gesto despectivo hacia ellos. Al ver que los periodistas se habían acercado para grabarle, un grupo de policías los rodeó, tratando de quitarles los teléfonos celulares. Uno de ellos preguntaba “¿de qué lado estás?”, mientras que otro, señalando directamente a Sánchez, le amenazó: “ni te acerques, güey”. 

Cuando faltaban 15 minutos para las 10 comenzó el desalojo. Los migrantes trataron de hacer un cordón con sus cuerpos, y se enfrentaron a empujones y golpes con los elementos policiales, quienes rompieron el cerco de los africanos. Protegidos con sus escudos, los policías empujaron a los migrantes hasta la zona del campamento. En este momento se registraron los principales enfrentamientos, a golpes y patadas.

Un policía y un africano casi se enfrentan a puñetazos, como si se tratara de un combate de boxeo. Algunos migrantes lanzaron botellas de agua hacia el cordón de uniformados y al menos un policía lanzó una piedra hacia la zona del campamento, en el que duermen los africanos. La fuerza pública también empleó gas pimienta. 

El choque se alargó durante cinco minutos. En este tiempo, al menos dos migrantes resultaron heridos, aunque solo uno tuvo que ser evacuado al hospital con sangre en la cabeza. Unos 15 minutos después, los policías trasladaron a uno de sus compañeros. 

El conflicto es complejo. Por una parte, los migrantes denuncian que ya no pueden seguir su camino hacia el norte como ocurría antes. Animal Político quiso conocer la versión del INM pero al cierre de esta nota no hubo respuesta en relación a los cambios en la política hacia los migrantes extracontinentales.

Por otro lado, existe un enfado con el trato recibido por parte de Migración, tanto en Siglo XXI como en los procesos posteriores. Además, los africanos se sienten discriminados respecto a otras comunidades de migrantes, como los asiáticos.

De hecho, en la mañana llegó un grupo procedente de Sri Lanka y Bangladesh, y los descontentos no querían permitirles el ingreso en el centro de detención. Finalmente, los asiáticos pudieron cruzar por el pasillo abierto por la Guardia Nacional, pero tuvieron que desandar sus pasos porque en Siglo XXI no les recibieron, argumentando que se encontraban por encima de sus capacidades.

La Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana emitió una nota en la que dijo que “el incidente ocurrió cuando el grupo bloqueó el acceso de los empleados a la estación migratoria, por lo que procedió a liberar las entradas, lo que provocó agresiones por parte de los migrantes. En todo momento se actuó de acuerdo a los protocolos de contención de disturbios y en estricto respeto a los derechos humanos de los extranjeros”.

Al margen del enfrentamiento, el conflicto sobre la prohibición de transitar hacia el norte continúa. Cada día llegan migrantes a la estación Siglo XXI, que se entregan con el objetivo de obtener el oficio de salida que les permita seguir su camino. Llegan, en su mayoría, tras largos trayectos desde Brasil, Ecuador o Chile. Y no aceptan que Tapachula sea el fin de su camino. 

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"Dejé a mi familia un instructivo de qué hacer si desaparezco": jóvenes en Nuevo León, en alerta constante

El aumento de la inseguridad ha llevado a las mujeres de Nuevo León a vivir en una alerta constante y a tomar sus propias medidas de seguridad ante el abandono, aseguran, de las autoridades.
14 de mayo, 2022
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Un paseo de pocos minutos por las calles del centro de Monterrey deja ver hasta cuatro fotos de personas desaparecidas. También hay murales con rostros y nombres de aquellos en paradero desconocido. Se ven en cada poste, en cada esquina.

Son la muestra cotidiana de la crisis que vive la capital y todo el estado de Nuevo León, en el norte de México, convertido en la cuarta entidad del país con más desaparecidos según cifras oficiales: más de 6,000.

Pero fue el reciente aumento de casos, especialmente de chicas muy jóvenes, lo que encendió todas las alarmas sobre la inseguridad que ha trastocado la vida diaria de miles de mujeres regiomontanas. Dicen que si no se cuidan ellas mismas, nadie lo hará.

“¿Cómo sé que eres periodista? ¿Por qué no usas grabadora?”, me preguntó con desconfianza Guadalupe, una mujer que estaba en un café pasadas las 10:00 de la noche en el barrio antiguo de Monterrey, considerado el motor industrial de México.

“Yo ya me había fijado que caminaste para allá, que luego te acercabas… Es que estamos como en alerta constante, hasta ese extremo llegamos”, me confiesa su amiga Diana, sentada en la misma mesa de la calle José María Morelos, la más animada de esta zona repleta de bares y restaurantes.

Ambas se niegan a “vivir con miedo encerradas”, pero no ocultan que esta noche “se pensaron un poco más” el salir las dos solas. “Sí estamos más observadoras porque no nos queda otra que cuidarnos. Duele y es triste, pero así es”.

Otras mujeres sí que optan por renunciar a su derecho a disfrutar de la noche.

En el emblemático salón Morelos, un local cercano con música en vivo, dicen que “desde el caso de Debanhi” reciben menos clientas y, sobre todo, ven que las que llegan se retiran a casa más temprano.

“Mira, es muy raro que ya veas por la calle a chicas solas. Siempre vienen en grupos grandes o acompañadas ”, dice María Palacios, una de sus trabajadoras, quien asegura que ahora están más pendientes de ellas cuando salen del bar o que “cuando están tomadas” se niegan a venderles más alcohol.

“Entre nosotras nos tenemos que cuidar”, afirma.

María Palacios

Marcos González / BBC
María Palacios ve cómo las mujeres jóvenes se marchan antes a casa del local nocturno donde trabaja.

Joven e hija de desaparecida

Nuevo León está bajo el foco desde que medios locales reportaran, a inicios de abril, la desaparición de ocho mujeres jóvenes en solo diez días, la mayoría en la capital Monterrey y su zona metropolitana.

Según cifras del gobierno, 376 mujeres fueron reportadas este año como desaparecidas en este estado hasta el 12 de mayo. De ellas, 48 permanecen como “no localizadas” y seis aparecieron sin vida.

Y en un país donde el 95% de denuncias generales queda en la impunidad, el papel de las autoridades a la hora de garantizar la seguridad y de investigar estos casos está bajo el punto de mira.

Map

Pero lo cierto es que esta tragedia ya golpea a Nuevo León desde hace mucho tiempo. Lo sabe Maya Hernández, una joven estudiante de psicología clínica cuya madre, Mayela Álvarez, desapareció en Monterrey hace casi dos años.

Teniendo entonces apenas 16, a Maya le tocó madurar de golpe y no solo liderar la búsqueda sino también dirigir su casa, en la que vive con su abuela y un hermano pequeño.

“Antes de que mi mamá desapareciera, yo no tenía idea de que esto era una crisis social. Y entonces me di cuenta de que no soy la única, que hay muchos desaparecidos en Nuevo León. Y que en lugar de ir disminuyendo, han aumentado con los años”, le dice a BBC Mundo.

Asegura que, en todo este tiempo, no ha habido avances en la investigación. “La Fiscalía nos ha fallado”, denuncia, a la vez que exige la implicación del gobernador del estado, Samuel García, como ha hecho con otros casos recientes más mediáticos como el de Debanhi Escobar, María Fernanda Contreras o Yolanda Martínez.

“Que mi mamá desapareciera me hizo ser más precavida y tener más conciencia. Pero cada vez me siento más insegura porque puede que un día no regrese a casa”, reflexiona.

“¿Por qué no? ¿Por qué no podemos salir?”, pregunta a quienes dicen que esa sería la solución a esta crisis. “Tenemos derecho a divertirnos y no tendríamos que encerrarnos en casa. Ya lo hicimos por una pandemia, ahora no deberíamos hacerlo por la inseguridad”.

Maya Hernández

Marcos González / BBC
Maya Hernández reclama que casos como el de su madre sean atendidos de la misma manera como se ha dado seguimiento a otras desapariciones recientes más mediáticas.

BBC Mundo no obtuvo respuesta de sendas solicitudes de entrevistas al gobernador de Nuevo León y a la Fiscalía del estado, cuya labor ha sido duramente criticada por familiares de desaparecidos y que llegó a reconocer claras irregularidades en casos como el de Debanhi.

La fiscal de feminicidios estatal, Griselda Núñez, insistió este miércoles en descartar que exista una tendencia generalizada u organizada de violencia contra las mujeres en Nuevo León, por lo que aseguró que cada caso debe ser abordado individualmente.

“No existe una situación de desaparición o de secuestro de mujeres, sino que son condiciones específicas por cada uno de los hechos”, subrayó en una conferencia de prensa a la que asistió BBC Mundo.

Plaza de los desaparecidos

Marcos González / BBC
La rebautizada como plaza de los desaparecidos rememora en Monterrey a las miles de personas en paradero desconocido en el estado.

Instrucciones de búsqueda para familiares

Pero estos mensajes están lejos de tranquilizar a las mujeres de Nuevo León y de su capital, que optan por tomar medidas para protegerse de posibles ataques en una ciudad donde la inseguridad se siente como el tema de conversación de casi cada día.

Según Mariana Limón Rugerio, es “el desamparo por parte del Estado” lo que no les deja otra salida que organizarse. Y más en su caso, que siente el triple de vulnerabilidades como mujer, joven menor de 30 años y periodista de Monterrey.

“Yo dejé a mi familia un instructivo de qué hacer y a quién contactar si desaparezco” para ayudarles a lidiar “con el dinosaurio burocrático que es México”, asegura a BBC Mundo.

Mural de desaparecidos

Marcos González / BBC

Gracias a una aplicación, su familia puede monitorear su ubicación a través de su teléfono, del que la joven se comprometió a estar pendiente en todo momento.

Según sus propias instrucciones, sus familiares deben empezar a preocuparse si transcurren tres horas sin que ella dé noticias. Si pasan cinco, deben acudir inmediatamente a la Fiscalía y exigir que inicien su búsqueda, dado que esos primeros momentos de la desaparición son cruciales.

“Obviamente espero que nunca lo utilicen . Es muy agobiante explicarles a tus papás qué hacer si llegas a desaparecer. Pero prefiero que tengan un cuerpo que velar a que me tuvieran que buscar, porque a nivel psicológico es mucho más pesado para la familia no tener ni un cadáver que enterrar”, reconoce la periodista.

Las jóvenes regiomontanas con las que habló BBC Mundo han agudizado su ingenio en las últimas semanas a la hora de adoptar medidas de protección.

Desde compartir su ubicación a través del celular en todo momento, hasta llevar gas pimienta o aparatos de descargas eléctricas en el bolso, pasando por evitar publicar fotos en sus redes sociales a tiempo real para evitar que desconocidos sepan su ubicación al momento, son algunas de ellas.

Mural de desaparecidos

Marcos González / BBC
Nuevo León pide justicia para sus desaparecidas.

Mónica López, quien es maestra de educación especial de 26 años y vive en el municipio de Escobedo, lamenta que se vean obligadas a adoptar estas restricciones y limitarse por el hecho de ser mujeres.

“Pero, aunque no es justo, te acabas resignando por tu familia y por llegar viva a casa”, admite.

La joven le dice a BBC Mundo que, a raíz de los últimos casos, algunas de sus amigas entraron en una ansiedad social por la que se alegraban incluso de trabajar desde casa para no tener ni que salir. “Es una incertidumbre. Te limitas, pierdes la seguridad, restringes tus horarios…”.

“Yo tengo miedo porque yo sí salgo, sí estoy en la noche, sí voy a fiestas. Si llego a ser yo la víctima, ojalá que me digan ‘la maestra’ y no ‘la que desapareció porque estaba tomando'”, dice criticando a quienes tienden a revictimizar a las víctimas o sus familiares por su comportamiento como si eso justificara que las desaparecieran.

Mónica López

Marcos González / BBC
Mónica López comparte su ubicación casi en todo momento con grupos de amigas.

E inevitablemente, esa inseguridad de la que tanto se habla en Nuevo León salpica también a su trabajo y la relación con sus alumnos.

“Estableces muchos consejos y recomendaciones de seguridad, trabajas para que confíen en ti. Qué feo, porque son niños, pero al final es la cultura en la que están creciendo y a la escuela nos toca prepararlos para lidiar con eso”.

Mujer, joven y policía

Temprano en la mañana, en el parque Fundidora -actual pulmón verde de Monterrey tras décadas ocupado por la compañía de hierro y acero de la ciudad- se pueden ver a decenas de personas haciendo deporte.

Carolina Ayala, una chica de 25 años que acude casi todos los días a caminar en patines, dice que prefiere hacerlo a esa hora que en la noche. “Cuando está medio oscuro, hay mucho hombre, ya no sabes… a esta hora, como que está más seguro”.

Desde hace semanas, todo desplazamiento lo hace en el auto de su mamá o hermano. “No puedo andar sola, me da miedo, y eso que yo soy muy independiente. Pero toca cuidarse. Ahorita, ni de chiste me arriesgo”, cuenta antes de que llegue su madre, quien también hace deporte con ella.

Carolina Ayala

Marcos González / BBC
“Ni de chiste me arriesgo”, dice Carolina Ayala ante la posibilidad de hacer deporte al final del día.

Las autoridades, tan señaladas por las jóvenes por no garantizar su seguridad, se ven a veces en “una situación complicada” como la que reconoce vivir Gabriela Martínez.

Ella es policía local de Monterrey desde los 19 años, pero antes que nada es una mujer joven a la que también afecta el escenario actual.

“A pesar de trabajar en esta área, sí se tiene un temor porque también soy mamá. Creen que uno es policía 24 horas y que tenemos como ese chip de estar más alerta, pero eso tampoco quita que nos pueda llegar a pasar algo y estamos expuestas”, le dice a BBC Mundo.

La oficial asegura que, tras el incremento de la inseguridad hacia la mujer, los agentes de la ciudad han implementado medidas para aumentar el apoyo y protección a jóvenes mujeres en situación de vulnerabilidad, como por ejemplo acompañarlas cuando están esperando solas la llegada de su transporte.

Sin embargo, Martínez es consciente de que uno de los mayores retos de la policía es volver a ganar la confianza de la ciudadanía “que se perdió por cosas que pasaron en años anteriores” y lograr así que las mujeres se acerquen a ellos en situaciones de riesgo.

Gabriela Martínez

Marcos González / BBC
Gabriela Martínez dice que ingresó en la policía local de Monterrey con solo 19 años con la intención de aportar su granito de arena en la mejora de la seguridad del municipio.

“Yo, como mujer, obviamente voy a velar por las demás. Tengo una niña por la que me gustaría que también alguien se preocupara cuando anda en la calle. De verdad, que tengan la confianza en nosotros de que vamos a hacer todo lo posible para que lleguen bien a casa”, promete.

Pero la situación de inseguridad en Nuevo León no parece mejorar a ojos de muchas mujeres, quienes se muestran muy pesimistas sobre la posibilidad de una solución

Mientras algunas se ven obligadas a limitar sus movimientos para no terminar secuestradas, los familiares de las desaparecidas siguen alzando su voz para que sus casos no caigan en el olvido de las autoridades.

Ellos, como muchos otros, se siguen preguntando lo que los trabajadores de la Fiscalía estatal ven pintado en el suelo frente a su edificio en letras grandes, junto a los nombres de algunas de las miles de mujeres desaparecidas en el estado: “¿dónde están?”.


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