Veracruz enfrenta altos niveles de crimen con pocos policías y mal equipados 
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Veracruz enfrenta altos niveles de crimen con pocos policías y mal equipados 

Veracruz, el estado donde ocurrió la tragedia del bar El Caballo Blanco, tiene la menor proporción de policías locales, respecto a su población, y los elementos en activo son poco confiables, según diferentes reportes.
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30 de agosto, 2019
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Pese a ser la cuarta entidad con el mayor número de habitantes del país, y a sus elevados índices delictivos y hechos de violencia -entre ellos dos matanzas ocurridas este año-, Veracruz tiene la menor proporción de policías locales, respecto a su población.

Además, de los policías con los que cuenta, hay una cuarta parte que incumple los requisitos legales para ser policía, además de enfrentar altos niveles de desconfianza social, ineficacia, corrupción y carencias.

Así lo demuestran datos oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), diversas encuestas de victimización y desarrollo policial desarrolladas y publicadas por el INEGI, y un estudio elaborado por la organización México Evalúa, que  identifica a la entidad como la de segundo mayor nivel de impunidad.

De acuerdo con los datos del SESNSP, actualizados a julio de 2019, Veracruz tiene 10 mil 514 policías, de los cuales 5 mil 156 son elementos de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, 2 mil 894 son policías municipales, 1 mil 923 son agentes de la Fiscalía local, y 541 son custodios de reclusorios.

Si se toma en cuenta que la población en la entidad asciende a poco más de 8 millones 275 mil habitantes (según cifras de CONAPO), esto significa una tasa de apenas 127 policías estatales, municipales e investigadores por cada cien mil habitantes.

Es por mucho el promedio más bajo de policías del país ya que, por ejemplo, la segunda entidad con la menor proporción es Oaxaca, con 174 elementos por cada cien mil habitantes, casi 30% más que Veracruz.

En contraste, la entidad con la mayor proporción de policías locales, Ciudad de México, presenta una tasa de 603 agentes por 100 mil habitantes, casi cinco veces más que Veracruz.

Las únicas tres entidades del país con un mayor número de habitantes que Veracruz son: el Estado de México, que tiene una tasa de 270 agentes por cada 100 mil pobladores; Ciudad de México, con una tasa de 603, y Jalisco, que presenta una proporción de 258 agentes en promedio.

Según un informe de la Oficina para las Drogas y el Delito de la Organización de las Naciones Unidas, el promedio internacional de despliegue policial es de 300 agentes por cada 100 mil habitantes. Veracruz no llega ni a la mitad de dicho promedio.

Y a nivel nacional son 25 las entidades que se ubican por debajo de ese nivel, aunque solo en cuatro estados hay una tasa menor a 200 policías por cada 100 mil habitantes. Se trata, además de Veracruz, de Oaxaca, Puebla y Durango.

Pocos… ¿y malos?

El bajo número de policías no es el único problema que enfrenta Veracruz. Los que sí tiene desplegados registran indicadores negativos en diversos rubros y mediciones.

Por ejemplo, datos del SESNSP indican que poco más de una cuarta parte de los policías locales incumplen con los requisitos legales para permanecer en la corporación. Entre ellos se encuentran poco más de 1000 agentes que reprobaron los exámenes de control de confianza, y por lo tanto ya deberían de haber sido despedidos. En proporción, se trata de 1 de cada 10 elementos que hoy están en activo.

De los pocos más de 9 mil policías que sí aprobaron inicialmente las pruebas de control de confianza, hay 2 mil 260 cuya certificación –que debe renovarse cada tres años– ya caducó, y por lo tanto tienen que ser evaluados nuevamente. Por ley estos elementos tampoco deberían encontrarse en activo.

Por otro lado, la encuesta más reciente de Victimización y Percepción de Seguridad Pública del INEGI arroja que solo un 48% de los veracruzanos, menos de la mitad, dice tener poco o mucha confianza en sus policías. El resto desconfía de ella. Dicho nivel está por debajo del promedio nacional, que es de un 55% de personas que sí confían en su policía.

Peor aún es la percepción de efectividad de la policía de Veracruz, pues solo el 47% de las personas dijeron que sus agentes son algo o muy efectivos. También aquí la entidad se ubica por debajo del promedio nacional, que es de 51%.

La misma encuesta del INEGI arroja que casi el 58% de las personas considera que la policía de Veracruz es corrupta.

Y a esto se suman las carencias. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Estándares y Capacitación Profesional Policial de INEGI, menos de la mitad de los policías estatales en Veracruz dice contar con el equipo básico necesario para asegurar y preservar una escena del crimen adecuadamente, mientras llegan los peritos. Sólo el 53% reporta tener un par de botas adecuadas, y solo el 66% reporta tener una chamarra. Todos esos promedios están por debajo de los promedios nacionales.

Siguiendo con la misma encuesta del INEGI, destaca que 1 de cada 5 policías en promedio no reporta haber recibido alguna capacitación en temas de proximidad y vinculación con la ciudadanía, mientras que más del 40% dice no estar capacitado ni en investigación ni en inteligencia policial.

Por otra parte el estudio “Hallazgos 2018: Seguimiento y Evaluación del Sistema de Justicia Penal” realizado por la organización México Evalúa, ubica a Veracruz como la segunda entidad del país con el mayor índice de impunidad: un 99.8% de delitos denunciados que no son resueltos.

Entérate: Más del 90% de los delitos denunciados en el país no se resuelven, muchos los ‘congela’ el MP

Aunque los agentes del Ministerio Público son responsables de la conducción de los casos, el rol de los policías en la efectividad de un caso es vital, según indica el estudio, pues intervienen desde la fase inicial del caso y en momentos clave del mismo, como la preservación del lugar de los hechos, labores de inteligencia o la ejecución de una detención, por lo que también en ellos recae la responsabilidad de la poca eficacia de las investigaciones.

A todo ello se suman antecedentes negativos y hasta delictivos en los últimos años, de las fuerzas de seguridad de la entidad, y particularmente de la policía estatal.

La Fiscalía de Justicia del Estado reveló en febrero de 2018 que tenía iniciadas 124 carpetas de investigación por la posible desaparición forzada de más de 200 personas, a manos de policías estatales en la localidad.

Lee más: Investigan más de 200 desapariciones forzadas por policías de Javier Duarte en Veracruz

Ese mismo mes ejecutó 19 órdenes de aprehensión en contra de elementos de dicha corporación, por varias de estas desapariciones, y posteriormente procedió en contra del exsecretario de Seguridad Pública del estado, Arturo Bermúdez.

Y este año se han acumulado nuevos casos. En marzo pasado fueron detenidos cuatro policías más, implicados también en posibles desapariciones ,mientras que en agosto se abrieron tres carpetas de investigación en el mismo sentido, por nuevas denuncias.

Ataque a bar: avanza la investigación para identificar a autores

La Fiscalía de Veracruz y la Fiscalía General de la República (FGR) obtuvieron este jueves avances importantes en la investigación relacionada con el ataque al centro nocturno El Caballo Blanco, ubicado en Coatzacoalcos, Veracruz, que dejó un saldo de 29 personas muertas y más de una decena de heridos.

De acuerdo con autoridades del caso consultadas por Animal Político, ya se consiguió fortalecer una línea de investigación en torno al ataque al establecimiento, y de la misma forma estaría prácticamente lista la identificación de los cuatro autores materiales del incendio.

Se ha desechado prácticamente por completo que en el caso esté implicado un sujeto apodado como La Loca, a quien el gobernador de Veracruz, Cuitláhuac García, había atribuido el ataque. Ello ya que no existen elementos que sostengan su supuesta participación, y se ha descartado que sea uno de los cuatro autores materiales.

La investigación se está llevando a cabo de forma coordinada entre autoridades federales y locales. Peritos de la Agencia de Investigación Criminal de la FGR trabajaron por segundo día consecutivo en las instalaciones del bar, para recabar indicios sobre la mecánica de propagación y origen del incendio.

Las diligencias también se han concentrado en la revisión de múltiples cámaras ubicadas en las inmediaciones del establecimiento atacado, lo que ha permitido obtener material sobre los trayectos que siguieron las personas implicadas.

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Por qué el año no termina realmente a la medianoche del 31 diciembre (y no siempre dura lo mismo)

La fecha en la que comienza y termina un año no tiene su base en la ciencia, sino que es un sistema, a la larga, "inventado".
31 de diciembre, 2020
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Getty Images
El momento en que comienza y termina el año es una convención.

Brindis y uvas, bailes, resoluciones y rituales… la medianoche del 31 de diciembre es un momento de festejo, esperanza y recuento para millones de personas en todo el planeta.

Un año “termina” y otro “comienza” y, con él, las aspiraciones de un mejor tiempo y de innumerables propósitos y nuevas metas.

Es el último día del calendario gregoriano, el patrón de 365 días (más uno en bisiesto, como 2020) que ha regido en Occidente desde que se dejó de usar el calendario juliano en 1582.

Su paso celebra el fin de un ciclo que ha marcado las cuentas del tiempo para diversas culturas desde hace milenios: una vuelta completa de la Tierra alrededor de su estrella.

“Lo que entendemos tradicionalmente por año, tanto en astronomía como en muchas culturas, es ese lapso que tarda nuestro planeta en darle la vuelta al Sol”, indica el astrónomo y académico Eduard Larrañaga, del Observatorio Astronómico Nacional de la Universidad Nacional de Colombia.

Sin embargo, según explica el también físico teórico a BBC Mundo, la fecha en la que comienza y termina un año no tiene su base en la ciencia, sino que es una convención, o sea un sistema, a la larga, “inventado”.

“Asumir que el año termina a la medianoche del 31 de diciembre y empieza el 1 de enero es una construcción social, una definición que se hizo en un momento de la historia”, dice.

De acuerdo con Larrañaga, dado que la base para la medición de un año es el tiempo que tarda la Tierra en darle la vuelta al Sol, el conteo de cuándo empieza y termina ese ciclo puede ocurrir, en la práctica, en cualquier momento.

“Desde el punto de vista astronómico, no ocurre nada especial el 31 de diciembre para decir que es ahí donde termina el año ni ocurre nada especial el 1 de enero para decir que ahí es cuando comienza“, señala.

“En realidad, a lo largo de la órbita de la Tierra no hay nada especial ni fuera de lo común que ocurra para marcar el cambio de un año”, agrega.

Pero no termina ahí.

La duración exacta que le damos al año de 365 días (o 366 en los bisiestos) es otra convención social.

“En realidad, hay muchas formas de medir la duración de un año” y si se hace de una u otra forma, la duración no es la misma, indica Larrañaga.

Pero ¿cómo es posible?

La duración del año

Desde que fue introducido por el emperador Julio César en el año 46 a. C., el calendario juliano sirvió para contar el paso de los años y la historia en Europa hasta finales del siglo XVI.

Sin embargo, desde entrada la Edad Media, varios astrónomos se dieron cuenta de que con esa manera de medir el tiempo se producía un error acumulado de aproximadamente 11 minutos y 14 segundos cada año.

Fue entonces cuando en 1582 el papa Gregorio XIII promovió la reforma del calendario que usamos hasta el día de hoy e introdujo los bisiestos para corregir los errores de cálculo del calendario juliano.

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Millones de personas celebran el cambio de año este 31 de diciembre.

Larrañaga explica que, desde el punto de vista de la astronomía, base para la definición de lo que es un año, no existe una única unidad de medida, sino al menos cuatro para contar el tiempo que tarda la Tierra en darle una vuelta al Sol.

  • Año juliano o calendario: “Es una convención y se usa en astronomía como una unidad de medida en la que se considera que la Tierra le da la vuelta al Sol en 365,25 días”.
  • Año sideral: “Es el que tarda la Tierra en dar una vuelta al Sol respecto a un sistema de referencia fijo. En este caso, se toma como referencia el grupo de las estrellas fijas y ese año tiene una duración de 365,25636”.
  • Año trópico medio: “En este se toma en cuenta longitud de la eclíptica del Sol, es decir, la trayectoria del Sol en el cielo con respecto a la Tierra a lo largo del año, principalmente en los equinoccios. Y este dura un poco menos que el año sideral, 365,242189 días”.
  • Año anomalístico: “La Tierra, al igual que los otros planetas, se mueve en elipsis. Esa elipsis hace que el Sol en algunas ocasiones esté más cerca y más lejos de la Tierra. Pero hay un punto donde ambos están lo más cerca posible, el llamado perihelio”. Y el año anomalístico es el tiempo transcurrido entre dos pasos consecutivos de la Tierra por su perihelio. Dura 365,2596 días”.

Si bien Larrañaga señala que todos están sobre el orden de los 365 días, asumir que este es el periodo exacto de la duración de un año se vuelve una simplificación.

Pero además, no tiene en cuenta otro factor.

“Hay otra cuestión, y es que, aunque tenemos esos cálculos, no todos los años duran lo mismo, no tienen la misma duración cada vez“, dice.

El largo de los años

De acuerdo con el experto, si bien los astrónomos han tratado de calcular con precisión a través de los siglos el tiempo que tarda la Tierra en darle una vuelta al Sol, existe un problema básico que les impide obtener un número definitivo.

“Hay que tener en cuenta que la duración de los años nunca es igual debido a que en el Sistema Solar todo cambia. Tomemos el año anomalístico: mientras la Tierra se mueve alrededor del Sol, el perihelio cambia como resultado de la acción gravitatoria de otros planetas, como Júpiter”, dice.

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La influencia gravitatoria de los planetas y el movimiento de la Tierra hacen que la duración del año no sea igual siempre.

El físico teórico señala que algo similar ocurre con el llamado año trópico medio, que mide el intervalo de tiempo entre dos pasos consecutivos del Sol por el punto Aries o equinoccio de primavera, o con el sideral.

“El año trópico medio también cambia, dado que depende del eje de la Tierra, que está torcido. Es como un trompo que va balanceándose. Entonces, la fecha y el momento del equinoccio también es diferente”, dice.

“Y si comparamos cuánto duraba el año sideral en 2020 con cuánto duró en el 1300 seguramente notaremos una diferencia. Siempre estaría en torno a los 365 días, pero no sería la misma duración exacta, porque el movimiento de la Tierra no es siempre el mismo”, agrega.


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