Los operadores de Zebadúa en La Estafa Maestra, del Gobierno del Distrito Federal a Sedatu
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Los operadores de Zebadúa en La Estafa Maestra, del Gobierno del Distrito Federal a Sedatu

Primero trabajaron en el GDF, después estuvieron en Sedesol y Sedatu durante la gestión de Rosario Robles. Tienen vínculos con una empresa acusada de falsificar comprobantes y firmaron convenios que derivaron en presuntos desvíos por al menos 300 mdp.
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Por Miriam Castillo / Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad
26 de agosto, 2019
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Autoridades federales investigan a exfuncionarios del equipo de Emilio Zebadúa que fueron parte del esquema de presunto desvío de recursos conocido como La Estafa Maestra.

Documentos a los que ha tenido acceso Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) ponen en la mira de las autoridades a distintos operadores del exoficial mayor, durante su paso por la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) y la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), durante la gestión de Rosario Robles, detenida el pasado 13 de agosto por una denuncia de desvío de recursos públicos.

El grupo, que está ligado a través de empresas, propiedades y conexiones políticas —que surgen desde su paso por el Gobierno del Distrito Federal— se trasladó casi íntegro entre las dependencias bajo las órdenes de Emilio Zebadúa, y fue pieza clave para operar la contratación y supervisión de los convenios de La Estafa Maestra.

Se trata de Claudia Morones Sánchez, Enrique Prado Ordoñez y Sonia Zaragoza González, hoy investigados por autoridades federales.  

Los tres fueron directores en Sedesol: en la división de Recursos Materiales y Servicios Generales, Sonia Zaragoza estaba encargada de la administración de bienes materiales; mientras que Claudia Morones y Enrique Prado tenían funciones en la adjudicación de contratos y la licitación y administración de bienes, según información de Declaranet. 

Los documentos oficiales muestran, además, que Emilio Zebadúa, Enrique Prado y Sonia Zaragoza firmaron convenios y anexos con la Universidad de Morelos, mismos que la Auditoría Superior de la Federación señaló como parte del mecanismo de desvío de 3 mil millones de pesos.

El posible vínculo con actividades irregulares de los funcionarios que hoy son investigados, se publicó en La Estafa Maestra en septiembre de 2017, pero también en un reportaje sobre la fabricación de facturas y documentación de entregables que publicó Aristegui Noticias en junio de 2018

Claudia Morones y Sonia Zaragoza

A Morones, Zaragoza y Prado los une una red de empresas y propiedades. Para explicar el vínculo, hay que mirar la revelación del equipo de Aristegui Noticias del 30 de junio de 2018, cuando reportó que la empresa Factores y Servicios Humanos Lizpog se dedicaba a elaborar facturas, entregables, contratos e incluso actas constitutivas para La Estafa Maestra.

En esa empresa, Claudia Morones Sánchez era comisaria y en la investigación que se sigue actualmente contra Rosario Robles existe el testimonio de José Antonilo Orozco que indica que ella coordinaba la elaboración de entregables desde unas oficinas ubicadas en Tennyson 125, propiedad de Emilio Zebadúa desde el 2000. 

Claudia Morones fue directora de área en la Sedesol y en la Sedatu. En la investigación de la Fiscalía General se revisan las operaciones de Morones Sánchez y su familia. MCCI constató que se ha detectado una transferencia a su hermano Arturo Morones, de millón y medio de pesos en tres empresas extranjeras. El capital cayó en dos firmas italianas y una más ubicada en Malasia.

La compañía que involucra a Morones, Factores y Servicios Humanos Lizpog, además, está constituida por dos socias: Lizette Chávez y Lizzette Prado.

Lo que no se sabía es que una de ellas, Lizette Chávez Zaragoza, es hija de Sonia Angélica Zaragoza González, la funcionaria hoy investigada que fue directora general en la Oficialía Mayor de Sedesol y Sedatu, con Emilio Zebadúa. 

En Sedesol, Sonia Zaragoza fue parte del entramado que operó el desvío de recursos de La Estafa Maestra con la Universidad de Morelos: firmó el Apéndice 1 del Anexo Técnico del convenio entre la dependencia y la universidad que fue autorizado tanto por Zebadúa como por el rector, Alejandro Vera. 

El documento que firmó Sonia Zaragoza derivó en contrataciones por 159 millones de pesos para actividades de la Cruzada Nacional contra el Hambre que nunca se realizaron. 

En 2015, esta funcionaria se mudó a Sedatu junto con Emilio Zebadúa y se convirtió en directora general de capital humano.

Pero el vínculo con el círculo que operó La Estafa Maestra viene de más atrás: Sonia Zaragoza trabajó en el gobierno del Distrito Federal desde 1997 y hasta enero del 2000 como directora de recursos humanos del gobierno central, según lo plasmado en sus declaraciones patrimoniales. Ese, es el mismo periodo en el que Rosario Robles ejerció los cargos de Secretaria de Gobierno y Jefa de Gobierno de la ciudad. 

El vínculo con Enrique Prado 

La empresa Factores y Servicios Humanos Lizpog tenía otra socia: Lizzette Prado Ordoñez, hermana de Enrique Prado Ordoñez, el otro funcionario hoy investigado que ocupó la Dirección de Adquisiciones y Contratos de Sedesol de 2013 a 2015, y que posteriormente trabajó en Sedatu de 2015 y hasta febrero de 2019.

Como Sonia Zaragoza, Enrique Prado también firmó en Sedesol el Apéndice 1 y el Anexo Técnico 2 del convenio suscrito con la Universidad de Morelos, en el que la ASF encontró irregularidades por 140 millones de pesos.  

Pero ese funcionario además estaba encargado de supervisar que se cumplieran con los servicios. Fue incluso quien recibió los reportes y notas informativas de la Universidad que aseguraban que los trabajos se habían hecho completamente.

De esta forma, la empresa acusada de elaborar la papelería para maquillar los convenios que revisaba la Auditoría Superior de la Federación está ligada con los funcionarios del equipo de Emilio Zebadúa y que hoy están siendo investigados: Sonia Zaragoza, Claudia Morones y Enrique Prado. 

Propiedades, conexiones políticas e irregularidades 

Pero de la historia de Enrique Prado Ordoñez hay mucho más que contar. Su vínculo con Emilio Zebadúa, Sedesol y Sedatu no puede entenderse sin la relación con el PRD y el Gobierno del Distrito Federal. 

Previo a integrarse al equipo de Zebadúa en la Secretaría de Desarrollo Social, Prado trabajó en la delegación Iztacalco, al igual que su madre, María Luisa Ordoñez.

En 2006, cuando ella fue subdirectora de Centros Sociales y Culturales, coincidió con Alexandra Malpica, en ese entonces directora de recursos materiales y después Directora Jurídica de la Secretaría de Transporte y Vialidad (Setravi) del Gobierno del Distrito Federal —entonces gobernado por el PRD—. 

Enrique Prado fue parte del equipo de la dependencia entonces encabezada por Armando Quintero hasta 2013, cuando pasó a Sedesol, pero no se fue solo: la misma Alexandra Malpica se convirtió en la coordinadora de asesores de Emilio Zebadúa en la Oficialía Mayor. 

Un dato más: en 2014, después de dejar Setravi, Enrique Prado ya tenía acciones de una empresa de transporte, específicamente en la que coordina la ruta de Transportistas Ejército Polanco, que corre en las inmediaciones de dicha colonia y el Auditorio Nacional en la Ciudad de México, según documentos del Registro Público de la Propiedad. 

Es decir, solo unos meses después de su salida del gobierno capitalino, se asoció con los transportistas que supervisó y logró una concesión de camiones.

Sus conexiones políticas y presuntas actividades irregulares también se explican a través de propiedades. 

Después de vivir en la delegación Iztacalco, Enrique Prado buscó en 2015 comprar un departamento en la colonia Anzures, en Shakespeare 27.

En los documentos de la propiedad únicamente se registró su intención de compra. El departamento que costaba 5 millones de pesos finalmente no fue adquirido por él, sino por Mauricio Prado Moreno, tío de Enrique Prado, en 2019.

Meses antes, el tío del funcionario adquirió un inmueble en la colonia San Pedro de los Pinos, en la delegación Benito Juárez, por un valor de 6 millones de pesos. Pero antes de hacerlo hubo otros interesados en la propiedad: María de la Luz Robles Contreras y la empresa Constructora Resga. Ambas aparecen en avisos de compra venta en 2017 y enero y septiembre de 2018, respectivamente, según los documentos del inmueble.

A través de esa empresa y sus accionistas es que se vuelve a cerrar el círculo entre Enrique Prado, el PRD en la Ciudad de México e incluso Sedesol y Sedatu. 

Constructora Resga se creó en 2012 por Alfonso Galicia Reséndiz, Lorenzo García y Alfonso Galicia López. 

En éste último está la clave. 

Alfonso Galicia López es uno de los accionistas de la firma Arquilex, creada en octubre de 2018, pero también lo es Daniel Gutiérrez Quintanar, quien fue secretario del comité del PRD en Iztacalco y trabajó de julio de 2016 a marzo del 2017 en Sedesol, específicamente en la Coordinación Nacional de Prospera con funciones de auditoría y supervisión, según lo reportado en Declaranet.

Otro accionista de Arquilex es Guillermo López Acevedo, que en noviembre de 2018 comenzó a trabajar en Sedatu como personal de enlace en la Dirección General de Servicios Materiales que encabezaba… Enrique Prado Ordoñez.

No solo eso, Guillermo López Acevedo coincidió con Prado Ordóñez en Setravi, Sedesol y Sedatu. De hecho, el funcionario continúa trabajando en la dependencia que ahora encabeza Román Meyer. 

Y no es el único de los operadores de Prado Ordóñez que se mantiene en labores en la actual administración en Sedatu: en el directorio de la dependencia también está Ariadna Lisete Pontón Ramos, quien hasta la fecha es jefa de departamento en la Dirección General de Recursos Materiales. 

Pontón Ramos también trabajó en Sedesol entre 2013 y 2015 y, además, estuvo en Setravi en la Dirección General de Transporte, en el mismo periodo que Enrique Prado y Alexandra Malpica, según su perfil en Declaranet.

El grupo de Prado Ordoñez vinculado a Emilio Zebadúa fue de Setravi a Sedesol y después a Sedatu. Alexandra Malpica es la única de estos funcionarios que laboró en el GDF y en Desarrollo Social, pero no llegó hasta la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano. 

Hasta ahora, los funcionarios que han sido vinculados a proceso por las investigaciones de la Estafa Maestra que involucran a Rosario Robles no están relacionados con el exoficial Mayor, Emilio Zebadúa, y su grupo cercano, aunque están abiertos los expedientes con investigaciones.

Apenas este mes, según información publicada por el diario Reforma, Enrique Prado y Sonia Zaragoza, al igual que Emilio Zebadúa, interpusieron un recurso judicial para reclamar la revisión a sus cuentas bancarias porque los procesos judiciales, aseguraron, no se llevaron conforme a derecho.

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Desaparecidos en México: 'Encontré a mi hijo en una fosa clandestina que yo misma excavé'

La crisis de desaparecidos en México suma ya más de 83.500 personas. Muchas madres se han organizado para buscar a sus familiares, incluso en fosas clandestinas. Cecilia Delgado encontró a su hijo en una de ellas.
4 de marzo, 2021
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La noche del 2 de diciembre de 2018 fue la última vez que vieron con vida a Jesús Ramón Martínez Delgado.

Estaba en su negocio en Hermosillo, Sonora, cuando dos policías que llegaron en una patrulla lo subieron en una camioneta que los seguía.

Su madre, Cecilia Delgado, comenzó entonces una búsqueda sin descanso. Primero por hospitales, cárceles, municipios cercanos. Después, en fosas clandestinas, donde lo encontró tras dos años de buscarlo sin descanso.

Su historia es un relato del horror que viven miles y miles de familias en México, donde suman ya más de 83.550 desaparecidos.

BBC Mundo contactó a la fiscalía del estado de Sonora. La vocera dijo que no puede dar mucha información porque es un caso en investigación. Pero la fiscal del estado, Claudia Indira Contreras, ha prometido justicia a Delgado y castigar “a quien sea que resulte culpable”.

Esta es la historia de Cecilia Delgado contada en primera persona


Cecilia Delgado con su hijo, Jesús Ramón Martínez, antes de su desparición.

Cortesía Cecilia Delgado
Cecilia Delgado con su hijo, Jesús Ramón Martínez, antes de su desparición.

Cuando mi hijo desapareció le prometí que lo iba a encontrar.

“Hijo, te prometo que te voy a regresar a casa. Te lo prometo, hijo de mi alma. Así me tarde toda una vida, así te tenga que buscar en el infierno“, le dije.

Después de dos años cumplí mi promesa. No como yo quería, pero lo encontré.

Todavía cierro mis ojos y lo veo en esas condiciones en las que estaba. No se lo merecía.

La noche de su desaparición, Jesús Ramón estaba con un amigo en su negocio, un expendio de cervezas, cuando llegaron una patrulla estatal y otra camioneta, una Chevrolet Silverado blanca con doble cabina.

Además del video de la cámara CCTV hay testigos de que dos policías lo subieron a la camioneta blanca y se lo llevaron. Nadie volvió a verlo vivo.

En la policía estatal me dijeron que me iban ayudar, que me iban a regresar a mi hijo. Me pidieron que me fuera y aseguraron que me iban a llamar. Jamás lo hicieron.

Tuve que encontrar a mi hijo yo sola porque ellos no hicieron su trabajo.

Cecilia Delgado

Lorenza Sigala
A la fecha Cecilia Delgado ha ayudado a exhumar 194 cadáveres.

Mi hijo tenía 34 años cuando se lo llevaron. Era muy alegre, le encantaba la música, bailar, cantar. Me llamaba “mi reina”, siempre me decía que me amaba y me lo demostraba.

Dejó tres hijos. La más pequeña tiene apenas 5 años. Es la que más sufre por la ausencia de su padre. “Abuela, ¿por qué te tardaste tanto en encontrar a mi papá?”, me pregunta llorando sin consuelo. Es algo que me duele en el alma.

Muerta en vida

Que un hijo desaparezca es lo más terrible que le puede pasar a una madre.

Me robaron todo. Me dejaron muerta en vida.

Poster de Buscadoras por la paz

Cortesía Cecilia Delgado
La desaparición de Jesús Ramón llevó a que Cecilia fundara “Buscadoras por la paz”.

Esos dos años fueron el infierno. Siempre pensando: “¿Dónde estará, estará comiendo, lo matarían, qué le harían?”. Es un dolor inimaginable que me carcome por dentro. Nunca jamás en la vida pensé que existiera tanto dolor.

En las noches, en la soledad y la oscuridad, la incertidumbre pega todavía más.

Todavía voy caminando y siento que es solo el cuero, porque yo ya estoy muerta por dentro. Yo estoy muerta.

Perdí las ilusiones de todo, las ganas de vivir. Solo me movía el saber que si yo no buscaba a mi hijo, nadie lo iba a hacer. Que si yo moría, nadie lo iba a encontrar.

Empecé a buscarlo por hospitales, cárceles, en muchos de los municipios de Sonora.

Luego empecé a excavar fosas clandestinas. Aunque en mi corazón siempre desee que estuviera vivo. Y se lo pedía a dios.

Me uní a un par de colectivos que excavan fosas clandestinas. Y luego, fundé el mío, Buscadoras por la Paz Sonora.

“Buscamos tesoros”

La mayoría de veces nos enteramos de la ubicación de esas fosas, donde han enterrado cuerpos, por llamadas anónimas.

Vamos allí armadas. Nuestras armas son el pico, la pala y una varilla. Vamos a donde sea, al campo, al monte, incluso a casas. Aquí el clima es extremo, el calor a veces supera los 50 grados centígrados, vemos cómo el vapor sale de la tierra. Otras veces, un frío que congela.

Colectivo Buscadoras por la Paz de Sonora.

Lorenza Sigala
Las mujeres del colectivo buscan incansablemente a sus hijos.

Pero nada nos detiene. Es más grande el amor que tenemos por nuestros hijos, que la dureza del clima, el hambre o el miedo.

Vamos a buscar a nuestros tesoros.

Para nosotros son tesoros porque los encontramos en fosas clandestinas que tenemos que excavar. Y son, por desgracia, cadáveres.

Aún así, con todo el horror que esto significa, el encontrarlos y darles una sepultura digna nos da una relativa paz.

Sacamos a esos tesoros de la oscuridad, de esos hoyos donde después de matarlos los entierran de una manera tan vil, tan cruel que no me explico como pueda existir gente así, sin corazón, que pueda hacer tanto daño.

¿Qué pudieron haber hecho para que les hagan todo lo que he visto? Son cosas tremendas. Se ensañan de una forma bestial, igual con hombres que con mujeres.

Colectivo Buscadoras por la Paz de Sonora.

Cortesía
El colectivo “Buscadoras por la paz” es uno de varios similares que operan en México.

Recuerdo cómo encontramos a un muchacho, creo que era un jovencito porque sus pies eran muy chiquitos. Estaba encadenado. Encadenadas sus piernas y con candado. Sus manos, amarradas con un alambre. Enterrado a más de metro y medio de profundidad.

A otros los encontramos calcinados a tal punto que será imposible identificarlos. Me duele en el alma. Pienso en sus madres, que nunca podrán encontrarlos.

“La realidad de México”

Muchos nos critican porque hacemos transmisiones en vivo en redes sociales de nuestras búsquedas. Las imágenes que se ven son muy fuertes y nos dicen que somos amarillistas.

Pero es la realidad que estamos viviendo. No es de dios que nosotros tengamos que sacar a nuestros hijos de esos lugares tan feos. De esos hoyos que incluso a veces ponen a cavar a la persona que van a matar.

Si hacemos los videos es porque queremos que la gente vea nuestra labor, lo que estamos pasando. A nadie le gusta. A mí no me gusta andar excavando fosas clandestinas. Pero es la realidad de México.

Las desapariciones forzadas están a la orden del día. Los que se indignan por ver un video, mejor que se indignen con las personas que matan a otras y con las autoridades que no hacen su trabajo.

A nosotros no nos correspondería, con todo y el dolor que cargamos, estar sacando a nuestros hijos de ahí.

Sabemos que a la mayoría de los desaparecidos los vamos a encontrar muertos, es muy raro el que regresa vivo. Y a estas alturas encontrar sus cadáveres es un privilegio.

Además, las víctimas y sus familias son revictimizadas. Es muy común que digan que si los mataron es que “andarían en algo malo”, que estaban de una manera u otra ligados al narcotráfico.

Eso es una vil mentira. Yo conozco a muchos, muchos que se han llevado que eran totalmente inocentes. Hay de todo: hombres, mujeres, jóvenes e incluso niños.

Y de los que hicieron algo malo, pues que lo procesen judicialmente, no que pongan a la familia en este infierno.

Quienes se los llevan muchas veces pertenecen al crimen organizado, pero a veces también algunas autoridades están coludidas con ellos, como fue el caso de mi hijo.

En México han matado a madres y padres por buscar a sus hijos. Por eso, muchos nos preguntan si no tenemos miedo. La verdad es que no. Y no lo digo solo por mí, sino porque lo veo en mis compañeras.

No tenemos miedo. El miedo más grande fue perder a nuestros hijos y ya lo vivimos.

Si hubiera sido posible, yo hubiera dado mi vida. La hubiera dado una y mil veces a cambio de la de mi hijo.

“Yo desenterré a mi hijo”

Después de dos años de búsqueda sin descanso, encontré a mi hijo en una fosa clandestina que yo misma excavé.

Yo misma desenterré a mi hijo. Fue algo terrible.

Fue el 25 de noviembre de 2020, exactamente dos años después que lo viera por última vez.

Buscábamos cuerpos en un lugar donde había una docena de fosas.

Cuando lo encontré, lo reconocí de inmediato. Una madre no se puede equivocar.

Supe que era él por los brackets en sus dientes, por su muela del juicio y porque en su cráneo todavía tenía su cabello. Su pelo castaño, con sus rulitos que no le gustaban y que siempre se peinaba con mucho gel para que no se le vieran. (Llora sin consuelo).

Después vi su ropa. Y comprobé que sí, que era mi niño.

Grité y grité. “No, no, no. No puede ser”, repetía llorando.

Pero sabía que era cierto.

Las pruebas de ADN que llegaron días después solo volvieron a confirmarlo.

Me derrumbé. El mundo se me vino abajo. A pesar de todo, esperaba un milagro.

"Cuando lo encontré, lo reconocí de inmediato. Una madre no se puede equivocar". ", Source: Cecilia Delgado, Source description: , Image:

Yo quería tener las cenizas de mi hijo en mi casa, pero mis otros dos hijos me insistieron que no. Que tenía que dejarlo en el panteón, para que yo pudiera seguir viviendo de alguna forma.

El 8 de diciembre lo enterramos.

Durante seis horas le cantamos sus canciones, le tocamos música y bailamos. Así como él en alguna ocasión me había dicho, medio en broma, medio en serio, que quería que hiciéramos cuando muriera.

Yo le dije que se callara, que estaba loco. Que primero iba a morir yo.

Ni en mis peores pesadillas hubiera podido imaginar que me lo iban a arrebatar así.

Por eso quiero decirles a todos en México que no esperen a pasar por lo mismo que yo, que nosotras, las miles de madres que estamos así, no queremos que le pase a nadie más.

La búsqueda sigue

A la semana de encontrar a mi hijo, volví a agarrar mi pala e irme al monte con mis compañeras.

Desde que desapareció Jesús Ramón he encontrado con los distintos colectivos un total de 194 tesoros. Pero la situación es tan terrible que esta búsqueda no puede parar.

Moisés Reynoso

Cortesía Cecilia Delgado
Ahora Cecilia también busca a su sobrino, Moisés Alfonso Reynoso.

Hace siete meses también desapareció mi sobrino Moisés Alfonso Reynoso Delgado, de 28 años, hijo de mi hermana. Igual que a mi hijo yo le prometí que lo iba a encontrar.

También les he prometido a otras madres que no me detendré hasta que encontremos a sus hijos. Y las promesas se cumplen.

Por desgracia hay todavía miles y miles de tesoros por desenterrar.


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