Primer Informe: Economía crece poco y aún padecemos inseguridad, reconoce AMLO; destaca ahorros y apoyos sociales
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Primer Informe: Economía crece poco y aún padecemos inseguridad, reconoce AMLO; destaca ahorros y apoyos sociales

El presidente de México, en su primer Informe en Palacio Nacional, destacó ahorros por 145 mil millones de pesos y los programas sociales, además de una mejor redistribución de la riqueza.
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1 de septiembre, 2019
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El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, reconoció este domingo en su primer Informe de gobierno que la economía está creciendo poco y que no han sido buenos los resultados en el combate a la inseguridad, aunque por otro lado destacó que hay mejor redistribución de la riqueza entre los ciudadanos, y que hay unidad con los gobiernos estatales para enfrentar al crimen, sin apostar por la “guerra de exterminio”.

En su discurso de hora y media en Palacio Nacional, López Obrador dijo que su gobierno ha trabajado para hacer a un lado, poco a poco, la “obsesión tenocrática” de medirlo todo en función del “simple crecimiento económico”.

Lo fundamental, mencionó, “no es lo cuantitativo sino la distribución equitativa de la riqueza”, ya que el fin último es conseguir la felicidad de la gente. 

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El crecimiento económico, insistió, no tiene sentido como objetivo en sí mismo, sino como medio para lograr un objetivo superior, el bienestar general de los mexicanos. En varias ocasiones resaltó que el el país tienen finanzas sanas, que no hay recesión, que no se ha aumentado la deuda, y que no hubo en este lapso de su administración un aumento de impuestos o nuevos gravámenes para la gente.

El titular del Ejecutivo presumió que en lo que va de su gobierno se han logrado ahorros por 145 mil millones de pesos, con diferentes medidas, como las compras públicas consolidadas, evitando la corrupción y “lujos, opulencia y dispendios” que había antes para los funcionarios públicos.

Reconoce el problema de violencia

López Obrador reconoció que, en lo que va de su gobierno, “no son buenos los resultados” en la tarea de enfrentar al crimen, por lo que es justificado el reclamo de la gente.

“Todavía padecemos de inseguridad y de violencia”, dijo el presidente, aunque también apuntó que eso es una herencia de administraciones anteriores, que apostaron por el uso de la fuerza, con un “resultado catastrófico”, de muertos, desaparecidos y una crisis de derechos humanos.

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En su gobierno, aseguró, se ha implementado un cambio de estrategia, para no apostar a una “guerra de exterminio”, sino por crear mejores condiciones de vida para la gente, con empleos y educación.

“Estamos trabajando unidos los gobiernos estatales y el gobierno federal, no hay motivo para divisiones”, expresó sobre el combate a la violencia y la inseguridad, que calificó como su principal desafío, aunque también dijo estar confiado en que sí se logrará pacificar al país.

“Moralmente derrotados”

En la parte final de su discurso, López Obrador dijo que su gobierno ha contado con suerte, ya que los que considera como sus “adversarios” no han logrado conformar hasta ahora “un grupo o una facción con la fuerza de los reaccionarios de otros tiempos” y “están moralmente derrotados”.

Sus opositores, agregó, están “nerviosos o incluso fuera de quicio”, aunque por otro lado la mayoría de los mexicanos, aseguró, están felices y él se mantiene optimista.

Defiende cancelación del NAIM

El mandatario federal informó que ya fueron liquidados los contratos pendientes sobre el Aeropuerto de Texcoco o NAIM, cancelado por su gobierno, y defendió que fue la mejor decisión, ya que esa obra habría estado condenada a sufrir de “constantes hundimientos”.

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Al apostar por la construcción del aeropuerto de Santa Lucía, el mejoramiento del aeropuerto de Toluca y del actual aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, a fin de cuentas se lograrán ahorros por 100 mil millones de pesos, refirió López Obrador, y además se logrará resolver el problema de saturación de usuarios.

Destaca el papel de empresarios

El presidente, en al menos un par de ocasiones, destacó el papel del sector empresarial, ya que según dijo están cooperando e invirtiendo, con mayor compromiso social, creando empleos y pagando las contribuciones correspondientes.

En específico, agradeció a Carlos Slim, Carlos Salazar del Consejo Coordinador Empresarial  y a Antonio del Valle, del Consejo Mexicano de Negocios, por haberle dado preferencia al interés nacional, en la polémica que hubo con la Comisión Federal de Electricidad (CFE) por los contratos de gasoductos, y su renegociación.  Sobre este tema, también resaltó lo que consideró como una  “postura firme y propositiva de Manuel Bartlett”, director de la Comisión.

“Luego de largas y pacientes negociaciones se acordó reconocer los contratos suscritos por la pasada administración, pero se redujo la tarifa y se obtuvo un ahorro de cuatro mil 500 millones de dólares para la Comisión Federal de Electricidad”, dijo López Obrador.

“Se logró de esta manera evitar los procesos legales que estaban por iniciar en tribunales internacionales. Las empresas aceptaron el principio de que el interés nacional debe estar por encima del interés particular, por legítimo que este sea”, agregó.

Ahorros

Entre los ahorros que destacó el presidente, en lo que lleva al mando del Ejecutivo, está el terminar con lo que llamó “asignación abusiva” de oficinas y vehículos para funcionarios, suprimir “viajes sin sentido” al extranjero, y el cierre de  51 representaciones del país en diferentes países, como parte de ProMéxico.

Mencionó la cancelación de las pensiones millonarias para expresidentes, el fin de la atención médica privada para altos funcionarios, y una reducción de 50% en el gasto de publicidad del gobierno.

Otro punto que destacó es el terminar con la condonación de impuestos a grandes corporaciones, lo que era un “ofensivo privilegio”. 

Por otro lado, López Obrador dio las cifras de gente que ha sido beneficiada por los programas Jóvenes Construyendo el Futuro, Sembrando Vida y de tandas del bienestar, además de las becas para estudiantes. De cada 10 hogares en el país, según dijo, al menos 5 ya están recibiendo apoyos.

“En comunidades indígenas, de cada 10 hogares, están llegando apoyos a nueve hogares, y antes de que termine este año va a ser a todos los hogares de las comunidades indígenas de México”, detalló.

Llamado al Congreso

López Obrador, en su mensaje, hizo un llamado al Congreso, que inicia un nuevo periodo ordinario de sesiones, para aprobar las reformas de revocación de mandato, consulta popular y eliminación del fuero, empezando por el del presidente de la República.

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El gas usado para "desinfectar" a mexicanos en EU que sirvió como ejemplo a la Alemania nazi

Durante décadas, trabajadores mexicanos que cruzaban a Estados Unidos fueron inspeccionados y fumigados con pesticidas para prevenir enfermedades infecciosas. Décadas después, cientos describieron la experiencia como humillante y vergonzosa.
4 de septiembre, 2021
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En 1956, los braceros eran fumigados con DDT como parte del proceso de entrada a Estados Unidos.

CORTESÍA, MUSEO NACIONAL DE HISTORIA DE EE.UU

Muchos no sabían qué les estaban rociando, pero era tan extendido su uso que le apodaron “el polvo”.

La fotografía que abre esta nota es especialmente destacada por historiadores en Estados Unidos y algunos describen la escena capturada como “un momento atroz”.

En ella un funcionario enmascarado fumiga la cara de un joven mexicano desnudo con el pesticida DDT en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas, mientras que otros esperan en fila detrás mientras sujetan sus pertenencias.

La tomó el neoyorquino Leonard Nadel en 1956 mientras documentaba el programa Bracero, bajo el que al menos 4 millones de mexicanos migraron temporalmente a Estados Unidos para trabajar entre 1942 y 1964.

El esquema fue inicialmente establecido para compensar la ausencia de trabajadores estadounidenses debido al reclutamiento militar durante la Segunda Guerra Mundial.

Un trabajador se registra en el programa Bracero.

Getty Images
Millones de mexicanos campesinos y obreros participaron en el programa Bracero en Estados Unidos.

El DDT se empleó hasta mediados de los 60 en los inmigrantes para prevenir la propagación de malaria y tifus y su uso fue posteriormente prohibido en EE.UU. en 1972.

Hoy en día está clasificado por el gobierno de ese país y autoridades internacionales como un “probable carcinógeno humano”.

Pero este no fue el único pesticida empleado para “desinfectar” a inmigrantes mexicanos en la frontera entre México y EE.UU. por décadas.

Años antes de la implementación del programa Bracero, otro insecticida fue utilizado en centros de recepción de visitantes y pasaría a servir como ejemplo a funcionarios del nazismo en Alemania.

Zyklon B

David Dorado Romo, historiador y cronista de El Paso y Ciudad Juárez, dio con un artículo en una revista científica alemana de 1937 que lo dejó atónito.

El escrito incluía dos fotografías de “cámaras de despiojado” en El Paso, Texas.

Su autor, el químico alemán Gerhard Peters, destacaba las imágenes para ilustrar “la efectividad del Zyklon B (un pesticida a base de cianuro) como un agente para matar plagas indeseables”, escribe Romo en su libro Ringside Seat to a Revolution (“Asiento en primera fila a una revolución”).

“Peters se convirtió en el director de operaciones de Degesch, una de las dos firmas que adquirió la patente del Zyklon B en 1940 para producirlo masivamente”, describe.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis utilizaron el gas en dosis concentradas para matar a millones de judíos.

Un funcionario fronterizo estadounidense les habla a un grupo de refugiados mexicanos en el Puente Internacional de El Paso, en Texas. Año 1916.

Getty Images
Las inspecciones y requerimientos en la frontera entre EE.UU. y México en El Paso se endurecieron a partir de 1916.

Aunque en El Paso no se utilizó para el mismo fin, ya se estaba empleando desde 1929 por funcionarios fronterizos para fumigar la ropa y los zapatos de inmigrantes mexicanos en el Puente Internacional Santa Fe, que conecta esa ciudad con Ciudad Juárez.

Las inspecciones habían iniciado formalmente en 1917, amplía el historiador, cuando las autoridades estadounidenses empezaron a imponer restricciones sobre los cruces fronterizos en sectores como El Paso.

El alcalde de la ciudad en esa época, Tom Lea, se refería a los mexicanos como “sucios piojosos indigentes” que “sin duda, van a traer y propagar el tifus”.

Pero entre 1915 y 1917, menos de 10 residentes de El Paso habían muerto del tifus epidémico, recogió Romo en su libro.

Aún así, los mexicanos considerados de “segunda clase” eran sometidos a exhaustivos chequeos que incluían duchas con agua caliente y revisiones de los migrantes desnudos. A los que le encontraban piojos, “les rapaban la cabeza y les afeitaban todo el cuerpo”, señala Romo a BBC Mundo.

Los braceros eran inspeccionados de la cabeza a los pies en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Los braceros eran inspeccionados de la cabeza a los pies en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas.

Tan solo en 1917, al menos 120.000 personas fueron examinadas en el centro de El Paso.

Romo y otros historiadores hablan de un contexto en el que las ideas eugenésicas cobraban fuerza y se manifestaban a través de nociones discriminatorias y racistas.

“No hay que comparar peras con manzanas, pero el Holocausto no fue un hecho aislado y la frontera entre EE.UU. y México sirvió como un centro de experimentación importante de esas ideas”, advierte Romo.

“¿Sabe qué es la vergüenza?”

Cuando inicia el programa Bracero en 1942 ya estaba extendido el uso de diferentes químicos como el kerosén en centros de inspección fronterizos.

Aunque el gobierno de EE.UU. alabó a los mexicanos que se enlistaban como “soldados de la producción” y de la tierra en ese tiempo, con los años surgieron cientos de testimonios de trabajadores que señalaron sus experiencias como vergonzosas y humillantes.

La historiadora Mireya Loza recuerda en conversación con BBC Mundo que la imagen del trabajador rociado con DDT en la cara era la que más afectaba a los antiguos participantes del programa con los que habló.

“Muchos decían que sentían los efectos del DDT en los ojos, que tenían reacciones alérgicas en la piel y entendieron que no era un tratamiento humano”, dice la profesora de la Universidad de Georgetown.

Un grupo de trabajadores del programa Bracero alzan los brazos y están alineados contra la pared mientras son inspeccionados en una habitación del Centro de Procesamiento en Monterrey, México.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Los trabajadores eran inspeccionados a ambos lados de la frontera entre México y Estados Unidos. Aquí, en un centro de procesamiento en Monterrey, México, en 1956.

La académica inició su investigación entrevistando a decenas de braceros para un proyecto llamado Bracero History Archive (Archivo Histórico de los Braceros), impulsado por el Museo Nacional de Historia estadounidense Smithsonian.

“Muchos de estos trabajadores dijeron haber sentido algo feo porque era la primera vez que eran desnudados públicamente y frente a varias personas. Para ellos era un shock tremendo estar ahí y que los doctores les hicieran abrir las pompis, la boca; todo revisaban”, describe.

Los trabajadores eran generalmente inspeccionados en sedes administradas por Estados Unidos dentro de México y en ciudades fronterizas como Hidalgo, en Texas.

Además de las fumigaciones, los vacunaban contra la viruela, les hacían exámenes de sangre y de rayos X y les revisaban las manos en busca de callos que demostraran que tenían experiencia en el campo.

Un bracero es vacunado mientras otros esperan en la fila en el Centro de Procesamiento en Monterrey, México, en 1956.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Los trabajadores también eran vacunados contra la viruela.
Un funcionario de gobierno revisa las manos de un aspirante al programa Bracero.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Era común que las manos de los trabajadores fueran revisadas en busca de callos como prueba de que ya trabajaban la tierra.

José Silva, un campesino oriundo de Michoacán que empezó a trabajar desde los 6 años, describió en 2005 con cierto enfado la experiencia que vivió mientras fue bracero durante una entrevista disponible en el Archivo Bracero:

“Por una parte sí fue un buen programa (…) No tuve problema, me ayudé económicamente. Lo que no me gustaba era que nos fumigaron. Sentí vergüenza. ¿Sabe qué es la vergüenza? Todos formados así, sin ropa, y salíamos así caminando y allá en la puerta estaba el hombre con el fumigador. Muy mal. No éramos animales, éramos cristianos, ¿por qué nos fumigaban?“.

Víctor Martínez Alemán, originario de Tlaquiltenango, en Morelos, se enlistó en el programa en 1956 y trabajó en California:

“Nos pasaron, encuerados, delante de todas las muchachas, ya no más nos tapábamos acá pero encuerados para pasar donde nos iban a fumigar, bien fumigados así y todo… A nosotros nos daba vergüenza porque teníamos que pasar como con 20 mujeres (…) Eran todas secretarias. Y con manos atrás, nada de taparse, nada… Nos quería hasta pegar (…) Nunca había yo pasado esas penas pero como yo lo que quería era llegar a Estados Unidos para hacer algo…”.

“Injusticias y abusos”

A través del Archivo Bracero, el gobierno de EE.UU., mediante el Museo Nacional de Historia y diferentes instituciones académicas, reconocen que los trabajadores fueron sometidos a una serie de “injusticias y abusos”.

“Muchos se enfrentaron a alojamiento deficiente, discriminación e incumplimiento de contratos, incluso fueron estafados al recibir sus salarios”, indica el sitio web.

Un grupo de braceros en un cultivo en Salinas, California, en 1956.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Un grupo de braceros en un cultivo en Salinas, California, en 1956.

Pese a estas investigaciones, ningún presidente o autoridad de alto cargo a nivel nacional en EE.UU. ha ofrecido disculpas públicas ni reparaciones por los efectos negativos que desencadenó el programa, indica la historiadora Mireya Loza.

Tampoco existe una investigación exhaustiva sobre el impacto de pesticidas, incluido el DDT, en la salud de millones de braceros que fueron fumigados.

Aunque el programa culminó hace casi seis décadas, aún queda una generación que vive para contarlo.

Carlos Marentes, activista por los derechos de los campesinos en El Paso, recogió también cientos de testimonios y denuncias de abusos laborales, y las fumigaciones sobresalían entre los recuerdos más amargos de los trabajadores.

“Naturalmente existía un miedo de que trajeran enfermedades contagiosas, pero eso conllevó a una estigmatización“, dice a BBC Mundo.

Para Marentes, el programa Bracero fue un ejemplo claro de “la contradicción en la política de inmigración” de Estados Unidos.

“Por una parte sabemos que los necesitamos (a los inmigrantes), para que hagan todo lo que no podemos o no queremos hacer, pero por otra parte nos han metido en la cabeza que hay que tenerles miedo”, sentencia.



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