Más para becas, adultos mayores y reforestación en el presupuesto y menos para jóvenes
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Más para becas, adultos mayores y reforestación en el presupuesto y menos para jóvenes

El programa de Jóvenes Construyendo el Futuro pasará de 40 mmdp pesos en 2019 a poco más de 25 mmdp para el 2020. 
Cuartoscuro
Por Nayelli Roldan y Andrea Vega
9 de septiembre, 2019
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De los programas sociales prioritarios de esta administración federal, los grandes ganadores en el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación (PPEF 2020) –que se entregó este 8 de septiembre a la Cámara de Diputados para su discusión y aprobación– que registran aumentos en sus montos, con respecto a lo asignado el año pasado, son las becas a estudiantes, el programa Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores y Sembrando Vida. 

En tanto que Jóvenes Construyendo el Futuro, uno de los programas insignia de esta administración, pero que registra retrasos en su gasto y señalamientos de falta de transparencia en su padrón, tiene una reducción de más de una tercera parte, al pasar de 40 mil millones de pesos en 2019 a 25 mil 614 millones 189 mil 926 pesos para el 2020. 

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Hasta el primer semestre de 2019, este programa llevaba un avance de su presupuesto de solo 32%, pese a que la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, la encargada de operarlo, registra más de 930 mil jóvenes en su padrón. Éstos representan a las personas vinculadas con alguna empresa o dependencia para recibir capacitación, más no significa que ya se estén capacitando. 

El programa social que tiene más presupuesto en el PPEF 2020 es el de Pensión parar el Bienestar de las Personas Adultas Mayores con 126 mil 650 millones 335 mil 993 pesos. En 2019 tuvo un presupuesto aprobado de 99 mil 882 millones 726 mil 998 pesos, pero para fines de junio Hacienda modificó su presupuesto y le dio un poco más, para quedar en 107 mil 799 millones 216 mil 303 pesos. 

La secretaría encargada de operarlo es la de Bienestar, que registra un presupuesto total de 173 mil 091 millones, 702 mil 096 pesos. Esto quiere decir que la pensión para adultos mayores se llevará el 73% del presupuesto de la dependencia. Al cierre de junio, llevaba un avance de ejecución en su presupuesto de 99%. 

El Programa para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores otorga un apoyo universal de 2,550 pesos bimestrales a mexicanos de más de 68 años de edad en todo el país y personas en comunidades indígenas mayores de 65 años. De acuerdo a datos de la propia dependencia se beneficia a 8 millones de adultos mayores. 

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Sembrado Vida que en 2019 tuvo un presupuesto asignado de 15 mil millones de pesos –aunque en la modificación al presupuesto realizada por Hacienda, al segundo semestre de ese año, se quedó solo con 13 mil 426 millones 136 mil 462 pesos– este año 2020 tendrá un monto de 25 mil 130 millones 908 mil 846 pesos. 

Este programa es una estrategia de desarrollo social para el ámbito rural que tiene dos metas establecidas: 1) la siembra de 1 millón de hectáreas con plantaciones agroforestales de árboles maderables, frutales y milpas, y 2) generar empleo para 450 mil productores en 19 estados del país, sobre todo en los del sur-sureste, donde se encuentra la mayor incidencia de pobreza y pobreza extrema.

Aunque al cierre del primer semestre de 2019, enero-junio, llevaba un avance en su presupuesto de apenas 39%.

Entre los principales programas sociales están las becas a estudiantes. También están consideradas como los seis programas prioritarios en materia educativa. Para 2020 se propone erogar 71 mil millones 410 mil pesos en cuatro tipos de becas, lo que representa 2 mil 478 millones más con respecto a 2019, es decir, 3.5% más.

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Para el próximo año operará por primera vez el Programa de Becas Elisa Acuña, dirigida a estudiantes, personal académico y docente para “tener acceso, permanencia, egreso y superación en el Sistema Educativo Nacional, tanto en el ámbito académico como en el de investigación”. Tendrá un presupuesto de 4 mil 164 millones de pesos y lleva el nombre de la maestra y periodista feminista nacida en 1887.

El aumento más significativo está en la Beca Universal para Estudiantes de Educación Media Superior Benito Juárez, que en 2019 tuvo 17 mil millones de pesos de presupuesto, y para 2020 se propone más de 28 mil millones de pesos.

El recorte está en las becas para educación básica, que tenía 41 mil millones de pesos a través de Prospera, en el componente educativo, y ahora que se cambió el nombre al Programa de Becas de Educación Básica para el Bienestar Benito Juárez, con 30 millones de pesos.

En tanto, las Universidades para el Bienestar Benito Juárez recibirá 987 millones de pesos, menos de los mil millones presupuestados en 2019, aunque hasta el reporte de gasto de junio pasado, no había gastado ni un peso.

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Jóvenes Escribiendo el Futuro, tendrá 7 mil 776 millones de pesos para 2020, lo que significa un aumento, puesto que en 2019 tuvo un presupuesto etiquetado de 4 mil 320 millones de pesos.

Otro de los programas prioritarios es el de Desarrollo Cultural, que tendrá 4 mil 430 millones de pesos, menos de lo etiquetado en 2019, cuando tuvo 4 mil 856 millones de pesos. 

En tanto, las Universidades para el Bienestar Benito Juárez recibirá 987 millones de pesos, menos de los mil millones presupuestados en 2019, aunque hasta el reporte de gasto de junio pasado, no había gastado ni un peso. Se trata también de uno de los programas insignia del actual gobierno mediante el cual se prometió la creación de 100 nuevas universidades en todo el país. 

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Por qué la glucosa juega un papel clave en la obesidad (y la diabetes)

Los procesos químicos que tienen lugar en el cuerpo cuando consumimos azúcar nos dan una pista sobre cómo evitar dos de las enfermedades más extendidas del mundo: obesidad y diabetes.
24 de junio, 2020
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Los azúcares refinados aumentan los niveles de glucosa en nuestro torrente sanguíneo.

Getty
Los azúcares refinados aumentan los niveles de glucosa en nuestro torrente sanguíneo.

Cuando comemos un pedazo de pan o un simple caramelo y vemos qué ocurre en nuestra sangre resulta que, a los pocos minutos, nuestros niveles de glucosa (comúnmente denominada “azúcar”) han subido.

¿Qué es lo que ha ocurrido mientras?

Acompañemos a la comida en su recorrido para averiguarlo.

A los pocos minutos de tragarnos ese pedazo de pan, éste llega ya digerido (por el estómago) al intestino delgado.

Las células intestinales absorben los nutrientes que contenía, entre los que se encuentra la glucosa.

Y dado que estas células están en contacto directo con el sistema circulatorio, inmediatamente se vierten a la sangre y se dirigen al hígado.

Como consecuencia la concentración sanguínea de glucosa (glucemia) se dispara.

Lo que viene a continuación es fácil de deducir.

En ayunas, el nivel normal de azúcar en sangre es de 70 a 110 miligramos por decilitros (mg/dl). Después de las comidas, estos valores suben.

Getty
En ayunas, el nivel normal de azúcar en sangre es de 70 a 110 miligramos por decilitros (mg/dl). Después de las comidas, estos valores suben.

La sangre transporta la glucosa hacia los órganos que la necesitan como “combustible”.

De este modo, pueden obtener la energía necesaria (ATP) para llevar a cabo todas sus funciones.

El problema surge cuando un exceso o un déficit de glucosa en el organismo conduce al desarrollo de patologías.

De ahí la importancia de mantener su equilibrio.

Es el ying y el yang de la glucosa.

El hígado y el páncreas controlan el suministro

Las células requieren un suministro permanente de glucosa para realizar sus funciones vitales.

Sin embargo, su aporte es discontinuo, limitado a las comidas.

¿Cómo resolverlo para garantizar que las células reciben constantemente azúcar sin comer a todas horas?

El cerebro y otros órganos del cuerpo necesitan energía para funcionar correctamente.

Getty
El cerebro y otros órganos del cuerpo necesitan energía para funcionar correctamente.

Existen detectores celulares en distintos órganos (hígado, páncreas e hipotálamo, entre otros) que vigilan la disponibilidad de glucosa.

El papel del hígado

Cuando es alta (por ejemplo, inmediatamente después de comer), el hígado puede almacenar parte en forma de glucógeno para después, esto es, para cuando la glucosa escasee.

Como ocurre durante el ayuno entre comidas o mientras dormimos.

Entonces lo degrada y vuelve a obtener glucosa, que es liberada a la sangre para ser utilizada por otros órganos.

No acaba ahí su misión.

El hígado también convierte el exceso de azúcares en triglicéridos (grasa) y promueve su almacenaje en el tejido adiposo como reserva energética.

En momentos de ayuno prolongado, estos triglicéridos son hidrolizados y convertidos en ácidos grasos, que viajan donde se les necesita a través de la sangre para ser oxidados o degradados por las mitocondrias de las células y así producir energía.

Páncreas

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La insulina es la hormona que produce el páncreas y que permite a nuestro cuerpo absorber la glucosa.

El pancreas, clave del proceso

Por su parte, el páncreas juega un papel importantísimo en el equilibrio de los niveles de glucosa.

Se ocupa de detectar el exceso o déficit de glucosa, y responde en consecuencia fabricando y secretando hormonas que intentan restaurar el equilibrio.

La más conocida es la insulina, que se libera a la sangre cuando sube la glucemia y manda una orden contundente a las células: “captad glucosa sanguínea, que hay demasiada, y gastadla o almacenadla”.

Como consecuencia, el azúcar en sangre disminuye.

Hambre, saciedad y obesidad

Entretanto, en el cerebro, el hipotálamo permanece ojo avizor a los niveles de glucosa.

Este área del cerebro tiene asignada la importante misión de regular la ingesta controlando las sensaciones de hambre y saciedad.

Después de comer, su mensaje es: “hay mucha glucosa, así que necesitamos parar de comer; voy a activar la señal de saciedad”.

Obesidad

Getty Images
Uno de cada cuatro hombres en Argentina, Uruguay, Chile o México es obeso.

A la vista de todo lo que hemos expuesto, es fácil deducir lo que ocurre si ingerimos más comida (nutrientes) de la que “quemamos” (gasto energético).

El equilibrio se descompensa, retiramos hasta donde podemos la glucosa sobrante de la circulación y fabricamos grasa.

La consecuencia inmediata es que desarrollamos sobrepeso.

Y, si la situación se mantiene, obesidad.

En ocasiones, el equilibro se puede descompensar porque alguno de los pasos que hemos explicado está alterado.

Por otro lado, si los niveles de glucosa en sangre se mantienen altos incluso en periodos de ayuno (hiperglucemia), hablaremos de la existencia de diabetes.

Dos elementos clave

Existen dos puntos clave a nivel molecular para controlar el desarrollo de obesidad o de diabetes.

Patatas fritas

Getty Images
La incorporación de comida procesada ha contribuido al aumento de la obesidad.

De un lado los sensores, esto es, dispositivos moleculares que se encuentran en las células que detectan los niveles de glucosa o el estado energético de la célula (niveles de ATP), respectivamente.

Ejemplos de éstos son las proteínas glucoquinasa (GCK), el transportador de glucosa 2 (GLUT2), la quinasa activada por AMP (AMPK), la quinasa con dominios PAS (PASK) o la diana de rapamicina en células de mamífero (mTOR).

De otro lado, debe generarse una correcta respuesta a la insulina, es decir, que las células sean capaces de identificar y responder a esta hormona adecuadamente.

De que respondamos adecuadamente a la insulina se encargan una serie de receptores de la membrana de las células, así como un conjunto de proteínas intracelulares (IR, IRS, PI3K, AKT, etc).

Si el mecanismo falla en algún punto, las células no responden a la insulina, y el azúcar sanguíneo sobrante no se elimina.

Es lo que se conoce como resistencia a la insulina.

La consecuencia es que la glucosa en sangre permanece alta y se desarrolla diabetes (diabetes tipo 2).

Obesidad

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La obesidad está catalogada como una enfermedad.

Diabetes tipo 2, compañera de la vejez

A lo largo de los años, las células envejecen, los mecanismos moleculares de respuesta a la insulina se deterioran y van perdiendo su funcionalidad, por lo que es frecuente desarrollar resistencia a la insulina y diabetes tipo 2.

Por eso es una enfermedad habitual de la tercera edad.

Incluso se puede adelantar en personas obesas.

En estos casos, lo que sucede es que el tejido adiposo, obligado a almacenar un exceso de grasa por encima de su capacidad, está hipertrofiado y alterado.

Como consecuencia, la respuesta a la insulina se ve mermada.

1 de cada 4

Para colmo, los tejidos son menos eficientes captando y gastando glucosa, lo que conduce a un aumento del azúcar en sangre (hiperglucemia) y, en consecuencia, diabetes tipo 2.

No es baladí, sobre todo si tenemos en cuenta que una de cada cuatro personas mayores padece diabetes tipo 2.

Es más, según la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología el 40% de personas mayores de 65 años padecen diabetes (2,12 millones).

Esto supone un problema de salud grave dadas las numerosas complicaciones asociadas a esta enfermedad: problemas cardiovasculares, retinopatía diabética, nefropatías, neuropatía diabética, etc.

Niños comiendo hamburguesas

Getty Images
El bajo precio de la comida poco saludable está vinculado a un mayor riesgo de obesidad en la población de bajos recursos.

Investigación para el futuro

Por ejemplo, cada año aparecen alrededor de 386,000 nuevos casos de diabetes en la población adulta española.

De ahí la importancia de llevar a cabo estudios encaminados tanto a conocer sus mecanismos moleculares como a diseñar fármacos dirigidos a controlar los sensores de glucosa y nutrientes.

A eso precisamente lleva años dedicándose nuestro grupo de investigación, en la Universidad Complutense.

Concretamente estudiamos sensores y nutrientes a nivel del hipotálamo, el hígado y el tejido adiposo que ayuden a atajar una enfermedad responsable de una gran mortalidad y morbilidad en el mundo.

En los tiempos actuales, se ha añadido una nueva enfermedad infecciosa que, cuando afecta a enfermos de diabetes, produce un incremento en su severidad y mortalidad.

Nos referimos, claro está, a la covid-19.

La investigación de la interrelación entre ambas enfermedades se hace necesaria y urgente.

*María del Carmen Sanz Miguel, Ana Pérez García, Elvira Álvarez García y Verónica Hurtado Carneiro forman parte de un equipo de investigación de la Universidad Complutense de Madrid.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation y está reproducido bajo la licencia Creative Commons.

Haz clic aquí para leer la nota original.


https://www.youtube.com/watch?v=8urGTdEioOQ

https://www.youtube.com/watch?v=JwghZEmvmb8

https://www.youtube.com/watch?v=qd1YehNpbV4

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