Cena con antojitos, sin alcohol y hasta la media noche, así fue el festejo en Palacio Nacional
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Carlo Echegoyen

Cena con antojitos, sin alcohol y hasta la media noche, así fue el festejo en Palacio Nacional

Los invitados narraron que la celebración fue “entre amigos” y que el presidente y su familia convivieron y se tomaron fotos con los invitados antes de retirarse.
Carlo Echegoyen
16 de septiembre, 2019
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Si hubiera que elegir una palabra para definir la primera ceremonia del Grito de Independencia encabezada por el presidente Andrés Manuel López Obrador sería “austera”, coincidieron algunos asistentes. Y es que esta vez no hubo cena de gala, ni invitados en el salón principal, tampoco vestidos elegantes, sólo lo indispensable para convivir en el patio principal entre carpas, sillas altas y papel picado.  

Las invitaciones para la ceremonia dentro de Palacio Nacional comenzaron a llegar a sus destinatarios la semana pasada. Sólo estuvieron contemplados los integrantes del Gabinete legal, el gabinete ampliado y subsecretarios, cada uno con un acompañante, más 90 embajadores de otros países en México. Sumaron unos 500 invitados. 

Debían llegar a partir de las 20 horas. Podían ingresar por la calle de Moneda, mostrar su invitación y boleto y caminar hacia una de las puertas de Palacio Nacional o entrar en auto por el estacionamiento de Correo Mayor, cerca de la Oficialía de Partes. Por ésta última optaron Santiago Nieto, el titular de la Unidad de Inteligencia Financiera de Hacienda y el director de la CFE, Manuel Bartlett.

Lee: “Sí se pudo” y “No estás solo”, los mensajes para AMLO desde el Zócalo en su primer grito

Por la puerta de Moneda entraron la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum; la secretaria de Economía, Graciela Márquez; la subsecretaria de Bienestar, Ariadna Montiel; el director de Pemex, Octavio Romero y la presidenta del Senado, Mónica Fernández, entre otros. También, los embajadores que llegaron a bordo de tres autobuses.    

Una vez dentro, los invitados se encontraron con banderas de México colgadas en los barandales del primer piso del patio central, carpas decoradas con papel picado con leyendas de “Viva México” y “AMLO”; mesas y sillas altas y algunos sillones pequeños de colores. 

Esta vez no hubo cena de gala sino antojitos mexicanos distribuidos en mesas como si fuese buffet y pequeños anafres para mantener cada plato caliente. La cena incluyó pambazos, sopes, tostadas de picadillo, de pata, tacos dorados, y tacos de guisado como chicharrón en salsa verde y tamales. 

No hubo alcohol, ni siquiera para un brindis, tampoco refrescos, sólo agua de jamaica y horchata, atole de pinole y de postre arroz con leche, el menú “como se acostumbra en las casas”, según contaron a Animal Político los asistentes al festejo. 

Para el grito, sólo los hijos del Presidente: José Ramón, Andrés, Gonzalo y el menor Jesús Ernesto, y los integrantes del gabinete pudieron subir a los balcones, como Irma Eréndira Sandoval, titular de Función Pública; María Luisa Albores, de Bienestar o el Canciller, Marcelo Ebrard. El resto de invitados siguió la ceremonia a través de pantallas puestas en el patio. 

El presidente estuvo feliz 

Andrés Manuel López Obrador buscó la presidencia por primera vez en la contienda de 2006, donde Felipe Calderón ganó apenas por unas décimas de punto. La elección presidencial más cerrada y en la que López Obrador señaló que hubo “fraude”. 

Lee: El águila real, el símbolo nacional que está en peligro de extinción

Lo intentó por segunda vez en la elección de 2012, donde resultó ganador el priista Enrique Peña Nieto. En la tercera, como abanderado del partido que fundó, el Movimiento de Regeneración Nacional, obtuvo 30 millones de votos y a nueve meses de asumir la presidencia mantiene una aprobación de 67%, según encuestas. 

Entre las principales promesas de campaña y de gobierno, además del combate a la corrupción, está lograr la “austeridad republicana”. Por eso la eliminación de “privilegios” entre funcionarios públicos y el recorte de plazas y gastos dentro de la administración pública. Por eso, la ceremonia debía ser “congruente con la austeridad y con la situación del país”, dice uno de los asistentes. 

Ésta vez el presidente entró solamente con su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, al Salón de Recepciones como parte del protocolo para recibir la bandera, sin invitados formando una valla a los costados y aplaudiendo al paso de la pareja presidencial como acostumbraron los anteriores mandatarios.  

A diferencia de su predecesor, Enrique Peña Nieto que tenía a sus hijos a su lado durante la ceremonia, en el balcón principal sólo aparecieron el Presidente y su esposa frente a las miles de personas que segundos antes gritaban “es un honor estar con Obrador” y “sí se pudo, sí se pudo”, la arenga que se escuchó en ese mismo lugar la noche del 1 de julio de 2018 después de confirmarse que había obtenido la mayoría de votos.   

Sosteniendo la bandera con la mano izquierda y en la derecha el cordón tricolor de la campana, el presidente López Obrador se dirigió primero a las mexicanas y comenzó con la arenga. Además de nombrar a Hidalgo, Morelos y Josefa Ortiz de Domínguez, mencionó a los “héroes anónimos” y a las “comunidades indígenas”. 

Y remató con ¡viva la libertad, viva la justicia, viva la democracia, viva nuestra soberanía, viva la fraternidad universal, viva la paz, viva la grandeza cultural de México!”. 

Tocó la campana, ondeó la bandera y, como se acostumbra, siguió el espectáculo de fuegos pirotécnicos. Ahí, el presidente alzó la mirada y sonrió varias veces. A diferencia de otras transmisiones televisivas donde la producción bajaba el sonido ambiente, ésta vez se escucharon las arengas “presidente, presidente”, “no estás solo, no estás solo”.

Aunque López Obrador las ha escuchado en decenas de plazas en sus recorridos durante los últimos 12 años, incluso en ese mismo lugar, ésta es la primera vez que lo hizo como Presidente de México. Él y su esposa respondieron con los brazos alzados, saludando a la multitud. 

Después del Grito, López Obrador bajó al patio principal a saludar a sus invitados. “Estuvo sonriente, se le veía feliz, festejando entre amigos”, dijo otro de los asistentes. No hubo discurso, tampoco platicó con cada uno, pero sí se tomó fotos con los embajadores, sobre todo. Algunos de ellos, como Barbara Jones, Embajadora de Irlanda, o Rut Krüger de Noruega, lo publicaron en sus cuentas de Twitter. 

También convivieron con los invitados el resto de la familia del presidente, pero fue breve. Apenas se acabaron las fotos y los abrazos, los invitados comenzaron a retirarse poco después de la media noche. “Fue austero y emotivo”, concluye al salir otro de los invitados. 

 

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El caso del hombre con superanticuerpos contra la COVID (y por qué da esperanza a los científicos)

Los anticuerpos de John Hollis son tan potentes que es inmune incluso a las variantes recién descubiertas de la COVID-19.
18 de marzo, 2021
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John Hollis

BBC
Se podrían diluir los anticuerpos de John Hollis al uno por mil y seguirían matando el 99% de los virus, aseguran los expertos.

El escritor estadounidense John Hollis, de 54 años, pensó que iba a contraer la covid-19 cuando un amigo con el que compartía casa se infectó y enfermó gravemente en abril de 2020.

“Fueron dos semanas en las que sentí mucho miedo”, dice John Hollis. “Durante dos semanas esperé que la enfermedad me golpeara, pero nunca ocurrió”.

Hollis simplemente pensó que había tenido suerte por no contraer la enfermedad.

Pero en julio de 2020, de manera absolutamente casual, Hollis mencionó esa convivencia con una persona muy enferma en una conversación con el médico Lance Liotta, profesor de la Universidad George Mason, en Estados Unidos, donde Hollis trabaja en tareas de comunicación.

Liotta, quien investiga formas de combatir el coronavirus, invitó a Hollis a participar como voluntario en un estudio científico sobre el virus que se estaba desarrollando en la universidad.

De este modo, Hollis descubrió que no sólo había contraído la covid-19, sino que su cuerpo tenía superanticuerpos que le hacían permanentemente inmune a la enfermedad, es decir, que los virus entraban en su cuerpo, pero no lograban infectar sus células y hacerle enfermar.

“Esta ha sido una de las experiencias más surrealistas de mi vida”, reconoce Hollis.

“Una mina de oro”

“Recogimos la sangre de Hollis en diferentes momentos y ahora es una mina de oro para estudiar diferentes formas de atacar el virus”, explica Liotta.

En la mayoría de las personas, los anticuerpos que se generan para combatir el virus atacan las proteínas de las espículas del coronavirus, formaciones puntiagudas en la superficie del Sars-Cov-2 que le ayudan a infectar las células humanas.

virus

Getty Images
Los anticuerpos de Hollis son distintos: atacan varias partes del virus y lo eliminan rápidamente.

“Los anticuerpos del paciente se adhieren a las espículas y el virus no puede pegarse a las células e infectarlas”, indica Liotta.

El problema es que cuando una persona entra en contacto con el virus por primera vez, su organismo tarda en producir estos anticuerpos específicos, lo que permite la propagación del virus.

Pero los anticuerpos de Hollis son distintos: atacan varias partes del virus y lo eliminan rápidamente.

Son tan potentes que Hollis es inmune incluso a las nuevas variantes del coronavirus.

“Podrías diluir sus anticuerpos al uno por mil y seguirían matando el 99% del virus”, asevera Liotta.

Los científicos están estudiando estos superanticuerpos de Hollis y de algunos otros pacientes como él con la esperanza de aprender a mejorar las vacunas contra la enfermedad.

“Sé que no soy la única persona que tiene anticuerpos de este tipo, sólo soy una de las pocas personas a quien se le han descubierto“, opina Hollis.

Experimento

BBC
La población negra es poco proclive a participar en estudios por escándalos como el de Tuskegee, una investigación sobre la sífilis en pacientes negros que los tuvo sin tratamiento durante décadas aunque existía el remedio.

Prejuicios raciales en las investigaciones

Sin embargo, este tipo de descubrimientos no suceden algunas veces debido a un sesgo racial en las investigaciones científicas: la mayor parte se realizan con pacientes blancos.

La participación de los individuos negros en los estudios suele ser mucho menor que su representación en la sociedad.

“Hay una larga historia de explotación (de pacientes negros) que hace que la comunidad afroamericana desconfíe a la hora de participar en las investigaciones”, revela Jeff Kahn, profesor del Instituto de Bioética de la Universidad John Hopkins.

“Es comprensible que exista esa desconfianza”, reconoce.

Uno de los experimentos más conocidos en el que participaron afroamericanos es el estudio de la sífilis de Tuskegee: durante más de 40 años, científicos financiados por el gobierno estadounidense estudiaron a hombres negros que tenían sífilis en Alabama sin proporcionarles medicamentos para la enfermedad.

“A lo largo de los años, durante la elaboración del estudio, los antibióticos se volvieron un remedio ampliamente disponible y no se les ofrecieron a estas personas”, relata.

“Los investigadores mintieron sobre lo que se les hacía y se les negó el tratamiento en nombre de la investigación”, sentencia Kahn.

“Cuando el estudio de Tuskegee salió a la luz, se establecieron normas y regulaciones para la investigación con seres humanos, que están en vigor desde los años 70”.

Esta historia es una de las razones por las que un segmento de la población, el cual se ha visto muy afectado por la pandemia, suele ser reacio a participar en los estudios o a vacunarse.

Poblacion negra

Getty Images
La población negra está siendo muy afectada por el coronavirus y hay que asegurarse de que reciban “los beneficios de las innovaciones que se están desarrollando”, consideran los expertos.

“Queremos asegurarnos de que las comunidades más afectadas reciban los beneficios de las innovaciones que se están desarrollando”, afirma Kahn.

“Y para ello, esas poblaciones también deben formar parte de los estudios”.

“Debemos honrar a esas personas, a las víctimas del estudio de Tuskegee, iniciando un proceso para asegurarnos de que eso no vuelva a ocurrir. Y también para salvar vidas, especialmente en la comunidad afroamericana, que se ha visto muy afectada por la pandemia”, sostiene Hollis.

“Protegernos los unos a los otros es un deber para con nosotros mismos y para con las personas que amamos”, zanja el escritor.


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