Comisión de Refugiados dice que su presupuesto para 2020 es insuficiente para atender a migrantes
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Comisión de Refugiados dice que su presupuesto para 2020 es insuficiente para atender a migrantes

El presupuesto proyectado para la Comisión Mexicana de Ayuda Refugiados es insuficiente para atender las solicitudes que llegan a diario. Hasta el momento el número ya duplicó al recibido en los primeros 8 meses del año pasado.
Cuartoscuro
11 de septiembre, 2019
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El presupuesto proyectado para la Comisión Mexicana de Ayuda Refugiados es insuficiente para atender las solicitudes que llegan a diario. Hasta el momento el número ya duplicó al recibido en los primeros 8 meses del año pasado.

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador pidió un aumento presupuestal mínimo para enfrentar la emergencia de peticiones de refugio de personas desplazadas principalmente de países centroamericanos.

En el proyecto de Presupuesto de Egresos 2020, el gobierno mexicano pidió un aumento de siete millones en el presupuesto de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR), con lo cual, de ser aprobado por el Congreso de la Unión, esa institución operaría durante el próximo año con 27 millones 360,858 pesos.

Lee: México bate récord de solicitudes de asilo, pero recortan presupuesto para Comisión de Refugiados

El titular de la COMAR, Andrés Ramírez Silva, dijo a Animal Político que ese presupuesto es “mínimo” y no es suficiente para enfrentar “el aumento vertiginoso” de solicitudes de refugio en México, que tienen que ser atendidas con una mínima estructura burocrática.

De acuerdo con el último reporte de la COMAR, con corte hasta el mes de agosto, en 2019 habían recibido 48,254 solicitudes de refugio, la mayoría en el estado de Chiapas, principal punto de entrada de migrantes del Triángulo Norte de Centro América, y en últimos meses, miles de personas provenientes del continente africano.

En los primeros ocho meses del 2018 esa dependencia recibió 14,562 solicitudes. Es decir, en este año ha recibido más del doble. En el mismo periodo ya se tienen registradas 33,692 peticiones. El principal motivo ha sido la llegada de caravanas migrantes desde octubre del 2018.

Ramírez Silva señaló que el trabajo que enfrenta esa dependencia requiere por lo menos de 100 millones de pesos anuales, pues según las proyecciones de esa dependencia, 2019 terminará con aproximadamente 80 mil solicitudes, una cifra nunca antes registrada en México.

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Por ese motivo, el funcionario cree que en el Paquete Económico 2020 “no hay una correlación” entre el presupuesto planteado por la SHCP y las necesidades de esa dependencia. Tan es así -dijo- Ramírez, que la COMAR está informando de sus circunstancias a la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH).

El director de la COMAR aseguró que se viven condiciones de trabajo precarias dentro de esa institución, pues tuvieron que trabajar en los pasillos de las oficinas del Instituto Nacional de Migración (INM) cuando sus oficinas de la Ciudad de México resultaron afectadas en el terremoto de septiembre de 2017.

Además, según lo documentado por Animal Político, sus oficinas de Tapachula, donde se recibe la mayor cantidad de solicitudes, se colapsan cada día debido a las largas filas de personas que llegan al lugar.

A esto se suma el déficit de personas capacitadas para poder atender las solicitudes de refugio que generalmente están ligadas a situaciones delicadas, como amenazas de muerte en los países de origen, principalmente.

“No estamos preparando enchiladas”, ironizó el funcionario.

Y agregó: “Es muy peligroso no hacer las cosas bien”.

Lee: ‘Estamos atrapados’: migrantes africanos se rebelan contra el INM para obtener papeles de salida

Dijo que no hay congruencia entre el anuncio de la baja del flujo migratorio anunciada por el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, y la constante tendencia a la alza de las solicitudes de refugio de personas migrantes.

Ebrard dijo la semana pasada que, desde la amenaza del presidente estadounidense, Donald Trump de imponer aranceles a productores mexicanos, el gobierno federal logró reducir en 56% el flujo migratorio desde Centroamérica.

El informe de finales de agosto de la COMAR reveló que, desde 2013 a lo que va de 2019, un total de 48,265 personas hondureñas han solicitado refugio en México, de las cuales sólo 3,321 han sido reconocidas como casos “positivos”.

El segundo país es El Salvador, con 22,477 solicitudes y 3,571 casos positivos. En tercer lugar, superando a Guatemala, está Venezuela, con 15,737 solicitudes de refugio y 5,288 casos positivos.

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Por qué el año no termina realmente a la medianoche del 31 diciembre (y no siempre dura lo mismo)

La fecha en la que comienza y termina un año no tiene su base en la ciencia, sino que es un sistema, a la larga, "inventado".
31 de diciembre, 2020
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año nuevo Nuevo

Getty Images
El momento en que comienza y termina el año es una convención.

Brindis y uvas, bailes, resoluciones y rituales… la medianoche del 31 de diciembre es un momento de festejo, esperanza y recuento para millones de personas en todo el planeta.

Un año “termina” y otro “comienza” y, con él, las aspiraciones de un mejor tiempo y de innumerables propósitos y nuevas metas.

Es el último día del calendario gregoriano, el patrón de 365 días (más uno en bisiesto, como 2020) que ha regido en Occidente desde que se dejó de usar el calendario juliano en 1582.

Su paso celebra el fin de un ciclo que ha marcado las cuentas del tiempo para diversas culturas desde hace milenios: una vuelta completa de la Tierra alrededor de su estrella.

“Lo que entendemos tradicionalmente por año, tanto en astronomía como en muchas culturas, es ese lapso que tarda nuestro planeta en darle la vuelta al Sol”, indica el astrónomo y académico Eduard Larrañaga, del Observatorio Astronómico Nacional de la Universidad Nacional de Colombia.

Sin embargo, según explica el también físico teórico a BBC Mundo, la fecha en la que comienza y termina un año no tiene su base en la ciencia, sino que es una convención, o sea un sistema, a la larga, “inventado”.

“Asumir que el año termina a la medianoche del 31 de diciembre y empieza el 1 de enero es una construcción social, una definición que se hizo en un momento de la historia”, dice.

De acuerdo con Larrañaga, dado que la base para la medición de un año es el tiempo que tarda la Tierra en darle la vuelta al Sol, el conteo de cuándo empieza y termina ese ciclo puede ocurrir, en la práctica, en cualquier momento.

“Desde el punto de vista astronómico, no ocurre nada especial el 31 de diciembre para decir que es ahí donde termina el año ni ocurre nada especial el 1 de enero para decir que ahí es cuando comienza“, señala.

“En realidad, a lo largo de la órbita de la Tierra no hay nada especial ni fuera de lo común que ocurra para marcar el cambio de un año”, agrega.

Pero no termina ahí.

La duración exacta que le damos al año de 365 días (o 366 en los bisiestos) es otra convención social.

“En realidad, hay muchas formas de medir la duración de un año” y si se hace de una u otra forma, la duración no es la misma, indica Larrañaga.

Pero ¿cómo es posible?

La duración del año

Desde que fue introducido por el emperador Julio César en el año 46 a. C., el calendario juliano sirvió para contar el paso de los años y la historia en Europa hasta finales del siglo XVI.

Sin embargo, desde entrada la Edad Media, varios astrónomos se dieron cuenta de que con esa manera de medir el tiempo se producía un error acumulado de aproximadamente 11 minutos y 14 segundos cada año.

Fue entonces cuando en 1582 el papa Gregorio XIII promovió la reforma del calendario que usamos hasta el día de hoy e introdujo los bisiestos para corregir los errores de cálculo del calendario juliano.

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Getty Images
Millones de personas celebran el cambio de año este 31 de diciembre.

Larrañaga explica que, desde el punto de vista de la astronomía, base para la definición de lo que es un año, no existe una única unidad de medida, sino al menos cuatro para contar el tiempo que tarda la Tierra en darle una vuelta al Sol.

  • Año juliano o calendario: “Es una convención y se usa en astronomía como una unidad de medida en la que se considera que la Tierra le da la vuelta al Sol en 365,25 días”.
  • Año sideral: “Es el que tarda la Tierra en dar una vuelta al Sol respecto a un sistema de referencia fijo. En este caso, se toma como referencia el grupo de las estrellas fijas y ese año tiene una duración de 365,25636”.
  • Año trópico medio: “En este se toma en cuenta longitud de la eclíptica del Sol, es decir, la trayectoria del Sol en el cielo con respecto a la Tierra a lo largo del año, principalmente en los equinoccios. Y este dura un poco menos que el año sideral, 365,242189 días”.
  • Año anomalístico: “La Tierra, al igual que los otros planetas, se mueve en elipsis. Esa elipsis hace que el Sol en algunas ocasiones esté más cerca y más lejos de la Tierra. Pero hay un punto donde ambos están lo más cerca posible, el llamado perihelio”. Y el año anomalístico es el tiempo transcurrido entre dos pasos consecutivos de la Tierra por su perihelio. Dura 365,2596 días”.

Si bien Larrañaga señala que todos están sobre el orden de los 365 días, asumir que este es el periodo exacto de la duración de un año se vuelve una simplificación.

Pero además, no tiene en cuenta otro factor.

“Hay otra cuestión, y es que, aunque tenemos esos cálculos, no todos los años duran lo mismo, no tienen la misma duración cada vez“, dice.

El largo de los años

De acuerdo con el experto, si bien los astrónomos han tratado de calcular con precisión a través de los siglos el tiempo que tarda la Tierra en darle una vuelta al Sol, existe un problema básico que les impide obtener un número definitivo.

“Hay que tener en cuenta que la duración de los años nunca es igual debido a que en el Sistema Solar todo cambia. Tomemos el año anomalístico: mientras la Tierra se mueve alrededor del Sol, el perihelio cambia como resultado de la acción gravitatoria de otros planetas, como Júpiter”, dice.

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Getty Images
La influencia gravitatoria de los planetas y el movimiento de la Tierra hacen que la duración del año no sea igual siempre.

El físico teórico señala que algo similar ocurre con el llamado año trópico medio, que mide el intervalo de tiempo entre dos pasos consecutivos del Sol por el punto Aries o equinoccio de primavera, o con el sideral.

“El año trópico medio también cambia, dado que depende del eje de la Tierra, que está torcido. Es como un trompo que va balanceándose. Entonces, la fecha y el momento del equinoccio también es diferente”, dice.

“Y si comparamos cuánto duraba el año sideral en 2020 con cuánto duró en el 1300 seguramente notaremos una diferencia. Siempre estaría en torno a los 365 días, pero no sería la misma duración exacta, porque el movimiento de la Tierra no es siempre el mismo”, agrega.


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