Integrar la comunidad y sus tradiciones, la clave para la reconstrucción después de los sismos
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Carlos Solís

Integrar la comunidad y sus tradiciones, la clave para la reconstrucción después de los sismos

Oaxaca quedó totalmente irreconocible después de los sismos de septiembre. En el barrio de Cheguigo, sus residentes junto con la organización Cooperación Comunitaria, pusieron manos a la obra para reconstruir juntas sus casas demolidas.
Carlos Solís
Por Rocío Flores/ Fotografía Carlos Solís
21 de septiembre, 2019
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Aquí todo es más silencioso. En Cheguigo, un barrio indígena en la ciudad de Ixtepec dentro del estado de Oaxaca, al sur de México, los habitantes tienen una vida calmada y el tiempo transcurre en aparente tranquilidad. Un ritmo más pausado que en otras poblaciones.

Las familias aún hablan Didxazá o Zapoteco, lengua de los binniza o zapotecas, pueblo indígena concentrado sobre todo en este estado . También subsisten algunas de sus prácticas comunitarias como el tequio, trabajo voluntario para conseguir beneficio común. Por estos motivos, Cheguigo es considerado de los barrios con más arraigo e historia en  Ixtepec.

El 7 y 19 de Septiembre de 2017, dos sismos sacudieron y devastaron zona sureste del país. El primero fue de una magnitud de 8.2, el sismo más fuerte registrado en el país desde 1932, causando 98 muertes, 83 de ellas en Oaxaca. Entre los dos, dejaron unas 80 mil viviendas dañadas y varios edificios antiguos del centro, como el estadio ferrocarrilero, severamente afectados.

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Cheguigo fue de las poblaciones más activas en el proceso de reconstrucción después de los sismos, que emprendieron juntamente con la organización Cooperación Comunitaria. Esta organización sin ánimo de lucro tiene como objetivo mejorar las condiciones de habilidad en regiones rurales de México a través del trabajo comunitario y de colaboración. Uno de sus objetivos más ambiciosos es mantener y promover el uso de métodos tradicionales y material local para mejorar las infraestructuras y a su vez promover una filosofía de autosuficiencia entre los habitantes.

En Ixtepec (con aproximadamente 26,450 habitantes) se concentró el trabajo integral, explica Isadora Hastings, directora de Cooperación Comunitaria.  “No solo fue la reconstrucción de viviendas adecuadas para las condiciones ambientales sino que se consideraron distintos aspectos de la organización social, económica y cultural, así como los sistemas productivos de las mujeres, las técnicas constructivas tradicionales, los saberes comunitarios y el uso de materiales locales. Esto generó construcciones menos costosas, ahorrando también muchas emisiones de dióxido de carbono. Pero sobre todo”, destaca, “se hizo en colaboración con la comunidad zapoteca”.

En términos cuantitativos el impacto que tuvo la organización fue de aproximadamente 5.5% del total de la población afectada, un número total de  2,546 beneficiados en ocho comunidades de la región. Según un censo federal se estimó que hubo 41 mil viviendas afectadas en toda la región zapoteca, llamada también Istmo de Tehuantepec. 

La antropóloga Laura Montesi que realiza investigaciones en zonas rurales e indígenas de México y estuvo colaborando en esa región tras el terremoto comenta, “Cuando pensamos en la ‘vivienda’ tenemos que preguntarnos qué constituye la vivienda en cada contexto específico.”  En el Istmo oaxaqueño, si bien la casa es importante, el espacio se vive de manera diferente y el patio y la cocina de humo con sus hornos de comixcal, son un elemento central. Son los ambientes donde tienen lugar las interacciones domésticas y vecinales más significativas.

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Estos hornos representan la independencia y autonomía de muchas mujeres; con ellos elaboran distintos tipos de tortillas o tamales que luego venden en las calles o en el mercado del pueblo. Quienes los utilizan organizan el día en torno a estos. La venta, las salidas públicas, las fiestas e incluso el aseo personal, el cual deben hacerse antes de empezar a ‘echar tortilla’ y estar expuestas al calor que genera el horno.

“Por eso, perderlos, como ocurrió durante los terremotos, es perder un eje central en la organización de la vida. El horno comixcal es el corazón de la cocina y alrededor de él se estructura el espacio y tiempo. Su uso es una forma de estar en el mundo”, añade Montesi. Estas mismas reflexiones orientaron  el trabajo de Cooperación Comunitaria. A pesar de ser un proyecto de emergencia, consideró también atender este espacio para abonar en la recuperación de la actividad productiva, con la visión de proyecto sustentable.

Con el uso de materiales locales y cuidando respetar el entorno natural construyeron  27 hornos de pan y 18 cocinas tradicionales en Ixtepec, 16 más en otra localidad cercana llamada Niltepec. Así, en dos años, unas 434 mujeres han logrado recuperar su actividad productiva y la confianza en su economía familiar.

Rosalba Antonio Martínez es una mujer de Cheguigo de 57 años que junto con su familia ha logrado reponerse gradualmente de los sismos, a pesar de la insuficiente ayuda gubernamental. “Un día, de manera inesperada, llegaron estas personas y dijeron que me querían ayudar (colaborar en el proceso de reconstrucción). No contaba con nada, no tenía ninguna de las tarjetas que otorgó el gobierno federal con recursos para la reconstrucción”, cuenta mientras busca una banca de madera robusta para sentarse a platicarnos de su nueva vivienda. En el caso de Rosalba no tuvo acceso a estas tarjetas porque su casa era de lodo y no fue considerada como vivienda.

Las personas mencionadas por Rosalba eran miembros de Cooperación Comunitaria. Después del repentino desastre, los miembros de la organización le vinieron a ver y le preguntaron qué vivienda quería y qué posibilidades tenía de aportar algo. Su segunda visita ya fue orientada  a construir juntas una casa de bajareque. Esta es una técnica de construcción utilizada desde épocas remotas en pueblos indígenas de América en la que se usa principalmente palos o cañas entretejidas y barro para recubrir las paredes.

“Me dijeron: ¡tienes luz verde! Y yo no entendí que era luz verde, pero luego me aclararon que me iban a ayudar con mi hogar”, explica Rosalba. Ella limpió sus maderas, bajó sus tejas y las lavó para empezar con la reconstrucción. “Y yo pensé, ¿me estarán diciendo la verdad?” Efectivamente, los miembros de Cooperación Comunitaria empezaron a traer tierra, arena, piedra y un día le dijeron a que iban a empezar. “Me dio el ánimo y le dije a mi esposo, que trajera a unos amigos para subir las cosas hasta acá. Y vean ahorita, ya la tengo terminada y hasta quedó de bonito color, está pintada con tierra roja”, 

comenta Rosalba. “En este hogar contribuimos todos; mi hija, su esposo, mi mamá, mi papá, hasta las niñas, todos echaron el lodo”.

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Su hija también fue a ayudar a otros, aunque al final, a ellos nadie les fue a apoyar. “Si estuviéramos tan unidos, nos iríamos ayudando más, unos a los otros, terminaríamos más pronto. Sin embargo, la gente no lo hace. Antes sí, ahora es puro costo de dinero. Por eso no sé cómo agradecérselos. Me siento orgullosa porque (la gente) se enamora de mi casa y de mi cocina. ¿Qué más le pido a la vida”? Sintiéndose empoderada, la mujer suelta una sonrisa franca . “Pero lo mejor” dice, “fue la gente que apoya a los que lo necesitan. Porque hay muchos que tienen su hogar y piden tener más, y así no es. Hay muchos pobres que no tienen lo principal”.

Para conseguir abastecer la reconstrucción total o parcial de más de 70 viviendas, Cooperación Comunitaria recibió recursos económicos de fundaciones nacionales e internacionales como Global Giving, una organización de Norteamérica, la fundación familiar Fundación Sertull y Misereor, de la iglesia episcopal, entre otras iniciativas. 

La casa de Artemia Ojeda Zárate también fue afectada por el sismo. Su nueva vivienda es otro ejemplo del trabajo colaborativo que emprendió la organización en esta región, ahora está ubicada al fondo de un patio grande lleno de flores, donde también tiene una cocina,  hecha con ladrillos, madera, tejas y otros materiales resistentes a los sismos y a los vientos fuertes que se registran en esa región. “Ellos llegaron a visitarme a los tres días del terremoto, en ese tiempo les dije que no podía entrar en el proceso de reconstrucción porque estaba mal de salud, pero me dijeron que esperaban a que me restableciera y así fue”, comenta Artemia. “Venían a visitarme siempre, hasta que un día empezamos. La obra tardó más de  un año, pero los esperé porque recibía mucho apoyo gracias a los albañiles, los materiales, etc”.

Artemia, igual que muchas personas damnificadas por los sismos, solo tenía una tarjeta bancaria con un fondo de 120 mil pesos (6,091 dólares, 5,500 Euros) que le otorgó el gobierno federal, a través de Fonden, el Fondo Nacional de Desastres Naturales. La mayor preocupación de Artemia era que no le iba a alcanzar el dinero para la total reconstrucción. Pero desde Cooperación Comunitaria le dijeron que no se preocupara, que ellos podían seguir apoyándole. Y así fue.

“La casa requirió mucho más material, más tiempo. Hubo otros apoyos oficiales y constructoras pero hicieron casitas ‘sencillas’, por eso yo decidí esperar”. Después de los sismos, las constructoras privadas sugeridas por la administración del expresidente Enrique Peña Nieto, propusieron un modelo de vivienda homogéneo de unos 50 metros cuadrados cada una, mucho menor  al que habitualmente acostumbran a construir en esta región. Por este motivo constructoras locales, así como colectivos de expertos en arquitectura vernácula o tradicional cuestionaron esta decisión evidenciando la ignorancia y falta de sensibilidad de las autoridades al abordar el problema proponiendo una solución simple e inmediata.

“Durante la reconstrucción  no solo se trata de recuperar ‘el hueco’ dónde vamos a habitar, debemos verlo de una manera profunda”,  considera el arquitecto Juan José Santibáñez. “Se trata también de recuperar la cultura, conservando los espacios primordiales en las casas, elementos que en su conjunto son un reflejo de cómo es la gente Istmeña, qué piensa, qué hace y la libertad que tiene. No es llegar y darles una solución, eso es imponer, el asunto es adentrarse en el problema para poder contribuir con la gente”.

 Para su fortuna, Artemia no optó por la vía institucional. Artemia dirige la mirada al interior de casa que cuenta con un muro entre dos cuartos que no llega hasta el techo, porque ella así lo decidió, “así me gusta a mí, para que circule el aire”, dice. Abre los brazos, se toca el pecho ligeramente y a punto del llanto, suelta, “no me queda más, me siento feliz porque ya tengo mi casita”. Luego explica que tardó más tiempo la reconstrucción por esperar a que hubiera en el pueblo una madera resistente. “Pero me gusta como quedó, es más grande de lo que imaginé. A todo mundo le gusta”. 

Hastings habla de la importancia de la habilidad de los hogares con relación al apoyo que ofrecen los miembros de la organización. “No imponen, sino que aprenden primero”. “De ahí parten las propuestas, de analizar la información local. Todo lleva una parte técnica y también una social. Trabajamos para disminuir la brecha entre ricos y pobres”, dice, e inmediatamente aclara, que en realidad las personas no son pobres, sino que están limitados de recursos económicos, pero tienen otro tipo de riquezas como la de sus tierras y  la cultural.

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El trabajo de este colectivo tiene dos líneas estratégicas, la producción  y la gestión social del hábitat con grupos organizados, así como la reconstrucción integral y social. Fue en esta última línea de acción que trabajaron para construir hasta el agosto de 2019, 22 casas nuevas y 46 reforzadas de un total de 78 viviendas que se propusieron como meta. Ahora están por comenzar ocho más. 

También en Ixtepec  Cooperación Comunitaria proyectó la creación de un Centro de Artes y oficios (CAO) en colaboración con el Comité Ixtepecano por la Defensa de la Vida y el Territorio, el mismo que les invitó a participar en la reconstrucción y donó el terreno para este espacio cultural. El CAO se hizo con la técnica bajareque Cerén. Una técnica rescatada de los mayas de El Salvador que ha mostrado su resistencia ante los sismos y rescata los muros del bajareque tradicional utilizado en la región.

La construcción recién terminada, se ubica al fondo del pueblo en una pequeña colina donde se pueden apreciar de frente dos montañas y al atardecer, la luna, fuente de conocimiento entre los campesinos zapotecas. Fueron estos últimos quienes guiaron los tiempos de cortes de madera y otros materiales que se utilizaron en la construcción. 

Después de dos años, y a pesar de los esfuerzos, la vida en esta región aún no se  ha podido “normalizar”. Muchas familias permanecen sin un lugar digno para vivir, otras tantas solo tienen enfrente el material que lograron comprar con los 120 mil pesos (6,070 dólares, 5,500 Euros) que les dio el gobierno federal anterior.

Parte de los recursos destinados para la reconstrucción en este estado no existen, cuatro mil 800 millones de pesos (244 millones de dólares, 221 millones Euros) destinados para esta tarea no llegaron a las familias damnificadas, el avance es menor y persiste tristeza y desolación en los pueblos, concluyó la Comisión de Seguimiento a la Reconstrucción después de sus visitas a la región.

Pero los resultados de Cooperación Comunitaria, a diferencia de otras ONG’s y sobre todo de las constructoras privadas asociadas al gobierno, se deben a que en este proyecto se consideró al ser humano, su tiempo y su modo natural de comprender y procesar los desastres, como el principal factor en la toma de decisiones. Una lección a tomar en cuenta en una época en que las consecuencias de la crisis climática son cada vez más evidentes.

La iniciativa Cooperación Comunitaria es una de doce historias ejemplares sobre transformación local que se incluyen en la elección del voto del público del premio de Ciudades Transformadoras 2019. Este iniciativa nace de la búsqueda de prácticas de transformación y organizaciones que enfocan su trabajo en luchar contra la crisis mundial a nivel municipal. Aquí puedes votar para la historia que más te inspire hasta el día 9 de Octubre. 

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'Los 'nativos digitales' son los primeros niños con un coeficiente intelectual más bajo que sus padres'

El neurocientífico Michel Desmurget, director de investigación en el Instituto Nacional de la Salud de Francia, habló con BBC News Mundo sobre el efecto de los dispositivos digitales en las nuevas generaciones y de su libro "La fábrica de cretinos".
Getty Images
28 de octubre, 2020
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“La fábrica de cretinos”.

Así se titula el último libro del neurocientífico Michel Desmurget (Lyon, 1965), director de investigación en el Instituto Nacional de la Salud de Francia, en el que cuenta con datos duros y en forma contundente cómo los dispositivos digitales están afectando gravemente, y para mal, al desarrollo neuronal de niños y jóvenes.

“Simplemente no hay excusa para lo que les estamos haciendo a nuestros hijos y cómo estamos poniendo en peligro su futuro y desarrollo”, advierte en entrevista con BBC Mundo, el experto, que tiene a sus espaldas una vasta obra científica y de divulgación y ha pasado por reconocidos centros de investigación como el Massachusetts Institute of Technology (MIT) o la Universidad de California.

Su libro se ha convertido en un gigantesco superventas en Francia.


¿Los jóvenes de hoy son la primera generación de la historia con un coeficiente intelectual (IQ) más bajo que la anterior?

Sí. El coeficiente intelectual se mide con una prueba estándar. Sin embargo no es una prueba “congelada”, a menudo se revisa.

Mis padres no pasaron la misma prueba que yo, por ejemplo, pero se puede someter a un grupo de personas a una versión antigua de la prueba.

El neurocientífico Michel Desmurget

Cortesía Michel Desmurget
El neurocientífico Michel Desmurget considera que la niñez actual está expuesta a una “orgía digital”.

Y haciendo eso, los investigadores han observado en muchas partes del mundo que el coeficiente intelectual aumentaba de generación en generación. A esto se le llamó el ‘efecto Flynn’, en referencia al psicólogo estadounidense que describió este fenómeno.

Pero, recientemente, esta tendencia comenzó a invertirse en varios países.

Es verdad que el coeficiente intelectual se ve fuertemente afectado por factores como el sistema de salud, el sistema escolar, la nutrición….

Pero si tomamos países donde los factores socioeconómicos se han mantenido bastante estables durante décadas, el ‘efecto Flynn’ ha comenzado a reducirse.

En esos países los “nativos digitales” son los primeros niños que tienen un coeficiente intelectual más bajo que sus padres. Es una tendencia que se ha documentado en Noruega, Dinamarca, Finlandia, Países Bajos, Francia, etc.

¿Y qué está provocando esta disminución del coeficiente intelectual?

Por desgracia, aún no es posible determinar el papel específico de cada factor, incluida por ejemplo la contaminación (especialmente la exposición temprana a pesticidas) o la exposición a las pantallas.

Lo que sabemos con seguridad es que incluso si el tiempo que un niño pasa frente a una pantalla no es el único culpable, tiene un efecto importante en el coeficiente intelectual.

"El tiempo que se pasa ante una pantalla por motivos recreativos retrasa la maduración anatómica y funcional del cerebro"", Source: , Source description: , Image:

Varios estudios han demostrado que cuando aumenta el uso de la televisión o los videojuegos, el coeficiente intelectual y el desarrollo cognitivo disminuyen.

Los principales fundamentos de nuestra inteligencia se ven afectados: el lenguaje, la concentración, la memoria, la cultura (definida como un corpus de conocimiento que nos ayuda a organizar y comprender el mundo).

En última instancia, estos impactos conducen a una caída significativa en el rendimiento académico.

¿Y por qué el uso los dispositivos digitales provoca todo eso?

Las causas también están claramente identificadas: disminución en la calidad y cantidad de interacciones intrafamiliares, que son fundamentales para el desarrollo del lenguaje y el desarrollo emocional; disminución del tiempo dedicado a otras actividades más enriquecedoras (tareas, música, arte, lectura, etc.); interrupción del sueño, que se acorta cuantitativamente y se degrada cualitativamente; sobreestimulación de la atención, lo que provoca trastornos de concentración, aprendizaje e impulsividad; subestimulación intelectual, que impide que el cerebro despliegue todo su potencial; y un estilo de vida sedentario excesivo que, además del desarrollo corporal, influye en la maduración cerebral.

¿Qué daños provocan exactamente las pantallas al sistema neurológico?

El cerebro no es un órgano ‘estable’. Sus características ‘finales’ dependen de la experiencia.

El mundo en el que vivimos, los desafíos a los que nos enfrentamos, modifican tanto la estructura como su funcionamiento, y algunas regiones del cerebro se especializan, algunas redes se crean y se fortalecen, otras se pierden, unas se vuelven más gruesas y otras más delgadas.

Una prueba de QI en 1947

Getty Images
Nuestros padres no pasaron la misma prueba de coeficiente de inteligencia que nosotros, señala el neurocientífico.

Se ha observado que el tiempo que se pasa ante una pantalla por motivos recreativos retrasa la maduración anatómica y funcional del cerebro dentro de diversas redes cognitivas relacionadas con el lenguaje y la atención.

Hay que enfatizar que no todas las actividades alimentan la construcción del cerebro con la misma eficiencia.

¿Qué quiere decir?

Las actividades relacionadas con la escuela, el trabajo intelectual, la lectura, la música, el arte, los deportes, etc. tienen un poder estructurador y nutritivo del cerebro mucho mayor que las pantallas recreativas.

Pero nada dura para siempre. El potencial de la plasticidad cerebral es extremo durante la infancia y la adolescencia. Después, comienza a desvanecerse. No desaparece, pero se vuelve mucho menos eficiente.

"Cuando se pone una pantalla en manos de un niño o de un adolescente, casi siempre prevalecen los usos recreativos más empobrecedores"", Source: , Source description: , Image:

El cerebro se puede comparar con una plastilina. Al principio, es húmedo y fácil de esculpir. Pero con el tiempo se vuelve más seco y mucho más difícil de moldear.

El problema con las pantallas recreativas es que alteran el desarrollo del cerebro de nuestros hijos y lo empobrecen.

¿Todas las pantallas son igual de dañinas?

Nadie dice que la “revolución digital” sea mala y deba ser detenida. Yo mismo paso buena parte de mi jornada laboral con herramientas digitales. Y cuando mi hija ingresó en la escuela primaria, comencé a enseñarle cómo usar algún software de oficina y a buscar información en internet.

¿Debería enseñarse a los estudiantes las herramientas y habilidades informáticas fundamentales? Claro. Asimismo, ¿puede la tecnología digital ser una herramienta relevante en el arsenal pedagógico de los docentes? Por supuesto, si es parte de un proyecto educativo estructurado y si el uso de un software determinado promueve eficazmente la transmisión.

Sin embargo, cuando se pone una pantalla en manos de un niño o de un adolescente, casi siempre prevalecen los usos recreativos más empobrecedores.

Esto incluye, por orden de importancia: la televisión, que sigue siendo la pantalla número uno en todas las edades (películas, series, clips, etc.); luego los videojuegos (principalmente de acción y violentos), y finalmente, en torno a la adolescencia, un frenesí de autoexposición inútil en las redes sociales.

¿Cuánto tiempo suelen pasar niños y jóvenes ante las pantallas?

En promedio, casi tres horas al día para los niños de 2 años, cerca de cinco horas para los de 8 años y más de siete horas para los adolescentes.

bebé usando pantalla

Thanasis Zovoilis/Getty Images
Un niño de 2 años pasa casi tres horas al día ante las pantallas. en promedio.

Esto significa que antes de llegar a los 18 años, nuestros hijos habrán pasado el equivalente a 30 años escolares frente a pantallas recreativas o, si lo prefiere ¡16 años de trabajo a tiempo completo!

Es simplemente una locura y una irresponsabilidad.

¿Cuánto tiempo deberían dedicar los niños a las pantallas recreativas?

Involucrar a los niños es importante.

Necesitan que se les diga que las pantallas recreativas dañan el cerebro, perjudican el sueño, interfieren con la adquisición del lenguaje, debilitan el rendimiento académico, perjudican la concentración, aumentan el riesgo de obesidad, etc.

Algunos estudios han demostrado que es más fácil para niños y adolescentes seguir las reglas sobre las pantallas cuando se les explican y se discute con ellos su razón de ser.

"Involucrar a los niños es importante. Necesitan que se les diga que las pantallas recreativas dañan el cerebro, perjudican el sueño, interfieren con la adquisición del lenguaje"", Source: , Source description: , Image:

A partir de ahí, la idea general es simple: a cualquier edad, lo mínimo es lo mejor.

Más allá de esta regla general, se pueden proporcionar pautas más específicas según la edad del niño. Antes de los 6 años, lo ideal es no tener pantallas (lo que no significa que de vez en cuando no puedas ver unos dibujos animados con tus hijos).

Cuanto antes estén expuestos, mayores serán los impactos negativos y el riesgo de un consumo excesivo posterior.

A partir de los 6 años, si se adaptan los contenidos y se conserva el sueño, se puede llegar hasta media hora al día, incluso una hora, sin una influencia negativa apreciable.

Otras reglas relevantes: nada de pantallas por la mañana antes de ir a la escuela, nada por la noche antes de irse a la cama o cuando estén con otras personas. Y, ¡sobre todo!, nada de pantallas en el dormitorio.

Pero es difícil decir a nuestros hijos que las pantallas son un problema cuando nosotros, como padres, estamos constantemente conectados a nuestros teléfonos inteligentes o a consolas de juegos.

"Reglas relevantes: nada de pantallas por la mañana antes de ir a la escuela, nada por la noche antes de irse a la cama... ¡sobre todo! nada de pantallas en el dormitorio"", Source: , Source description: , Image:

¿Por qué muchos padres no son conscientes de los peligros de las pantallas?

Porque la información que se da a los padres es parcial y sesgada. Los principales medios de comunicación están repletos de afirmaciones infundadas, propaganda engañosa e información inexacta. La discrepancia entre los contenidos de los medios y la realidad científica a menudo es inquietante, por no decir exasperante.

No quiero decir que los medios sean deshonestos: separar el trigo de la paja no es fácil, incluso para periodistas honestos y concienzudos.

Pero no es de extrañar. La industria digital genera miles de millones de dólares en beneficios cada año. Y, obviamente, los niños y adolescentes son un recurso muy lucrativo.

Y para las empresas que valen miles de millones de dólares, es fácil encontrar científicos complacientes, lobistas dedicados y comerciantes entusiastas de las dudas.

Permítame darle un ejemplo.

chico jugando videojuegos

Tomohiro Ohsumi/Getty Images
Las empresas digitales contratan a expertos para explicar lo inteligentes que son los jugadores y lo bueno que es jugar videojuegos.

Recientemente un psicólogo, supuestamente experto en videojuegos, explicó en varios medios que estos juegos tenían efectos positivos, que no debían ser demonizados, que no jugar podría incluso ser un hándicap para el futuro de un niño, que los juegos más violentos podrían tener acciones terapéuticas y ser capaces de apagar la ira en los jugadores, etc.

El problema es que ninguno de los periodistas que entrevistaron a este “experto” mencionó que trabajaba para la industria de los videojuegos. Y este es solo un ejemplo entre los muchos que se describen en mi libro.

Esto no es algo nuevo: sucedió en el pasado con el tabaco, el calentamiento global, los pesticidas, el azúcar, etc.

Pero creo que hay espacio para la esperanza. Con el tiempo, la realidad se vuelve cada vez más difícil de negar.

"En una investigación se entregaron consolas de juegos a niños que iban bien en la escuela. Después de 4 meses, se descubrió que pasaban más tiempo jugando y menos haciendo tareas"", Source: , Source description: , Image:

Hay estudios que afirman por ejemplo que los videojuegos ayudan a obtener mejores resultados académicos…

Permítame decirlo con franqueza: eso es pura tontería.

Esa idea es una verdadera obra maestra de la propaganda. Se basa principalmente en unos pocos estudios aislados con datos podridos, que se publican en revistas secundarias y a que menudo se contradicen.

En una interesante investigación experimental, se entregaron consolas de juegos a niños que iban bien en la escuela. Después de cuatro meses, se descubrió que pasaban más tiempo jugando y menos tiempo haciendo las tareas escolares. Sus calificaciones cayeron alrededor de un 5% (¡lo cual es muchísimo en solo cuatro meses!).

En otro estudio, los niños tuvieron que aprender una lista de palabras. Una hora después, a algunos se les permitió jugar un videojuego de carreras de autos. Dos horas después se fueron a la cama.

niño usando una pantalla

Isabel Pavia/Getty Images

A la mañana siguiente, los niños que no jugaron recordaron alrededor del 80% de la lección frente al 50% de los jugadores.

Los autores observaron que jugar interfería con el sueño y la memorización.

¿Cómo cree que serán los miembros de esta generación digital cuando se conviertan en adultos?

A menudo escucho que los nativos digitales saben “de manera diferente”. La idea es que aunque muestran déficits lingüísticos, atencionales y de conocimiento, son muy buenos en “otras cosas”.

La cuestión radica en la definición de esas “otras cosas”.

Varios estudios indican que, en contraste con las creencias comunes, no son muy buenos con las computadoras.

Un informe de la Unión Europea incluso explica que su baja competencia digital dificulta la adopción de tecnologías educativas en las escuelas.

Otros estudios también indican que tampoco son muy eficientes para procesar y comprender la gran cantidad de información disponible en internet.

"En Asia, por ejemplo, considera que el uso excesivo de pantallas es una forma de abuso infantil"", Source: , Source description: , Image:

Entonces, ¿qué queda? Obviamente, son buenos para usar aplicaciones digitales básicas, comprar productos en línea, descargar música y películas, etc.

Para mí, estos niños se parecen a los descritos por Aldous Huxley en su famosa novela distópica Brave New World (“Un mundo feliz”, en español): pasmados por el entretenimiento tonto, privados de lenguaje, incapaces de reflexionar sobre el mundo, pero felices con su suerte.

¿Algunos países están comenzando a legislar contra el uso de pantallas?

Sí, especialmente en Asia.

Taiwán, por ejemplo, considera que el uso excesivo de pantallas es una forma de abuso infantil y ha aprobado una ley que establece fuertes multas para los padres que exponen a niños menores de 24 meses a cualquier aplicación digital y que no limitan el tiempo de pantalla de los chicos entre 2 y 18 años.

En China, las autoridades han tomado medidas drásticas para regular el consumo de videojuegos por parte de menores: los niños y adolescentes ya no pueden jugar de noche (entre las 22 horas y las 8 horas) ni exceder los 90 minutos de exposición diaria durante la semana (180 minutos los fines de semana y las vacaciones escolares).

¿Cree que es bueno que haya leyes que protejan a los niños de las pantallas?

No me gustan las prohibiciones y no quiero que nadie me diga cómo tengo que criar a mi hija.

niña mirando una pantalla

Rebecca Nelson/Getty Images
Varios países están comenzando a legislar contra el uso de las pantallas.

Sin embargo, está claro que las opciones educativas sólo pueden ejercerse libremente cuando la información que se brinda a los padres es sincera y exhaustiva.

Creo que una campaña justa de información sobre el impacto de las pantallas en el desarrollo con pautas claras sería un buen comienzo: sin pantallas para niños de hasta 6 años y luego, no más de 30-60 minutos al día.

Si esta orgía digital, como usted la define, no se detiene, ¿qué podemos esperar?

Un aumento de las desigualdades sociales y una progresiva división de nuestra sociedad entre una minoría de niños preservada de esta “orgía digital” -los llamados Alphas de la novela de Huxley-, que poseerán a través de la cultura y el lenguaje todas los herramientas necesarias para pensar y reflexionar sobre el mundo, y una mayoría de niños con herramientas cognitivas y culturales limitadas -los llamados Gammas de la novela de Huxley-, incapaces de comprender el mundo y de actuar como ciudadanos ilustrados.

Alpha asistirá a costosas escuelas privadas con maestros humanos “verdaderos”.

Los Gamma irán a escuelas públicas virtuales con apoyo humano limitado, donde se les alimentará con un pseudolenguaje parecido al “Newspeak” de Orwell y se les enseñarán las habilidades básicas de los técnicos de nivel medio o bajo (las proyecciones económicas dicen que este tipo de trabajos estarán sobrerrepresentados en la fuerza laboral del mañana).

Un mundo triste en el que, como decía el sociólogo Neil Postman, se divertirán hasta la muerte. Un mundo en el que, a través del acceso constante y debilitante al entretenimiento, aprenderán a amar su servidumbre. Perdón por no ser más positivo.

Tal vez (y eso espero) estoy equivocado. Simplemente no hay excusa para lo que les estamos haciendo a nuestros hijos y cómo estamos poniendo en peligro su futuro y desarrollo.


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