"Sí se pudo" y "No estás solo", los mensajes para AMLO desde el Zócalo en su primer grito
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Carlo Echegoyen

"Sí se pudo" y "No estás solo", los mensajes para AMLO desde el Zócalo en su primer grito

130 mil personas llenaron el Zócalo, según cifras oficiales. Todos esperaban ver al presidente, pues confían que él logrará un cambio en el país.
Carlo Echegoyen
16 de septiembre, 2019
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“Todos venimos por nuestro gusto. Yo vengo con mi familia. Venimos por nuestra voluntad para López Obrador y estamos bien contentos”. Guadalupe Escalante trabaja como costurera y no necesita que nadie le pregunte para clamar que eso de los acarreados es cosa del pasado.

Faltan unos minutos para las 23.00 horas, momento en que el presidente, Andrés Manuel López Obrador, lanzará su primer Grito de Independencia, y en el acceso al Zócalo a través de la avenida 20 de noviembre no cabe un alfiler. Toda la plaza está a rebosar. Y todavía hay gente tras los cordones policiales que controlan los accesos. En total, 130,000 asistentes, según datos de la secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México.grito_independencia_zocalo

El primer grito de la etapa de López Obrador al frente del gobierno de México fue el termómetro, 10 meses y medio después de tomar posesión, de su popularidad. Nada que ver con los chiflidos y las mantas de enfado del sexenio anterior, el de Enrique Peña Nieto, tampoco se vieron camiones provenientes de otros estados o pagados por instituciones o gobiernos municipales.

“El año pasado estaban con su pulsera, su torta y su atole. Yo jamás me paré aquí por ese”, dice Escalante. En su opinión, el nuevo ejecutivo ya ha traído cambios, especialmente en la lucha contra la corrupción.

Lee: El águila real, el símbolo nacional que está en peligro de extinción

Si el Grito de 2018 fue la despedida de Peña Nieto y sus “invitados especiales”, el de 2019 supone una exhibición de apoyo popular de López Obrador. Un año antes se escuchaban los reclamos al mandatario saliente. Ahora, el nuevo presidente fue recibido con un “no estás solo”.

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Lo resume Francisco Rivera, de 47 años y de Ciudad de México. “Vengo a ver el cambio con un gobierno diferente. “En diez meses ha cambiado, poco a poco, porque no vas a cambiar el mundo en unos días”, asegura el hombre, que luce una playera del movimiento “yo soy 132”.

Desde primera hora de la tarde el Zócalo comenzó a llenarse. A falta de una hora para que López Obrador asomase por el balcón del Palacio Nacional para lanzar sus 20 “vivas” ya era difícil caminar por el interior de la plaza.

Había quien trataba de ganar unos metros vociferando “cuidado niño” mientras el vástago se tambaleaba, aterrorizado, sobre sus hombros. También quien se rendía ante el gentío y abandonaba la plaza antes de que el presidente hiciese acto de presencia. En general, nadie hacía nada porque los cuerpos estaban tan apretados que moverse unos centímetros podía desencadenar una reacción en cadena de consecuencias impredecibles.

A diferencia de años anteriores no se instalaron detectores de metal en los accesos. Sí que había tres filtros policiales. Los agentes vigilaban que no se introdujese pirotecnia.

Esperando la salida de López Obrador se encontraba Anayeli Peña, de 26 años. “Se ve que es algo diferente y veamos cómo va este sexenio con el nuevo presidente. Este año hay más ambiente, la gente vuelve a apoyar al presidente”, dijo.

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De todas las razones por las que alguien pudo desplazarse al Zócalo para presenciar el Grito de Independencia es posible que la de Luis Gaspar ‘Chino’ Valeriano sea una de las más inapelables. Su hija Mía Naomí, que estudia el quinto año en la primaria Maestro Arqueles Vela Salvatierra había recibido el encargo de sus maestros de ver algo representativo de las fiestas patrias. Así que la familia se desplazó hasta las inmediaciones del Palacio Nacional.

Valeriano remarcaba la importancia de conmemorar la independencia y la vida de “héroes que nos dieron patria, como Morelos”. El hombre, que trabaja en diversos tianguis en Ciudad de México, reconocía que la situación de México no es buena. Es originario de Guerrero y todavía recuerda los tiempos en los que “se podía caminar por la noche y seguro”.

“Este es el primer año del presidente, esperamos que cumpla lo que prometió en campaña”, dijo.

Junto a ellos se encontraba Jesús Sánchez, un hombre que había acudido con su esposa y su hijo Jesús. El padre, con una máscara de López Obrador. El hijo, con la de Peña Nieto. “Lo llevo para hacer la broma”, decía.

“Venimos todos los años, pero este especial porque venimos con nuestro presidente. El año pasado vino mucha gente acarreada del Estado de México. Ahora no hay camiones foráneos alrededor del Zócalo. La gente vino por su propio pie. Está convencida de que es un cambio el que estamos provocando”, dijo Sánchez.

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Entre tanto fervor lopezobradorista resultaba complicado encontrar alguien que no expresara su adhesión por el mandatario. Javier Valencia, trabajador en un banco, es uno de ellos. “Esto es parte del nacionalismo. No soy seguidor de Andrés Manuel, pero me gusta venir todos los 15 de septiembre”, dijo. “Es la primera vez que veo esto lleno. Hay mucha ilusión, yo creo que la gente está hipnotizada”, añadió, entre risas.

El tema de los acarreados, o la falta de ellos, estaba en boca de todos. Por ejemplo, Ricardo Zúñiga, que acudió al acto con un cartel reivindicando el “buen gobierno”, remarcaba que los asistentes al grito eran “pura gente con convicción”. Él acudió al Zócalo “para celebrar con el presidente el primer grito después de años de no haber celebración”.

Los acarreados han formado parte del paisaje del grito durante los últimos años. Así que las redes sociales los echaban en falta. De repente, alguien decía que había autobuses tras la catedral. Pero allí lo único que había era el transporte de la banda filarmónica del CECAM, de Santa María Tlahuitoltepec, en Oaxaca. O el servicio para los invitados de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Más tarde, en las inmediaciones del Palacio de Bellas Artes, sí que aparecían un par de autobuses.

El primero, financiado por el ayuntamiento de Comitán, en Chiapas, según señalaba su coordinador, Heriberto Jiménez, que se identificó como trabajador municipal. “Nada más sé que nos donaron el camión”, dijo.

El segundo, trabajadores del ayuntamiento de Tapachula con algunos familiares. Como Ariel de Jesús, que acompañaba en el viaje a su mamá, empleada en el consistorio. Todos aseguraron haber participado de forma voluntaria. “El que quería se apuntaba y el que no, no”, dijo De Jesús.

Dos autobuses (y un tercero procedente de Puerto de Veracruz) es cantidad suficiente para descartar el acarreo. Después de años en los que el grito se convirtió en escenario de disputa entre partidarios y detractores del gobierno, el Zócalo atestiguó que el contexto ha cambiado: López Obrador goza de un gran crédito. Tiene casi todo un sexenio por delante.

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7 formas de gastar menos en alimentos en tiempos de inflación y comer bien

Latinoamérica es la región del planeta donde es más caro alimentarse de manera saludable y cuesta tres veces más que lo que la gente puede pagar.
13 de mayo, 2022
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Comer se volvió cada vez más caro.

Una familia promedio latinoamericana gasta en comida entre el 25% y el 40% de su presupuesto mensual, de acuerdo a cifras oficiales de cada país. Los sectores más pobres destinan todavía un porcentaje mayor.

América Latina es la región donde es más caro comer de forma saludable en el planeta junto con África, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés).

Para poder hacerlo, cada persona necesitaba US$4,25 diarios en 2019, último dato disponible. Eso es tres veces más de lo que la población podía pagar.

El monto actualizado será mayor, estima el subdirector general de la FAO y representante para América Latina y el Caribe, Julio Berdegué, en diálogo con BBC Mundo.

Panadería.

AFP

La FAO calcula un índice del precio de los alimentos y ahora es el momento en el que es más caro comer, al menos desde que se tienen registros.

Eso lleva a una peor alimentación, y por consiguiente a mayores tasas de malnutrición e incluso hambre.

Entonces, en tiempos de alta inflación y con la subsiguiente subida del precio de los alimentos lo más sencillo puede ser cambiar por productos que son más baratos pero que no necesariamente son tan saludables ni tienen el equilibrio nutricional que requiere nuestro cuerpo.

“Dado que en América Latina es más caro comer saludable, nos movemos a más carbohidratos, más azúcar, más grasa. Todo eso es barato”, señala Berdegué.

Comer bien y al mismo tiempo gastar menos es todo un desafío. Aquí te presentamos 7 acciones que puedes llevar a cabo para lograrlo.

1. Cocinar

Tal vez sea la más obvia, pero es esencial. Comprar comida afuera, en la calle o en un comercio, es muchas veces lo más rápido, pero no lo más conveniente para el bolsillo.

Una mujer prepara una bandeja con plátano maduro que sirve en una feria de comida callejera en Medellín, Colombia.

Getty Images

Además, cuando compramos comida hecha no sabemos cuál es la calidad de los ingredientes utilizados, o incluso qué ingredientes se utilizaron para su elaboración.

Lo mismo ocurre con la comida prefabricada que venden en el supermercado, productos conocidos como ultraprocesados. Estos contienen excesos de grasas malas, sodio y azúcares, entre otros componentes, que se añaden para darle mejor sabor pero que no contribuyen a la salud.

Cocinar en casa hace que sepamos exactamente qué estamos comiendo y que paguemos menos por ello.

2. Comer lo justo

Un alto porcentaje de las personas come más cantidad de alimentos que la que exige el organismo.

Reducir las porciones que nos servimos a las cantidades recomendadas para el funcionamiento humano ayuda al bolsillo y, al mismo tiempo, a sentirnos mejor físicamente.

“Las cantidades que se sirven en muchos de nuestros países son demasiado grandes. La compra en el mercado sube muchísimo y, además, este exceso de comida lleva al sobrepeso”, dice a BBC Mundo la nutricionista venezolana Ariana Araujo.

Una dieta de entre 2.000 y 2.500 kilocalorías es un número adecuado de ingesta diaria.

3. Cambiar de recetas

Venta de carne en un mercado de México.

Getty Images

Sustituir ingredientes o platos completos es una de las formas de abaratar el gasto en comida.

Determinados productos básicos como el aceite, el café, algunas frutas y verduras, la carne de vaca, el pan (y la harina de trigo en general), los huevos y algunas legumbres aumentaron de precio más que la suba promedio de alimentos y bebidas no alcohólicas en la mayoría de los países latinoamericanos, de acuerdo a la información publicada por instituciones oficiales que se encargan de medir la inflación.

Las tortillas de maíz, parte fundamental de la dieta mexicana, le cuestan a los consumidores de ese país 17,7% más ahora que hace un año. La harina de maíz, imprescindible para las arepas, ha subido de precio en toda la región.

Se pueden buscar sustitutos que sean nutricionalmente equivalentes o similares, pero que no se hayan encarecido tanto o incluso hayan bajado de precio.

Mercado de legumbres.

Getty Images
Los frijoles aumentaron menos de precio que otros alimentos en la mayoría de los países latinoamericanos y son una buena fuente de proteína.

Para ello es necesario conocer qué productos son intercambiables.

Una comida balanceada debería estar compuesta por una mitad de frutas y verduras, un cuarto de proteínas y el otro cuarto de carbohidratos, afirma Araujo.

En el grupo de las proteínas se encuentran la carne de res y de cerdo, pollo, pescado, leche, quesos, huevos, frijoles, lentejas y guisantes.

La carne de cerdo es la que, en general, subió menos de precio en los últimos 12 meses en América Latina, mientras que el pollo y el pescado acompañaron la suba general, que fue menor al encarecimiento de la carne bovina.

Los frijoles, en cambio, no tuvieron tal incremento de precios e, incluso, están más baratos que un año atrás en algunos países.

“Hemos disminuido fuertemente el consumo de legumbres, de frijoles, garbanzos, lentejas, cuando son productos accesibles que aportan buenas cantidades de proteínas”, dice Berdegué.

Entre los carbohidratos están el arroz, el pan, el maíz, la pasta, el plátano y los tubérculos -papa, yuca, batata, entre otros-.

El arroz y los tubérculos se encarecieron menos que el trigo y el maíz, por lo que optar por los primeros contribuirá a abaratar el menú.

Huevos y tortillas de harina de trigo.

Getty Images

“Algo que se puede hacer es mezclar en un mismo plato cereales -arroz, pasta- con legumbres. Los dos se complementan y ayudan a formar una proteína muy similar a la de la carne”, explica José Balbanian, docente de la Escuela de Nutrición de la Universidad de la República en Uruguay.

Con esa combinación el organismo obtiene los aminoácidos esenciales.

“El sustituto a nivel nutricional es fácil de conseguir. El problema es cómo cambiar la cultura de las personas. ¿Cómo le quitas a un mexicano la tortilla o a un venezolano la arepa?”, se pregunta Araujo.

Respecto a los aceites, Araujo sostiene que puede ser cualquiera, salvo el de palma porque es una grasa saturada que no es saludable. Balbanian agrega que es necesario su consumo, aunque no en frituras.

4. Planificar las compras

Cartel de ofertas en la puerta de un supermercado en Buenos Aires.

Getty Images

Hacer un plan de lo que debemos comprar antes de ir al mercado es clave para el ahorro.

Lo primero es saber qué queremos comprar para luego decidir dónde. Ir por frutas y verduras, quesos o carnes a la feria suele ser más económico que en grandes comercios.

Cuando se va a un supermercado, lo ideal según Araujo es recorrer las tres paredes del local -los costados y la trasera- formando una “U” invertida.

En estos pasillos se encuentran comúnmente los productos frescos y de allí debemos seleccionar el 80% de la compra para que sea saludable, afirma la nutricionista.

No se puede ir con hambre al supermercado, porque si estoy corto de dinero y encima voy con hambre veo una promoción de un ultraprocesado que me gusta mucho y caigo en comprarlo”, asegura Balbanian.

Tener claro qué se va a cocinar en los días siguientes ayuda a calcular mejor las cantidades y no comprar de más, algo importante en los alimentos perecederos para no tener que tirarlos luego porque se echaron a perder.

Un consejo de Balbanian es comprar en grandes cantidades, para una misma familia o entre varias personas, para ahorrar.

Una recomendación de Araujo es mirar en los estantes inferiores, donde suelen ubicarse los productos con menor procesado que son más baratos.

5. Buscar de temporada

Mercado de frutas y verduras.

Getty Images

Las frutas y verduras son intercambiables entre sí; lo importante es variar entre ellas.

“Aportan fibra, vitaminas y minerales que son muy difíciles de encontrar en otros alimentos”, dice Balbanian.

Para achicar el costo de la alimentación, lo que aconsejan los expertos es comprar los productos de temporada o estación, dependiendo del país y su clima.

Intentar comer tomate fuera de temporada hace que sean más caros porque quienes los venden han recurrido a cadenas de frío para conservarlos durante meses o que los produzca en invernaderos, ambos sistemas que encarecen los alimentos.

Por el contrario, en temporada se encuentran los productos en abundancia, a precios bajos, y es cuando están más gustosos y nutritivos.

A veces, hay productos que en el pasillo de congelados se encuentran más baratos que frescos y se puede sacar provecho de esas oportunidades, siempre y cuando los ingredientes que están escritos en la bolsa sean exclusivamente el producto que buscamos, sin agregados, sostiene Araujo.

6. Aplicar técnicas de conservación

Pollería

Getty Images
Si bien el pollo se ha encarecido en la mayoría de los países de América Latina, es todavía más económico que otras carnes y se puede utilizar como sustituto para obtener proteínas.

Una alternativa es comprar cuando está barato y aplicar alguna técnica de conservación.

La más sencilla es poner los alimentos en el congelador. Pueden ser tanto carnes como la mayoría de los vegetales -siempre que no quieras comerlos crudos luego- y frutas.

Con los vegetales, la recomendación es que cuando se vayan a consumir se provoque un choque térmico, del frío al calor intenso, para que no pierda textura y sepa peor.

También se pueden cocinar mayores cantidades que las que vayas a comer de inmediato y guardar porciones en el congelador para más adelante, o cocinar ingredientes sueltos y congelarlos para utilizarlos más adelante en preparaciones.

“Eso mantiene más del 90% de sus nutrientes”, afirma Araujo y agrega que ella hace eso en su casa.

Para no recurrir al frío siempre y dejar atiborrado el congelador, otra opción es la conserva.

Hay diferentes técnicas, pero la más sencilla es envasar al vacío. “Se hacía mucho en la Segunda Guerra Mundial con los vegetales”, cuenta Araujo.

7. Optar por segundas marcas o marcas blancas, pero antes leer

Persona comprando pasta en el supermercado.

Getty Images
Las marcas blancas no son necesariamente de peor calidad que las primeras marcas.

Por efecto del marketing, muchas veces creemos que un producto de la marca más destacada -también llamada primera marca- es mejor que las otras. Esto no necesariamente es así.

“Es importante leer la lista de ingredientes, más que el cuadro nutricional, e identificar azúcares y grasas de mala calidad”, afirma Balbanian.

Araujo dice que en ocasiones las segundas marcas o incluso las marcas blancas -aquellas genéricas de la cadena de supermercados- son más saludables porque, para abaratar, no utilizan determinadas grasas o azúcares que las primeras marcas sí usan para darle otro sabor al producto.

En otras, no son mejores pero tampoco peores. “Mi recomendación es leer las etiquetas y comparar. Casi siempre son bastante parecidas y hay un ahorro importante”, dice Araujo.


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