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La bajista que quiere abrir las puertas de la música a las mujeres transgénero

Julia trabaja en el Gobierno de la Ciudad de México, vende por catálogo y ofrece servicios sexuales. Pero a ella le gustaría vivir de la música, tocando con su bajo eléctrico.
1 de septiembre, 2019
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Julia Hernández tiene 51 años y un bajo eléctrico. 

Lo compró hace cuatro o cinco años, en otra vida muy lejana.

En aquel momento, Julia no se llamaba Julia. Estaba casada con una mujer y no había comenzado su transición de género. 

Pero ahora Julia es lo que siempre quiso ser: una mujer transgénero que toca el bajo y a la que le gustaría tener una oportunidad en una banda. 

“Quiero ser la primer mujer transgénero bajista de un grupo musical. Y yo sé que, si yo logro serlo, le voy a abrir la puerta a muchas de mis compañeritas que tienen talento” dice. “Son talentos desperdiciados. Porque desafortunadamente estas personitas, al no tener esta oportunidad, pues no le queda otra más que volver a encasillarse, o en el trabajo sexual o en la estética. Y terminan reprimiendo su verdadera vocación”, afirma.

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Actualmente, Julia trabaja en el Gobierno de la Ciudad de México, en un turno de fines de semana y festivos; vende por catálogo productos de belleza y calzado y también ofrece sus servicios sexuales.

Si le preguntan, lo que a ella le gustaría de verdad sería vivir de la música

Como cuando tenía 17 años y tocaba los fines de semana en un conjunto. O como cuando estudiaba en el Conservatorio Nacional, antes de que su padre, un tipo autoritario y chapado a la antigua, le sacase de sus estudios cuando ya tenía planes para marchar a Londres con una beca para aprender con la Real Filarmónica. 

Julia es una mujer que transmite alegría y honestidad. Se la ve ilusionada con su bajo y se emociona al hablar de la música y de sus proyectos.

No siempre fue así.

“Si me vieras hace un año, no hacía más que llorar”, dice. 

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La historia de Julia es la de una mujer a la que le gustaría ganarse la vida tocando un instrumento. La de una mujer que dio el paso de convertirse en mujer hace apenas dos años, cuando ya enfilaba el medio siglo. La de una mujer que ha sufrido. Uno la mira y ve a alguien valiente, que luchó para ser quien es, que no siempre fue comprendida, pero que enfrentó los prejuicios, la discriminación y a la transfobia.

Todo eso dice Julia, casi sin hablar, antes de empezar la entrevista. 

Se encuentra sentada en las inmediaciones del metro Revolución, en la Ciudad de México. Este es un punto en el que trabajadoras sexuales como ella ofrecen sus servicios. Todos los viernes, los colectivos Telar y Casa de las Muñecas Tiresias ofrecen talleres de pintura, expresión y música. Eso es lo suyo: la música. Este taller es el inicio de lo que debería ser una banda. Imaginen: la primera banda de músicas transgénero y trabajadoras sexuales de Ciudad de México. Aunque todavía es pronto para eso. Por el momento, solo ensayan.

El lugar es simbólico. Aquí, a muy pocos metros, fue asesinada Paola Buenrostro el 16 de septiembre de 2016. Se trata del primer caso de transfeminicidio reconocido por la justicia mexicana. El suyo es uno de los nombres que aparecen en una manta con rostros que cada una decora para recordar a las que ya se fueron. Se trata de una obra del artista Fernando León, que se inspiró en el Tzompantli, una representación azteca de rostros de muertos en la explanada.

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Aquel caso impactó en la comunidad. Hizo visible lo expuestas que las mujeres transgénero y trabajadoras sexuales están a la violencia. 

El asesinato es el último peldaño de la carrera de la discriminación. Todas las mujeres trans que se congregan aquí han sido obligadas a transitar por ella en más de una ocasión. 

“Las personas trans es un grupo de que más reportamos incidencias”, dice Enrique Ventura Marcial, director de Visibilidad de Comisión Nacional de Prevención de la Discriminación. 

Reunirse estas tardes, aprender juntas, charlas, compartir un café, es un modo de unirse contra ese mundo en ocasiones hostil. 

“Es una cosa que ayuda mucho. Tanto como terapia, como lo quieras ver, porque pues es un desahogue emocional. Quieras o no, vivimos todos los días con desigualdad, con transfobia, entonces, ¿qué podemos hacer? Encontrar escapes, encontrar actividades, que nos hagan ser versátiles de mente”, dice Ariel, de 21 años. Es también trabajadora sexual y participa en el taller con Julia. No quiere dar su verdadero nombre. Por ahora, se centra en la percusión. A su lado, Julia marca el ritmo de una canción de Shakira, “bruta, ciega, sordomuda”. 

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“Tengo un bajo eléctrico porque yo soy bajista. Yo desde muy niña, voy a decir niña porque yo soy niña, a pesar de mi cuerpo, yo soy niña, soy mujer, desde muy niña, a mí me gustó mucho la música”, dice Julia. Está contenta, aunque lo que va a contarnos no es nada alegre. 

“En mi familia son muy tradicionalistas, muy conservadores, y querían que yo estudiara una carrera, lo que llaman ellos normal, seria: medicina, ingeniería, arquitectura, abogacía. Pero a mí eso no me llamaba la atención. Para mí, lo mío era la música”, explica.

Julia habla de su adolescencia con sonrisa pícara. De las diferentes escuelas por las que pasó. De su pasión por la música. De una banda que formaron que le permitía ganar sus 700 pesos cada fin de semana. “Era un dineral”, dice, riéndose de la creencia de su familia de que eso era “para muertos de hambre”. 

El intento frustrado por su padre de estudiar música alejó a Julia de los instrumentos durante un largo período. Hasta que llegaron los cambios a su vida.

Primero, la compra de un bajo.

Después, el cambio de género. 

Todo muy seguido. Todo un proceso muy doloroso que llevará a Julia a ser la mujer que es hoy en día.

“En realidad, yo siempre supe que algo no coincidía conmigo. Lo escondí por la sociedad, por mi trabajo, no me atrevía. Yo añoraba, me veía yo de mi cabello largo, vestida de mujer”, dice. 

“Llegó un momento en que la verdadera persona que yo soy, que yo encadené por muchos años, por muchos lustros y décadas, la sepulté, la aprisioné y la negué. Esa persona, se liberó. Y cuando se liberó, lo hizo de una forma que a mí casi me destruye”, explica.

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Llegamos al momento de la crisis de Julia. La Julia deprimida. La Julia que daña su cuerpo. La Julia que tiene que explicar a su esposa y su hija, de religión mormona, que se llama Julia. La Julia que bebe demasiado. 

“Yo estuve a unos cuantos segundos de suicidarme, porque yo caí en una depresión muy fuerte”, explica.

Actualmente mantiene una relación “puramente comercial” con su expareja. 

Su hija no ha vuelto a dirigirle la palabra. 

“Yo he tenido que fortalecerme. He aprendido a ser fuerte, muy fuerte. He tenido que aprender a nadar contra corriente y a luchar contra las adversidades”, dice. 

Desde que Julia comenzó su proceso de transición ha conocido muchos casos de discriminación.

Los primeros, en el trabajo. 

“Me negaron el acceso al baño de mujeres. De haber conocido las reglamentaciones, yo habría hecho garras a todos ahí”, dice.

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Las estadísticas sobre discriminación en el trabajo son desalentadoras. Seis de cada diez personas trans no lograron un empleo a causa de su identidad sexual, según el Diagnóstico Nacional sobre Discriminación LGTBI de 2018.  

Nos es difícil encontrar un trabajo que nos pueda pagar bien o que nos dé prestaciones para las personas que queremos trabajar y estudiar, es bastante difícil. Ahí nos encontramos con un factor de discriminación laboral. ¿Por qué? Pues simplemente por ser trans”, dice Ariel, la compañera que participa en el taller. 

Esto se extiende a la música. 

“Creen que si aceptan entre sus filas a una de nosotras, ellos se queman. Es una idea errónea que tienen. ¿Por qué? Porque habemos algunas mujeres transgénero que somos talentosas en la música”, dice. 

Julia explica que fue a dos entrevistas para proyectos musicales. En ninguna salió elegida. “En una me dijeron: ‘Ay, es que ¿qué crees? Que no se va a hacer lo del proyecto, lo vamos a cancelar por el momento…’. Y no era verdad. Después fui a una segunda y terminaron diciéndome: ‘No sabes qué, es que por mayoría de votos de aquí de los elementos, mejor elegimos a fulano’. ¿Y por qué eligieron a fulano? ‘Es que vive más cerca’. No me mientas, si sé que igual que yo vive hasta el quinto infierno”, dice. 

Julia insiste en su sueño: “Ser la primera bajista trans”.

“Desgraciadamente estamos en un país todavía no preparado para esto, todavía muy machista, muy transfóbico”, lamenta.

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25 años de 'Friends': quién es el verdadero protagonista de la famosa serie (según la ciencia)

A 25 años del estreno de la serie, la ciencia da pistas para definir qué tanto de verdad hay en esa aclamada igualdad de protagonismo.
21 de septiembre, 2019
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Te propongo un experimento: la próxima vez que estés en alguna reunión con amigos, familiares o colegas, pregúntales quién es el mejor personaje de Friends.

Estoy segura de que, estés donde estés, la respuesta será diversa y el debate posterior, intenso.

Decidir entre Rachel Green (Jennifer Aniston), Mónica Geller (Courteney Cox), Phoebe Buffay (Lisa Kudrow), Joey Tribbiani (Matt LeBlanc), Chandler Bing (Matthew Perry) y Ross Geller (David Schwimmer), tal como es su orden de aparición en la introducción de la serie, es muy personal.

A lo largo de los 236 episodios emitidos entre 1994 y 2004, cada uno de los seis cultivó su propio estilo de humor y evolucionó como personaje.

Y para ello contaron con algo excepcional: igual cantidad de tiempo en pantalla y peso en la historia.

De hecho, se suele decir que Friends fue la primera serie concebida y ejecutada con un reparto coral.

“Nadie había hecho una verdadera (serie) coral”, dijo David Crane, cocreador de la serie junto a Marta Kauffman, al diario estadounidense The Baltimore Sun en 2004.

Cheers tenía a (los personajes de) Sam y Diane, y Seinfeld tenía el nombre de Jerry en el título”, agregó Crane, citando dos exitosas comedias televisivas de aquel entonces.

De hecho, en un principio Phoebe y Chandler habían sido pensados como “un poco más secundarios”, como personajes que “proveerían de humor cuando se precisara”, contó Kauffman en la misma entrevista.

“Nos dieron mucho más que eso”, confesó. “Se volvieron centrales en el grupo”.

Este próximo 22 de septiembre, se cumplen 25 años de su estreno y Friends sigue siendo citada como el máximo ejemplo de reparto coral en televisión.

Rachel, Chandler y Mónica en Central Perk

Getty Images
La locación más recurrente de “Friends” no es el Central Perk, sino el apartamento de Mónica (y Rachel, y Chandler y Joey, y Phoebe, y Chandler de nuevo).

Pero como bien dijo Phoebe, “ellos no saben que sabemos que saben que sabemos” la verdad: los seis no tienen igual peso en la historia y guion, y la ciencia lo ha demostrado.

El de Ross y Rachel como protagonistas

Hace dos años, el científico de datos Yashu Seth se propuso determinar quién es el verdadero protagonista de Friendsanalizando los guiones de los 10 años de programa en base a cinco parámetros.

Tanto en las variables de cantidad de líneas habladas como de palabras pronunciadas, Ross y Rachel tienen “una diferencia insignificante entre ellos”, escribió Seth.

Sin embargo, cuando se trata de cantidad de apariciones en pantalla con diálogo es Chandler quien toma la delantera, aunque el paleontólogo y la mesera devenida en ejecutiva de Ralph Lauren le siguen de cerca.

La pareja que supo estar junta, separada, casada, divorciada y “en una pausa” también encabezó los parámetros de escenas individuales y menciones en los títulos de episodios.

Ross y Rachel

Getty Images
El romance de Ross y Rachel dio algunos de los momentos más románticos y divertidos de las 10 temporadas.

“Ross y Rachel están muy cerca”, afirmó Seth. “Pero Ross le gana a Rachel por un margen significativo en las apariciones en escenas individuales. Además, había muy poca diferencia entre ellos en los otros parámetros”.

Por lo tanto, según sus cálculos, Ross es la verdadera estrella de Friends.

El de Mónica en el centro y Joey intermediando

El año pasado Anna Bazzan, docente del Instituto de Ciencias Computacionales de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul, Brasil, buscó responder la misma pregunta pero usando el llamado análisis de redes.

Se trata de una teoría matemática que estudia sistemas de interacción complejos utilizando gráficos, en este caso, los vínculos entre cada uno de los personajes (nodos) a lo largo de las 10 temporadas de Friends.

Uno de los conceptos es el grado de centralidad, es decir, el número de vínculos que establece cada nodo.

Phoebe y Mónica como novias.

Getty Images
Phoebe embarazada de los trillizos y Mónica en el capítulo “El de los vestidos de novias”.

Si bien Bazzan encontró que “hay poca diferencia respecto a los valores de grado de los seis amigos”, Mónica es la que tiene más.

En definitiva, cuando la serie comienza, ella es el factor común: una fue su compañera de estudios (Rachel) y otra, de apartamento (Phoebe); uno es su hermano (Ross) y los restantes dos, sus vecinos (Chandler y Joey).

Además, contrario a lo que se suele creer, la locación más repetida de la serie no es el Central Perk (16% de las escenas), sino el departamento de Mónica (26%), según el análisis de Seth.

Incluso en la novena y penúltima temporada Ross le dice a Mónica que no puede irse de Nueva York porque es “el pegamento que une al grupo”.

De acuerdo a Bazaan, “el grado de (centralidad de) Mónica normalmente está entre lo más alto, pero su intermediación está entre la más baja en la mayoría de las temporadas”.

El concepto de intermediación en análisis de redes hace referencia a la cantidad de veces que un nodo funciona como puente, acercando otros nodos dentro de una red.

Capítulo "Lo que podría haber sido" de Friends

Getty Images
¿Qué hubiese pasado si cada uno hubiese tomado decisiones distintas? Phoebe sería ejecutiva y Joey un actor famoso, Rachel y Ross estarían casados (no entre ellos), Mónica seguiría con sobrepeso y Chandler… bueno, nadie nunca sabe cuál es su trabajo.

Por ser la “reina del apartamento”, escribió la investigadora, Mónica suele ser el punto de unión de los personajes, pero no interactua tanto por estar, por ejemplo, cocinando para el resto, algo que es particularmente evidente en los episodios que transcurren durante las celebraciones de Acción de Gracias.

Según Bazaan, Joey es el de mayor intermediación.

El de los premios

La dificultad de determinar los protagonistas de Friends puede verse también en las categorías donde los actores fueron premiados o nominados.

Si se tienen en cuenta los Globos de Oro y los Emmy, las dos ceremonias de premiación más importantes para la televisión estadounidense, LeBlanc (Joey) y Perry (Chandler) fueron los únicos que solo compitieron en categorías de personajes principales.

No obstante, LeBlanc acumuló cinco nominaciones entre los dos premios, mientras que Perry apenas tuvo una mención en los Emmy.

Joey y Rachel

Getty Images
LeBlanc y Aniston fueron los que recibieron más reconocimientos de renombre por sus personajes, Joey y Rachel, en “Friends”.

Por el contrario, Kudrow (Phoebe) y Schwimmer (Ross) solo compitieron en categorías como secundarios, mientras que Cox (Mónica) jamás fue considerada por estas dos premiaciones, una enorme ironía dada la alta competitividad de su personaje.

Aniston (Rachel) es la que acumuló más victorias y nominaciones de los seis. Lo hizo a veces siendo considerada protagonista y, otras veces, actriz de reparto.

En concreto ganó un Emmy como mejor actriz principal y obtuvo dos nominaciones en esta categoría más otras dos como secundaria.

En cuanto a los Globos de Oro, ganó una estatuilla como protagonista y una nominación en la categoría de reparto.

Cualquiera sea el criterio de medición y el resultado, para los verdaderos fanáticos de Friends la discusión sobre quién es el verdadero protagonista es un “argumento muuu”, como una vez dijo Joey.

Es como la opinión de una vaca. No importa. Es muuu“.


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