'Voy a seguir pidiendo justicia': víctima de la Guerra Sucia tras disculpa del Estado
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Cuartoscuro

'Voy a seguir pidiendo justicia': víctima de la Guerra Sucia tras disculpa del Estado

Martha Alicia Camacho lamentó que no acudiera una representante del Ejército al acto de disculpa pública del Estado mexicano.
Cuartoscuro
23 de septiembre, 2019
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“Señora Martha Alicia Camacho Loaiza. Señor Miguel Alfonso Millán. A nombre del Estado mexicano les ofrezco una disculpa pública por la trasgresión a sus derechos en el marco de las violaciones graves, generalizadas y sistemáticas a derechos humanos ocurridas en un contexto de violencia política en el pasado en el periodo conocido como Guerra Sucia. Usted, señora Martha Alicia Camacho, fue detenida arbitrariamente, torturada y desaparecida de manera transitoria. Señor Miguel Alfonso Millán fue torturado y desaparecido de manera transitoria. El señor José Manuel Alzapico Lizarraga fue detenido de manera arbitraria, torturado y privado de la vida extrajudicialmente”.

Con estas palabras, la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, oficializó la petición de perdón del Estado mexicano a Martha Alicia Camacho Loaiza, su hijo Miguel Alfonso y esposo José Manuel Alzapico. Se trata de la primera ocasión en la que México solicita disculpas a una víctima de la represión ocurrida durante la época conocida como Guerra Sucia, y que tuvo lugar en los años 60 y 70 del siglo pasado. 

Camacho Loaiza y su esposo José Manuel Alzapico fueron detenidos en Culiacán, Sinaloa, el 19 de agosto de 1977. Ella estaba embarazada y dio a luz durante el cautiverio. Él fue asesinado y su mujer tuvo que presenciar las torturas a las que fue sometido y su ejecución. La mujer sobrevivió porque su padre pagó un rescate. El cuerpo de su esposo jamás apareció.

Ambos fueron miembros de la Liga Comunista 23 de septiembre, un grupo político militar que operó en México entre los años 70 y principios de los 80 del siglo pasado. Decenas de estos activistas fueron detenidos, torturados y desaparecidos. 

El relato de lo que le ocurrió es estremecedor. Lo explicó ella misma a través de un video proyectado por el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez. Cómo los militares castraron a su esposo delante suya. Cómo le lanzaron sobre su cuerpo ensangrentado. Cómo tuvo que presenciar su agonía y muerte. Cómo dio a luz a su hijo en cautiverio y, nada más nacer, le pusieron una ametralladora Thompson, haciendo bromas con que “había nacido un guerrillero”.

“Fueron hechos perpetrados por parte de la policía judicial del Estado de Sinaloa, la dirección General de Seguridad y por el Ejército mexicano. Le ofrezco una disculpa por la negación a su acceso a la justicia y a reconocer la verdad sobre los hechos, así como el paradero del cuerpo del señor José Manuel Alzapico. Ante los obstáculos y la dilación de las instituciones encargadas de impartir justicia. Les ofrezco una disculpa pública por el daño a la imagen, el honor y a la dignidad en agravio de su familia, derivada de la criminalización realizada en su contra por diversas instituciones del estado mexicano”, dijo Sánchez Cordero.

“El Estado mexicano hace un compromiso por garantizar la reparación integral de los daños producidos por las autoridades desde el 19 de agosto de 1977. Reitero el compromiso de implementar medidas para la no repetición de actos que violentaron sus derechos humanos. Que ninguna otra persona tenga que pasar por estas atrocidades”, dijo la secretaria de Gobernación. 

El acto de resarcimiento tuvo lugar en el Centro Universitario de Tlatelolco. Por parte del Estado tomaron la palabra la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Camacho, y el subsecretario de Derechos Humanos, Migraciones y Población, Alejandro Encinas. Entre el público, antiguos militantes de la Liga Comunista 23 de septiembre y familiares de desaparecidos. 

 “Sanar al país requiere verdad, justicia y memoria. Mientras los casos del pasado no se resuelvan, mientras no existan ejemplos de justicia, estas graves violaciones seguirán ocurriendo. Si este gobierno quiere cambiar tiene que empezar a traer justicia a los casos de ayer y hoy. En ello radica la posibilidad de que el cambio de régimen se convierta en un verdadero proceso de transición democrática”, dijo Camacho Loaiza durante su intervención. 

“Esto es una luz, una esperanza, un punto de partida. Que esto no quede solo en una disculpa. Es un primer logro. Hay que seguir avanzando”, dijo la superviviente, que acudió al acto con un retrato de su marido asesinado en el que podía leerse “si yo estoy viva tú nunca estarás muerto”.

“Ahora el Estado reconoce su responsabilidad. Con más ganas, con más fuerzas, voy a seguir pidiendo justicia”, dijo la mujer. Ella es la primera víctima de la denominada “guerra sucia” que recibe la petición de disculpas por parte del Estado. Sin embargo, ella es reacia a utilizar el término “guerra sucia” y considera más apropiado “crímenes de Estado”. 

“Lamento mucho que no esté la Sedena. Perdió una gran oportunidad para reconocer las atrocidades que cometieron en esa época. Reconocerlo sería muy sano hacia el fortalecimiento de esa institución. Debieran estar aquí, porque fue precisamente al interior de la IX Zona Militar de Culiacán, Sinaloa, donde se cometieron atrocidades que van más allá de la comprensión humana”, afirmó. 

Animal Político preguntó a la Sedena sobre estas declaraciones, pero al cierre de la nota no había recibido respuesta. 

“Buscar justicia no ha sido fácil”, dijo Camacho Loaiza, quien lamentó que hubo instituciones que “no estuvieron a la altura”.

Puso en valor la recomendación de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) de 2001, en la que se reconoció la existencia de detenciones irregulares, torturas y desapariciones. “Fue un primer impulso”, aseguró. 

Emocionada, agradeció el apoyo de sus familiares y de compañeros de búsqueda e instó al Estado a llevar este tipo de actos a otros territorios como Sinaloa. “Este país es una fosa. El Estado nos debe voltear a ver a la cara para no seguir solas. Debemos seguir avanzando”, dijo.

La intervención de Camacho Loaiza estuvo precedida de dos voces oficiales. Por un lado, la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero. Por otro, Alejandro Encimas, subsecretario de Derechos Humanos, Migraciones y Población y que, además, fue militante del Partido Comunista.

“Este es un acto de gran trascendencia. Es el reconocimiento de la responsabilidad del Estado mexicano en graves violaciones a los Derechos humanos. Un alto en el camino en una historia en la que no hemos sido capaces de crear las condiciones de encuentro de nuestro país”, dijo Encinas. 

El subsecretario puso en valor el reconocimiento “en medio de coyuntura de debate sobre uno de los episodios más oscuros en la vida de nuestro país, la Guerra Sucia. Debe obligarnos a una revisión profunda, reescribir nuestra propia historia y asumir las responsabilidades”. 

“Predominaba el principio de autoridad y la razón de Estado por encima de los derechos y libertades de las personas. El Estado tiene la obligación de juzgar a quienes cometieron ilícitos, pero esto debe hacerse siempre en el marco del respeto a los derechos de todas las personas y no en el marco de desaparición o la tortura”, dijo.

Encinas también reconoció la existencia de “una generación perseguida”. Una generación a la que pertenece Camacho Loaiza. Por ejemplo, el informe de la CNDH de 2001 reconoce la existencia de 532 desaparecidos entre los 70 y los 80. También la Fiscalía Especializada en Movimientos Sociales y Políticos del Pasado, creada durante el mandato de Vicente Fox (2000-2006) reconoció la existencia de más de 2 mil torturados y desaparecidos.

“El México de los 70 vivió en represión, el Estado asumió como enemigos a los disidentes políticos. Se realizaron prácticas de contrainsurgencia, detenciones, torturas, a cientos de hombres y mujeres”, dijo Encinas. 

El subsecretario aseguró que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador “es un cambio frente a la impunidad, que debe quedar atrás”. No solo defendió pedir perdón, sino buscar a los responsables y comprometerse con una cultura de defensa de las libertades.

“Nuestra más sincera disculpa. Vamos a seguir trabajando por la libertad de todos los mexicanos”, dijo.

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Qué es el “desvelo en venganza” que practican millones de jóvenes trabajadores en China

Para muchos trabajadores jóvenes chinos el tiempo libre es más importante que el sueño después de sus largas jornadas de trabajo, aunque saben que esto no es saludable. ¿Qué impulsa este comportamiento?
7 de diciembre, 2020
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Trabajadora en China

Getty Images
Muchos empleados en China trabajan el notorio “horario 996”: desde las 9 de la mañana hasta las 9 de la noche, 6 días a la semana.

Emma Rao pasó casi tres años en el notorio “horario 996” en China: trabajando desde las 9 de la mañana hasta las 9 de la noche, 6 días a la semana.

Rao, que es originaria de Nanjing, se mudó al centro financiero de Shanghái hace unos cinco años para trabajar para una compañía farmacéutica multinacional.

El trabajo rápidamente se apoderó de su vida.

“Estaba casi deprimida”, dice. “Me privaron de toda mi vida personal”.

Después de su turno, que a veces incluía horas extra, tenía una pequeña ventana para comer, ducharse e irse a la cama, pero sacrificó el sueño para ganar algo de tiempo personal.

A menudo, Rao navegaba por internet, leía las noticias y miraba videos en línea hasta bien pasada la medianoche.

Tiempo propio a costa de la salud

Rao estaba haciendo lo que los chinos han llamado “bàofùxìng áoyè”, o “procrastinación a la hora de dormir”.

La frase, que también podría traducirse como “la venganza de quedarse despierto hasta tarde”, se difundió rápidamente en Twitter en junio tras una publicación de la periodista Daphne K Lee.

Ella describió el fenómeno como cuando “las personas que no tienen mucho control sobre su vida diurna se niegan a dormir temprano para recuperar algo de libertad durante las horas de la noche”.

Su publicación claramente tocó un punto sensible.

Con más de 4.500 “Me gusta” en Twitter, Kenneth Kwok escribió: “Típico de 8 a 8 en la oficina, (para cuando) llego a casa después de la cena y me ducho son las 10 pm. Repite la misma rutina. Se necesitan unas pocas horas de ‘tiempo propio’ para sobrevivir”.

No está claro de dónde proviene este término.

La primera mención que encontré fue en un blog con fecha de noviembre de 2018, aunque sus orígenes probablemente sean anteriores a esto.

El autor de la publicación, un hombre de la provincia de Guangdong, escribió que durante la jornada laboral él “le pertenecía a otra persona” y que solo podía “encontrarse a sí mismo” cuando llegaba a casa y podía acostarse.

Esta venganza de postergar la hora de dormir es triste, escribió, porque su salud está sufriendo, pero también es “genial” porque ha obtenido un poco de libertad.

Es posible que la frase se haya popularizado en China, pero el fenómeno que describe probablemente está más extendido, con trabajadores agobiados en todo el mundo que posponen la hora de acostarse para reclamar un valioso tiempo personal, aunque saben que no es bueno para ellos.

Límites borrosos

Los expertos han advertido durante mucho tiempo que la falta de sueño es una epidemia mundial de salud pública a la que no se presta atención.

La Encuesta Global del Sueño de Phillips de 2019, que recibió más de 11.000 respuestas de 12 países, mostró que el 62% de los adultos en todo el mundo sienten que no duermen lo suficiente, con un promedio de 6,8 horas en una noche entre semana en comparación con la cantidad recomendada de ocho horas.

Las personas citaron varias razones de este déficit, incluido el estrés y su entorno para dormir, pero el 37% culpó a su agitado horario de trabajo o escuela.

En China, una encuesta nacional realizada en 2018 mostró que el 60% de las personas nacidas después de 1990 no dormían lo suficiente y que las que vivían en las ciudades más grandes eran las que más sufrían.

Las empresas tecnológicas que crearon la cultura 996 suelen tener su sede en las grandes ciudades y sus prácticas laborales han influido en otros sectores.

Un informe reciente de la emisora estatal CCTV y la Oficina Nacional de Estadísticas indicó que el empleado chino promedio solo pasaba 2,42 horas por día fuera del trabajo o dormido, 25 minutos menos que el año anterior.

Gu Bing, un directora creativa de 33 años de una agencia digital en Shanghái, a menudo trabaja hasta tarde y dice que rara vez se va a dormir antes de las 2 am.

“Aunque estoy cansada al día siguiente, no quiero dormir temprano”, señala.

A Gu le encantaba acostarse tarde cuando tenía 20 años, pero ha comenzado a pensar en adoptar hábitos de sueño más “normales”.

Sin embargo, sus amigos también suelen estar despiertos a mitad de la noche.

“Realmente necesito ese tiempo. Quiero estar sana pero ellos (sus empleadores) me han robado el tiempo. Quiero recuperar mi tiempo”.

Dejando a un lado las largas horas en la oficina, otra parte del problema es que los patrones de trabajo modernos significan que a las personas les resulta más difícil trazar límites entre el trabajo y el hogar, dice Ciara Kelly, profesora de psicología del trabajo de la Escuela de Administración de la Universidad de Sheffield.

Los correos electrónicos y la mensajería instantánea significan que los empleadores siempre pueden estar en contacto.

“Esto puede hacer que sintamos que estamos ‘siempre en el trabajo’, porque el trabajo puede llamarnos en cualquier momento”, dice.

Jimmy Mo, de 28 años, analista de una empresa de desarrollo de videojuegos en la metrópoli sureña de Guangzhou, ha descubierto que combinar su pasión por los videojuegos con el trabajo es una espada de doble filo.

“El trabajo también es mi hobby. Me encanta sacrificar mi tiempo libre por esto”, dice, y explica que debe jugar diferentes juegos después del trabajo, y también tomar clases en línea para mejorar sus habilidades profesionales.

También tiene pasatiempos como el yoga y el canto. Poder hacer todo significa que Mo no suele acostarse hasta las 2 am.

Sabe que esta falta de sueño puede exacerbar un trastorno de salud que tiene, y que dormir más podría hacerlo más saludable y feliz, pero dice que siente la presión de sus compañeros para hacer y lograr más.

Un círculo vicioso”

Aunque a la gente le puede molestar que el trabajo exprima su tiempo libre, reducir el sueño probablemente no sea la mejor “represalia”.

La falta de sueño, especialmente a largo plazo, puede provocar una serie de efectos nocivos, tanto mentales como físicos.

En el libro de Matthew Walker “Why We Sleep: Unlocking the Power of Sleep and Dreams”, el neurocientífico es contundente: “cuanto más breve es tu sueño, más corta es tu vida”.

Y la gente, en general, lo sabe: todos los entrevistados para este artículo sentían que sus patrones de sueño no eran saludables, pero aun así se quedaban despiertos hasta tarde en la noche.

La psicología puede explicar la razón por la que las personas optarían por aprovechar este tiempo libre incluso a expensas del sueño.

Una creciente evidencia apunta a la importancia del tiempo libre alejado de la presión laboral; la falta de separación puede provocar estrés, reducción del bienestar y agotamiento.

“Una de las partes más importantes de la recuperación del trabajo es el sueño. Sin embargo, el sueño se ve afectado por la forma como logramos separamos del trabajo”, dice Kelly, de la Universidad de Sheffield.

Es importante, explica, tener tiempo libre cuando podemos distanciarnos mentalmente del trabajo, lo que explicaría por qué las personas están dispuestas a sacrificar el sueño por el ocio después del trabajo.

“Las personas se quedan atrapadas en un círculo vicioso cuando no tienen tiempo para separarse de su trabajo antes de irse a dormir, y es probable que esto afecte negativamente a su sueño”, señala Kelly.

La verdadera solución, sugiere, es garantizar que las personas tengan tiempo para participar en actividades que proporcionen este desapego. Sin embargo, esto a menudo no es algo que los empleados puedan lograr por sí mismos.

Heejung Chung, sociólogo laboral de la Universidad de Kent y defensor de una mayor flexibilidad en el lugar de trabajo, considera que la práctica de retrasar el sueño es culpa de los empleadores.

Abordar el problema beneficiaría a los trabajadores, pero también ayudaría a garantizar un “lugar de trabajo saludable y eficiente”, señala.

“En realidad, es una medida de productividad”, explica. “Necesitas ese tiempo para relajarte. Los trabajadores necesitan hacer otras cosas además del trabajo. Es un comportamiento arriesgado hacer solo una cosa”.

Trabajador en China

Getty Images
En algunos casos, el trabajo desde casa debido a la pandemia ha difuminando aún más las fronteras ya débiles entre el trabajo y el hogar.

Mayor flexibilidad

Desde la pandemia, empresas de muchos países han implementado políticas de trabajo desde casa, lo cual ha significado una mayor flexibilidad en la vida laboral pero también, en algunos casos, difuminando aún más las fronteras ya débiles entre el trabajo y el hogar.

Todavía no está claro cómo esto podría afectar el tipo de cultura laboral donde los empleados tienen que evitar el sueño para recuperar algo de tiempo libre.

Chung dice que un cambio genuino requiere un giro institucional en muchas empresas.

“Es difícil para las personas reaccionar (a su situación laboral)”, señala.

Pero aconseja a los empleados que hablen con sus colegas y se acerquen colectivamente a su jefe, con pruebas, si quieren pedir un cambio.

Sin embargo, esto podría no estar disponible en China.

De hecho, los informes sugieren que las empresas se están atrincherando aún más en lo que se se trata de horas extras mientras intentan recuperarse de las pérdidas causadas por covid-19.

Krista Pederson, consultora que trabaja con multinacionales y corporaciones chinas de Pekín, dice que ha observado esta tendencia.

Las empresas chinas consideran que su cultura laboral tiene ventajas frente a los mercados como Estados Unidos o Europa, donde la gente tiende a trabajar menos horas: “saben que tienen trabajadores dedicados que son despiadados y que harán lo que sea necesario para salir adelante, incluido trabajar todo el tiempo”, asegura.

Con una cultura laboral tan exigente, los empleados seguirán abordando el problema de una manera que les funcione.

A pesar trabajar sin descanso, Gu Bing ama su trabajo y acepta que le roben su tiempo libre.

“A veces, creo que la noche es perfecta, incluso hermosa”, señala. “Mis amigos y yo conversamos por la noche y a veces escribimos canciones juntos. Es tranquilo y calmado”.

Y existe la opción, para los afortunados, de conseguir otro trabajo, que es lo que hizo Emma Rao, cambiando finalmente su trabajo 996 por uno un poco menos exigente.

Sin embargo, Rao ha descubierto que es difícil deshacerse de los viejos hábitos.

“Es una venganza”, dice sobre su hora de acostarse tarde. “Para recuperar algo de tiempo para ti”.


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