Milicias avanzan sobre reserva ambiental en Rio de Janeiro, Brasil
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Milicias avanzan sobre reserva ambiental en Rio de Janeiro, Brasil

En la región metropolitana de Rio de Janeiro, milicianos destruyen área de preservación ambiental y amedrentan a habitantes y agentes de fiscalización.
Comdema
Por Mariana Simões / Agência Pública
7 de septiembre, 2019
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Traducción: Diajanida Hernández

 “¿Usted cree que yo no tengo miedo? Tengo. Ellos saben quién soy. Ahora, no soy solo yo la que tiene miedo”, dice la profesora Marlucia Santos de Souza, inclinándose sobre la mesa para estar más cerca del grabador, como si tuviese temor de ser oída.  No había más nadie en el lugar. “Todo el mundo sabe, ya es público y notorio que São Bento está controlado por las milicias. Entonces nosotros, los habitantes tenemos que lidiar con esa ausencia de alternativa. Pero también tenemos que defender los derechos. Hacer las denuncias es un camino para crear una posibilidad de apertura de la solución”, completa.  Marlucia es una mujer de baja estatura y aire valiente: los lentes azules contrastan con los cabellos negros, lisos y hasta el hombro y las ropas largas, neutras.

 El 7 de marzo de este año, agentes de la Policía Federal (PF) le pidieron a ella que los acompañase en una diligencia policial dentro de un área de protección ambiental. Además de ser profesora de enseñanza media en una escuela pública de la Baixada Fluminense, en Rio de Janeiro, Marlucia es coordinadora del Centro de Referencia Patrimonial e Histórico de Duque de Caixas, municipio de la región metropolitana de Rio de Janeiro, y actúa también como secretaria ejecutiva del Consejo Municipal de Defensa del Medio Ambiente (Comdema). 

 Los policías querían investigar un esquema de ocupación ilegal de tierras denunciado por los habitantes de Guedes, comunidad también conocida como Novo São Bento, en Duque de Caxias. Desde agosto de 2015, los habitantes reclaman a los órganos públicos que las milicias avanzan en la comunidad donde viven más de cien familias, según líderes locales.

 Las milicias brasileñas, localizadas principalmente en la región metropolitana de Rio de Janeiro, son grupos formados por agentes activos y retirados de seguridad pública que controlan militarmente áreas geográficas bajo el pretexto de combatir bandas de narcotraficantes y extraen ganancias de ellas con la cobranza de comisiones y la venta de servicios y bienes urbanos como terrenos, agua, vertederos. En Guedes, el objetivo de la ocupación en curso por los milicianos sigue la misma línea: lucrarse con la venta ilegal de terrenos.

 Cercado por los ríos Iguaçu y Sarapuí, Guedes parece estar brotando de un oasis verde, ya que el área está cercada de manglares y taboas , una planta que crece en regiones pantanosas. La venta de lotes y las nuevas construcciones no son permitidas en toda el área de São Bento, que es pública. De acuerdo con el Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria (Incra), del gobierno federal, el terreno fue adquirido por la União en 1931.

 Por otra parte, la comunidad queda dentro del Área de Preservación Ambiental (APA) São Bento, con más de mil hectáreas, que abriga uno de los últimos remanentes de mata atlántica próxima al centro urbano de Duque de Caixas. La APA fue establecida como espacio ecológico en 1997 por decreto municipal ―cuando ya existía la comunidad de Guedes allí―, según la cual “no son permitidas actividades que vengan a degradar o a causar impactos ambientales”.

 Aunque ilegales, las subdivisiones y la venta de terrenos en el lugar persisten hace casi tres décadas. 

 En cuatro meses de indagación, la Agência Pública reunió documentos, oyó testimonios y conversó con los órganos públicos al frente de las investigaciones. El reportaje descubrió que los habitantes conviven con el miedo y el vaivén constante de camiones de volteo que son usados por la milicia para rellenar y subdividir más terrenos ilegales. Para empeorar, la prefectura construyó un puente que facilita la entrada de los camiones de volteo.

Además, una investigación policial que seguía el avance de la ocupación ilegal de tierras en Guedes fue archivado por el Ministerio Público Federal (MPF). Un despacho emitido por el MPF afirmaba que la PF no consiguió a lo largo de los últimos cuatro años “localizar el lugar de la subdivisión ilegal de terrenos y a las personas envueltas con el ilícito”. Sin embargo, la Agência Pública obtuvo un informe de la diligencia de la PF que contradice ese despacho.

 “Se  trata de un área en proceso de relleno, en la cual ya existen edificaciones de mampostería y señales de avances del relleno en sentido a las márgenes del río, local y en el sentido contrario también”, dice el informe de la PF.

 El documento de la PF relata incluso que “fue posible obtener informaciones de que el área está controlada por milicianos y que los mismos tienen influencia en la Prefectura y notarías de la región para legalizar las áreas invadidas y que hay otras áreas de la reserva siendo rellenadas”.

 Las constataciones fueron tan alarmantes que el procurador Julio José Araujo Junior, del MPF del municipio vecino, pidió en abril la reapertura de las investigaciones. “Esa práctica se renovó, y ahora nosotros tenemos otra investigación a partir de los datos de la diligencia que fue hecha”, explica el procurador.

 Engañados y en área de riesgo

El propio Guedes fue fundado por milicianos. A lo largo del final de la década de 1990 y el inicio de los años 2000, las milicias subdividieron y vendieron los terrenos a cerca de 80 familias, que permanecen hace casi tres décadas en el lugar.

Las familias que viven en el lugar dicen haber sido engañadas por los milicianos cuando adquirieron sus casas. “¿Ustedes no lo creen, no? Nosotros fuimos a la notaría, a la primera oficina, que reconoció la firma. Para nosotros todo era legal”, dice un habitante de Guedes que no quiso revelar su identidad. Muchas de ellas son familias pobres que vinieron del Nordeste en procura de trabajo en Rio de Janeiro y llegaron con el sueño de construir una casa propia. Hoy, conviven con el miedo en una zona controlada —y con planes de expansión.

Además de que la venta de las tierras es ilegal, el terreno donde hay relleno sobre la vegetación nativa y construcción de nuevas casas fue evaluado como área de riesgo, ya que Guedes queda encima de un pólder ―área de inundación natural por desbordamiento de los ríos Sarapauí e Iguaçu. Cuando llueve, el agua de los ríos se desborda hacia Guedes, inundando las casas de los habitantes. Aparte de que se sometieron al riesgo, las personas que construyen en esas tierras aumentan el peligro de inundaciones en el resto de las áreas ya ocupadas del barrio de São Bento y en barrios vecinos.

En 2012, el órgano de fiscalización ambiental del estado, en colaboración con el Ministerio de las Ciudades, prometió integrar a los habitantes de Guedes al programa de viviendas Proyecto Iguaçu, reubicándolos en un lugar más seguro. El programa preveía el reasentamiento de 2500 familias que viven en áreas de riesgo de inundación en los márgenes de los ríos y la realización de obras para contener los desbordamientos. Sin embargo, en junio de 2017, los habitantes recibieron la noticia de que el proyecto había sido cancelado.

El procurador Julio Araújo afirma que la prefectura no parece interesada en reubicar a los habitantes. “Intenté revertir eso llamando a la prefectura, y fue un diálogo muy difícil, porque la prefectura no quiso cooperar. Ella tenía otros planes para el área. Y ahí, a partir del momento en que usted no consigue dar una solución en la promoción, en la concreción de ese derecho, entramos en un campo de responsabilidad, de buscar la responsabilidad por lo que sucedió, que es lo que nosotros estamos haciendo hoy en el campo civil”, dice el procurador. 

Mientras a los planes para la expansión ilegal de Guedes continúan, la prefectura parece estar más interesa en adelantar otra obra: un puente de acceso cuya construcción está siendo investigada por el MPF.

Se trata de la ampliación de un puente dentro de la APA São Bento, construido por los habitantes para facilitar el paso a la comunidad de Guedes. Después de que fueron hechas mejorías por la prefectura, el puente permitió el paso de vehículos mucho más grandes. La obra, según el informe de la diligencia hecha por la PF en marzo de 2019, “posibilitó el acceso de camiones que llevan escombros para rellenar la referida área, que, de acuerdo con informaciones, anteriormente solo era accesible para los carreteros”.

“El Municipio de Duque de Caixas se viene presentando como un notorio violador de las normas ambientales y de destinación socio ambiental para inmuebles”, destacó el MPF en una recomendación emitida el año pasado. El documento apunta incluso que Duque de Caixas es investigado en no menos de seis causas por la violación de normas ambientales que involucran inmuebles.

Acorralados en la fiesta de los lobos

La suspensión del proceso de reubicación por la prefectura dio una señal clara a las milicias, según Marlucia. “Ahí es que yo creo que fue la fiesta de los lobos”.

Para ella, a reubicación de los habitantes habría ayudado a imponer el control del poder público sobre el lugar, dejando el recado de que las nuevas construcciones no serían permitidas de ahora en adelante. Pero, como el traslado de los habitantes no se concretó, ella dice que se abrieron las puertas para un nuevo avance.

“Las milicias vienen y no tienen más frenos para sus proyectos de expansión. Y eso se consolida. Cuando la PF vino aquí, una de las cosas que ellos preguntaron fue cómo es que esos tipos consiguieron postes de luz para acá si aquí es tierra del Incra y es área de preservación ambiental. Aquí las milicias son los prefectos del lugar. Ellos ponen placas, abren calle. Cuando ellos no tienen todavía dirección, ellos crean una asociación para recibir correspondencia, para recibir las mensualidades. Ellos son el Ejecutivo aquí”, dice.

El nuevo proceso de ocupación y de relleno sucede desde hace dos años y continúa a todo vapor, según investigó la Agência Pública con habitantes. Comienza con la quema de la vegetación para abrir espacio para la subdivisión de los terrenos. “primero ellos prenden fuego porque hay bosque, hay vegetación, hay manglares, hay taboas , entonces ellos prenden fuego ”, explica Marlucia, que es una de las autoras de la denuncia. La práctica ya constituye por sí sola un crimen ambiental, porque ella ocurre en plena área ecológica protegida por ley.

Luego, vienen los escombros, compuestos de residuos de construcción civil, a gran escala y la venta de lotes por 11 mil reales. “Usan esos escombros para rellenar y después venden los lotes a los trabajadores pobres bajo crédito”, continua Marlucia, que destaca que los escombros también contaminan el suelo.

Todos los días de madrugada, los habitantes despiertan con el bullicio de camiones vertiendo escombros alrededor de sus casas. Según los residentes, la acción ocurre de madrugada para pasar desapercibida, y el objetivo del escombro sería construir la base de nuevas casas en el área.

Los camioneros que llegan diariamente, no se identifican al entrar en Guedes y, debido a las condiciones de seguridad, habitantes y policías no saben decir cuál es la fuente de los escombros; pero el informe de la pesquisa de la Policía Federal confirma la versión de los habitantes de que el flujo de los vehículos, así como el lugar, es controlado por la milicia, que estaría cobrando por cada cubo de escombros descargado en el sitio.

Durante el día, la población de Guedes está obligada a convivir con basura, polvo y caos. “Hoy el lugar para mí es un escenario de guerra. Parece que cayó una bomba ahí. Muy feo. O se convirtió en un basurero”, dice un habitante. “Nosotros tenemos vergüenza de invitar a las personas a donde vivimos. Porque cuando usted llega, ya ve los escombros, basura, un inodoro”, completa otro residente.

La cristalización de las milicias

La trama es un ejemplo de cómo se va construyendo un territorio dominado por las milicias, según el sociólogo José Cláudio Souza Alves, que estudia la expansión de estos grupos en Rio de Janeiro desde hace 26 años.

A pesar de ser más conocidas por prácticas como ejecuciones, tráfico y cobranza de “comisiones de seguridad” a los habitantes de las comunidades que controlan, Alves defiende que la principal práctica de las milicias en Rio de Janeiro es la venta de terrenos e inmuebles. “La venta de terrenos e inmuebles es la gran práctica de las milicias que ya existe desde hace mucho tiempo. No es de hoy. Solo que ahora se volvió una cosa incontrolable, monstruosa”, dice. Él afirma que las milicias cariocas son más poderosas que el tráfico, ya que ellas mantienen lazos estrechos con el mundo político, sin los cuales no tendrían la actuación y la fuerza actuales.

En el caso de Guedes, la actuación de  las milicias estaría todavía en su fase inicial, pero, para él, la tendencia es la expansión. “Para vender casas, usted tiene que tener un terreno para construir. Entonces la lógica es agraria, es la lógica de mayor extracción para que puedas obtener una ganancia mayor”, dice José Claudio.

En Guedes, la milicia apenas comienza en la venta de servicios clandestinos como la distribución de agua, luz, gas y hasta señal de TV por pago robada. Según los habitantes, aunque la gama de ofertas de servicios venga aumentando, ellos todavía no se sienten obligados a utilizarlos.

“Por ahora solo ofrecen servicios. Después ellos pasan a cobrar comisiones y a obligar a usar el servicio”, dice un habitante. “El futuro ahí va a ser que tengas que pagar por entrar a la casa. Ese futuro está bien cercano, está muy cerquita”, complementa otro.

Un residente dice sentirse completamente abandonado por el poder público. “Nosotros nos sentimos como un bicho. Como si fuésemos un bicho al que nadie escuchase su gemido. Porque la realidad es esa: nosotros estamos pidiendo ayuda”.

“Nosotros soñamos con un proyecto para São Bento de arborización, de recuperación del río Iguaçu y del río Sarapuí. Tiene potencial turístico, de investigación, de calidad de vida para los habitantes. Nosotros soñamos tener a los habitantes con agua y con luz, sin intervención de la milicia. Solo que nosotros vemos que nuestras piernas son más cortas. ¿Cómo usted va a mover multitudes para detener eso si existe el miedo?”.

A pesar de eso, Marlucia ve esperanza en la insistencia de los habitantes en continuar denunciando los ilícitos que persisten desde hace décadas en Guedes. “Aquí hay varios que hicieron denuncias al Ministerio Público. Son muchos. Eso fue una cosa buena”, dice.

Este texto se publicó originalmente en  Agência Pública

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¿Por qué los hombres usan menos los cubrebocas si corren más riesgo de morir por covid-19 que las mujeres?

Las tasas de mortalidad por covid-19 son considerablemente más altas entre los hombres. ¿Por qué entonces estos utilizan menos las mascarillas faciales que las mujeres?
15 de julio, 2020
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Mujer con mascarilla al lado de hombre sin mascarilla

Getty Images
La evidencia sugiere que en todo el mundo las mujeres acostumbran utilizar más las mascarillas faciales que los hombres.

Después de mucho pelear, Mónica* tomó una decisión drástica.

Mientras Brasil iba en camino de convertirse el segundo país del mundo en muertes por coronavirus, solo por detrás de Estados Unidos, su esposo, Eduardo, se negaba a usar una mascarilla.

Entonces decidió abandonar el departamento familiar en Niteroi, cerca de Río de Janeiro, y mudarse a casa de sus padres con su hijo de siete años.

“Soy asmática y eso me hace particularmente vulnerable al coronavirus. Pero para mi esposo estaba siendo paranoica“, le dice a la BBC.

No sabemos a cuántas otras parejas en todo el mundo les pasó lo mismo que a Eduardo y Mónica.

Pero su historia es un buen ejemplo de la brecha de género en las actitudes hacia el uso de máscaras faciales que se ha hecho evidente durante la pandemia.

Hasta el 14 de julio, la covid-19 ya había infectado a más de 13 millones de personas y matado a más de 570,000, según la base de datos de la Universidad Johns Hopkins.

Y en la gran mayoría de los países donde hay datos disponibles, las tasas de mortalidad son considerablemente más altas entre los hombres.

Pero, a pesar de eso, estudios y encuestas también han encontrado que los hombres son más renuentes que las mujeres a usar equipos de protección personal y cubiertas faciales, actitud que también se ha observado durante epidemias anteriores.

Jared Kushner e Ivanka Trump

Getty Images
También en la familia Trump hay diferencias de género en el uso de mascarillas.

El uso de mascarillas, sin embargo, es una medida ampliamente recomendada por las autoridades de salud para ayudar a prevenir la propagación del coronavirus.

La Organización Mundial de la Salud, por ejemplo, apoya el uso de mascarillas como “parte de una estrategia integral de medidas para suprimir la transmisión”. Y, aunque admite que hay evidencia limitada sobre la efectividad de las mascarillas no médicas para el público en general, alienta su uso cuando el distanciamiento social no es posible.

Varios países y ciudades también están promoviendo su uso, y algunos incluso las han hecho obligatorias en espacios confinados o abarrotados, como en el transporte público, bares y tiendas.

Orgullo y prejuicios

Pero si las mascarillas pueden ser una ayuda en la lucha contra el coronavirus, ¿por qué los hombres son menos propensos a usarlas?

Uno de los análisis más recientes y publicitados del comportamiento masculino fue realizado por Valerio Capraro, profesor titular de Economía en la Universidad de Middlesex, y la matemática canadiense Hélène Barcelo, del Instituto de Investigación de Ciencias Matemáticas de Berkeley.

Cementerio

Getty Images
Los hombres son más propensos a morir por covid-19 y también a negarse a usar mascarillas.

Los académicos encuestaron a casi 2,500 personas que viven en Estados Unidos y descubrieron que los hombres no solo estaban menos inclinados a usar máscaras faciales que las mujeres, sino que consideraban que ponerse una mascarilla era “vergonzoso” y “un signo de debilidad”.

Y la encuesta también encontró que las mujeres tenían casi el doble de probabilidades que los hombres de manifestar la intención de “usar una máscara facial fuera de su casa”.

“Los hombres tienen menos tendencia a cubrirse la cara, y una de las razones principales es que tienden a creer que la enfermedad no los afectará más que las mujeres”, explica Capraro.

“Pero eso es particularmente irónico porque las estadísticas oficiales muestran que en realidad el coronavirus impacta a los hombres más seriamente que a las mujeres”, agrega el científico.

Menos máscarillas, más muertos

Otros estudios también han demostrado consistentemente que los hombres también son menos obedientes al lavado de manos, una de las medidas básicas de higiene para ayudar a prevenir la propagación de enfermedades.

Una encuesta reciente, por ejemplo, encontró que el 65% de las mujeres dice lavarse las manos regularmente, por un 52% de los hombres.

Y aunque en EE.UU. las afiliaciones políticas también influyen fuertemente en el comportamiento de hombres y mujeres durante la pandemia, el género parece seguir siendo un factor más importante.

Simpatizante de Trump con máscara facial

Getty Images
Las mujeres republicanas utilizan más las mascarillas que los hombres de su mismo partido.

Según varias encuestas, los partidarios del Partido Republicano del presidente Donald Trump son menos propensos a usar mascarillas o mantener la distancia social que los partidarios del Partido Demócrata.

Pero la encuesta nacional más reciente, hecha en junio, mostró que mientras el 68% de las mujeres que apoyan a los republicanos utiliza mascarillas fuera del hogar de forma frecuente, solamente un 49% de los hombres dijo ponerse una al salir de casa.

Todo indica, sin embargo, que la importancia de las máscaras faciales solo irá en aumento: nueva evidencia sugiere que el coronavirus puede propagarse por pequeñas partículas suspendidas en el aire y no solo a través de las gotas más grandes expulsadas cuando las personas tosen o estornudan.

Y un reciente estudio de científicos japoneses, que aún no se ha publicado, encontró una correlación entre el uso de mascarillas faciales y las tasas de mortalidad en 22 países.

Mujer con mascarilla al lado de hombre sin mascarilla

Getty Images
Científicos sostienen que hay una correlación entre mortalidad y uso de mascarillas.

Al analizar las encuestas del instituto de investigación YouGov, los científicos Daisuke Miyazawa y Gen Kaneko descubrieron que los países donde más personas dicen usar mascarillas tenían menos muertes por millón de personas.

¿Exceso de confianza?

Christina Gravert, científica conductista de la Universidad de Copenhague, no se sorprende por la división de género en el uso de mascarillas evidenciada por investigaciones.

Después de todo, hay una gran cantidad de trabajo académico que muestra que hombres y mujeres parecen abordar el riesgo de una manera diferente.

Pero Gravert le dice a la BBC que una simple observación en la capital danesa le bastó para confirmar que las mujeres estaban siendo más conscientes de los esfuerzos por contener la propagación de la covid-19.

Mujer caminando

Getty Images
Las mujeres le ponen más atención a las indicaciones.

“Los senderos para caminar en Copenhague se convirtieron en calles de un solo sentido, para que la gente no se cruzara al correr o caminar”, cuenta Gravert.

“Y mi impresión es que más hombres que mujeres se equivocan (al desplazarse por los mismos)”, destaca.

La brecha de género también se ha observado en otros países durante epidemias anteriores.

Por ejemplo, un estudio sobre el comportamiento de los usuarios del metro de Ciudad de México durante el brote de gripe porcina de 2009, que mató a casi 400 personas, encontró una mayor proporción de mujeres que de hombres con mascarillas.

También hay diferencias de género incluso en los países asiáticos donde usar máscaras faciales es una norma social ampliamente establecida y ampliamente observada.

Y la mayor reticencia masculina no es algo reciente: durante la pandemia de gripe de 1918 que mató a decenas de millones de personas, los hombres y los niños fueron el principal blanco de las campañas de salud pública que recomendaban el uso de mascarillas.

¿Hombres menos cuidadosos?

Junto con el trabajo académico mencionado por Christina Gravert, la vida real también parece confirmar constantemente la percepción de que los hombres son menos cuidadosos.

Los proveedores de seguros de automóviles, por ejemplo, han cobrado históricamente a las mujeres primas más bajas, porque los hombres están detrás de la mayoría de los accidentes de tránsito en todo el mundo (aunque también es cierto que el mundo tiene más conductores masculinos que femeninos).

Otro ejemplo curioso es el llamado Premio Darwin, que destaca las muertes más absurdas (y evitables): de 1995 a 2014 casi el 90% de los “ganadores” fueron hombres.

Hombre lee el periódico en las vías del tren

Getty Images
Numerosos estudios indican que los hombres toman más riesgos.

E incluso el investigador Valerio Capraro, admite haber sido negligente en el uso de mascarillas faciales.

“Solo comencé a usar una hace unos meses, cuando fui de viaje a Italia, donde el uso de mascarillas es obligatorio en una serie de situaciones”, admite.

Capraro ahora cree que hacer que las máscaras sean obligatorias hará que más hombres sigan los consejos de salud pública.

“Los estudios han demostrado que la diferencia de género casi desaparece en los lugares en los que es obligatorio cubrirse la cara”, destaca.

Christine Gravert, sin embargo, ve más potencial en campañas de concientización dirigidas al público masculino.

Mascarilla abandonada

Getty Images
Para hacer que más hombres utilicen mascarillas los expertos recomiendan campañas dirigidas y regulaciones más estrictas.

“Si el problema es el exceso de confianza, podría ayudar a que los hombres conozcan las estadísticas y mostrarles que sufren más de covid que las mujeres”, explica.

“Y si tomamos en serio que los hombres son en promedio menos altruistas y más egoístas, entonces la comunicación debería centrarse menos en proteger a los demás y más en protegerse a uno mismo”, dice la experta.

Un final feliz

También hay evidencia de que la presión de grupo puede funcionar, como lo muestra la historia de Eduardo y Mónica, la pareja dividida por una máscara facial.

Después de darle un ultimátum a su esposo, Mónica vio un cambio radical que se tradujo en un final feliz: Eduardo lleva una mascarilla desde hace un tiempo.

“Todavía pienso que mi esposo cree que un hombre sano como él no se enfermará“, dice Mónica.

“Pero ahora es bastante consciente de que sus buenas acciones protegerán a su familia”, concluye.

* Los nombres de Mónica y Eduardo fueron cambiados a solicitud de la entrevistada.

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