Sin trabajo, desplazados y pendientes de un botón de pánico: así viven los periodistas bajo el Mecanismo de Protección
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Sin trabajo, desplazados y pendientes de un botón de pánico: así viven los periodistas bajo el Mecanismo de Protección

Este año ha sido uno de los más violentos contra la prensa. Según documentó la organización civil Artículo 19, de enero a julio se registraron 249 agresiones, una cada 17.4 horas.
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17 de septiembre, 2019
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-Sí, señorita, todavía sigo vivo.

El periodista Andrés Palafox responde la llamada telefónica con una sonrisa mientras pide un té en un restaurante cualquiera.

-Aún soy el mismo morenito y chaparrito de siempre -bromea-.

Luego, Andrés confirma que sigue en la misma ubicación de hace media hora, y pronuncia una palabra clave con la que la operadora del Mecanismo de Protección a Periodistas se asegura de que quien está al otro lado del aparato realmente es él, y corta la llamada iniciando así una nueva cuenta atrás que terminará dentro de otros 30 minutos, cuando recibirá la misma llamada de rutina.

“Es muy pesado que te estén marcando a cada rato para preguntarte si aún no te han matado”, dice Andrés con resignación pero sin perder el sentido del humor negro, uno de los rasgos que más lo definen.

“Por eso trato de vacilar a los operadores del Mecanismo y bromear con ellos, para hacer más liviana esta situación”.

Tras la frase, el reportero deja sobre la mesa el botón de pánico, una especie de celular con botones de colores que debe pulsar según el grado de emergencia.

Explica que cuando dice “esta situación” se refiere a un sinfín de amenazas que empezaron en 2016, cuando comenzó a publicar en el Semanal Playa News notas y videos que criticaban a autoridades locales y estatales de Quintana Roo, que fueron aumentando de intensidad hasta sufrir cuatro intentos de asesinato.

Por esos atentados, explica el joven reportero, forma parte desde marzo pasado del Mecanismo de Protección de la Secretaría de Gobernación, junto a otros 330 periodistas que al día de hoy también son beneficiarios de medidas de protección, en un país especialmente letal para la prensa.

Son 131 asesinatos entre los años 2000 y 2019, de los cuales 11 se cometieron en los apenas 10 meses que lleva el gobierno de López Obrador. Este año ha sido uno de los más violentos contra la prensa. Según documentó la organización civil Artículo 19,  de enero a julio se registraron 249 agresiones, una cada 17.4 horas.

Pero, aunque el botón de pánico se ha convertido en una extensión de su mano, Andrés encoge los hombros y dice que no se siente más protegido que antes de tener que desplazarse de su estado.

“Este botón es algo bueno, porque te están monitoreando las 24 horas”, admite. “Pero, por sí solo, no evita atentados”.

De hecho, en los últimos cuatro años el Mecanismo no ha impedido que 7 periodistas amenazados y que formaban parte del mismo fueran asesinados por sus agresores, como el caso del periodista Rubén Pat, compañero precisamente de Andrés Palafox en el Semanal Playa News, que fue muerto a balazos en julio del año pasado por su actividad periodística.

“¿Qué es eso del Mecanismo?”

Por eso, el quintanarroense apunta que aún hay muchos pendientes en la lista para conseguir una verdadera atención integral, a mediano y largo plazo.

Unos pendientes que, siendo justos, puntualiza Andrés, no solo son responsabilidad del Mecanismo, sino también de otras instituciones de Gobierno que deberían proteger a los periodistas, como las fiscalías estatales y las secretarías de seguridad públicas.

“Hay muchas cosas que no dependen del Mecanismo. Ellos pueden dar la alerta para que una unidad vaya y te auxilie. Pero si la unidad no va, pues tampoco es culpa del Mecanismo”, expone el periodista, que cuenta que él mismo ha sufrido esa situación.

En uno de los cuatro atentados, Andrés narra que varios sujetos armados intentaron entrar a la fuerza a su domicilio. El periodista activó el botón de pánico y el Mecanismo reaccionó rápido pidiendo a la policía local que enviara una patrulla al domicilio. Pero el auxilio no llegó hasta dos horas más tarde, tiempo en el que los agresores, frustrados por no poder acceder a la vivienda, se marcharon aburridos no sin antes disparar cinco balazos al inmueble para tratar de alcanzar al periodista.

“Los operadores del Mecanismo también se desesperan. En esa ocasión, escuché cómo el tipo que atendía mi llamada de auxilio se alejaba del teléfono y gritaba que cómo chingados era posible que no me mandaran la unidad”, recuerda Andrés Palafox.

Otro problema es que, a pesar de que el Mecanismo se creó hace siete años, en 2012, aún hay un profundo desconocimiento de qué es y a quién protege, y por qué.

“En muchas ocasiones, cuando he llamado al 911 no tienen ni idea de qué es el Mecanismo. Y muchas fiscalías estatales de justicia tampoco saben qué es”, plantea Palafox, que tras sufrir otro de los atentados en su contra quiso denunciar la agresión ante una Fiscalía estatal y ésta le negó ese derecho, argumentando que “no tenía credencial de periodista” y que “no trabajaba para un medio nacional reconocido”.

“Les traté de explicar que estoy bajo la protección del Mecanismo, y que si yo no fuera periodista, pues no estaría en ese Mecanismo -cuenta el reportero con voz cansada-. Pero la respuesta de la Fiscalía a todo esto fue: ¿Qué es eso del Mecanismo?”.

“Los malos ganaron: nos silenciaron”

El periodista guerrerense Omar Bello lleva dos años en el Mecanismo de Protección, tiempo en el que tuvo que exiliarse de su estado para continuar con su vida. Aunque eso de continuar con la vida es un decir, matiza rápido. Porque ésta no ha vuelto a ser la misma desde que tuvo que huir.

“El Mecanismo, como ente gubernamental, te salva la vida, es cierto. Pero te salva la vida física, porque de la vida laboral no se preocupa”.

“Y al final del día -agrega el reportero-, se cumplió el objetivo de quien un día pretendió silenciarte y anularte, porque ya no escribes por miedo”.

“Esto es sumamente preocupante porque los victimarios están logrando su cometido, que es quitarse de encima a las voces críticas con el poder”, advierte por su parte Leopoldo Maldonado, subdirector regional de la organización defensora de periodistas Artículo 19.

“Esta es la forma más brutal de censura, después del asesinato y la desaparición forzada. Y, hasta ahora, no ha habido una respuesta eficiente del Estado mexicano para garantizar a los periodistas un regreso seguro a sus estados y a sus puestos de trabajo”.

En una jaula de oro

Omar Bello cuenta que ahora vive “encerrado como un pajarito en una jaula de oro”. Con la vivienda, comida y las atenciones básicas cubiertas por el Mecanismo, pero sin trabajo ni dinero para mantenerse ni ayudar a su familia, y sin posibilidad de volver al periodismo.

“Si trabajas, quedas fuera del Mecanismo”, expone tajante. “Porque si lo haces, el Mecanismo deduce que ya estás rehaciendo tu vida y que ya no eres un desplazado, y que, por lo tanto, ya no son necesarias las medidas de protección”.

Omar y otros periodistas plantearon estas críticas durante la presentación el pasado 26 de agosto del diagnóstico que realizó la oficina de la ONU en México sobre el Mecanismo de Protección, donde exigieron una atención integral que vaya más allá de brindarles un albergue por unos cuantos meses o unos escoltas.

Sobre este punto, Leopoldo Maldonado también insiste en la necesidad de que el peso de la política de protección a periodistas no recaiga solo en el Mecanismo de Protección.

Entérate: Mecanismo de protección no tiene recursos suficientes; las solicitudes aumentaron 172% en 7 años, alerta ONU

“El Mecanismo, por sí mismo y funcionando aislado, va a colapsar y es inviable”, subraya el activista, quien apunta que es necesario que en la protección participen mucho más activamente las procuradurías y los gobiernos estatales, mientras que en la atención posterior deben participar otras secretarías de Estado, como la del Trabajo, la de Economía, y la de Salud, para ayudar a los reporteros a encontrar alternativas laborales y atención psicológica en los casos que se requiera.

Se rediseñará el Mecanismo

Ante estos cuestionamientos, Animal Político buscó a Aaron Mastache, titular de la Unidad para la Defensa de los Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación (Segob) para conocer su postura, pero no hubo respuesta.

Quien sí se ha pronunciado públicamente en múltiple ocasiones es Alejandro Encinas, subsecretario de Derechos Humanos, que ha dicho que habrá un rediseño del Mecanismo para evitar fallas en la atención a periodistas y defensores de derechos humanos.

El pasado 25 de marzo, por ejemplo, Encinas admitió que las acciones del Mecanismo son de reacción y no prevención. Por ello, el gobierno de López Obrador implementará instrumentos que permitan identificar situaciones de riesgo, reducir al máximo las medidas burocráticas, y agilizar las medidas de protección urgentes, otras de las grandes peticiones de los periodistas y de Artículo 19.

Encinas dijo que también se reemplazarán los escoltas privados de los beneficiarios por escoltas capacitados por la Policía Federal Preventiva, y que el Gobierno de López Obrador auditará el fideicomiso que maneja sus recursos para vigilar su correcta aplicación.

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La doctora que contrajo COVID y fue salvada por el método de ventilación que ayudó a crear

La intubación de la neumóloga en la USP Carmen Valente Barbas ha sacudido la moral de los médicos que luchaban contra el coronavirus recién llegados a Brasil.
1 de agosto, 2020
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A mediados de abril, el reconocido patólogo de la Universidad de São Paulo (USP), Paulo Saldiva, habló en vivo por televisión sobre la epidemia del covid-19; no pudo evitarlo y comenzó a llorar frente a las cámaras.

“En ese momento, había personas que negaban la existencia o minimizaban el impacto de la enfermedad, así que fui a decirle a las gente que se cuidara porque nosotros en salud estábamos pagando un alto precio. Entonces recordé a Carmen y otros seres queridos y perdí un poco el control”, le dice Saldiva, médico y profesor con 40 años de experiencia, a BBC News Brasil.

Para muchos en la comunidad de médicos que trabajan en los frentes de batalla contra el covid-19 en el país, el llanto de Saldiva no requería explicación.

La noticia de la hospitalización de la neumóloga Carmen Valente Barbas había circulado dentro y fuera de Brasil, sacudiendo la moral de las tropas en la guerra contra un enemigo poco conocido.

La médica de los hospitales Das Clínicas y Albert Einstein, investigadora y profesora con 60 años de edad y más de 35 años de carrera, es una experta internacional en ventilación mecánica, un método utilizado en el tratamiento de casos graves de covid-19.

Reconocimiento internacional

Hija del neumólogo y ex profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sao Pablo (USP) João Valente Barbas, Carmen siguió los pasos de su padre. Se graduó de la USP y comenzó su doctorado en ventilación mecánica en 1995.

En 1998, se publicó un estudio clínico dirigido por ella y su colega Marcelo Amato en el New England Journal, una revista científica estadounidense de alto impacto.

Paciente con covid-19

Getty Images
Se estima que el 5% de los infectados por el coronavirus requieren respiración asistida.

Hasta entonces, las posibilidades de que un paciente con enfermedad pulmonar aguda muriera por ventilación mecánica eran grandes.

En su investigación, Carmen y su grupo plantearon la hipótesis de que la ventilación en sí podría perjudicar los pulmones de los pacientes.

“Estábamos estudiando ventilación mecánica en pacientes con síndrome de incomodidad respiratoria aguda, SDRA”, le dice Carmen a BBC News Brasil. “En ese momento, la tasa de mortalidad por este síndrome era del 70%. Los que trabajaban en cuidados intensivos se desanimaban porque la mayoría de los pacientes morían”.

En ese momento, explica, los pacientes con el síndrome eran ventilados con el mismo volumen corriente (el volumen de aire que entra y sale del pulmón durante la ventilación mecánica) utilizado en cirugías.

“En la cirugía, cuando aplicas anestesia general, intubas y ventilas al paciente. Pero el pulmón dañado por ARDS tiene una distensibilidad menor, es más difícil. Cuando pones un alto volumen corriente, genera presiones muy altas en el sistema sistema respiratorio y terminas dañando más el pulmón “.

Carmen y su grupo comenzaron a ventilar a los pacientes con un volumen corriente más bajo, entre otros ajustes.

Al final del estudio clínico, el número de muertes entre los pacientes tratados con la nueva técnica se redujo al 40%. En 2000, un gran estudio estadounidense confirmó, también en el New England Journal, que el enfoque del grupo de USP era mucho mejor.

Desde entonces, la tasa de mortalidad de pacientes con SDRA se ha reducido aún más, al 30%. Y el equipo dirigido por Carmen y Amato ganó una voz internacional, ayudando a transformar la ventilación mecánica en el mundo.

Carmen Barbas

Arquivo pessoal/Carmen Valente
Carmen Barbas siguió los pasos de su padre, también neumólogo.

La técnica se conoce hoy como ventilación pulmonar protectora.

“Carmen y su equipo son uno de los líderes de la comunidad mundial (de intensivistas y neumólogos)”, le dijo a BBC News Brasil el italiano Paolo Pelosi, médico de cuidados intensivos y profesor de la Universidad de Génova en Italia, colega y amigo de la médico durante 20 años.

El tratamiento de pacientes en unidades de cuidados intensivos (UCI) es complejo, por lo que se necesitan varias estrategias diferentes, explica.

“La técnica propuesta por Carmen es parte de un conjunto de enfoques discutidos y aplicados en el mundo”.

Lo que Carmen nunca hubiera esperado es que algún día la salvarían con la misma técnica.

Llegada de coronavirus

En marzo de 2020, los médicos brasileños comenzaron a darse cuenta de que el nuevo coronavirus era realmente peligroso.

“Al estudiar los virus durante muchos años, vimos que este nuevo virus es muy diferente, muy agresivo, sobrevive a temperaturas muy altas, lo que no es normal para los virus respiratorios”, dice Carmen.

Cuenta que incluso escribió un artículo para la Sociedad Paulista de Terapia Intensiva alertando sobre Sars-Cov-2.

Debido a su edad y porque era hipertensa, Carmen estaba en el grupo de riesgo.

Dibujo de respirador

Getty Images
El respirador no es una cura, pero permite es ganar tiempo para que el tratamiento haga efecto.

“Estaba tomando todas las medidas preventivas, cuidando a los pacientes con máscaras, sin permitir que se acercaran demasiado. Con mis colegas, fui una de las primeras en decir, ‘no te acerques, mantengamos nuestra distancia’. Dejé de besar a los colegas, de darle la mano a los pacientes, siempre andaba con el gel de alcohol colgando de la bolsa”.

Los primeros síntomas aparecieron el 19 de marzo.

“Empecé a tener un poco de dolor de garganta, un poco de tos, un dolor corporal muy importante”.

Ella no estaba cuidando a pacientes con coronavirus, pero comenzó a cansarse mucho.

“Todo lo que hacía me producía una fatiga absurda. ‘Me está pasando algo extraño‘, dije”.

Carmen fue al hospital para pedir que le hicieran la prueba. Sin los síntomas clásicos (no tenía fiebre ni oxígeno bajo), tuvo que insistir. La prueba se realizó el día 23. El resultado llegó el día 27: la doctora había contraído el covid-19.

Lo vi en la computadora: positivo. Llamé a colegas pidiendo que me admitieran porque estaba muy cansada”.

Gustavo Faissol Janot

Arquivo pessoal/Gustavo Faissol Janot
Gustavo Faissol Janot, jefe del equipo que intubó y cuidó a Carmen durante su ingreso en la UCI del Hospital Albert Einstein.

Dilema

Carmen fue al hospital Albert Einstein, donde ha trabajado durante más de 30 años como intensivista. Inicialmente, su condición no era crítica, así que la enviaron a la enfermería. Pero como es común en pacientes con covid-19, su condición empeoró rápidamente.

“Fui hospitalizada el 27 de la noche. El 29 de la mañana, me llevaron a la UCI y me intubaron porque tenía una insuficiencia respiratoria grave”.

Ella había dedicado su carrera a los pacientes, la enseñanza y la ciencia. Ahora Carmen confió su propia vida a la técnica que había ayudado a desarrollar y a los médicos que había entrenado.

“Fui a la UCI. Todos mis colegas ya estaban allí, gente conocida“, recuerda Carmen.

“Cuando te sientes mal, quieres aliviarte. Estaba tan incómoda, tan sin aliento, que cuando me anestesiaron, me alivió”.

Antes de perder el conocimiento, cuenta, escuchó las palabras de la anestesióloga Roseny Rodrigues: “Puede estar segura de que la cuidaremos bien“.

Al frente del equipo que la intubaría y se encargaría de la ventilación mecánica de Carmen estaba un ex estudiante de doctorado de la médica, el intensivista y médico general de Río de Janeiro, Gustavo Faissol Janot. Ha trabajado con Carmen durante 16 años.

“Carmen siempre ha sido nuestra gran mentora. Verla enferma, necesitando intubación, fue uno de los momentos más difíciles, quizás el más difícil, de mi carrera“, le dice Janot a BBC Brasil.

La presión sobre él era tan grande que Janot decidió abandonar la sala.

“En ese momento, dada mi proximidad con ella, pedí no estar presente en la intubación”, dice.

“Cuando uno está emocionalmente involucrado con la persona, tiende a evitar realizar procedimientos invasivos porque puede cambiar la forma en que realiza el procedimiento y poner en riesgo al paciente”, explica.

Roseny Rodrigues se hizo cargo de la tarea. Después de la intubación, Janot regresó a la UCI.

Ahora, de acuerdo con los principios de ventilación pulmonar protectora, era necesario ajustar el respirador para ventilar suavemente el pulmón de la paciente, evitando daños en el órgano, y monitorear cuidadosamente su progreso, las 24 horas del día.

Janot recuerda que fue difícil dormir esa noche.

“A las 3 de la mañana, me desperté y salté de la cama. Había soñado con Carmen diciendo: ‘ve a revisar mis exámenes, no me dejes’. Así que fui a la computadora para revisar los exámenes en la madrugada”.

Carmen Barbas con su colega y profesor en la Universidad de Génova Paolo Pelosi durante una reunión internacional de médicos de cuidados intensivos en Río de Janeiro.

PAULO PELOSI
Carmen Barbas con su colega y profesor en la Universidad de Génova Paolo Pelosi durante una reunión internacional de médicos de cuidados intensivos en Río de Janeiro.

La noticia reverbera en el extranjero

Ese mismo domingo, en Génova, Italia, el colega y amigo de Carmen Paolo Pelosi recibió un mensaje en su teléfono celular.

“Todas las noches, hablaba con amigos de todo el mundo para averiguar cómo estaba evolucionando la pandemia”, dice Pelosi. “En Italia, tuvimos covid-19 unos 25 días antes que los otros países, y yo estaba apoyando a mis colegas”.

“Entonces, llegó un mensaje de un colega en Brasil. Era casi medianoche: Carmen fue hospitalizada y será intubada”, recuerda Pelosi.

“Cuando tratas a un paciente, es como si estuvieras protegido, no te afecta. Es un recurso psicológico, una actitud que te permite reaccionar ante esa situación”, explica. “Pero cuando le sucede a un amigo y colega, es como si te estuviera sucediendo a ti“.

Gustavo Janot trata de explicar la sensación de consternación que afectó a muchos médicos, entre ellos, el experimentado Paulo Saldiva, el ex maestro de Carmen, que había llorado en el programa de televisión:

“Primero, por el tipo de persona que es, con buen corazón, incansable en la enseñanza y la ayuda”, dice.

“Segundo, por lo que representa en ventilación mecánica. Tercero, porque ella es una de nosotros. Y nosotros, los médicos, en la línea del frente, estamos todos asustados”.

Con la experiencia adquirida en más de 30 años de práctica e investigación, Carmen Valente era muy valiosa para los equipos de médicos que luchaban en la primera línea contra el covid-19. Y nadie podía contar con ella ahora.

“¿Quién no querría poder preguntarle qué hacer en ese momento?”, dice Janot.

Síntomas de la covid-19

BBC

“Hoy tenemos una experiencia de meses. No solo nuestra, sino también de europeos, estadounidenses, canadienses. Hay un gran intercambio de información en la comunidad científica a este respecto”, explica.

Carmen Valente dejó la ventilación mecánica después de una semana, pero permaneció hospitalizada por otros 18 días. En ese período, llovieron mensajes de alivio.

Una mañana, recibió una visita de su colega y amigo Marcelo Amato, que había seguido de cerca su caso.

“Recuerdo que ya estaba sin tubos y apareció al amanecer y habló conmigo. Me habló de los colegas internacionales que habían enviado mensajes. Me contó que un médico que siempre nos ayudó, que trabaja y vive en Miami, lloró como un niño cuando se enteró de que el coronavirus me tenía entubada”.

De vuelta al trabajo

Carmen fue dada de alta del hospital el 20 de abril. A principios de junio, sin secuelas, pero aún sometida a fisioterapia, regresó al trabajo.

Ella dice que no sabe cómo contrajo a covid-19, pero no cree que fue durante la atención.

“(Creo que pillé el virus de) alguien infectado asintomático y que se acercó mucho, o dentro del ascensor en el hospital”, dice.

Por esto, todo cuidado es poco. Está tratando pacientes con coronavirus, y usa todo el equipo de protección personal.

“Ellos (los científicos) no están seguros de si la inmunidad que adquieres después de enfermarte es permanente y si te defiende si te expones a una carga muy alta (del virus)”.

Reducir contagio coronavirus

BBC

“A veces llego a lugares y la gente viene a besarme. Yo digo que no. ‘¡Pero si ya la tuviste!’ Pero hasta que estemos seguros de las cosas, mantendremos el aislamiento”.

Carmen bromea, diciendo que ella era “una especie de neurótica” después de su encuentro con el coronavirus.

“Creo que el gran problema con este virus es que no sabemos dónde está“, reflexiona.

“No sabemos dónde están las personas asintomáticas que son positivas. Están circulando. Tenemos que hacer pruebas, diagnosticar quién tiene el virus y aislar a esas personas durante 14 días hasta que se reduzca la transmisión”.

Enfrentando a covid-19 en Brasil

Invitada a dar una opinión sobre las políticas para combatir la pandemia en Brasil, Carmen hizo algunas recomendaciones.

Primero, necesitamos informar bien a la población.

“Los servicios de prensa y el gobierno tienen que ser muy transparentes. La gente ve que está ocurriendo un problema. No quieren ver la realidad de las cosas”, dice.

“Es muy importante ver la realidad de las cosas y ser transparente”.

“La población necesita comprender que tienen un virus altamente infeccioso, que el 5% evolucionará a la intubación. Solo el 5%”.

“Creo que eso tranquiliza a la población. Pero necesitan saber que la enfermedad es un hecho”.

Con la población haciendo su parte, queda por organizar mejor la atención y capacitar a los profesionales, comenzando con la detección de pacientes.

“El paciente con dolor corporal y fiebre no necesita ser hospitalizado, solo el 15% que tiene una afección respiratoria más grave debe ser hospitalizado”, explica.

El siguiente paso es formar los equipos que intubarán y ventilarán el 5% de este grupo que necesitará ir a la UCI.

Necesitamos personas que sepan intubar, que sean anestesistas”, sugiere.

“También necesitamos radiólogos para hacer una ecografía de tórax y una tomografía para detectar quién tiene enfermedad pulmonar”.

Finalmente, es necesario capacitar a los médicos de la UCI. “Necesitan saber que es grave y que hay algunas cosas que deben hacerse para prevenir una lesión pulmonar”, explica.

Carmen dice que tanto en el Hospital das Clínicas como en Albert Einstein, la mortalidad entre los intubados -la cifra es de junio- fue inferior al 20%.

“Puedes aprender si tienes entrenamiento. Necesitas tener esta buena voluntad para entrenar”, concluye.


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