Presidencia y Gobernación prevén gastar menos; Energía se queda con 72% más de recursos
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Presidencia y Gobernación prevén gastar menos; Energía se queda con 72% más de recursos

El secretario de Hacienda, Arturo Herrera, entregó en la Cámara de Diputados la propuesta del paquete económico 2020.
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8 de septiembre, 2019
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El secretario de Hacienda, Arturo Herrera, entregó este domingo a los diputados la propuesta de paquete económico de 2020, señalando que los tres rubros que tienen prioridad en la asignación de recursos son bienestar social, el área de seguridad y Pemex.

El documento de proyecto de presupuesto para 2020 prevé un crecimiento real anual del PIB en 2020 de entre 1.5% y 2.5%. “En particular, para las estimaciones de finanzas públicas se considera un crecimiento puntual de 2.0% real anual”, refirió Hacienda.

Entérate: Hacienda prevé un crecimiento de 2.0% y el dólar a 20 pesos para 2020

Más dinero para Bienestar

La Secretaría de Bienestar, indican los documentos de Hacienda, “proyecta un presupuesto para 2020 de 173.1 mil millones de pesos, monto superior en 22.5 mil millones de pesos respecto a lo autorizado en 2019″.

Dicha Secretaría tendrá un aumento de 11% en términos reales, respecto a lo aprobado en 2019.

El presupuesto previsto para el Programa Sembrando Vida en 2020 es de 25.1 mil millones de pesos, “cifra superior en 10.1 mil millones de pesos respecto a lo asignado en 2019”.

Respecto al Programa Pensión para el Bienestar de las Personas con Discapacidad Permanente que apoya a niños y niñas, se indica que “tendrá un presupuesto de 11.9 mil millones de pesos, cifra superior en 3.4 mil millones de pesos respecto a lo asignado en 2019”.

El monto total de recursos previstos para la Educación Superior, se agrega en otro punto, suma 131,454.9 millones de pesos, “mayor en 7.6% en términos reales respecto del aprobado en 2019”. 

Apoyos a Pemex

En cuanto a Petróleos Mexicanos, el secretario Herrera indicó que la propuesta es dar apoyos a la empresa por 86 mil millones de pesos, para enfrentar el problema de la caída en la producción petrolera.

De esa cifra, 46 mil millones de pesos son apoyos por capitalización, y los otros 40 mil millones de pesos es un monto que dejará de cobrarse en impuestos a la empresa.

Gasto en seguridad, con dinero para la Guardia

Respecto a la seguridad, la propuesta incluye un gasto de 494 millones de pesos para la construcción de instalaciones de la Guardia Nacional, a cargo de la Secretaría de la Defensa Nacional, y “675 millones de pesos para la transformación y modernización de la industria militar, en Puebla”.

La Fiscalía General de la República planteó un presupuesto de 18 mil 202 millones de pesos, un aumento de 14.5% en términos reales respecto a lo aprobado para 2019 (año en que se dio la transición de PGR a FGR).

Para la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana se prevé un presupuesto de 59 mil 150 millones de pesos; a la Sedena se proyecta otorgarle 3.1% menos, y a la Marina 1% más, respecto a este año.

Las secretarías que recibirían más y las más ‘castigadas’

En la propuesta de presupuesto para 2020, la secretaría que tendría el aumento más importante de recursos es Energía, de 72% en términos reales, respecto a lo aprobado para este año; le sigue Función Pública, con un aumento de 56.5%.

Por otro lado, a Turismo se prevé otorgarle 44.7% menos en términos reales, respecto a lo aprobado en 2019, a la Sedatu 43.7% menos, y a la Secretaría del Trabajo, encargada del Programa Jóvenes Construyendo el Futuro, 35.8% menos. La Secretaría de Agricultura tendría un reducción de 31.8%.

La Secretaría de Salud, en términos reales, tendría una reducción de 0.1%, respecto a lo aprobado para 2019.

Proyectos de infraestructura

La propuesta incluye un gasto de 5,372 millones de pesos para el aeropuerto de Santa Lucía,  2,500 millones de pesos para el Tren Maya, y 41.3 mil millones para la refinería de Dos Bocas, Tabasco.

Gasto del Congreso

Respecto a los Poderes Legislativo y Judicial y de los Entes Autónomos, la propuesta suma 123.3 mil millones de pesos, 6.1% más en términos reales que el aprobado para 2019.

“El Poder Legislativo propone ejercer para 2020 un presupuesto prácticamente equivalente al aprobado de 2019, pues resulta apenas superior en 0.5% en términos reales, y representa 11% del total”, informó Hacienda.

Cómo quedan las secretarías

Estos son los cambios porcentuales entre lo aprobado en 2019 y lo proyectado para 2020 en el gobierno federal:

La Oficina de la Presidencia tendrá 43% menos presupuesto. 

La Secretaría de Gobernación fue la que tuvo la mayor disminución con 90.8% debido a que dejó de tener a su cargo tareas de seguridad.

La Secretaría de Relaciones Exteriores tendrá 1.3% menos de presupuesto.

Hacienda y Crédito Público tendrá 9.5% menos.

La Secretaría de la Defensa Nacional tendrá 3.1% menos.

Agricultura y Desarrollo Rural tendrá una reducción de 31.8% de recursos.

Comunicaciones y Transportes sufrió un recorte de 21.2%, según la propuesta.

La Secretaría de Economía tendrá 33.3% menos para el próximo año.

Educación Pública es de las pocas con aumentos: 1.8% más para 2020.

La Secretaría de Marina tendrá 1.0% más recursos.

La Secretaría de Salud baja 0.1%.

Trabajo y Previsión Social obtendrá 35.8% menos.

Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano contará con 43.7% menos.

La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales recibirá 7.7% menos.

La Secretaría de Energía tendrá 72% más, con lo que es la dependencia con mayor aumento presupuestal.

La Secretaría de Bienestar obtendrá 11% más recursos.

Turismo verá reducido en 44.7% su presupuesto para 2020.

La Secretaría de la Función Pública tendrá 56.5% más recursos.

Cultura tendrá 0.1% más recursos.

El gasto total e ingresos proyectados

En su comunicado, la Secretaría de Hacienda detalló que para el próximo año se proyecta un gasto neto total de “6,096.3 mmp, lo que representa un incremento nominal de 4.4% (0.8% real) con respecto al aprobado en 2019.

“Los ingresos totales del sector público para el 2020 se estiman en 6,096.3 miles de millones de pesos (mmp) y se componen de 5,511.9 mmp de ingresos presupuestales y 584.4 mmp de ingresos provenientes de financiamiento”, detalló la Secretaría.

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'No volverá a poblarse jamás': los 5 años en los que CDMX desapareció

Una tragedia tan importante como desconocida marcó a una generación entera de habitantes de la capital de lo que hoy es México y llevó incluso a plantear el traslado de la ciudad.
15 de mayo, 2021
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Quien vive en Ciudad de México sabe que su ubicación no solo la hace especialmente susceptible de sufrir terremotos.

Su fundación sobre un lago hace que sea también tremendamente vulnerable ante inundaciones. Es por eso que, desde hace siete siglos, los habitantes de esta zona miran con cierto recelo al cielo cuando llueve con fuerza ante el temor de dramáticas consecuencias.

Este 13 de mayo, el gobierno mexicano conmemoró los 700 años de la fundación de Tenochtitlan, antigua capital mexica y actual Ciudad de México.

Y aunque hay grandes dudas sobre la veracidad de esta fecha —muchos historiadores creen que el aniversario se celebraría en 2025—, de lo que no hay duda es que la megaurbe se ha enfrentado a grandes inundaciones a lo largo de su historia.

Pero entre todas, destaca la registrada en 1629: un desastre que, aunque desconocido por muchos, fue sin duda una de las mayores tragedias de todos los tiempos para la ciudad.

La fuerza de la lluvia fue tal que la capital “desapareció” bajo las aguas durante nada menos que cinco años y se llegó a plantear su traslado a otro lugar. La ciudad tuvo que emerger, literalmente, y reconstruirse casi desde cero.

Aquella catástrofe que marcó a una generación entera es conocida como el diluvio o inundación de San Mateo.

Los problemas de vivir sobre un lago

Cuando los mexicas fundaron Tenochtitlan en el siglo XIV sabían el riesgo de ubicarla en medio del lago de Tezcuco. Por eso realizaron obras como diques y muros de piedra para controlar el nivel de las aguas que les rodeaban.

Mapa de Tenochtitlan

Getty Images
La ciudad de México-Tenochtitlan comenzó como una isla conectada por canales a los pueblos vecinos.

Cuando cayó ante los españoles dos siglos después, Hernán Cortés lideró la construcción sobre aquellas ruinas de una magnífica ciudad destinada a ser la capital del virreinato de Nueva España.

Entre lagos se levantaron palacios, iglesias, plazas y hospitales, pero no los sistemas de drenaje adecuados para aquel entorno.

A inicios del siglo XVII, Ciudad de México sufrió hasta cinco grandes inundaciones.

Las autoridades pensaron como solución en construir un gran desagüe que fuera drenando los lagos de la cuenca de México.

El proyecto le fue encomendado al ingeniero Enrico Martínez, que comenzó las obras del canal de Huehuetoca en 1607. Pero el desastre se veía cada vez más cerca.

“Enrico Martínez comprendió que la deforestación, el pastoreo sin discriminación y la expansión de los cultivos habían erosionado la capa de tierra. Año con año, las fuertes lluvias arrastraban más tierra a los lagos, elevando el nivel del agua”, escribió Richard Everett Boyer en su libro “La gran inundación”.

Monumento a Enrico Martínez

Marcos González
Una estatua junto a la catedral del Zócalo de Ciudad de México recuerda a Enrico Martínez. En su base, existen cuatro medidores que señalan los niveles de agua de otros tantos lagos.

Dos décadas después del inicio de su construcción, las constantes modificaciones y la falta de inversión hicieron que el canal aún no estuviera funcionando.

Una ciudad desierta

Cuando entre el 20 y 21 de septiembre de 1629 una gran tromba de agua azotó la capital, Martínez decidió bloquear la entrada del canal para evitar que el agua afectara a las reparaciones que se le estaban realizando.

Las consecuencias para los habitantes de la ciudad fueron dramáticas. La lluvia que cayó con furia durante 36 horas seguidas bajó imparable desde los montes hasta la ciudad, donde el nivel del agua superó los dos metros de altura.

El torrente arrasó con las frágiles casas de adobe de la población indígena que vivía en la periferia de Ciudad de México.

Mapa de la ciudad inundada

INAH
Este mapa representa la Ciudad de México anegada de agua tras la inundación de 1629.

Los muertos se contaban por miles, que flotaban entre animales y muebles llevados por la corriente que alcanzaba los pisos altos de las casas que habían quedado en pie.

Muchos de los habitantes de clases pudientes que sobrevivieron decidieron marcharse. Algunas fuentes apuntan a que de 20.000 familias que vivían antes de la inundación, quedaron solo 400.

“Aquella gran ciudad quedó casi abandonada, desierta. El panorama era desolador y las escenas que se veían eran apocalípticas”, le dice a BBC Mundo Enrique Ortiz García, escritor y cronista de Ciudad de México.

Una de ellas, destaca el divulgador cultural, es la procesión que se organizó sobre las aguas y en la que participaron unas 200 canoas encabezadas por la virgen de Guadalupe, a quienes los habitantes pedían que intercediera para que las aguas se disiparan.

O la llamada “isla de los perros”, un montículo en el desparejo suelo de la actual plaza del Zócalo a donde acudieron desesperados todos los perros callejeros de la ciudad para refugiarse y evitar ahogarse.

Este dibujo muestra una vista panorámica de Tenochtitlan y del llamado "Valle de México".

Getty Images
Este dibujo muestra una vista panorámica de Tenochtitlan y del valle de México sobre el lago.

Vivir inundados

Las aguas no bajaban, por lo que quienes se quedaron tuvieron que aprender a convivir con ellas.

Se colocaron puentes de madera en las azoteas y se recuperaron las canoas, como se usaban en la antigua Tenochtitlan, como única manera de desplazarse por la ciudad. A las casas solo se podía entrar por las ventanas del segundo piso.

Los sacerdotes celebraban misas en los techos de los conventos para tratar de confortar a los vecinos, que les escuchaban desde sus casas creyendo que estaban condenados, como aquella ciudad, a desaparecer.

Había carestía de alimentos y los saqueos eran continuos. La falta de higiene y el agua contaminada estancada en la ciudad inundada propagaron las enfermedades como la pólvora.

“Esta ciudad no volverá a poblarse jamás”, escribió fray Gonzalo de Córdoba, según destaca Héctor de Mauleón en su libro “La ciudad oculta”.

Dos años después de la inundación, e incapaces de descubrir un sistema para que las aguas desaparecieran, las autoridades discutieron sobre la posibilidad de trasladar la ciudad a otro lugar.

Rodrigo Pacheco y Osorio, marqués de Cerralvo y virrey de Nueva España, se planteó establecer la capital en Coyoacán o Tacuba.

Pero la idea fue finalmente desechada. La inversión para crear Ciudad de México había sido millonaria, por lo que reconstruir las obras y edificios afectados por el agua sería más barato que empezar una urbe desde cero.

Rodrigo Pacheco, virrey de Nueva España

Dominio público
Rodrigo Pacheco y Osorio, virrey de Nueva España, perdió a su hija dos años después de que la ciudad quedara inundada.

Una generación marcada

La ciudad siguió sufriendo lluvias torrenciales y permaneció bajo el agua nada menos que durante cinco años.

No fue hasta 1634 que una sequía disminuyó el nivel del agua. Muchos prefirieron pensar que fueron sus plegarias a la virgen de Guadalupe las que salvaron la capital.

Se estima que unas 30.000 personas murieron en total, ahogadas o por las enfermedades causadas por las inundaciones durante los años posteriores.

La catástrofe marcó, por lo tanto, a una generación entera de capitalinos. Los cimientos de todas las construcciones quedaron dañados y muchas acabaron colapsando tiempo después.

“En la Ciudad de México actual no quedan más de 10 construcciones anteriores a 1629. De tal grado fue la inundación, que prácticamente hubo que reconstruir con el tiempo toda la ciudad”, señala Ortiz García.

Cabeza de león en la calle Madero

Marcos González
En la concurrida calle Madero, en el centro histórico de Ciudad de México, una cabeza de león de piedra marca el nivel al que llegaron las aguas de las inundaciones de 1629.

Aquella decisión de mantener Ciudad de México en su emplazamiento original marca innegablemente el destino de quienes viven en ella siglos después. “Es un deporte extremo vivir en esta ciudad porque te cuidas de las inundaciones, de los temblores por ser zona sísmica…”, afirma el escritor.

Sin embargo, y pese a ser una de las tragedias más importantes en la historia de la capital con efectos y consecuencias hasta el día de hoy, la tragedia de la inundación de San Mateo no es ampliamente conocida.

Según Ortiz García, “el periodo virreinal en México es en general poco estudiado porque todavía, de algún modo, ‘cala’ en el ánimo de los mexicanos. Los gobiernos posrevolucionarios enaltecieron las culturas originarias y todo lo que marca el origen del México independiente”.

“Algunos incluso inculcaron un menosprecio hacia la ocupación española porque lo veían desde un contexto actual. Eso es entender la historia de mala forma, porque son hechos del pasado que también forman parte de nuestra existencia”, remata.


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