Sin sentencia, Reyes Alpízar vio pasar 17 años de su vida en la cárcel
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Carlo Echegoyen

Sin sentencia, Reyes Alpízar vio pasar 17 años de su vida en la cárcel

Reyes Alpízar fue detenido en octubre de 2002, acusado por el homicidio de la regidora de Atizapán, María de los Ángeles Tames; estuvo preso 17 años, aunque nunca recibió sentencia.
Carlo Echegoyen
5 de septiembre, 2019
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Después de abandonar la prisión tras 17 años, Reyes Alpízar Ortiz pensó que finalmente había recuperado su libertad. Salió de casa, pero apenas unos pasos adelante sonó la sirena del brazalete que porta en la pierna izquierda, el que todavía le recuerda que, aunque seguirá el proceso fuera de la cárcel, aún no ha recibido sentencia. 

El ruido de la sirena alertó a los vecinos y él, avergonzado, se encerró en casa. “Se activa como una alarma de patrulla, todos los vecinos la escuchan y toda la familia. Salí a la tienda por unos refrescos y luego luego se activó”, contó desde casa a pocos días de haber dejado el encierro.

Alpízar Ortiz está acusado de haber sido cómplice en el homicidio de María de los Angeles Tames Pérez, cometido el 5 de septiembre de 2001. La víctima era regidora del municipio de Atizapán, en el Estado de México. 

El crimen fue bautizado en la prensa como el “Caso Atizapán” y tuvo una intensa cobertura mediática. Fue, además, un crimen que llevó a Alpízar y al exfuncionario Daniel García a pasar 16 años con ocho meses en prisión preventiva, es decir, encarcelados sin que se comprobara su culpabilidad.

Por el delito, también fue encarcelado el entonces alcalde de Atizapán, Juan Antonio Domínguez Zambrano, pero él fue liberado al poco tiempo.

El 23 de agosto pasado, Reyes Alpízar y Daniel García quedaron libres porque un juez modificó la medida cautelar de prisión preventiva a libertad condicional. Ambos salieron a la calle con un grillete que limita sus movimientos y los condiciona a volver a prisión en cualquier momento, si traspasan los límites que tienen impuestos. 

Volvieron a ver la vida fuera del penal tras 17 años, en los que su caso simplemente no se juzgó y tampoco avanzó. 

Reyes Alpizar y Daniel Reyes, tras 17 años de prisión sin sentencia.

A la izquierda, Reyes Alpízar, junto a Daniel García, ambos estuvieron presos por 17 años sin recibir sentencia.

La detención y la tortura 

Reyes Alpízar estaba “muy contento” en la parada de autobús el 25 de octubre de 2002 llegó un auto gris con cuatro policías que lo subieron a la parte de atrás y le dijeron que estaba acusado de participar en el homicidio de María de los Ángeles Tames. 

Tras el paso de los años y de muchos acontecimientos, él y su entorno creen que en el momento en que se lo llevaron, en un coche sin rótulos, ya estaba “sentenciado”. Reyes cuenta que no fue necesaria la decisión de un juez para pasar tantos años preso, en espera de un veredicto y sentencia. 

“Ahorita la vas a vivir”, le habría amenazado uno de los policías mientras él iba esposado y otro policía hacía una llamada anunciando la captura. “¿Sabes a quién te traigo?, a Reyes Alpízar Ortiz”. 

Lo llevaron a las instalaciones de la Procuraduría General de Justicia del Estado de México en Tlalnepantla. Lo que él recuerda es el color de las camisas, cuántos policías estaban esperándolo, el logotipo en los uniformes, los pantalones que iban metidos en las botas y a un personaje elegante que bajó de un auto. 

El Ministerio Público tenía en sus manos la declaración de tres testigos que habrían escuchado una conversación callejera en la que Alpízar contaba cómo fue el asesinato de la funcionaria de Atizapán. El personaje elegante de la Procuraduría que recuerda Reyes, le dijo que estaba detenido para confirmar esa versión y declarar que Daniel García le había pagado 300 mil pesos a él y a su amigo Jaime, para cometer el crimen.

Esas palabras le recordaron a Reyes Alpízar lo que ocurrió en 1997, cuando se le acusó de encubrir el asesinato de un militar cometido a manos de su amigo Jaime Martínez Franco; delito por el que fue absuelto en agosto de 2002.  

Pero esta vez, además de la acusación, se enfrentaba al personal del Ministerio Público que se presentó con lo que él llama “el equipo” para extraer la declaración que necesitaban: una caja con vendas, agua, un atomizador y otros artículos. 

“Fue sujeto a múltiples formas de tortura: golpes, descargas eléctricas, asfixia, quemaduras, inyecciones, entre otras, para obligarlo a firmar documentos sin conocer su contenido”, dice un informe del Grupo de Trabajo sobre la Detención Arbitraria de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos (ACNUDH), del 16 de octubre de 2017.

El día de la detención después de ser maltratado lo limpiaron y lo subieron del sótano a las oficinas ministeriales. Él dice que le pusieron vaselina en la cara para ocultar los golpes y sus hijas, que se enteraron por la televisión de que su papá estaba preso, fueron a verlo y lo notaron “muy golpeado”.

“Estábamos viendo la televisión, y mi hermana mayor lo vio en las noticias. Gritó, “¡mi papá!”. Fuimos a la Procuraduría, lo vimos, nos volteó a ver y estaba muy golpeado e hinchado pero se veía maquillado”, narró Kaery Alpízar, quien iba con frecuencia a la cárcel durante los años de prisión preventiva de su padre.

Reyes Alpízar cuenta que unas psicólogas le pidieron un relato de su vida desde niño, en búsqueda de detalles que lo perfilaran como alguien propenso a delinquir pero, según su testimonio, no hallaron nada sustancial. 

Él no tuvo una niñez trágica, por el contrario, cuando recuerda esa etapa de su vida su relato se llena de detalles positivos. Viajes, trabajo en el campo, convivencia con sus ocho hermanos, techo de cemento, piso también de cemento. Su padre vendía materiales de construcción y su madre tenía un restaurante. 

Esos detalles sobre su vida los enfatizaba igual que cuando se trataba de mantener su inocencia frente a un policía que lo golpeaba, aún cuando posiblemente le hubiera convenido declararse culpable y, como en el caso del militar asesinado, salir libre en poco tiempo, pues sí estaba claro que él no fue el asesino material. 

El sueño del caballo

En 1980 la familia Alpízar se mudó a Atizapán. Compraron un predio y construyeron una casa en la calle Cóporo, a la orilla de un río. Esa casa ahora está habitada por un policía judicial de manera ilegal, según la defensa de Alpízar. 

Le insistieron que contara cómo conoció a su amigo Jaime. Reyes contestó que en la secundaria, y agregó un dato que le sirvió a su defensa para pelear por su inocencia y la de Daniel García: cuando ocurrió el crimen de la regidora, Jaime Martínez Franco estaba preso en Tula, Hidalgo, usando el nombre falso de Elías Gutiérrez Figueroa. 

Es un dato que Reyes repitió cuantas veces pudo el día de su detención pero, según el desarrollo de los hechos, nunca fue tomado en cuenta. ¿Cómo podía ser cómplice y encubrir el homicidio de la regidora, que supuestamente cometió Jaime, si él estaba preso? A nadie le importó. 

Daniel García, preso sin sentencia por 17 años en el Estado de México.

Daniel García, preso sin sentencia por 17 años en el Estado de México.

Reyes Álpizar recuerda a un funcionario apodado El Oso que le habría dicho: “lo único que quiero que digas es que Juan Antonio Domínguez Zambrano y Daniel García Rodríguez te mandaron a ti y al Jaime a matar a la regidora. Ayúdame que yo te voy a ayudar”.

Y después le dijo una frase con la que le dio a entender que si confesaba no pasaría tanto tiempo preso: “Te puedo mandar blandito”. 

De acuerdo con el testimonio de Reyes, no aceptó el trato y fue torturado a tal grado que la doctora de la Procuraduría no pudo atenderlo, y lo canalizó a una institución médica. El informe de la ACNUDH también lo destaca. 

“Tuvo que ser solicitada una ambulancia de la Cruz Roja para trasladarlo al hospital especializado en traumatología a fin de atenderlo de sus heridas; el Ministerio Público hizo constar que solo fue llevado para medirle la presión sanguínea”, dice el documento. 

Reyes cuenta que mientras estuvo en el hospital “alucinó” que corría con un “caballo bueno” que lo impulsaba hacia un punto negro en medio de un túnel, de suaves tonos amarillos. No había suelo ni otras cosas que conociera, “sólo había felicidad”. 

“Monstruos”y navajazos

Es así como comenzó el prolongado y polémico encierro de un hombre que después de 30 días de arraigo y constantes torturas y dos intentos de suicidio, fue enviado a prisión. 

El proceso para llegar a la cárcel fue tan largo para Reyes, que le sucedió algo extraño: “Me sentí en libertad cuando entré a la cárcel, ya sabía que no iba a tener la presión de ellos ni mucho menos los golpes y las torturas”.

Entró a la cárcel de Barrientos con dos pasajes bíblicos memorizados. Meses después fue trasladado a El Bordo, una prisión ubicada en Ciudad Nezahualcóyotl. 

Los recuerdos que tiene de la prisión solo puede narrarlos usando la jerga carcelaria y citando pasajes de la Biblia. 

Cuando hacía la “talacha” —limpieza—, como novato, hacía “chicharrones” —limpiar el piso con una toalla enrollada mientras recibía varios castigos violentos— o “monstruos” —lo mismo pero con una cobija—. La decisión del castigo era de “el talachero”. 

También le tocó lidiarse a navajazos. Era un espectáculo carcelario. Fue lo peor para él, pero sobrevivió. 

“La banda te taponea las cuchilladas, te mete a una celda, con un trapo quemado te taponan. Llega la banda que sabe y te cosen”.

También recuerda que rezaba, “Altísimo señor soberano, muéstrales tu rostro, que el pie del justo no caiga al resbaladero, que caigan en la trampa que han tendido para mí mis adversarios”.

Un año después de la detención, en 2003, los abogados corroboraron los dichos de Reyes sobre una evidencia clave, pues encontraron a Jaime Martínez Franco preso por cometer un robo. “El Jimmy” confirmó que luego de matar al militar en 1997 huyó de Atizapán y se cambió de identidad, tomando el nombre de Elías Gutiérrez, un amigo suyo que falleció en el terremoto de 1985. Es decir, estaba preso cuando ocurrió el homicidio de la regidora.

Daniel García, el otro detenido, fue quien se encargó de que esa versión fuera corroborada. 

“Verificamos esa información, los abogados fueron al penal, hablaron con Jaime y ratificaron lo platicado por Reyes. El día 23 de abril de 2003, Jaime Martínez envío una carta al juez diciendo que estaba preso, envió la causa penal con su huella. Presentamos esa prueba”, contó García a Animal Político

“Nunca nos permitieron establecer la identidad de Jaime Martínez Franco. Nunca se sentó ante un juez, nadie le tomó declaración. Sólo dijeron que no podían desahogar esa diligencia porque Jaime Martínez Franco estaba bajo el Alias de Elías Gutiérrez Figueroa y estaba preso por robo a una agencia de paquetería”, agregó.

La cárcel y la familia 

La familia de Reyes también ‘descansó’ cuando él entró a la cárcel. Durante el mes de arraigo, de acuerdo con el testimonio de Kaery Reyes, policías ministeriales no pararon de rondar su casa y de llevarse a su mamá frecuentemente para tomarle declaraciones. 

En ese momento Kaery tenía 13 años y habría de esperar cinco para poder ir a ver su papá ella sola. Lo encontró “muy cambiado por la vida de la cárcel”. Había estado conviviendo con “las víboras” y “la banda”, que eran presos sentenciados por delitos graves. 

Reyes le contó de los heridos por riñas, de los motines, de los asesinatos, pero también de que aprendió a dar de comer a las víboras con ”alimento sólido y espiritual, al tiempo que lo merecían”, y les compartía “las verdades bíblicas” a los presos “que nunca van a volver a ver la calle”.  

Así pasaron los años, con idas cada dos semanas, sentadillas sin ropa en puntos de revisión, comida recién cocinada destruida por los celadores, pasteles de cumpleaños cada seis de enero, pagos en las revisiones y más pagos por utilizar mesas limpias. Pagos por todo a cada paso dentro de la cárcel. 

En los últimos tiempos “ya estaba muy triste” y, pese a haber conservado un notable estado físico, las huellas de la violencia en su cabeza, rostro y cuerpo eran muy notorias. 

Todos esos años Reyes Alpízar siguió creando artesanías de varios materiales, pero sobre todo, pintó muchos cuadros con la esperanza —dijo— de lograr capturar ese color amarillo que soñó después de ser torturado.

Reyes Alpízar, preso sin sentencia por 17 años.

Reyes Alpízar muestra algunas de las artesanías que aprendió a elaborar durante su tiempo en prisión.

Cuando salió de la cárcel sintió “miedo” porque “no lo creía”. Después, en el camino a casa, se bajó dos veces del transporte público porque se mareó con el movimiento. 

Después de 17 años en la cárcel Reyes regresó a casa. Cuando duerme sigue escuchando una especie de vibración, un ruido sutil que le llegaba en la cárcel cuando sentía el peligro acercarse. Lo llama “el refrigerador”. 

Estuvo preso como si estuviera cumpliendo una condena pero, en realidad, nunca le dictaron sentencia y todavía espera que la libertad que perdió sea completa.

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‘Amnesia inmunológica’ causada por sarampión puede afectar protección contra coronavirus

Hace unos años se descubrió que el sarampión puede debilitar el sistema inmunológico, pero la evidencia más reciente sugiere que el problema es más grave de lo que se pensaba y que el virus "borra" la memoria del sistema inmune.
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21 de diciembre, 2021
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En la noche del 15 de noviembre de 2019, la pequeña isla de Upolu, en Samoa, en el océano Pacífico, entre Hawái y Nueva Zelanda, declaró el estado de emergencia.

Tres meses antes, un habitante local había desarrollado una erupción con manchas de color marrón rojizo después de volar desde Nueva Zelanda, donde había una epidemia de sarampión.

Para el 2 de octubre había otros siete casos de sarampión y, poco más de un mes después, el brote se había disparado, con 716 personas infectadas, de una población total de alrededor de 197.000.

Pero con el nuevo estado de emergencia, el país intensificó radicalmente sus esfuerzos para detener la propagación. Se impuso una cuarentena y los médicos fueron casa por casa administrando vacunas obligatorias a quienes no estaban inoculados contra el virus.

Finalmente, las infecciones disminuyeron y el estado de emergencia terminó el 28 de diciembre de 2019. En total, se infectaron 5.667 personas, incluido el 8% de la población menor de 15 años.

De ellos, 81 murieron, incluidos tres niños de una misma familia.

Sin embargo, aunque la epidemia había terminado, el virus no necesariamente se había llevado a su última víctima.

Porque el otro peligro del sarampión es lo que los científicos llaman “amnesia inmune”: un fenómeno misterioso que ha estado con nosotros durante milenios, aunque solo se descubrió en 2012.

Tras la infección con el virus del sarampión, el sistema inmunológico olvida abruptamente todos los patógenos que ha encontrado antes: cada resfriado, cada brote de gripe, cada exposición a bacterias o virus en el medio ambiente, cada vacunación.

La pérdida es casi total y permanente.

Una vez que la infección ha terminado, la evidencia actual sugiere que el cuerpo tiene que volver a aprender qué es bueno y qué es malo casi desde cero.

Representación 3D del virus del sarampión

Reuters
Tras infectarse con el virus del sarampión, el sistema inmunológico borra los recuerdos de otras enfermedades.

“En cierto modo, la infección del virus del sarampión básicamente resetea el sistema inmunológico, llevándolo nuevamente al modo default“, dice Mansour Haeryfar, profesor de inmunología en la Western University, en Canadá.

“Es como si nunca hubiera encontrado microbios en el pasado“.

¿Cómo ocurre esto? ¿Cuánto dura el efecto? ¿Y podría estar impulsando otras epidemias?

Un contagio maestro

El sarampión es un virus respiratorio antiguo, transmitido a través de aerosoles y gotitas, que, se cree, saltó del ganado a los humanos hace unos 2.500 años, posiblemente aprovechando las abarrotadas ciudades que estaban surgiendo en todo el mundo.

Durante milenios, el sarampión tuvo rienda suelta para plagar a los niños del mundo, especialmente en los primeros años de vida, infectando a casi todo el mundo antes de cumplir los 15 años.

Cuando los colonos europeos cruzaron el Atlántico por primera vez, se cree que el virus fue una de sus nuevas importaciones, junto con otras como la viruela y la fiebre tifoidea, que acabaron con el 90% de la población indígena de las América Latina y el Caribe en un siglo.

Los científicos han sabido durante décadas que, incluso después de recuperarse, los niños que han sido infectados con sarampión tienen muchas más probabilidades de enfermarse y morir por otras causas.

De hecho, un estudio de 1995 encontró que la vacunación contra el virus (que se introdujo en la década de 1960) reduce la probabilidad general de muerte entre un 30% y un 86% en los años posteriores.

Sin embargo, no estaba claro exactamente por qué el sarampión era un impulsor tan potente de enfermedades infantiles.

Luego, en 2002, un grupo de científicos japoneses descubrió que el receptor al que se une el virus del sarampión para ingresar al cuerpo no está en los pulmones, como cabría esperar de un virus respiratorio.

Está en células del sistema inmunológico.

Niños en un colegio en Reino Unidos en 1968

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Tras la introducción de la vacuna contra el sarampión a finales de la década de 1960, la enfermedad prácticamente había desaparecido.

“Realmente fue una gran sorpresa si lo comparas con lo que sabíamos hasta ese momento sobre cómo actúa el sarampión”, dice Rik de Swart, profesor asociado de Virosciencia en el Centro Médico de la Universidad Erasmus en Países Bajos.

Una década más tarde, un equipo internacional de investigadores, incluido Swart, decidió analizarlo más de cerca.

Marcaron el sarampión con una proteína verde fluorescente, infectaron monos macacos con el virus y rastrearon dónde terminaban las partículas virales verdes.

“ infecta muchas células de forma sistémica”, dice Swart. “Entonces, este virus causa una viremia, lo que significa que luego hay virus en la sangre; más concretamente, los glóbulos blancos se infectan y llevan el virus a todos los tejidos linfoides, que son los ganglios linfáticos, el bazo, el timo ”, dice.

Esto confirmó que el sarampión es una infección del sistema inmunológico, explica.

Una paradoja desconcertante

Un brote de sarampión en Países Bajos en 2013 brindó la oportunidad de comprobar esta teoría.

Comenzó entre una comunidad protestante ortodoxa, que se negó a vacunarse por motivos religiosos y, finalmente, infectó a 2.600 personas.

Años más tarde, los científicos investigaron muestras de sangre tomadas de pacientes y confirmaron que el sarampión había infectado un tipo específico de células inmunitarias conocidas como células T de memoria.

El equipo descubrió que el receptor del sarampión se une a estas células, cuya función es permanecer en el cuerpo durante décadas después de una infección, buscando en silencio a los patógenos específicos que fueron entrenados para rastrear.

Es decir que el sarampión infecta a las únicas células que pueden recordar los patógenos que el cuerpo ha encontrado antes.

Pero, paradójicamente, el único recuerdo inmune que no se borra es el de sarampión mismo.

Un niño con la cara llena de ronchas por una infección de sarampión

Science Photo Library
La infección de sarampión genera inmunidad de por vida contra ese virus, pero borra la inmunidad contra otros patógenos.

Por ello, las infecciones por sarampión generan una potente respuesta inmunitaria contra el virus, lo que lleva a una inmunidad de por vida en la gran mayoría de las personas.

Y, aunque nadie sabe todavía por qué, esto puede ser lo que causa la amnesia inmune en primer lugar.

La teoría es que las células inmunes específicas para el sarampión, que viajan por el cuerpo en busca de células de memoria infectadas, matan sistemáticamente a las células que pueden identificar otros virus.

Así, este virus nos lleva a destruir nuestra propia memoria inmunológica.

Eventualmente, el sarampión termina reemplazando todas sus células de memoria inmunológica normales por otras que pueden identificarlo, y a nada más.

Esto significa que solo eres inmune al sarampión, mientras que todos los demás patógenos quedan en el olvido.

Esta estrategia resulta sorprendente, especialmente desde la perspectiva del virus, ya que no podrá colarse en el cuerpo nuevamente sin ser reconocido.

(Desafortunadamente, no hay evidencia de que este restablecimiento inmunológico pueda ser beneficioso para aquellos que tienen un sistema inmunológico defectuoso, como las personas con trastornos autoinmunes.

Y, aunque lo fuera, Swart señala que los tratamientos basados en el sarampión solo funcionarían en aquellos que nunca contrajeron o fueron vacunados contra ese virus antes.)

“Otro virus que utiliza una estrategia similar es el VIH“, dice Swart. “Infecta las células del sistema inmunológico y, como consecuencia, lo descompone y lo hace menos competente. Pero la gran diferencia es que el VIH lo hace lenta pero persistentemente, de forma crónica, de modo que la descomposición continúa durante períodos de tiempo realmente largos”.

Paciente con VIH/sida en la República Democrática del Congo

Getty Images
El VIH, que causa el sida, también destruye el sistema inmunológico, pero de forma mucho más lenta y crónica.

De hecho, aunque el VIH daña el sistema inmunológico, la amnesia generada por el sarampión es única entre las infecciones humanas.

En otros animales, los virus como el moquillo canino en los perros y el morbilivirus de los delfines (DMV) en los delfines también inhiben el sistema inmunológico y podrían tener un mecanismo similar, dice Swart.

Tres años

Desde el descubrimiento de la amnesia inmune, las piezas han comenzado a encajar.

Una vez que el sistema inmunológico ha perdido sus células de memoria, tiene que volver a aprender minuciosamente todo lo que alguna vez supo.

Un estudio de población realizado en 2015 sugiere que este proceso de recuperación puede llevar hasta tres años, lo que, curiosamente, es el tiempo que tardan los bebés en adquirir inmunidad a los patógenos cotidianos en primer lugar.

“Los niños desarrollan muchos resfríos y enfermedades gastrointestinales y necesitan bastante tiempo para desarrollar su sistema inmunológico”, dice Swart. “Así que esto está en el mismo orden de magnitud en términos de duración”.

Mientras se recupera su sistema inmune, los niños corren el riesgo de infectarse con una amplia gama de patógenos que sus cuerpos alguna vez hubieran podido reconocer.

“Probablemente todas esas infecciones deban experimentarse nuevamente, para reparar realmente todo el daño”, dice Swart. “Y cada infección tiene otro riesgo de desarrollar una enfermedad”.

No es sorprendente, entonces, que el sarampión no solo aumente el riesgo de enfermedad, sino también de muerte.

De hecho, la mortalidad infantil por otros virus está estrechamente relacionada con la incidencia del sarampión.

El estudio de 2015 mostró que cuando aumenta la mortalidad infantil en Reino Unido, Estados Unidos o Dinamarca, esto generalmente se debe a que el sarampión se ha vuelto más prevalente.

Los hallazgos explican por qué vacunar a los niños contra el sarampión tiene el efecto secundario inesperado y beneficioso de reducir las muertes entre los niños, mucho más allá de las cifras de mortalidad relacionadas con el virus mismo.

Una niña es vacunada contra el sarampión en Samoa en 2019

Unicef
La vacunación contra el sarampión (aquí una imagen de la campaña que se realizó en Samoa en 2019) no solo protege contra esa enfermedad.

Todo esto significa que el sarampión puede tener un impacto profundo en la salud de una población, incluso años después de la desaparición de un brote.

La relación con el covid

Poco después de que las autoridades en Samoa lograron controlar la epidemia de sarampión llegó otro virus: el 27 de noviembre de 2020, el país registró su primer caso de covid-19.

Afortunadamente las islas lograron evitar que la pandemia es esparciera, gracias a un programa integral de vacunación y una nueva cuarentena.

Sin embargo, modelos matemáticos sugieren que, si se hubiera propagado, la población habría tenido un riesgo significativamente mayor como resultado del brote de sarampión.

Según estos cálculos, la amnesia inmune podría haber aumentado el número total de casos en un 8% y las muertes en más de un 2%.

En tanto, otra proyección encontró que los brotes de sarampión que ocurren después de recibir la vacuna contra el covid-19 podrían eliminar la inmunidad colectiva al coronavirus y provocar un resurgimiento de casos.

“Quizás contrajiste sarampión y pensaste, está bien, es irrelevante con respecto a mi protección contra covid-19”, dice Miguel Muñoz, profesor de estadística en la Universidad de Granada que dirigió el estudio.

“Pero si te contagias de sarampión, tu protección desaparecerá. Ya no estarás seguro”.

Todo esto hace que el sarampión sea decididamente menos atractivo de lo que ya era.

También plantea una pregunta importante: ¿las personas que han sido infectadas con el virus deben volver a vacunarse contra el covid?

Según Swart, actualmente esta no es una práctica estándar, aunque no sería una mala idea.

Mientras tanto, una cosa simple pero poderosa que las personas pueden hacer para proteger sus preciados recuerdos inmunes, recopilados minuciosamente durante décadas, es vacunarse contra el sarampión.

Si tomas en cuenta la inmunidad que se adquiere de forma natural, en realidad obtienes cientos de vacunas por el precio de una.


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