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Carlo Echegoyen

Sin sentencia, Reyes Alpízar vio pasar 17 años de su vida en la cárcel

Reyes Alpízar fue detenido en octubre de 2002, acusado por el homicidio de la regidora de Atizapán, María de los Ángeles Tames; estuvo preso 17 años, aunque nunca recibió sentencia.
Carlo Echegoyen
5 de septiembre, 2019
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Después de abandonar la prisión tras 17 años, Reyes Alpízar Ortiz pensó que finalmente había recuperado su libertad. Salió de casa, pero apenas unos pasos adelante sonó la sirena del brazalete que porta en la pierna izquierda, el que todavía le recuerda que, aunque seguirá el proceso fuera de la cárcel, aún no ha recibido sentencia. 

El ruido de la sirena alertó a los vecinos y él, avergonzado, se encerró en casa. “Se activa como una alarma de patrulla, todos los vecinos la escuchan y toda la familia. Salí a la tienda por unos refrescos y luego luego se activó”, contó desde casa a pocos días de haber dejado el encierro.

Alpízar Ortiz está acusado de haber sido cómplice en el homicidio de María de los Angeles Tames Pérez, cometido el 5 de septiembre de 2001. La víctima era regidora del municipio de Atizapán, en el Estado de México. 

El crimen fue bautizado en la prensa como el “Caso Atizapán” y tuvo una intensa cobertura mediática. Fue, además, un crimen que llevó a Alpízar y al exfuncionario Daniel García a pasar 16 años con ocho meses en prisión preventiva, es decir, encarcelados sin que se comprobara su culpabilidad.

Por el delito, también fue encarcelado el entonces alcalde de Atizapán, Juan Antonio Domínguez Zambrano, pero él fue liberado al poco tiempo.

El 23 de agosto pasado, Reyes Alpízar y Daniel García quedaron libres porque un juez modificó la medida cautelar de prisión preventiva a libertad condicional. Ambos salieron a la calle con un grillete que limita sus movimientos y los condiciona a volver a prisión en cualquier momento, si traspasan los límites que tienen impuestos. 

Volvieron a ver la vida fuera del penal tras 17 años, en los que su caso simplemente no se juzgó y tampoco avanzó. 

Reyes Alpizar y Daniel Reyes, tras 17 años de prisión sin sentencia.

A la izquierda, Reyes Alpízar, junto a Daniel García, ambos estuvieron presos por 17 años sin recibir sentencia.

La detención y la tortura 

Reyes Alpízar estaba “muy contento” en la parada de autobús el 25 de octubre de 2002 llegó un auto gris con cuatro policías que lo subieron a la parte de atrás y le dijeron que estaba acusado de participar en el homicidio de María de los Ángeles Tames. 

Tras el paso de los años y de muchos acontecimientos, él y su entorno creen que en el momento en que se lo llevaron, en un coche sin rótulos, ya estaba “sentenciado”. Reyes cuenta que no fue necesaria la decisión de un juez para pasar tantos años preso, en espera de un veredicto y sentencia. 

“Ahorita la vas a vivir”, le habría amenazado uno de los policías mientras él iba esposado y otro policía hacía una llamada anunciando la captura. “¿Sabes a quién te traigo?, a Reyes Alpízar Ortiz”. 

Lo llevaron a las instalaciones de la Procuraduría General de Justicia del Estado de México en Tlalnepantla. Lo que él recuerda es el color de las camisas, cuántos policías estaban esperándolo, el logotipo en los uniformes, los pantalones que iban metidos en las botas y a un personaje elegante que bajó de un auto. 

El Ministerio Público tenía en sus manos la declaración de tres testigos que habrían escuchado una conversación callejera en la que Alpízar contaba cómo fue el asesinato de la funcionaria de Atizapán. El personaje elegante de la Procuraduría que recuerda Reyes, le dijo que estaba detenido para confirmar esa versión y declarar que Daniel García le había pagado 300 mil pesos a él y a su amigo Jaime, para cometer el crimen.

Esas palabras le recordaron a Reyes Alpízar lo que ocurrió en 1997, cuando se le acusó de encubrir el asesinato de un militar cometido a manos de su amigo Jaime Martínez Franco; delito por el que fue absuelto en agosto de 2002.  

Pero esta vez, además de la acusación, se enfrentaba al personal del Ministerio Público que se presentó con lo que él llama “el equipo” para extraer la declaración que necesitaban: una caja con vendas, agua, un atomizador y otros artículos. 

“Fue sujeto a múltiples formas de tortura: golpes, descargas eléctricas, asfixia, quemaduras, inyecciones, entre otras, para obligarlo a firmar documentos sin conocer su contenido”, dice un informe del Grupo de Trabajo sobre la Detención Arbitraria de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos (ACNUDH), del 16 de octubre de 2017.

El día de la detención después de ser maltratado lo limpiaron y lo subieron del sótano a las oficinas ministeriales. Él dice que le pusieron vaselina en la cara para ocultar los golpes y sus hijas, que se enteraron por la televisión de que su papá estaba preso, fueron a verlo y lo notaron “muy golpeado”.

“Estábamos viendo la televisión, y mi hermana mayor lo vio en las noticias. Gritó, “¡mi papá!”. Fuimos a la Procuraduría, lo vimos, nos volteó a ver y estaba muy golpeado e hinchado pero se veía maquillado”, narró Kaery Alpízar, quien iba con frecuencia a la cárcel durante los años de prisión preventiva de su padre.

Reyes Alpízar cuenta que unas psicólogas le pidieron un relato de su vida desde niño, en búsqueda de detalles que lo perfilaran como alguien propenso a delinquir pero, según su testimonio, no hallaron nada sustancial. 

Él no tuvo una niñez trágica, por el contrario, cuando recuerda esa etapa de su vida su relato se llena de detalles positivos. Viajes, trabajo en el campo, convivencia con sus ocho hermanos, techo de cemento, piso también de cemento. Su padre vendía materiales de construcción y su madre tenía un restaurante. 

Esos detalles sobre su vida los enfatizaba igual que cuando se trataba de mantener su inocencia frente a un policía que lo golpeaba, aún cuando posiblemente le hubiera convenido declararse culpable y, como en el caso del militar asesinado, salir libre en poco tiempo, pues sí estaba claro que él no fue el asesino material. 

El sueño del caballo

En 1980 la familia Alpízar se mudó a Atizapán. Compraron un predio y construyeron una casa en la calle Cóporo, a la orilla de un río. Esa casa ahora está habitada por un policía judicial de manera ilegal, según la defensa de Alpízar. 

Le insistieron que contara cómo conoció a su amigo Jaime. Reyes contestó que en la secundaria, y agregó un dato que le sirvió a su defensa para pelear por su inocencia y la de Daniel García: cuando ocurrió el crimen de la regidora, Jaime Martínez Franco estaba preso en Tula, Hidalgo, usando el nombre falso de Elías Gutiérrez Figueroa. 

Es un dato que Reyes repitió cuantas veces pudo el día de su detención pero, según el desarrollo de los hechos, nunca fue tomado en cuenta. ¿Cómo podía ser cómplice y encubrir el homicidio de la regidora, que supuestamente cometió Jaime, si él estaba preso? A nadie le importó. 

Daniel García, preso sin sentencia por 17 años en el Estado de México.

Daniel García, preso sin sentencia por 17 años en el Estado de México.

Reyes Álpizar recuerda a un funcionario apodado El Oso que le habría dicho: “lo único que quiero que digas es que Juan Antonio Domínguez Zambrano y Daniel García Rodríguez te mandaron a ti y al Jaime a matar a la regidora. Ayúdame que yo te voy a ayudar”.

Y después le dijo una frase con la que le dio a entender que si confesaba no pasaría tanto tiempo preso: “Te puedo mandar blandito”. 

De acuerdo con el testimonio de Reyes, no aceptó el trato y fue torturado a tal grado que la doctora de la Procuraduría no pudo atenderlo, y lo canalizó a una institución médica. El informe de la ACNUDH también lo destaca. 

“Tuvo que ser solicitada una ambulancia de la Cruz Roja para trasladarlo al hospital especializado en traumatología a fin de atenderlo de sus heridas; el Ministerio Público hizo constar que solo fue llevado para medirle la presión sanguínea”, dice el documento. 

Reyes cuenta que mientras estuvo en el hospital “alucinó” que corría con un “caballo bueno” que lo impulsaba hacia un punto negro en medio de un túnel, de suaves tonos amarillos. No había suelo ni otras cosas que conociera, “sólo había felicidad”. 

“Monstruos”y navajazos

Es así como comenzó el prolongado y polémico encierro de un hombre que después de 30 días de arraigo y constantes torturas y dos intentos de suicidio, fue enviado a prisión. 

El proceso para llegar a la cárcel fue tan largo para Reyes, que le sucedió algo extraño: “Me sentí en libertad cuando entré a la cárcel, ya sabía que no iba a tener la presión de ellos ni mucho menos los golpes y las torturas”.

Entró a la cárcel de Barrientos con dos pasajes bíblicos memorizados. Meses después fue trasladado a El Bordo, una prisión ubicada en Ciudad Nezahualcóyotl. 

Los recuerdos que tiene de la prisión solo puede narrarlos usando la jerga carcelaria y citando pasajes de la Biblia. 

Cuando hacía la “talacha” —limpieza—, como novato, hacía “chicharrones” —limpiar el piso con una toalla enrollada mientras recibía varios castigos violentos— o “monstruos” —lo mismo pero con una cobija—. La decisión del castigo era de “el talachero”. 

También le tocó lidiarse a navajazos. Era un espectáculo carcelario. Fue lo peor para él, pero sobrevivió. 

“La banda te taponea las cuchilladas, te mete a una celda, con un trapo quemado te taponan. Llega la banda que sabe y te cosen”.

También recuerda que rezaba, “Altísimo señor soberano, muéstrales tu rostro, que el pie del justo no caiga al resbaladero, que caigan en la trampa que han tendido para mí mis adversarios”.

Un año después de la detención, en 2003, los abogados corroboraron los dichos de Reyes sobre una evidencia clave, pues encontraron a Jaime Martínez Franco preso por cometer un robo. “El Jimmy” confirmó que luego de matar al militar en 1997 huyó de Atizapán y se cambió de identidad, tomando el nombre de Elías Gutiérrez, un amigo suyo que falleció en el terremoto de 1985. Es decir, estaba preso cuando ocurrió el homicidio de la regidora.

Daniel García, el otro detenido, fue quien se encargó de que esa versión fuera corroborada. 

“Verificamos esa información, los abogados fueron al penal, hablaron con Jaime y ratificaron lo platicado por Reyes. El día 23 de abril de 2003, Jaime Martínez envío una carta al juez diciendo que estaba preso, envió la causa penal con su huella. Presentamos esa prueba”, contó García a Animal Político

“Nunca nos permitieron establecer la identidad de Jaime Martínez Franco. Nunca se sentó ante un juez, nadie le tomó declaración. Sólo dijeron que no podían desahogar esa diligencia porque Jaime Martínez Franco estaba bajo el Alias de Elías Gutiérrez Figueroa y estaba preso por robo a una agencia de paquetería”, agregó.

La cárcel y la familia 

La familia de Reyes también ‘descansó’ cuando él entró a la cárcel. Durante el mes de arraigo, de acuerdo con el testimonio de Kaery Reyes, policías ministeriales no pararon de rondar su casa y de llevarse a su mamá frecuentemente para tomarle declaraciones. 

En ese momento Kaery tenía 13 años y habría de esperar cinco para poder ir a ver su papá ella sola. Lo encontró “muy cambiado por la vida de la cárcel”. Había estado conviviendo con “las víboras” y “la banda”, que eran presos sentenciados por delitos graves. 

Reyes le contó de los heridos por riñas, de los motines, de los asesinatos, pero también de que aprendió a dar de comer a las víboras con ”alimento sólido y espiritual, al tiempo que lo merecían”, y les compartía “las verdades bíblicas” a los presos “que nunca van a volver a ver la calle”.  

Así pasaron los años, con idas cada dos semanas, sentadillas sin ropa en puntos de revisión, comida recién cocinada destruida por los celadores, pasteles de cumpleaños cada seis de enero, pagos en las revisiones y más pagos por utilizar mesas limpias. Pagos por todo a cada paso dentro de la cárcel. 

En los últimos tiempos “ya estaba muy triste” y, pese a haber conservado un notable estado físico, las huellas de la violencia en su cabeza, rostro y cuerpo eran muy notorias. 

Todos esos años Reyes Alpízar siguió creando artesanías de varios materiales, pero sobre todo, pintó muchos cuadros con la esperanza —dijo— de lograr capturar ese color amarillo que soñó después de ser torturado.

Reyes Alpízar, preso sin sentencia por 17 años.

Reyes Alpízar muestra algunas de las artesanías que aprendió a elaborar durante su tiempo en prisión.

Cuando salió de la cárcel sintió “miedo” porque “no lo creía”. Después, en el camino a casa, se bajó dos veces del transporte público porque se mareó con el movimiento. 

Después de 17 años en la cárcel Reyes regresó a casa. Cuando duerme sigue escuchando una especie de vibración, un ruido sutil que le llegaba en la cárcel cuando sentía el peligro acercarse. Lo llama “el refrigerador”. 

Estuvo preso como si estuviera cumpliendo una condena pero, en realidad, nunca le dictaron sentencia y todavía espera que la libertad que perdió sea completa.

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Los dos papas: 6 cosas que tal vez no sabías de Francisco y Benedicto XVI

La última película del director brasileño Fernando Meirelles se centra en dos hombres fundamentales dentro de la historia reciente de la Iglesia católica: Joseph Ratzinger y Jorge Mario Bergoglio.
27 de diciembre, 2019
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Fernando Meirelles.

Netflix
Los dos papas (“The Two Popes”) es una película de Fernando Meirelles que se estrenó en Netflix y algunas salas de cine.

“Fueron a buscar al papa al fin del mundo”.

Con esas palabras comenzaba Francisco su papado -el primero de un latinoamericano- aquella noche del 13 de marzo de 2013, en el balcón central de la Basílica de San Pedro.

Y con esa misma escena finaliza la película “Los dos papas” (The Two Popes), del director brasileño Fernado Meirelles y bajo el guion de Anthony McCarten, que se centra en uno de los momentos cruciales de la Iglesia católica de las últimas décadas.

La película se centra en dos personalidades: Joseph Ratzinger, interpretado por Anthony Hopkins cuando aún ocupaba el puesto de papa, como Benedicto XVI; y el argentino Jorge Mario Bergoglio, retratado en el filme por el actor galés Jonathan Pryce cuando aún era cardenal, antes de ascender al papado como Francisco.

“Se trata de dos viejos que resultan ser un papa y un cardenal en ese momento, confesándose y pidiendo perdón”, resumió Pryce en una entrevista con la BBC.

Ratzinger y Bergoglio

AFP
Benedicto XVI saluda al futuro papa Francisco durante una audiencia en 2007.

Aunque la película aborda varios temas -y hace una revisión especialmente de la vida de Francisco-, hay aspectos que tal vez no conozcas de estos dos personajes que han definido el destino de una institución y el de sus más de 1,000 millones de feligreses.

En BBC Mundo te mostramos seis cosas que tal vez no sabías de los dos papas en cuestión.

Benedicto XVI

El papa emérito Benedicto XVI nació en Marktl, Alemania, el 16 de abril de 1927. El 16 de abril de 2005 resultó elegido papa, en reemplazo de Juan Pablo II. El 28 de febrero de 2013 finalizó su pontificado, tras hacer pública su renuncia.

1. Un primo suyo, que sufría de síndrome de Down, fue secuestrado y desaparecido por el régimen nazi

De acuerdo al escritor Cheste Gillis, experto en temas vaticanos del portal National Reporter Catholic, el 28 de noviembre 1996, durante una conferencia organizada por el Consejo Pontificio sobre la Salud Mental, el entonces cardenal Ratzinger relató este episodio de su historia familiar.

“(Mi primo) tenía 14 años y él era un poco menor que yo. Era fuerte y mostraba los típicos síntomas del síndrome de Down”, contó.

“Despertaba simpatía por la sencillez de su inteligencia y su madre, que ya había perdido una hija por muerte prematura, le tenía un gran cariño“, agregó.

En ese entonces, el régimen alemán liderado por Adolf Hitler llevaba adelante programas de exterminio, que el Tercer Reich denominaba de eugenesia.

“Se trataba de la eliminación sistemática de todos los que no eran considerados productivos“, anotó Ratzinger.

Ratzinger.

Getty Images
Joseph Ratzinger formó parte de las juventudes hitlerianas debido a que era obligatorio en su país.

Las políticas del régimen nazi también afectaron al propio papa: cuando tenía 14 años formó parte de las juventudes hitlerianas, que eran obligatorias después de una promulgación del gobierno nazi de marzo de 1939.

En 1941 se ordenó, por parte de las autoridades del Tercer Reich, que mi primo debía ser internado para recibir una mejor asistencia”, explicó Ratzinger.

Y concluyó: “Después de un tiempo llegó la noticia de que el niño había muerto de pulmonía y que su cuerpo había sido incinerado”.

2. Es piloto de helicópteros con licencia (pero no puede conducir vehículos)

Algunas veces, cuando el helicóptero asignado al papado por parte del gobierno italiano viajaba desde el Vaticano hacia Castel Gandolfo -la que fuera residencia de verano de los pontífices-, podía verse a Benedicto XVI de piloto.

De acuerdo a la Agencia de Noticias Católicas, el ahora papa emérito tiene licencia para pilotar helicópteros y “disfrutaba realizando los viajes desde Roma hacia el palacio papal en Castel Gandolfo”.

Pero en esa revelación también se dio a conocer otro detalle un poco curioso: aunque comandaba helicópteros, no tenía licencia para manejar automóviles “porque no había hecho el curso para obtenerla”.

3. Habla con fluidez seis idiomas (y entiende otros dos)

Una de las mayores virtudes de Benedicto XVI, reconocido hasta por sus mayores críticos, es su erudición y formación académica, que incluye varios temas en los que es considerado un experto mundial.

En el campo de la teología, su vasto conocimiento de asuntos complejos del dogma le valió ser designado en 1981, cuando era cardenal, como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe -ex Santo Oficio, máxima autoridad doctrinal de la Iglesia católica después del papa-.

No obstante, para muchos ello va de la mano con otros dos aspectos que subrayan sus críticos: ser profundamente conservador y rechazar las vertientes consideradas liberales dentro de la Iglesia.

Sus capacidades también se revelan a la hora de aprender idiomas: Benedicto XVI sabe hablar con fluidez alemán, inglés, italiano, francés, español y latín, además de que puede leer el griego y el hebreo antiguo.

De hecho, el anuncio de su renuncia fue una carta en latín leída por él mismo durante un encuentro en el Vaticano el 11 de febrero de 2013.

Aunque Juan Pablo II fue un políglota reconocido, lo cierto es que no es común que los papas tengan esta habilidad.

Por ejemplo, el actual pontífice, Francisco, habla con fluidez español, italiano y latín (aunque puede leer en inglés y portugués, según el Vaticano). Y otros papas como Juan Pablo I y Pablo VI solo hablaban su lengua materna, el italiano, y dominaban el latín, el idioma oficial del Vaticano.

Francisco

El papa Francisco, cuyo nombre es Jorge Bergoglio, nació en Buenos Aires el 17 de diciembre de 1936. El 13 de marzo de 2013 se convirtió en papa de la Iglesia católica.

1. Le falta parte de un pulmón

Uno de los detalles que poco se conocen sobre el papa Francisco es que le falta la parte superior del pulmón derecho.

Este hecho fue relatado por el exvocero del Vaticano Federico Lombardi, quien durante una conferencia de prensa después de su elección, en 2013, dijo: “Confirmo que hace muchísimos años se le retiró en una operación parte de un pulmón“.

Lombardi agregó que ese hecho no significaba discapacidad alguna para Francisco y que “quienes lo conocen siempre han visto que tiene buena salud”.

Francisco

Getty Images
A Francisco le falta parte de su pulmón derecho.

El hecho sucedió cuando Bergoglio tenía 21 años y sufrió de pulmonía. Los doctores tuvieron que extraer una porción del órgano respiratorio para evitar que se agravara la enfermedad.

Eso provoca que tenga algunas limitaciones físicas, que incluso revelan otro aspecto de su rutina: cada vez que puede, duerme una siesta de 40 minutos para poder soportar “los rigores de la jornada”, según admitió él mismo.

2. No ve televisión

Aunque es amante del fútbol y en especial seguidor de su equipo, San Lorenzo de Almagro, el actual pontífice ha confesado en varias entrevistas que no ve televisión desde 1990, año en que le hizo una promesa a la Virgen del Carmen.

Televisión no veo desde el año 1990. Es una promesa que le hice a la Virgen del Carmen en la noche del 16 de julio 1990″, le explicó al diario argentino Voz del Pueblo en 2015.

En otra entrevista, esta vez con el diario El País de España, amplió las razones.

“Yo no veo televisión simplemente porque en un momento sentí que Dios me pidió eso. Un 16 de julio del 90 hice esa promesa, y no me hace falta. Solamente fui al centro televisivo que estaba al lado del arzobispado a ver una o dos películas que me interesaban, que me podían servir para el mensaje”, dijo.

San Lorenzo.

Getty Images
Francisco es seguidor del club argentino San Lorenzo de Almagro.

Y añadió: “Y eso que a mí el cine me gustaba mucho y había estudiado bastante cine, sobre todo el de la posguerra italiano, el realismo italiano y el polaco Wajda, Kurosawa, algunos franceses… Pero no ver televisión no me quitó comunicar”.

¿Y cómo se entera entonces de los resultados de su equipo favorito?

“Hay un guardia suizo que todas las semanas me deja los resultados y cómo va en la tabla”, respondió al diario argentino.

3. Trabajó como técnico químico

Antes de convertirse en sacerdote, Jorge Mario Bergoglio egresó a los 21 años de la escuela secundaria con el título de técnico químico.

Y trabajó varios meses en el laboratorio Hickethier-Bachmann de Buenos Aires.

Sin embargo, fue en ese momento cuando abandonó su carrera y siguió su vocación sacerdotal.

En marzo de 1958 ingresó en el seminario y años más tarde fue ordenado sacerdote.


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