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Cuartoscuro Archivo

Primero Yeidckol, ahora Ana Guevara…por un error de su contador les condonan millones

La titular de la Conade y la líder de Morena argumentaron errores en su contabilidad y negaron que les hayan otorgado la condonación por privilegios.
Cuartoscuro Archivo
3 de octubre, 2019
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Ana Gabriela Guevara, titular de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade) utilizó el mismo argumento que la secretaria general de Morena, Yeidckol Polevnsky, para justificar sus condonaciones en el Servicio de Administración Tributaria (SAT).

Aseguró que le condonaron 9 millones de pesos porque se apegó a un programa del SAT para ponerse al corriente tras un error de su contador.

Lee: En el primer año de Peña Nieto condonaron 87 mil mdp de impuestos, el mayor monto en 8 años

“Mi caso es una auditoría derivada de un ejercicio fiscal que encontró un error de contador que no acreditó asimilados. Eso lo tipificaron como defraudación fiscal y derivó en una auditoría, y la cuenta puede crecer inmensamente porque no es el crédito de origen, mientras pasan los días son multas y recargos”, dijo en entrevista con Grupo Fórmula.

Guevara negó que le otorgaran esta condonación por privilegios.

“Me di cuenta hasta que ya tenía problemas, pero ya era demasiado tarde, y pues yo estaba para entrenar y para correr, para representar a mi país, no para contabilizar, y me di cuenta cuando la auditoría determinó el hecho”, sostuvo.

Señaló que la deuda que tuvo con el SAT empezó en 600 mil pesos, luego llegó hasta los 13 millones de pesos, de los cuales, sólo se le condonaron 9 millones y el resto tuvo que pagarlo.

Polevnsky argumenta error 

La secretaria general de Morena, Yeidckol Polevnsky, afirmó que no recuerda la cantidad de impuestos que debía al Sistema de Administración Tributaria (SAT) en 2013, pero aseguró que todo estaba en regla y que fue un error de régimen fiscal.

“No recuerdo la cantidad de impuestos que debía en 2013, pero en mi vida he pagado muchos”, aseveró luego de la publicación de la lista de condonaciones fiscales dada a conocer ayer por el Servicio de Administración Tributaria (SAT) en la que ella aparece con más 16.4 millones de pesos.

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En entrevista con Ciro Gómez Leyva en Grupo Fórmula, dijo que en ese año fue objeto de una auditoría porque su contador la registró en actividad empresarial cuando en realidad estaba como asalariada en el Senado de la República, “donde te retienen los impuestos”.

Tras la condonación de más de 16 millones de 441 mil 439 pesos de impuestos, expuso que lo que le cobraban era el Impuesto al Valor Agregado (IVA) pero subrayó que se debió revisar el tema porque había errores en la forma en que se hacía el cobro, aunado a que también le retuvieron impuestos por inversiones.

“Yo me apliqué estrictamente a lo que la ley establecía”, enfatizó, quien agregó que un nuevo contador llevó las revisiones y las correcciones para apegarse a la legislación en curso.

Este martes, el Servicio de Administración Tributaria (SAT) reveló una lista de políticos, artistas, deportistas, equipos de futbol y universidades beneficiados fiscalmente entre 2007 y 2015, por un monto de 274 mil millones de pesos.

En su conferencia matutina de este miércoles, el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo que en 2013, año en que le fueron condonados los impuestos a Polevnsky eran “toleradas” pues estaban dentro de la ley.

“Eran condiciones toleradas, eran hechos tolerados, les diría yo, legales, estaban establecidos en la ley, se aplicaban estas medidas de manera legal, en Hacienda”, señaló el mandatario.

“Cuando llegamos nosotros pasaron unos meses se seguían dando condonaciones hasta que dijimos ‘se acaba esto’, porque había ese marco legal, esa voluntad política que lo permitía”, dijo en conferencia.

 

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Reuters

Paro nacional en Colombia: 3 factores inéditos que hicieron del 21 de noviembre un día histórico

La huelga del jueves puede ser recordada como el día demostró que Colombia, para bien o para mal, ya no es el país de antes. Pese a los disturbios y destrozos usuales, el paro nacional mostró facetas inéditas en un país sin tradición de protesta.
Reuters
23 de noviembre, 2019
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En un país sin tradición de protesta como Colombia, el paro nacional del 21 de noviembre de 2019 fue histórico.

La huelga estuvo originalmente convocada por las centrales obreras, pero se convirtió en una protesta en contra de las reformas pensional, laboral y educativa y a favor del acuerdo de paz firmado con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

En suma, la población se movilizó en contra del poder establecido, hoy materializado en el presidente, Iván Duque, un aliado del expresidente Álvaro Uribe que en un intento de ser moderado ha generado rechazo entre la izquierda y la derecha.

A medida que las manifestaciones en Ecuador, Chile y Bolivia aumentaron, dejaron decenas de muertos y generaron cambios políticos importantes, la expectativa ante el paro en Colombia se tomó la agenda nacional durante días.

El gobierno militarizó partes del país, acuarteló el ejército, cerró las fronteras y otorgó facultades extraordinarias a gobiernos locales para “mantener el orden”; se produjeron allanamientos; el partido de gobierno, el derechista Centro Democrático, alertó de la supuesta injerencia de gobiernos chavistas.

Y, como suele pasar en jornadas de protesta en América Latina y el mundo, en el paro hubo —según reportaron medios locales— disturbios, saqueos, daños a la infraestructura pública y abusos de fuerza por parte de las autoridades.

Dicho eso, es probable que la historia recuerde al paro nacional del 21 de noviembre en Colombia como el día en que los colombianos, una población traumatizada por un conflicto armado de 60 años, mostraron su disposición a salir a la calle. Pese a la lluvia. Pese a la represión.

Este paro tuvo una magnitud que ninguna protesta tuvo en 60 años“, le dice a BBC Mundo el reconocido historiador y columnista Jorge Orlando Melo.

“La protesta en Colombia siempre fue localizada, y siempre recibió una respuesta negativa del Estado, que la convertía en peligro”.

“Pero esta salida (al paro) de tanta gente no organizada en todo el país, que buscan una política social más clara y un cumplimento genuino del proceso de paz, puede ser la oportunidad de una alternativa no tradicional sin antecedentes en el país”, concluye Melo.

Tres cosas inéditas demuestran el carácter histórico de la jornada.

Protesta en Colombia

AFP
Cuando parecía que las protestas habían terminado tras la represión policial, miles de colombianos volvieron a salir para reiterar su grito de protestas contra, entre otras cosas, el neoliberalismo.

1. El paro en sí mismo

Colombia no ha tenido la tradición de protesta de países como Chile, Argentina o México por varias razones, pero se destacan la baja tasa de representatividad sindical, de menos del 5%, y la vigencia de un conflicto armado que distorsionó el escenario político clásico de izquierdas y derechas y laceró la viabilidad política de la izquierda democrática, que nunca ha llegado al poder en el país.

El último gran paro nacional se produjo en 1977. Convocado por los sindicatos, el paro fue asumido por profesores, trabajadores y estudiantes y puso contras las cuerdas al gobierno del liberal Alfonso López Michelsen, que enfrenaba una dura crisis económica y una disputa con los militares.

Durante los últimos años, por supuesto, han habido huelgas importantes, como el paro de corteros e indígenas contra el gobierno de Uribe en 2008 y el paro agrario contra Juan Manuel Santos en 2013.

También hubo grandes manifestaciones, como la marcha contras las FARC en 2008 y la que pedía la implementación del acuerdo de paz un día después de que fuera rechazado en un plebiscito en 2016.

Pero al menos desde 1977, y guardando las diferencias de carácter histórico, Colombia no había vivido una jornada de huelga cívica como la del 21 de noviembre.

Prácticamente todos los gremios acataron el paro; en cada rincón del país hubo protestas; la mayoría de quienes no protestaron vivieron una suerte de día feriado; el país estuvo paralizado por un día.

Solo el comercio, por ejemplo, se vio paralizado en un 50%, según la Federación Nacional de Comerciantes (Fenalco), lo que equivale a pérdidas de US$60 millones.

En un país históricamente institucionalista, el shock político, económico y cultural que significó el paro del 21 es inédito.

Protesta en Colombia

EPA
Marchas masivas ha habido antes en Colombia, pero esta es la primera vez que un paro es acatado por prácticamente todos los sectores de la economía.

2. El cacerolazo

Al final de la tarde del jueves, cuando las marchas parecían ya haberse apaciguado tras la dispersión policial, miles de colombianos volvieron a las calles.

De noche, muchos en piyama, con el ambiente festivo y musical que marcó el inicio de la jornada, muchos salieron a la calle a reanudar su grito de protesta.

Y con un detalle que es usual en Venezuela, Argentina o Chile, pero que en Colombia no se había visto —o escuchado— en historia reciente: la cacerola.

Desde la calle o desde sus casas, en Bogotá y en otras ciudades del país, un inédito cacerolazo se tomó al país al cabo del día, justo cuando Duque daba un mensaje televisado de 4 minutos en el que criticó los actos “vandálicos”, apoyó a las fuerzas de seguridad y llamó al “diálogo social”.

El cacerolazo se escuchó en barrios de diferentes sectores socioeconómicos y se espera que se reactive en los próximos días.

Protesta en Colombia

AFP
Aunque en Bogotá se vieron las protestas más grandes, en ciudades como Medellín (foto) protestas se vieron en casi todo el país.

3. Protesta en ciudades uribistas

Si los colombianos, en general, históricamente han preferido gobiernos de centro-derecha o derecha, hay ciudades donde esa afiliación política parecía inamovible.

Y una de esas es Medellín, la segunda ciudad más importante del país, tierra del hoy senador y líder del partido de gobierno, Álvaro Uribe, el político más popular de la historia reciente del país gracias a su política de mano duro contra las guerrillas.

Las imágenes de la masiva marcha del jueves en Medellín terminaron de demostrar que la capital de Antioquia se ha diversificado políticamente.

Hace un mes, en unas elecciones regionales en las que el uribismo fue el gran derrotado a nivel nacional, los paisas eligieron como alcalde a un ingeniero de 39 años que apoya el proceso de paz, no hace parte de las maquinarias políticas y marchó el jueves: Daniel Quintero.

La marcha del jueves dejó claro que Medellín ya no es tierra sagrada del uribismo.

Y no fue la única: ciudades tradicionalmente uribistas como Montería, Neiva y Pereira también vieron sus calles tomaras por el paro nacional.

Otra razón para pensar que Colombia, para bien o para mal, ya no es el mismo país del pasado.


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