Gobierno de Mancera ignoró la Alerta de Género en CDMX y el de Sheinbaum la retrasa, acusan organizaciones
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Gobierno de Mancera ignoró la Alerta de Género en CDMX y el de Sheinbaum la retrasa, acusan organizaciones

En 2017 organizaciones solicitaron la Alerta de Género para la CDMX, la petición no prosperó con Miguel Ángel Mancera y ahora queda en pausa por temas jurídicos.
Cuartoscuro
18 de octubre, 2019
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Durante los últimos dos años los gobiernos capitalinos han retrasado, por diversas razones, la implementación de la Alerta de Violencia de Género (AVG) en la Ciudad de México, a pesar de los altos índices de violencia e impunidad registrados.

La Alerta de Violencia de Género (AVG) es un mecanismo de protección que consiste en un conjunto de acciones gubernamentales para enfrentar y erradicar la violencia feminicida y/o la existencia de un agravio que impida el ejercicio pleno de los derechos humanos de las mujeres. 

La urgencia por implementar la AVG en la CDMX radica en que, actualmente, es la quinta entidad con el mayor número de feminicidios registrados de enero a agosto del presente año. Según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), en este periodo suman 33 feminicidios y 94 homicidios dolosos contra mujeres. 

Lee más: Mujeres marchan para exigir se declare alerta de género en CDMX

Con estas cifras la Ciudad de México únicamente es superada por Puebla, Nuevo León, Estado de México y Veracruz. De estas entidades solo Puebla y la capital del país no cuentan con la AVG. 

Qué pasa en la CDMX

La AVG que hoy se discute, se solicitó desde septiembre de 2017 por un grupo de organizaciones encabezadas por el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF). 

Según la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, una vez que el gobierno federal recibe una solicitud de AVG debe remitirla a la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavim), la cual emite un informe de la violencia en la entidad así como recomendaciones para que el gobierno local actúe.

Seis meses después de dar estas recomendaciones, los gobiernos estatales deben presentar los resultados obtenidos y con base en esto, la Conavim decide si activar o no la AVG. 

Estos periodos no se han cumplido en la Ciudad de México. 

En lo que respecta a la administración de Miguel Ángel Mancera, aunque la solicitud fue presentada desde septiembre de 2017, la Conavim entregó hasta marzo de 2018 el informe y recomendaciones al gobierno de la Ciudad de México.

Lee más: ONG exigen renuncia de la titular de Conavim; la acusan de obstaculizar acceso a la justicia 

Se cumplieron los seis meses que establece el reglamento y Mancera pidió una prórroga para entregar los resultados. Así llegó diciembre y el cambio de gobierno, la AVG quedó en pausa. 

A su llegada, el gobierno de Claudia Sheinbaum conformó una mesa de trabajo que retomó la solicitud y tardó varios meses para llegar a una resolución.

En junio pasado la mesa de trabajo de la AVG, por mayoría de votos, decidió que era necesario implementar a alerta en la capital, sin embargo el gobierno de Sheinbaum se comprometió a ofrecer resultados positivos en seis meses. 

Por su parte, la Conavim argumentó que no era necesaria la AVG pues de diciembre a la fecha el gobierno de la CDMX había realizado 13 acciones para prevenir la violencia contra la mujer, como la creación de la Secretaría de la Mujer y la Fiscalía especializada para la Investigación del Feminicidio. 

Ante esta decisión las organizaciones solicitaron un amparo federal el cual consiguieron el pasado 13 de septiembre a través del Juzgado Tercero de Distrito en Materia Administrativa en la Ciudad de México.

En este amparo, además del decreto casi inmediato de la AVG las OSC habían solicitado ser parte del grupo de trabajo que evaluara la alerta.

Todo se vino abajo cuando la Conavim interpuso un recurso de revisión con el pretexto de que el reglamento de Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia estipula que las solicitantes de la AVG no pueden formar parte del grupo de trabajo. 

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Si bien el artículo 36 de dicho reglamento estipula cómo debe conformarse el grupo de trabajo, no hay alguna restricción que impida a las organizaciones conformarlo. 

Sin embargo el recurso de revisión fue aceptado y ahora se encuentra en un colegiado. 

Esta situación ha generado críticas y acusaciones por parte de las organizaciones hacia la Conavim a la que acusan de obstaculizar la implementación de la Alerta de Género. 

“Quieren ser juez y parte”

En entrevista para Animal Político Candelaria Ochoa, titular de la Conavim, asegura que la comisión está a favor de poner en marcha la AVG pero se tienen que respetar las reglas del juego. 

La funcionaria explica que los seis meses que pidió el gobierno de Sheinbaum es un periodo al que todos los gobiernos tienen derecho antes de decidir si se aplicará o no la alerta. 

En cuanto al tema del recurso de revisión asegura que no fue una decisión de la Conavim, sino de la Secretaría de Gobernación. 

“Tuvimos varias reuniones después de tener conocimiento del amparo obtenido por las organizaciones y tras un análisis, la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero determinó que debíamos proceder con este recurso, pues las solicitantes quieren ser juez y parte y eso no se puede según el reglamento, así fue que interpusimos el recurso”, señala. 

Según Candelaria, además de este, hay otros dos motivos por los que la Segob decidió interponer el recurso de revisión: “en el amparo exigían que la Conavim dotara de recursos a cada alerta cuando eso es obligación de los gobiernos; y también piden que se transparente todas las acciones de los gobiernos, situación que tampoco es posible porque así lo estipula la Ley de Transparencia, que no se pueden transparentar todas las acciones de los gobiernos”. 

Sobre las acusaciones de las OSC sobre una presunta obstaculización para activar la AVG, Ochoa asegura que ella no puede tomar decisiones sin consultarlas con la Segob, ya que la Conavim no es un ente descentralizado ni autónomo. 

“Nosotros estamos a favor de que se implemente la Alerta de Género, pero por el momento no está en nuestras manos, habrá que esperar a que se resuelva el recurso de revisión y a que pasen los 6 meses que pidió el gobierno para entregar resultados”. 

Según la titular de Conavim, el gobierno de Sheinbaum tiene como fecha límite el 5 de diciembre para entregar un reporte de resultado con base en las recomendaciones que hizo la mesa de trabajo. 

“Hemos platicado con el Observatorio y las organizaciones, les hemos ofrecido que sean parte de este trabajo a través de contralorías, en donde podrán estar al tanto de las medidas y avances conseguidos con la Alerta de Género, nosotros confiamos en que aceptarán la propuesta”, finaliza.

“Nos quieren dejar fuera”

María de la Luz Estrada, directora del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, lamenta que el actual gobierno esté minimizando el tema de la violencia contra la mujer tal y como lo hizo el de Mancera. 

“La Conavim y su titular solo están implementando estrategias porque nos quieren dejar fuera, como gobierno quieren hacer y deshacer a su antojo y que nadie cuestione sus acciones y resultados, por eso no nos quieren dentro del equipo de trabajo”, señala. 

Según Estrada los gobiernos de otros estados como Jalisco y Estado de México sí les han permitido ser parte de la mesa de trabajo, “porque han dicho que la presencia de las organizaciones es indispensable”.  

La directora del OCNF asegura que las organizaciones no tienen otra intención más que sumar y vigilar que las acciones de la AVG se cumplan. 

A la vez lamenta que las mujeres de la Ciudad de México tengan que esperar por lo menos otros seis meses para estar en posibilidad de tener una Alerta de Género. 

“Luchamos por esto durante los dos últimos años y ahora nos parecen absurdos los argumentos del gobierno y de la Conavim, los feminicidios y las agresiones contra mujeres han ido en aumento y ni eso les parece suficiente”, refiere. 

A pesar del contexto actual, María dice que la CDMX tendrá sí o sí una Alerta de Género, “solo están retrasando todo, pero no lograrán evitarla”.

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Por qué hace 100 años muchos en EU se negaron a usar cubrebocas contra la gripe española

En el peor momento de la gripe española de 1918 muchos estadounidenses se negaron a usar tapabocas, algo que también está sucediendo este 2020 con la pandemia de covid-19.
9 de agosto, 2020
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Manifestación en Estados Unidos contra el uso de mascarillas

Getty Images
Durante la pandemia de covid-19, se han organizado manifestaciones en contra del uso de mascarillas en Estados Unidos.

Todos hemos visto los titulares alarmantes: los casos de coronavirus están aumentando en 40 estados de Estados Unidos, con nuevos fallecimientos y tasas de hospitalización aumentando a un ritmo alarmante.

Los funcionarios de salud advirtieron que EE.UU. debe actuar rápidamente para detener la propagación o se correrá el riesgo de perder el control sobre la pandemia.

Para controlarlo existe un claro consenso de que se deben usar mascarillas en público y practicar el distanciamiento social.

Si bien la mayoría de los estadounidenses apoyan el uso de tapabocas, el cumplimiento generalizado y constante ha resultado difícil de mantener en las comunidades de todo el país.

Manifestantes se reunieron frente a los ayuntamientos de la ciudad de Scottsdale, Arizona; Austin, Texas; y otras ciudades para protestar contra los mandatos locales respecto a las mascarillas.

Varios alguaciles del estado de Washington y de Carolina del Norte han anunciado que no harán cumplir las normativas de uso.

He investigado extensamente la historia de la pandemia de 1918.

En ese momento, sin vacunas o terapias farmacológicas efectivas, las comunidades de todo el país instituyeron una serie de medidas de salud pública para frenar la propagación de una epidemia de influenza mortal: cerraron escuelas y negocios, prohibieron reuniones públicas y aislaron y pusieron en cuarentena a los infectados.

Titulares de periódicos de Chicago relacionados con la pandemia de gripe española

Getty Images
Titulares de periódicos de Chicago relacionados con la pandemia de gripe española que incluyen: “Redadas policiales en bares en la guerra contra la influenza”, “Toque de queda en la ciudad” y “Quien estornude sin taparse será detenido”.

Muchas comunidades recomendaron o exigieron que los ciudadanos usaran mascarillas en público, y eso, no los onerosos encierros, fue lo que provocó la mayor ira.

Por la patria

A mediados de octubre de 1918, en medio de una terrible epidemia en el noreste y brotes de rápido crecimiento en todo el país, el Servicio de Salud Pública de Estados Unidos distribuyó folletos recomendando que todos los ciudadanos usaran tapabocas.

La Cruz Roja sacó anuncios en los periódicos alentando su uso y ofreció instrucciones sobre cómo fabricar mascarillas en casa con gasa e hilo de algodón.

Algunos departamentos de salud estatales lanzaron sus propias iniciativas, sobre todo California, Utah y Washington.

En todo el país, los carteles presentaban el uso de mascarillas como un deber cívico: la responsabilidad social se había incrustado en el tejido social mediante una campaña de propaganda federal masiva en tiempos de guerra lanzada a principios de 1917, cuando Estados Unidos entró en la Primera Guerra Mundial.

barrendero con una máscara en Nueva York

Getty Images
Siguiendo la recomendación de la Junta de Salud de Nueva York, es “Mejor ser ridículo que estar muerto”, un barrendero usa una mascarilla en octubre de 1918.

El alcalde de San Francisco, James Rolph, anunció entonces que “la conciencia, el patriotismo y la autoprotección exigen un cumplimiento inmediato y rígido” del uso de tapabocas.

En las cercanías de Oakland, el alcalde John Davie declaró que “es sensato y patriótico, sin importar cuáles sean nuestras creencias personales, proteger a nuestros conciudadanos uniéndonos a esta práctica”.

Sin orden

Los funcionarios de salud entendieron que cambiar radicalmente el comportamiento del público era una tarea difícil, especialmente porque a muchos les resultaba incómodo usar mascarillas.

Los llamamientos al patriotismo solo podían llegar hasta cierto punto.

Como señaló un funcionario de Sacramento (California), las personas “deben ser obligadas a hacer las cosas que son mejores para sus intereses”.

La Cruz Roja declaró sin rodeos que “el hombre, la mujer o el niño que no use mascarilla es ahora un negligente peligroso“.

Numerosas comunidades, particularmente en todo el Occidente del país, impusieron ordenanzas obligatorias. Algunos condenaron a los delincuentes a penas de cárcel breves y las multas oscilaron entre US$5 y US$200.

Juicio en un parque en San Francisco

Getty Images
En San Francisco,los jueces se salieron de las cortes y los juicios se hicieron al aire libre… pero sin mascarillas.

La aprobación de estas ordenanzas fue con frecuencia un asunto polémico. Por ejemplo, el director de salud de Sacramento tuvo que intentar varias veces antes de lograr convencer a los funcionarios de la ciudad de que promulgaran la normativa.

En Los Ángeles, no fue aprobada. Un proyecto de resolución en Portland, Oregón, provocó un acalorado debate en el consejo de la ciudad y un funcionario declaró la propuesta como “autocrática e inconstitucional”, y agregó: “Bajo ninguna circunstancia me pondrán un bozal como a un perro hidrófobo“. La medida no prosperó.

La junta de salud de Utah consideró emitir una orden obligatoria de mascarillas en todo el estado, pero decidió no hacerlo, argumentando que los ciudadanos sentirían una falsa seguridad y relajarían sus cuidados.

A medida que la epidemia resurgía, Oakland debatió una segunda orden de uso de tapabocas después de que el alcalde contara enojado que lo habían arrestado en Sacramento por no llevar una puesta.

Un médico prominente que asistió al debate comentó que “si un hombre de las cavernas apareciera… pensaría que los ciudadanos enmascarados son todos lunáticos“.

Con orden

En los lugares donde las órdenes de usar mascarillas se implementaron con éxito, el incumplimiento y el desafío se convirtieron rápidamente en un problema.

Barbería en Chicago en 1918

Getty Images
En Chicago, solo uno de los barberos de este local usa mascarilla, algo que, en este caso, es imposible para cualquiera de los clientes.

Muchas tiendas que no estaban dispuestas a rechazar clientela, no prohibían el ingreso a los desenmascarados.

Los trabajadores se quejaron de que los tapabocas eran demasiado incómodos para usarlos todo el día.

Una vendedora de Denver se negó porque dijo que “se le dormía la nariz” cada vez que se ponía una. Otra dijo que creía que “una autoridad superior al Departamento de Salud de Denver se ocupaba de su bienestar”.

Como lo expresó un periódico local, la orden de usar máscaras “fue casi totalmente ignorada por la gente; de hecho, la orden es motivo de burla”.

La regla fue enmendada para aplicarse solo a los conductores de tranvías, quienes luego amenazaron con hacer huelga. Se evitó una huelga cuando la ciudad flexibilizó la norma una vez más.

Denver soportó el resto de la epidemia sin ninguna medida que protegiera la salud pública.

En Seattle, por su parte, los conductores de tranvías se negaron a rechazar a los pasajeros sin tapabocas.

Un conductor de tranvía rechaza la entrada a un viajero que no usa máscara, Seattle, Washington, diciembre de 1918.

Getty Images
Un conductor de tranvía rechaza la entrada a un viajero que no usa mascarilla en Seattle, Washington, diciembre de 1918.

El incumplimiento estaba tan extendido en Oakland que los funcionarios delegaron a 300 voluntarios civiles del Servicio de Guerra para conseguir los nombres y direcciones de los infractores para que pudieran ser acusados.

Cuando entró en vigencia una orden de mascarillas en Sacramento, el jefe de policía ordenó a los oficiales: “Salgan a las calles y siempre que vean a un hombre sin tapabocas, tráiganlo o manden a buscar el carro”. En 20 minutos, las estaciones de policía se inundaron de delincuentes.

En San Francisco hubo tantos arrestos que el jefe de policía le advirtió a los funcionarios de la ciudad que se estaba quedando sin celdas en la cárcel. Los jueces y oficiales se vieron obligados a trabajar hasta altas horas de la noche y los fines de semana para despejar la acumulación de casos.

Protestas

Muchos de los que fueron sorprendidos sin mascarillas eran personas que pensaron que podían ir a hacer un mandado o al trabajo sin que los atraparan.

En San Francisco, sin embargo, el incumplimiento inicial se convirtió en un desafío a gran escala cuando la ciudad promulgó una segunda ordenanza sobre tapabocas en enero de 1919, momento en que la epidemia se disparó nuevamente.

Muchos denunciaron lo que consideraron una infracción inconstitucional de sus libertades civiles.

Policía estadounidense con máscara.

Getty Images
La decisión de arrestar a quienes no usaran mascarillas llenó las cárceles de “delincuentes”.

El 25 de enero de 1919 aproximadamente 2,000 miembros de la Liga Antimascarilla hicieron una manifestación para denunciar la ordenanza de tapabocas y proponer formas de derrocarla. Entre los asistentes se encontraban varios médicos destacados y un miembro de la Junta de Supervisores de San Francisco.

Ayer y hoy

Es difícil determinar la efectividad de las máscaras utilizadas en 1918.

Hoy en día, tenemos un creciente cuerpo de evidencia de que los revestimientos faciales de tela bien confeccionados son una herramienta eficaz para frenar la propagación del covid-19.

Sin embargo, queda por verse si los estadounidenses mantendrán el uso generalizado de mascarillas mientras la pandemia actual continúa desarrollándose.

Los ideales profundamente arraigados de la libertad individual, la falta de mensajes cohesivos y liderazgo en el uso de mascarillas y la desinformación generalizada han demostrado ser los principales obstáculos hasta ahora, precisamente cuando la crisis exige consenso y un cumplimiento generalizado.

Ese fue ciertamente el caso en muchas comunidades durante el otoño de 1918. Esa pandemia finalmente mató a unas 675,000 personas en EE.UU.

Ojalá que la historia no esté repitiéndose.


* J. Alexander Navarro es el subdirector del Centro de Historia de la Medicina de la Universidad de Michigan.

Esta nota apareció originalmente en The Conversation y se publica aquí bajo una licencia de Creative Commons.

Lee la nota original en inglés aquí.

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https://www.youtube.com/watch?v=zdkwo02LwCs

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