Colaborador de Ebrard sin cargo público negoció y aceptó condiciones de Trump en acuerdo migratorio
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Colaborador de Ebrard sin cargo público negoció y aceptó condiciones de Trump en acuerdo migratorio

El libro Border Wars: Inside Trump's Assault on Immigration detalla que un asesor externo del Canciller lideró una negociación en la que México pidió no firmar un acuerdo formal para aceptar que Estados Unidos devuelva al país a los solicitantes de asilo.
Cuartoscuro
11 de octubre, 2019
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Un colaborador de Marcelo Ebrard, que se ha presentado como asesor pero no cuenta con un cargo oficial, fue el principal negociador del acuerdo migratorio que el gobierno federal inició con la administración de Donald Trump desde el periodo de transición, en noviembre de 2018, y que cerró semanas después de haber tomado posesión. 

El libro Border Wars: Inside Trump’s Assault on Immigration de Julie Hirschfeld Davis y Michael D. Shear, corresponsales del New York Times en Washington, detalla en el capítulo 30 cómo Javier López Casarín, descrito como “la mano derecha de Marcelo Ebrard”, se hizo cargo de negociar a nombre del gobierno mexicano los detalles del acuerdo migratorio en el que se decidió que Estados Unidos regresaría a México a los solicitantes de asilo y que el país los recibiría, sin objeción, con el compromiso de otorgarles visas humanitarias. 

Leer más: ¿Qué acordaron México y Estados Unidos para frenar los aranceles?

La información dada a conocer en el libro que se publicó este 8 de octubre fue confirmada a Animal Político por funcionarios de la Secretaría de Gobernación y de Relaciones Exteriores que participaron en distintos momentos en reuniones con autoridades del gobierno de Donald Trump e identificaron a López Casarín como uno de los negociadores del equipo de Ebrard. 

Sin embargo, el área de comunicación social de Cancillería negó que López Casarín se haya hecho cargo de las negociaciones e, incluso, señaló que la negociación como se describe en el libro de los corresponsables del NYT nunca existió. 

Cancillería agregó que Javier López Casarín solo es presidente del Consejo Técnico, Académico y Científico del Consejo Consultivo de la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AMEXCID), un cargo honorario que no percibe remuneración y que según el reglamento de la agencia —un órgano desconcentrado de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE)—, tiene duración de un año.

Pero el nombre de López Casarín también aparece en un documento oficial que se entregó al Consejo General de las Naciones Unidas para presentar a la delegación mexicana que participaría en la Conferencia Intergubernamental para Adoptar el Pacto Mundial para la Migración, Segura, Ordenada y Regular que se celebró en Marrakesh, Marruecos del 8 al 11 de diciembre de 2018.

En ese documento, López Casarín se identifica como asesor de SRE y aparece como el primero de los Delegados que se inscribieron ante las Naciones Unidas, incluso por encima del Representante Permanente de México ante la ONU, el embajador Juan José Gómez Camacho; y el Director General para la ONU, Eduardo Jaramillo; además de senadores y diputados que acudieron a la cita y que fueron parte de lo que la Cancillería llamó “una delegación de alto nivel”. 

Por la participación en esa Conferencia, Javier López Casarín firmó el 18 de diciembre de 2018 un documento oficial de la Secretaría de Relaciones Exteriores como “director general” en esa dependencia que recibió viáticos para la Comisión a Marrakesh, Marruecos. 

El equipo de Comunicación Social de la Cancillería explicó que, en ese momento, se había invitado a López Casarín a ser parte del equipo de la SRE, pero al rechazar la invitación, reembolsó los viáticos que recibió por participar en la Comisión a Marruecos. 

Cancillería dijo que el colaborador nunca ha tenido un cargo oficial y aunque ha acompañado a Marcelo Ebrard desde la transición, su participación ha sido solo como externo.

Te puede interesar: México ofreció a EU desplegar 6 mil elementos de la Guardia para detener migrantes

La negociación del acuerdo migratorio

Julie Hirschfeld Davis y Michael D. Shear, autores del libro, señalan que en noviembre de 2018, cuando por la transición entre los gobiernos de Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador murió la posibilidad de acordar un proceso de refugio en México para migrantes, con el apoyo de las Naciones Unidas; autoridades de la administración Trump se reunieron con el equipo del próximo presidente mexicano. 

En una reunión con Marcelo Ebrard —en ese momento futuro Canciller mexicano—, Mike Pompeo, Secretario de Estado de Estados Unidos y Kirstjen Nielsen, entonces Secretaria de Seguridad Interna, pusieron sobre la mesa la posibilidad de un acuerdo migratorio que pudiera mantener en México a los migrantes que pidieran asilo en territorio estadounidense.

Según los autores, los funcionarios dejaron claro a los mexicanos que, de no aceptar, Donald Trump haría “cualquier locura”, incluso cerrar la frontera. 

Ante ello, Marcelo Ebrard dijo que el gobierno de México estaba dispuesto a cerrar un acuerdo que tomara en cuenta las obligaciones internacionales adquiridas y ofreciera a los migrantes ayuda humanitaria. 

Entonces se decidió dejar la negociación en manos de Miles Taylor, jefe de gabinete de la secretaria Nielsen; y Javier López Casarín, “mano derecha de Ebrard”. 

Border Wars: Inside Trump’s Assault on Immigration detalla que Taylor y López Casarín se reunieron tanto en la Ciudad de México como en Washington para continuar con la negociación cuyo punto central era que los solicitantes de asilo no permanecieran en Estados Unidos y que México pudiera ofrecerles visas humanitarias para argumentar que protegía sus derechos humanos. 

“Taylor tuvo que convencer a López Casarín que el gobierno de Estados Unidos realmente iba a procesar las solicitudes de asilo, eventualmente, en lugar de dejarlos en México de manera indefinida. López Casarín juró que las autoridades mexicanas no iban a permitir que los migrantes se perdieran y pudieran ser coptados por el crimen organizado”, cita el libro de los corresponsales del NYT. 

Entérate: El gobierno envía a la frontera con Guatemala a solicitantes de asilo devueltos por EU

Remain in Mexico o un nuevo acuerdo

El Washington Post publicó el 21 de noviembre de 2018 la intención del gobierno de Trump de regresar a los solicitantes de asilo a México y reveló que se gestaba el plan llamado “Remain in Mexico”, que planteaba que si no existía un riesgo real para el migrante en territorio mexicano durante el proceso de asilo, no habría forma de ingresar y permanecer en Estados Unidos.

Julie Hirschfeld Davis y Michael D. Shear aseguran que la fuga de información sobre las negociaciones enfureció al equipo negociador de México, que argumentaron que con esa publicación aumentarían las resistencias que enfrentaban para lograr el acuerdo. 

La publicación del Washington Post provocó que Olga Sánchez Cordero, nombrada ya como futura Secretaria de Gobernación, instancia a cargo de la política migratoria del país, dijera que no existía ningún acuerdo, de ningún tipo, entre el próximo gobierno federal y la administración de Trump.

El libro relata que, al final, los equipos negociadores de Estados Unidos y México —a cargo de López Casarín—, crearon el Migrant Protection Protocols, al que llamaban MPP, que ponía el foco en un acuerdo que respondiera a las necesidades de los dos países.

Según los autores, el equipo mexicano puso dos condiciones: Estados Unidos anunciaría un plan de desarrollo de 10 mil millones de dólares para México y países de Centroamérica, que permitiera hablar de un plan de cooperación. 

Y segundo, no se firmaría ningún acuerdo oficial; Estados Unidos declararía que la decisión de regresar a los solicitantes de asilo se trataba de una decisión unilateral, lo que permitiría a la administración Trump presumir que demandó a México frenar a los migrantes y el gobierno mexicano no tendría ninguna complicidad en la medida, argumentando que otorgaría ayuda humanitaria.

El anuncio se hizo oficialmente el 20 de diciembre de 2018, el día que Kirstjen Nielsen testificó ante la Comisión Judicial de la Cámara de Representantes. Según los autores del libro, horas antes de la audiencia recibió la notificación de que México aceptaba el acuerdo. 

Ese día, la Secretaría de Relaciones Exteriores informó en un boletín de prensa que “a las ocho de la mañana, el gobierno de Estados Unidos comunicó al gobierno de México que el Departamento de Seguridad Interna de los Estados Unidos de América tiene la intención de implementar una sección de su ley migratoria que le permitiría devolver a extranjeros, no mexicanos, a nuestro país para que aguarden aquí el desarrollo  de su proceso migratorio en Estados Unidos”.

Más tarde, el consultor jurídico de Cancillería, Alejandro Alday, dio una conferencia de prensa y tras enfatizar que se trataba de un “medida unilateral” del gobierno estadounidense que ponía en situación de vulnerabilidad a los migrantes, dijo que México había decidido brindarles protección. 

“El gobierno mexicano por lo tanto va a recibir algunas de estas personas y les brindará toda la protección y el goce de los derechos que brinda la Constitución mexicana y la ley de migración. Y lo va a ser por una cuestión fundamental que es por razones humanitarias”, dijo  Alejandro Alday. 

Nielsen, por su parte, declaró que esperaba que “los migrantes afectados reciban visas humanitarias para permanecer en el territorio mexicano, la posibilidad de solicitar trabajo y otras protecciones mientras esperan una determinación legal de los Estados Unidos”.

El Secretario de Estado, Mike Pompeo, también dio declaraciones sobre el anuncio en entrevistas con NPR y Fox News. “Hemos dejado claro al gobierno de México nuestra intención de devolver a los extranjeros ilegales. Ellos han hecho un anuncio, o en breve lo harán, sobre cómo van a tratar a los migrantes que regresan. Les ofrecerán oportunidades para proteger sus derechos, pero no estarán en Estados Unidos durante el tiempo que se procese su solicitud de asilo”, dijo. 

En entrevista con NPR, vinculado al anuncio del acuerdo migratorio, a Mike Pompeo también se le preguntó sobre el interés de Estados Unidos de invertir en Centroamérica, a lo que el secretario respondió: “Sabemos que lo mejor es que las personas que se encuentran en condiciones difíciles tengan mejores resultados económicos. Esperamos que los negocios estadounidenses viajen a esa zona a crear oportunidades para esas personas que están en situaciones difíciles en esos países. 

El capítulo dedicado a la negociación del acuerdo migratorio entre México y Estados Unidos cierra diciendo que de los 10 mil millones de dólares que se prometieron invertir en un plan de desarrollo, como parte del acuerdo, no se volvió a saber nada.

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Por qué hace 100 años muchos en EU se negaron a usar cubrebocas contra la gripe española

En el peor momento de la gripe española de 1918 muchos estadounidenses se negaron a usar tapabocas, algo que también está sucediendo este 2020 con la pandemia de covid-19.
9 de agosto, 2020
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Manifestación en Estados Unidos contra el uso de mascarillas

Getty Images
Durante la pandemia de covid-19, se han organizado manifestaciones en contra del uso de mascarillas en Estados Unidos.

Todos hemos visto los titulares alarmantes: los casos de coronavirus están aumentando en 40 estados de Estados Unidos, con nuevos fallecimientos y tasas de hospitalización aumentando a un ritmo alarmante.

Los funcionarios de salud advirtieron que EE.UU. debe actuar rápidamente para detener la propagación o se correrá el riesgo de perder el control sobre la pandemia.

Para controlarlo existe un claro consenso de que se deben usar mascarillas en público y practicar el distanciamiento social.

Si bien la mayoría de los estadounidenses apoyan el uso de tapabocas, el cumplimiento generalizado y constante ha resultado difícil de mantener en las comunidades de todo el país.

Manifestantes se reunieron frente a los ayuntamientos de la ciudad de Scottsdale, Arizona; Austin, Texas; y otras ciudades para protestar contra los mandatos locales respecto a las mascarillas.

Varios alguaciles del estado de Washington y de Carolina del Norte han anunciado que no harán cumplir las normativas de uso.

He investigado extensamente la historia de la pandemia de 1918.

En ese momento, sin vacunas o terapias farmacológicas efectivas, las comunidades de todo el país instituyeron una serie de medidas de salud pública para frenar la propagación de una epidemia de influenza mortal: cerraron escuelas y negocios, prohibieron reuniones públicas y aislaron y pusieron en cuarentena a los infectados.

Titulares de periódicos de Chicago relacionados con la pandemia de gripe española

Getty Images
Titulares de periódicos de Chicago relacionados con la pandemia de gripe española que incluyen: “Redadas policiales en bares en la guerra contra la influenza”, “Toque de queda en la ciudad” y “Quien estornude sin taparse será detenido”.

Muchas comunidades recomendaron o exigieron que los ciudadanos usaran mascarillas en público, y eso, no los onerosos encierros, fue lo que provocó la mayor ira.

Por la patria

A mediados de octubre de 1918, en medio de una terrible epidemia en el noreste y brotes de rápido crecimiento en todo el país, el Servicio de Salud Pública de Estados Unidos distribuyó folletos recomendando que todos los ciudadanos usaran tapabocas.

La Cruz Roja sacó anuncios en los periódicos alentando su uso y ofreció instrucciones sobre cómo fabricar mascarillas en casa con gasa e hilo de algodón.

Algunos departamentos de salud estatales lanzaron sus propias iniciativas, sobre todo California, Utah y Washington.

En todo el país, los carteles presentaban el uso de mascarillas como un deber cívico: la responsabilidad social se había incrustado en el tejido social mediante una campaña de propaganda federal masiva en tiempos de guerra lanzada a principios de 1917, cuando Estados Unidos entró en la Primera Guerra Mundial.

barrendero con una máscara en Nueva York

Getty Images
Siguiendo la recomendación de la Junta de Salud de Nueva York, es “Mejor ser ridículo que estar muerto”, un barrendero usa una mascarilla en octubre de 1918.

El alcalde de San Francisco, James Rolph, anunció entonces que “la conciencia, el patriotismo y la autoprotección exigen un cumplimiento inmediato y rígido” del uso de tapabocas.

En las cercanías de Oakland, el alcalde John Davie declaró que “es sensato y patriótico, sin importar cuáles sean nuestras creencias personales, proteger a nuestros conciudadanos uniéndonos a esta práctica”.

Sin orden

Los funcionarios de salud entendieron que cambiar radicalmente el comportamiento del público era una tarea difícil, especialmente porque a muchos les resultaba incómodo usar mascarillas.

Los llamamientos al patriotismo solo podían llegar hasta cierto punto.

Como señaló un funcionario de Sacramento (California), las personas “deben ser obligadas a hacer las cosas que son mejores para sus intereses”.

La Cruz Roja declaró sin rodeos que “el hombre, la mujer o el niño que no use mascarilla es ahora un negligente peligroso“.

Numerosas comunidades, particularmente en todo el Occidente del país, impusieron ordenanzas obligatorias. Algunos condenaron a los delincuentes a penas de cárcel breves y las multas oscilaron entre US$5 y US$200.

Juicio en un parque en San Francisco

Getty Images
En San Francisco,los jueces se salieron de las cortes y los juicios se hicieron al aire libre… pero sin mascarillas.

La aprobación de estas ordenanzas fue con frecuencia un asunto polémico. Por ejemplo, el director de salud de Sacramento tuvo que intentar varias veces antes de lograr convencer a los funcionarios de la ciudad de que promulgaran la normativa.

En Los Ángeles, no fue aprobada. Un proyecto de resolución en Portland, Oregón, provocó un acalorado debate en el consejo de la ciudad y un funcionario declaró la propuesta como “autocrática e inconstitucional”, y agregó: “Bajo ninguna circunstancia me pondrán un bozal como a un perro hidrófobo“. La medida no prosperó.

La junta de salud de Utah consideró emitir una orden obligatoria de mascarillas en todo el estado, pero decidió no hacerlo, argumentando que los ciudadanos sentirían una falsa seguridad y relajarían sus cuidados.

A medida que la epidemia resurgía, Oakland debatió una segunda orden de uso de tapabocas después de que el alcalde contara enojado que lo habían arrestado en Sacramento por no llevar una puesta.

Un médico prominente que asistió al debate comentó que “si un hombre de las cavernas apareciera… pensaría que los ciudadanos enmascarados son todos lunáticos“.

Con orden

En los lugares donde las órdenes de usar mascarillas se implementaron con éxito, el incumplimiento y el desafío se convirtieron rápidamente en un problema.

Barbería en Chicago en 1918

Getty Images
En Chicago, solo uno de los barberos de este local usa mascarilla, algo que, en este caso, es imposible para cualquiera de los clientes.

Muchas tiendas que no estaban dispuestas a rechazar clientela, no prohibían el ingreso a los desenmascarados.

Los trabajadores se quejaron de que los tapabocas eran demasiado incómodos para usarlos todo el día.

Una vendedora de Denver se negó porque dijo que “se le dormía la nariz” cada vez que se ponía una. Otra dijo que creía que “una autoridad superior al Departamento de Salud de Denver se ocupaba de su bienestar”.

Como lo expresó un periódico local, la orden de usar máscaras “fue casi totalmente ignorada por la gente; de hecho, la orden es motivo de burla”.

La regla fue enmendada para aplicarse solo a los conductores de tranvías, quienes luego amenazaron con hacer huelga. Se evitó una huelga cuando la ciudad flexibilizó la norma una vez más.

Denver soportó el resto de la epidemia sin ninguna medida que protegiera la salud pública.

En Seattle, por su parte, los conductores de tranvías se negaron a rechazar a los pasajeros sin tapabocas.

Un conductor de tranvía rechaza la entrada a un viajero que no usa máscara, Seattle, Washington, diciembre de 1918.

Getty Images
Un conductor de tranvía rechaza la entrada a un viajero que no usa mascarilla en Seattle, Washington, diciembre de 1918.

El incumplimiento estaba tan extendido en Oakland que los funcionarios delegaron a 300 voluntarios civiles del Servicio de Guerra para conseguir los nombres y direcciones de los infractores para que pudieran ser acusados.

Cuando entró en vigencia una orden de mascarillas en Sacramento, el jefe de policía ordenó a los oficiales: “Salgan a las calles y siempre que vean a un hombre sin tapabocas, tráiganlo o manden a buscar el carro”. En 20 minutos, las estaciones de policía se inundaron de delincuentes.

En San Francisco hubo tantos arrestos que el jefe de policía le advirtió a los funcionarios de la ciudad que se estaba quedando sin celdas en la cárcel. Los jueces y oficiales se vieron obligados a trabajar hasta altas horas de la noche y los fines de semana para despejar la acumulación de casos.

Protestas

Muchos de los que fueron sorprendidos sin mascarillas eran personas que pensaron que podían ir a hacer un mandado o al trabajo sin que los atraparan.

En San Francisco, sin embargo, el incumplimiento inicial se convirtió en un desafío a gran escala cuando la ciudad promulgó una segunda ordenanza sobre tapabocas en enero de 1919, momento en que la epidemia se disparó nuevamente.

Muchos denunciaron lo que consideraron una infracción inconstitucional de sus libertades civiles.

Policía estadounidense con máscara.

Getty Images
La decisión de arrestar a quienes no usaran mascarillas llenó las cárceles de “delincuentes”.

El 25 de enero de 1919 aproximadamente 2,000 miembros de la Liga Antimascarilla hicieron una manifestación para denunciar la ordenanza de tapabocas y proponer formas de derrocarla. Entre los asistentes se encontraban varios médicos destacados y un miembro de la Junta de Supervisores de San Francisco.

Ayer y hoy

Es difícil determinar la efectividad de las máscaras utilizadas en 1918.

Hoy en día, tenemos un creciente cuerpo de evidencia de que los revestimientos faciales de tela bien confeccionados son una herramienta eficaz para frenar la propagación del covid-19.

Sin embargo, queda por verse si los estadounidenses mantendrán el uso generalizado de mascarillas mientras la pandemia actual continúa desarrollándose.

Los ideales profundamente arraigados de la libertad individual, la falta de mensajes cohesivos y liderazgo en el uso de mascarillas y la desinformación generalizada han demostrado ser los principales obstáculos hasta ahora, precisamente cuando la crisis exige consenso y un cumplimiento generalizado.

Ese fue ciertamente el caso en muchas comunidades durante el otoño de 1918. Esa pandemia finalmente mató a unas 675,000 personas en EE.UU.

Ojalá que la historia no esté repitiéndose.


* J. Alexander Navarro es el subdirector del Centro de Historia de la Medicina de la Universidad de Michigan.

Esta nota apareció originalmente en The Conversation y se publica aquí bajo una licencia de Creative Commons.

Lee la nota original en inglés aquí.

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