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En los últimos 18 años, el consumo de anfetaminas aumentó 775% en México

Colima es la entidad con más adictos a esta droga; mientras que Tabasco registra el menor consumo.
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Por Hallazgos GLAC
16 de octubre, 2019
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En México, el número de adictos a las anfetaminas creció 775% en 18 años al pasar de 1.2 a 10.5 personas que admiten que son adictos y están en tratamiento por cada 100 mil habitantes, de acuerdo a datos del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI).

Durante 2016, México se ubicó en la posición 15 del ranking de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) con 0.2% de consumo (equivalente a 25 millones 500 mil personas) mientras que Estados Unidos, Países Bajos y Polonia fueron los de mayor consumo de anfetaminas con 2.9%, 1.7% y 1.7% respectivamente. 

De acuerdo a la ONUDD, en 2016 el 0.6% de la población mundial (equivalente a 4 mil 620 millones de personas) había consumido anfetaminas.

A pesar de que México se posicionó como uno de los países con menor consumo de anfetaminas a nivel internacional, en los últimos 5 años este se incrementó significativamente, convirtiéndose en un problema de salud pública que asociado con el consumo de alcohol, representa un fenómeno de mayor complejidad. 

En lo que va del 2019, México fue el segundo país con mayor consumo de estas sustancias entre estudiantes de secundaria con 2.7%, principalmente las mujeres. Estados Unidos fue el país de mayor consumo con 8.1% y Canadá el tercero con 1.8% de ese nivel escolar.

En el año 2000 los pacientes que recibieron atención en centros especializados en México fue de 7.6 consumidores de alcohol y 1.2 adictos a las anfetaminas, ambos en tasa por cada 100 mil habitantes.

En 2010, la tasa de consumidores de alcohol continuó en aumento y alcanzó los 21.9 pacientes, mientras que los de anfetaminas disminuyeron a 0.7 adictos por cada 100 mil habitantes.

Durante 2018, ambas tasas repuntaron, el alcoholismo registró 28.2 pacientes atendidos y el consumo de anfetaminas 10.5 adictos; lo que significó un incremento de 271% y 775% respectivamente en los últimos 18 años.

Entre el 2000 y el 2018 se registró una correlación de 0.5 (asociación media) entre la adicción al alcohol y las anfetaminas, lo que significa que un incremento en el consumo de alcohol fue acompañado de un aumento en los adictos a las anfetaminas en una proporción media.

A nivel estatal la correlación en 2018 fue mayor al registrar un valor de 0.88 (asociación alta), que indica que en los estados con mayor cantidad de adictos al alcohol, se registraron más adictos a las anfetaminas, casi en la misma proporción.

 

La Ciudad de México fue la entidad con mayor cantidad de consumidores de alcohol y la novena en anfetaminas.

Colima registró la mayor cantidad de adictos a las anfetaminas y la segunda en adictos al alcohol.

Tabasco fue el estado con menor número de adictos a las anfetaminas y el 29 en adictos al alcohol.

Veracruz fue la entidad con menos consumidores de alcohol y antepenúltimo en anfetaminas.

Durante las primeras semanas de octubre 2019, destacó la difusión en internet de las denominadas fiestas “chemsex”, que bajo el término de “tormenta perfecta” y el uso de algunos “emoticones” incitan la mezcla de sexo y drogas en redes sociales, entre ellas las anfetaminas.

Este tipo de eventos ha tenido mayor presencia en estados con destinos turísticos. En el centro del país el municipio de Cuernavaca, Morelos ha sido uno de los más afectados.

De acuerdo a los Centros de Integración Juvenil (CIJ) las fiestas con “sexo químico” representan un problema de salud pública, ya que los riesgos de esta práctica implican mantener relaciones sexuales sin protección y bajo la influencia de este tipo de drogas, incrementando la posibilidad de contraer alguna enfermedad de transmisión sexual, particularmente el VIH, que registra la incidencia más alta a nivel nacional en Campeche, Tabasco, Yucatán y Colima.

 

Getty Images

Nightingale de Google: el escandaloso proyecto que le permitió acceder al historial médico de millones

Google acaba de cerrar un trato con una enorme empresa de salud en Estados Unidos, Ascension, gracias al cual tuvo acceso al historial clínico de millones de pacientes de hospitales del país.
Getty Images
12 de noviembre, 2019
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Google ha ganado acceso a una cantidad masiva de datos en Estados Unidos gracias a un acuerdo con una gran empresa de servicios sanitarios.

Se trata de la compañía Ascension, que gestiona 2,600 hospitales en el país.

Gracias al proyecto Nightingale (que significa ruiseñor en inglés), Google tiene acceso a historiales clínicos, nombres y direcciones sin necesidad de haber consultado a los pacientes, según informó el diario estadounidense The Wall Street Journal, el primer medio en dar la noticia.

El gigante tecnológico dijo que esa es “la práctica habitual”.

Entre los datos a los que Google tiene acceso, según el acuerdo, también hay resultados de pruebas de laboratorio, registros de hospitalización y fechas de nacimiento.

Ni a los médicos ni a los pacientes se les informó de que Google puede ver esa información.

El informe de The Wall Street Journal señala que la empresa comenzó a tener acceso a esos datos el año pasado y que se amplió durante el verano.

Google señaló en su página web que su trabajo con Ascension se adheriría a todas las regulaciones de la industria, como la Ley de Portabilidad y Responsabilidad de Seguros de Salud en Estados Unidos, de 1996, también conocida por sus siglas en inglés, HIPAA.

“Para ser claros… los datos de los pacientes no se pueden combinar -ni se combinarán- con ningún dato de consumo de Google”, añadió la compañía.

Cirujana con una tableta

Getty Images
Ni los pacientes ni los médicos fueron informados.

Ascension dijo que el trato le ayudaría a “optimizar” el cuidado de los pacientes e incluiría el desarrollo de herramientas de inteligencia artificial para ayudar a los médicos.

La compañía de servicios de salud también dijo que comenzaría usando los servicios de almacenamiento en la nube de Google y aplicaciones empresariales como G Suite.

Preocupaciones sobre la privacidad

Sin embargo, el proyecto Nightingale ya ha despertado críticas por parte de quienes argumentan que les quita control a los pacientes sobre sus propios datos.

“Hay un enorme problema en que estas asociaciones público-privadas se hagan todas bajo contratos privados, de manera que es bastante difícil obtener algo de transparencia“, le dijo a la BBC Jane Kaye, directora del Centro de Derecho, Salud y Tecnologías Emergentes (HeLEX) de la Universidad de Oxford, en Reino Unido.

“Google dice que no los vincularán con otros datos, pero lo que hacen todo el tiempo es refinar sus algoritmos, perfeccionar lo que hacen y ganar una mayor ventaja comercial”.

Las organizaciones sanitarias están cada vez bajo más presiones para mejorar la eficiencia y la calidad de los cuidados a los pacientes.

Muchas de ellas están valorando el uso de la inteligencia artificial en un esfuerzo por mejorar sus servicios, pero a veces estas acciones despiertan críticas negativas sobre cómo se manejan los datos de los pacientes.

En Reino Unido, la filial de Google para el desarrollo de inteligencia artificial, DeepMind, infringió la ley cuando no pudo explicar a los pacientes cómo usarían sus datos para crear una aplicación sobre una enfermedad renal.

La herramienta, llamada Streams, fue diseñada para resaltar qué pacientes tienen más riesgo de desarrollar una enfermedad renal aguda.


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