ONG exigen renuncia de la titular de Conavim; la acusan de obstaculizar acceso a la justicia de las mujeres
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ONG exigen renuncia de la titular de Conavim; la acusan de obstaculizar acceso a la justicia de las mujeres

Organizaciones y víctimas de violencia feminicida exigieron la renuncia de María Candelaria Ochoa Ávalos, a quien acusaron de obstaculizar la justicia para las mujeres desde su puesto como titular de la Conavim.
Cuartoscuro
8 de octubre, 2019
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Más de 350 organizaciones de la sociedad civil y defensoras de derechos humanos pidieron a la Secretaría de Gobernación (Segob) y al presidente Andrés Manuel López Obrador que destituyan de su cargo a la actual titular de la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres (Conavim), María Candelaria Ochoa Ávalos.

En conferencia de prensa, integrantes del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF), del Centro Fray Francisco de Vitoria, Cladem y la Comisión Mexicana para la Defensa y Protección de los Derechos Humanos (CMDPDH) acusaron a Ochoa Ávalos de obstaculizar desde su puesto la garantía de los derechos de las mujeres en el país.

“Como organizaciones ubicadas en distintas partes del país, hemos atestiguado que a más de seis meses de que tomara posesión del cargo, la actual comisionada no ha impulsado ni realizado acciones contundentes que puedan atender la problemática que cada día acaba con la vida de 10 mujeres en nuestro país”, señalaron.

En una carta que enviaron este martes al presidente y la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, denunciaron a María Candelaria Ochoa de no permitir la participación de organizaciones de la sociedad civil dentro de los mecanismos de seguimiento a las Alertas de Violencia de Género (AVG) declaradas en el país, así como de retrasar la declaratoria para la Ciudad de México. 

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De acuerdo con las firmantes, la Conavim no solo ha retrasado la declaración de la AVG en Ciudad de México, porque rechaza la orden de un juez de incluir a las organizaciones en el seguimiento de las acciones para prevenir la violencia contra las mujeres, sino que ha rechazado emitirla para Zacatecas y se ha negado a implementar una tercera Alerta para el estado de Veracruz.

También señalaron que, en el caso de Jalisco, Ochoa Ávalos impidió a las organizaciones defensoras de derechos de las mujeres participar en los grupos de seguimiento delas acciones de la AVG, y condicionó su presencia a que fueran convocadas por el gobierno del estado. 

“En lugar de dar cumplimiento a sus obligaciones en la implementación del mecanismo de AVG y de diseñar los planes de implementación y la metodología de seguimiento y evaluación de las 19 AVG declaradas y de convocar a los grupos de seguimiento –como se ha solicitado en varios estados- la actual comisionada se ha dedicado a orillar a las organizaciones a judicializar los derechos de las mujeres, en lugar de garantizarlos como establece su mandato”, reclamaron.

Las organizaciones también destacaron que, a más de siete meses de la presentación realizada por el presidente y la Segob del Plan de Acciones Emergentes para Garantizar la Integridad, la Seguridad y la Vida de las Mujeres y Niñas de México, “a la fecha, la solución a la problemática no ha tenido avances considerables, contrario a ello, la violencia permanece y se agudiza”.

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“La comisionada ha mostrado y nos lo ha manifestado, en la práctica y en la vía judicial, que no tenemos interlocución con ella, que no tiene capacidad de diálogo. No estamos cuestionando si es experta en el tema de violencia contra las mujeres, estamos cuestionando su incapacidad de diálogo con las organizaciones que estamos día a día con las víctimas luchando por el acceso a la justicia”, expresaron. 

Al presidente López Obrador, pidieron “congruencia entre los discursos de la actual administración con los hechos. Nosotras estamos demostrando cuál ha sido el actuar y el trato que se nos ha dado como defensoras de derechos humanos por esta funcionaria”.

“Consideramos que esto ni siquiera o habíamos vivido en la administración pasada, nosotras compartimos ideales de transformación con este nuevo gobierno. Les pedimos congruencia entre su discurso y quienes representan a las instituciones”, finalizaron.

Además de la exigencia de la renuncia de María Candelaria Ochoa, las organizaciones pidieron al gobierno generar acciones que erradiquen la violencia contra las mujeres en México y que se evalúe a las 19 AVG declaradas en el país, para conocer su grado de avance y los obstáculos que enfrentan.

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Asimismo, exigieron que se garantice que las AVG que se declaren sean específicas y acordes a las problemáticas detectadas en cada estado  y que se fortalezca el mecanismo a través del diseño de una metodología de seguimiento y evaluación en el que coadyuven las organizaciones sociales.

También que se transparenten las acciones y recursos destinados por los tres niveles de gobierno para garantizar los derechos humanos de las mujeres y que se reforme el reglamento de la Ley General de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia para evitar los vacíos de la misma que dan pie a interpretaciones a modo.

Entre los firmantes de la carta se encuentran 150 organizaciones, entre ellas IDHEAS, la Asamblea Vecinal Nos Queremos Vivas Neza, ADIVAC, la Cátedra UNESCO de la UNAM, El Caracol A.C. y el Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia.

A esta exigencia se sumaron también 200 familiares y víctimas sobrevivientes de violencia feminicida, y defensoras de derechos humanos de las mujeres.

Animal Político consultó a la Conavim y la Segob sobre su posicionamiento respecto a la petición de las organizaciones sin que hasta el momento de la publicación hayan dado respuesta.

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Rusia y Ucrania: las razones de Estados Unidos y la OTAN para no enviar tropas a Kiev

En el pasado, las tropas de Estados Unidos y de la OTAN intervinieron en conflictos en países que no pertenecían a la alianza como Bosnia o Afganistán.
26 de febrero, 2022
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El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha gastado un enorme capital diplomático en contrarrestar el ataque ruso a Ucrania.

Su gobierno transmitió implacablemente advertencias sobre una posible invasión inminente por parte de Moscú, que finalmente se materializó, y declaró que estaba en juego nada menos que el orden internacional.

Pero Biden también ha dejado en claro que los estadounidenses no están dispuestos a combatir, aunque los rusos claramente lo están.

Además, descartó enviar fuerzas a Ucrania para rescatar a ciudadanos estadounidenses, si llegara el caso. De hecho, sacó del país tropas que estaban sirviendo como asesores y monitores militares.

¿Por qué ha trazado el mandatario esta línea roja en la crisis de política exterior más importante de lo que lleva de presidencia?

No están en juego sus intereses de seguridad nacional

En primer lugar,hay que recordar que Ucrania no está en el vecindario de EE.UU. ni se encuentra en su frontera. Tampoco alberga una base militar estadounidense. No tiene reservas estratégicas de petróleo y no es un socio comercial importante.

Pero esa falta de interés nacional no ha impedido en el pasado que gobiernos estadounidenses hayan gastado sangre y recursos de su país para defender a otros.

En 1995, Bill Clinton intervino militarmente en la guerra que siguió al colapso de Yugoslavia. Y en 2011, Barack Obama hizo lo mismo en la guerra civil de Libia, alegando tanto motivos humanitarios como de derechos humanos.

Tropa de Estados Unidos en Bosnia en 1995.

Getty Images
Estados Unidos envío tropas que formaron parte del contingente de la OTAN en 1995.

En 1990, George HW Bush justificó su coalición internacional para expulsar a Irak de Kuwait defendiendo el Estado de derecho frente a la ley de la selva.

Los principales funcionarios de seguridad nacional de Biden han usado un lenguaje similar al describir la amenaza de Rusia a los principios internacionales de paz y seguridad.

Pero, hasta ahora, han hablado de una guerra económica a través de sanciones paralizantes como respuesta, no de operaciones militares.

Biden no es partidario del intervencionismo militar

Esta postura tiene algo que ver con los instintos no intervencionistas del presidente Biden.

Por supuesto, estos se fueron desarrollando con el paso del tiempo. En el pasado, por ejemplo, el actual mandatario apoyó la acción militar estadounidense en la década de 1990 para hacer frente a los conflictos étnicos en los Balcanes.

También votó a favor de la invasión estadounidense de Irak en 2003. Pero, desde entonces, se ha vuelto más cauteloso a la hora de usar el poder militar estadounidense.

Así, se opuso a la intervención de Obama en Libia, al igual que a su decisión de incrementar las tropas en Afganistán. De igual modo, sigue defendiendo enérgicamente su orden de retirar las fuerzas estadounidenses de Afganistán el año pasado a pesar del caos que la acompañó y la catástrofe humanitaria que dejó a su paso.

Por su parte, el jefe diplomático de su gobierno, Antony Blinken —quien ha ayudado a concebir la política exterior de Biden— ha definido una seguridad nacional estadounidense más enfocada a combatir el cambio climático, luchar contra las enfermedades globales y competir con China que en términos de intervencionismo militar.

Los estadounidenses tampoco quieren una guerra

Una encuesta reciente de la agencia AP y el Centro NORC para la investigación de Asuntos Públicos de la Universidad de Chicago concluyó que 72% de los consultados en EE.UU. dijo que su país debería desempeñar un papel menor en el conflicto entre Rusia y Ucrania, o ninguno en absoluto.

Carteles con el precio de la gasolina en una estación de servicio en Estados Unidos.

Getty Images
Los estadounidenses están más preocupados por la economía que por la geopolítica.

Los ciudadanos centran sus intereses en cuestiones económicas, especialmente en el aumento de la inflación, algo que Biden debe tener en cuenta a medida que se avecinan las elecciones de mitad de período.

En Washington, la crisis en Ucrania está en el centro de las preocupaciones de legisladores tanto republicanos como demócratas, que exigen sanciones más duras contra Rusia.

Pero incluso voces de línea dura como el senador republicano Ted Cruz no quieren que Biden envíe tropas estadounidenses a Ucrania y “comience una guerra con Putin”.

El senador republicano Marco Rubio, otro halcón de la política exterior, ha dicho que la guerra entre las dos potencias nucleares más grandes del mundo no sería buena para nadie.

El peligro de una confrontación de superpotencias

Buena parte de esta postura se explica en el hecho de que Putin cuenta con una gran reserva de ojivas nucleares.

Biden no quiere provocar una “guerra mundial” al arriesgarse a un enfrentamiento directo entre tropas estadounidenses y rusas en Ucrania y ha sido claro al respecto.

Balance fuerzas militares entre Rusia y Ucrania.

BBC
Desfile militar en Rusia.

Getty Images
Además de armas nucleares, Rusia cuenta con un potente arsenal convencional.

“No es como si estuviéramos lidiando con una organización terrorista”, dijo el mandatario estadounidense a la cadena NBC a principios de este mes. “Estamos lidiando con uno de los ejércitos más grandes del mundo. Esta es una situación muy difícil y las cosas podrían descontrolarse rápidamente”, apuntó.

EE.UU. no está obligado a actuar

EE.UU. tampoco está obligado por ningún tratado internacional a asumir este riesgo.

Una situación distinta ocurriría si Ucrania fuera parte de la OTAN, pues en esa organización se asume que un ataque contra cualquiera de sus miembros es un ataque contra todos. Ese es el compromiso fundamental del Artículo 5, que obliga a todos los miembros a defenderse unos a otros.

Pero Ucrania no es miembro de la OTAN, un factor citado por Blinken para explicar por qué los estadounidenses no lucharán por los valores que defienden con tanta energía.

Aquí hay cierta ironía, dado que el conflicto surge de las demandas de Putin de garantías de que nunca se permitirá que Ucrania se una a la alianza militar y de la negativa de la OTAN a dárselas.

Tampoco la OTAN está obligada a hacerlo

Paradójicamente, el compromiso de defensa mutua establecido en el Tratado de la OTAN es el principal incentivo que tiene Ucrania para solicitar la admisión en esa alianza y, al mismo tiempo, uno de los motivos por los cuales algunos de sus estados miembros no quieren admitir a Kiev.

Gráfico

BBC

Desde inicios de la década de 1990, el tema de la ampliación de la OTAN para incluir a países que pertenecieron a la antigua órbita soviética fue motivo de debate entre expertos en política exterior, entre los cuales hay quienes creen que esto podría generar una reacción negativa por parte de Rusia, que podía sentirse amenazada por la inclusión en la alianza de países con los que comparte fronteras.

Pese a esas objeciones, la alianza se amplió y desde 1997 ha incluido entre sus miembros a 14 países que proceden del antiguo bloque comunista. Ha habido, sin embargo, dos notables excepciones: Georgia y Ucrania.

En 2008, la OTAN hizo una declaración en la que señaló que estos dos países podrían ser finalmente admitidos, pero esto no ha ocurrido.

De hecho, muchos analistas apuntan que no es casual que, justo meses después de esa cumbre de la OTAN, se produjo la guerra en Georgia mediante la cual separatistas prorrusos tomaron el control de los territorios de Abjasia y de Osetia del Sur.

Soldados de Ucrania en Donetsk.

Getty Images
En 2014, las fuerzas armadas de Ucrania perdieron el control de Donetsk y Luhansk ante grupos prorrusos.

Una situación similar se repitió en 2014, cuando pocos meses después de las revueltas populares que llevaron a la caída del gobierno del presidente prorruso de Ucrania Víktor Yanukóvich, se registraron las rebeliones en Donetsk y Luhansk, en las cuales grupos prorrusos asumieron el control de esos territorios de Ucrania.

Al igual que el gobierno de Biden, la OTAN ha criticado con dureza la invasión rusa a Ucrania. Su secretario general, Jens Stoltenberg, dijo que se trata de “un acto brutal de guerra”. Pero, de ahí a intervenir militarmente en defensa de Kiev, hay un abismo que la alianza no parece estar dispuesta a cruzar por el momento.

¿Puede cambiar esto?

El presidente Biden ha estado enviando tropas a Europa y redistribuyendo las que ya están allí, para reforzar a los aliados de la OTAN que limitan con Ucrania y Rusia.

Esto ha sido anunciado por su gobierno como un esfuerzo para tranquilizar a las exrepúblicas soviéticas, nerviosas por el objetivo más amplio de Putin de presionar a la OTAN para que haga retroceder las fuerzas de su flanco oriental.

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg.

Getty Images
El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, ha criticado duramente la invasión rusa.

Este esfuerzo ha implicado también a la alianza, que durante los meses previos de tensión entre Rusia y Ucrania ha movilizado miles de efectivos y de recursos militares hacia el este de Europa, pero no con la finalidad de proteger a Ucrania sino para reforzar la protección de sus miembros en esa región como Polonia, Estonia, Letonia, Lituania y Rumania.

Pero la invasión de Ucrania esta semana avivó las preocupaciones sobre la perspectiva de un conflicto más amplio, ya fuera por un derrame accidental de las hostilidades o por un ataque deliberado de Rusia más allá de Ucrania.

Esto último implicaría una gran escalada de la tensión, pues abriría la puerta a invocar el compromiso de defensa mutua del Artículo 5 de la OTAN. No obstante, cualquiera de esos dos escenarios podría atraer a las fuerzas estadounidenses a una batalla.

“Si [Putin] entra en los países de la OTAN, nos implicaremos“, advirtió Biden.

* Con información del análisis de Barbara Plett Usher, corresponsal de la BBC en el Departamento de Estado de EE.UU.


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