IMSS gastó 427 mdp para construir hospital en Puebla; dos años después no hay nada
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IMSS gastó 427 mdp para construir hospital en Puebla; dos años después no hay nada

La obra tendría que sustituir al Hospital General San Alejandro que resultó dañado en el sismo de 2017 y atendía al 60% de los derechohabientes de la entidad.
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Por Ernesto Aroche y Nayeli Roldán
8 de octubre, 2019
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El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) gastó 427 millones de pesos en un terreno que incluye un edificio a medio construir, que debía convertirse en un nuevo hospital para Puebla, pero que resultó una obra inservible y sólo podrá utilizarse en el futuro para oficinas.

El nuevo hospital sustituiría al Hospital General San Alejandro de Puebla, el principal servicio para 60% de los derechohabientes del estado que resultó con severos daños estructurales tras el temblor del 19 de septiembre de 2017. 

Dos años después, no solo no hay hospital, tampoco se puede avanzar en la construcción de cualquier obra en ese terreno porque la adjudicación está en disputa. En 2018 se hizo la licitación del proyecto, pero las empresas que fueron descalificadas en el proceso acusaron irregularidades e impugnaron el procedimiento. 

La administración del nuevo gobierno en el estado determinó reponer el proceso en el que resultó ganadora la firma española Sacyr, lo que derivó en una inconformidad de la empresa ante tribunales y en que el IMSS no pueda hacer nada en el terreno hasta tener una resolución judicial. 

Lee: 180 obras de hospitales en México están suspendidas por corrupción o falta de dinero: Salud

Mientras se halla solución, los poblanos sufren las consecuencias con un sistema de salud colapsado que ha obligado a hospitales de la entidad como La Margarita, en el sureste de la capital poblana, a operar con sobrecupo y sobredemanda de hasta 300% para atender a los derechohabientes del General San Alejandro, según reconoce el mismo IMSS.

Y aunque el nuevo hospital ya debería estar realizando 188 mil hospitalizaciones, 23 mil cirugías, 7 mil partos y 200 trasplantes cada año, según el proyecto de inversión, todo sigue en el papel. 

¿Por qué después de dos años aún no hay hospital? ¿Qué decisiones llevaron a esa situación? 

La compra de un problema

El 5 de octubre de 2017, dos semanas después del sismo de 7.1 grados que dejó a cientos de damnificados, el entonces secretario de Salud, José Narro Robles, y el director del IMSS, Mikel Arriola, recorrieron la estructura dañada del hospital San Alejandro. 

Ese día, confirmaron que el inmueble no podría seguir operando y Mikel Arriola anunció que, por orden presidencial, mil 400 millones de pesos se destinarían para la recuperación de los servicios del IMSS en la entidad, y que el 90% de los recursos serían exclusivamente para el nuevo San Alejandro.

A partir de ese momento, la directiva del IMSS comenzó la búsqueda de un terreno para un hospital con 415 camas, el número que tenía San Alejandro. 

Entérate: ¿Qué opina la gente de los servicios del IMSS? Más del 60% dice que el abasto de medicamentos es “muy malo”

Animal Político buscó a Mikel Arriola para conocer su versión sobre la compra del terreno para construir el nuevo hospital, el exdirector del IMSS dijo que Patricio Caso, exdirector de administración del Instituto, sería el encargado de responder. 

“Encontrar 6 hectáreas en Puebla no fue sencillo, sobre todo porque se debía cumplir con ciertas características: que el terreno fuera plano, que pudiera utilizarse de manera ágil y que tuviera buenas vías de comunicación”, dijo Caso en entrevista. 

El exfuncionario explicó que finalmente encontraron un terreno de 62 mil metros cuadrados en el que empresarios iniciaron la construcción de un hospital privado conocido como Centro Internacional de Medicina (CIMA), ubicado en la reserva territorial Atlixcayotl de la ciudad de Cholula, pero que después de 20 años de iniciada la construcción, no se terminó. 

Foto: Ernesto Aroche

La firma Medicus, S. A. De C. V., integrada por empresarios de la salud texanos encabezados por Gary Brent Woods, presidente de la empresa International Hospital Corporation Holding NV; empresarios poblanos, encabezados por Luis Regordosa Valenciana, y médicos especialistas liderados por el urólogo Enrique Macip Nieto, compraron el terreno entre 1995 y 1998. 

En los siguientes años comenzaron a construir un edificio que pretendía ser un hospital de lujo, pero sólo consiguieron 14 mil metros de construcción con avance en ventanas y pisos, pues por falta de capital, la obra quedó detenida en 2012. 

Para el IMSS, la obra resultó un lugar idóneo para el nuevo hospital porque “era el único inmueble que había en Puebla con esas características”, según el exfuncionario Patricio Caso. 

Foto: Ernesto Aroche

La negociación para la compra del terreno se llevó a cabo entre el IMSS y los empresarios texanos, que tenían la mayoría de las acciones de Médicus, asegura el empresario poblano Luis Regordosa Valenciana.

En noviembre de 2017, Regordosa Valenciana intervino para que a los socios menores les permitieran intervenir en la compraventa, pero fue rechazado por el entonces director del IMSS, Mikel Arriola, con el argumento de que tenían mucha prisa para empezar con la obra. 

“Él me dijo que tenían una urgencia y querían el hospital nuestro, que con eso iban a ganar mucho tiempo en reconstruir el nuevo San Alejandro, porque ya tenían un avance, y que querían que Peña Nieto lo inaugurara al cerrar su sexenio”, explicó Regordosa en entrevista.

La propuesta por parte de Mikel Arriola también quedó asentada en el acta del Consejo Técnico del IMSS donde se aprobó la compra de dicha propiedad “conforme a la propuesta que presenta el director general, por conducto de la persona Titular de la Dirección de Administración, mediante oficios 466 y 476 de fechas 9 y 10 de octubre de 2017”, cita el documento firmado el 11 de octubre de 2017.   

Entre los requerimientos del Consejo estaba que el terreno tuviera al menos 50 mil metros cuadrados y ser “técnicamente apto para la construcción y puesta en operación de un hospital u hospitales que cubran las 415 casas censables del Hospital Regional 36 San Alejandro”. 

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El Consejo Técnico del IMSS, el máximo órgano de gobierno del Instituto, recibió también un estudio donde se analizaba el costo y beneficio del “Programa de Emergencia para la Sustitución del Hospital General 36 San Alejandro”, en el que se exponían dos opciones para afrontar la emergencia: subrogar servicios privados o construir un hospital nuevo. 

La primera sería una opción más cara y menos viable en el futuro. Por ello, era mejor construir uno nuevo y desde entonces se advertía la intención de comprar el terreno del hospital privado CIMA, pues contaba “con un área en obra gris que no fue afectada por el sismo y que será aprovechada para la construcción de una de las unidades del conjunto. La compra del terreno permitirá disminuir los tiempos de construcción en un 40%”, se lee en el análisis costo-beneficio.

Foto: Ernesto Aroche

También se había avanzado en el requisito de conseguir la valuación de la propiedad por parte del Instituto de Administración y Avalúos de Bienes Nacionales (INDAABIN), que determinó un precio máximo de 710 millones de pesos, de los cuales 89 millones correspondían al avance de construcción que ya tenía CIMA. 

La compraventa del terreno se concretó el 6 de diciembre de 2017, casi dos meses después de que el IMSS aprobara la transacción por 427.6 millones de pesos, lo que significó 60% menos del techo presupuestal, según el contrato de compraventa registrado en la notaría 248 de la ciudad de México, cuyo titular es Eduardo Francisco García Villegas Sánchez Cordero. 

Según contaron los empresarios poblanos, hubo un corredor inmobiliario del que no recuerdan el nombre, pero fue quien acercó la propiedad al IMSS y, por lo cual, los privados pagaron una comisión de 7%, es decir 29.7 millones de pesos.

“De lo que se vendió hubo que pagar comisiones a quién lo vendió, al corredor. Comisión que también se me hizo elevada. Fue, si mal no recuerdo, del 7%, que para operación de este tipo no se estila una comisión de este tamaño, pero eso fue lo  acordado con los texanos”, dijo Luis Regordosa.

Lee: Solo tres de cada mil trabajadoras del hogar se han inscrito al IMSS

Patricio Caso, por su parte, negó la existencia de un corredor. “Negociamos con la empresa que era dueña del predio, estrictamente con los representantes legales. Le pagamos a los representantes por el terreno, no le pagamos a ningún intermediario”. 

En el expediente del Registro Público de la Propiedad de Puebla consultado por Animal Político, donde se asienta la compra-venta del inmueble, se incluye la documentación gubernamental como el acta del Consejo Técnico del IMSS y con la empresa, pero no existe ninguna referencia respecto al corredor inmobiliario. 

El edificio problema 

Patricio Caso aseguró que el IMSS negoció lo suficientemente bien y pagó “barato” el terreno porque el hospital en obra gris no era relevante. “La negociación fue esa: te compro el terreno, después de eso se harían estudios para el peritaje preliminar para ver si el inmueble nos servía”. 

Sin embargo, en el estudio de costo-beneficio del IMSS sí se consideró como una ventaja que el terreno tuviera un inmueble porque significaba un avance de 40% de la obra total y así, el nuevo hospital terminaría de construirse en 2019. 

De hecho, en el contrato de compra-venta se especifica que de los 427.6 millones de pesos pagados, 52.2 millones correspondían al precio del edificio a medio construir. Pero éste, lejos de ser una rápida solución para atender la emergencia en el sistema de salud en Puebla, significó un problema: el edificio en obra gris no puede ser hospital. 

Foto: Ernesto Aroche

No cumple con las normas médicas ni con los reglamentos actuales de construcción, toda vez que es un obra de más de 15 años, dijo en entrevista Juan Manuel Delgado, actual coordinador de Infraestructura Inmobiliaria del IMSS. 

“Estamos en un dilema, queremos aprovecharlo al máximo porque no queremos que eso que tuvo un costo se pierda, pero tampoco nos podemos casar con una idea de que vamos a dar algo que no va a cumplir”.

Aunque todavía no está decidido, una de las propuestas para usar el edificio es reforzarlo y adaptarlo para oficinas. “Nuestra responsabilidad es darle uso a esos recursos públicos. Sería más fácil adaptar esos espacios de oficinas para la delegación del IMSS en Puebla”, explicó Delgado. 

En el resto del terreno si se buscará construir un nuevo hospital, pero será sólo de 210 camas, es decir, la mitad de capacidad del antiguo hospital San Alejandro, porque el proyecto de la nueva administración consiste en hacer una “red hospitalaria” y no una obra faraónica, para “no repetir el error”. 

Además de éste, la red hospitalaria que planea la nueva administración incluiría la construcción de otro hospital con 260 camas en Amozoc; otro con 180 camas en el terreno donde será demolido el antiguo San Alejandro y un edificio para ginecobstetricia del Hospital La Margarita. 

Lee: Sin infraestructura ni presupuesto: así tendrá que repartir el IMSS miles de medicamentos

Hasta el momento, en el terreno CIMA se han gastado 512 millones entre 2017 y 2018, de los cuáles 427 millones fueron en la compra del terreno, y hasta este año sólo se reporta 2.4% de avance, según informes de transparencia presupuestaria de la Secretaría de Hacienda.  

Además, se prevé aumentar el presupuesto. En 2017 se calculó un gasto de 2 mil 996 millones de pesos, según la Cuenta Pública de ese año, pero en los siguientes años ha aumentado la proyección para quedar en 3 mil 223 millones de pesos en la obra, lo que significa 7% más que al inicio, según se observa en el proyecto de presupuesto de egresos para 2020. 

Aún así, todavía no hay fecha para arrancar la construcción porque hay un procedimiento judicial pendiente. 

El pleito legal  

El 3 de abril de 2018, cuatro meses después de la compra del terreno, el IMSS lanzó la licitación pública del “Proyecto Integral relativo al programa de emergencia para la sustitución del Hospital General Regional No. 36 de 415 camas de San Alejandro, Puebla, por el Hospital de Gineco Pediatría de 210 camas y por el Hospital General Regional de 205 camas”.

Dos meses después, se dio a conocer el fallo de la obra que costaría mil 911 millones de pesos, resultando como ganadora la empresa de origen español Sacyr, que debía iniciar trabajos el 11 de julio de 2018 y concluir el proyecto en 22 meses.

Pero tres de las ocho empresas participantes rechazaron el fallo argumentando falta de transparencia y equidad, de acuerdo con el acta publicada en la página de Compranet.

Foto: Ernesto Aroche

Jesús Flores Lagos, socio de la constructora Ingeniería y Control de Proyectos SA de CV, explicó a Animal Político que el argumento para desechar su propuesta fue “falta de experiencia, pese a que tenemos 35 años y más de 110 hospitales construidos. En este momento estamos construyendo cuatro súper hospitales que son de 250 camas, tres de 250 y uno de 150, y aún así nos descalifican para dejarle el camino libre a Sacyr”.

En ese momento, el IMSS decidió retirar paredes, ventanas y pisos que ya estaban instalados, e incluso, a decir de los exsocios de CIMA, la tubería para el sistema de aire acondicionado para revisar la estructura y poder hacer adecuaciones a la obra. 

Producto de la queja, el Órgano Interno de Control (OIC) “encontró que fue procedente la inconformidad” y ordenó al IMSS reponer el procedimiento. “Encontramos que (la obra) no es para el inconforme, ni para el que se había adjudicado”, explicó Juan Manuel Delgado, encargado del proyecto ahora como titular de Infraestructura del IMSS. Por ello, el 20 de febrero de 2019, el IMSS declaró la licitación como “desierta”. 

En marzo, la empresa Sacyr interpuso un amparo contra la resolución del OIC ante el Juzgado Noveno en Materia Administrativa. La firma confirmó a Animal Político que ante la declaración de licitación desierta, “mediante la vía legal nos inconformamos contra esta resolución y mantenemos un litigio que tiene como objetivo mantener vigente el contrato para continuar ejecutando las obras del proyecto”.

En tanto, el IMSS no puede realizar ninguna obra dentro del terreno porque “si hacemos cualquier cosa, el juez puede decir que estamos violentando los derechos del amparado. Estamos atados de manos” hasta que haya una resolución, explicó Delgado.

El funcionario agregó que si bien la emergencia apresuró decisiones, a la postre queda en evidencia que con la compra del terreno de CIMA “alguien dejó de tener un problema y alguien tuvo un problema”. 

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El pueblo en Francia que se quiere iluminar con organismos vivos

Organismos tan diversos como las luciérnagas, los hongos y los peces tienen la capacidad de brillar a través de la bioluminiscencia, que está presente en el 76% de las criaturas de aguas profundas.
29 de abril, 2022
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En una tranquila habitación de un centro de vacunación contra el coronavirus en Rambouillet, una pequeña ciudad francesa a unos 50 kilómetros al suroeste de París, una suave luz azul emana de una fila de tubos.

En fechas próximas, el mismo resplandor azul iluminará la cercana Place André Thomé y Jacqueline Thomé-Patenôtre.

Pero a diferencia de las farolas estándar, que a menudo emiten un fuerte resplandor y necesitan ser conectadas a la red eléctrica, estas luces son alimentadas por organismos vivos a través de un proceso conocido como bioluminiscencia.

Este fenómeno, en el que las reacciones químicas dentro del cuerpo de un organismo producen luz, se puede observar en muchos lugares de la naturaleza.

Organismos tan diversos como las luciérnagas, los hongos y los peces tienen la capacidad de brillar a través de la bioluminiscencia: está presente en el 76% de las criaturas de aguas profundas.

Estos experimentos también están en marcha en toda Francia, incluso en el aeropuerto Roissy-Charles-de-Gaulle de la capital.

Variedad natural

Los ejemplos de bioluminiscencia en el mundo natural son muchos.

Las luciérnagas se iluminan para atraer parejas, mientras que algunas especies de algas brillan cuando se agita el agua circundante.

El rape (un pezde aguas profundas) permite que bacterias bioluminiscentes se establezcan en un lóbulo sobre su cabeza como un señuelo tentador para sus presas.

La mayoría de las especies oceánicas bioluminiscentes emiten una luz azul verdosa que, debido a las longitudes de onda más cortas de los colores, puede viajar más lejos en el océano.

Algunas luciérnagas y ciertos caracoles brillan de color amarillo, y se sabe que el llamado “gusano ferroviario”, una larva de escarabajo nativa de las Américas, se vuelve rojo y amarillo verdoso en un patrón que se asemeja a un tren por la noche.

Incluso se ha descubierto que algunos roedores nocturnos que se encuentran en el sur de África tienen cabello que produce un brillo biofluorescente de color rosa intenso.

Las luces de Francia

El brillo azul turquesa en la sala de espera en Rambouillet proviene de una bacteria marina recolectada en la costa de Francia llamada Aliivibrio fischeri.

Las bacterias se almacenan dentro de tubos llenos de agua salada, lo que les permite circular en una especie de acuario luminoso.

Dado que la luz se genera a través de procesos bioquímicos internos que forman parte del metabolismo normal del organismo, su funcionamiento casi no requiere más energía que la necesaria para producir los alimentos que consumen las bacterias.

La bioluminiscencia en las aguas de la bahía Preservation de Tasmania

Brett Chatwin

Se agrega una mezcla de nutrientes básicos y se bombea aire a través del agua para proporcionar oxígeno.

Para “apagar las luces”, simplemente se corta el aire, deteniendo el proceso al enviar la bacteria a un estado anaeróbico donde no produce bioluminiscencia.

“Nuestro objetivo es cambiar la forma en que las ciudades usan la luz”, dice Sandra Rey, fundadora de la empresa emergente francesa Glowee, que está detrás del proyecto en Rambouillet.

“Queremos crear un ambiente que respete mejor a los ciudadanos, el medio ambiente y la biodiversidad e imponer esta nueva filosofía de la luz como una alternativa real”.

Los defensores del proyecto argumentan que la bioluminiscencia producida por bacterias podría ser una forma sostenible y eficiente en energía para iluminar nuestras vidas.

La forma en que actualmente producimos luz, argumenta Rey, ha cambiado poco desde que se desarrolló la primera bombilla en 1879.

Si bien la bombilla LED, que surgió en la década de 1960, ha reducido significativamente los costos de funcionamiento de la iluminación, todavía depende de la electricidad, que se produce en gran parte por la quema de combustibles fósiles.

Glowee

Fundada en 2014, Glowee está desarrollando una materia prima líquida, en teoría infinitamente renovable, hecha de microorganismos bioluminiscentes.

Se cultiva en acuarios de agua salada antes de envasarse en los tubos.

El proceso de fabricación, afirma Rey, consume menos agua que la fabricación de luces LED y libera menos CO2, mientras que el líquido también es biodegradable.

Las luces también usan menos electricidad para funcionar que las LED, según la compañía, aunque las bombillas Glowee producen menos intensidad de luz que la mayoría de las bombillas LED modernas.

las luces de Glowee

Glowee
Las luces de Glowee.

Si bien las luces de Glowee actualmente solo están disponibles en tubos estándar para eventos, la compañía planea producir pronto varios tipos de mobiliario urbano, como bancos para exteriores, con iluminación incorporada.

En 2019, el ayuntamiento de Rambouillet firmó una sociedad con Glowee e invirtió US$109.000 para convertir la ciudad en “un laboratorio de bioluminiscencia a gran escala”.

Guillaume Douet, jefe de espacios públicos de Rambouillet, cree que si el experimento tiene éxito, podría conducir a una transformación en todo el país.

“Se trata de una ciudad del mañana”, dice Douet. “Si el prototipo realmente funciona, podemos implementarlo a gran escala y reemplazar los sistemas de iluminación actuales”.

Los usos de la bioluminiscencia

Los estudios de la bioluminiscencia no son nuevos.

Alrededor del año 350 a. C., el filósofo griego Aristóteles describió la bioluminiscencia en luciérnagas como un tipo de luz “fría”.

Los mineros del carbón han usado luciérnagas en frascos como iluminación en minas donde cualquier tipo de llama, incluso una vela, podría desencadenar una explosión mortal.

Luciérnagas

Getty Images

Mientras tanto, las tribus de la India han utilizado hongos brillantes durante años para iluminar selvas densas.

Sin embargo, Glowee es la primera empresa del mundo en alcanzar este nivel de experimentación y dice que está en negociaciones con 40 ciudades de Francia, Bélgica, Suiza y Portugal.

ERDF, una empresa mayoritariamente estatal que gestiona la red eléctrica de Francia, se encuentra entre los patrocinadores de Glowee; la Comisión Europea ha proporcionado US$1,9 millones de financiación y el Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica de Francia (Inserm) ha proporcionado asistencia técnica y apoyo.

Los desafíos

Carl Johnson, profesor de ciencias biológicas en la Universidad de Vanderbilt, cree que aún quedan serios desafíos por delante antes de que la bioluminiscencia pueda obtener luz verde para su implementación a gran escala.

“Primero, tienes que alimentar a las bacterias y diluirlas a medida que crecen”, dice.

“Eso no es tan fácil. Además, el fenómeno dependerá mucho de la temperatura y dudo que funcione en el invierno. En tercer lugar, la bioluminiscencia es muy tenue en comparación con la iluminación eléctrica”, agrega.

Rey, de Glowee, reconoce los desafíos que se avecinan, pero insiste en que los beneficios, tanto ecológicos como económicos, podrían ver ciudades futuras bañadas en luz azul bacteriana.

Hongos

Getty Images

Actualmente, el equipo de Evry está trabajando para aumentar la intensidad de la luz producida por bacterias, que por ahora solo dura días o semanas antes de requerir más nutrientes y aún no es tan fuerte como las luces LED.

Hasta ahora, Glowee dice que sus bacterias pueden producir una salida de brillo de 15 lúmenes por metro cuadrado, por debajo, pero no muy lejos, del mínimo de 25 por metro cuadrado que cree que se requiere para la iluminación pública en parques y jardines.

En comparación, una bombilla LED doméstica de 220 lúmenes puede producir unos 111 lúmenes por metro cuadrado de suelo.

“Estamos avanzando poco a poco”, dice. “Pero ya hemos dado pasos enormes y nuestra filosofía de la luz es una respuesta a la crisis que enfrenta la humanidad”.

Catrin Williams, profesora de la Facultad de Biociencias de la Universidad de Cardiff que ha estudiado la bioluminiscencia en bacterias, está de acuerdo en que es “difícil” mantener cultivos bacterianos vivos a largo plazo debido a la necesidad de suministro de nutrientes.

Pero Williams dice que esto podría superarse centrándose en la “quimioluminiscencia”, un proceso que Glowee también está investigando actualmente, que elimina la necesidad de bacterias vivas.

En cambio, la enzima responsable de la bioluminiscencia, la luciferasa, en teoría puede extraerse de las bacterias y usarse para producir luz.

“Creo que el enfoque de Glowee es extremadamente novedoso e innovador y podría ser fantástico”, dice Williams.

Otras iniciativas

Otras iniciativas en todo el mundo están proporcionando más rayos de esperanza.

Nyoka Design Labs, con sede en Vancouver, está desarrollando una alternativa biodegradable a las barras luminosas utilizando enzimas no vivas y libres de células que, según los creadores, son mucho más fáciles de mantener que las bacterias vivas.

“En lugar de usar todo el automóvil, solo quitamos los faros”, dice Paige Whitehead, fundadora y directora ejecutiva.

“La enzimología ha avanzado hasta el punto de que ya no tenemos que depender de los sistemas sustentados por células”, agrega.

Luciérnagas

Getty Images
Las luciérnagas han sido estudiadas desde la Antigüedad.

Una vez utilizadas, las barras luminosas no se pueden reciclar debido a la mezcla de productos químicos que contienen.

Se utilizan en una amplia gama de aplicaciones, desde usos policiales y militares hasta festivales de música.

Algunos investigadores han expresado su preocupación por el efecto de los productos químicos que contienen en la vida marina, ya que también se utilizan a menudo como señuelos en la pesca con palangre.

“Gran parte de este desperdicio es innecesario”, dice Whitehead. “La visión que buscamos es reemplazar cualquier sistema de iluminación alternativo para hacerlos más sostenibles”.

En un gran avance para esa visión, un estudio publicado en abril de 2020 reveló que un equipo de bioingenieros rusos que trabajan con una empresa emergente de biotecnología con sede en Moscú han creado un método para mantener la bioluminiscencia en las plantas.

Afirman que pudieron hacer que las plantas brillaran 10 veces más y durante más tiempo que los esfuerzos anteriores, produciendo más de 10.000 millones de fotones por minuto, mediante la bioingeniería de genes bioluminiscentes de hongos en las plantas.

La nueva investigación se basó en los hallazgos que identificaron una versión fúngica de la luciferina, uno de los compuestos únicos que es necesario para la bioluminiscencia, junto con las enzimas luciferasa o fotoproteína.

Keith Wood, un científico que hace 30 años creó la primera planta luminiscente utilizando un gen de luciérnagas, dice que la tecnología podría reemplazar en parte la iluminación artificial como los LED.

Más recientemente, descubrió que al alterar la estructura genética de una luciferasa que se encuentra en el camarón de aguas profundas Oplophorus gracilirostris, su brillo podría aumentar 2,5 millones de veces.

luces

Getty Images

La enzima resultante, que los investigadores llamaron NanoLuc, también era 150 veces más brillante que las luciferasas que se encuentran en las luciérnagas.

“La aplicación de la biología sintética a la bioluminiscencia es una gran oportunidad”, dice Wood, quien ahora está desarrollando una planta bioluminiscente para la empresa Light Bio.

Pero todavía está por decidirse exactamente cómo se podrían usar estas plantas bioluminiscentes transgénicas en el futuro.


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