INAH dañó un barco de hace 200 años hundido en el Caribe y expulsó del proyecto al investigador que lo denunció
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Octavio del Río

INAH dañó un barco de hace 200 años hundido en el Caribe y expulsó del proyecto al investigador que lo denunció

La Subdirección de Arqueología Subacuática del INAH reconoció los daños a un barco centenario, pero aseguró que éstos se debieron a un accidente.
Octavio del Río
21 de octubre, 2019
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Personal del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) causó daños a los restos arqueológicos de un barco que naufragó en 1836 frente a las costas del caribe mexicano, y excluyó del proyecto al especialista que denunció el caso ante instancias nacionales e internacionales.

De acuerdo con fotografías y videos en poder de este medio, el barco, que es patrimonio cultural de México, sufrió daños tras una serie de maniobras del personal del INAH responsable del proyecto, como atar una boya a los restos arqueológicos, o impactar la zona del naufragio con costales de arena.

Varios de esos costales también afectaron a los arrecifes de coral de la Biósfera Banco Chinchorro, área natural protegida donde se encuentran los restos del naufragio, por lo que la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONAMP) interpuso una denuncia por posibles daños a la biodiversidad.

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Octavio del Río, arquitecto con especialidad subacuática que participó con el INAH en el hallazgo y el posterior análisis del barco, denunció que esos daños fueron producto de “reiteradas negligencias” de los investigadores del INAH con quienes trabajó hasta noviembre del año pasado, cuando, tras denunciar irregularidades, fue excluido del proyecto por una presunta mala conducta.

Imagen del pecio El Ángel, donde se indican cuáles son los restos del barco Jean y las formaciones de coral que crecieron sobre la embarcación.

La Subdivisión de Arqueología Subacuática del INAH, por su parte, admitió que hubo daños a los restos arqueológicos y que pudo haber “cierta negligencia” de su personal en algunas de las maniobras, como atar una boya a parte de los vestigios arqueológicos. Pero matizó que las afectaciones fueron provocadas por “un accidente”, propio de cuando se trabaja en mar abierto.

Tesoros, leyendas, y barcos pirata

A tres kilómetros de Cayo Lobos, un islote de postal paradisiaca que emerge en mitad del Caribe frente a las costas del municipio Othón P. Blanco, en Quintana Roo, están las coordenadas del naufragio. 

Allí, dentro de la Reserva de la Biósfera Banco Chinchorro, descansan a unos 12 metros de profundidad los restos del Jean, un velero tipo carguero que fue construido en 1819 en los muelles de Irvin, Escocia

Se trata de una embarcación mediana, de aproximadamente 35 metros de eslora por 9 metros y medio de manga, que estaba destinada a Honduras Británica, hoy Belice, para transportar un tipo de madera de árbol que se utilizaba antiguamente para darle color a la ropa y a otros textiles, conocida como ‘palo de tinte’. 

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Por años, el Jean transportó esa mercancía del Caribe hacia Gran Bretaña y Estados Unidos. Hasta que, de acuerdo con los reportes de la aseguradora británica Lloyd’s, desapareció en 1836 en ‘North Triangle’, o ‘El Triángulo Norte’; lugar que previamente los españoles bautizaron como ‘Chinchorro’, o ‘El Quita Sueños’, debido a que es una zona marítima minada de atolones donde encallan los barcos.

Tras el hundimiento, el Jean, que combina la estructura de madera de los galeones de antaño con los refuerzos de hierro de las primeras naves de la Revolución Industrial, permaneció anónimo en el fondo marino durante casi dos siglos. 

Imagen de detalle del ancla de la embarcación incrustada en un coral. Foto: Octavio Del Río

Hasta que, en 2004, Octavio del Río, buzo y arquitecto con especialidad en arqueología submarina, dio con su paradero junto a Maricarmen García, quien en ese entonces era directora de la Reserva Banco Chinchorro. Aunque el propio Del Río señala que pudo tratarse de un “redescrubrimiento”, puesto que en 2013, años después de que se reportara el barco al INAH como un hallazgo inédito, un pescador llamado Manuel Polanco dijo que en los años 80 lo encontró y le puso el nombre de ‘Ángel’, en honor al capitán de la embarcación en la que navegaba.

Del Río explica que localizaron el barco luego de una labor de investigación y de trabajo con los pescadores locales de la zona, quienes en un principio eran reacios a colaborar debido a las leyendas que aseguran que en ese pedazo de Mar Caribe hay barcos pirata hundidos.

Y, de hecho, expone Del Río, es relativamente cierto. Al menos, la parte de que en ese lugar del Caribe hay reportes de naufragios de barcos del siglo XVI y también de hundimientos de barcos más contemporáneos, como el Jean. Aunque, por ahora, no hay indicios de que ningún Holandés Errante yazca sobre el lecho marino de Banco Chinchorro con sus bodegas llenas de oro y de joyas.

Una vez localizado el barco se hicieron los primeros registros y planos del sitio, en los que se documentó que el casco de la embarcación está enterrada bajo la arena, y que sobre la superficie quedaron elementos como el ancla y su cadena, una rueda, contenedores, las piedras de lastre, restos de los palos de tinte, y la buzarda, que es parte de la barandilla metálica de la proa que da forma al velero.

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Poco después, en 2006, la Subdirección de Arqueología Submarina del INAH inició formalmente el proyecto de investigación de toda la zona del naufragio, a la que, en argot náutico, se llama pecio. Y, desde ese año hasta 2018, Octavio del Río participó en el proyecto liderando las operaciones de buceo y participando en el registro arqueológico.

En todo ese tiempo, Octavio asegura que no hubo ningún problema en la investigación. Hasta que, en 2017, llegó invitado al proyecto un investigador argentino, Nicolás Ciarlo, doctor con especialidad en arqueología marítima, quien un año después pasó a coliderar el proyecto junto a la investigadora Laura Carrillo. 

Como si decapitaras una escultura en un Museo

A partir de este momento, Del Río narra una serie de negligencias que causaron daños al pecio -conocido como ‘El Ángel’, en recuerdo al pescador Manuel Polanco y al capitán de su embarcación-, mismas que documentó en el periodo del 20 al 30 de noviembre de 2018. 

La denuncia más llamativa es que el personal del INAH ató a la buzarda del barco, es decir, a una barandilla metálica que sobrevivió casi 200 años bajo el mar y que ya estaba forrada de corales centenarios, la cuerda de la boya que se utiliza para señalar en la superficie la ubicación del pecio.

Fotografía de la manguera para dragar los sedimentos sobre una formación de corales. Foto: Octavio del Río

“Es algo que no me podía creer: ¿cómo pudieron amarrar una boya a los restos arqueológicos? -se pregunta incrédulo Del Río-. No hace falta ser doctor ni tener un gran currículum para saber que eso no se hace, que es una negligencia”. 

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Y, en efecto, atar un cabo a la buzarda trajo consecuencias inmediatas. Un día, producto del mal clima y de las corrientes marinas, el Perla Negra, la embarcación donde viajaban los arqueológos y el personal del INAH para llegar hasta el pecio, se atoró con la boya de localización del Jean

Cuando Octavio dice que bajó al fondo marino, el daño ya estaba hecho. 

La cuerda arrancó cuatro metros de buzarda, que, literal, se deshizo. Lo que quedó fueron las astillas de hierro desecho y óxido, mientras que el coral que cubría el metal quedó de cabeza en el fondo marino”. 

“Puede parecer solo un pedazo de hierro -añade Del Río-, pero la buzarda es la parte más importante del barco; es la parte que te da toda la información de la forma del barco y de características como la dimensión y el tonelaje. Fue una negligencia que nunca debió haber sucedido. Es como si decapitaras una escultura en un museo porque la amarraste una soga a la cabeza”.

Animal Político buscó a Laura Carrillo, corresponsable del proyecto junto a Nicolás Ciarlo, para cuestionarle por este daño, y en entrevista dijo que atar una boya a una parte de la embarcación “no afectó absolutamente en nada” a la investigación, puesto que esa pieza ya estaba documentada y estudiada previamente.

No obstante, cuando este medio preguntó si atar una cuerda a parte de los restos arqueológicos es un procedimiento común, el director de la división de arqueología subacuática del INAH, Roberto Junco, admitió que “pudo haber un cierto nivel de negligencia” en esa decisión. Aunque el funcionario insistió que el daño fue producto de un accidente, “de los muchos que pueden ocurrir en un ambiente inestable como el mar”, y calificó la denuncia de Del Río como “una exageración”

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“Nos está poniendo como si hubiéramos destruido El Templo Mayor. Cuando, en realidad, es que una de las piedras del Templo se cayó”, enfatizó el funcionario. 

Costales de arena impactan en el barco y los arrecifes

No obstante, Del Río recalca que a lo largo de los 12 años en los que el INAH inició formalmente la investigación del pecio en 2006, antes de que llegara al proyecto el nuevo corresponsable, Nicolás Ciarlo, también hubo días de marejada y de mal clima, y nunca se habían infringido daños al pecio, ni se habían producido otras situaciones como tirar una “lluvia de costales de arena” sobre los vestigios arqueológicos.

Los costales se utilizan para proteger las partes del velero que quedaron expuestas, luego de que los investigadores le quitaran el sedimento que los cubrió durante siglos. El procedimiento adecuado, según explica Del Río, es que, apoyados por un buzo que está en el agua, los costales se avientan desde la embarcación en una zona próxima al pecio, para que luego otros buzos los lleven hasta el barco. 

Pero lo que sucedió fue que varios de esos costales cayeron directamente sobre los restos arqueológicos y encima de los arrecifes de coral, tal y como muestran múltiples fotografías y un video tomado por Del Río. 

Checa aquí las fotografías. Y aquí el video. 

Sin embargo, a pesar de esas imágenes, Laura Carrillo aseguró que los costales cayeron “en las inmediaciones” de los arrecifes de coral, “nunca sobre ellos”. 

Imagen de detalle de varios costales de arena sobre la buzarda arrancada. Foto: Octavio del Río

“Una fotografía, dependiendo del sentido que se quiera dar a un discurso, puede usarse de una u otra forma. Pero ninguna de las ocho personas que estamos en el proyecto vimos nunca que un costal cayera sobre el arrecife”, alegó Carrillo, que entregó a este medio otras fotografías en las que se muestran los costales alineados sobre el fondo marino, pero lejos del barco y de los arrecifes de coral. 

Checa aquí las fotografías del INAH.

Otro daño ocasionado fue que se arrastró el ancla de la embarcación que transportaba al personal del INAH por el pecio. Hay más fotografías tomadas por Del Río en las que se aprecia que el ancla quedó atorada entre los corales y entre las piedras de lastre que transportaba el Jean, las cuales estaban “repletas de vida” por las incrustaciones coralinas que crecieron sobre ellas con el paso de los siglos. 

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“Pasaron un ancla por encima de los corales y de bichos que habían crecido a lo largo de 200 años en una biósfera que está protegida”, hace hincapié Del Río, que también tomó imágenes de otros corales dañados por una manguera amarilla que se utilizaba para dragar los sedimentos del naufragio. 

Por ello, Del Río expone que la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) interpuso dos denuncias por posibles daños en el área protegida de Banco Chinchorro -de las que aportó a este medio los números de carpeta de investigación- ante la Fiscalía General de la República y la Procuraduría Federal de Protección al Medioambiente (Profepa).  

De hecho, hace hincapié el arquitecto marino, la CONANP ha sido la única institución que escuchó sus denuncias: ni el órgano interno de control del INAH, ni la Subdirección Acuática del instituto, ni la UNESCO a nivel internacional, las tomaron en cuenta. 

Al contrario, dice Del Río, lo que sucedió fue que lo excluyeron de la investigación del Jean tras denunciar los daños. Mientras la UNESCO, en la Convención sobre la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático, celebrada en París el 21 de junio pasado, premió al INAH por “buenas prácticas” en Banco Chinchorro, a pesar de que, dos días antes, Del Río le envió una carta narrando lo daños ocasionados en el pecio El Ángel.

“No somos unos destructores”

Animal Político preguntó a Roberto Junco por qué excluyeron del proyecto a Octavio Del Río, a lo que el funcionario respondió asegurando, primero, que “no hay ningún tipo de veto” hacia el investigador, y segundo, que su exclusión obedeció “a problemas de conducta” del arquitecto, especialmente a raíz de la llegada al proyecto del arqueólogo argentino Nicolás Ciarlo.

Fotografía que muestra cómo el ancla de la embarcación rentada por el INAH está atorada sobre arrecifes de coral, junto a uno de los costales de arena que impactó en la zona del naufragio que está siendo investigada. Foto: Octavio del Río

De hecho, en un informe que Laura Carrillo envió en mayo de este año a Roberto Junco, y en el que aparece la firma de Nicolás Ciarlo y de otros investigadores, se establece que se excluyó del proyecto a Del Río por “falta de ética, respeto, solidaridad y de empatía” con el proyecto, señalándose que él también tuvo responsabilidad en las “desafortunadas maniobras náuticas” que provocaron los daños en el pecio.

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Aquí puedes leer el informe íntegro.

“Se está maximizando y manipulando la información de lo que realmente sucedió para dañar un proyecto y a los investigadores que formamos parte de él, a pesar de que tenemos una trayectoria impecable de 24 años de trabajo”, acusó Carrillo, que insistió en que “no somos unos destructores, como nos quieren hacer ver”. 

En cualquier caso, más allá de la magnitud de los daños y del cruce de acusaciones, el Consejo de Arqueología del INAH admitió en un oficio el pasado 24 de septiembre que, en efecto, el pecio El Ángel sufrió “afectaciones”, por lo que informó que la Subdirección Acuática colaborará con la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas para resarcir los daños.

Por su parte, al ser cuestionado sobre si analizan posibles sanciones contra el personal de la Subdirección Acuática del INAH que participa en el proyecto de Banco Chinchorro por los daños ocasionados al barco Jean, Roberto Junco dijo que “todo está en proceso de evalución”. 

“Reconocemos los daños y acataremos todas las disposiciones de las autoridades para resarcir los daños y para recibir cualquier tipo de observación, o de sanción, si procediera, aunque insistimos en que todo se debió a un accidente”, subrayó el funcionario.

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"Muchos se frustraron por no ver las escenas dramáticas de Europa", dice López Gatell en entrevista con BBC

El subsecretario de Salud de México, Hugo López-Gatell, rechaza las críticas recibidas por su gestión frente al coronavirus y asegura que la epidemia en el país se está desacelerando pese a los cientos de muertes diarias.
9 de julio, 2020
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La cara más visible del gobierno de México frente al covid-19 habla de éxito cuando se refiere a la estrategia contra el coronavirus implementada en el país.

Aunque subraya que ninguna muerte habría sido deseable, el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, afirma que su mayor propósito era que nadie falleciera por no poder recibir atención en los hospitales. Y que eso se ha conseguido.

Asegura que se trabajó por evitar un aumento súbito en los casos que llevara al colapso de los centros médicos. O, dicho de otro modo, concentrar ese mismo número de casos de coronavirus en un período más largo de tiempo para espaciar los ingresos hospitalarios.

Pero esto también se traduce en el cansancio de buena parte de la población ante una curva epidémica que se mantiene y no acaba de descender tras varias semanas.

Es más, este miércoles se batió un récord de nuevos contagios confirmados en el reporte diario que ofrece el gobierno: 6.995 (si bien la gran mayoría son positivos de días anteriores).

En total, el balance oficial en el país ascendió a 275.003 positivos y 32.796 muertos, lo que lo mantiene como el quinto país del mundo con más decesos.

Pero López-Gatell aseguró que la epidemia en el país ya se está desacelerando.

“Que aumente el número de casos no quiere decir que se acelera la epidemia. Una cosa es que sigue en la fase creciente en el conjunto del país y otra es que la velocidad a la que ocurre este incremento es cada vez más lenta”, dijo.

Paciente de covid abandona el hospital.

AFP
El gobierno mexicano considera un éxito su estrategia contra el coronavirus al haber logrado, asegura, que los hospitales no colapsaran.

Convertido en una de las personalidades más reconocidas del año en México, el subsecretario de Salud ha recibido duras críticas de quienes creen que esconde las cifras de la magnitud real de la epidemia o le acusan de ir contracorriente al descartar la realización masiva de pruebas del virus o de emitir mensajes contradictorios.

En una extensa entrevista concedida a BBC Mundo en Palacio Nacional tras una de sus conferencias de prensa diarias, López-Gatell rechazó todos los señalamientos y siguió defendiendo todas y cada una de las medidas implementadas como parte de la estrategia federal.

De hecho, a la hora de hablar de lecciones aprendidas tras estos meses de pandemia, se resist a identificar algún error de la intervención nacional y prefirió hablar de lo que las autoridades estatales pudieron haber hecho y no hicieron.

Este es un resumen de la entrevista concedida por López-Gatell, cuya gestión y decisiones frente al covid-19 en México provocan casi cada día un sinnúmero de reacciones enfrentadas (esta entrevista ha sido editada por razones de claridad y concisión).


La fase de mayor riesgo de transmisión del covid-19 en México se mantiene durante semanas y ese “pico” se convirtió en “meseta”. ¿Por qué, tras tanto tiempo, los casos no bajan de manera sostenida?

Primero quiero insistir que esa “curva aplanada” que vemos de ninguna manera debe interpretarse como la cancelación de la pandemia. Lo que quiere decir es que la velocidad de aumento en el número de casos es considerablemente menor.

El primer propósito técnico de esta estrategia es que el número de casos diarios en el momento de máxima intensidad epidémica sea siempre menor a la capacidad del sistema de salud, que nunca se rebase.

El segundo objetivo es ganar tiempo. Ningún sistema de salud del mundo está de antemano preparado para un evento como este. Así que queríamos posponer todo lo posible el momento de máxima intensidad de transmisión y, por lo tanto, de número de hospitalizaciones.

Y el tercero es reducir el número total de casos, que según algunas estimaciones del modelo puede ser hasta del 10%, aunque no es el objetivo fundamental.

Lo que sí es un objetivo es reducir las muertes que puedan darse por falta de atención médica, que la causa de la muerte sea porque se saturó el hospital y la persona no pudo ser atendida.

Nuevas muertes reportadas cada día por covid-19 en México. (reportadas tras confirmarse su diagnóstico, no necesariamente ocurrieron el día en que se reportan). .Muertes diarias por covid-19 en México. (según la fecha en que ocurrieron, su diagnóstico de confirmación pudo llegar y reportarse después). .

-¿Y cuál ha sido o será ese momento de máximo riesgo de contagio? Usted ha recibido duras críticas por cambiar las previsiones en varias ocasiones.

Quiero precisar que la referencia que tomamos es la curva epidémica de la Ciudad de México. Se puede hacer una curva respecto al conjunto del país, pero su significado es incierto porque las epidemias se van presentado asincrónicamente en un país tan extenso.

Si no hubiéramos intervenido, habríamos tenido el pico en la tercera semana de abril. Habiendo intervenido, tenemos la meseta, la cresta, más o menos desde la segunda semana de junio hasta el final del mes.

-El pasado lunes usted destacó en conferencia de prensa que los casos en la capital del país “van disminuyendo progresiva y sostenidamente en los últimos 15 días”.

Sí, la evolución de la epidemia muestra ya el agotamiento de su primer ciclo en algunos lugares como es ahora la Ciudad de México, como lo fue Tijuana, y como lo fue Cancún, aunque desafortunadamente tuvo un repunte.

-Pero teniendo en cuenta que muchos laboratorios están colapsados y tardan días o semanas en poder dar los resultados de las pruebas de covid-19, ¿esa curva descendente no podrá cambiar, una vez que se incorporen esos resultados que salen con tanto retraso?

Sí, los resultados tardan unos diez días aproximadamente, lo presentamos todas las semanas para que la población conozca este reto de procesamiento de pruebas.

Pero la respuesta es no. Aún cuando tengamos los resultados de las pruebas que se tomen hoy o tengamos los que se tomaron hace diez días, el patrón de ocurrencia en el espacio y el tiempo de la epidemia no varía.

Extraccion de muestra de posible caso de covid.

Getty Images
La demora en la obtención de resultados de las pruebas de covid-19 en México provoca que buena parte de los casos que se reportan a diario correspondan realmente a días o semanas atrás.

-¿Entonces ahora sí que podrían decir que “se domó la pandemia”, como aseguró el presidente hace ya varias semanas aunque las cifras no apuntaban en ese sentido?

Creo que su planteamiento era respecto a haber logrado tener una curva plana. Yo no uso generalmente esa expresión, pero sí me puedo sumar a esa idea de haber logrado el éxito, de haber logrado la meta que nos propusimos.

Empleamos para ello medidas de contención y la estrategia de mitigación con la Jornada Nacional de Sana Distancia.

La consecuencia positiva es que hemos logrado mitigar intensamente esta epidemia, como muestran los datos. La consecuencia adversa o incómoda es que, necesariamente, la epidemia se hace más lenta.

"Logramos la meta que nos propusimos: que nadie se muera por no recibir atención médica"", Source: Hugo López-Gatell, Source description: , Image:

-¿Entiende que mucha gente cuestione que hablen de éxito cuando sigue muriendo tanta gente?

El éxito no es que se muera la gente, ojalá no se muriera una sola persona. Pero el éxito consiste en haber logrado el objetivo de que nadie se muera por no recibir atención médica.

Eso lo hemos logrado, es demostrable. En México no tenemos camas en los parques públicos porque todo el mundo cabe en un hospital, porque logramos tener una menor velocidad de epidemia.

-Muchos tienen la aspiración frustrada de que no vieron aquí las escenas dramáticas que se vivieron en los países europeos occidentales. Esperaban ver cientos de miles de muertos, esperaban ver morgues llenas y rebosantes…

-Pero aún así, la cifra de muertos por cada 100.000 habitantes sitúa a México en el quinto lugar de América Latina, solo por detrás de Chile, Perú, Brasil y Ecuador. No parece tan buen dato.

No hay que perder de vista que la calidad de la vigilancia epidemiológica de cada país es diferente. No solo me refiero a elementos técnicos, sino a decisiones políticas.

No hago acusación alguna porque no tengo evidencia, pero yo no puedo garantizar que otros países con los que se nos compara tengan la misma actitud, disposición, capacidad técnica, decisión política (de mostrar todos los datos).

Insisto, no estoy acusando, pero yo sí puedo decir con convicción lo que sé que ocurrió en México. Y eso pone una desventaja en términos de las comparaciones.

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-Precisamente una de las críticas más frecuentes hacia ustedes es de que estarían ocultando datos para no dejar ver la magnitud real de la epidemia en México. La semana pasada ya reconoció que, a falta de que se pronuncie la comisión técnica que evalúa la llamada mortalidad no observable, el número de fallecimientos en el país este tiempo podría haber sido el triple de lo registrado en años anteriores.

Ese exceso de mortalidad es un fenómeno global, del que ya se ven cifras preliminares en otros países y ciudades.

Cuando me hicieron la entrevista sobre esto, la periodista me planteó la triplicación y yo lo que dije es que puede ser esa cifra. Si me dicen que es ocho veces, diría que puede ser. Si me dicen que 0,5 veces, diría que puede ser.

No quisiera especular sobre cuál es la cifra real de las muertes existentes respecto a las registradas para la vigilancia epidemiológica. Si me dicen que la de México es 2,5 o 3 veces más, digo que es probable que sea esa cantidad solo por analogía con lo que está ocurriendo en otros lugares.

-En términos de números absolutos, no de multiplicación, ¿de cuántas personas más fallecidas estaríamos hablando según las estimaciones actuales?

Yo me esperaría, porque estamos muy próximos a presentar los resultados del exceso de mortalidad. Muy pronto en Ciudad de México, y después lo que está haciendo un grupo de trabajo nacional, estado por estado.

-¿Y por qué no ordenó la creación de esa comisión técnica para revisar las cifras antes de que muchos medios mostraran discrepancias en los números del gobierno y llevara a muchos a pensar que estaban ocultando datos?

De que se pudiera haber hecho antes, se pudiera haber hecho antes. De que hubiera aportado algo a la vigilancia epidemiológica, la respuesta es no (…). Si no hubiera sido esto, nos atacarían por alguna otra cosa, a nosotros o a cualquier otro.

Hace unos días se filtró un documento técnico del Registro Nacional de Población, y nuevamente se convirtió en grandes noticias. Cuando la noticia es que hay más muertes, yo no tengo nada que criticar, ahí está la evidencia.

Yo estoy seguro, siempre he dicho convencido que hay más muertes que las que reportamos (los datos oficiales del gobierno solo incluyen aquellas cuyo diagnóstico por covid-19 pudo ser confirmado con una prueba de laboratorio).

Cuando la noticia va acompañada de que “quieren ocultarlo”, ahí sí me parece mal periodismo. Me parece saña. Me parece poca ética. Me parece que son ganas de confundir a la audiencia.

Funeral de victima de covid

Reuters
Una comisión revisa todas las muertes cuyo diagnóstico de posible covid-19 no pudo ser confirmado con una prueba de laboratorio, por lo que el reporte oficial de víctimas en México podría aumentar considerablemente.

-Así que desmiente categóricamente que estén ocultando información y cifras sobre la pandemia.

Mi conciencia personal está tranquila. Que no se oculte la información es una convicción propia que he sostenido en los once años que me dedico a la salud pública.

Yo podría jurar frente a un tribunal que en México no hay censura de información por parte del gobierno federal. El minuto que yo sintiera que hay una censura, me voy.

Se sabe que en México y en España, en Japón y en Reino Unido, en Canadá, en Australia, en Suiza, en Suecia, en Finlandia… en ningún país del mundo, y lo digo categóricamente, ningún país del mundo hace recuentos exhaustivos de las muertes, aún cuando tenga un muy buen sistema de estadísticas vitales, pero no lo hace con propósitos de vigilancia epidemiológica.

Si uno se esperara a tener conteos completos de la mortalidad como elemento necesario para tomar decisiones, cometería un grave daño porque uno no podría actuar.

"La epidemia va a ser muy larga. Si esperamos (para la reapertura) a que haya cero casos, todavía estaríamos esperando tres meses más"", Source: Hugo López-Gatell, Source description: , Image:

-Hablando de recuentos y estadísticas, ¿sigue convencido de su postura de no realizar tests a la población de manera masiva? Médicos reconocidos mantienen que esto es un error, así como pensar que el comportamiento de este virus puede ser similar a la influenza.

Nunca en México se habían hecho tantas pruebas como a lo largo de esta pandemia, esto es histórico.

Conozco bien el dato porque me tocó participar en ello durante la pandemia de influenza de 2009, en la que durante el primer año completo se procesaron cerca de 170.000 pruebas. Ahora, en tres meses, se han procesado más de 670.000.

Muestras para ser analizadas por sospecha de covid

Reuters
México continúa siendo uno de los países que menos tests de coronavirus realiza por cada millón de habitantes.

-Pero México sigue entre los últimos lugares de pruebas realizadas por millón de habitantes (solo supera a Guatemala y Nicaragua en América Latina, según el portal Worldometer).

La desinformación consiste en suponer que es un objetivo técnico de la vigilancia epidemiológica hacerle pruebas a todos los ciudadanos de un país.

Y esto ha sido muy desafortunado porque la expectativa de muchas personas es conocer cuál es su estado de salud respecto al covid, lo cual me parece legítimo.

Pero esta es una conjetura personal, gobernada por una aspiración legítima de dormir tranquilos, de saber que no tengo el virus, pero no tiene una realidad técnica, ni médica, ni de salud pública.

Entonces, por la tergiversación y la sobreinterpretación de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud -el famoso “tests, tests, tests” de su director Tedros Adhanom, frase que yo creo que pasará emblemáticamente a la historia- existe esta idea falsa, insisto, falsa, porque no tiene fundamento técnico científico apropiado, de que deberíamos estar haciendo pruebas a todos y que, de no hacerlas, entonces la vigilancia epidemiológica no nos da resultados confiables.

-¿Por qué decidieron iniciar la reapertura económica parcial el 1 de junio, cuando solo 24 horas antes se reportó la que hasta entonces era su cifra diaria más alta de nuevos contagios con 3.152?

Los señalamientos son que en países como España y Francia esperaron hasta que bajaron más sus casos. Pero es que allí vimos un crecimiento exponencial muy acelerado, cinco o siete veces más que en México, y claramente rebasaron la capacidad de sus servicios de salud.

En México, por contraste, lo que tenemos es una curva epidémica plana y larga que siempre ha estado por debajo del nivel de capacidad máxima del sistema hospitalario, nunca lo rebasamos.

Así que estamos abriendo por debajo del límite de saturación, sin tener que esperar al franco descenso que sabemos que va a venir en septiembre u octubre. Como decimos, la epidemia va a ser muy larga. Si esperamos a que haya cero casos, todavía estaríamos esperando tres meses más.

Hugo López-Gatell

Gobierno de México
Hugo López-Gatell lidera la gran mayoría de las siete conferencias de prensa semanales para informar sobre el coronavirus en el país.

-¿Pero entiende que a la gente le resulte confuso que se le siga dando el mensaje de “quédate en casa si puedes” y, a la vez, se reabran tiendas y restaurantes?

Es un reto muy grande lograr transmitir el punto medio de este balance.

De un lado, está el proteger la salud y la vida de manera directa al evitar los contagios. Del otro lado, está el protegerlas a través de reactivar la generación de riqueza, que las personas puedan tener sustento diario porque de otra manera morirán de hambre, literalmente.

Que la mitad de la población en México viva en la pobreza apremia mucho para tener que abrir más tempranamente de lo que de otra manera se haría si solo existiera la epidemia o si no existiera esa realidad social.

Encontrar el punto medio del equilibrio entre estas dos perspectivas es muy difícil. Pero también hay que tener siempre claro y estar dispuesto a retornar al confinamiento si viéramos un repunte importante de casos, como hemos visto en otros países.

-También se les critica no haber asumido ningún error en su estrategia frente al covid-19, cuando se trata de un virus totalmente nuevo y del que no había información, por lo que todos los países fueron aprendiendo sobre la marcha. ¿Qué habría hecho de manera distinta con el conocimiento que tenemos ahora?

Pienso que siempre hay oportunidad para aprender de un fenómeno nuevo, para que esas lecciones que se aprenden se traduzcan en nuevas prácticas.

Mucha gente piensa que el único centro de decisión es el gobierno federal. Y eso, en parte, desfavoreció la oportunidad de que los gobiernos estatales asumieran las responsabilidades que legal y administrativa y técnicamente les corresponde.

El 98% de las expansiones hospitalarias, por ejemplo, fueron hechas con presupuesto federal. Las pruebas de laboratorio las compramos con presupuesto federal, los equipos de protección personal, el buscar en los mercados internacionales, los equipos de ventilación mecánica… Todo eso ha sido un operativo del gobierno federal.

La mayoría de las entidades federativas pudo haber hecho más y pudo haber sido mucho más proactivo en esta epidemia.

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