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AMLO ha atacado a la CNDH; nuevo titular debe servir a la gente y no al gobierno: González Pérez

El titular de la CNDH indicó que el perfil que elija el Senado debe de ser autónomo, “quien sirve en la CNDH debe servir a México y a su gente, no a gobiernos ni autoridades”, sostuvo.
Ciartoscuro
11 de octubre, 2019
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El presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), Luis Raúl González Pérez, informó que no buscará reelegirse como titular del organismo para el periodo 2019-2024, y reconoció que existen tensiones entre la CNDH y el Poder Ejecutivo.

“Hemos llegado al extremo de una desautorización moral dictada por el Ejecutivo hacia la CNDH y su trabajo; la negación sobre investigaciones y recomendaciones en casos graves, como si jamás se hubieran hecho”.

González destacó que, en los últimos meses, el organismo ha sido atacado y descalificado. “A quien ha actuado con profundidad y compromiso se le acusa de no haber estado ahí, de mirar para otra parte. Y eso, además de no apegarse a la realidad, confunde, como si de esa manera se satisficiera el monopolio de la verdad”.

Lee: Aprueban en comisiones del Senado convocatoria para elegir nuevo titular de CNDH

El titular de la CNDH indicó  en un comunicado que el perfil que elija el Senado debe de ser autónomo para poder fortalecer, a su vez, la autonomía de la Comisión.

Indicó que la única manera de defender los derechos humanos es con el ejercicio objetivo y responsable de la independencia de gestión, sin confundirse con otro tipo de aspiraciones personales, grupales, políticas o económicas.

“Quien sirve en la CNDH debe servir a México y a su gente, no a gobiernos ni autoridades”, sostuvo.

Destacó que el país vive un entorno crítico de violencia, inseguridad e impunidad, en particular en algunas regiones, donde la vigencia de los derechos, la legalidad y la justicia.

“El poder cierra los ojos ante los hechos que le son incómodos y les niega la existencia. Bastaría una simple revisión de las problemáticas que el país ha venido enfrentando en materia de salud; seguridad; protección de niñas, niños y adolescentes; mujeres; migrantes; indígenas; así como en lo que hace a las cuestiones ambientales, para advertir que el respeto de los derechos humanos estaría subordinado a la implementación y cumplimiento de planes y programas de gobierno, y que el legítimo ejercicio de los derechos y el reclamo de su garantía se volvería cuestionable en tanto contravenga tales planes y programas”, dijo.

Lee:  Académicos y ONG exigen al Senado un proceso transparente y abierto para designar nuevo titular de CNDH

Para González Pérez, el organismo no es ni ha sido contraria u opositora a los fines del Estado, su función ha sido estar vigilante, alerta y sensible ante posibles atropellos, y comprometida en la lucha contra la ilegalidad, la exclusión y la desigualdad.

“Más allá del desdén hacia la CNDH, es manifiesta una actitud de menosprecio y descalificación contra las instituciones y órganos constitucionales autónomos del Estado mexicano, como si la autonomía significara un obstáculo o un estorbo para cumplir los fines y alcanzar los objetivos de gobiernos y autoridades”, expresó.

Especialistas en derechos humanos le han pedido que considere postularse para su reelección, al considerarlo un contrapeso necesario para el actual gobierno.

El próximo 15 de noviembre concluye el periodo de cinco años para el cual fue electo González.

Este es el mensaje completo del titular de la CNDH.

LA CNDH, AL FINAL DE LA RUTA

Luis Raúl González Pérez

En días pasados fue publicada la convocatoria para presentar candidaturas a la Presidencia de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH). Hace poco menos de cinco años, una convocatoria como ésta se cristalizó en mi favor con una copiosa votación de las senadoras y senadores de la República de diversas fracciones partidistas, quienes por mayoría suficiente me confirieron la distinción de encabezar la gran institución del Estado defensora de los Derechos Humanos. Desempeñarme en este cargo ha sido una imborrable distinción y un orgullo.

En ese entonces, la Presidencia del Órgano Constitucional, cuya estatura debía fortalecerse y crecer, obligaba a mirar la responsabilidad sin ambición de continuidad personal. Eran tiempos de pensar en el cumplimiento de la misión y de consolidar lo que, entonces y ahora, integran la esencia de una institución como la CNDH: la defensa de su autonomía, de la legalidad, y de la atención y apoyo a las víctimas. La única manera de defender los derechos humanos es con el ejercicio objetivo y responsable de la independencia de gestión, sin confundirse con otro tipo de aspiraciones personales, grupales, políticas o económicas. Quien sirve en la CNDH debe servir a México y a su gente, no a gobiernos ni autoridades.

Al final de este periodo en la historia de la CNDH —la cual conozco desde sus inicios— muchas cosas se ven con desilusión, otras con esperanza y algunas con decepción. Nuestro país vive un entorno crítico de violencia, inseguridad e impunidad, en particular en algunas regiones, donde la vigencia de los derechos, la legalidad y la justicia parecieran solo expectativas ante una realidad que los desafía y cuestiona. No obstante ello, pareciera que hay un miedo desde las estructuras de poder de incurrir en lo que creen sería una erosión de su capacidad, lo cual ha motivado que se condenen la autonomía, la independencia y el disenso, llegándose inclusive a realizar, cuestionamientos y descalificaciones infundadas contra esta Comisión Nacional, así como de muchas mexicanas y mexicanos que buscan la vigencia de sus derechos fundamentales y a quienes este Órgano Constitucional defiende cuando los ven violentados.

El poder cierra los ojos ante los hechos que le son incómodos y les niega la existencia. Bastaría una simple revisión de las problemáticas que el país ha venido enfrentando en materia de salud; seguridad; protección de niñas, niños y adolescentes; mujeres; migrantes; indígenas; así como en lo que hace a las cuestiones ambientales, para advertir que el respeto de los derechos humanos estaría subordinado a la implementación y cumplimiento de planes y programas de gobierno, y que el legítimo ejercicio de los derechos y el reclamo de su garantía se volvería cuestionable en tanto contravenga tales planes y programas.

Hemos llegado al extremo de una desautorización moral dictada por el Ejecutivo hacia la CNDH y su trabajo; la negación sobre investigaciones y recomendaciones en casos graves, como si jamás se hubieran hecho. A quien ha actuado con profundidad y compromiso se le acusa de no haber estado ahí, de mirar para otra parte. Y eso, además de no apegarse a la realidad, confunde, como si de esa manera se satisficiera el monopolio de la verdad.

Así ha sido en casos tan significativos, atendidos e investigados con exhaustividad, como la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa, cuyo expediente —por citar solo un caso—, supera lo hecho por cualquier otra institución nacional o extranjera, y cuyo resultado inexplicablemente se pretende desconocer en un afán por construir realidades alternas a las verdades y razones sustentadas en los elementos objetivos de convicción que obran en el expediente.

La Comisión Nacional no es ni ha sido contraria u opositora a los fines del Estado; su función ha sido estar vigilante, alerta y sensible ante posibles atropellos, y comprometida en la lucha contra la ilegalidad, la exclusión y la desigualdad. Más allá del desdén hacia la CNDH, es manifiesta una actitud de menosprecio y descalificación contra las instituciones y órganos constitucionales autónomos del Estado, como si la autonomía significara un obstáculo o un estorbo para cumplir los fines y alcanzar los objetivos de gobiernos y autoridades.

En este contexto, algunas organizaciones y sectores sociales, privados y académicos han manifestado su intención de presentar mi candidatura para la reelección al frente de la CNDH. Mucho se los agradezco y reconozco. El solo hecho de que existan esas propuestas nos distingue y constituye el mayor reconocimiento de la labor llevada a cabo, máxime que, en no pocos casos, quienes las formulan son personas y organizaciones con una larga y valiosa trayectoria en el reconocimiento y defensa de los derechos humanos. Mexicanas y mexicanos cuyo trabajo por la dignidad humana y el respeto a la institucionalidad democrática ha marcado un antes y un después en estos ámbitos. No obstante ello, he decidido que no buscaré ni aceptaré la reelección si alguien así se lo propone al Senado.

Lo hago con plena conciencia y responsabilidad, confiado en que mi ausencia en este proceso de elección abra la puerta al diálogo y a la reflexión que permitan preservar y garantizar la autonomía e independencia de la CNDH, para que pueda seguir ejerciendo a cabalidad sus funciones. Del mismo modo, honro la palabra que empeñé al inicio de mi gestión, cuando anuncié que no buscaría un segundo periodo como Ombudsperson.

Parecerá raro en un país acostumbrado a ver cómo funcionarios y políticos olvidan sus palabras e incumplen sus compromisos. No es mi caso. Mi interés es y ha sido la defensa de los derechos humanos, así como buscar que la CNDH sea una institución del Estado al servicio de la gente, que preserve y fortalezca su papel en beneficio de México y de las y los mexicanos. 

La civilidad no puede ser vista como debilidad, ni el buscar el respeto a la dignidad de las personas como un agravio hacia autoridades e instituciones. Es muy grave la situación por la que hemos venido atravesando, pero tengo la certeza de que, si sumamos esfuerzos, las y los mexicanos podremos materializar nuestra voluntad de convivir en paz, orden y armonía, para hacer lo que nos corresponda para mejorar la calidad de nuestras vidas, fortaleciendo nuestras instituciones y nuestra democracia, exigiendo la observancia de nuestros derechos y asumiendo con igual celo el cumplimiento de la ley.

México requiere justicia y verdad. Las y los mexicanos deben de seguir contando con la posibilidad de acudir a una instancia, independiente de gobiernos y autoridades que atienda de manera objetiva, imparcial y profesional las denuncias que hagan de los abusos de poder que sufran, para reivindicar sus derechos y reparar los daños que hayan sufrido.

Parte indispensable de fortalecer y preservar las instituciones que están al servicio de México y de su sociedad implica cuidar la idoneidad de las personas que estén al frente o laboren en ellas. El desafío que tiene ante sí la CNDH, consiste en consolidar su autonomía, con apoyo en la ley y en favor de las víctimas. Sentar las bases para que esto suceda es el reto que tiene ante sí el Senado de la República con la realización de este proceso de elección.

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"Creía que el machismo y la homofobia ya se habían superado": Fabián Cháirez, autor del cuadro de Zapata

El cuadro representa al héroe revolucionario montado desnudo sobre un caballo, con tacones altos y un sombrero rosado.
12 de diciembre, 2019
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El cuadro "La Revolución" muestra a un Zapata desnudo, con tacones y sobrero rosado, sobre un caballo sexualmente excitado

Getty Images

Unos han pedido que a una pintura de un héroe patrio la saquen de una exposición, que la escondan o que la quemen. Otros la han abrazado como símbolo de la libertad artística o para exigir que lo femenino o lo “queer” se deje de ver como algo negativo en México.

Todo por un Zapata con zapatos de tacón.

No esperaba esta reacción“, le dice el artista Fabián Cháirez, autor de la polémica pintura de Emiliano Zapata, a BBC Mundo.

“Hay temas que creía ya superados o bajo control: la inclusión, el respeto a la diversidad o a lo diferente. Temas como el machismo, la misoginia, la homofobia…”, señala.

Su cuadro del líder revolucionario luciendo la bandera mexicana sobre su cuerpo desnudo, a caballo, con unos zapatos de tacón que a su vez son pistolas, forma parte de una exposición en el Palacio de Bellas Artes, en Ciudad de México, donde se exponen otro centenar de obras que interpretan la figura del héroe de la lucha campesina en el marco del centenario de su muerte y de la Revolución.

Pero solo la de Cháirez, que según el autor se concibió como una contraposición a la imagen predominante del hombre blanco, masculino y “fortachón”, fue interpretada como un intento premeditado de deshonrar a Zapata por parte de sus descendientes.

“¿Qué le parecería a cualquier persona que denigren de esa forma a su abuelo?”, cuestionó el nieto del revolucionario, Jorge Zapata González, quien dijo que presentaría acciones legales para exigir la retirada de la obra.

“Cuando me invitan a participar en esta exposición el sentimiento era de felicidad de exponer junto a grandes íconos de la plástica nacional e internacional. Todo estaba hasta hace unos días en lo contento que estaba”, añade el pintor.

Y entonces se armó la revolución.

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Foto: @ekiro

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“Falta de respeto”

Las quejas de la familia por retratarlo como “gay” las repitieron otros en redes sociales y hasta en el exterior de Bellas Artes, donde este martes hubo una protesta de agricultores comuneros admiradores de Zapata y su legado, por considerar la obra una falta de respeto, que acabó en enfrentamientos con defensores del cuadro.

“Creemos que es una ofensa a la memoria del general y si el pintor, en su libertad, quiere pintar penes de caballos, de burros, lo puede hacer, pero no atentar contra la figura de Zapata”, dijo Álvaro López Ríos, líder de la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas.

Otros se sumaron al rechazo en redes sociales: “Es un icono mexicano y se debe conservar su imagen. Pinten a gente que lo sea (gay) y listo. Esto es oportunista y abusivo”, reza un tuit.

“Qué dirán los niños si llegan a ver esto, se imaginan la confusión a la que se enfrentará su mente, en la escuela ven a Zapata como el caudillo de la Revolución Mexicana y en esta pintura ven otra cosa”, dice otro.

protesta de agricultores comuneros

Getty Images
Admiradores de Zapata protestaron al considerar la obra una falta de respeto.

El pintor se crió con esos mismos símbolos, pero su punto de vista es muy diferente.

“Cuando vas creciendo y ves que la forma en que tu cuerpo o tus gestos se manifiestan no encajan dentro de los estereotipos o las expectativas de otras personas resulta doloroso e incómodo. Estamos acostumbrados a que la imagen del héroe esté cerca de esa masculinidad hegemónica y resulta triste que no estamos abiertos a otras posibilidades”, considera.

“Mi papel como artista es cuestionar y hacer una propuesta donde se valorice y se exponga otra forma de representar al cuerpo masculino”.

Las autoridades culturales mexicanas aseguraron que la pintura seguirá expuesta y defendieron su inclusión en la muestra.

El presidente Andrés Manuel López Obrador defendió por su parte que “los artistas tienen toda la libertad y no puede haber censura“.

Una figura “intocable”

¿Habría sido igual la polémica de haber sido otro personaje histórico el protagonista del cuadro? Al fin y al cabo Cháirez ya había retratado en un estilo similar a otros personajes de la cultura mexicana, desde el luchador enmascarado a figuras religiosas, sin despertar esta reacción.

La razón por la cual el caso de Zapata es diferente, asegura el politólogo, activista y autor mexicano Genaro Lozano, es que “muchos héroes de México son intocables, igual que los símbolos patrios”, y escandaliza que se le represente como afeminado.

Zapata es una figura recurrente en marchas y protestas de los campesinos, pero no son el único grupo que reivindica su legado y su lucha, de ahí que sea un personaje celebrado ampliamente como referente nacional mexicano.

Hombre toma una foto del cuadro de Zapata

Reuters
La “feminización” de Zapata ha enardecido a los admiradores del líder revolucionario.

La interpretación de Cháirez rompe con la “hipermasculinización de los héroes revolucionarios y los roles de género que la Revolución dejó: el hombre que salía a luchar por la tierra; la mujer, la Adelita, que lo seguía para alimentarlo”.

“Esta pintura incomoda esos roles tan fuertes que hay en el machismo mexicano“.

La realidad detrás de un cuadro

Cháirez, que considera a Zapata como parte del imaginario público mexicano, defiende su derecho como artista a cuestionar e interpretar su realidad.

Pero el debate sobre esta pintura es, en realidad, parte de un cuadro más complejo.

Por un lado, México ha sido pionero en el reconocimiento legal de las personas LGBTIQ y su capital se convirtió en 2010 en la primera administración en legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo en América Latina.

Por otro, “a pesar de que México cuenta con legislación de avanzada, particularmente a nivel federal, la garantía y ejercicio de estos derechos está lejos de poder ser una realidad en la vida diaria,” explica el activista Alex Orué, coordinador global de la organización pro LGBTIQ It Gets Better.

Manifestantes en México de la comunidad LGBTI.

Getty Images
Miembros de la comunidad LGBTIQ se manifestaron a favor de la pintura.

En México, el matrimonio igualitario y las leyes sobre identidad de género se deciden en las legislaturas de cada estado, por lo que no todos los congresos las han aprobado aún. Y grupos de derechos LGBTIQ alertan que las llamadas terapias de conversión aún son legales en el país.

Además, más de 500 personas LGBTIQ fueron asesinadas en el país en los últimos 7 años por su orientación sexual, su identidad o su expresión de género, según un informe de la organización Letra S, que alerta de la especial vulnerabilidad de la comunidad trans.

En México, añade Orué, “la feminidad es castigada y vista como desechable para el machismo”. “Que nos ridiculicen en la ‘comedia’ parece no despertar la misma indignación” por parte de algunos sectores que esta pintura, protesta.

“Y mucho menos los crímenes de odio por homofobia o transfobia ni los feminicidios”.


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