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Cuartoscuro Archivo

Sobornos en Pemex eran de hasta 5 mdd; reunirse con Lozoya costaba 100 mil dólares, revela espionaje

Oro Negro, empresa dedicada a la renta de plataformas para la perforación, contrató a una firma israelí para grabar secretamente a directivos de Pemex sobre cómo se daban los sobornos a cambio de contratos.
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14 de octubre, 2019
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La empresa Oro Negro contrató a la firma de investigación israelí Black Cube para grabar en secreto conversaciones con directivos de Pemex en las que se habla de sobornos y actos de corrupción en el otorgamiento de contratos, según reveló el diario estadounidense The Wall Street Journal. 

De acuerdo a las grabaciones, presentadas como parte del proceso de quiebra de Oro Negro ante un tribunal en Estados Unidos – los directivos de Petróleos Mexicanos llegaron a recibir hasta 5 millones de dólares como sobornos por algunos contratos, de acuerdo a una investigación de Univisión.

Para “simplemente por reunirse” con el entonces director de Pemex, Emilio Lozoya, los interesados debían pagar entre 50 mil y 100 mil dólares, según reveló en las grabaciones, realizadas en octubre de 2017, José Carlos Pacheco Ledesma, entonces coordinador ejecutivo de Pemex Perforación y Servicios. 

Lee: Empresa Oro Negro acusa corrupción de Pemex; señalamientos son infundados, responde la petrolera

En una grabación, personal de Black Cube se hizo pasar por representante de una empresa de los Emiratos Árabes que preguntó sobre la situación entre Oro Negro pues estaba interesado en comprarla. 

Oro Negro señala a Pemex como responsable de su quiebra pues dice que le suspendió contratos por negarse a recibir sobornos.

De acuerdo al WSJ en una de las conversaciones se habla del pago de “cuotas”: “Normalmente se hace como una ‘tarifa de éxito’ porque nadie quiere correr el riesgo de que  empiecen a aparecer cantidades que son, digamos, un porcentaje con respecto a un contrato”, señaló Pacheco de acuerdo con la grabación.

Según el diario estadounidense en la grabación el funcionario de Pemex dice que recibir sobornos es una práctica común, pues muchos trabajadores de la petrolera incluso aceptaban el dinero a través de miembros de su familia o de consultorías que son los operadores.

“Hay subdirectores, por ejemplo, con un hijo como el responsable (de aceptar dinero)”, señala el WSJ de acuerdo con la grabación.

Pacheco Ledesma negó vía telefónica al WSJ estar involucrado en prácticas como pago de sobornos y corrupción pero confirmó que sí se reunió con el investigador.

Entérate: Pemex es una de las 20 empresas que más han contribuido a la contaminación del mundo: The Guardian

En julio de 2018, Oro Negro adelantó en un desplegado publicado en el diario The New York Times sobre la existencia de las grabaciones a altos exfuncionarios de Pemex admitiendo que la petrolera buscó destruir a Oro Negro por su negativa a pagar  sobornos.

La empresa Oro Negro acusó que el gobierno mexicano usa a la PGR para intimidarla y “destruirla” con una investigación criminal, en represalia por negarse a participar en presunta corrupción de Petróleos Mexicanos (Pemex), con acciones como un esquema de sobornos.

En dicho desplegado, Oro Negro consideró que no tienen fundamento las acusaciones en su contra sobre una supuesta malversación de fondos para el pago a tenedores de bonos al establecer tratos con Pemex para la renta  de plataformas autoelevables de perforación petrolera.

En 2018, Pemex respondió a los señalamientos de las grabaciones y los presuntos actos de corrupción a través de un comunicado.

Te puede interesar: La hija del secretario particular de AMLO es la encargada de las compras de Pemex en EU

“Oro Negro afirma que tiene supuestas grabaciones de altos exfuncionarios de la empresa admitiendo una afectación intencional a Oro Negro porque se negó a pagar sobornos. Ante ello, Petróleos Mexicanos insta a Oro Negro a entregar las grabaciones a las autoridades correspondientes para que, en su caso, se pueda evaluar su autenticidad y relevancia.

Sobre este punto también cabría una explicación pública de por qué esta información no se difundió y denunció previamente, dadas las numerosas oportunidades donde hubiera sido extremadamente pertinente”, indicó Pemex.

Coldwell se deslinda de señalamientos

Con relación a los presuntos sobornos, el exsecretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, señaló que durante su administración (2012-2018) él nunca tuvo injerencia alguna en la adjudicación de contratos de servicios realizados por Pemex, ni contaba con facultades legales para ello. Además de que no recomendó a funcionarios de Pemex beneficiar o perjudicar a empresa alguna.

A través de una carta, Coldwell añade que “en cuanto a estar relacionados con supuestos sobornos, es un señalamiento que rechazo categóricamente. A lo largo de mis cargos públicos como Gobernador de Q. Roo, Director General de Fonatur, Secretario de Turismo y Secretario  de Energía, jamás participé de actos deshonestos ni incurrí en corruptelas”.

El exfuncionario asegura que durante su gestión al frente de la Sener participó con Hacienda y la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH) en el diseño y la implementación de licitaciones de contratos de exploración y producción petrolera y Farms Outs de Pemex “que fueron reconocidos nacional e internacionalmente por su transparencia, equidad y limpieza”.

Igualmente Coldwell dice que “nunca ha tenido relación con la persona que en las grabaciones le atribuyen los señalamientos relativos a mí”.

Para finalizar el extitular de la Sener señala que está disponible para aclarar cualquier circunstancia relacionada con el caso cuando así lo requieran las autoridades.

Con información The Wall Street Journal.

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Reuters

Paro nacional en Colombia: 3 factores inéditos que hicieron del 21 de noviembre un día histórico

La huelga del jueves puede ser recordada como el día demostró que Colombia, para bien o para mal, ya no es el país de antes. Pese a los disturbios y destrozos usuales, el paro nacional mostró facetas inéditas en un país sin tradición de protesta.
Reuters
23 de noviembre, 2019
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En un país sin tradición de protesta como Colombia, el paro nacional del 21 de noviembre de 2019 fue histórico.

La huelga estuvo originalmente convocada por las centrales obreras, pero se convirtió en una protesta en contra de las reformas pensional, laboral y educativa y a favor del acuerdo de paz firmado con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

En suma, la población se movilizó en contra del poder establecido, hoy materializado en el presidente, Iván Duque, un aliado del expresidente Álvaro Uribe que en un intento de ser moderado ha generado rechazo entre la izquierda y la derecha.

A medida que las manifestaciones en Ecuador, Chile y Bolivia aumentaron, dejaron decenas de muertos y generaron cambios políticos importantes, la expectativa ante el paro en Colombia se tomó la agenda nacional durante días.

El gobierno militarizó partes del país, acuarteló el ejército, cerró las fronteras y otorgó facultades extraordinarias a gobiernos locales para “mantener el orden”; se produjeron allanamientos; el partido de gobierno, el derechista Centro Democrático, alertó de la supuesta injerencia de gobiernos chavistas.

Y, como suele pasar en jornadas de protesta en América Latina y el mundo, en el paro hubo —según reportaron medios locales— disturbios, saqueos, daños a la infraestructura pública y abusos de fuerza por parte de las autoridades.

Dicho eso, es probable que la historia recuerde al paro nacional del 21 de noviembre en Colombia como el día en que los colombianos, una población traumatizada por un conflicto armado de 60 años, mostraron su disposición a salir a la calle. Pese a la lluvia. Pese a la represión.

Este paro tuvo una magnitud que ninguna protesta tuvo en 60 años“, le dice a BBC Mundo el reconocido historiador y columnista Jorge Orlando Melo.

“La protesta en Colombia siempre fue localizada, y siempre recibió una respuesta negativa del Estado, que la convertía en peligro”.

“Pero esta salida (al paro) de tanta gente no organizada en todo el país, que buscan una política social más clara y un cumplimento genuino del proceso de paz, puede ser la oportunidad de una alternativa no tradicional sin antecedentes en el país”, concluye Melo.

Tres cosas inéditas demuestran el carácter histórico de la jornada.

Protesta en Colombia

AFP
Cuando parecía que las protestas habían terminado tras la represión policial, miles de colombianos volvieron a salir para reiterar su grito de protestas contra, entre otras cosas, el neoliberalismo.

1. El paro en sí mismo

Colombia no ha tenido la tradición de protesta de países como Chile, Argentina o México por varias razones, pero se destacan la baja tasa de representatividad sindical, de menos del 5%, y la vigencia de un conflicto armado que distorsionó el escenario político clásico de izquierdas y derechas y laceró la viabilidad política de la izquierda democrática, que nunca ha llegado al poder en el país.

El último gran paro nacional se produjo en 1977. Convocado por los sindicatos, el paro fue asumido por profesores, trabajadores y estudiantes y puso contras las cuerdas al gobierno del liberal Alfonso López Michelsen, que enfrenaba una dura crisis económica y una disputa con los militares.

Durante los últimos años, por supuesto, han habido huelgas importantes, como el paro de corteros e indígenas contra el gobierno de Uribe en 2008 y el paro agrario contra Juan Manuel Santos en 2013.

También hubo grandes manifestaciones, como la marcha contras las FARC en 2008 y la que pedía la implementación del acuerdo de paz un día después de que fuera rechazado en un plebiscito en 2016.

Pero al menos desde 1977, y guardando las diferencias de carácter histórico, Colombia no había vivido una jornada de huelga cívica como la del 21 de noviembre.

Prácticamente todos los gremios acataron el paro; en cada rincón del país hubo protestas; la mayoría de quienes no protestaron vivieron una suerte de día feriado; el país estuvo paralizado por un día.

Solo el comercio, por ejemplo, se vio paralizado en un 50%, según la Federación Nacional de Comerciantes (Fenalco), lo que equivale a pérdidas de US$60 millones.

En un país históricamente institucionalista, el shock político, económico y cultural que significó el paro del 21 es inédito.

Protesta en Colombia

EPA
Marchas masivas ha habido antes en Colombia, pero esta es la primera vez que un paro es acatado por prácticamente todos los sectores de la economía.

2. El cacerolazo

Al final de la tarde del jueves, cuando las marchas parecían ya haberse apaciguado tras la dispersión policial, miles de colombianos volvieron a las calles.

De noche, muchos en piyama, con el ambiente festivo y musical que marcó el inicio de la jornada, muchos salieron a la calle a reanudar su grito de protesta.

Y con un detalle que es usual en Venezuela, Argentina o Chile, pero que en Colombia no se había visto —o escuchado— en historia reciente: la cacerola.

Desde la calle o desde sus casas, en Bogotá y en otras ciudades del país, un inédito cacerolazo se tomó al país al cabo del día, justo cuando Duque daba un mensaje televisado de 4 minutos en el que criticó los actos “vandálicos”, apoyó a las fuerzas de seguridad y llamó al “diálogo social”.

El cacerolazo se escuchó en barrios de diferentes sectores socioeconómicos y se espera que se reactive en los próximos días.

Protesta en Colombia

AFP
Aunque en Bogotá se vieron las protestas más grandes, en ciudades como Medellín (foto) protestas se vieron en casi todo el país.

3. Protesta en ciudades uribistas

Si los colombianos, en general, históricamente han preferido gobiernos de centro-derecha o derecha, hay ciudades donde esa afiliación política parecía inamovible.

Y una de esas es Medellín, la segunda ciudad más importante del país, tierra del hoy senador y líder del partido de gobierno, Álvaro Uribe, el político más popular de la historia reciente del país gracias a su política de mano duro contra las guerrillas.

Las imágenes de la masiva marcha del jueves en Medellín terminaron de demostrar que la capital de Antioquia se ha diversificado políticamente.

Hace un mes, en unas elecciones regionales en las que el uribismo fue el gran derrotado a nivel nacional, los paisas eligieron como alcalde a un ingeniero de 39 años que apoya el proceso de paz, no hace parte de las maquinarias políticas y marchó el jueves: Daniel Quintero.

La marcha del jueves dejó claro que Medellín ya no es tierra sagrada del uribismo.

Y no fue la única: ciudades tradicionalmente uribistas como Montería, Neiva y Pereira también vieron sus calles tomaras por el paro nacional.

Otra razón para pensar que Colombia, para bien o para mal, ya no es el mismo país del pasado.


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